NA:
El capítulo tardó un poco más de lo esperado debido a que lo corté para enfocarme sólo en estos dos. Les faltaba ser el centro de atención sin nadie más. Espero les guste. No olviden comentar si les gustó y con más razón si no. La parte faltante se extenderá para formar un capítulo independiente.
Nos leemos cuando nos leamos.
Midoriya estaba atrapado, Toga Jugaba con él de igual forma que un gato lo hacía con una bola de estambre, y si quería tener una oportunidad de defenderse, debía de tirar un golpe también.
- Espera, ¿qué te parece si hacemos un trato? - Midoriya cambió su postura encorvada a una recta. Por su parte, Toga miró con curiosidad a su hasta ahora, juguete personal, ese destello de asertividad le hizo fluir la sangre con más velocidad. En el fondo, el ambiente se disipaba para ellos dos, las máquinas chillando, los rieles vapuleados y gritos exagerados se degradaban en trinos céfiros. Solo existían ellos dos.
- Te escucho. - dijo Himiko posando su barbilla sobre sus dedos entrelazados.
– Yo haré una pregunta y tú respondes, después serás tú quien haga una pregunta, y yo te contestaré. - Midoriya inflaba el pecho, pensando en que había hecho un gran movimiento, digno de un jaque mate. Sin embargo, Himiko no se quedó de brazos cruzados.
– Me gusta la idea, pero no puedes responder con sólo un "sí" o "no", debes contar toda una historia o al menos una explicación Toga sonrió de manera en que los hoyuelos de sus mejillas se pronunciaron, dejando un semblante incómodo en su rostro, pero que fue por completo ignorado por Izuku, debido a que se encontraba en uno de sus monólogos internos, al regresar a la conversación, el rostro de Toga había vuelto a ser aquél aniñado y coqueto que reconocía.
– Muy bien, acepto tu condición, pero yo comenzaré. – Midoriya veía reafirmada su confianza con este movimiento.
– ¿Qué sucedió con "las damas primero", Deku-lindo? – Himiko trató de obtener una ventaja, quién preguntara primero dirigiría el ritmo, y ella no permitiría que Izuku fuese el guía en este baile.
– Yo tuve la idea sobre las preguntas, y tú sobre las respuestas, es justo que cada uno inicié con su propia estipulación. - Midoriya quería dejarle claro a Toga que no sedería sin pelear y eso consiguió.
– Está bien. - dijo Toga haciendo un puchero y cruzando los brazos – Puedes preguntar. – Midoriya saboreó el momento y analizó cuál debía ser la siguiente pieza a mover. Observó a Toga, su rostro era neutral, no distinguía una emoción en ella, por aquellos segundos admiró una clase de belleza distinta en ella, casi sobrenatural, y se cuestionó así mismo la razón de qué una chica con una belleza atípica se fijará en él, y así decidió su primera pegunta.
– ¿Po... por qué querías salir en una cita conmigo? – Toga se arrugó sobre si misma sin saber exactamente de donde le había llegado ese golpe, ella tampoco lo sabía a ciencia cierta, pero si quería tener alguna oportunidad de retornar la situación a su favor, no podía dar esa respuesta. Meditó en su silla por un instante y respondió.
– Me recordaste a alguien. Era casi idéntico a ti. Me gustaba cuando era niña, pero nunca se lo dije, creo que eso tiene algo que ver. – Toga sentía una extraña picazón en la lengua, no le incomodaba mentir, pero al tratarse de su pasado era diferente, nunca lo recordada de la misma manera, sin embargo, ahora lo sentía incorrecto. - pero lo principal fue que me gustó tu cara cuando me senté en tus piernas la primera vez. Te veías tan asustado y nervioso que no pude evitarlo. - Toga mantuvo una cara dubitativa mientras contaba aquella historia, sin embargo, en el interior sentía cómo las palabras quemaban su garganta con más intensidad que antes.
- ¿En serio? ¿Eso fue todo? ¿Qué sucede con lo que dijiste cuan… - Midoriya no pudo terminar aquella pregunta cuando fue interrumpido?
- Shhhh – Toga colocó su dedo índice sobre los labios de Midoriya de forma delicada. – esas fueron casi tres preguntas, Deku-lindo, es mi turno ahora. No importa lo que dije antes, importa lo que pasara ahora. – Himiko acortó la distancia entre los dos, se levantó de la silla e inclinó su cuerpo hacia adelante y depositó un beso en la comisura de los labios de Midoriya, cosa que lo hizo ruborizarse.
- ¿Te gustó? - Toga retomo su posición anterior y se quedó observando a Izuku con esa mirada seductora que había perfeccionado con los años.
- S…sí – respondió Midoriya tratando de ocultar su cara completamente roja.
- No puedes responder solo eso, está en las reglas. – Himiko hablo con una voz juguetona y se deleitó con la expresión confundida de su acompañante al mirarla.
- Espera un segundo… ¡Eso es trampa! – había perdido el control sin darse cuenta. Fue vuelto a ser una bola de estambre.
- Las reglas no dicen que no puedo hacerlo, pero si dicen que un "sí" o "no" individuales no son permitidos. – Toga inflaba el pecho con orgullo, de haber podido, se habría pavoneado por todo el lugar sin ningún tipo de recato. – vamos contesta.
- M… me gustó, me gustó p…porqué, eres una chica linda. – Midoriya hablaba con la cara por completo roja y evitando de forma rotunda el contacto visual, por su parte, Toga contemplaba atentamente al tímido conejo que tenía frente a ella, en su propia mente, ella era un zorro batiendo su cola a manera de batuta, y recibir los cumplidos era un premio extra. – y nadie se molestaría si una chica linda hiciera eso.
- Tú sí que sabes complacer a una chica. – Toga respondió de manera espontánea, luchaba con todas sus fuerzas para no perder el control y saltarle al cuello a su pequeño conejo y hacerlo pedazos en ses momento con amorosas dentelladas. – tal vez deberíamos hacer algo diferente, ya no tienes tu muffin y un parque de diversiones no es para sentarse a platicar. Volvió a prestarle atención al ambiente, el ruido estaba ahí, le estaba pareciendo molesto.
- Pero ni siquiera le he dado… ¿Te lo comiste? – Izuku vio el papel encerado de ambos muffins en el plato de Toga, se lo había quitado mientras estaba distraído.
- Sí, estaba delicioso, no puedes dejar abandonado algo así, estuviste distraído un buen rato. Prácticamente me lo pediste.
- Pero...yo no… – Midoriya se quedó observando y añorando el sabor de aquel muffin, estaba hambriento y, además, sentía que ella tenía razón.
- Mi turno. – Toga jugó con el tono de su voz exclamando aquello de una manera totalmente infantil.
- ¿De nuevo? – Deku se quedó boquiabierto ante la facilidad que Toga había mostrado para jugar con él. Estaba en verdad sorprendido, y pensó en sus adentros, que, a partir de ahí todo sería cada vez más interesante.
-Sí, de nuevo. No quiero tocar algo sensible, pero no puedo evitarlo, puedes saltar la siguiente si quieres, pero a cambio quiero hacer dos seguidas si lo haces. ¿Estás de acuerdo? - Izuku escuchó con atención a Toga y su voz interior le dijo que era hora de un contragolpe.
- Claro, creo que es justo en esa situación, también aplica para ti, si quieres saltar alguna pregunta. Pero ahora es mi turno. - los ojos de Himiko plasmaron que se había percatado de su error, el juego seguía sin estar cerca de su control total.
-Oye, eso no es justo, no era la pregunta. - Toga hizo una leve rabieta de niña pequeña, mas fue ignorada por Izuku.
-Hiciste una pregunta y yo respondí, es lo justo. Es mi turno. - Midoriya había recuperado un poco de confianza y no podía desperdiciarla.
-Está bien, pero no era la que iba a hacerte, tendrás que esperar a la siguiente para que se haga valida mi oferta. - Toga cruzó los brazos y apoyó todo su peso en el respaldo de la silla, lo que ocasionó que las patas delanteras se despegaran del suelo y que ella controlara el equilibrio con sus piernas. Midoriya tomó aire cómo parte de su proceso de concentración. Necesitaba jugar cada mano con sumo cuidado, la elección correcta no era sencilla, pero al final se decidió.
- ¿Quién eres? - Midoriya habló con firmeza. Durante unos segundos ambos establecieron un contacto visual durante más tiempo del que alguien llamaría incómodo. Se mantuvieron callados sosteniendo su mirada, estáticos, igual que un par de estatuas de piedra. Toga sabía que no se refería a su nombre, era algo mucho más profundo. Pedía algo que ni siquiera ella sabía.
-No me gusta este juego. - Himiko habló con una voz seca y cortante. Diferente a todo lo que había mostrado hasta ese momento. Sus ojos dejaban claro el disgusto que tenía.
- Entonces… ¿Saltas la pregunta? – preguntó Midoriya confundido, no estaba seguro si debía continuar tirando de esa línea.
- No, no más preguntas. – el rostro de disgusto de Toga desapareció y una mueca que buscaba asemejarse a una sonrisa tierna ocupó su lugar. – pero ya te había respondido esa. Soy Himiko Toga. Ahora, arriba. Estamos perdiendo mucho tiempo. Quiero ir a los juegos. – extendió su mano como señal de llamado para Midoriya. Él se mantuvo dubitativo unos segundos antes de hacer lo mismo. Observó el rostro de Toga por un par de segundos. Su expresión había cambiado, su sonrisa se veía más sincera e invitante a la complicidad. Con una notoria duda en sus movimientos entrelazaron sus manos para emprender el camino. El misterio sería mejor mantenerlo por ahora.
Continuaron con la velada hasta que el sol ya se había desplazado en el cielo, los rayos lentamente se tornaron anaranjados para luego desaparecer por completo, el viento sacudía con delicadeza las copas de los árboles susurrando los secretos que nadie podía entender, pero, aun así, el calor veraniego no amainaba apenas nada, con todo el lapso transcurrido hasta ahora, para Midoriya y Toga, el tiempo parecía haberse roto, el pasar de las horas les supo a pocos minutos, en los que apenas habían subido a las atracciones. Largas colas en las que una hora sólo servía para avanzar unos cuantos pasos, mismo tiempo que aprovecharon en largas conversaciones, no demasiado interesantes, mas no quedaba duda que fueron entretenidas. Midoriya incluso olvidó el motivo por el que estaba ahí y se dejó llevar por el momento.
-Ya es tarde. - dijo Toga mirando el firmamento. Las luces artificiales se habían encendido.
-Es cierto, el tiempo pasó rápido. - respondió Midoriya. - ¿Quieres irte ya? - preguntó de manera amable.
-No, no quiero. - Toga habló con una voz irritada, pero no se dirigía a Izuku, sino a sí misma. - pero tengo que regresar a mi casa. Debemos irnos. - iniciaron su camino hacia la salida y durante este, mantuvieron un afable silencio, que a cualquiera le parecería una indicación de una pelea de pareja o simplemente que se quedaron con la mente en blanco, sin embargo, el caso era completamente opuesto. Los dos intentaban encontrar el mejor movimiento para terminar el día con una victoria sobre el otro, aunque la casualidad tenía otros planes.
Midoriya se detuvo en seco. Toga dio unos cuantos pasos antes de notar que su compañía se había quedado atrás. Sin decir una palabra, giró su cabeza para observar lo mismo que Midoriya, y aunque no lo entendió al principio, supo la razón al enfocarse un poco más. El puesto de premios tenía un gigantesco peluche de All-Might, su personaje de comics favorito. Toga se relamió los labios de manera animal y se convenció al instante de que debía usar esa oportunidad.
- Lo quiero. - dijo el optimista Midoriya para sí. Siendo Toga la única otra persona que persona que escuchó. Colocó de manera enérgica el dinero sobre el mostrador, su rostro dejaba claro que se había olvidado de su cita. Himiko se percató de aquello con una simple mirada. No podía permitirle salirse con la suya.
- ¡Quiero ese! - Toga Rompió la concentración de Midoriya, a lo cual, él volteo con una cara confusa y observó a la chica extendiendo el brazo y señalando con firmeza el estante de los trofeos. Estaba señalando un enorme muñeco de un conejo rosado, que además tenía un cuerno de unicornio y alas. La boca de Midoriya quedó abierta. - ¿Qué sucede Deku-lindo? ¿Lo conseguirás para mí? - Midoriya no hizo absolutamente nada.
-El juego es simple, muchacho... - dijo el encargado, ya había tomado el dinero de la barra, eran las ultimas monedas que tenía, así que debía decidirse por el conejo mutante o Chibi-Might y todo eso en caso de ganar. Se había colocado la soga al cuello sin enterarse. - ¿Escuchaste, muchacho? - el hombre sacó a Deku de su transe que sólo pudo mostrar cara de no entender. - las reglas. ¿Las escuchaste?
-No, lo siento. ¿Puede repetirlo? - Midoriya hablo en un tono en extremo sumiso.
-No te preocupes, el amor nos pone tontos a todos. - el hombre volteó a ver a toga unos segundos y regresó a Izuku para darle a una sonrisa cómplice, antes de que el sonrojado Deku pudiera explicar las cosas, fue interrumpido por la repetición. - tienes tres oportunidades. Tres dardos. Debes reventar tres globos del mismo color para conseguir un premio grande. - señalo al conejo y al All-Might en la estantería superior. - con dos iguales y uno distinto, obtienes uno pequeño. Uno de esos. - señaló unos muñecos de peluche de colores brillantes y de notoria baja calidad, algo que sólo un perro juguetón podría disfrutar. - si revientas tres de diferente color, obtienes un tiro extra; debes conseguir el par para el premio pequeño o pierdes. Y claro si fallas alguno de los tiros, pierdes de igualmanera.
-Vamos, Deku-lindo, yo sé que tú puedes. - Toga abrazó con fuerza el brazo izquierdo de Midoriya y este pudo sentirla frotando sus senos contra él. No era su imaginación, ella quería desconcentrarlo, él lo sabía. Detrás de esa sonrisa infantil, se encontraba un astuto animal que se preparaba a saltarle al cuello. Himiko se apartó, asegurándose de mantenerse dentro de la visión periférica de Izuku. Por su parte él estaba analizando los dardos que el encargado le había dado, y cómo no podía ser de otra forma, lo hizo susurrando en su manera característica.
-Bien, parece que su peso es de alrededor de los cien gramos, su punta es ancha, y está redondeada; tiene sentido, no hay razón para hacérselo fácil a los concursantes. Tampoco tiene aletas o algo parecido, por ende, no ira en línea recta. La forma también es incómoda para sostener, y arrojarlos. - posteriormente comenzó a hacer los cálculos mentales para tener el tiro perfecto. Sin dejar, claro, de susurrar para él mismo. - hay unos tres metros de distancia, los globos no están anclados inmóviles en la pared, sólo el nudo, por lo que, si no les doy en el centro, se moverán y fallaré... Lo tengo. - Midoriya mostró una mirada firme y llena de confianza. Estaba preparado, no se dejaría desconcentrar por Toga.
Midoriya tomó el primer dardo y apuntó directamente al centro del globo, uno de color rojo. No lo arrojó con toda su fuerza, sólo con la necesaria, y el globo estalló, el dardo terminó enterrado en la pared, incluso el encargado se sorprendió de aquello, no había sido un tiro potente. Tomó el segundo y repitió la acción, el segundo globo rojo estalló, con el pecho inflado Midoriya se dispuso a repetir la hazaña por tercera vez. Se tomó unos segundos para respirar, y arrojó de nuevo el dardo contra el último objetivo, medio segundo antes de que se deslizara de sus dedos, algo le hizo romper la concentración.
- ¡Sí lo consigues te dejo meterme la lengua donde quieras! - Toga gritó tan fuerte que pareció que todos en el lugar pudieron escucharla, ya que estaban volteando a verlos a ambos. El dardo golpeo en uno de los lados del globo, pero no tenía la fuerza de golpe necesaria ni el ángulo y por eso rebotó para caer al piso, había perdido, no sólo el All-Might, también había perdido contra Toga. Sin embargo, en ese momento, Midoriya estaba más preocupado por lo que su cita había gritado a todo pulmón.
- ¿Qué estás haciendo? - Izuku se encontraba con la cara completamente roja mirando alrededor a todos los que tenían los ojos clavados en ellos. A lo lejos, pudo escuchar que alguien decía "estuviste cerca, hermano".
- Lastima Deku-lindo, tendrás que esperar hasta la quinta cita.
-Pero... tú dijiste tres. - Midoriya ya no estaba consciente de lo mucho que se podía hundir todavía.
-Las cosas ya cambiaron. Ignorarme de forma tan grosera amerita un castigo. - esta fue una de las pocas ocasiones en las que los dos hablaban de cosas diferentes. Toga sonrió de forma petulante mirando a Izuku - pero no te preocupes, te daré un premio de consolación. - Midoriya se quedó confundido. Ante él, Toga hizo aparecer un pequeño monedero, del cual, tomó un billete.
- ¿De dónde sacaste eso? - preguntó Izuku confundido.
-No te preocupes, ya tendrás oportunidad de descubrirlo. Toga le guiño el ojo de manera coqueta. - Una ronda más señor. Quédese con el cambio. - a el hombre le brillaron los ojos, se quedaba con el sobrante equivalente a cinco rondas.
-Muy bien señorita. Aquí están sus dardos.
- ¿Hay algún problema si me alejo un poco? - el tendero negó aquello, no sin antes aconsejarle lo opuesto, pero Toga no le escuchó y se encargó de dejarlo muy claro. Se alejó del puesto varios pasos. Entre sus dedos, sujetaba los dardos por la punta. Toga se colocó en posición de lanzamiento, tres globos de color verde eran sus objetivos, no era fácil, pero no pensaba en eso. Toga hizo un desplante con la pierna izquierda, típico de baseball, salvo que colocó su pierna en posición totalmente vertical, casi tocando su cara, y así exponiendo su ropa interior sin ninguna clase de pudor, tanto a Midoriya cómo al grupo de curiosos que se habían formado a su alrededor después de grito anterior.
Arrojó los dardos con tanta fuerza que se escuchó un zumbido durante su trayectoria, seguido del estallido de tres globos. Todos los presentes ovacionaron con aplausos y silbidos aquel momento, no por la proeza, sino por el espectáculo que ella había dado. Por otra parte, Midoriya la veía con la mandíbula desencajada.
-Muy bien señorita, su premio. - el tendero le extendió a Toga el conecornio intentando ocultar que él era quien más se había sorprendido.
-No, ese, por favor. - Himiko señalo al All-Might, y el tendero hizo caso al acto para entregarle su premió. Tenlo, es tuyo. - Izuku demoró unos segundos en aceptar aquel gesto de Toga y tomar el peluche. - una vez más, el público festejó esto, y añadió un cántico especial en esta ocasión.
- ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! - gritaban enloquecidos, Deku sabía que era un gesto en forma de burla. Sin embargo, Himiko estaba ruborizada por la situación.
- ¿Y bien? ¿No le darás al público lo que quiere? - el rostro de Midoriya ardía a simple vista. Por un lado, los cánticos y por otro Toga cerraba la distancia. No había tiempo de pensar, no podía planear, solo podía actuar. Se dejó llevar por su instinto y cerró tanto los ojos cómo la distancia entre ellos, para depositar en sus labios un tímido beso, seguido de uno correspondido. Una nueva ovación del público no se hizo esperar, pero no había nadie más para ellos dos. Ambos abrieron los ojos e intercambiaron miradas. Midoriya observó un par de orbes ambarinos distintos a los que había visto todas las veces anteriores, estos eran grandes, hipnóticos, luminosos ojos tiernos.
