Tenía los anillos. Había recuperado lo único que le importaba. Hirose pensaba también entregarle el brazo de Kouji y Takuto se negó. Kouji no lo quería y si él no lo quería, no había razones para llevárselo. Aún pensaba que hizo la peor elección al cortarse el brazo. Ese maldito bastardo sabía que de estar ahí, Izumi lo habría golpeado hasta hacerlo entrar en razón antes que permitirle que se cercenara una parte del cuerpo. Por eso mismo lo había drogado y atado a la cama ¿y ahora? ¿Qué podría hacer? Kouji ya estaba viendo a un especialista para tener un brazo mecánico y él, se estaba acostumbrando a verlo de esa manera. Al principio le molestó, sin embargo, Kouji seguía siendo Kouji a pesar de no contar con su brazo.

Shibuya era el más preocupado de todos por sus presentaciones. El cantante siempre había lucido una apariencia impecable, aún en sus peores días y además de su gran voz, era lo que más vendía de él. Todavía no sabía cómo iba a lograr tomar esto del cantante sin un brazo y su posterior brazo metálico. Pero de alguna forma iba a conseguirlo. A Izumi poco le importaba lo que los medios pensaran. Toda su vida se la había pasado escapando de ellos y evitando que sus hermanos sufrieran por culpa de la estúpida prensa, poco efecto iba a tener en él eso.

Ahora, en ese momento lo único que necesitaba era entregarle el anillo a Kouji. Caminó mirando el anillo y se lo probó en su dedo. Le quedaba enorme. Se miró las manos y pensó en las de Kouji recorriéndolo y se sonrojó, maldiciéndose por estar pensando en esas cosas mientras andaba por la calle.

Cruzó la calle y vio el auto virar en rojo e ir directo hacia él. Takuto corrió, pero el auto lo siguió y cuando la luz no le dio en los ojos, vio quién manejaba: Akihito. Más, estaba en un punto donde no podía huir más… y el auto lo chocó.

El cuerpo de él había rodado por el suelo lejos del auto y se había estrellado contra el suelo. La cabeza, los brazos, todo el cuerpo le dolía y sólo podía ver la luz del vehículo. Su mano, que apretaba el anillo de Kouji, flaqueó y se le escapó de los dedos yéndose lejos de él. Intentó moverse, pero no le respondía nada, ni siquiera podía emitir algún sonido ¡quejarse de dolor al menos! Nada, nada. Sólo pudo ver a Akihito bajarse y mirarlo en la calle, luego, se metió en el auto de nuevo y arrancó dejándolo tirado en el asfalto.

«Kouji» pensó cerrando los ojos y al apretarlos, algunas lagrimas escaparon de ellos. Maldijo internamente y al ver el destello del anillo, pensó que nada de eso habría pasado si no lo hubiese conocido. Y se dejó cegar por la luz antes de perder la conciencia, pensado que iba a morir como un perro abandonado en medio de la calle.


La alarma estaba a punto de sacarlo de quicio. Izumi quería dormir, le dolía el cuerpo y no tenía ánimos para levantarse de la cama. Buscó con la mano en la mesita de luz, en cambio, sintió el piso debajo de su mano. Abrió los ojos y vio que estaba en el futon, en aquel lugar donde había vivido desde su emancipación, justo donde había llevado a Kouji. Se sentó de golpe en el futon haciendo volar lejos las sabanas y mantas, intentando atar cabos sueltos.

—Yo vivo con Kouji —se dijo con la mano sobre su rostro. Miró alrededor sin poder decir nada: era su casa. Estaban sus cosas. Su equipo de futbol, el balón viejo que usaba para sus prácticas, sus libros. Takuto no pudo con todo eso, agarró su chaqueta, se puso los zapatos y salió corriendo de la casa. Corrió hacia la casa de Kouji, la casa de él, iba a hablar con ese maldito loco y pedirle una explicación al respecto ¿por qué estaba sucediendo todo? Estaban bien juntos… o eso creía.

Llegó sin aliento, vio la cancha vacía, la que Kouji miraba siempre desde la ventana cuando él practicaba y entonces, corrió hacia la entrada y vio un cartel que lo dejó helado: se vende.

Takuto apretó los dientes e hizo caso omiso al cartel y se metió en la entrada y empezó a golpear la puerta repetidas veces, con fuerza y desesperación.

—¡Kouji! ¡Sal de una maldita vez! —gritó mientras golpeaba— trae tu maldito trasero aquí y explícame qué está sucediendo ¡Sal! ¡Sal de una puta vez! —vociferó con todas sus fuerzas cayendo de rodillas en el suelo— sal —suplicó a punto de llorar.

Una señora que salía con el carrito para hacer las compras, se detuvo ante él y le dijo que llamara al número del cartel, que ahí no vivía nadie e iba a perder el tiempo si seguía así.

—Es imposible —dijo Takuto.

—¡Claro que no! La casa es muy bonita, pero muy cara. Es normal que no haya comprador hasta ahora —dijo la señora con una sonrisa y siguió caminando hacia el mercado— hazme caso y llama al teléfono del cartel —agregó antes de alejarse y perderse de vista del muchacho.

Él ya no pudo controlar las lágrimas: Kouji no estaba, había desaparecido. Y él, era el único que no lo abandonaría. Siempre se lo había dicho: antes muerto que perderlo ¿por qué ahora no estaba? Se levantó y caminó como alma en pena por las calles pensando en ello. Su juicio estaba demasiado nublado por no poder ver a su novio como para pensar en todo lo que estaba sucediendo, incluso, en sus responsabilidades. Takuto ni siquiera pensó en el futbol, el deporte que fue su motivación desde siempre, además, era aquel distractor que lo sacaba de toda la mierda que había en su vida desde que tenía memoria. Pero estaba tan perdido que ni en eso pensó. Sólo caminó sin rumbo, esperando encontrar algo que había perdido y que no volvería a hallar.


Salió por la tarde, Takuto tenía la intención de encontrar a Kouji de una u otra manera y recordó cuál era su antigua dirección. En todo caso, tendría que recurrir a Shibuya, aunque no quería molestarlo y crear algún inconveniente por su culpa: el problema era entre ellos dos y nadie más debería estar en medio.

Takuto apretó las manos dentro de los bolsillos y se llenó de valor para ir a buscarlo. No estaba lejos, pero ni le hizo falta llegar: Kouji estaba del otro lado de la calle, pero no iba solo, sino del brazo de una mujer con la que se veía sumamente cariñoso, hasta vio que ella le dio un beso en los labios y le limpió el resto de labial que había quedado por el beso. Kouji reía feliz con aquella mujer. Estaba tranquilo, alegre, sin tener esa mirada de cachorro mojado y asustado que tenía siempre. A él le hirvió la sangre al verlo ¡y se estaba preocupando! Hasta lloró por él. Y se maldijo por ello, por pensar así en él cuando tenía un amorío ¡y con una mujer! Izumi no lo pensó y cruzó la calle y corrió a increparlo. Lo separó de la mujer y lo agarró del cuello de la camisa estampándolo contra la pared.

—¿Qué diablos estás haciendo? —espetó con una mirada furiosa hacia él.

El cantante lo miró de arriba abajo sin inmutarse en lo más mínimo.

—Suéltame y discúlpate con mi novia —exigió.

—¿Novia? ¿De qué carajos hablas? Tú y yo… ¿por eso desapareciste? ¿Para andar de putas de nuevo? —Rabió celoso y dolido como nunca. Había soportado a Hirose y hasta sufrido una violación por este hombre ¿y lo dejaba así nomás?

Kouji se rio y agarró las manos de Izumi y las quitó de su ropa.

—Ahora tendré que limpiarme —dijo con gesto de asco— no sé con quién me hayas confundido. No te conozco y no soy rarito como tú —lo señaló sacando un pañuelo y limpiando sus manos— me gustan las mujeres.

—No me vengas con tus boludeces, Kouji —dijo aún más molesto que antes— no finjas que no me conoces.

—No estoy fingiendo. No te conozco y no tengo interés en conocer a alguien tan salvaje y violento.

—Llamaré a la policía —murmuró la mujer sacando un teléfono de su bolso, pero Kouji la detuvo con un gesto y pasó al lado de Takuto.

—No hagas escándalo. No quiero a la prensa sobre mí por un loquito —dijo y la rodeó por la cintura, dejando tras de sí a un desamparado Takuto.


¡Hola, gente bella! ¿Cómo están? Madrugué por terminar este capítulo, pero ¡tenía que hacerlo sí o sí! El prompt en esta ocasión es "Haz un fic donde todos actuen sumamente OOC, excepto tu protagonista." y no podía dejar de pensar en Takuto y qué haría si Kouji deja de ser Kouji y lo ignora y no le presta atención. Justo lo que quería en la primera parte, hasta que empezó a tener sentimientos por él. Así que es cosa de hacerlo sufrir un poquitín ewe

Espero que lo disfruten.

¡Un abrazo!