#Flufftober2021 #EsDeFanfics y #BestFiction #Día2

Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi.

Advertencia de OCC, en alguno de los personajes; esta historia está fluyendo a lo wey, no me pidan mucha coherencia en las actitudes de los mismos.

Tomarse de la mano

La noche después de su cena de celebración, Kagome se percató que Bankotsu pasaba por su hermano al terminar el turno en la cafetería en la que ambos trabajaban. Tal vez si aquella noche en el restaurante, no lo conocía, no se habría percatado de este hecho. Antes de que Jakotsu cerrara la puerta de su carro le preguntó algo a su hermano y después le gritó a Kagome.

—¿Gustas que te dejemos a tu casa?

—No quisiera molestarlos, el autobús me deja a una cuadra de mi casa, no se preocupen—dijo Kagome.

—¡Sube ya, loca! —le gritó Jakotsu.

Kagome sonriente corrió al asiento trasero y saludó con alegría a Bankotsu. Cuando ella les indicó en dónde vivían, ambos se sorprendieron ya que quedaba muy cerca del departamento de Bankotsu.

—Oh rayos, pudiste ser mi vecina si hubiera rentado mi departamento junto al de Bank— se quejó Jakotsu ante el hecho que su hermano vivía más cerca a su amiga que él.

—Pero el niño quería ser más independiente y no toparse seguido a su hermano—dijo en broma Bankotsu—. Ah, peor no sea que pase por ti saliendo del trabajo, por que ahí si que me quieres ver—lo regaño.

—Es que así puedo llevar a mis novios, sin que mi hermano esté en el mismo edificio departamental.

—Cállate, no te importó ni cuando vivíamos en la misma casa—se burló Bankotsu.

Entre risas, acordaron que llevarían a Kagome también a su casa, ya que le quedaba de camino a Bankotsu. Primero dejaban a Jakotsu, y después Bankotsu se encargaba de dejar sana y salva a Kagome en su casa.

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Habían pasado algunos meses desde entonces. La música sonaba fuerte y ella cantaba con las canciones que conocía. El chico a su lado movía la cabeza al ritmo de la música, mientras que el hermano de él, iba en los asientos traseros recostado, cansado de una jornada pesada de trabajo.

—Me pregunto cómo es que no renuncian a ese lugar—preguntó Bankotsu cuando una de las canciones terminaba, aprovechando ese momento para bajar un poco el volumen y hablar con la chica que se encontraba a su lado.

—Él lo sufre más. Tiene que lidiar con los clientes que llegan a quejarse por algún pedido. Mira que tener que pagar el título a base de cuantos cafés vendemos, es una gran labor.

—¿Por qué no buscan trabajo de lo que estudiaron?

—Sí papá, claro—dijo Kagome algo cansada de las mismas preguntas—. Créenos que leo intentamos bastante. Simplemente las empresas no quieren contratar novatos. Mucho menos novatos sin titulación. Por lo cual, la cafetería fue nuestra mejor opción, más cuando somos adultos que podemos trabajar dobles turnos si lo necesitamos.

—Y por eso terminan de esta manera— dijo Bankotsu señalando al hombre que ahora estaba roncando en la parte de atrás de su auto—. He intentado llevarme a ese loco varias veces para que ayude con la administración del orfanato, pero simplemente no ha querido. Si el supiera que realmente ganamos dinero con los proyectos que hacemos, no estaría tan aferrado a trabajar en ese lugar.

Kagome se quedó en silencio por un momento. A veces olvidaba que ellos habían sido criados juntos en un orfanato y no eran hermanos de sangre. Adoptar niños es muy complicado, más si no llegaron a ese lugar siendo unos bebés. Jamás había preguntado sobre sus padres, tenía miedo de ofender a su amigo.

Finalmente, Kagome sólo sabía que tanto Jakotsu como su hermano llegaron a la edad adulta, sin la oportunidad de encontrar una familia.

"Esa sí que es una vida difícil" pensó Kagome dando un suspiro, triste por la vida que sus amigos tuvieron que vivir.

—Oye.

Kagome escuchó a su lado la voz de Bankotsu y sintió cómo la mano del él sujetaba la suya, tratando de reconfortarla.

"Tonto, yo debería ser quien te reconforte", pensó Kagome con un dudo en la garganta.

—Tranquila, es por esto que no nos gusta hablar mucho el tema. Sentimos que hacemos sentir incómodos a los demás, no es por qué realmente nos afecte a nosotros—dijo Bankotsu mientras apretaba un poco la mano de Kagome —. Además, tenemos suerte de tenernos entre nosotros y a las tías del Orph.

—No me incomoda— dijo Kagome colocando su otra mano también sobre la de él. Lo que menos quería era que ellos creyeran que no podían contar a las personas sobre su vida—. De hecho, me encantaría conocer más sobre ustedes y sus historias de niños. No puedo imaginarme las travesuras que han de haber realizado.

Bankotsu observó su mano atrapada entre las de ellas, y sonrió con coquetería.

—Cuando gustes— dijo Bankotsu en respuesta —¿podría contártelo invitándote un café? —preguntó el, con intenciones de hacerla reír y tal vez… conseguir una salida con la guapa muchacha que conoció aquella noche en el restaurante.

—Oh dios no, todo menos café—respondió ella con una risa, soltando la mano de Bankotsu con delicadeza ya que la necesitaba para manejar.

—¿Te parece una cena? —invitó él.

—Me encantaría— respondió ella.

—¡Yo también quiero! —se escuchó desde la parte de atrás.

Quiero que disfruten de mis historias como yo lo hago con muchas de las de ustedes. Dejen sus sugerencias en sus comentarios.

Muchas gracias.