XX
Al principio estaba completamente alerta, pendiente absolutamente de todo porque no se fiaba ni del pequeño mago ni de su birriosa alfombra. En cualquier instante, pensaba, podía hacer un giro brusco y lanzarlo al vacío, o simplemente desintegrarse. Se aferró a su escoba con una mano y al borde deshilachado de la alfombra con la otra con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, y al cabo de un rato tenía los brazos agarrotados. Pero no ocurrió nada, así que empezó a creer que Jalal sabía lo que hacía y podía relajarse un poco. Se asomó tímidamente por el borde de la alfombra y contempló el paisaje. Se sintió estremecer. Volaban a una altura que jamás había alcanzado con una escoba ni creía que fuera posible alcanzar. Recorrían un territorio agraz de unas tonalidades entre ocre y amarillo, entre ondulaciones montañosas de color morado. De vez en cuando, una fina línea oscura serpenteaba allá abajo, como un hilo. Debía tratarse de un río. Durante mucho tiempo se quedó absorto en el paisaje, tan diferente al de su lejana y verde isla. Al cabo de un tiempo, sintió que se amodorraba y empezó a dar cabezadas. Finalmente, se tumbó con indolencia. En realidad - pensó – era infinitamente más cómoda que la escoba, suave y blanda...
- ¡CRIACCC!
- ¡AHHHHHH!
- ¡¿PERO QUÉ...?!
Antioch se despertó sobresaltado, justo a tiempo de aferrarse a un borde para no caer. Jalal había hecho un giro muy brusco.
- ¡SON ROKHS! – gritó Jalal.- ¡Nos están atacando!
Una bandada de pájaros pequeños pero muy agresivos les acosaba.
- ¡AY! – Antioch dio un manotazo y acertó a darle en un ala al atrevido que le había picado en un brazo. Era similar a un águila pequeña, con un pico amarillo y muy duro y garras que parecían de cachorro de león.
-¡Protego! – gritó Antioch apuntando hacia arriba. Se oyeron golpes sordos como gongs mientras los pájaros golpeaban en la campana mágica que acababa de conjurar, una y otra vez. Puesto que el hechizo funcionaba, Antioch se permitió prestar atención a su brazo. Miró la manga desgarrada. Una larga tira de carne roja que por momentos se empapaba de sangre quedaba expuesta a la luz del sol.
- Episkey- murmuró apuntándose hacia la herida mientras los pájaros seguían golpeando contra el hechizo protector. Suspiró al comprobar que la herida empezaba a cicatrizar. Desconocía las propiedades mágicas de aquellas criaturas tan agresivas, así que a priori no podía estar seguro de que sus hechizos funcionasen con ellas. Miró a Jalal. El hombrecillo sudaba copiosamente y estaba cubierto de picotazos. Iba a decir algo pero no fue capaz. La alfombra y sus dos ocupantes habían quedado cubiertos por una inmensa sombra. Antioch se atrevió a alzar la vista y sintió como si hubieran sumergido su cuerpo en hielo. Sobre sus cabezas un pájaro Rokh enorme se cernía amenazador, con las garras preparadas para hacer presa en ellos. En aquel instante tuvo la certeza de que con aquel animal no servía la campana.
- ¡GRRRRRRAAAAAAA!
- ¡Bombarda! – Un estruendo imponente acompañó la salida de un haz de luz blanca de la punta de su vara. El hechizo impactó en el pecho del Rokh provocando una llamarada amarilla y un penetrante olor a plumas chamuscadas. El pájaro emitió un grito tan horrísono que podría haberles perforado los tímpanos y desvió su vuelo hacia las montañas. Los pequeños pájaros, que no habían dejado de dar vueltas alrededor de la alfombra, piaron amenazantes. Antioch estaba a punto de reforzar la campana mágica cuando uno de ellos, el más grande, viró y emprendió el vuelo tras el gigante, y los demás le siguieron.
Jalal ordenó descender a la alfombra. Cuando aterrizaron no perdieron tiempo. Recogieron sus cosas y la alfombra y corrieron hacia unas rocas para ocultarse en ellas, por si los pájaros decidían volver a buscarlos.
- ¿Qué clase de pájaros decías que eran? – Preguntó Antioch al cabo de un rato, cuando los ánimos se habían sosegado un poco y no había rastro de los pájaros.
- Pájaros Rokh.- Dijo Jalal. Por alguna razón, estaba bastante taciturno.
- Diminutos, pero casi letales. ¿Son siempre tan agresivos esos pájaros Rokh? – Se aventuró a preguntar Antioch mientras observaba al mago colocarse un emplasto de hierbas en los picotazos de los brazos y la cara.
- Eran crías. Crías hambrientas.
- ¿Y el grande era la madre?
Jalal asintió. – Se alimentan de animales de las montañas. Cabras...algún elefante...y de sus enemigos mortales, los pájaros Simurgh, con los que rivalizan en el cielo y en las montañas...
- ¿No tenían nada que echarse al pico y por eso nos han atacado?
Antioch observó cómo Jalal enrojecía.
- Jalal ¿Tienes algo que contarme? – Dijo colocándose frente al mago. A pesar de estar herido, Antioch, mucho más alto y corpulento y más ducho que el otro con la varita resultaba un tanto intimidante. Jalal se encogió.
- ¡PRIIIIICC!
En ese preciso instante un extraño sonido salió del interior de la bolsa de viaje de Jalal. Antioch aferró con fuerza su vara, apuntando hacia la misma. Se acercó despacio, y cuando la punta casi rozaba la tela abrió la boca para pronunciar un hechizo.
- ¡No! – Gritó Jalal. Y para sorpresa de Antioch se colocó entre él y la bolsa.- ¡No lo hagas! ¡Es una criatura sagrada!
- ¿Qué demonios hay en tu bolsa, Jalal? – Dijo Antioch sin dejar de apuntar con la vara. Jalal seguía intentando interponerse entre la varita y la bolsa.
- ¡No, Shaib! ¡Por favor...! ¡No le hagas daño!
- Hacerle daño ¿a qué? – Dijo oteando por encima del hombro del hombrecillo. Entonces vio asomar la cabeza de la criatura más extraña que había visto en toda su vida. Tenía una horrible cabeza pelada que recordaba mucho a un perro chato, de esos que tienen tan mal genio, con una boca que parecía un pico aplastado, de la que asomaban pequeños dientes finos y puntiagudos como alfileres.
- ¿Qué clase de perro es ese? – Preguntó sin dejar de apuntar a la criatura con su vara.
- Shaib, no es un perro.- Murmuró Jalal.
- Entonces ¿Qué es? – La criatura le miraba fijamente con unos ojos grandes y redondos, del color de cobre recién bruñido.
- Es un Simurgh – Dijo Jalal con voz queda.
- Un ¿qué?
- Un Simurgh.- Repitió un poco más alto.
- ¿Quieres decir, el enemigo mortal de los Rokh?
Jalal temblaba. Asintió con la cabeza mientras le miraba con ojos desorbitados y un sudor perlado le recorría la magullada frente.
- ¿De dónde lo has sacado? – Preguntó Antioch sin dejar apartar la vista a la criatura. Esta le devolvió una mirada penetrante.
- Cayó en la alfombra mientras dormías, Shaib. Es solo un pollo. Todavía no vuela bien del todo.
- Eso explica que nos atacaran los Rokh. No puedes quedártelo.
- ¡Oh! ¡Shaib! ¡Nadie puede ser el dueño de un Simurgh! ¡Pero es una criatura sagrada! Debemos cuidarlo hasta que crezca un poco.
- Nos retrasaría. ¿Cómo vamos a viajar con ese cebo para monstruos alados en la alfombra?
- Entonces, Shaib, deberemos esperar en las montañas, hasta que crezca...- Jalal dijo aquello temblando.
- Pero ¿no ves todas las complicaciones que eso implica? Nos retrasaría ¿cuánto? ¿semanas tal vez? ¿meses? Y eso sin contar con que no se vuelva agresivo de adulto y nos ataque.
- ¡Oh! ¡No, Shaib! Los Simurgh crecen rápido. Un día. Dos a lo sumo. No atacan a los humanos, salvo que éstos agredan primero. Además, tenemos que descansar, y cuidar nuestras propias heridas.
Antioch suspiró. Era cierto que estaba cansado, que le dolía mucho el brazo y que empezaba a sentir un hambre tremenda. Así no podían continuar viaje. Claudicó.
- Una noche, Jalal. Nos quedaremos aquí una noche. Mañana por la mañana, esté como esté ese pollo... o cachorro... o lo que sea, lo dejaremos atrás.
- Gracias, Shaib. No lo lamentarás.
- Eso espero.- dijo mirando alrededor. Junto a las rocas podían hacer un fuego para calentarse durante la noche y se oía un arroyo cerca. Hasta podrían lavarse. Montaron un pequeño campamento allí mismo.
- La recompensa por cuidar un Simurgh es grande...- oyó murmurar a Jalal mientras hacía con trapos una especie de nido para que durmiera la criatura.
"Espero que sea cierto" – pensó Antioch.- "No tendría gracia enfrentarse a otro pájaro enfurecido".
Aquella noche, antes de dormirse, Antioch echó un último vistazo al pájaro. Dormía acurrucado como si fuera un gato, con el lomo pegado a un costado de Jalal, que roncaba estrepitosamente. Antioch comprobó el fuego, repasó los hechizos protectores, sobre todo los repelentes de bestias mágicas, extendió su capa sobre el suelo y se tumbó. "Parecen más brillantes que en casa".- pensó Antioch al contemplar el cielo estrellado. Cerró los ojos y recordó que Cadmus había tenido éxito. Aquel pensamiento le reconfortó mucho.
Notas Varias
Rokh: ave mitológica que aparece en las Mil y Una Noches. Simbad el marino se enfrenta a ella en alguno de sus viajes. Es descrita como una especie de águila enorme, capaz de llevar entre sus garras un elefante. La he reducido bastante de tamaño, aunque he conservado el mito de su voracidad.
Simurgh: otro ave mitológica, esta vez de la mitología persa. Es también grande, fuerte y benévola. Con la cabeza de perro o de persona, garras de león y aspecto de pavo, de color cobre. Sus plumas tienen poderes mágicos. La animadversión entre Rokhs y Simurghs es pura creación mía, para darle emoción al asunto.
