Había una sensación particular recorriendo le espina de Midoriya. Verse al espejo en esta circunstancia se sentía extraño para él. Jamás había tenido que usar un traje. Bajo ninguna circunstancia. Y le parecía una exageración para la ocasión. Se cuestionó la decisión que tomó al pedirle ayuda a Momo.
- Te ves bien, sólo sube un poco más esto. - dijo Momo ajustando la corbata de Midoriya. Haciéndolo sentir ahorcado.
- ¿No crees que estás exagerando? – Habló Midoriya, abriendo un poco el nudo de la corbata. - sólo es una cita. – dijo Midoriya sintiendo un regusto amargo y agrio a partes iguales.
- ¿Cómo qué sólo una cita? – Momo exaltó su respuesta, sonando muy parecida a alguien metiéndose de lleno en el papel de madre. – ninguna reunión personal se debe desestimar. La buena presentación es importante, tanto para ver al más rico de los reyes, cómo al más humilde de los vagabundos. – volvió a ajustar un poco la corbata de Izuku. – Ahora sólo falta arreglar tu cabello. – dijo Momo sacando unas tijeras del éter.
- ¿Qué tiene de malo mi cabello? – dijo Midoriya dando dos pasos hacia atrás.
- ¿Bromeas? Es cómo un arbusto creciendo sin control. Hay que cortarlo. - Momo dio dos pasos hacia Midoriya, con la intención de trasquilar su cabello, pero él rechazó con vehemencia aquello. - bueno, es tu presentación. - dijo Yaoyorozu guardando las tijeras en su bolso. De la misma manera que una madre, de nuevo, Momo ajustó el cuello de la camisa y quitó un poco de pelusa del hombro usando la mano. Lo miró un poco mientras él se sostenía la mirada en el espejo. Momo no tenía idea de los pensamientos que rondaban la cabeza de su amigo, pero deducía sin muchos problemas que debía ser relacionado a aquella chica con la que había pasado la noche. Su propia opinión carecía de relevancia. Ella no era nadie, ni pretendía dar un consejo que no se le había pedido.
Sin embargo, la expresión de Midoriya le despertaba el querer hacerlo, y sin un segundo más de contemplación, le preguntó.
- ¿Hay algo de lo que quieras hablar? Te noto más pensativo de lo normal. No soy tu madre, pero me dejas pocas opciones si tengo que vestirte, como si fueras un niño.
-Bueno... Tal vez hay algo. - respondió Midoriya sin quitar la mirada de su reflejo.
- ¿Qué cosa? - contestó Momo con suavidad.
-¿Sigue molesta? - expresó Midoriya.
-¿Quién? - dijo Momo un poco confundida.
-Uraraka. - soltó Midoriya.
Toda la semana había sido incomoda en su interacción con Ochaco. Se limitaba a responderle con monosílabos, tampoco lo veía a la cara y bajo ninguna circunstancia le dirigió la palabra. Se encontraba en verdad confundido. Sus recuerdos le trajeron breves imágenes de lo que había sucedido la semana anterior.
Salió del taller automotriz improvisado en el que Mei transformó el laboratorio. Caminó varios minutos, cobijado por la cálida noche, y alumbrado por las farolas que iluminaban el campus. No había transporte universitario, las vacaciones de verano hacían que todo el personal no indispensable fuera con su familia, sólo los estudiantes que no tenían a donde volver en estas fechas se quedaban. Una política extraña para una escuela, que, en teoría, no era un internado. El paso lento que había tomado le dejó tiempo para pensar en lo que le había dicho Mei. No se equivocaba en que muchos desearían estar en una situación como la que él vivía, pero eso no implicaba que le tuviera que gustar. No esperaba obtener una respuesta de alguien que veía la vida detrás de un cristal de lógica y costo-beneficio, sin embargo, el contarle la situación le ayudó con la carga, a sentirla un tanto más ligera. Había estado tan concentrado en sus reflexiones, que no se percató del momento en que llegó a la puerta del dormitorio. Hizo de manera mecánica la acción de abrir el portal, pero antes de que se cerrara detrás de él, escucho un bullicio que lo arrastró de nuevo al mundo material. Varios gritos de voces conocidas y una agitación que se sentía en el vibrar del piso. Corrió hasta la sala común y la visión le paralizó.
Veía como Bakugo era retenido por Denki y Eijiro. El mismo Katsuki gritaba como poseído de una manera en la que no pudo entender sus palabras. Un segundo después, Uraraka se libraba del agarre de sus amigas. Con dos zancadas llegó a donde se encontraba Bakugo, y provista de una ira irracional, descargó tres golpes en el rostro de su compañero. La respuesta de Katsuki, llegó en forma de una patada que le impactó en el costado de la cara, haciendo que Uraraka se encogiera al sentir el brutal impacto en su rostro. En ese instante, Bakugo rompió el agarre de Kaminari, y Kirishima fue demasiado lento para reaccionar, recibiendo un golpe en la mandíbula que lo tiró al suelo. Bakugo inició una carrera contra Uraraka, para todos los que observaban el aterrador espectáculo, el tiempo pareció ir en cámara lenta a partir de ese instante. Bakugo avanzó con largos pasos en dirección a Ochaco que se mantuvo imperturbable. En el instante en que la distancia era tan corta que parecía que Katsuki estaba sobre Uraraka, Bakugo fue derribado y su cuerpo hizo un ruido estridente al golpear el piso.
Una vez más, Uraraka se abalanzó sobre él, sin embargo, la rodilla de Bakugo la golpeó de lleno en la cara, dándole suficiente tiempo para que se levantara. Tomó por los hombros a Ochaco, misma que rompió el agarre y se aferró con toda su fuerza a la nuca de Bakugo intentando darle un rodillazo, mismo que fue detenido por él con sus brazos.
El cuerpo de Midoriya reaccionó de manera instintiva, arrojándose para separar a sus amigos, pero su buena intención fue eclipsada cuando un golpe de Bakugo le dio a la mitad de la quijada.
- ¡No te metas! - Bakugo gritó justo antes de que Uraraka aprovechara para arrojarlo al suelo una vez más, y aferrarse a su cuello con una llave de estrangulamiento. Ochaco atrapó a Katsuki en una guillotina perfecta, de la que este no podía escapar. El resto del dormitorio se abalanzó para separarlos, pero la chica castaña abrazó con toda la fuerza de sus piernas la cintura de su víctima. Bocanada a bocanada, Bakugo sentía que sus ojos saldrían de sus cuencas, y sus manos, anchas cómo palas, perdían fuerza a medida que el oxígeno desaparecía de su sistema. Apretó los dientes en un intento de resistir, pero Ochaco no estaba dispuesta a ceder y mantuvo el agarre, incluso con más firmeza, mientras los demás forcejeaban para separarlos. Una minúscula cavilación por parte de ella, le permitió aspirar un poco de aire y pronunciar algunas palabras.
-Ad..tel...o - escapó de su garganta con extrema dificultad. Aún al borde de la inconsciencia y rascando en el fondo del barril de su fuerza. Pronuncio una vez más. - Ad...mi...te...lo. - escupió Bakugo desmayándose al acto. Su cuerpo se relajó al igual que el mortal abrazo de Ochaco, y en todos los que se encontraban arremolinados sobre ellos finalmente consiguieron su objetivo de separarlos.
Midoriya recuperó la movilidad de su cuerpo y se disparó hacía el inconsciente Bakugo, quien yacía en suelo de la misma manera que un títere al que le cortaron los hilos. Alzó de manera gentil su cabeza para asegurarse que seguía respirando, y soltando un suspiro de alivio tal, que el mismo pareció aliento de vida para Katsuki, que de a poco recupero la conciencia entre gruñidos. Abrió los ojos, y percatándose de la situación, empujó con brusquedad a Deku, profiriendo un insulto inentendible, a la par que se levantaba, tambaleando, sin embargo, en su mente no era él el aturdido, era el mundo quien se movía para fastidiarlo. Tratando de dar un par de pasos, un firme agarre desde la parte trasera lo detuvo. Era Todoroki, quien lo había aprisionado en una llave nelson, y se rehusaba a dejarlo ir.
-Deberías calmarte. - dijo con su voz estoica, cómo siempre.
-¡Sueltame! ¡Todavía no se acaba! - respondió Bakugo furibundo. En la contra esquina, Uraraka estaba siendo retenida por Kaminari y Mina. Intentaba liberarse para continuar el enfrentamiento. Su mejilla izquierda comenzaba a hincharse y teñirse de un color morado, Bakugo, por su lado, había manchado su camiseta blanca con la sangre que brotaba del corte que tenía a la altura de su tabique nasal.
-¿Por qué están peleando? Todos somos amigos aquí. No hay razón par... -Deku fue interrumpido durante su intento de arbitraje.
-¡Cierra tu maldita boca! - Bakugo rugió como una fiera, incluso escupiendo un poco en ese instante. - ¡ponte en la fila, porque tú eres el que siguiente! ¡Y tú, suéltame cara-quemada!
-¡Deja de gritar! - Ochaco respondió con un rugido igual al de Bakugo, cargado de frustración e ira, pero incapaz de superar al de un maestro en aquel arte como lo era Katsuki.
-¡Admítelo! ¡Admítelo y no te patearé el trasero! - respondía Bakugo.
-¡Cállate! - contestó Ochaco.
-¡Hazlo! ¡lo haré yo! ¡Basura, escúchame! - amenazó Bakugo.
-¡No! - Respondió Ochaco con un grito capaz de aterrar a una Banshee.
- ¡Admítelo! - insistió Bakugo.
-¡Ya! ¡Me gustas! ¡Me gusta Midoriya! - con el grito de Ochaco, el silencio se apoderó de la habitación, pero esta, no trajo la calma. La fuerza en las piernas de Ochaco desapareció por completo y se dejó caer de rodillas. Cubrió su rostro con los puños y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos causa de la frustración. Midoriya se congeló una vez más ante la declaración que acababa de recibir. Entre todos intercambiaron miradas. Las palabras sobraban en el ambiente. Tsuyu y Mina intentaron consolar a su amiga, pero fueron rechazadas. Se puso de pie y salió con toda la velocidad que pudo, manteniendo en todo momento su rostro cubierto con su cabello.
-Bueno, ahí lo tienes. ¿Qué harás ahora? - dijo Bakugo, a quien finalmente Todoroki había soltado.
Izuku volvió al presente. Momo lo miraba con una enorme preocupación que llenaba sus ojos, contempló una vez más su reflejo buscando una respuesta sin conocer la pregunta. No tenía idea de lo que debía hacer.
-¿Segura que puedes hacerlo? - dijo Dabi dando vuelta con su auto en una gran calle.
-Claro que puedo, tú me has visto hacerlo mil veces. - respondió Toga, que pataleaba golpeando el tablero del auto con sus pies descalzos por forcejear para entrar en aquellos ajustados pantalones, que no le gustaban ni un poco.
-No de esta manera. - contestó Dabi sin poder evitar mirarla de reojo.
-Confía en mí. - refutó Toga, que abotonaba y cerraba la cremallera.
-Eso es exactamente lo que no quería que dijeras. - Dabi replicó a la chica que estaba con su rostro inmaculado. Ninguna señal provenía de ella, una expresión por completo vacía le regresaba la mirada. Suspiró y continuó. - ¿estás segura? Si vacilas un segundo, todo se jode. Si cierras de más, o de menos, te hundes, vas a ahogarte o vas a toser, o alguna porquería así.
-Sólo hazlo. - respondió Toga sin ningún cambió en su expresión.
-Si llegas a equivocarte, te voy a dar una paliza. - respondió con voz seca. De manera rápida, Toga deslizó los tirantes de su sostén fuera de sus mangas, y lo desabrochó para, sin ningún pudor, arrojarlo a la parte trasera del vehículo, con nulo interés de saber dónde había caído.
- ¿En verdad tenías que hacer todo esto aquí? - dijo Dabi sin despegar la vista del camino. Debiste cambiarte antes de salir.
-El maquillaje me tomó mucho tiempo, Twice no estaba para ayudarme y tú dijiste que tenía que verme igual a ella, esta es su ropa. - le dirigió la palabra a Dabi mientras se colocaba una capucha afelpada, esto le gustaba más.
- ¿Y por qué medio desnudarte es necesario? - comentó Dabi sin ninguna esperanza de obtener una respuesta que pudiera encontrar coherente. Sólo Toga entendía cómo funciona su propio razonamiento.
-No usa sostén, tú viste cuando se la quité. Incluso en sus fotos se nota. - Dabi detuvo el auto fuera de un enorme edificio. Fuera de la fachada, había una glorieta que facilitaba el acceso y salida de personas o vehículos. Había mucha iluminación y un número considerable de cámaras poco discretas se encargaban de la vigilancia.
-No hagas que nos maten- le dijo Dabi a Toga con una cara de cansancio y tono huraño.
-Sí, dámelo ya. - Toga devolvió la descortesía con un tono en el que se percibía cierta molestia. Extendió su mano y Dabi le entregó una pequeña caja metálica, que guardó en un pequeño bolso de mano. Toga bajó del vehículo, ahora usando unos tacones altos con los que a cualquiera le parecería que el acto de caminar se volvería imposible. En pocos segundos, Toga ya se encontraba cruzando el portal de cristal que hacía de entrada en aquel edificio, y desapareciendo del campo visual de Dabi de manera definitiva.
-Me voy a arrepentir de esto. - se dijo Dabi para sí mismo. Salió de aquel lugar tan rápido como pudo y se estacionó a un par de cientos de metros, asegurándose de que ninguna de las cámaras de la calle lo tuviera en su rango de visión. Sacó su teléfono del bolsillo y marcó un número en la pantalla. Puso el aparato en su oreja y pocos segundos después una voz ronca apareció al otro lado.
- ¿Con qué me quieres joder ahora, Tomura? - dijo aquella voz.
-Hola señor, ¿cómo está? ¿Ya se cogió hoy a esa niña de dieseis años que presume tanto por ahí? Supongo que no, es fin de semana y bastante noche. Se supone que debe estar en casa de sus padres. O tal vez no. Siento lastima de ella. Tener que tirarse a un viejo horrible, cómo usted, para pagar la universidad. - habló con tono condescendiente.
- ¿Quién mierda eres? ¿De dónde sacaste este número? - contestó con una ira perceptible.
-Soy un conocido de Tomura. Pero eso no importa. Lo que importa, es que usted nos causó un problema enorme y eso no está bien. Se supone que los mafiosos de su tiempo tenían honor, tal vez ser una rata es lo que le salvó el culo tantos años, pero eso puede cambiar. - cambió a un tono más hostil y soberbio.
-Pequeña mierda insolente. Cuando te encuentre, yo mismo te voy a cortar los dedos y te los meteré por la garganta. - La voz se escuchaba más molesta ahora.
-Teníamos un trato. Un cargamento de gema pura y usted nos dio diamantina. Nuestro negocio son clientes que vuelven. ¿Cómo volverán, si después de usarla terminan en una silla de ruedas y siendo alimentados por un tubo?
-Tienen lo que se merecen. Por su culpa desmantelaron dos de mis almacenes. Tienen suerte de que no haya ido inmediatamente a cortarles la cabeza a ti y al desgraciado de Tomura, ni siquiera la perra tiene el valor de llamar por su cuenta y tiene que mandar a su puta. Si pudiera ir ahora mismo, estaría meando en sus caras justo en este momento.
-Sí, supuse que diría algo así, menos mal que le tengo un incentivo. Despierta. - al otro lado de la bocina, el hombre escuchó un golpe seco, seguido de un llanto que comenzaba.
-¡Abuelito! - escuchó al otro lado, seguido de otro golpe que identificó como una bofetada. Unos sollozos se mantuvieron sonando en la bocina.
-Esta niña es bastante ruidosa. Deberías tener más cuidado de a quien le das como escolta. Los idiotas estaban muy ocupados intoxicándose cómo para vigilarla.
- ¿Crees que soy imbécil? Me conozco las tácticas, mi nieta está en un curso de verano, salió esta misma mañana, yo mismo la llevé a la estación. - Dabi mantuvo su cabeza fría ante el tono socarrón que el viejo tenía en su voz.
-Parece que me atrapaste. Es sorprendente lo que se pude conseguir con un buen trabajo de audio y unos videos que una niña sube a internet. ¿Pero en serio crees que llegó? Claro, todos los niños de quince años aman ir de campamento. No es como que prefieran quedarse todo el fin de semana en casa de su novio. Novio que tiene una motocicleta y unas distintivas marcas en la cara. - la voz al otro lado se mantuvo callada por algunos segundos, incluso Dabi dejó de escuchar la respiración del viejo.
- ¡Eres tú! ¡El bastardo de cara quemada! - respondió la furiosa voz.
-Bingo. Ahora te toca escoger la caja misteriosa ya que tu muy inteligente nieta, prefirió un campamento aburrido, la criaste bien, para ser una basura. - un grito desgarrador llegó al oído de Dabi, que se vio obligado a separar el teléfono de su oreja, incluso con la distancia pudo escuchar algunos insultos y amenazas justo antes de que la llamada fue cortada. - todo depende ahora de ti Toga. - dijo para sí mismo antes de reclinar el asiento del auto y cerrar los ojos. Mientras dormitaba, recuerdos de hace pocas horas llegaron a su mente.
- ¿De verdad crees que caerá? - le dijo Toga a Dabi mientras abría un caramelo y se lo metía a la boca.
-Sin duda, el viejo es duro por fuera, pero muy blando en el fondo. Si lo hago perder un poco la cabeza, tú podrás llegar a calmarlo, y aprovecharte de eso. - contestó Dabi mientras bebía de su taza.
- ¿Y dónde se supone que está? - preguntó Toga curiosa. Sus grandes ojos se clavaban en Dabi, el caramelo en su mejilla la hacía ver hinchada dándole una apariencia aniñada.
-Debe de estar por llegar a ese Hotel que tiene como fachada. Tiene una chica favorita, si te ves exactamente igual a ella, te podrás acercar lo suficiente. Twice la está vigilando cuando esté sola, nos llamará.
Los enormes tacones de Toga hacían que sus pasos retumbaran en la callada recepción. El piso de mosaico, que asemejaba al mármol, le hacía imposible pasar desapercibida. Con cada paso un estruendo le seguía, y a pesar de que su rostro se veía tranquilo, en el interior comenzaba a molestarse por aquello. Apenas estuvo cerca de la recepcionista esta le habló en un tono alto.
-Donde mismo – le dijo sin hacer contacto visual. Esto le molestó a Toga aún más, pero lo dejó pasar. Había algo más importante que debía atender.
Caminó hasta un ascensor, y en cuanto las puertas se cerraron, comenzó a vocalizar, para asegurándose de que había conseguido imitar la voz de aquella chica a la perfección. En pocos segundos pasó varias veces de bajo a barítono, deteniéndose en el tono exacto cada una de ellas. Inicio un pequeño monólogo con ella misma para confirmar que su voz era la correcta, mismo que terminó apenas se abrió la puerta de acero. Había llegado al penthouse. A diferencia del resto de pisos, en este no había un corredor con cuartos a lados opuestos, sólo una antesala con una única puerta. Dio tres golpes a la misma y pronto recibió una respuesta.
-Adelante. - una voz áspera y que carraspeaba le permitió el paso. A su entrada, dos hombres de traje negro la interceptaron. Un hombre mayor, que aparentaba tener alrededor de setenta, se encontraba sentado en un sillón reclinable, usando nada más que una bata de baño y unas sandalias. En su mano tenía una copa llena a la mitad con un líquido color ambarino, justo a un lado, una botella de licor del mismo color tenía su lugar. Con un sencillo gesto, el viejo le indicó al par de hombres que salieran sin mediar palabra alguna. Apenas salieron de la habitación y el clic del pasador se escuchó, Toga comenzó su actuación, no sin antes apagar el interruptor de la luz, que dejó iluminada la habitación, sólo con las luces de la ciudad.
- ¿Qué sucede primor? No te ves feliz de verme. ¿Es que no te gusta mi ropa? - Toga habló con una voz seductora y dio una vuelta sobre sí misma para hacer lucir su figura. Inicio una caminata, misma que adornó con un contoneo de caderas que completaba una sensual tercia de la muerte. Con un lento avance, llegó hasta el viejo, se puso sobre él, y colocó sus brazos alrededor de su cuello, repitiendo aquella desgarradora voz provocativa. - ¿O acaso el problema es que lleve ropa puesta? Porqué eso se puede arreglar. - Toga se quitó la capucha, desvelando su blusa blanca casi transparente. Sus senos amenazaban de manera peligrosa salir emerger de ella, debido a que los botones luchaban con toda su fuerza para no botar de su sitio. El viejo dejó caer su copa que manchó la alfombra que cubría el suelo entero de la habitación, y no perdió tiempo poner sus manos sobre el cuerpo de aquella fémina, cuyo simple olor era suficiente para hacerlo enloquecer.
Apretó con fuerza su trasero y besó la tela bajo la cual, aquel cuerpo ardiente le esperaba. - desvístete para mí. - dijo con una notable excitación. Toga se levantó de su regazo sin esperar a que se lo pidieran dos veces. Retrocedió hasta el centro de la habitación y preguntó una cosa.
- ¿Lento? - dijo sin perder aquella voz que inducía locura en los hombres.
-Muy lento – le respondió casi jadeando. Toga se dio vuelta, dándole la espalda e inicio su hipnótica danza. La tenue luz apenas podía iluminar su silueta, que con fortuna era no más que eso lo que ella necesitaba para atraparlo en sus fauces. Contoneó su cuerpo de manera lenta mientras uno a uno fue desabrochando sus botones, poco a poco fue retirando la tela y exponiendo su piel a los débiles rastros de luz que se colaban por la ventana. Su piel nacarada absorbía aquellos rayos, y los hacía parte de sí. Dejó que la tela blanca cayera al suelo y desapareciera, para así continuar con los pantalones. Sin dejar de balancear su cuerpo, tentando a su presa con señuelo cada vez más atractivo de su cuerpo desnudándose. Se arrodilló e inclinó su cuerpo hasta que su pecho llegó a tocar el suelo, con un avance milimétrico siguió quitándose la ropa hasta exponerse por completo. Giró su cuerpo para esconderse un poco en la penumbra y quitarse los pantalones con mayor facilidad, dando a cambio una vista de sus muslos y pantorrillas que se balanceaban imitando el oleaje de un mar calmo.
Recupero su posición dejando que la iluminación marcara el contorno de sus senos expuestos. Se irguió por completo para que la admirara en su totalidad. El viejo recuperó el aliento para hablar.
-Aún faltan tus bragas. - dijo relamiéndose los labios.
-Creí que querrías hacer eso tú. - dijo Toga que se acercó una vez más para sentarse en las piernas de aquel hombre y tomarlo del cuello también. Comenzó a contonear sus caderas, sintiendo como la erección del hombre crecía. El viejo se arrojó sobre ella para empezar a besar y chupar sus pechos. Los pezones de Toga se erectaron con rapidez, y el frotamiento se incrementó en velocidad también. De manera abrupta el viejo apartó sus bragas para introducirse en ella con violencia, lo que la hizo enterrar sus uñas en la nuca de él, cosa que lo excitó aún más y le motivó a incrementar la fuerza de la penetración. El viejo gemía y recorría frenéticamente el cuerpo de Toga, desde sus pechos hasta sus muslos, los cuales apretaba con fuerza, para luego golpear con la misma intensidad su trasero. Continúo embistiendo, gimiendo y golpeando, todo ese tiempo, Toga se había mantenido callada, pero al fin habló.
-¿Te gusta primor? - dijo silenciando un gemido que quería salir.
-Me gusta. - respondía él. Toga sujetó las manos del viejo y la apartó de su cuerpo, demostrando una enorme fuerza. Tomó el control de las embestidas y aumentó su intensidad hasta que los gemidos del viejo se tornaban poco a poco en quejidos de dolor. Forzó los brazos del viejo sobre su cabeza y con una sola mano sujetó las muñecas ayudándose con el respaldo del sillón.
-¿Y ahora te gusta? - Himiko cambió a su voz ordinaria y abrió un abanico de metal que en menos de un pestañeo se transformó en una navaja que clavó en la garganta del viejo. Intentando liberarse de aquello, la víctima libero una de sus manos y tiró del cabello de Toga con todas sus fuerzas, sorprendiéndose de arrancar únicamente su peluca. Toga comenzó a girar la hoja metálica, asegurándose de callar cualquier grito de su víctima con su mano libre. Toga jadeaba mientras mantenía el ritmo brutal de la penetración. Con su corazón acelerado y su sonrisa monstruosa desvelada, sacó la navaja del cuello y la hendió una vez más y otra y otra más. Los borbotones de sangre bañaban su cuerpo desnudo, recorriendo su piel y mezclándose con su sudor. Incrementó de nuevo la intensidad de su cadera acercándose cada vez más al clímax, que no se molestaba en ocultar, sus gemidos desquiciados retumbaban en la habitación convirtiéndola en una cámara de las pesadillas. Clavó una vez más el cuchillo en el cuerpo y con ello un espasmo de intensidad inconmensurable la hizo parar.
Toga jadeaba buscando recuperar el aliento, su corazón se encontraba desbocado y su cuerpo se sentía lleno de luz. El orgasmo había sido tan intenso que sus piernas no le permitieron levantarse de inmediato. El trabajo estaba hecho.
Lamento la espera anterior. Ojalá esto me redima un poco. ¿Les pareció intenso? Espero que sí.
No olvides comentar.
Nos leemos cuando nos leamos.
