Toga atravesó la puerta de su hogar con una singular alegría. Esperaba encontrar a sus amigos inconscientes sobre la barra después del bacanal en el que se había convertido el bar durante la noche. Sin embargo, fue sorprendida al encontrarlo tan pulcro que parecía un lugar por completo diferente. El suelo relucía cómo nunca lo había visto y el aire olía a cedro. Aspiró con profundidad hasta que sus pulmones no pudieron contener más del aire cuyo aroma le pareció tan revitalizante.

El aroma le causó una embriaguez que le hizo dar vueltas cuál bailarina, a la vez que caminaba rumbo a una puerta trasera.

Ya que se encontraba pérdida en su mundo, cosa que no era rara. Himiko no pudo percibir a una figura alta y delgada que se acercaba a ella salida de la esquina más oscura del lugar, y con una velocidad vertiginosa, se posó a su retaguardia, para cuando Toga se dio cuenta, ya era demasiado tarde.

-¡Alicia! - gritó la sombra al colocar sus manos en las caderas de Himiko y alzarla por sobre su cabeza provocando que ella diera un agudo grito en señal de sorpresa, mientras continuaba el juego de dar vueltas por algunos segundos hasta que la bajó. - que horrible es verte tan tarde por aquí. - Toga giró para darle la cara a la sombra y envolverla por el cuello con sus delgados brazos.

- Hola Sombrerero dijo Toga depositando un beso en la mejilla de Twice que consiguió rozar la comisura de sus labios.

¿Qué es lo que te ha mantenido tan cerca de mi? ¿Fuiste perseguida por el conejo blanco?

- Algo así - respondió Toga con una enorme sonrisa en la boca.

- Lo siento. ¡Tú también me gustas ! - respondió Twice. - pero soy muy joven para ti, necesitas a alguien más viejo. - Twice miraba los grandes ojos de Toga. Se veían más brillantes de lo normal, de hecho, el que brillaran era lo anormal por si sólo. Parecían tener una estrella ardiendo en su interior, incluso temió que se quedaría ciego sino apartaba la vista. Se dio media vuelta para darle la espalda a Toga, y cubrió sus ojos con las manos. - Te veo triste. ¿Te pasó algo bueno Alicia?

Toga miró a Twice curiosa, y confundida a partes iguales. Lo normal era continuar con el juego de coqueteo hasta que uno intentaba besar al otro, pero al comenzar a hablar, todos los pensamientos que involucraban a su amigo, desaparecieron.

- Sí - escupió, dibujándose una sonrisa en su cara. - Fue algo maravilloso. Encontré a un chico que me interesa y me hice amiga de su novia. Twice sintió un escalofrío que le recorrió desde la espalda baja a la nuca. Lo que acababa de escuchar… Eran malas noticias por diferentes y variadas razones. Giró para ver a la cara a Toga, que se encontraban embelesada mirando a la nada.

- A Shigaraki no le va a gustar - dijo Twice

-¿Por qué? - Toga reaccionó con una cara que mezclaba ingenuidad y un puchero.

- Te dijo que ya no hicieras birria a nadie. Si no se entera nos va a premiar. - Twice empezó a caminar en círculos alrededor de Toga mientras hablaba para si mismo.

- Podemos filetear a uno y hacer tamales al otro. ¿Pero dónde vamos a encontrar una tolera por aquí? ¿Y si los hacemos empanadas? No, son malas para la figura. – Toga se quedó mirando a Twice mientras caminaba en círculos hablando con susurros ininteligibles.

- ¿Por qué piensas que les hice algo? – Toga se cansó de ver ir a Twice a ninguna parte y lo sujetó del bolsillo trasero de su pantalón, que fue lo que tenía más a la mano. – deberías confiar en mí. – Twice giró la cabeza para mirar la cara de Puchero que Toga tenía.

- ¿Recuerdas al viejo con cuatro dedos? – Toga se quedó callada desviando la mirada.

- Ya entendí. No tenías que mencionarlo. – Soltó a Twice y él dio vuelta para darle la cara.

- Pero si no te despachaste a nadie… ¿ Qué pasó? – la postura de Twice y su tono de vos cambiaron, de uno agudo a otro más áspero. Sus brazos cruzados y la mandíbula rígida le dieron la pista de que el Sombrerero ya no estaba. Ahora hablaba con el conejo.

- Nada, Me fui con él durante la noche y me acompaño de regreso, no quiso pasar.

- ¿Eso fue todo? – Twice cruzó sus brazos y torció la boca. No creía del todo lo que decía Toga, pero ella nunca había mentido cuando se trataba de sus "juegos" cómo ella les llamaba. Siempre corría a contarle con lujo de detalle si alguno de ellos había tenido algo particular, que eran una mayoría. Toga era muy imaginativa en el sentido repugnante, varias de sus historias le habían hecho revolver el estomago. Le parecía extraño que no hubiera una descripción más amplia de lo ocurrido, sin embargo lo agradecía en esta ocasión.

- Bueno… Me divertí con él y… - Toga se ruborizó y comenzó a jugar con sus dedos mientras mantenía la mirada baja. – desayune en su casa… con sus amigos.

- ¿ Por qué creo que eso no es lo peor que vas a decirme? – Twice habló de manera resignada y se preparó para el remate de Toga.

- Me gusta, y lo chantajee para que saliera conmigo. – Twice se paralizo en el lugar, y se mantuvo inamovible por algunos segundos, hasta que Toga empezó a picar su cara esperando alguna reacción, la cual llegó en forma de un grito que resonó por todo el lugar.

- ¡Qué! – el cambio de voz de Twice pudo escucharse claramente por parte de Toga, el sombrerero había regresado. – Shigaraki te va a dar una paliza, y después me la va dar a mí, se suponía que yo tenía que evitar que hicieres algo así.

- No es tu culpa. – respondió Toga dando palmadas en la cabeza de Twice.

- Claro que no es mi culpa. Pusiste esa cosa en mi Cala-Cola. Shigaraki te dijo que no debías traer a nadie aquí, es peligroso. No importa si solo llegó para botarte.

- ¡No me botó! – Interrumpió Toga de manera abrupta. – él vino aquí durante el espectáculo de la noche. No lo recogí en un callejón cómo a un perro. – Toga tenía los brazos cruzados, y su rostro reflejaba hastiedad.

- ¿Y por qué defiendes a un viejo pervertido? – Twice comenzó a estar confundido respecto a todo lo que sucedía. Confusión que se reflejaba en su cara, que hasta ahora había perdurado con una expresión curiosa y afable.

- No es un viejo… Tiene mi edad. – dio Toga mientras desviaba la mirada.

- ¿De tu edad? ¿Tú? ¿La señorita "mientras más arrugada la pasa, más dulce la fruta?

- ¡Jamás he dicho eso!

-Lo has dicho con tus acciones.

-¿Cuáles? – Twice se limitó a levantar la mano y hacer la seña del numero cuatro, cambiando el pulgar por el meñique, que se encontraba pegado a su palma. – cállate – respondió Toga inflando las mejillas.

- Antes de que lo olvide. Dabi te estaba buscando, me dijo que fueras a buscarlo. Creo que está enojado, pero no estoy seguro. Sabes que sólo tiene una cara. – Twice dio media vuelta y se acercó a la puerta listo para salir de la habitación.

- Espera. – Toga habló a Twice antes de que la dejara sola en el cuarto. – necesito pedirte un favor. – dijo Toga expresándose con una cara que se asemejaba a la de una niña pequeña en una mañana de navidad.

- No voy a dejar que metas tu dedo en… - habló Twice con una cara que reflejaba miedo combinada con incomodidad.

- ¡No! – replicó Toga con un grito. – ¡no me refiero a eso! Quiero un vestido. ¿Podrías hacerme uno?

- ¿Vestido? Pero tienes muchos. – respondió Twice.

- No uno para el trabajo. Quiero uno lindo, para mi cita con el chico del que te estoy hablando. – dijo Toga con una sonrisa de oreja a oreja.

- Bien, puedo hacerlo. Pero tengo que ir ahora a otro lado. Dabi debe estar en su cuarto. Será mejor que vayas antes de que se moleste.

- Está bien. – dijo Toga respondiendo a su amigo, y soltando la manga de su camisa.

- Espera un minuto. – Twice entrecerró sus ojos mirando de pies a cabeza a Toga. – Eso no es tuyo. – habló mientras señalaba con su dedo el atuendo improvisado. Que consistía en la camisa de Izuku. Las mangas estaban amarradas alrededor de su pecho, a manera de vestido y las licras de Uraraka, que llegaban a los tobillos, se habían rasgado en la rodilla, además que tenía puestos los zapatos rojos, también de Midoriya.

- Me la prestaron. – dijo Toga sin inmutarse.

- Estaba buscándote. – una voz carraspeada rompió la armonía que se encontraba hasta ese momento entre ambos. Toga miró sobre su hombro, mientras que Twice alzó su mirada. Ambos contemplaron a una figura alta y delgada, con una taza humeante en una mano y en la otra un teléfono que guardó en el bolsillo de su pantalón de mezclilla negra.

- Buenas noches. – saludó Twice.

- Hola. – acompaño Himiko.

- Tengo que hablar contigo. - Dabi señalo a Toga, para acto seguido hacer lo mismo con Twice. – Y tú, ya deberías haberte ido. Rápido. Vete. – Twice salió tan rápido cómo pudo al escuchar la orden de Dabi.

- ¿Qué sucede? – preguntó Toga con la actitud infantil que sabía que hacía molestar a Dabi.

- Puedes decirme qué es esto? – Dabi sacó algo pequeño del bolsillo y se lo mostró a Toga.

- Un frasco. – respondió ladeando la cabeza.

- Ya lo sé, lo que importa es lo que hay adentro. – Dabi frunció el seño y puso el frasco por completo en la cara de la chica.

- Está vacío. - respondió Toga sin expresión en su cara.

- El frasco no debería estar vacío. - Dabi cambió su expresión a una más dura, inclúso su voz se endurecío un poco.

- Ya lo sé, tendría que estar a la mitad de agua para que pudieras decirme si está medio lleno o medio vacío y debería ser un vaso, no un frasco. Eres un pésimo maestro.

- Una de esas píldoras cuesta más de lo que te pago. – vociferó Dabi con un tono de voz notablemente molesto junto a una expresión fría y rígida en su cara.

- Tú no me pagas. Respondió Toga en un tono de voz socarrón.

- Ahora sabes porqué. – culminó Dadi.

- No entiendo cuál es el problema. Tú me dijiste que podía tomar algunas. – Se defendió Toga.

- Te dije: Alguna vez puedes tomar una. – refutó Dabi.

- Oh. Lo siento. – La boca de Toga se convirtió en una mueca tontorrona que buscaba emular el de un gato poniendo ojos tristones, sabía que eso no conmovería a Dabi, pero lo haría molestar y eso era más divertido.

- No sé porqué me esfuerzo. – pensó Dabi en voz alta. – No tienes más sentido de la responsabilidad que un sapo.

- ¿Eso fue un insulto? – preguntó Toga.

- No. – respondió Dabi en tono de burla.

- Gracias. – respondió Toga sonriente. Dabi de manera legitima pensaba que la chica era idiota en verdad, y no solo actuaba.

- Tendrás que pagármelas.

- No tengo dinero. – respondió Toga e inició su andar rumbo a la puerta trasera, de donde había salido Dabi. Este último sólo sostenía su rostro intentando mantener la compostura tanto como le fuera posible, cuidando que sus uñas no jalaran alguna de las grapas en su cara. – pero quiero dinero. Tendré una cita pronto. ¿Hay algo que pueda hacer? – "sin duda, es idiota." Pensó Dabi antes de responder.

- Sí, ahora que lo dices, si lo hay. ¿Cómo está tu garganta? – dijo Dabi de manera seca.

- Muy bien. – contestó Toga. – ¿para qué la necesitas?

- Primero date un baño. Apestas, más de lo normal. – contestó Dabi sorbiendo el contenido de su taza. Sólo digamos que la tendrás que ejercitar. En el rostro de Toga se esbozó una gran sonrisa que abarcaba de oreja a oreja. Los trabajos que él le daba, siempre eran los más divertidos.


-Bien, entonces, déjame ver si entiendo to lo que me acabas de contar. – Mei habló desde abajo del auto, mientras terminaba de revisar por segunda vez la suspensión de su nuevo bebé. Por su parte, Midoriya cerraba el cofre, luego de haber comprobado la cantidad del aceite. – Te acostaste con esta chica "Gota."

- Toga. – corrigió Midoriya.

- Sí, ella. Te acostaste con ella, pero no porque quisieras. Te puso algo raro en tu bebida y se aprovechó de ti, y ahora te está chantajeando para que salgas con ella, al menos tres veces. ¿Todo eso es correcto? – sentenció Mei deslizándose hacia afuera de la parte baja del auto.

- Sí, es básicamente eso. – respondió Midoriya.

- ¿Y la razón de que uses sandalias está relacionada? – continuó la ingeniera.

- Sí, algo así. – Sentenció Izuku.

- Bueno, no me parece que sea la mejor calificada para darte algún consejo de verdadera utilidad. Sin embargo, no veo ningún problema. Bueno, es probable que termines en la cárcel, por algo que técnicamente si hiciste.

- Espera. ¿Qué? – expresó Midoriya con una genuina sorpresa.

- Sí, en verdad lo hiciste. – respondió Mei. – Cuando se acercó a ti, no la rechazaste, jamás dijiste que estabas incomodo, y según tu historia, fuiste tú quien se abalanzó sobre ella. Sin embargo, tú pareces ser la victima aquí. – Mei hablaba con esa forma estoica y analítica, casi fría. – no me parece que tengas demasiadas opciones. Por ahora, me parece que tu mejor opción es seguirle el hilo. – Mei abrió su overol, lleno de manchas de grasa, que se extendían hasta su cara. – Si quieres que se olvide de ti, deberías actuar cómo un patán. Para que sea ella la que te deje. – Mei intercambió miradas con Midoriya mientras el silencio se acentuaba en el taller. – Pero eso me parece un desperdicio.

- ¿Qué quieres decir con eso? – respondió Midoriya aún más confundido.

- Una mujer atractiva, sin inhibiciones sexuales, que a abusado de ti, cosa que en mi entendimiento, es algo con lo que demasiados hombres sueñan, y que está dispuesta a estar contigo sin más condiciones que una convivencia romántica ordinaria, para después dejarte si no estás de acuerdo. Estoy segura que más de uno mataría por eso. Inclusive por menos. – Midoriya se quedó mudo ante el derroche de palabras que Mei le arrojó, y le dio la razón en el interior de su mente. No quería ser un cretino con ella. Pero la soga que tenía al cuello era demasiado justa como para no intentarlo. Y por otro lado, mover no las piezas conforme a las reglas de otra persona, que tiene total libertad de cambiarlas sin aviso ni razón, era tal vez peor. En pocos segundos ella le había dejado claro que aunque le dejara mover dos veces en un turno, ella era quien controlaba ambos lados del tablero, por lo que saltarse las reglas era saltar del banquillo mientras estaba en la horca. La única escapatoria que tenía, era dejarse tratar como un muñeco a manos de una niña. – Mis dos consejos son: Ve a la policía o sigue el juego. – finalizó Mei. – Además… – reanudó sin apenas tomar aire. – creo que necesitas esa experiencia. – Midoriya cayó de regreso al mundo físico, saliendo del suyo.

- ¿Qué quieres decir? – preguntó Midoriya, que no para de sorprenderse ante Mei.

- En resumen… eres malo teniendo sexo. – Meí se llevó la última trufa de chocolate a la boca al finalizar aquella oración. Su acompañante, sólo se quedó congelado ante aquella afirmación. – No terriblemente malo, pero la inexperiencia, hace que seas malo. Esa tal Toga, podría ayudarte con ello. – Izuku sólo pudo articular unas pocas palabras en respuesta.

- En… ¿en qué fui malo? – exhaló, como si parte de su anima hubiera salido de su cuerpo al pronunciar aquella frase.

- Hay varias cosas. Mei se preparó para iniciar su discurso recargándose contra el capó del auto, justo al lado de Midoriya, irrespetando su espacio personal de nuevo. – al principio no podías encontrar mi vagina. Estuviste un buen rato golpeando mis ingles antes de que te ayudara a encontrarla, y no faltó mucho para que te equivocaras de orificio; sin mencionar el hecho que tampoco podías ponerte el condón, te tomó dos intentos para hacerlo bien en el tercero. – Midoriya sólo estaba callado, con el rubor cocinando su piel por la vergüenza que estaba pasando en aquel preciso momento. – Y no es lo peor, por alguna razón chupabas mis pechos cómo si esperaras que fuera a salir leche de fresa de ellos, déjame decirte que eso duele. No podía usar sostén al día siguiente por esa razón. – Mei guardó silencio por algunos segundos recordando. – Sin ninguna duda, lo peor de todo, fue cuando estabas dentro de mí y, me penetrabas imitando a un martillo neumático o algo por el estilo. Casi podía sentir mi cérvix partiéndose por la mitad. – La pena de Izuku había alcanzado un nivel tan alto que no podría ser graficada de ninguna manera. Para él, aún si la misma tierra se lo tragara en ese momento, su vergüenza no podría esconderse. De ser algo tangible, bien podría ser señalada desde la luna. – de todos modos, creo que fue el mejor escenario en el que pudimos haber perdido la virginidad. – el disco dentro de la cabeza de Izuku hizo un chirrido trayéndolo de golpe una ve más a la conversación. – Además, no fue del todo malo. Me comiste hasta ahogarte. – Soltó un pequeña risa y prosiguió. – los dos estábamos ligeramente ebrios, tú un tanto más que yo, y tengo que admitir que también fui yo la que te usó. Me escuchaste en todo momento y no dejabas de preguntar si estaba bien, era molesto, pero esa atención se agradece. Fuiste más despacio cuando te lo pedí y dejaste de chupar cómo si fueras lactante también. Muchos otros no hubieran hecho nada de eso. – Mei amplio su sonrisa, alzó la mirada y continuó ante la atenta mirada de Midoriya. – Te escogí de entre todos los hombres que conozco por varias razones: Eres ligeramente atractivo, tienes un cuerpo casi perfecto, hablando de proporción. Nos conocemos desde hace varios años, y sé que no eres del tipo de hombres que van a presumir a sus amigos la primera vez que miran un par de tetas, fuera de una pantalla. Ambos teníamos nula experiencia sexual. – Mei guardó silencio e intercambió miradas con Izuku. – Y llegaste en un momento demasiado oportuno. Estaba teniendo un bloqueo creativo y tú entraste por la puerta mientras me estaba tocando en la oficina. Sigo sin entender cómo es que no pudiste verlo. El sexo libera cuatro veces más hormonas anti estrés que la masturbación, tomé la decisión en el momento, sólo tuve que convencerte de beber conmigo, y el resto es historia. – Midoriya se quedó shockeado ante la última declaración de Mei. Los recuerdos ya eran vagos para él. Pero siempre había creído que ella estaba limpiando una mancha en el pantalón, no causándola, y que le confesara que lo había usado cómo medio de satisfacción, era un duro golpe a su confianza. Pero la parte más difícil de digerir fue algo que Mei había dicho casi al principio.

- ¿Cómo que te comí? No recuerdo que hayamos comido nada. – preguntó Izuku sin poder hacer una expresión en concreto. Mei sólo le dirigió una amplia sonrisa y respondió.

- Sólo digamos que si yo hubiera sido un helado, te habrías tragado hasta el palo.


Mientras en aquel lugar Mei y Midoriya compartían aquel momento, una escena diametralmente opuesta se desarrollaba no mu lejos ahí.

- ¡Cállate! ¡Cállate! – gritó Uraraka con una furia y desesperación que por milagro no le desgarro la garganta. Mientras ella se retorcía con violencia para librarse del agarre bajo el cuál la tenían Mina, Tsuyu, y Yaoyorozu. Casi siendo un reflejo bizarro de aquel cuadro, Bakugo era sujetado con toda la fuerza de kaminari y Kirishima, cuyos rostros reflejaban el esfuerzo sobrehumano que estaban haciendo para evitar que la bestia en la que se había convertido Katsuki se liberará contra Uraraka.

- ¿¡Crees que porqué eres niña no te voy a romper tú redonda cara!?


Gracias por toda la paciencía que han tenido y por leer. Agradezco y aprecio todos los comentarios que me han llegado, su opinion es lo que más motiva para que siga.

También me encuentro reescribiendo los primeros tres capitulos, pronto estaran aquí.

Nos leemos cuando nos leamos.