XXVII

El cielo presentaba un cálido color rosado. Antioch contempló el amanecer desde el amplio ventanal de su dormitorio. Su cama, deshecha, apenas mostraba signos de que un rato antes allí había estado durmiendo Rudama. El tiempo había transcurrido, y seguía fluyendo pausadamente, como el mismo Eúfratres, sin más. El pasado, Inglaterra, y la razón por la que se hallaba en aquel remoto lugar se le antojaban una especie de relato casi fantástico. Se había hecho a la vida en Shiraz y casi ya no era capaz de imaginarse de otro modo. Periódicamente se reunía con el Consejo de Magie, departía a menudo con Reza, el anciano magi, y también había forjado una interesante amistad con Himuz, el joven guerrero que salvó a la ciudad de la invasión de Tamerlán, ahora convertido en un reverenciado héroe nacional. Pacientemente, había derribado las barreras que protegían el corazón de Rudama, su amada Rudama. Etérea, ligera, la bruja flotaba en su existencia como una suave brisa, casi imperceptible, y sin embargo se le hacía imposible imaginarse sin ella cerca. Sospechaba que el asunto de la Copa y quién la sucedería como Adivino de la misma ocupaba el centro de sus preocupaciones, y que por alguna razón que se le escapaba era el motivo por el que ella, tercamente, seguía oponiéndose a compartir con él el inicio de un nuevo día.

Suspiró y respiró hondo el aire fresco de la mañana. En algún lugar de las Hispanias, su hermano Cadmus había culminado su parte de la misión, y seguramente aguardaba las noticias de sus hermanos. Del pequeño Ignotus aún no sabía nada ¿Qué pasaría si alguno de ellos no realizaba su parte? Era una duda que, de un tiempo acá, llamaba a la puerta de sus pensamientos, aunque declinaba dedicarle demasiada atención.

Suspiró de nuevo y se acercó a una pequeña mesa donde reposaba un libro. Era su copia del Asrar Nameh, el Libro de los Secretos, regalado por el anciano Reza. Toda una joya del saber mágico persa. Acaricio su tapa con cuidado. Aquella mañana se reuniría con el mago y aprendería de él. Inspiró con fuerza una vez más el aire fresco de la mañana y se desplazó al interior de sus aposentos. Un criado ya le estaría esperando para ayudarle a vestirse, y en la mesa tendría dispuestas deliciosas viandas para desayunar.

Una hora después se hallaba en la casa del anciano Reza. Antioch le saludó reverencialmente. El hombre sonrió y le indicó que se sentara a su lado. El mago se acomodó con las piernas cruzadas en el suelo, junto al anciano. Su vista se detuvo, como venía siendo costumbre, en los tapices con versos que adornaban las paredes. Ahora podía manejarse en Parsi, y había sido capaz de leerlos todos, con más o menos acierto. Había uno que le gustaba y le intrigaba a la par.

Ven y visita mi casa por algún tiempo

Que la luz del Amor puede brillar

Desde Konya a Samarcanda

Y Bojará, por algún tiempo...

Siempre deseaba hablar con Reza sobre aquel misterioso verso que hablaba del amor con unas palabras tan bellas, para terminar de aquel modo tan desconcertante. Pero nunca encontraba un momento.

- Se acercan tiempos difíciles.- murmuró Reza.

- ¿Qué quieres decir?

- Los partidarios del hermano del Shah conspiran. El monarca tiene al enemigo en su propia casa...

- El monarca es poderoso. Tiene un ejército y una guardia personal leal y consejeros sabios y prudentes como tu. ¿Qué pueden hacer los enemigos del Shah?

- ¡Oh! ¡Muchas cosas! Pueden hacer difundir infamias. Pueden persuadir a determinados hombres para cambiar de bando. Pueden comprar voluntades...

.- El Shah te tiene a ti. Te escuchará cuando haya que descorrer el velo que oculta la verdad, cuando haya que sacar a la luz al traidor y cuando haya que tomar una decisión para bien de la ciudad.

- Yo ya soy muy viejo y cada día estoy más cansado. Mi tiempo en este mundo se acaba... Y por eso es importante aprovecharlo bien. Hoy te hablaré de la Lanza del Buen Gobernante.

El magie sacó su varita de entre los pliegues de su túnica y la agitó con suavidad. Ante ellos apareció la Lanza. Por supuesto, se trataba solamente de una imagen, no era algo sólido y real. Antioch abrió mucho los ojos. El objeto a cuya posesión ya casi había renunciado, regresaba para recordarle que estaba en Persia por una razón muy concreta. Por un momento, la idea de que el embrujo de Mortimer de Gaunt no fuera solamente un encantamiento de traza, sino algo mas complejo y temible, vagó por su mente.

- Observa bien.- dijo Reza sacándole de sus elucubraciones.- Esto es más que un arma. Esto es un símbolo de las cuatro virtudes que debe poseer toda persona para ser recta, sabia y justa. Está ligada a quién ocupe el trono de Shiraz, por lo que podemos decir que recuerda constantemente al gobernante cuales son las virtudes en las que debe perseverar.

Antioch se acercó más a la imagen que flotaba delante de ellos. El mástil quedaba dividido en tres partes por tres protuberancias. Reza asintió de manera casi imperceptible y volvió a tomar la palabra.

- Cada una de sus partes representa una de esas virtudes. El extremo opuesto a la punta representa la Prudencia. La Prudencia significa que el proceder del gobernante debe estar presidido por la cautela, su actuar debe guiarse por el respeto a los sentimientos, las libertades y la vida de los demás. El extremo intermedio la Templanza, y no debe sorprendernos, puesto que representa el dominio de la voluntad sobre los instintos, manteniendo los deseos en los límites de la honestidad. El extremo más próximo a la punta es la Fortaleza, que significa vencer al temor y huir de la temeridad. Quien posee la fortaleza es firme en las dificultades.

- Y ¿La cuarta virtud?

Reza se tomó un segundo antes de continuar.

- Por último, está la punta de la lanza, que representa la Justicia, dar a cada uno lo que es debido.

Durante un rato, el silencio los envolvió. Antioch meditaba sobre todo lo que le había revelado Reza.

- ¿No son conceptos muy cristianos? – se atrevió a preguntar al cabo de unos minutos. Reza le dirigió una mirada afectuosa.

- Son conceptos universales que han sido recogidos una y otra vez por las distintas formas de pensar y de creer. Platón, el filósofo griego, los reflejó en La República; lo mismo hizo Cicerón en De Oficiis, y otro tanto puede decirse de Marco Aurelio en sus Meditaciones. Posteriormente, fueron acogidas por el Cristianismo que las incorporó a sus virtudes teologales.

- Según se cuenta, o al menos tal y como llegó a mi país la leyenda, la lanza es un arma casi invencible.

- ¿No me has estado escuchando? Lo que hace la lanza es disponer al poseedor a desarrollar unos hábitos que ejercitan entendimiento y voluntad para obrar según el juicio justo de la razón. La lanza es un todo que el monarca actual ha descuidado. Debería haberla tenido en sus manos con más frecuencia. La lanza retorna a su mano una vez que ha obrado rectamente.- Reza miró con afecto al desconcertado Antioch.

- Bueno, en algún caso la mejor manera de obrar podría implicar ponerse al frente de los ejércitos. En ese caso, la Lanza se comportaría como un arma temible. La guerra nunca es justa del todo, pero defenderse y defender a tus súbditos es algo legítimo... Tal vez la leyenda que llegó hasta tus tierras derive de alguna batalla librada por algún antepasado del Shah...

- Entonces, sería inútil intentar utilizarla para fines que no sean legítimos...

- Eso es. Probablemente, se quebraría. No sabemos qué nos depara el futuro más inmediato...pero tal vez la Lanza no sobreviva...

Antioch meditó un momento. El pesimismo de Reza le había dejado aturdido. Todavía no había replicado cuando un sirviente entró silenciosamente en la estancia, se acercó presto a Reza y murmuró algo a su oído. Le pareció que el rostro del magie se contraía en una mueca de dolor, pero inmediatamente tornó a su habitual expresión reposada. Entonces Reza se disculpó, dijo que tenían que terminar por aquel día y salió por la puerta. Mucho más tarde, Antioch se cruzó con él en los corredores del Palacio. No intercambiaron palabras, pero no se le escapó que el anciano Magi estaba pálido.

Notas Varias.

¡Vaya! Desde abril sin actualizar. ¡Cómo pasa el tiempo! Y no es que me haya olvidado del fic, pero es que, cuando realmente tenía tiempo, no me terminaba de decidir a ponerme a escribir porque no sabía muy bien cómo narrar todo lo que tengo en mente narrar....de manera que cosas más fáciles de plasmar se colaban por delante (y yo las dejaba pasar). En cualquier caso, este capítulo ha salido cortito porque una serie de cosas he decidido pasarlas al siguiente, que espero esté la semana próxima y que supongo será más largo.

Bueno, aquí van algunas pequeñas aclaraciones:

- Todos los versos que aparecen aquí y en próximos capítulos son traducciones que he sacado de Internet de poemas de Rumi. Las citas a Platón y demás también son extraídas de Internet, y espero que sean correctas.

- Se ha comentado bastante en los diversos foros sobre magia y religión en el Potterverso. Muchos piensan que los magos no serían particularmente religiosos, por aquello de los poderes que poseen y lo que pueden hacer. Yo sin embargo, como siempre, he llegado a una conclusión diferente: para que el Potterverso sea consistente tiene que tener muy arraigado el sentido de la Trascendencia. Y es que, cuando uno tiene los menores antecedentes mágicos, no duda en absoluto de la existencia del alma y de una vida más allá de la muerte. Incluso el plan de Tom Riddle para alcanzar la inmortalidad pasa por anclar su alma a este mundo impidiendo que transite más allá. El mismo mito celta de Merlín, que no olvidemos que para ellos es un personaje histórico y real, está indisolublemente unido al Grial, y las tumbas de los Dumbledore y de los Potter tienen inscritos pasajes de la Biblia, incluso hay un mensaje para Harry que no es otra cosa que una cita bíblica. Harry y Hermione no se dan cuenta, y son precisamente los dos niños que han crecido en ambientes muggles y por tanto más laicistas. Otra cosa muy distinta es cómo creen los magos en esa Trascendencia, y en ese sentido, me parece que entramos en un aspecto que debe ser totalmente personal. Los habrá cristianos, musulmanes, judíos, hinduistas, budistas y todo lo que se nos ocurra, según donde han nacido, cómo han sido educados o como resultado de su búsqueda personal. ¡Si hasta hay frailes y monjas fantasmas!

En particular, y respecto a cómo encajaría con el cristianismo, sobre todo con el catolicismo, tengo una idea bastante configurada. Pero voy a desvelarla en otra historia. Y ahora me hago publicidad, ¡hala!. Se trata de "Lo que la Verdad Esconde" y la tenéis si estáis interesados tanto aquí como en FictionPress.