Con mi agradecimiento a Revitaa Locatis Potter, que me remitió sus apuntes sobre infancia en la baja Edad Media, y que han dado una forma mucho más exacta al contenido del Diario de Maggie Abbot, la madre de Meg.

XVI

"4 de abril del año del Señor de 1354;

En el día de hoy fui llamada al castillo de los duques para prestar mis servicios de partera. Me condujeron a la parte alta, a los aposentos de la nobleza. Allí, una chiquilla se encontraba tumbada en la cama, rodeada de parteras muggles y de una dama de alcurnia. En principio, me dejaron apartada, pero pude constatar que estaba a punto de dar a luz, con el cuello del útero casi completamente dilatado. No tendría más de doce o trece años. La criatura no estaba bien situada, y la niña no hacía más que gritar y gritar. Las parteras muggles comenzaron a untarle sus partes con sebo. Si las hubiera dejado continuar, ninguno de los dos habría sobrevivido a aquel día. Utilicé un hechizo de confusión que las distrajo y extraje al niño abriendo la vagina con un gran corte.

Se trataba de un varón, de buen tamaño, color y peso. Un niño moreno, de ojos grises, muy guapo. La madre estaba tan exhausta que se desmayó mientras la cosía. Le coloqué el bebé al pecho, para ayudar a contraer el útero y evitar hemorragias, y di instrucciones para su atención durante las siguientes horas. La dama dio las gracias y me pagó sobradamente. Me envió después a las cocinas, para que me dieran algo de comer. Allí me encontré con dos brujas que trabajaban como sirvientas en el castillo. Ninguna parecía una hechicera relevante. La más joven se presentó como Sally Shumpike. Tendría no más de diecisiete años, el pelo rojo vivo, los ojos azules desvaídos y la cara llena de granos. Sally fue la que me contó que Cathy White, una jovencísima bruja que no había sido educada en el castillo de Hogwarts por una excentricidad de su madrastra, estaba preñada, y por el castillo se rumoreaba que el padre de la criatura era alguien muy importante, un hijo del Rey.

Poco tiempo después me pidieron instrucciones para la crianza de un bebé sin su madre. Al parecer, Cathy había fallecido dos días después, víctima de unas fiebres puerpales. Alguna de las parteras muggles infectó los puntos. No me avisaron. Podría haber hecho algo por contener la infección.

Recomendé encontrar una buena ama de cría, y en su defecto cuernos de amamantar de leche de cabra cada tres horas durante los tres primeros meses, cuidar minuciosamente y con las manos bien limpias el ombligo, hasta que cayera y exposición a la luz indirecta del sol una hora al día. Con respecto a esto último me miraron como si fuera una loca, pero he comprobado que algunos recién nacidos adquieren una color amarillenta tirando a violácea que mejora notablemente con los rayos solares.

Tiempo después, me enteré de que el señor del castillo, Sir Thomas Holland, duque de Kent, y su esposa se habían hecho cargo del niño."

Meg levantó la vista del diario de Margaret Abbot, o mejor dicho Margaret Sprout, su madre. ¡Así que se insinuaba que en el castillo de los duques de Kent un miembro de la familia real había tenido un vástago con una bruja que apenas era una niña…¿Podría tratarse del tal Mortimer?

Meg no tuvo mucho tiempo para pensar, porque en ese momento entró Philip en casa. Tenía el ceño fruncido.

- ¿Qué pasa? – Preguntó cerrando el diario.- Evanesco.- mumuró apuntándolo con su varita, y el diario volvió a la nada en la que solía tenerlo guardado..

- El Rey reclama protección mágica en Francia. Ha llamado a algunos hechiceros para que viajen a Normandía.- comentó Philip quitándose la capa y colgándola en un gancho que había tras la puerta.

- ¿Nos afecta?

- No, de momento, pero en invierno hay más riesgos para la navegación. Los barcos ingleses necesitan las mayores garantías para cruzar el Canal.

- Hay otros magos que pueden hacerlo…

- Si está pensando en dar un golpe de mano en la guerra con Francia, es cuestión de tiempo que me llame.

Por mucho que algunos presumieran de ello, era imposible controlar los elementos de la naturaleza. El mago o bruja que dijera que era capaz de provocar una galerna o calmar una tempestad era un charlatán. Posiblemente, ni siquiera era un mago. Pero era también cierto que desde la antigüedad hubo magos especialistas en hechizos de navegación, que fortalecían los cascos de los buques, aumentaban su navegabilidad, su estabilidad o, simplemente, como en el caso de los drakkar vikingos, creaban una ilusión óptica que añadía terror a su ya impresionante silueta.

Los Longuebateau habían sido precisamente de éstos. Un antepasado de Philip acompañó a los longues bateaux de Guillermo de Normandía en su viaje a la Gran Bretaña para reclamar el trono. Se contaba que, con su pericia mágica, había evitado el naufragio del buque del mismísimo duque. Aquel mago, de origen humilde, se ganó entonces el apodo de Longuebateau, con el que, desde entonces, se conoció a sus descendientes, al menos hasta aquel día, en el que Agnes Prewett había decidido que Longbotton era más fácil de pronunciar y sonaba más sajón.

- El rey tiene su propio reino separado del continente por el mar y posee media Francia ¿No tiene nada mejor que hacer que causar estragos periódicamente en la otra media? … - Meg besó afectuosa la mejilla de Philip.- Voy a darte de comer. He traído de casa de Agnes una sopa de pescado estupenda.

Philip sonrió y la cogió de la mano.

- ¿Cómo te encuentras tu?

- Estupendamente. No es una enfermedad, ¿sabes?

- Tiene sus riesgos…

- Nadie ha dicho que sea fácil. Pero es algo natural… Alix Midwiff se hará cargo, y Maggie Abbot saldrá de su retiro para ayudar a traer al mundo a su primer nieto.

Philip suspiró. La mayoría decía que era cosa de mujeres, pero no podía evitar un creciente sentimiento de responsabilidad. Desde que se enteró de la noticia, pasaba mucho tiempo contemplándola fijamente, intentando descubrir una pequeña diferencia, un atisbo de la criatura cuyo corazón latía furiosamente en el interior de la mujer que era toda su vida.

- ¿Has oído algo entre los magos de las clases altas sobre los Peverell?- preguntó mientras llenaba un tazón con la sopa.

- ¿Los Peverell? - Philip se introdujo una cucharada en la boca y negó con la cabeza. Paladeó lentamente la sopa, tragó y volvió a hablar.- Hace meses que no oigo hablar de ellos. Meg frunció el ceño.

- Es justamente lo que dice Agnes.

- ¿Por qué te preocupan los Peverell? – preguntó Philip mientras cortaba una rebanada de pan.

-A quién le preocupan es a Agnes. En concreto, tiene un interés especial en el mediano.

- ¿Cadmus?

- Si, ese.

- No me digas que es el padre de la niña que tiene acogida junto con su madre.

- Eso dice Agnes. También ha mencionado un mago. Un tal Mortimer de Gaunt.

- ¿Gaunt?

- Si. Como el príncipe.

Philip negó con la boca llena. – No he oído jamás el nombre de Mortimer de Gaunt.

- Y…- Meg se resistía a hacer la pregunta. En su fuero interno, algo le cuestionaba la corrección de preguntar algo así.

- ¿Y? – Philip había dejado la cuchara en el plato y la miraba atentamente. Meg sonrió. Eso era lo que la había enamorado. Se animó a continuar hablando.

- ¿Te has fijado alguna vez en el brujo que acompaña a Meguera Slytherin a mi consulta?

- ¿El tipo fornido? Nunca lo había visto antes. Siempre he pensado que era una especie de protector, o algo así. ¿Por qué?

- Porque me preguntaba si ese sería Mortimer de Gaunt.

Philip se encogió de hombros. En ese instante se oyeron unos golpecitos en la puerta.

- ¡Oh! ¡Olvídalo! – dijo Meg.- ¡Ya ha llegado mi madre!

Maggie Abbot era alta y delgada, con la nariz ganchuda y el pelo largo y canoso recogido en un pulcro moño del que no se salía ni un cabello. Se había quedado viuda del padre de Meg cuando ella tenía once años. El hombre, un brujo al que le gustaba experimentar, había intentado inventar un hechizo para hacer crecer más rápidamente los geranios colmilludos. El resultado fue la consecuencia de un crecimiento exagerado acompañado de una no menos exagerada ferocidad. Maggie Abbot procuraba no hablar mucho del tema, y cuando lo hacía, insertaba calificativos para su marido, del tipo de insensato, loco o estúpido. Meg sabía muy bien que era su forma de seguir adelante a pesar de haberlo perdido.

- Esta casa está un poco fría. Me viene fatal para mis bronquios- Fue lo primero que dijo. Y sacando su vara pronunció un hechizo calorífico. Meg y Philip sintieron que sus mejillas se enrojecían. En invierno, Maggie siempre consideraba que hacía frío, aunque estuviera frente a una enorme chimenea encendida. Meg la acomodó a la mesa y le sirvió la sopa de Agnes.

- No está mal.- dijo Maggie.- ¿La has hecho tú? – preguntó a su hija.

- Agnes Prewett.

- Ya me parecía. Tu no eres muy hábil en la cocina.

- Hasta ahora, todo lo que ha preparado Meg estaba delicioso.- terció Philip mientras recogía con la cuchara lo poco que quedaba de sopa en su plato.

- ¡Ah! ¡Pero es que llevas poco viviendo bajo el mismo techo que ella, Philip! Yo conozco sus habilidades culinarias mejor que tú.

Philip se levantó. – Tengo trabajo. Si me disculpas, Maggie. Volveré antes de la hora de cenar.

- Ya, ya...

Philip no contestó. Se levantó, besó en la mejilla a Meg, recogió su capa y salió.

- No se qué le has visto.- empezó Maggie.- Es muy tímido y...

- ¡Madre!

- Es verdad....aunque bien pensado, tu tienes mucho carácter...

Meg hubiera discutido con su madre, pero, por alguna razón misteriosa, no estaba por la labor. Si en aquella época hubiera sabido lo que eran las hormonas, sin duda les habría echado la culpa.

- ¿Recuerdas un caso que atendiste en el castillo del duque de Kent?

- Recuerdo todos mis casos perfectamente. ¿Cuándo fue?

- Hace dieciocho años. Una bruja muy jovencita llamada Cathy White.

- ¿Cathy White? Espera que piense...¡Ah! ¡Sí! Demasiado jovencita. La pobrecita murió...

- ¿Tienes idea de qué pasó con el niño?

- No, salvo que lo prohijaron los duques de Kent. ¿Por qué?

- Se rumorea que el Príncipe Juan de Gaunt tiene un hijo que es un brujo. Me preguntaba si sería ese niño.

- Hmmm ¿Quién sabe? Pero si te interesan los chismorreos de la realeza, empezaré por aclararte que la duquesa de Kent, la entonces duquesa de Kent, es hoy la Princesa de Gales.

- ¡La Princesa de Gales!

- Huérfana de padre desde muy joven, fue educada en la corte, por expreso deseo de la reina Philippa, que la trató como a una hija más. Cuando se hizo mujer, consiguió despertar la pasión del joven príncipe Edward. Los reyes se opusieron al romance, e hicieron lo posible por separar sus caminos. Cuando quedó viuda del duque de Kent, el Príncipe se casó con ella, provocando un escándalo de proporciones casi internacionales.

- ¿Por qué?

- Porque los príncipes se casan con princesas. Es la manera de sellar tratados internacionales.

- ¿Y, qué pasaría con el niño cuando la duquesa se casó con el príncipe, si es que sobrevivió?

- Su educación entonces correría a cargo del Príncipe, supongo.

- Entonces es posible que sea cierto que tiene un sobrino natural brujo.

- ¿Quién sabe? Cathy White era apenas una niña. Tal vez fue el padre el propio duque, u otro personaje de la nobleza con el que el duque se sintiera en deuda. Sally Shumpike era una cotilla exagerada de reducido seso en la mollera. De todas formas, si hubiera que apostar por alguno de los hijos del Rey, yo lo haría por el mismísimo Príncipe de Gales.

- ¿Por el Principe? ¡Pero si antes has dicho que estaba enamorado de la duquesa!

- ¿Y qué? Precisamente. Un joven impetuoso, que desea a la duquesa, que por cierto es una mujer muy bella, pero que por alguna razón no se la lleva a la cama. Porque está el marido, porque ella dice que en ese momento no conviene... Resulta que encuentra en el castillo una jovencita y no puede reprimirse. Entonces...

- ¡No sigas, madre!

- En fin, como quieras. De episodios de este tipo hay para llenar la biblioteca del castillo de Hogwarts.

Meg decidió que no le interesaban particularmente los líos de sábanas de la realeza. Confirmó su opinión sobre la no conveniencia de llevar diarios de partera, al menos en la forma en que lo había hecho su madre. Se prestaban al chismorreo con demasiada facilidad y cambió de tema. Entretener a Maggie con preguntas profesionales siempre había dado resultado.

Mientras, al otro lado del Canal de la Mancha, en un lugar llamado La Rochelle, que formaba parte de los dominios ingleses, un joven alto y delgado, con el pelo negro, largo y cuidado, y unos hermosos ojos grises seguía con atención el entrenamiento de los arqueros.

Los longbowers o yeomen practicaban a razón de 15 flechas por minuto, a una distancia de ciento cincuenta yardas. Entrenaban desde los siete años, y eran una fuerza de infantería temible. Todos iban rigurosamente uniformados de verde y blanco. Uniformar a los arqueros había sido idea del Príncipe Negro. La propuesta, verde y blanca, había venido de un joven caballero.

Sir Edmund Holland acarició con mimo uno de los arcos. Madera de tejo, un árbol tan misterioso como el saúco, pues se consideraba símbolo tanto de la vida como de la muerte, de lo bueno y de lo malo. Una flecha lanzada con un arco largo de tejo podía penetrar cuatro pulgadas en el tronco de un roble, el árbol rey, situado a más de doscientas yardas. Se sintió complacido con el ejercicio.

- El Príncipe de Gales se aproxima a caballo, Sire.- le anunció un soldado.

- Tended el puente levadizo e izad el rastrillo.

Desde lo alto de las almenas, Sir Edmund contempló aproximarse al príncipe, que cabalgaba al frente de su séquito vestido con su armadura negra, con la que se había ganado el sobrenombre de "The Black Prince", el Príncipe Negro. Sir Edmund respiró hondo, con orgullo. Sin duda, Edward de Woodstock, Príncipe de Gales, se sentiría complacido.

Notas

- En Los Cuentos de Beedle el Bardo, Babbitty Rabbitty es una bruja lavandera del castillo del rey. Si Beedle menciona este hecho en un relato infantil, entonces podemos presumir que en la edad media había brujas y magos con trabajos muggles sirviendo a nobleza y realeza, de manera que la presencia en la residencia de los duques de Kent de tres brujas de servicio no es tan descabellada.

- El Príncipe Negro tuvo la ocurrencia de uniformar a sus tropas, toda una novedad en la milicia de la época. Curiosamente, escogió los colores de Slytherin, blanco y verde.

- Sir Thomas Holland fue marido de la duquesa de Kent. En la información que existe sobre sus descendientes, consta cuatro hijos, aunque en algunos casos aparecen cinco. El quinto, Edmund, si es que existió debió fallecer muy joven. En esta historia hay un Edmund Holland que no es realmente hijo de los duques, pero que fue prohijado por ellos. Es pura ficción.

La duquesa de Kent, the Fair lady of Kent, famosa en su época por su incomparable belleza, creció en la corte del rey de Inglaterra, por lo que conocía desde niño al Príncipe de Gales. De hecho, tras enviudar de Thomas Holland se casó con él, para sorpresa de la Corte que esperaba un matrimonio que sellara alianzas internacionales. Fue la madre del siguiente rey de Inglaterra.

- Alix Midwiff: bruja partera, cuyo apellido se lee "midwaif", en clara alusión a su profesión de comadrona. Durante siglos, el parto se consideró "cosa de mujeres", junto con los trastornos propios del sexo femenino. Los médicos, o físicos, que era la denominación que solían tener, no se preocuparon de la salud de la parturienta y su bebé, por lo que las mujeres tuvieron que apañarse y ayudarse entre ellas. Así surgió la profesión de partera, antesala de la comadrona. A menudo, la partera también era herbolera. Aprendía sobre las propiedades de las plantas (Dioscórides ya recopiló muchísimos usos) y sus usos medicinales, antesala igualmente de la moderna farmacia. Algunos autores sostienen que parteras y herboleras fueron en siglos pasados acusadas de brujas, en algunos casos porque los físicos veían que se quedaban con su clientela (puesto que no existía el intrusismo profesional, usaban lo que tenían a mano, que era la acusación de hechicería).

Como curiosidad, comentaré que la aplicación de la anestesia en el parto fue incluso objeto de controversia teológica, puesto que contradecía aquello de "parirás con dolor" (todavía, hace un par de años, un político regional empleó este argumento para defender la reducción de costes en epidurales en un hospital). Fue la reina Victoria de Inglaterra la primera personalidad relevante que reclamó el uso de anestésicos en sus numerosos partos.

Las comadronas (y matrones, que los hay) siguen hoy, después de tantos siglos, ayudando a las madres a dar a luz.

Publicidad:

¿Quieres leer uno de mis relatos sobre brujas, leyendas del Viejo Reyno de Navarra y demás? Visita mi cuenta en fiction press (el mismo nickname. No me deja pegar el vínculo). ¡Brujas! Sinopsis: Un hombre con los pies en el suelo hereda dos cosas en el solar de sus raices: un caserío y una anciana tía. Poco a poco volverá a sus orígenes. ¿Quién dijo que no existen las brujas?

Nota Adicional:

Procuro contestar a todos los reviews. Los comentarios de los lectores ayudan a escribir mejor.