Bienvenidos, ahora sí, al epílogo y el último capítulo de esta historia.

¡Disfruten!

Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell


Tres semanas después.


A lo lejos, se escuchaba el típico sonido de los Terribles Terrores cantando , sus voces chillonas le molestaban. Respiró hondo, sus pulmones aún estaban sanando, por lo que le escocían un poco, en realidad, todavía le dolía horrores el cuerpo, se quejó suavemente, mientras sentía una brisa de aire caliente pegándole en su cara. Escuchó como algo le olfateaba y luego emitía un par de gorjeos, como si intentara hablar.

Fue ahí cuando Hiccup pudo abrir los ojos, con esfuerzo. Primero, todo estaba borroso y se tabaleaba, pero cuando pudo enfocar la mirada se topo con la cara de un furia nocturna devolviéndole la mirada.

El dragón sacudió su cabeza, feliz de que su hermano hallase despertado, restregó su nariz contra sus mejillas, aún olfateándolo y con mimo, Hiccup sonrió.

—Hola, Toothless.—saludó con voz ronca. El dragón soltó mas sonidos, Hiccup pudo identificar algunos como "hey" y "hola" o "bien", mientras el dragón empujaba mas su cabeza, esperando que el vikingo se levantara.—También me alegra verte.— aseguró, alegre. Hiccup tomo el hocico del dragón frente a él y lo observó por unos segundos, mirándolo a los ojos.—Míranos, estamos separados. Sí que es raro verte finalmente de cerca, eres horrendo.—mustió el hombre, el dragón emitió otro sonido, como si le reclamara, a él también le parecía horrendo el aspecto de Hiccup — A papá le encantaría, ¿no es así?— a pesar de su felicidad, Hiccup se sentía mal al no entender ahora el lenguaje de su amigo tan bien como lo hacia antes, así como el espacio en su cabeza que se había quedado vacío.— Te voy a extrañar aquí dentro...

Hiccup juró que escuchó un "yo también" claramente. Suspiró antes de que el dragón siguiera con su tarea de mimarlo, se detuvo cuando colocó accidentalmente una de sus patas sobre su pecho, provocándole a Hiccup exclamar de dolor y cubrirse con ambos brazos, incorporándose. Echó un vistazo de donde se encontraba y se sorprendió de ver que estaba en su cuarto, el cual se encontraba inusualmente ordenado, los papeles con sus dibujos en una pila, el escritorio despejado... Se miró la ropa, estaba usando su vieja túnica verde y sentía que estaba usando pantalones.

—¿Cómo llegué a mi casa?— preguntó al aire, esperando que Toothless le respondiera, lo intentó, pero Hiccup solo logró entender un par de palabras. El entender dragonés se había ido también, genial.— Estamos en casa...—señaló al dragón y este asintió.— ¿Cómo es que estamos en mi casa?— volvió a preguntar, Toothless negó con la cabeza y revoloteo por todo el cuarto, tirando algunas cosas, Hiccup se quejó.— Alto, alto, no, no, no... Toothless, ya sé que casi no veías mi casa y que nunca has estado, ya sabes, con tu cuerpo pero...— vio como el dragón saltaba a una de las vigas del techo. Hiccup palideció.— ¡Toothless, baja de ahí, no sé si esa vieja viga vaya a aguantar...!— se intentó levantar, dándose cuenta subitamente del faltante.

Levantó la manta, aguantando la respiración, en el fondo, se lo esperaba, pero no pudo evitar soltar un jadeo cuando vio el espacio vacío donde se supone debían estar su pie izquierdo y la espinilla. Toothless bajó, cautelosamente, mientras Hiccup trataba de procesarlo, intentó mover los dedos de ambos pies, pero solo le respondieron los dedos de la derecha. Claro, si ya no estaban...

Toothless se volvió a acercar, exhibió su cola, revelando que a él también le faltaba algo: toda la ala izquierda de su cola había sido retirada. Hiccup le miró con tristeza en los ojos, para luego suspirar.

En el mueble a lado de su cama se encontraba una prótesis de pierna algo extraña. Con un nudo en la garganta, resignado, trató de colocársela; a pesar de todo, le gustaba el diseño, la parte que debía ser su espinilla y tobillo eran de madera, mientras que la parte de metal actuaba como su pie. Una vez estuvo fija a su muñón, colocó ambas piernas fuera de la cama, probando como se sentía.

No era como tener su pie, pero servía. Toothless olfateó la nueva pierna, no muy seguro de que le gustase, miró a Hiccup, a quien tampoco le gustaba del todo, hizo una mueca, todavía incrédulo. Resopló antes de sostenerse de uno de los postes de su cama, listo para intentar caminar, una vez lo logró, se sentía incomodo, el muñón le dolía, sentía la cadera desviada hacia arriba del lado izquierdo; al dar el primer paso, se venció y dando un gemido de dolor, fue atrapado por Toothless antes de terminar en el suelo.

Le ayudó a volver a levantarse, Hiccup le agradeció en voz baja. El vikingo se apoyó de la cabeza del dragón y ambos caminaron escaleras abajo, en dirección a la entrada de la casa, arrastrando la pierna izquierda, apoyándose mas en la derecha, intentó abrir la puerta. Ni bien la abrió, se topó con el sol brillante, y a Snotlout montado sobre un Pesadilla Monstruosa enojado, este rugió con fuerza, pero siguió volando.

— ¡Oh, vamos, Hookfang!— gritaba el marinero, aferrándose a los cuernos del dragón, tratando de no caer.— ¡Creí que habíamos superado esta etapa!

Hiccup se asustó y cerró la puerta de golpe. Miró a su dragón, quien tenía una mueca, como si sonriera.

— Muy bien, eso no fue lo que esperaba.— le dijo a Toothless, este subió sus alas, como si se encogiera de hombros. Hiccup volvió a respirar hondo y abrió la puerta de nuevo. La luz volvió a golpearle en el rostro, esta vez con mucha mas intensidad, parpadeó un par de veces e incluso tuvo que cubrir sus ojos con una mano.

La aldea estaba igual que antes, las casas perfectamente construidas, con la misma anticuada pintura de hacia años, los comederos de dragones repletos nuevamente de peces, con dragones vivos a su alrededor, comiendo; los sistemas contra incendios rebosantes de agua que reflejaba la luz, el pozo, el verde de los arboles, igual de verde como siempre lo había sido. Todo estaba exactamente igual.

— Oh, bueno, parece que sí estoy muerto.— comentó Hiccup sin poderse creer que Berk estaba en ese estado. Salió de la casa dispuesto a revisar el estado del resto de la isla.

Una risa lo sacó de sus pensamientos. Era de su madre, quien caminaba en su dirección, colina arriba.

— Solo estuviste muerto como por una hora.— dijo alegre, con el rostro lleno de felicidad.— Bueno, según sé, al parecer moriste antes, así que...— se encogió de hombros antes de abrazarlo. Hiccup le regresó el abrazo, se separaron después de un rato, mantuvo su brazo en la espalda de su madre y ella en sus hombros.— Bueno, ¿que te parece? Creo que esa tal Tryllestav hizo un buen trabajo, ¿no crees?

Antes de que Hiccup pudiese preguntar, un aldeano lo vio y le señaló.

— ¡Miren, es el jefe Hiccup!— exclamó, dicho esto, un montón de vikingos fueron con él, acercándose.

— ¡Es el que volvió del infierno!— señaló otro de ellos. Hiccup se sintió apenado, había bloqueado eso durante el tiempo en el que había estado despierto.

Los demás se le fueron acercando con júbilo, entre ellos, Eret y su tripulación. Hiccup se asombró de verlos ahí, no les esperaba después de tanto tiempo, especialmente porque era algo difícil obtener la recompensa que él y Astrid habían prometido.

— Bueno, debo admitir que la imagen de este Berk me gusta mucho más.— se acercó Eret, sonriendo. Hiccup le sonrió, aliviado de verlo con vida.— Pero tenían razón, es un trozo de piedra mojada.

— Hola, Eret.— le saludó, extendiendo su mano, Eret le dio una palmada en la espalda, haciéndolo tambalear. Después le dio un apretón de manos, tan fuerte que le recordó a los que daba su padre; ni bien se recuperó cuando los gemelos le dieron un abrazo asfixiante.— Hola... chicos.— jadeó, vio como Fishlegs le saludaba a la distancia y Snotlout le imitó, tratando de fingir desinterés. Les regaló una sonrisa y un asentimiento de cabeza en respuesta.

Miró a su alrededor, ¿dónde estaba Astrid? ¿ella estaba ahí?

— ¡Furia Nocturna!— exclamó un vikingo a su espalda, observaron por primera vez al jefe de Berk junto con su furia nocturna, el cual corría fuera de la casa.

— ¿Te gusta tu nueva pierna, muchacho?— llegó Gobber alegre, Hiccup suspiró con dramatismo.— Traté de hacerla moderna, con algo de sabor a Hiccup.

— Meh, puedo hacerle unos ajustes.— dijo, balanceando un poco la pierna rieron ante eso, Hiccup se sintió bien aunque algo incomodo. No estaba acostumbrado a que todo el pueblo se riera con una de sus bromas, en especial con su sarcasmo.

Un puñetazo en su brazo lo distrajo, le acalambró todo el brazo y lo hizo gemir de dolor. Se volvió enfadado a la razón del dolor, topándose con unos ojos azules, ambos de diferente tonalidad de azul, siendo el derecho mas claro que el izquierdo; su cabello era ligeramente mas platinado de lo que recordaba, y estaba seguro que no era por la luz solar, este estaba medio recogido en una trenza detrás de su cabeza.

Astrid le miraba con el ceño fruncido, Hiccup sonrió completamente, sobándose el brazo.

— ¡Auch!— mustió por lo bajo, algo tarde.

— Esto es por morirte.— dijo entrecerrando los ojos, pareciendo un poco enojada.

— ¿Por qué haces siempre eso? No estoy seguro de continuar esta amistad...— Astrid le interrumpió su discurso sarcástico, abrazándolo, escondiendo su cabeza en el espacio entre el cuello de él con su hombro.— De acuerdo, esto está mejor.— dijo devolviéndole el abrazo, pasando los brazos por su cintura. Los vikingos soltaron un "aww"al verlos, Hiccup se ruborizó, y aunque no podía verla, sabía que Astrid también.

Berk estaba curado, su maldición se había acabado. Pero eso no quería decir que había vuelto a ser el mismo que era antes. Como si algo intentara recompensar la semana sin luz, el sol brilló todos los días siguientes, sin ninguna nube en el cielo, sin demasiado frio, manteniendo el clima estupendo; las cosechas fueron abundantes, mas de lo que habían sido antes, y los dragones volaban tranquilos ante la triste mirada del alfa, que ya no podía emprender vuelo.

Aunque estaba agotado y el dolor físico persistió las semanas siguientes, desde el día que despertó, Hiccup no paró de trabajar para crear algo que ayudara a Toothless a volver a volar, así como realizar los ajustes que había prometido a su prótesis. Hizo bocetos, derritió hierro de Gronckle para lograrlo, y también, ayudó en el nuevo diseño del barco de Eret.

A pesar de las replicas de Eret, Hiccup se ofreció a diseñarlo, esforzándose en que fuese lo más parecido al barco original, hasta le añadió algunas mejoras. Incluso quiso terminar la nueva cola de Toothless para volar de nuevo al Mundo Oculto (ahora que ambos sabían donde estaba) para recoger los restos del barco (si es que había, la lava a aveces podía ser bastante rápida), pero viendo las negativas de Eret, desechó la idea. Toda su tripulación tenía dragones ahora, Hiccup, con algo de ayuda de Gobber, les confeccionó unas sillas de montar, para que la experiencia de vuelo fuese mucho mas cómoda. Aún así, todos insistían en que se irían en el barco, en especial Tuffnut, quien esperaba que los nuevos dragones les ayudaran a cargar el peso completo del barco, para así llevárselo por los aires.

Una mañana, saliendo de su fragua, Hiccup se encontró con Skullcrusher, el dragón Cuernotrotante de su padre, el mismo que les había ayudado a volar el Gran Salón, de la mano de Eret. El dragón se veía apegado a Eret y este ultimo no se veía muy cómodo con la presencia del dragón, Hiccup río un poco.

— Parece que le agradas.— dijo Hiccup, a pesar de que sus ojeras se estaban notando cada vez más, no tenía sueño. No tenía ganas de dormir de todas formas.— Es genial, supongo que se asustó bastante... Y ahora que papá ya no esta para cuidarlo...— vaciló, observando que la cara de Eret era de desconcierto.— Supongo que quiere que lo cuides.

— No, no puedo aceptarlo.— se negó Eret, caminando hacia el jefe de Berk.— Sería demasiado, ya estas haciendo mucho por mi...— empezó, pero Hiccup lo calló levantando una mano y negando con la cabeza.— Fui un cazador.

— Ya no lo eres más.— respondió, se acercó al dragón de su padre, le acarició con mimo.— Este es un dragón excelente. Es rápido, rudo y sumamente grande.— dijo nostálgico, recordando la vez en la que había convencido a su padre de entrenar un dragón.— Te seguirá a donde vayas... Incluso podría cargar el barco si eso quieres.— se giró, encarándose con Eret.— Le vendría bien un nuevo jinete.

Eret suspiró, mirando al dragón. Al final aceptó, aunque le costó trabajo al principio, nada que el libro de Hiccup sobre como entrenar dragones no pudiera solucionar.

Al estar tanto tiempo en la fragua, Hiccup vio poco a Astrid. Ella tenía sus propios problemas, buscando donde colocar un altar a el Señor Oscuro, su principal opción era hacerlo en una cueva alejada, donde no cualquiera pudiese toparse con él (puede ser aterrador para los niños, había dicho Gobber); puede que ella ya no sea una bruja (ni siquiera sabía lo que era ahora), pero los pocos habitantes en Berk que se habían quedado y que dijeron la oración debían seguir rezando, ya que ahora, eran hermanos de la noche. Era la única petición que la Tryllestav había hecho, aunque también había permitido que los vikingos que ella había convertido juraran también a favor de otros dioses, después de todo, a la varita le encantaba que se dedicaran a cuidar de los dragones.

Hablando de ella, Astrid la sentía casi a cada momento de su día, en especial estando sola. A veces sentía su cuerpo temblar, con la Tryllestav clamando salir, por lo que como podía, ella la empujaba de vuelta. Gothi, en sus garabatos, había dicho que era debido a su muerte (la que había durado mas tiempo, claro), Astrid había muerto, pero la Tryllestav no, por lo que al revivir el cuerpo de la rubia para salir, esta se negó a reparar los limites que la madre de Astrid había colocado para que esta no tomase el control. Complicando un poco mas las cosas, y dándole la libertad para aparecer cuando quisiese.

En síntesis, ahora Astrid tenía que sobrellevar el vivir con una varita mágica en su interior, aprender a controlarla y procurar no explotar. Era difícil, en especial porque pasaba tan aleatoriamente que en ocasiones tenía que salir corriendo, para no herir a nadie o que alguno de los recién llegados no la vieran de forma extraña. No recordaba mucho del momento en el que la Tryllestav había tomado el control total, pero sabía que había sido aterrador. No era como la relación extraña que habían tenido Hiccup y Toothless, esta era un poco mas demandante, no era para nada pacífica; cuando llegaba a pasar, cuando bajaba un poco la guardia, Astrid sentía que su corazón palpitaba con fuerza, que la sangre corría mucho mas rápido, que un montón de insectos corrían por debajo de su piel, buscando salir. Era como intentar evitar una explosión y aparecía siempre que podía o cada vez que Astrid consideraba o intentaba volver a hacer magia.

La solución provisional que había encontrado era dormir junto a Stormfly (cuando las pesadillas le permitían dormir) y no separarse mucho de ella. Sabía que la Tryllestav era tan poderosa que acabaría con su dragón en tiempo récord, pero el tenerla cerca, le daba una falsa seguridad que no estaba dispuesta a perder.

Respecto a su nueva vida en Berk, las cosas no iban tan bien tampoco; nadie le dirigía mucho la palabra, algunos por miedo (la mayoría) y otros tantos por desagrado. Aunque Valka le aseguraba que era por lo malhumorados que eran los aldeanos en Berk, Astrid sabía que no era por eso, y aunque Hiccup había les había ordenado a los vikingos no hacerle daño a Astrid o no hacerla sentir incomoda, ella sabía que en el fondo eso no iba a funcionar del todo. ¿Cuánto acabaría ese teatro? Solo era cuestión de tiempo hasta que alguien no pueda soportarlo, ¿qué iba a hacer entonces? ¿Hiccup se pelearía con su aldea por ella?

No, ella no podía permitirse eso.

Debía irse de Berk, quizá retomar la idea de irse a Gronland, volver a empezar (Ahora sí) en un lugar donde nadie sabía lo que era ella. Por eso estaba tan atenta a la reconstrucción del barco de Eret, ella les pediría que la llevaran de nuevo al Mercado del Norte y ahí buscaría a Viggo, o a quien sea, para que la llevara lejos, muy lejos...

Hiccup le había ofrecido dormir en su casa mientras él planeaba construirle una cabaña propia, ignorando sus planes de fuga. Al principio aceptó, dándose cuenta de que, en realidad, ya no tenía nada. Ella se quedó en el piso de abajo, frente a las siempre encendidas brasas de la caldera en el centro de la habitación, Gobber había arrastrado una cama para ella en medio de la sala.

El problema era que no podía dormir en ella, o dormir en general.

No importaba que tan cansada estuviese, Astrid no podía pegar ni un ojo a la hora de dormir, incluso masticando camomila o hirviéndola ya sea con agua o leche de yak, contando los dragones, mirando las estrellas o simplemente saliendo a trotar para cansarse. Había veces en las que no podía dormir para nada. Como esta noche.

Salió junto con Stormfly, estirándose, recorriendo esta vez el bosque de Berk, junto con sus colinas y sus barrancos. Aunque Berk no parecía ser grande, sus bosques eran sumamente extensos, ella creía que la gente de fuera, cuando se refería al tamaño de esta, en realidad hablaba de que Berk la aldea, la cual era sumamente pequeña, igual no se lo había preguntado a nadie, quizá lo haría a Hiccup, cuando lo viese. Había días en los que no pisaba su casa en toda la noche; eso la preocupaba un poco, ¿él sabía lo que había pasado? Era obvio que no, había muerto antes. Entonces, ¿era por haber estado por lo menos una hora en el infierno?

Tomó nota de las sparers que creían libres en el bosque, las cuales evitaba por costumbre, ya que ahora estas no le hacían ningún daño; Astrid lamentó que el camisón le quedara grande y con esto se llenara de lodo, el camisón se lo había prestado Valka, quien era algunos centímetros mas alta, por lo que las mangas le quedaban excesivamente grandes, y la falda se encontraba arrastrándose en el piso. Ni modo, lo lavaría al día siguiente.

Stormfly le seguía a paso lento, ahora no se cansaba tanto cuando volaba a su alrededor. Es mas, ahora no necesitaba volar, solo daba unos cuantos pasos y ya estaba junto a Astrid, Hiccup le había hecho a ella también una silla de montar, pero a Astrid no le apetecía volar de noche.

Suspiró mientras seguía caminando, a lo lejos, vio una mancha oscura que se movía. Al principio se asustó y empezó a caminar un poco mas lento, analizando el entorno, de la silla de montar, tomo su hacha (que ahora era solo eso, un hacha, sin convertirse en cuchillo, pasó al perder su magia la primera vez), a su lado, Stormfly la imito, gruñendo en advertencia, tratando de proteger a su amiga.

De pronto la sombra se giró, Stormfly dejo de gruñir y corrió hasta ella, Astrid intentó llamarla, pero eso la dejaría vulnerable, corrió lo mas rápido que pudo en rescate a su dragón. Fue entonces que vio los ojos verdes del dragón, mirándola de manera amistosa, Astrid se relajó, reconociendo al enorme Furia Nocturna que ahora jugueteaba con Stormfly. Al parecer, se llevaban bien.

— Hola, Toothless.— le saludó la bruja con una media sonrisa, el dragón se acercó a ella para empujar el hocico contra la mano de ella, con la intención de que lo acariciara. Ella aceptó hacerlo, con mimo.— ¿Qué es lo que haces aquí?— le preguntó, como si él pudiese responder.— ¿No deberías estar con Hiccup?

— Sí lo está.— escuchó una voz. A Astrid casi se le sale el corazón por la boca, por un segundo había pensado que Toothless podía hablar o que podía escuchar a Hiccup en su mente de nuevo. Hasta que giró la cabeza en dirección a la voz, era Hiccup, quien estaba sentado en el suelo, con las piernas colgando al en dirección al vacío. Astrid observó que estaban en un precipicio, y que Hiccup se encontraba dibujando bocetos de la nueva cola de Toothless.— ¿Te asusté?— preguntó medio divertido, viendo que la rubia estaba pálida. Astrid apretó los labios, no iba a admitir eso.— Lo siento.

— ¿Qué están haciendo aquí?— preguntó ella, acercándose con cuidado. Sentía el viento soplar en su cara, y los nervios de estar tan cerca de un lugar demasiado alto.— ¿No puedes dormir?— dijo antes de sentarse a su lado. Hiccup movió la cabeza.

— No, en realidad estoy descansando de la fragua, hace mucho calor ahí a veces.— disimuló lo mejor que pudo, pero era un pésimo mentiroso, Astrid observó sus ojeras a la luz tenue de la luna. Se preocupó un poco, ya se veían bastante oscuras.— ¿Y tú?

Astrid le imitó, haciéndolo sonreír.— Bueno, es mas difícil dormir cuando hay una varita mágica dentro de ti...— vaciló, pero al ver que Hiccup seguía sonriendo, ella se sintió con mas confianza.— En especial ahora, que ya ha visto el mundo. O al menos eso es lo que siento...

Hiccup asintió, relacionándolo todo con lo que Eyra le había dicho.

— Eh, hablando de la Tryllestav, pasó algo la primera vez que morí.— admitió de improviso, sentía la necesidad de contarle todo lo que Eyra le había dicho, era su madre Después de todo.— Cuando le pediste a Mørke que me reviviera...

Astrid lo frenó en ese momento.

— ¿Cómo sabes que yo le pedí eso a Mørke?

Hiccup se aclaró la garganta antes de contestar. Ahora llevaba una túnica roja, suelta, que le cubría los brazos, así como unos pantalones cafés, a su lado izquierdo estaba la pierna nueva y algunos palillos con punta de carbón, así como una navaja pequeña para afilarlos.

— Tu madre me lo dijo.— confesó, Astrid la miro con la mandíbula desencajada.— Ya sé que vas a creer que te miento, pero no lo hago. Era de verdad tu madre, se parecían mucho... Incluso la confundí contigo.— la describió tal y como la recordaba. Astrid no dejaba de mirarlo, tratando de descifrar si mentía o no.— Ella me dijo que tu familia había cuidado una Tryllestav durante generaciones, y que creían que era la espada del Señor Oscuro, por eso se ocultaron tanto tiempo. Dijo que su madre la había escogido a ella, en vez de Mørke, y que desde ese día, ella planeo hacer una Tryllestav... con mi sangre.— explicó, Astrid se dio cuenta de decía la verdad , su relato era bastante similar al de Mørke, y él no tenía forma de haberlo escuchado.— Y con los dientes de Toothless. Pero todo se arruino cuando mi padre me salvó, ya sabes... — suspiró antes de continuar.— Tu madre se enteró, y cuando supo que Gothi hizo que pudiera controlarlo, me eligió como tu guardián.— sacudió su cabeza, viendo que había sonado muy raro.— Como el guardián de la Tryllestav.— se corrigió.

Astrid se quedó en silencio un rato, procesando lo que el castaño le estaba contando, ¿guardián? ¿eso significaba que si ella estaba enamorada de él era por eso, por ser su guardián? Eso explicaba mucho, pero al mismo tiempo, Astrid no lo sentía justo.

— ¿Por qué tú?— preguntó de improviso. Hiccup suspiró.

— Tu madre dijo que me escogió porque sabía que Mørke volvería a Berk algún día.— respondió con la mirada perdida.— Supongo que por eso de convertirme en dragón, y no sé, tal vez pensó que yo sería el guerrero mas valeroso de Berk.— comentó divertido, recordando su infancia. Sí, él no era el vikingo modelo, ni mucho menos.— Oh, y hasta hizo que tu y yo pudiéramos comunicarnos cuando Toothless estuviese en control, es por eso que yo podía oírte y tu podías oírme. — añadió, feliz de haber resuelto el misterio de el escuchar sus pensamientos.— también significa que lo del pacto fue una ridiculez, pero yo no creo que haya sido así, de hecho fue la única forma en la que yo pude confiar en ti. Tal vez si me hubieran dicho que estábamos destinados desde el principio, no te hubiera permitido sugerir el trato.

Astrid jadeó sorprendida.

— ¿Destinados? Eso suena...— iba a decir ridículo, pero se contuvo, no quería ser grosera. Se aclaró la garganta.— Suena extraño.— murmuró, ruborizándose. — Bueno, me alegra que por lo menos sepamos porqué nos podíamos comunicar mientras Toothless estaba en control.— admitió, empezó a jugar con la tela del camisón. Con algo de magia ella ya hubiese resuelto el tema del camisón con tallas extra, pero usarla sería traerla de nuevo.— ¿Cómo es mi mamá?— preguntó Astrid con timidez.

— Son idénticas.— admitió el castaño, mirándola a los ojos.— Se parecen mucho, de verdad. Solo que ella se ve mayor, tiene otro tipo de trenzas, y la capa... Oh, lamento no haber traído tu capa.— recordó, ella negó con la cabeza como si no importara.— Seguro era especial. Prometo ir por ella, cuando termine el ala de Toothless.

— ¿Quieres ir al Mundo Oculto otra vez?

Hiccup se encogió de hombros.

— Sería bueno para Toothless, quien sabe, quizá encontremos a otros furias nocturnas. Pero primero, debo trabajar en una prótesis con la que no me necesite.— Hiccup volvió la vista al frente, apenado.— Lo único que he logrado es un sistema... en el que estando yo montado sobre él pueda volar.

— Parece que su destino es estar juntos.— comentó Astrid, el comentario le hizo gracia al castaño, quien solo soltó aire por la nariz.— Estoy segura que hallarás una forma en la que él pueda volar solo.— Astrid volvió la vista a Toothless y Stormfly, quienes ahora dormían el uno cerca del otro, Hiccup también se giró.— Tu cabeza es enorme, seguro alberga a un enorme y gordo cerebro.— señaló, burlona

— ¿Sabes? Tu madre era mucho mas amable. Así es como logré diferenciarlas.— bromeó de vuelta, ella le dio un suave golpe en el brazo, sacando aire por la nariz, esta vez sin querer hacerle daño.— ¿Lo ves?— ella soltó una risa y recargó su cabeza en el hombro de él.— Y gracias por sacarme del infierno.

— Gracias por evitar que muriera, aunque después también me mataron.— dijo Astrid, mirando su mano de forma distraída, analizando sus uñas, las cuales ahora estaban algo irregulares, había empezado a morderlas por el estrés.— Y ya sé que vas a decir que fue tu deber y que es porque...

— Astrid, ya te he dicho cientos de veces que no te he salvado por el pacto.

— Iba a decir que por lo que te había dicho mi madre.— atajó Astrid, Hiccup inhaló profundo.

— No, tampoco.— negó con la cabeza, extendió su mano, mostrándole a Astrid que él también mordía sus uñas, era algo que hacía desde pequeño de forma distraída. De todas formas, sus uñas por alguna razón siempre crecían, nunca se habían vuelto pequeñas.— Es porque... Me di cuenta de que no podía soportar un mundo sin...— , iba a decir, pero no podía, porque eso sería demasiado pronto y porque nadie puede enamorarse de alguien tan rápido.— No podía soportar un mundo donde otra persona muriera por mi culpa.— dijo reparando la oración, Astrid sentía que el corazón le iba a mil por hora.— Te convertiste en alguien importante para mí. Y me alegra estar aquí contigo... Aunque los dos no podamos dormir.

— A mi también.— susurró ella, enterrando su cabeza aún mas en el hueco entre su cuello y el hombro. Hiccup la rodeo con uno de sus brazos, inseguro de si ella querría eso también, ella solo dio un salto, pero no le reclamó.— ¿Y no extrañas ser un dragón?

Hiccup ladeo la cabeza.— A veces, se siente un poco solo aquí dentro.— señaló su cabeza.— ¿Y tú extrañas ser una bruja?

Astrid suspiró.

— A veces, en especial cuando me pongo este camisón.— bromeó, siendo honesta, no lo extrañaba demasiado, aunque de eso se había tratado toda su vida.— Me gusta la vida de mortal, he comido con mas variedad en estas semanas que en toda mi vida.— dijo animada.— ¿Recuerdas cuando te dije que mi comida favorita eran las moras?— sintió como él asentía.— Mentí, no las había comido jamás... Y de hecho sí me gustan.

— Deberías probarlas en tarta.— recomendó él.— En la isla de los Berserkers hacen una estupenda, algún día te llevaré, no es tan verde como la de los defensores y es un poco mas rocosa, pero...

Astrid levantó su cabeza, para mirarle, había inseguridad en sus ojos. La sonrisa de Hiccup cayó al verla tan seria.

— Eh, Hiccup, no creo quedarme demasiado tiempo... en Berk.— vaciló, antes de enderezarse, el castaño abrió la boca para preguntar el porqué, pero ella se le adelantó.— No quiero ser una molestia aquí... Ya sé que no soy bienvenida. Y de verdad que no quiero incomodar...

— No lo haces.— Hiccup se giró para verla de lleno, él no quería que ella se fuera.— Los aldeanos de Berk suelen ser testarudos, y quizá no se acostumbren tan rápido, pero...— se quedó sin palabras al ver el rostro de la rubia, ella parecida decidida a irse.— Si es por algo que alguien te dijo yo...

— A eso me refiero.— Astrid apartó la mirada.— No quiero que te metas en problemas, mas de los que ya tienes, ser el jefe no debe ser tan fácil...— se cruzo de brazos, haciendo que el brazo de Hiccup cayera lentamente, dejando de abrazarla.— Y siento que debo volver a empezar, ¿sabes? Ya no estamos buscando la Tryllestav, debería darte un descanso de protegerme siempre. Puedo cuidarme sola.

Ambos se quedaron en silencio por un buen rato. Él sabía que ella era perfectamente capaz de cuidarse sola, en especial ahora que la Tryllestav se había liberado, Astrid bien y podía ser su propio guardián, y si ella no se sentía cómoda al estar en la isla, podía irse. No tenía porque quedarse, ya nada la ataba a él.

Y no iba a obligarla. No tenía por qué.

Suspiró, triste. Debió haberlo imaginado, se había acostumbrado tanto a su presencia que ahora se le hacía difícil no verla por lo menos una vez; además, le gustaba explicarle cosas, como las tradiciones vikingas, o algunas frases...

— Supongo que sí.— soltó Después de ese rato. Balanceó las piernas en el precipicio.— Entonces... ¿Mørke se ha ido para siempre?— le preguntó tratando de desviar el tema.

— Sí, el ritual consistía en un alma por otra.— explicó, añorando la cercanía del muchacho.— Mørke tomó tu lugar por así decirlo. No volverá, esta tan muerta como...— lo pensó, pero no se le ocurría que poner de ejemplo.

— ¿Cómo el clavo de una puerta?— adivinó Hiccup, Astrid asintió.— Oh, eso suena bastante bien... Y entonces... ¿ella está en el infierno?

Astrid se encogió de hombros.

— Espero que sí.— admitió. Tembló, hacía algo de frio, por lo que frotó ambos brazos con sus manos, buscando algo de calor. Hiccup pensó en como ayudarla sin levantarse, vacilando, intentó volver a abrazarla.— Lo que te hizo estuvo muy mal.— comentó ella, luego reparó en la prótesis.— Lamento no haber recuperado tu pierna y el ala de Toothless. Eran maldiciones muy pontentes, y traer a la Tryllestav duele un poco...— se disculpó, bajando la mirada, Hiccup se inclinó para localizar los desiguales ojos de ella, para clavar los propios, lleno de comprensión.— De verdad lo siento.

— Nada de lo que pasó fue tu culpa, sino de ella.— la consoló, Astrid levantó un poco la mirada.— Aunque si lo piensas bien, ella me salvo la vida.— continuó el oji verde, volviendo a enderezarse. La expresión de la rubia cambio a una de confusión.— Eh, sí, Eyra, tu mamá, también me dijo que yo iba a morir antes de nacer y que Mørke vinculo mi alma con la de Toothless para poder sobrevivir hasta que ella me necesitara.— explicó, Astrid estaba sorprendida.— Engañó a mi mamá por eso.

— Entonces tu no...

— No iba a nacer.— completó Hiccup con una media sonrisa.— Eso tal vez explique porque los dioses me odian tanto.— medio bromeo y medio lo dijo en serio, riendose suavemente.— A este punto creo que ni Satán parece quererme.

Astrid volvió a reír y fue como música para sus oídos. Volvió a intentar abrazarla (lo mas malo que podía pasar era que ella lo golpeara) esta vez menos vacilante.

— No, quizá no.— coincidió ella, volviendo a la misma posición de antes, esperando que Hiccup no notara que su corazón palpitaba a todo lo que daba.— Respecto a lo del infierno...

— No quieres saber.— zanjó Hiccup, algo incomodo. Astrid lo aceptó.— Lo veo cada que me duermo, es un sitio... horrible, por eso tampoco puedo dormir.— confesó, luego bajó su mirada a ella.— Ya se me pasará, ¿no?

Astrid lo recordó de pronto.

— ¿Por qué no pones una red encima de tu cama? Snotlout dijo que con eso alejas a las pesadillas. Y algo debe tener de cierto, porque, bueno, así atrapamos a Batibat.— le dijo.

— Meh, lo voy a intentar.— masculló antes de recargar su cabeza sobre la de ella.

Siguieron charlando, ella le preguntó sobre Berk, el porqué los sistemas contra incendios, sobre su prótesis y el vivir sin una pierna, ademas, finalmente pudo preguntarle sobre el Midsommar. Él le explicó con lujo de detalle sobre los innumerables incendios en Berk, resumió todo lo que tuvo que hacer para acostumbrarse a la pierna, diciendo que a veces, sentía que todavía tenía la pierna izquierda y que le dolía horrores, pero que Gobber ya le había pasado algunas recomendaciones (el pobre hombre había perdido una pierna y una mano en sus años mozos... aunque eso no parecía molestarle) y le platicó todo lo que ella debía saber sobre el Midsommar; él por su parte, le preguntó sobre su nueva vida en Berk, sobre la tripulación, quienes se estaban quedando a dormir en el Gran Salón, sobre los desastres que estaban provocando los gemelos, así como algunos robos mal disimulados y el hecho de que Fishlegs estuviese leyendo todos los libros del Gran Salón (incluso le contó de como se enteró de que su gronckle era hembra, para diversión de Hiccup) y que Eret era muy celoso con la construcción del barco.

Aunque él no le dijo lo mucho que la iba a extrañar cuando se fuera.

Cuando menos se dieron cuenta, ya estaban dormidos, sin pesadillas y sin molestias de la Tryllestav. En algún punto, Toothless los rescató de caer en el precipicio y los arrastro lejos de la orilla, terminando ella con su cabeza sobre su pecho y el aún con una mano sobre su cintura.

La aldea se volvió loca buscándolos, por cierto.


Desde que se enteró que Astrid iba a irse, Hiccup quiso retrasar la construcción del barco, sin embargo se dio cuenta de que eso era sumamente infantil. No importaba cuanto lo retrasara, ella iba a irse, y él no podía cambiarlo, por mucho que le mostrara Berk, o por mas tradiciones lindas que le contara, o por mas maravillosos que fuesen los dragones...

Además, no tenía por que quedarse. Ya estaba hecho, Mørke estaba muerta, ya nadie con poderes sobrenaturales iba a amenazar Berk, ya no necesitaban a Astrid.

Él ya no necesitaba a Astrid.

Quería pensar eso, quería tratar de olvidar el hecho de que solo con ella había podido dormir de corrido después de días, olvidar la vez que ella intento cocinarle algo que parecía mas como una masa amorfa que era muy dulce, incluso algo quemada y como él mismo se había obligado a comerlo, el como ella había desistido en cocinar y siempre que podía comía con él en la fragua. Trataba de olvidar el bonito sonido de su risa, de no ver los pequeños moretones que se le hacían con los golpes debido a que a veces a ella se le pasaba la mano con su fuerza; trataba de no recordar su olor, a lavanda y a vainilla, que le golpeaba cada que ella se acomodaba el cabello, no quería recordar tampoco la vez que le enseñó a montar a Stormfly y definitivamente quería olvidar la cara de preocupación que puso ella cuando le vio probar la primera aleta de la cola de Toothless.

No, no quería nada de eso. Seguía dolido por lo de Kaira, sabía que eso no era sano. Astrid era menor que él, y no quería dar esa imagen de asalta cunas (hombre, que tampoco era tanto, había conocido quienes se casaban con diez años de diferencia... ¡a eso se refería! ¿por qué mencionaba el casarse?); tenía esa idea en su cabeza, que quizá esa atracción que sentía por ella era por la Tryllestav, solo era porque él era su guardián y que era natural que quisiera protegerla. Pero sabía que no solo era eso, justificaba sus ganas de abrazarla, pero no las ganas que tenía de darle un beso...

En especial cuando ella le daba besos en las mejillas, ¿en qué momento ella había agarrado esa costumbre? ¿por qué? ¿a ella le gustaba ver su reacción, verdad? Seguramente sí, tal vez era divertido ver como se sonrojaba, como se quedaba helado y como se le iban las palabras; pero para él no, porque tenía que contenerse de regresarle el beso... ¡Y no haría eso!

Otra teoría que tenía era porque sentía que estaba en deuda con ella. Astrid lo había revivido dos veces, sin contar todas las veces en las que le había salvado la vida, anudado a eso, esa semana estuvieron en peligro un montón de veces, era obvio que él desarrollaría un apego a ella. Era natural, muy común, su padre había sentido lo mismo por su madre durante la guerra con los Berserkers...

¡Oh no! ¡Ese era un pésimo ejemplo!

Gobber no era de gran ayuda. La rubia le agradaba, y no paraba de hacer bromas sobre lo bien que se veían juntos, así como decir algunas bromas pícaras, que le hacían querer salir corriendo lo mas pronto posible para tomar aire, sintiendo que las costillas le iban a reventar. Se sentía como si tuviese quince años de nuevo, tartamudeando, temblando, con los nervios a flor de piel...

Se sentía estúpido.

Otra cosa que habían descubierto, es que controlar la Tryllestav le dolía físicamente a Astrid. En más de una ocasión había saltado de la cama corriendo hacia ella, alertado por sus gritos; a ella le avergonzaba, Hiccup no tenía porqué tomarse la molestia...

Ni sostener su mano mientras sentía que la cabeza le iba a explotar, ni esperar junto a ella mientras el dolor pasaba.

Berk estaba curado y sin secuelas porque ellos habían absorbido todo lo malo. Todos los efectos colaterales los estaban sufriendo ellos, las pesadillas, los ataques de pánico, la ansiedad, el insomnio, el dolor, las imágenes que Hiccup había visto del infierno... la búsqueda de la Tryllestav los había roto.

También por eso Hiccup no quería pensar que estaba enamorado de Astrid. Temía que fuese su necesidad de estar con alguien que le entendiera. Temía depender de ella.

De modo que, cuando terminó el barco y Eret anunció que se irían, no quiso levantarse de su cama en un buen rato. Jugando con uno de sus carbones, con la mirada perdida, Toothless con su nueva cola (estaban usando una que se acercaba a lo que ambos querían, pero todavía requería un poco de ayuda de Hiccup), mirando a Hiccup y sin poder entender porqué su hermano no le decía a Astrid de una vez por todas como se sentía. Estaba seguro que si ella se enteraba de los sentimientos de su hermano, seguramente re consideraría el irse, quien sabe, hasta podía quedarse...

Fue Toothless quien lo sacó de la cama, aunque fue mas difícil que antes, ahora ya no podía tomar el control de los brazos y piernas del castaño, pero eso no lo detuvo. Mientras su dragón lo arrastraba fuera de la cama, y estando ahora en el suelo (Toothless lo había arrastrado de la pierna izquierda, en algún punto la prótesis se zafó y, bueno, ahora estaba esperando a que el dragón regresara por él) pensó que estaba actuando como un niño, fue ahí cuando decidió cooperar.

Fue también la primera vez en la que se volvió a poner la armadura.

Hizo una nueva, odiaba ver la otra, con ese enorme agujero en el pecho, con los bordes quemados, sangre, carne quemada...

Lo que no hizo fue afeitarse, siempre lo olvidaba, pero nunca se le pasaba por tanto tiempo. No quería parecerse a su padre, por lo menos no ahora. Respiró hondo antes de ir a despedirlos.

El barco todavía estaba siendo cargado, con las cosas de ultimo momento, las provisiones y el agua. Este barco era mucho mejor ("este barco es genial, el otro barco apestaba, Eret", fue lo que dijo Tuffnut para animar a Eret, cosa que no había funcionado del todo), era mas extenso y solido. Incluso en la proa Hiccup colocó una cabeza de dragón tallada en madera para que esta no se viera tan sola.

— ¡Hiccup, viniste!— exclamó Tuffnut, corriendo en su dirección, casi le derriba con su abrazo. Su hermana se le unió por detrás, sonriendo.— ¡Creímos que no vendrías, ahora que estas tan ocupado!

— ¡Exacto! ¡Pero ya estas aquí!— saltó Ruffnut, Hiccup asintió tratando de soltarse de su agarre. — ¡Tuff y yo vamos a extrañarte mucho, mucho...!— luego se acercó a su oído, para añadir.— Aunque todavía puedes casarte conmigo.

Hiccup hizo una mueca.

— No esta en mis planes casarme, Ruff, pero gracias.— aclaró con algo de sarcasmo, que la muchacha no detectó.

— ¡Ah, rayos! Quería ser la jefa de Berk.— rezongó, dando una patada al suelo y soltando a Hiccup de golpe. Tuffnut le soltó solo para abrazar a Toothless, en algún punto, Hiccup había tenido que explicarle a toda la aldea (incluido a la tripulación de Eret) su maldición y el como Hiccup y Toothless habían vivido juntos, coexistiendo en el mismo cuerpo. Muchos le agradecieron, ahora entendían porque Hiccup siempre había sido tan raro, hablando solo y con los dragones.

Tuffnut siempre había querido montar a Toothless, pero Hiccup nunca le había dejado. Pensó en dejarlo hacerlo ahora, pero el sistema era sensible y realmente ninguno de los dos (Hiccup y Toothless) estaban dispuestos a dañarlo. Observó a la parte superior del barco, los dragones ya estaban siendo asegurados por Fishlegs (quien estaba sobrellevando lo mejor que podía su fobia a las alturas), atando gruesos cables de metal a las sillas, para que estos pudieran elevar el barco. Hiccup sonrió, seguramente Viggo se enojaría, pero al final aceptaría tenerlos en su flota, ¡imaginen cuantos negocios se podían hacer! ¡Y que tan rápido llegarían a los puertos! Nadie podría confundirlos con otros.

— ¡Con ustedes, el barco flotante de Eret!— Eret se acercó al jefe, rebosante de alegría. Hiccup sonrió y negó con la cabeza.

— Bueno, no es una isla repleta de oro, pero...— Hiccup le dio la mano, esperando estrecharla, pero Eret ignoró el gesto y le dio un fuerte abrazo, Hiccup gimió por la fuerza del hombretón.— Es lo que... podemos ofrecerte.— dijo entrecortadamente, Eret soltó una carcajada.

— ¿Bromeas? Este barco es muy grande, podríamos entrar a las grandes ligas ahora.— le dijo al separarse, esperanzado y con un humor excelente.— Es mas divertido que la isla repleta de oro.— se encogió de hombros, colocándose junto a él, cruzando los brazos, mirando su nuevo barco con admiración.— No sé como agradecerte.

— ¡No tienes que hacerlo!— exclamó Hiccup, colocando sus manos en la cadera, en forma de jarras.— Yo soy el que no sabe como agradecerte. De verdad, esto no es nada.

Eret soltó una carcajada.— Ahora que lo pienso, será difícil ir a las islas y no salir huyendo de ellas.— dijo, algo aliviado.— Y hablando de la isla de los defensores...

— Oh, yo hablaré con ellos.— Hiccup hizo un gesto con su mano, restándole importancia.— Ahora que ya todo esta arreglado, no tienen porque hacerles daño... O intentar hacerlo.— agregó, lo ultimo en voz un poco mas baja. Eret suspiró.

— Eso es bueno.— soltó Eret, luego observó a Astrid, quien alistaba su silla de montar, asegurando su bolso (siendo este el único objeto que había quedado con magia, debido a que había sido de su madre) en ella, hablando con su dragón en un tono dulce.— Así que, ella viene con nosotros...— Eret no lo dijo como si fuese una pregunta, Hiccup se rascó la cabeza, Eret sacó aire de la nariz.— Creí que ustedes, no sé, iban a terminar juntos...— agregó, usando ese tono que a Hiccup le molestaba que usaban cuando hablaban de la relación que tenía con Astrid.— Ya que, bueno, están en un pacto, ¿no?

— Ya te lo había explicado, era solo hasta que Berk estuviera bien.— Hiccup dejó de verla, nervioso.— Ya no hay nada que nos ate.

— Es una pena.— lamentó Eret, negando lentamente con la cabeza.— He visto como se miran, creí que ahora que Berk está bien y que tu y tu novia ya no están juntos... — ladeo la cabeza hacía Hiccup. Este le miró con los ojos entrecerrados, ¿cómo se había enterado sobre lo de Kaira? Bueno, igual no importaba...— Podría salir algo... mas formal.— aventuró, aguantando las ganas de sonreír.

— No va a pasar.— respondió, tratando de convencer a Eret y a sí mismo en el proceso. Decirlo en voz alta le dolió mas de lo que esperaba.

Eret volvió su mirada a Astrid, quien ahora se despedía de Valka, sonriendo y asintiendo. Todavía llevaba las muñequeras, pero estas ya no eran las de piel de oso, estaba usando las de cuero. Ella estaba intentando desesperadamente esconder sus nuevas marcas con magia, pero mientras intentaba controlar a la Tryllestav, seguir usando muñequeras sería la solución provisional. Eret sintió como el corazón se le calentaba ligeramente, viéndola tan feliz y relajada.

— Yo no la dejaría ir.— Eret suspiró, Hiccup alzó la mirada hacía el hombretón.— No tan fácil.— dijo antes de darle una palmada en la espalda, sacándole el aire. Hiccup jadeó en respuesta.

Fishlegs llevaba en el equipaje libros de dragones, rocas y bastantes bonches de tarjetas con datos de dragones o de algunas otras cosas útiles. Pero no quería aceptar algunos diarios de Hiccup sobre botánica.

— Pero no puedo aceptarlos..

— Llevatelos, de verdad, tengo algunas copias por ahí.— aseguraba Hiccup. Fishlegs le miraba apenado, realmente si los quería, pero no quería llevárselos.— Anda, cuando termines de leerlos, podrás devolverlos, siempre se puede volver a Berk.— dijo, convenciendo al marinero, que terminó tomando los libros.

Snotlout se le acercó.

— Gracias por los dragones, supongo.— le dijo, antes de darle una palmada en el hombro.— Y por casi matarnos... varias veces. Extrañare tu estofado de pescado, pero no la sensación de estar al borde de la muerte.

— Puedo escribir la receta...

— No, no es lo mismo.— dicho esto Snotlout se giró para subir al barco, junto a Fishlegs, dejando a Hiccup confundido hasta que los gemelos llegaron a abrazarlo de nuevo.

— ¡Volveremos a visitarte!— gritaron al unisono.

— ¡Sí, todavía no te puedes deshacer de nosotros!— exclamó Tuffnut.

— ¡Tenemos muchas cosas planeadas!

— ¡Incluso podríamos vacacionar aquí!

— ¡Exacto, Berk tiene vistas asombrosas! Aunque es muy pequeño...

— Sí, lo terminaríamos de recorrer en un día.

— Seh, mejor no.

— Buscaremos otro lugar... ¡Pero te visitaremos!— saltó Tuffnut, entusiasmado.

— Son bienvenidos cuando sea.— respondió Hiccup, tratando de apartarse del abrazo. Los gemelos volvieron a despedirse, muy a su manera y corrieron de vuelta al barco, para alistarse.

Eret también volvió a despedirse, incluso le recordó lo que la había dicho antes. Hiccup no le respondió tal y como la ultima vez, pero estaba igual de nervioso; vio como Astrid se le acercaba y sintió que el estomago le pesaba y el corazón se le encogía.

No era broma, ella de verdad se iba a ir.

Esta vez ella no le abrazó, solo se quedó ahí parada, el sol de la tarde casi detrás de ella vacilante. Hiccup quería creer que ella tampoco quería despedirse, que se quedaría...

— Creo que...— ella inició la conversación.— Es el final...

— Sí, eso creo.— asintió Hiccup, Toothless se colocó a su lado, como si quisiera brindarle apoyo moral.— No tengo mucha experiencia con las despedidas, así que no soy tan bueno con ellas...— admitió. Astrid le regaló una sonrisa de consuelo, pero eso definitivamente no lo ayudó.— Espero que... que te vaya mejor a donde quieres ir. Si tienes algún problema, el que sea, tengo un Furia Nocturna y es bastante rápido, en serio— repuso cuando ella empezó a reír.— Llegaría antes de que te des cuenta.— dijo esto ultimo con sinceridad, ella asintió, desviando la mirada a Toothless.— Y puedes volver a Berk cuando quieras, siempre serás bienvenida aquí.— en un impulso, tomo su mejilla y dirigió su mirada a la de él, observando sus ahora desiguales ojos, que evidenciaban su neutralidad, la luz y la oscuridad, unos ojos que él quería observar y examinar más tiempo.— Todos te recibirán con los brazos abiertos y será como si nunca te hubieses ido.— le aseguró, sonando mas serio de lo que ella esperaba. Astrid le estrechó con sus brazos, esta vez refugiándose en su pecho, él sonrió mientras le regresaba el abrazo.

— Te voy a extrañar.— murmuró ella, mientras Hiccup recargaba su mentón sobre el rubio cabello, inhalando su olor por ultima vez.— Y a Toothless también.— miró por encima del hombro al dragón, quien parpadeo lentamente, mostrando que la estaba escuchando.— Y gracias, ya sabes, por salvarme todas esas veces... y por no odiarme por darte una paliza.

— No ha sido nada.— mustió Hiccup, quien, sin darse cuenta, la sostuvo con mas fuerza.— Es más, yo nunca voy a dejar de agradecerte todo lo que hiciste por mi, ir por la Tryllestav, rescatarme de ser un estofado, revivirme dos veces y salvar Berk.— tembló, sentía que el aire se hacia denso, y que el corazón estaba yendo como loco.

No quiero que te vayas, no te vayas, no te vayas...

— Fue mas la Tryllestav quien salvo Berk.— respondió Astrid, modesta, jugando con la nueva insignia de la armadura de Hiccup, la cual estaba en su pecho y tenía la forma de un Nadder Mortífero. Quería preguntar, pero sentía que se estaba demorando demasiado, el sol estaba por ponerse, iba a retrasar a los demás...— Yo... debo irme.— se separó de él como pudo, al principio le costo trabajo porque él la estaba abrazando con fuerza, en un momento, sus rostros estuvieron frente a frente, demasiado cerca. Ella intentó mirar hacía otro lado, abrumada, pero Hiccup hizo que volviera a mirarlo con una mano en su mejilla; la miraba con intensidad, bajando sus ojos hacia sus labios.

Ella, por su parte, no podía creer lo que estaba pasando. Había soñado con eso, bueno, mas bien fue una pesadilla, pero esto estaba pasando realmente. Él iba a besarla, no entendía porque, pero iba a hacerlo. Se dejo llevar, cerrando los ojos lentamente, esperando.

Los presentes miraban expectantes, ¡finalmente!

Mientras se acercaba, lentamente, se preguntaba que rayos era lo que estaba haciendo, que era una locura y que no estaba listo, quizá ella tampoco estaba lista, esto no estaba bien, se iba a arrepentir...

— Creo que sí.— murmuró a unos escasos centímetros de sus labios, Astrid sentía que iba a reventar, pero no por la Tryllestav. Suspiró, antes de que el castaño la soltara, algo avergonzado, ella asintió mientras se aclaraba la garganta y mientras Gobber se llevaba las manos a la cara, Toothless resoplaba y Eret soltaba una exclamación junto con los gemelos, Snotlout rodó los ojos, todos frustrados.

— Te escribiré.— le dijo antes de caminar hacia el barco, Hiccup asintió, frunciendo los labios, todavía con el sonrojo en las mejillas. Ella trataba de no hacer muy notorio que estaba hiperventilando y que sentía las piernas de gelatina.

— Yo... responderé.— respondió.

La nave partió, en medio de despedidas a gritos por parte de los gemelos y por parte de algunos en tierra también. Hiccup sacudió una de sus manos, mientras observaba que ella se iba. ¡¿Qué había sido eso?! eso había estado muy mal, seguramente ella creía que era un raro, o un aprovechado... ¡Oh no! ¡¿Qué había hecho?!

No paro de mirar el barco, hasta que se volvió una mancha negra en el cielo. Miró a su dragón, que estaba visiblemente disgustado y no quería verle tampoco.

— ¿Y ahora tú qué tienes?— preguntó Hiccup, sabiendo muy en el fondo porque el furia nocturna estaba molesto.— No pude hacerlo, ¿bien?

— ¡Eres un tonto!— gritó Gobber a su espalda, Hiccup se giró, Gobber se veía visiblemente frustrado, su madre se veía un poco mas controlada, con los brazos cruzados.— ¿Que es eso de "responderé"? ¡Se supone que tenías que decirle que la amas!

— ¡¿Qué?!— chilló Hiccup, obteniendo la risa de su madre en respuesta y un grito de frustración por parte del herrero.

— ¡Sí! Escucha, muchacho, los he visto todo este tiempo en mi fragua, como se miran, como la miras... ¡Estabas muriendo por darle un beso!— explotó Gobber, para diversión de Valka y para sorpresa de Hiccup. Toothless estaba de acuerdo y hacía ruidos gruturales, como si intentara hablar.— ¡Y ahora que podías hacerlo...! ¡Tenías tu ultima chance! ¡Y no lo hiciste!— lo señaló con el dedo, haciendo énfasis en sus palabras.— ¡La perderás para siempre! ¿¡Que es lo que te pasa!?— finalizó, caminando hasta él, lo tomó por los hombros y lo sacudió con fuerza.— ¡¿Acaso no piensas?! ¡No, claro que no!

— Ya, ya, ya, ¡Gobber, para!— le frenó Hiccup, apartándose.— No iba a hacerlo... Yo... no pude hacerlo, pensé que...

— ¡Ese es el punto! ¡Estas cosas no se piensan...! Por Thor, dile algo.— le interrumpió Gobber, mirando a Valka para que ella se uniera a la conversación, pero ella se encogió de hombros. Luego suspiró y se acercó a su hijo, colocó una mano sobre su hombro, firme.

— Hiccup, ni en otra vida, vas a encontrar a alguien como ella.— fue lo único que le dijo. Hiccup volvió la vista al barco, que se alejaba cada vez mas, haciéndose mas pequeño.

Suspiró y miró a Toothless. Este le regresó la mirada, moviendo la cola, emocionado.

La puerta de la fragua se abrió de un portazo, el horno estaba encendido a pesar de que no había nadie en el lugar. A Gobber siempre se le olvidaba apagarlo.

— No, no puedo.— masculló Hiccup, quien nuevamente se había acobardado, y en vez de correr tras ella, había corrido a la fragua. Frustrado, abrió la puerta de su taller, repleto de papeles y de prototipos del ala para Toothless y de un proyecto que tenía para volar sin Toothless (porque extrañaba volar, ademas, podía ser divertido), llegó a su escritorio y se apoyó en él, con la cabeza gacha, hiperventilando, con el cuerpo ardiendo de coraje, ¿por qué eso lo asustaba tanto? ¿Por qué estaba tan herido?

Cuando su respiración volvió a un ritmo normal, suspiró y levantó la vista. Fue cuando la vio.

"Le pedí a Gobber que la hiciera, úsala para tus pesadillas". La nota estaba escrita con su puño y letra, a lado, Astrid había dejado una red pequeña de hierro de Gronckle, como si se tratara de una versión miniatura de esas redes para atrapar dragones. La tomó entre sus manos, sonriendo con nostalgia.

Toothless entró a la fragua también, buscando a Hiccup. Lo encontró sosteniendo el regalo de Astrid, mirando al infinito, ladeo la cabeza sin entender, y emitió un sonido grutural para llamar su atención. Hiccup giró su cabeza tan rápido, que parecía que se había hecho daño; al ver a su amigo, sonrió, respiró hondo y tomó el prototipo mas avanzado de su "Dragón Volador II".

— Vamos, amigo, tenemos un barco que alcanzar.

Todos en Berk alzaron la vista al ver a un Furia Nocturna surcando los cielos, por primera vez en semanas, esta vez con el hijo de Stoick The Vast sobre su lomo.


Astrid estaba distraída, mirando las nubes y alargando una de sus manos para tocarlas. No entendía por que se sentía tan decaída, ni porque estaba suspirando tanto...

Los gemelos por su parte, estaban en un lugar fijo, jugando a Mazas y Garras, aunque no entendían del todo el juego y Fishlegs trataba de razonar con ellos, explicándoles como se jugaba. Snotlout ahora ocupaba el lugar de Fishlegs y estaba holgazaneando en la canastilla, mirando por el nuevo catalejo que Hiccup les había obsequiado, buscando con que entretenerse.

— ¿Ya pensaste a donde quieres ir?— preguntó Eret, Astrid se sobresaltó y se giró inmediatamente a él, con una mano en el pecho.— Podemos llevarte a donde quieras.

— En realidad, sí.— Astrid se acomodó un mechón detrás de la oreja.— Hiccup me dijo que hay una isla... llamada Gronland. Dijo que era un buen lugar para empezar.

— Eh, quizá.— Eret se puso a su lado, asintiendo.— Llegaremos rápido en dragón, pero no puedo asegurarte la fecha, porque... bueno, jamás he ido y mucho menos en dragón.— Eret señaló a los dragones, Astrid rió.

— ¿Ya no me tienes miedo?— le preguntó de improviso, aprovechando su buen humor, Eret negó con la cabeza.

— A pesar de que vi como quemabas a brujas hasta los huesos y luego nos obligabas a decir una rara oración, no, ya no.— aseguró, mas seguro de sí. Ella se sintió reconfortada.

Snotlout apartó su mirada del catalejo, confundido, luego se dirigió hacia los gemelos, que peleaban sobre quien debía ser el traidor.

— ¡Oigan, cabezas de carnero!— les gritó, los gemelos y Fishlegs se volvieron.— ¿Olvidaron algo en Berk?— preguntó desde lo alto de la canastilla. Los gemelos se miraron entre sí.

— ¿Trajimos a Barf y a Blench?— preguntó Ruffnut, Tuffnut asintió y señaló a los dragones.

— ¿Trajiste la pólvora?

— Sí, ¿tu trajiste la grasa de yak?

— Aja, ¿y tu trajiste los pasteles de crema?

— Están en nuestro nuevo camarote, ¿lo olvidas?

— Ah, sí.— Tuffnut hizo memoria, pero no parecía que hubiese olvidado algo. Negó con la cabeza al fin.— Nop, ¿por qué la pregunta?— preguntó esta vez a Snotlout.

— Porque creo que viene hacia acá un Furia Nocturna, y el único que conocemos está en Berk, así que o olvidaron algo o...

— ¿Hiccup viene para acá? ¿Por qué?— le preguntó Astrid a Eret, quien se encogió de hombros, ella empezó a correr hacía la popa, divisando al furia nocturna acercarse al barco rápidamente.

Con horror observó la silueta de Hiccup, arrojándose del dragón, para luego desplegar unas extrañas alas que estaban unidas a sus brazos y a los costados, soltó un grito de horror.

— ¡HICCUP!

Contra todo pronóstico, el enmascarado planeó por el aire, hasta que aterrizó con gracia sobre la cubierta, casi frente a ella, Toothless hizo lo mismo, aterrizando cerca del timón. Ella, todavía congelada del susto, jadeaba, sin entender.

— ¡¿Qué es lo que estas haciendo?!— preguntó ella, asustada, Hiccup elevó su careta para que esta estuviera sobre su cabello. Sonrió antes de caminar hasta ella con paso apresurado.— ¡¿De donde sacaste ese raro traje?! ¿¡Acaso no valoras tu vida o algo...!?

No pudo continuar, Hiccup la atrajo hacía ella, plantándole un beso en los labios. Ella no se lo esperaba, por lo que tenía los brazos doblados, con los puños cerrados, dispuesta a alejarlo, a gritarle porque la había asustado, decirle que odiaba el hecho de que no apreciara su vida, pero, después, dándose cuenta de la situación, se relajó cerrando los ojos, deshizo los puños y a pasó los brazos detrás del cuelo de él.

— ¡Awww!— exclamaron Tuffnut y Fishlegs, Eret los miraba complacido.

— ¡Aggghh!— exclamó por su parte Ruffnut mientras Snotlout bajaba del poste.— ¡Que mal!— dijo, pero en el fondo se alegraba por ellos.

Fue un beso algo torpe, era el primer beso de Astrid (intencional) y ella trataba de seguirle el paso. Él era paciente, y no le importaba la torpeza de ella.

Cuando se separaron, Hiccup la miró directo a los ojos, sin poder parar de sonreír, exponiendo sus dientes irregulares. Astrid le miraba sorprendida.

— Yo...— jadeo Hiccup, todavía sosteniéndola de la cintura.— No quiero que te vayas.— admitió en voz alta, ante la mirada de la rubia.— Sé que crees que no te necesito, pero... sí lo hago. Y sé que crees que pienso que solo me has dado problemas y que por eso quieres irte, pero no es verdad. He intentado ignorarlo estas ultimas semanas tratando de aceptarlo, aceptar que ya no te vería, que iba a tener que soportar todos los días el no escucharte reír de mis estúpidas bromas o de mi sarcasmo. Que ya no ibas a golpearme y dejarme moretones... Aunque sé que no quieres dejarme moretones, porque esa no es la intención...— divagó, Astrid parpadeó, sin saber como reaccionar a eso.— No importa, lo que quiero decir es que...— suspiró nervioso.— Te quiero. Y aunque sé que no quieras que te proteja, y aunque yo sé que puedes cuidarte sola perfectamente, no quiero dejar de hacerlo. Y no es por despecho por lo que paso en la isla de los Defensores, podría esperar a estar listo para ti, podría esperar a que tu te sientas lista, para nosotros.

"Porque... eres la única que no se asustó cuando le dije lo que soy, sabes mi historia, sabes quien realmente soy, lo supiste desde el principio, me leíste la mente...— bromeó, mientras movía su cabeza.— Yo... yo no pienso dejarte ir, y hoy me di cuenta de eso. No podría haber rescatado Berk, enfrentarme a Calder, a Mala, o a Mørke, o volver del mismo infierno, nada de eso. No podría haber hecho nada de todo esto sin tí, Astrid.— le dijo mirándola a los ojos con sinceridad, anhelante, lleno de suplica.— Por favor, quedate.

Hubo un momento dramático, en el que nadie se movió, ni siquiera los propios dragones, quienes estaban esperando instrucciones de hacia donde moverse. Todos estaban expectantes a su respuesta, Tuffnut se jalaba las rastas, con impaciencia, y Ruffnut no paraba de acariciar sus trenzas, con ansiedad.

Snotlout estuvo a punto de gritarle a Astrid que por el amor de Thor o Satán, pero que se quedara.

Pero no, ella en su lugar lo golpeó de nuevo.

— Esto es por asustarme.— le dijo, mientras él hacía una mueca.

— ¿Que siempre va a ser así? ¿Tu me golpeas y luego yo...?— los labios de Astrid lo interrumpieron, besándolo con algo de torpeza, él volvió a sostenerla, mientras ella volvía a colgarse en su cuello. —Pero podría acostumbrarme.

— Yo...— murmuró Astrid cuando acabó, mordiendo su labio inferior.— también te quiero.— dijo al fin, Hiccup sintió como el alma le regresaba al cuerpo.— Y supongo que puedo... quedarme.— sonrió, encogiéndose de hombros.— Si todos en Berk están de acuerdo.

— Oh, lo están.— aseguró Hiccup.

— ¿Saben qué?— cortó Eret con voz fuerte.— Creo que Viggo tiene muchas flotas ya, ¿no creen muchachos?— los demás asintieron, con una sonrisa.— Y yo pienso que con este nuevo barco, podemos iniciar desde cero, ¿qué me dices, Hiccup? ¿Tienes un mercader para Berk?— le preguntó.

— Nos vendría bien uno, ahora que lo pienso.— dijo, alegre.

— ¡Y yo los escojo a los dos!— Ruffnut saltó y abrazó a Snotlout y a Fishlegs.— ¡Voy a casarme con ambos, ya lo decidí!— declaró para sorpresa de todos, incluso de su hermano.

— Ruff, pichoncito, creo que eso no se puede.— intervino Fishlegs.

— ¡Claro que se puede!— exclamó Ruffnut, luego miró a Hiccup y Astrid.— Si ellos pueden volver de la muerte dos veces yo puedo casarme con ustedes dos, ¿no es cierto Hiccup?

Este sonrió de lado.— Ese es un buen punto, así que, sí, yo creo que sí.— dicho esto Ruffnut y Tuffnut vitorearon, le siguieron Fishlegs y Snotlout, seguido Eret y luego Hiccup y Astrid.

Después de eso, fue Astrid la que le robo un beso a Hiccup.


Esto... es Berk.

Un poco... cambiada, ya saben, con todos esos nuevos inventos de Hiccup...

Sí, y con una cueva dedicada a el Señor Oscuro... Pero es nuestro hogar. Puede que siga sin verse muy impresionante, aún es un montículo de rocas, pero lo crean o no, este lugar oculta un par de sorpresas.

Una oveja pasta tranquilamente en en pueblo, esta marcada con una diana en la lana. De la nada, se escucha un zumbido, que hace que mire en todas direcciones, temblando, asustada.

Va a suceder otra vez.

La vida aquí es asombrosa, pero sigue sin ser recomendable para los mas sensibles. Verán, en otros lugares tienen hobbies como tallado o bordado, pero aquí, los Berkianos prefieren algo que nos gusta llamar...

La misma oveja observa como se acercan un grupo de dragones, rápidamente, la oveja vuelve junto al rebaño, buscando no ser vista. Pero no sirve de nada, un Gronckle baja a toda velocidad y la atrapa con sus garras. Su jinete grita de la emoción, tiene el rostro pintado con lineas naranjas y verdes, el dragón también tiene colores alusivos en su hocico.

¡CARRERAS DE DRAGONES!

No la tiene por mucho, un hombre mas pequeño, con el rostro pintado de lineas rojas y amarillas, montado en un Pesadilla Monstruosa le roba la oveja, la sostiene contra si, complacido.

— ¡Oye!— grita el del Gronckle.— ¡Snotlout, eso era mio!

— ¡Oh, lo siento Fishlegs! ¿Querías esto?— se burla Snotlout, presumido. Para después bajar, encontrándose con un Cremallerus, sin aviso, arroja la oveja a una de las cabezas del dragón, una mujer la atrapa, sonriente, tiene el rostro pintado en tonos verde agua y amarillo. — Es para ti nena.— repuso Snotlout, galante. — ¿Ya te dije lo hermosa que te ves el día de hoy? Porque estas preciosa.

— Ugh, Snotlout, le quitaste la oveja a Fishlegs, eso te quita puntos.— le reclamó la mujer rubia, la cabeza de su dragón empezó a lanzar gas. La otra cabeza, en donde estaba el hermano de ella, se acercó, riéndose. Tenía el rostro completamente pintado de amarillo y negro , ni una parte de su piel era visible.

— Nop, ella sigue queriéndose casar con ambos.— se burló.— ¡Vamos, Blech! ¡Volemos este lugar, WUUUUUUU!

Seguido de eso, se escuchó una explosión, dejando a Snotlout detrás. Mientras este intenta salir, la gemela arroja la oveja en una de las cinco canastas suspendidas sobre una plataforma. Las cestas tienen un tablero con el dibujo de los dragones participantes: Pesadilla Monstruosa, Gronckle, Cremallerus, Nadder Mortífero, y Furia Nocturna.

El de los Cremallerus estaba hasta el borde.

— ¡Fantástico!— grita una mujer desde una plataforma delante de una tribuna, con una multitud frenética.— ¡Los gemelos llevan nueve! ¡Astrid solo lleva tres y Fishlegs y Snotlout solo dos!— cuenta las ovejas dentro de las cestas con su vista.— ¡Y Hiccup, nuestro jefe... solo lleva UNA! ¡¿Podrá recuperarse!?

— El siempre hace esto, ¿no?— se acerca un hombre bonachón, sosteniendo una oveja gorda y negra. también lleva una diana dibujada en su lana.— Esto de ser el mas bajo para ganar en el ultimo segundo...— explicó.

Ella se encoge de hombros.

Del humo no solo emerge Snotlout, también lo hace una joven sobre un Nadder Mortífero, el rostro esta pintado de azul y naranja, con la forma de una mariposa, su barbilla también estaba maquillada con esos colores. Se le ve confundida.

— ¿Que es lo que haces?— le preguntó, algo molesta.— ¡Ellos están a la delantera!

— ¡Es mi princesa! ¡Si ella lo quiere, lo tiene!

— ¡Ella ya dijo que se casaría con ambos, no solo contigo!

— ¡Ruffnut puede cambiar de opinión!

Hace veinte años, una bruja maldijo esta tierra, jurando venganza. Pero hace un año, un una bruja y el jefe de Berk que se transformaba en dragón lograron detenerla, salvaron Berk y al Archipiélago completo.

Ahora el jefe de Berk mejoró mucho la aldea, tenemos estaciones de alimentación de todo lo que puedas comer, establos para dragones coloridos y confortables, ¡Incluso servicio de lavado de escamas todo incluido!

Recibimos a dragones de todas partes, y no los culpo. Berk es un paraíso todo pagado para ellos, ellos solo se quedan aquí y dejan que todos sus problemas se derritan. Ahora que Berk se ha vuelto a estar bendecido, tenemos algo que nadie mas puede tocar, nuestros dragones... ¡Muchos, muchos dragones!

— Creo que ya pueden soltar a la oveja, Gobber.— avisó la mujer, este hizo un saludo militar a modo de afirmación. Este se la paso a otro hombre, mucho mas alto y mas musculoso, este exihibio a la oveja gritando:

— ¡ULTIMA OVEJA!

Gobber camino hasta el enorme cuerno que servía para avisarle a los corredores que la oveja negra iba a ser soltada. A Astrid se le iluminó el rostro.

— ¡La oveja negra! ¡Vamos, Stormfly! ¡Todavía podemos ganar esta carrera!— le dijo a su dragón, tomando así la delantera.

El hombretón, colocó a la oveja en una catapulta. — Es tu momento de brillar. Buen viaje.— la despidió antes de activar el mecanismo.

— ¡Arriba, arriba, arriba!— repetía Astrid, emocionada, competitiva como siempre. Alargó una de sus manos, para alcanzar al animal, hasta que un borrón negro atravesó el cielo, robándose a la oveja.— ¡Hiccup!— gritó frustrada, mientras el furia nocturna se alejaba, con su jinete arriba de este, riendo. Toothless bajó la cabeza, viéndola, exhibiendo sus encías como si sonriera.

¡Hola, Astrid!

— ¡Y hace aparición nuestro jefe!— anuncia la misma mujer a la multitud, que enloquece.— ¡Tiene la oveja negra!

Todo esta en paz desde entonces.

Eret y la tripulación se quedaron aquí, siendo Eret, Snotlout y los gemelos nuestros mercaderes. Gracias a ellos, nuestra economía no ha colapsado; Fishlegs decidió quedarse permanentemente en Berk y ahora es un experto en dragones, él es el que me ayuda con todos estos dragones.

En cuanto a Astrid y a mí. Sí, estamos saliendo.

Pero no fue tan fácil como ustedes creen, después de ese beso, regresamos a Berk y decidimos ser amigos mientras, bueno, me acostumbraba a ser el jefe y ella a vivir en Berk como una mortal. después de todo, ahora tenemos todo el tiempo del mundo para conocernos...

— ¡Vuelve aquí!

— ¡Nop, es mía, Toothless la encontró!— grita Hiccup tratando de esquivar a la Nadder.

Esto es Berk, según sé, está a doce días al norte del Calvario y unos cuantos grados al Sur de Muérete de frio... ¿Lo dije bien? Oh, sí, me faltó decir que esta justo sobre el Meridiano de la Tristeza.

Es mucho mejor que mi antiguo hogar en Red Death, es mas verde y la gente no vive dentro de un dragón gigante. Sin lava.

La comida en Berk es dura e insípida, pero es mejor que comer dragón. La gente es peor, pero tienen su encanto, y los dragones son la mejor parte.

Durante todo este año he estado entrenando para unirme a la armada de Berk, Hiccup dice que incluso puedo llegar a ser General, pero, ya lo veremos...

El Furia Nocturna y el Nadder daban vueltas por todo Berk, tratando de alcanzarse, mientras los demás dragones trataban de seguirles el paso.

La gente que nos ha atacado son implacables, despiadados y están locos, pero quienes les detuvieron, ¡vaya! ¡Mucho mas!

Ahora que todo ha terminado, esparciremos nuestro mensaje de paz a todo el mundo, y poco a poco, cambiaremos al mundo...

Y lo mejor, Astrid ya no tendrá que usar sus poderes nunca.

El Nadder se coloca de cabeza, pero Hiccup no alza la vista, su rostro tiene algunas lineas horizontales en rojo oscuro. Se ve confiado hasta que nota que la oveja que tiene en sus brazos esta levitando, mira hacia arriba, encontrándose con una Astrid con los brazos extendidos hacia la oveja, sus ojos en blanco y resplandecientes incluso con la luz solar, las partes sueltas de su cabello se encontraban flotando en todas direcciones. Ella esta flotando sin Stormfly, quien se encuentra a su lado, dando la vuelta para colocarse correctamente. Esto lo asusta en un principio, aflojando su agarre sobre la oveja.

La oveja, asustada, levita hacía Astrid, quien la atrapa en sus brazos y luego cae, aterrizando sentada sobre el lomo de su dragón. Parpadea un par de veces, sacude la cabeza y tiembla, logrando volver a la normalidad, una vez siendo ella de nuevo, Stormfly acelera la marcha, mientras Astrid se mofa de su novio, a quien han dejado atrás.

Bueno, casi nunca.

— ¡Eso es trampa!— señaló el castaño.

— ¡Son Carreras de Dragones! ¡Todo se vale!— dijo ella, estando cada vez mas lejos.

— ¡Astrid ahora tiene la oveja negra!— avisa Valka. Mientras los ven llegar a las cestas.

Además, quizá tengan algo de magia, armas, flotas enteras con hombres dispuestos a despedazarnos...

Astrid arroja la oveja negra a la cesta del Furia Nocturna, rodando los ojos y terminando con la Carrera. Todos vitorean, Hiccup llega después. Una vez ambos están en la plataforma con Valka, se abrazan.

Toothless los separa, para querer unirse al abrazo. Ambos observan Berk, este esta mas lleno de casas, mucho mas extenso, los dragones y vikingos viven nuevamente en paz, sin brujas, con la Tryllestav a salvo con Astrid.

Una Furia Luminosa los ve a lo lejos, para luego regresar, en dirección al Mundo Oculto.

Pero nosotros tenemos...

¡DRAGONES!

Y a una Tryllestav.


Fin.


Asi es, este es el final de esta bonita y aterradora (para algunos) historia. Mil gracias por seguir leyendo y comentando a lo largo de estos dos años, de verdad.

Esta es la segunda historia de muchos capitulos que termino xd, asi que, como verán, estoy muy feliz. Este es un día de fiesta, asies.

Ojala les haya gustado el final, esta muy bonito todo uwu

¡Les quiero mucho! Ya volveré en otros proyectos, ustedes no se preocupen uwu

¡Les quiero! ¡Cuidense mucho, de verdad! ¡Hasta otra!