Toga jalo de manera violenta a Midoriya al interior del callejón y lo acorraló contra la pared. La diferencia de estaturas hacía ver la escena de una manera cómica, una chica pequeña arrinconando a un hombre, que si bien no le sacaba una cabeza, si era más grande que ella. A Toga no le importaban los tamaños, ella seguía viéndose como el zorro que había atrapado al conejo y eso se reflejaba en los ojos de malicia que le mostraba a su presa. El conejo Izuku sólo se aferraba a la pared esperando que un milagro lo salvara, pero sabía que no pasaría, su condena ya estaba dictada por ella.

Toga comenzó a arrastrar a Midoriya al suelo para sentarse sobre su regazo aún sin permitirle poner alguna objeción. Empezó a jugar con su cabello rizado y a mirarlo con detenimiento. Pudo notar que el tabique de su nariz estaba casi, imperceptiblemente desviado a la vez que las pecas de su rostro eran de una simetría perfecta y el tono de sus ojos era el de un verde esmeralda cómo nunca había visto antes. Las ansias de alimentarse de él desaparecieron, era cierto que había pocas probabilidades que la atraparan, no lo habían hecho hasta ahora, ella se había asegurado, pero en alguna parte recóndita de su conciencia, el momento le pareció perfecto tal cual. No había necesidad de adornarlo. Aspiró con fuerza cerca de su cuello y percibió el olor que emanaba de Izuku, salado, agrio, varonil. Resistió el impulso de morder su yugular hasta desgarrarla para seguir admirando su rostro que evitaba su mirada. Contempló un pequeño sonrojo en sus mejillas, los músculos tensos por todo su cuerpo, las gotas de sudor que se deslizaban por su frente y con su cuerpo percibió la respiración agitada y corazón desbocado. Sujetó a Midoriya de su rosto y colocó sus pulgares rosando la comisura de sus labios. Intercambiaron miradas por algunos segundos en absoluto silencio. Toga se acercó poco a poco y muy lentamente con la intención de depositar un beso en ellos. Midoriya sintió la calidez de las manos que abrazaban su rostro de manera delicada. Ambos podían sentir la respiración del otro acariciando su piel y produciendo un cosquilleo que incrementaba con la proximidad a la par que el latido de sus corazones incrementaba. Pocos milímetros los separaban y en el momento que la respiración se detiene; el corazón se paraliza y los ojos se apagan, cuando incluso ambos podían sentir la esencia por la proximidad, Midoriya desvío su rostro, matando así el anhelo de Toga.

Toga sintió como si una espada roma atravesara su corazón, sin embargo, su rostro se mantuvo imperturbable y su cuerpo inmóvil. Observaba los ojos de Midoriya, que eludían lo suyos y una sensación fría recorrió su cuerpo y erizó sus cabellos al punto que incluso un escalofrió fue percibido por Midoriya, quien volvió a mirarla. Se encontró con una mueca inefable contemplándolo.

-Tienes razón Deku-lindo. No es el lugar indicado. – Toga convertía su sonrisa abierta en una mueca maliciosa mientras deslizaba su mano dentro de sus mallones negros. – Además, estoy algo indispuesta, fuiste muy rudo anoche. – decía con una voz que intentaba ser seductora, pero, terminaba siendo más un ronroneo. – me lastimaste y no creo que estés listo para esto aún. – dijo mientras pintaba desde la frente hasta la punta de la nariz a Midoriya con su sangre menstrual. Al darse cuenta, Midoriya quedó horrorizado. Pero antes de que pudiera gritar, alguien los interrumpió

- ¡Hey, ustedes dos! ¿qué están haciendo? – un policía, ya entrado en años, había reparado en aquel callejón durante su ronda por la cuadra. Antes de que Midoriya pudiera procesar lo que estaba pasando, Toga lo tomó de la mano y lo jaló para que ambos comenzaran a correr de manera desesperada, seguidos por el hombre representante de la ley.

- No mires atrás, corre, sólo corre. – Toga puso todo esfuerzo en llevar a Izuku sujeto todo el tiempo que el policía los estuvo persiguiendo y continuando la carrera incluso después de que parecía que lo habían perdido. Una vez más se detuvieron intentando recuperar el aliento, Izuku tuvo que apoyarse en sus rodillas para jalar aire, mientras que Toga apenas parecía agitada.

- ¿Qué…fue…eso? – dijo Midoriya.

- ¿Qué fue que? – respondió Toga ladeando la cabeza cómo lo haría un cachorro.

- Corriste cómo si… hubieras visto un fantasma. – Midoriya ya se había recuperado de la carrera previa.

- Estábamos en una situación comprometedora. ¿Hubieras podido explicar eso? Las multas por actos contra la decencia publica son costosas. – Toga desviaba su mirada de Midoriya usando de pretexto el acto de recoger su cabello, que se había suelto después de dos carreras aquella mañana. No podía decirle a su peuqeño carnero que las cosas irían mal si un policía llegaba a atraparla, no tenía miedo de la ley, tenía miedo de lo que le haría Tomura si eso llegaba a pasar.

- Bueno… supongo que tienes razón. -Midoriya reflexionó la situación, Toga estaba en lo cierto, además meterse en problemas fuera del campus, causaría que Aizawa exigiera su cabeza en un plato, sin mencionar lo que pasaría si alguien más se enteraba que Toga había estado en el dormitorio.

- Al menos ya sabes donde recogerme Deku-lindo. – escupió Toga tirando a Midoriya de su nube.

- ¿Qué? – Izuku respondío confundido.

- Yo vivo aquí, en la parte de arriba. – Toga señalo a la fachada del edificio frente al que se encontraban, Midoriya lo miró y le pareció extrañamente familiar. Un letrero de neón llamó su atención y aunque se encontraba apagado pudo leerlo sin dificultad.

- A.F.O. – su rostro se transformó en una mueca de incredulidad y devolvió la mirada a Toga.

- ¿Quieres entrar? Es mi día libre, podemos estar en la cama todo el día. – Toga volvió a mirar a Deku con esos ojos de depredador y aquella sonrisa viciosa que mostraba sus colmillos. El hambre había regresado. – por cierto, necesitas limpiarte la cara.


Ochaco estaba abrazando sus rodillas acostada en su cama y cubriéndose con una manta dando la apariencia de alguien que ha visto todas las desgracias del mundo. Se había convertido en una experta con el paso de los años en hacer montañas en agujeros y también en plantar una cara de "todo está bien" cuando obviamente no lo estaba. Pero en esta ocasión la habían tomado por sorpresa. Una estocada directo a su punto ciego. Ya no era una niña, es lo que se repetía para si misma, sin embargo, los sentimientos siempre van más allá de la razón y es esta ocasión aún más.

Se había jurado día tras día y noche tras noche que enterraría esos sentimientos. Los enterraría tan profundo que se fundirían en las mismas llamas del infierno y así desaparecerían, o esa era su hipótesis. Al final fue sólo una idea inútil de su parte. De la manera más dolorosa descubrió que un dedo no basta para tapar el sol. Mientras cerraba los ojos en un esfuerzo por contener las lagrimas, alguien tocando la puerta interrumpió su auto compasión.

-¿Uraraka, estás bien? ¿Puedo pasar? – la voz era amable y ligeramente arrastrada. La reconoció de inmediato y le permitió la entrada.

- ¡Adelante, entra! – respondío intentando sonar lo más tranquila posible. De la puerta se comenzó a asomar un rostro familiar.

- Hola Uraraka. – Tsuyu cerró la puerta detrás de ella y Ochaco notó su pelo húmedo envuelto por una toalla y su ropa ligera.

- Hola Tsuyu. – respondío casi sin ánimos de ver a su mejor amiga.

- Parece que hiciste un gran alboroto allá abajo. – Tsuyu tomó lugar sentándose en el extremo opuesto de la cama, pero viéndola de frente. – Yao-momo está enojada contigo. Te costara más que una caja de bombones ponerla de buen humor.

- Lo sé. ¿Cómo está Todoroki? – Ochaco desvío la mirada para evitar el contacto visual.

- Estará bien, no estropeaste su bonita cara. ¿Pero, por qué le arrojaste un plato? – preguntó Tsuyu.

- No se lo arrojé a él. Se lo arrojé a Bakugo, pero lo esquivó. – corrigió Uraraka y se cubrió la cabeza con su manta.

- Todos hemos tenido ganas de hacerlo alguna vez. Tú eres la ultima persona que pensé que lo haría. – Tsuyu era una persona calmada y activa a partes iguales. Cada una de sus palabras estaba medida y colocada para generar el máximo efecto. Eran escalpelos que no hacían más daño del necesario, pero cumplían con creces su trabajo. No quería lastimar a su amiga, pero preguntando de manera amable jamás obtendría una respuesta. Si quería ayudar a su amiga, tendría que ser un poco maldita. – pude escucharlo gritar hasta el baño y por más que no me guste decirlo, tenía razón. Eso era lo ultimo que quería escuchar Uraraka. Ya le basta con que ella misma estuviera de acuerdo con Bakugo, pero que Tsuyu pensara de la misma manera era un golpe bajo.

- Yo sé que tiene razón. Todos tienen razón. Simplemente no estaba preparada para eso. Nunca se me hubiera ocurrido que traería a dormir aquí a una… a una…

- A una scort de un prostíbulo. – respondío Tsuyu al ver que su amiga no podía completar la oración.

- Sí, eso. – Uraraka descubrió su cabeza para abandonar la posición fetal y tomar la postura del loto que Tsuyu también había adoptado. – y todo fue de mal en peor.

- No me imagino como pudo haber sido de otra forma. – una aguja más se clavo en el corazón de Ochaco al escuchar eso. Por más que le doliera, no podía refutar lo dicho. Había sido una completa crónica de muerte anunciada con bombos, platillos y fuegos artificiales. Después de todo, había sido ella misma quién había alertado a todos en su carrera pocos segundos después de conocer a la acompañante nocturna de Midoriya. La empatía le había escupido en la cara a su parecer. – Lo que sigo sin entender es. ¿ Por qué bajaste corriendo y gritando? Nadie se hubiera enterado si escapaban por la puerta de atrás.

- Yo…yo tuve que ayudarla. – Ochaco se cubrió la cara con sus manos en señal de vergüenza. – no podía dejarla así. Me dijo que le había bajado la regla y que su ropa estaba rasgada. No tenía opción. Le regalé mis mallas favoritas, unas bragas y una toalla.

- Aún no entiendo cómo es que gritarle en la cara a Jirou "Deku trajo a alguien de afuera" era necesario. – Ochaco se descubrió la cara y miró a su amiga con aún más vergüenza.

- Entré en pánico, no me di cuenta. Creí que lo estaba repitiendo en mi cabeza. – Ochaco volvió a tapar su cara con sus manos. Tsuyu no se encontraba satisfecha todavía, sin embargo, supuso que su interrogatorio podía acabar por el momento, había sido un gran avance y era mejor no morder más de lo que podía tragar. Entendió hasta cierto punto el inconveniente y la reacción de su amiga había sido muy propia de ella.

- No fue tu culpa del todo, parece que Mineta les contó que los vio en la madrugada después que lo despertaron por el ruido que hacían. – Uraraka sintió unas enormes ganas de ahorcar con sus propias manos al pobre Mineta, no sólo por explicarle a todo mundo lo que pudo haber pasado por una situación únicamente extraña, sino también por ser la mente maestra tras el interrogatorio. Era la ley en el dormitorio. "traer a alguien al dormitorio se castiga con humillación pública.


Midoriya se encontraba vagando por la llanura de sus pensamientos. El sol se aproximaba a ocultarse, sin darse cuenta, el día se le había escapado de entre las manos. Se había metido de lleno en una situación complicada y pocas cosas podía hacer por su cuenta. Así que fue a un lugar donde sería escuchado. Buscaba desahogarse en primer lugar y en segundo tal vez encontrar un consejo, pero recibir algo de comprensión le haría darse por satisfecho. Sentía que se balanceaba sobre una cuerda floja en llamas, con una red de seguridad esperándolo también en llamas y todo en llamas, porque se encontraba en el infierno. En una situación ordinaria, estaría hablando consigo mismo tramando un plan de acción o un método de contingencia, pero había renunciado a encontrar algún método hacía varias horas. Toga lo había atado de pies manos, de manera literal y metafórica, por lo que no tenía ninguna forma de escaparse de aquel acuerdo. Aún así, guardaba la esperanza de que alguien más inteligente que él viera algo que se le estuviera escapando. Se detuvo frente a una puerta de metal y antes de llamar contempló el letrero que se encontraba colgado en ella.

"Genio trabajando. No molestar". -

Respiró profundo y tocó el panel que hacía de timbre de la puerta. Nadie contestó por altavoz y después algunos segundos nadie fue a abrirla. Hizo un segundo intento. Nadie respondió ni abrió una vez más. Tercer intento. Nada. Estaba a punto de rendirse, más un segundo antes de que diera la vuelta y se retirara, escucho una voz saliendo del parlante.

-¡Adelante! – pudo escuchar el mecanismo destrabándose y de manera inmediata la puerta se abrió frente a él.

Midoriya tragó saliva y dio el primer paso, después un segundo, tercero ya que no sabía qué esperar. A partir de ese primer vistazo al interior sin que algo le explotara, fue cuando sus pies comenzaron a moverse por cuenta propia. El taller había cambiado mucho en poco tiempo. Iba ahí de vez en cuando, siempre había pilas de basura y objetos extraños, pero ahora estaba casi pulcro. Podía ver el piso, que ya era una novedad, pero también los señalamientos reglamentarios que cualquier edificio dentro de la universidad debería tener y que hasta ese momento, nunca habían existido.

-¡Por aquí! – escucho aquella voz de nuevo. Izuku se adentró en un cuarto en el que nunca había puesto un pie antes. Lo primero que vio en le hizo abrir los ojos con sorpresa.

- Impala SS 1965. – es lo que estaba escrito con marcador para cristal en el parabrisas del auto, no es que Midoriya fuera instruido en aquel campo. A un costado del vehículo se disponían varios carros de herramientas, el capó había sido retirado y un motor colgaba de una grúa justo al otro lado. El auto se encontraba en perfectas condiciones a la vista y Midoriya notó que había sido restaurado recientemente. Se encontraba admirando y tocando la brillante pintura negra cuando algo lo sorprendió.

-¿Es hermoso, verdad? – Midoriya soltó un grito casi lo suficientemente agudo como para romper el cristal al ser tomado con la guardia baja por la cabeza que se ha asomaba debajo del auto. –¿ Oh, eres tú Midoriya? Ha pasado un tiempo desde la ultima vez que viniste. Déjame salir para saludarte correctamente.

Mei se deslizo suavemente desde abajo gracias a la base con ruedas sobre la que estaba acostada. Usaba un overol de color gris que estaba sucio, junto a sus googles protectores. Su atuendo ordinario, pensó Izuku.

-Hola Mei. – Saludó Midoriya poniéndose tenso, ya que sabía lo que venía a continuación. Mei se puso de pie y abrió el cierre de su overol cubierto de aceite y grasa dejando descubierto un atuendo más ordinario. Amarro las mangas a su cintura y se abalanzó sobre el chico frente a ella para darle un abrazo.

- Hola Midoriya, hace mucho que no vienes, empezaba creer que me habías olvidado. ¿Subiste de peso? Estás más ancho. – Al decir aquello, la ingeniera comenzó a amasar el cuerpo de Midoriya, mientras este sólo podía sufrir en silencio. – Tus bíceps son casi dos centímetros más grandes, bien hecho, tu cintura es más ancha y tu abdomen está igual, tu espalda parece que también se hincho. – Mei golpeo a Midoriya en la espalda a manera de felicitación, lo que causó un espasmo de dolor en él.

- No tan fuerte por favor. – Midoriya dio un par de pasos atrás para mantener la distancia después de ser liberado.

- Oh, discúlpame. ¿Es por eso que vienes? No tengo nada para lesiones cervicales, deberías ir a la enfermería. – dijo Mei volviéndose a colocar el overol.

- No, no vine por eso, es por otra cosa. No estoy lesionado. – desvío su mirada en busca de lo que cualquiera llamaría inspiración divina, para encontrar las palabras que necesitaba en ese instante, pero no las encontró, así que apretó fuerte los puños y puso toda su confianza en el "plan b"

- Entonces… ¿Por qué? Aprecio que quieras hacerme compañía, pero cada segundo que estás aquí distrayéndome, es un segundo que retrasas el progreso de la humanidad y eso es inaceptable. Resume todo en veinte palabras o menos. – dijo Mei mientras se colocaba los guantes que había guardado en su bolsillo trasero.

- Necesitaré más que eso, Mei, es algo más personal. – Mei y Midoriya se habían vuelto más cercanos de lo que parecía a primera vista, ella lo llamaba para que probará algunos de sus armatostes, debido a que, en sus propias palabras, las proporciones del cuerpo de Midoriya eran perfectas e Izuku, por su parte, recurría a ella para aligerar la carga de sus lesiones con alguna abrazadera u otro artilugio que pudiera tener a la mano. No había muchas otras opciones después de que la enfermera le dijera que le rompería los dedos si volvía a lesionarse de alguna otra manera imposible. Mei se había convertido en su santo grial de artefactos que evitaban que se le atrofiaran los brazos.

- Entiendo, muy bien. Pero ahora no tengo tiempo, tendrás que… ¿Qué es eso que tienes ahí? – finalmente, Mei había notado que Midoriya llevaba consigo una bolsa plástica y que dentro de la misma había una caja con un logo por completo inconfundible para ella.

- Es, bueno… algo así como un soborno. – La inspiración divina nunca llegó a él, pero la fiabilidad del plan b era casi del cien por ciento por lo que Midoriya tomo un poco de valor, sacó la caja y se la entregó a Mei, mantuvo sus ojos fijos en el rostro de la ingeniera quien los tenía por completo fijos en aquel paquete para recibirlo de manera enérgica. – Tus favoritos. – Midoriya suavizó su expresión, que se había tornado firme ya que estaba dando un regalo y aunque sea un chantaje, un obsequio debía de darse con una sincera sonrisa, aunque fuera una pequeña. – Trufas de chocolate rellenas de…

- Crema de avellana y almendras. – Los ojos de Mei brillaron igual que si hubiera encontrado la razón de la existencia misma. Tragó con fuerza al tener en las manos aquel objeto, sin embargo, su expresión cambió de manera súbita. – Me ofende que creas que puedes comprarme con algo tan mundano como una caja de chocolates. – dijo con una cara de puchero digna de una niña pequeña que dice a su madre que ya es una niña grande.

- Por eso es que compre dos. – Midoriya sacó una segunda caja de la bolsa y se la ofreció a Mei, quien se la arrebató de las manos apenas la tuvo al alcance. El rostro de Izuku había deformado en una mueca que intentaba contener la risa que le provocaba esa faceta de Mei que pocos conocían y daba gracias por ser uno de ellos. Ver a sus amigos felices lo llenaba en su interior.

- Sigo ofendida. Pero las acepto. – Mei abrió una de las cajas y se llevó uno de los chocolates a la boca, lo que le causó que se erizara su cuerpo. – Muy bien ponte eso. – Mei señaló un segundo overol dispuesto sobre uno de los carros de herramienta.

- ¿Qué? – Izuku devolvió la mirada confundido.

- Compraste el tiempo, pero no voy a sentarme a beber café mientras me cuentas una nueva Casablanca. Tengo trabajo, ayúdame y te escucharé mientras trabajamos. – Midoriya visualizo el atuendo y miró la hora en su celular, murmuro un poco para si mismo y respondió.

- Está bien. – Se colocó el overol y se puso a disposición de la excéntrica ingeniera.


Gracias por leer. Un poco más tarde de lo que quería, pero sigue en marcha.

Recuerda que cada comentario sirve para llenar el tanque de inspiración, porque no hay nada mejor que saber que lo que haces le gusta a otras personas.

Nos leemos cundo nos leamos.