- No me gusta. No me gusta Todoroki. No me gusta Iida. No me gusta Kirishima. No me gusta Kaminari. No me gustan, ni un poco y, sobre todo, no me gusta Bakugo. Eso lo tengo muy claro. Pero siempre que quiero decir en voz alta que no me gusta él, se me escapan las palabras. Quiero gritarlo en su cara. Quiero gritarlo tan fuerte que todos lo escuchen, pero no puedo, porque es una mentira y siempre que intenté confesarme, mi cuerpo me traicionó cada una de las veces . De verdad lo intenté. Demasiadas veces como para darles un número. Cada una de ellas fue un fracaso, jamás pude pronunciar dos simples palabras. "Te amo". No entiendo cómo cinco letras son capaces de paralizar mi boca con tanta facilidad.
Con el tiempo me convencí de que, si no podía decirlo, era porqué en realidad no lo sentía, y día a día me fui haciendo adicta a esa mentira. No fue difícil, él jamás se interesó en mí de esa manera. Es demasiado inocente para eso. Eso era lo que creía, y me equivoqué. Recuerdo muy bien cuando me dije a mí misma que debía dejarle esas preocupaciones a la Uraraka del pasado, ya había dejado de ser una niña. No podía seguir pensando en princesas y príncipes. Y lo intenté, con todas mis fuerzas lo intenté, sin embargo, no pude. Al final, sin ninguna forma de preverlo; me acerqué a Bakugo.
El baile de fin de año. Le habían ofrecido a Bakugo dar el discurso a nombre de los estudiantes. Claro, no sin antes pedirle entregar un borrador por escrito para que fuera aprobado. Entregó una hoja blanca con tres palabras en el centro. "ME DAN ASCO". Por supuesto que lo rechazaron e Iida tomó su lugar. De todos modos, lo obligaron a ir. Ese día todas las chicas; salvo Momo y Toru. Habíamos acordado ir juntas, cómo amigas. Momo fue con Todoroki y Toru estaba enferma. Una a una, fueron desapareciendo y me quedé sola, viendo cómo ellas bailaban con el resto de los chicos.
Él apareció de la nada junto a mí y, sin venir a cuento empezó a quejarse sobre la iluminación, la música, y en especial de la incapacidad de Kirishima para coordinar sus pies con los de Mina. Me harté de escuchar sus quejas y le respondí.
- Tal vez deberías sacar a alguien a bailar. Tokage de la clase B está libre.
- ¿Por qué iría a buscar a la chica lagartija si tú estás aquí? ¿Quieres bailar?
Nunca entendí el cómo esa invitación tan poco amable pudo hacerme sentir tan avergonzada en aquel momento, pero acepté al final. Ahí inició todo. Poco a poco nos fuimos haciendo más cercanos. Seguíamos sin dirigirnos la palabra en la escuela, seguíamos teniendo nuestros grupos de amigos por separado, ni siquiera nos volteábamos a ver durante el almuerzo, pero todo era diferente saliendo de ahí. Lo acompañé a hacer alpinismo, le mostré algo del estilo de combate Guns head, y me invitó a su casa a comer algunas veces. Fue así que descubrí que Bakugo no era un idiota pretencioso como siempre creí, sólo era su forma de guardar las apariencias. En el fondo, Bakugo era un nerd al que le gustaban los peluches, los cómics, y los superhéroes. No era tan diferente a Deku en ese sentido.
Todo se siente tan extraño cuando lo recuerdo. Ahora me encuentro sentada en la sala común, con las rodillas pegadas al pecho y una taza de té que ya se ha enfriado; intentando por todos los medios no voltear a ver a Midoriya. Se encuentra vistiendo un traje sastre a juego con sus ojos, incluso puedo notar por el rabillo del ojo a Kirishima dando palabras de aliento y a Mineta haciendo comentarios sexuales sin gracia. Tal vez nos conozcamos demasiado bien para que pueda saber eso sin siquiera escucharlo. Tras de él, Yao-Momo hace acto de presencia, se asegura de que todo en su vestimenta está en orden. Intento ignorarlos a todos manteniendo mi vista en el televisor y sorbiendo de a poco mi té, que ahora está completamente helado. Simplemente no puedo. El timbre suena. ¿Es ella? No. Mi corazón se detuvo por un segundo. Respiro aliviada al escuchar las voces de Mina y Jirou retumbado en el aire, siempre olvidan sus llaves. Tal vez intentando compensar ese paro momentáneo, mi ritmo cardiaco se aceleró en el instante que pude detectar una fragancia en el aire. Una tan familiar, que olvidaría mi propio nombre antes que aquel aroma. Y no pude contenerme más. Mis ojos se comenzaron a nublar de manera irremediable, incliné mi cabeza para ocultar mi rostro con mi cabello. Le había regalado una colonia a Midoriya al terminar el primer año, su propia madre me dio la idea, un regalo simple, pero simbólico, el aroma de un hombre dentro de una pequeña botella de cristal. El mismo aroma que estaba percibiendo en el aire. Una mano amable se posó sobre mí hombro, era Mina. Sin decir nada, ella y Jiro se sentaron junto a mí y me abrazaron. Quiero llorar, pero me resisto tanto como es posible a que las lágrimas broten de mis ojos.
El timbre suena una vez más. Mis fuerzas parecen evaporarse, pero Mina me consuela acariciando mi cabeza. Puedo escuchar su voz , siento cómo si me rasguñaran el interior del cráneo con cada palabra que pronuncia. Ignorando cada fibra de mi consciencia, levantó un poco la cabeza, lo justo para ver sobre el hombro de Mina. Es hermosa. Es inconmensurablemente hermosa. Una persona totalmente diferente a la que vi la primera vez. Quedé tan deslumbrada, que sin percatarme, estaba enterrando mis dedos en las costillas de Mina. Que paciente, evitó quejarse por bastante rato. Sus cabellos se veían como hilos de oro. Su piel parecía la de una muñeca, incluso con rubor en sus mejillas, pero sus ojos se veían igual de vacíos que antes.
Intercambiamos miradas por lo que me parecieron minutos. Esos ojos de ámbar opaco me causaron escalofríos. Sus labios se movieron dibujando palabras, que pude entender pese a la distancia. Escondí, de nuevo, mi rostro en el hombro de Mina. No quería saber nada más. Estoy completamente segura de lo que dijo.
"Te lo devolveré, esta vez."
Sigo sin estar convencida hasta ahora, estoy emocionada, pero también nerviosa, con algo de miedo. Es una situación tan excitante. Es un miedo diferente al que tengo con los trabajos de Dabi. Tengo casi una hora dando vueltas por mi habitación, desnuda la mayor parte del tiempo, mientras Twice insiste en arreglar un vestido horrendo para que me lo ponga en mi cita. Es muy feo. No lo quiero, no es lindo, cómo lo que uso para trabajar.
-Póntelo. – estiró el brazo para darme esa cosa espantosa.
No está tan mal, se siente bien usarlo, pero eso no lo hace bonito. Me lo quité y lo arroje, creo que cayó tras la cama.
-Deja de hacer eso. ¡Te ves grandiosa; cómo una anciana! – ese comentario me ofendió, se qué no es intencional, pero es justo cómo me siento usando algo así.
-No me gusta, quiero otro.
-No te haré otro. – cinco segundos después, estaba haciendo uno nuevo.
Dabi me pagó bien por el viejo, compré mucha ropa linda, pero dejó de gustarme cuando llegué a probármela por segunda vez. Nunca he tenido amigas, y ninguno de ellos entiende sobre cosas de chicas, excepto Magne, pero se molestará si le pregunto. Sólo puedo hablar con Twice, es bueno escuchando, pero no tanto para apoyarme. Quiero tener amigas cómo ella. Seguro que ella entendería, huele a enamorada.
Pero no creo que me ayudaría, voy a salir con su novio, eso no suele gustarle a las mujeres. Me gritan, y tratan de golpearme. No lo intentan lo suficiente.
-Tómalo, te verás horrible con éste. – Twice trabaja rápido. Este me gusta mucho más. Es negro, pero lindo. Tiene un bonito listón rosa en la cintura, no es una buena idea algo así en época de calor.
-Sin mangas. – Jin refunfuño un poco e hizo justo lo que le pedí. Ahora es perfecto.
-¿Segura que lo quieres así? – no me gusta el tono en el que dijo eso, sólo suele decir cosas así cuando se acerca una de sus crisis. Ya no son divertidas.
-¿A qué te refieres? – jamás he podido hacer cara de pocos amigos, esta hubiera sido una ocasión para eso.
-A eso – está señalando mis cicatrices. Tengo muchas, son cómo las rayas de un tigre. Del hombro al pecho, en la espalda baja, en las costillas y los muslos, y mi favorita va de mi seno izquierdo al ombligo. En eso nos parecemos.
-Sí, este es el que quiero.
-Estás muy triste, debe ser un gran chico.
-Eso creo, tal vez sea diferente. – los ojos de Twice comienzan a perderse, no quiero intervenir esta vez.
-La ne… ne… necesito… mi cara… necesito mi cara… mi cara – está tirado en el piso, no me gusta verlo así. La funda de almohada siempre funciona, sólo hay que ponersela en la cabeza. La encontrará tarde o temprano. Me voy.
El vestido me encantó, y se ve mucho más lindo sin esas mangas molestas. Unas medias completan el atuendo. Voy tarde. Mi Deku-lindo va a sorprenderse con el regalo que tengo para él, de verdad estoy emocionada, nunca he tenido una cita real, siempre he salido con hombres viejos, no con cualquiera, y no por elección. Dabi me paga bien por ellos, pero él se queda la mayoría del dinero, es un abusivo.
Oh, un perro, los perros son lindos, pero menos que los gatos, pero no me gustan tanto, rasguñan, y eso no me gusta, pero a veces es bueno, hacen sangrar.
Pastelillos, debería llevarle pastelillos, a todos les gustan los pastelillos. No, él es el chico, él debería de darme pastelillos a mí.
Ahora sólo puedo pensar en eso. Iré por algunos. Un minuto, yo las conozco, son amigas de Deku-lindo; pastelillos, ellas tienen, también quiero, entraron a la pastelería. Las seguiré. Las reconozco; la de pelo rosa estaba en la mesa aquél día, y la otra estaba vestida de manera diferente, pero la recuerdo. Iré tras de ellas y así sorprenderé a Deku-lindo. Una de las dos usa demasiado perfume, están muy lejos y puedo seguirlas por eso. Me gusta, huele lila y grosella.
Teníamos planeado encontrarnos, pero no voy a desaprovechar la ocasión. Lo tomaré con la guardia baja, será divertido. Ojalá esté pensando en mí. Quiero ver su cara cuando me vea. Sus expresiones me encantan, su cara de miedo y de confusión, son adorables, cómo un conejo aterrado. Pero me encantan aún más las expresiones de ella, sus ojos se cristalizan, es maravilloso.
No puedo ocultar mi emoción, apenas me estoy dando cuenta de qué he estado tarareando. La puerta del dormitorio está frente a mi. Llamando a la puerta, no me gusta el sonido del timbre. Se abre.
-Santas pelotas de Kudai. – El pequeño es quién abre la puerta, ese saludo no fue demasiado amable. Es la segunda vez que nos encontramos con una puerta de por medio, no debería sorprenderse.
-Hola, te veo otra vez, ¿está Deku? – el pequeño se quedó viéndome por un rato con la boca abierta.
-Sí, hola… yo… digo… pasa. Sí, eso… pasa. – al principio me pareció más elocuente. Ahora puedo ver con más detenimiento el lugar. Es espacioso, no hay cuadros en las paredes, pero sí flores. El perfume casi se disipa, pero no es eso lo que me importa. Deku-lindo está justo aquí, la princesa está atrás de él y el chico de dientes afilados también está aquí. Ninguno me quita la mirada. Mi Deku-lindo usa un traje. No me gusta. Trato de disimular. Puedo sentir otro olor sobre la colonia de anciano que también está usando. Huele a tristeza. Sobre el hombro de la chica de pelo rosa, puedo ver unos ojos vidriosos.
No puedo evitar sentirme increíble. Cruzamos miradas por pocos segundos, le doy la mejor sonrisa que puedo, sin estallar en risa. No te preocupes, "te lo devolveré esta vez."
Ahora estará puesta en Deku-lindo, la princesa ya se ha ido a acompañar a las demás en el abrazo grupal que tienen. Quiero unirme a ellas. Esta vez estaré ocupada con él. No me gusta cómo se vistió, usa traje. Se ve estúpido, los trajes son estúpidos, tendré que enseñarle a vestir cómo se debe.
-¿No te gusta cómo me veo? – la cara que pone mi bebé cuando le hablo es tan divertida, llena de miedo, pero sigue sin decirme algo bonito, tendré que castigarlo. Está sudando, no sabe lo que debe responder, debería ser obvio, soy una chica linda, merezco un cumplido.
-Te… te vez muy bien, muy bonita. – sus palabras me hacen ruborizar y me abalanzo sobre él para darle un beso, se lo ganó. La princesa interrumpe y me detengo a medio camino.
-¡Alto, no pueden hacer eso aquí! – gritó con mucha fuerza, ya no me agrada, aún menos que antes.
-Vamos "Súper Momo," no actúes cómo una anciana. – dijo el pequeño, creo que él si me agrada.
-No actuó cómo una anciana, sólo guardo las normas de comportamiento y moral del reglamento. – quiero picarle los ojos, quiero hacerlo ahora.
-Tienes razón, las reglas deben respetarse. – el pequeño se pavonea de manera graciosa. – no es cómo que "TODORIKO" se vaya a preocupar. Para futuras referencias, pongan una almohada entre la pared y la cabecera. – ahora la princesa está roja, huele a vergüenza, pero no me interesa. Sólo tomo a Deku-lindo de la mano y lo arrastro afuera. Era nuestra hora.
Las cosas no están bien. Mis manos no dejan de sudar. La corbata de Momo me asfixia más ahora que antes y no puedo decir algo diferente del traje. Vamos caminando y todas las personas se nos quedan viendo, que ella me esté tomando de la mano, no está ayudando. Debemos vernos muy raros. Ella se ve cómo una lolita gótica y yo… yo me veo cómo un trabajador de oficina. Debí hacerle caso a Kirishima y saltar por la ventana para jamás volver. Ni siquiera puedo dejar de pensar en todo lo que nos llevó aquí, y lo que me dijo que me haría si no aceptaba, esta sólo es la primera, no debo arruinarla, pero es demasiada presión.
-Aquí – dejamos de caminar, estamos a la entrada de un parque de diversiones. Gracias por el trabajo en con Night Eye, Mirio. – rápido, tengo una sorpresa. – su voz me saca de mis reflexiones, tampoco puedo evitar notar, que ella está ondeando una de las entradas justo en mi cara. ¿Cuándo las consiguió? No me percaté de eso, ¿ya las tenía antes? Acaban de abrir, así que no es posible. ¿Preventa? Tal vez no es importante. Un minuto ¿Dónde está? ¿En qué momento entró? Esta chica es extraña.
Finalmente la sigo, se ve muy emocionada, corre con toda velocidad a la primera atracción que encuentra en su camino, sin esperarme, no parece la misma chica intimidante de hace rato, de hecho, se ve por completo diferente. Parece casi una niña, tal vez no sea tan mala, no creo que alguien que se maraville con el carrusel pueda ser en realidad una mala persona. Vaya, ahora me estoy concentrando en ella, y de verdad se ve linda. Su cabello brilla mucho y su piel es cómo la leche, debería dejar todo fluir y tal vez todo vaya mejor, me desorienta que Mineta me diera ese consejo. El carrusel terminó y su rostro hace un puchero, sus mejillas se hinchan cómo globos, no le gustó que se acabara.
-Perdón , no pude resistirme, siempre quise subir a uno de esos, ¿qué quieres hacer ahora? – en verdad luce adorable. Pero antes de poder contestar, mi estomago toma la palabra. No tengo tiempo de avergonzarme cuando el suyo responde con un gruñido similar. Compartimos una breve risa antes de que me tomara de la mano, y me lleve corriendo al puesto más cercano. Un sitio parecido a una cafetería. Sin pensar, pide de inmediato a quien atiende la caja. – un chocolate frío, con crema batida y un muffin de red velvet. ¿Tú qué quieres?
-Yo… lo mismo, por favor. – Antes de que diga cualquier cosa, ella ya se sentó en una mesa y me llama con un ademan para hacer lo mismo, en verdad parece una niña.
-¿Quieres conocerme? – su pregunta me toma con la guardia baja, su semblante también es totalmente diferente. – yo quiero conocerte, pero no hablas, no muerdo, no en público al menos. ¿Por qué estás en la UA? ¿Cómo te hiciste las cicatrices? ¿Por qué Ochaco no es tu novia? ¿Por qué sólo tienes ropa interior de superhéroes? ¿Recuerdas mi nombre? – sus palabras salen tan rápido de su boca, que no puedo entender bien lo que dice.
-No te entiendo, habla más despacio. – intento hablar de manera amable, pero ella reacciona ladeando la cabeza, cómo lo haría un gato.
-De acuerdo, más lento. UA, ¿Por qué estudias ahí? – su expresión se relaja y comienza a chocar la punta de sus dedos mirándome fijamente.
-Bueno, mi padre estaba en la marina y jamás lo conocí. Mi mamá no podía pagar la universidad y conseguí una beca en la UA por eso. – jamás le había contado esto a nadie, además, el único que lo sabía lo de mi padre, era Bakugo. Es cómo si me atrapara. Sus ojos son enormes, y de un color dorado que me da escalofríos.
-Eso lo explica. – cambia su postura a una menos amenazante.
-¿Qué cosa? – respondo con genuino interés.
-Tu habitación. Se puede saber mucho de una persona por la habitación. Por ejemplo esos posters de tu cuarto con una figura híper masculina, musculosa y con frases inspiradoras, me decía que no tuviste una figura paterna con la cual identificarte, pensaba que habías tenido un padre adicto al trabajo y mi segunda opción era por una madre soltera. – Me quedo boquiabierto con todo lo que me está diciendo, pero ella continua.
-Lo siguiente, esos diarios que tienes en tu escritorio, donde haces notas que solo tú entiendes, me dice que tienes algún tipo de trastorno o algún grado de retraso. Apunto por asperger, por todos esos susurros raros que haces cuando estás concentrado. Y por cómo te pones tenso cuando me acerco mucho, diré que no tienes experiencia en interactuar con mujeres de manera interpersonal. Estoy segura de que jamás tuviste una novia antes, o al menos no una con la que hubiera más contacto físico que agarrarse de las manos. Pero creo que no recuerdas mi nombre. Soy Toga, Himiko Toga.
Sabía que esto sería incómodo, pero no a este punto. Me tiene acorralado, y me está asustando... pero creo que eso me gusta.
