Capítulo 9
Midoriya ya se encontraba agotado; no en el ámbito físico sino en el mental. El juego de "va y ven" entre ellos dos, lo había dejado exhausto. Al mismo nivel que un examen de gran importancia. Lo único que quería, era llegar y tirarse sobre su cama para dormir, sin embargo, sus amigos dentro del dormitorio tendrían otros planes, y llegar le tomaría un tiempo. Andaba con paso lento. Sus pensamientos se arremolinaban dentro de su cabeza de manera inmisericorde. No sabía qué sentir. Cargaba con el peluche de Chibi-Might sobre la espalda, pero le daba la sensación que pesaba igual que un costal de piedras. ¿Sería ese el peso de su consciencia? ¿Por qué? Sólo tuvo una cita con una chica. Una chica intimidante, que lo estaba chantajeando y que seguramente estaba loca, no, indudablemente estaba loca. Pero comenzaba a creer que le gustaba esa locura. ¿Eso es malo? Lo más seguro es que lo fuera, pero, ¿Qué tal si no lo era? La sensación de peligro le parecía estimulante, aunque había algo más que no lo dejaba tranquilo. Una pequeña espina que logró ignorar durante la velada, pero, ahora que se encontraba sólo, parecía más cómo un puñal clavado en el pecho.
Uraraka le confesó sus sentimientos hace apenas una semana, y no habían hablado de verdad desde ese momento. Se vio tentado a volver a hablar con Mei al respecto, pero sus chocolates no eran baratos, y tampoco creía que pudiera ayudarle en este asunto en particular. Ellas dos jamás habían tenido la mejor relación, aunque el desprecio era más unilateral del lado de Ochaco. Siempre sintió hostilidad de su parte contra la ingeniera, pensaba que era a cusa de sus personalidades opuestas. Ahora se daba cuenta de que eran los celos.
Si había una cosa qué jamás le pasó por la mente, esa era que alguna chica se interesaría en él. Y al ponerse a pensar, cayó en cuenta de que había conseguido más de lo que esperaba jamás pasaría. Su primer beso pasó a los diecisiete con Melissa. Una excursión de lo más memorable, en especial poniendo sobre la mesa su situación familiar. Su primera vez ocurrió poco más de un año después, casi a los diecinueve con Mei. Kamino dejó a todo el mundo muy tenso durante aquella época, incluyéndolo. El taller de Mei le sirvió de escondite en aquellos días. Un acuerdo mudo en donde se negociaba con unos tragos de wiski y se firmaba en un colchón inflable, no era algo de lo que estuviera orgulloso, y la única persona a la que le había contado en su momento, fué a Uraraka, lo que ahora le parecía la peor elección de su vida. Ella también despertó sentimientos en él, sin embargo, en ningún momento los cuestionó. Jamás se puso a pensar en si le gustaba de esa manera, y ahora estaba con Toga. ¿Quería realmente estar con ella? De hecho, ¿quería estar con cualquiera?
El tornado de ideas que invadían a Midoriya alcanzaba su punto máximo, al grado que movía sus pies por instinto, y mantenía la mirada fija en el suelo. No se dio cuenta del obstáculo contra el que iba a chocar. Su andar se detuvo de manera abrupta contra lo que pensó en un inicio, era un poste de luz, o una pared, pero, al alzar su mirada vio una espalda, solida cómo una roca; cubierta por una chaqueta color verde oliva.
-¿Quién te crees para empujarme, basura? - Bakugo giró rápidamente para encarar al pobre diablo que había osado cometer aquella afrenta contra su persona. Al encontrarse con unos ojos verdes conocidos, no pudo sino enfurecerse más, sin embargo, su rabia fue apaciguada por una acción inesperada.
-Lo siento. - Midoriya pasó de largo sin darle importancia a lo sucedido. De haber sido un desconocido, le habría tomado un poco más atención al asunto, sencillamente no tenía cabeza para nada en aquel momento, y ver un rostro conocido, no consiguió sacar a su cerebro del "piloto automático."
Pese a lo molesto que se encontraba Bakugo por ser ignorado de una manera tan flagrante, conservó la mesura en el momento, supuso que algo muy gordo debía pasarle a Deku para que actuara de manera tan atípica. Katsuki se sobó la cara. Todavía tenía la cinta adhesiva en la nariz para evitar que se abriera el corte que le hizo Uraraka en su pelea junto al otro corte producto de que le reventara el labio. Se había metido en una situación que no le interesaba, y le gustara o no, ya era muy tarde para delegar responsabilidades. Si ya había ayudado a Uraraka a su manera, tenía que aclararle de la misma forma las ideas a Deku. Emprendió el mismo camino que su compañero, con la misión de "ayudarle" a encontrar una respuesta. Ya fuera de un modo u otro.
Sin inmutarse por el percance anterior, Midoriya volvía una y otra vez al punto de partida. Aquella noche en la que despertó en esa situación comprometedora. Seguía teniendo una gran cantidad de lagunas, y preguntar a sus compañeros había servido casi nada. Sabía qué era poco probable que algo en esos huecos le diera las respuestas que quería, y comenzaba a sentir que no era más que un inútil capricho, sin embargo, algo en la historia de Toga no le cuadraba.
Él no era un viejo adinerado, ¿para qué concentrarse en él y no en algún otro individuo así? ¿Por qué actuó de una manera tan diferente a lo que Toga dijo que supuestamente debía pasar? ¿Por qué insistió en las citas, cuando podría estar con literalmente, cualquier otro? ¿Estaba jugando con él? ¿Era una clase de treta para hacerle lo mismo que a aquellos hombres? ¿Por qué amenazarlo con la policía, si después de la última cita él era libre de elegir continuar la "relación" o terminarla? Tenía muchas dudas y cada que se hacía, llevaba consigo dos más. Solo tenía unas pocas cosas claras.
El cumpleaños de Kaminari comenzó en el bar de la U.A. En algún momento, llegaron al A.F.O. Toga se acercó a él y dejó a Kirishima sólo. Terminaron en la cama y ahora estaba metido en este embrollo. Necesitaba algo más para unir las piezas, pero no sabía lo que era.
El juego que habían mantenido le dio otros datos interesantes, aunque su utilidad era dudosa por ahora. Toga se sentía estimulada por los desafíos, y por reafirmar una postura de superioridad. Algo poco específico. Tanto Bakugo, cómo Yaoyorozu solían hacerlo, con enfoques diferentes tal vez, aún así era en esencia lo mismo.
Las piezas faltantes del rompecabezas estaban ahí, en algún lugar, mas no podía preocuparse por ellas debido a que no encontraba el lugar de las que ya tenía.
Un suspiro de frustración escapó de su boca, marcando una pausa en su introspección. Requería un descanso de si mismo; apagar su mente para poder retomar todo desde otro punto y así, con suerte, tomar el camino correcto. Sólo había un problema, no sabía cómo hacerlo.
Mientras tanto en U.A. ...
-¿Seguros qué esto es necesario? – Kaminari y Mineta se encontraban sentados en la sala. Frente a ellos Sato, Shoji y Kirishima estaban parados uno junto al otro, a una distancia de dos brazos entre cada uno.
-¡Por supuesto que es necesario! La competencia es la próxima semana, ya no hay tiempo para prácticamente nada y necesitamos que alguien nos evalúe de forma preliminar.
-¿Y por qué tenemos que ser nosotros? – Mineta tomó la palabra, se notaba la incomodidad en su voz. – esto es extraño.
-¿Qué tiene de extraño? – preguntó Sato.
-¿Por dónde empiezo? Estoy en un cuarto, sentado, viendo cómo tres tipos musculosos, aceitados, y en tanga posan, mientras aprietan las nalgas. Estoy seguro de que hay mucho porno gay que empieza así.
-Si alguien lo sabe eres tú, sin duda. – Shoji rompió su silencio y junto a él, todos, salvo Mineta soltaron una carcajada.
- Ja ja ja. Si, muy graciosos, púdranse los cuatro. – Mineta se cruzó de brazos y se arrugó sobre sí mismo.
- ¡Vamos, Mineta! ¿Qué podría ser más varonil que admirar el cuerpo masculino cómo debe? Así es cómo se tiene que alabar la fuerza de un hombre hecho y derecho. Dejar fluir la testosterona y sentirse orgullosos de ella. – en su mente, Kirishima estaba dando un discurso inspirador cómo nunca había sido hecho, sin embargo...
- ¿Sabes cómo sé que eres gay? – Kaminari continuó con la broma de Mineta.
- ¡Qué demonios están haciendo! – una voz estremecedora rompió el ambiente de risas de los muchachos, sus caras apuntaron en dirección a la voz y se encontraron con Yao-Momo, Mina y Jiro. Todas tenían una cara sonrojada. Momo tapaba su rostro con las manos Mina desviaba la mirada a otro lado y miraba a Kirishima por el rabillo del ojo. Por su parte, Jiro gritaba exigiendo respuesta.
- Ah… ¿No homo? – respondió Kaminari.
- ¡Eso no responde mi pregunta! – gritó Jirou con la cara roja.
- Estamos preparándonos para la competencia de la semana que viene. Es un preliminar. – contestó Shoji con su tono pasivo común.
- ¡Y por qué demonios están medio desnudos en la sala! – gritó de nuevo Kioka.
-Noche de chicos. – respondió Kaminari con la naturalidad patosa que enfurecía tanto a Jiro.
- ¿Qué dijiste? – contestó Mina con voz distraída.
-Noche de chicos. – volvió a responder Kaminari.
-Eso es lo más estúpido que he escuchado. – dijo Jiro con una voz rabiosa.
-Tal vez sea estúpido, pero también es tonto. - soltó Mineta apoyando a su amigo.
- ¿En serio van a hacer algo así? – Mina terminó por tomar la palabra, pero ahora, su cabello se veía erizado.
Los chicos se voltearon a ver entre ellos buscando una respuesta, a favor o en contra. Todos asintieron.
- ¡Sí! ¡Hoy es noche de chicos y las… - Antes de que Kirishima pudiera terminar lo que iba a decir, una voz explosiva lo interrumpió.
- ¿Momo, todavía tienes esas botellas de vino? – habló Mina dejando al pobre Kirishima con la palabra en la boca.
- Sí ¿por qué? – respondió Yaoyorozu de manera tímida.
- ¡Noche de chicas! – gritó Mina. Los ojos de Momo y Jiro se encendieron.
-Voy por Tsuyu y Uraraka. – Jiro salió corriendo del lugar haciendo temblar el lugar con sus enormes botas.
- ¿Me ayudas con las copas y las botellas? – preguntó Momo con el entusiasmo reflejado en el rostro.
-Claro, llevemos todo a mi cuarto. Podemos ver algo en mi computadora. – respondió Mina
-Mejor la mía, tengo un microondas y podemos hacer palomitas.
Mina y Momo desaparecieron del lugar, ignorando por completo a sus compañeros.
-¿Qué acaba de pasar? – preguntó Kaminari al resto de los presentes.
-Nos robaron la idea, y lo hicieron mejor. Ellas tienen alcohol. – contestó Kirishima.
Los muchachos vieron a sus compañeras alejarse a la distancia, mientras que ellos se mantenían inmóviles mirándose entre ellos. Hasta que una pequeña chispa brotó entre todos, y en sus ojos veían que todos habían tenido la misma idea.
Tan pronto cómo todos asintieron, Mineta y Kaminari corrieron escaleras arriba y Kirishima hizo lo mismo para alcanzar su teléfono que se estaba cargando en la cocina. Shoji y Sato lo siguieron de cerca para llegar a la alacena y el refrigerador.
La escena era perfectamente coreografiada.
Unos minutos después, Mineta y Kaminari regresaron. El pequeño Mineta tenía una bolsa de papel en sus manos y Kaminari llevó consigo un estuche de color negro.
-¿Ya llamaste a Bakugou? – le dijo Kaminari a Kirishima.
-Estoy en eso, no hablen. – respondió el chico de pelo rojo. – ¿ustedes tienen todo?
-Sí, no te preocupes. – contestó Mineta.
Bakugou respondió la llamada de Kirishima, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, el chico explosivo respondió de mala manera a su amigo, cómo era costumbre y colgó la llamada vociferando algo de manera ininteligible, tanto para Kirishima, cómo para el resto de los presentes, que pudieron escuchar, debido a la particular forma de gritar de Katsuki.
· Dice que no contemos con él. – respondió Kirishima a la pregunta que se había formado en la cabeza de sus compañeros. – Supongo que seremos nosotros y ya.
· ¿Qué hay de Todoroki y Midoriya? – dijo ágilmente Kaminari.
· No lo sé. – Midoriya salió con esa chica. No creo que regrese hoy. – Mineta se adelantó al resto de los muchachos, quienes habian cambiado su expresión buscando una respuesta a lo que habían escuchado, Minoru se levantó del sillón, y continuó con su respuesta. – es decir, las drogas y los videojuegos no están mal, pero si yo tuviera que escoger entre "eso" y "esto"- Mineta acompañaba su punto con señas de manos sugerentes, que no requerían de mayor entendimiento por parte de las personas que lo conocían bastante bien. – creo la elección sería obvia. De hecho incluso siento envidia.
· Bueno, tienes razón en eso. – Sato respondió el comentario con una parsimonia habitual en él. – pero conociendo a Midoriya, no me parece que él haría algo así, no es su estilo.
· No podemos asegurar nada ahora, quiero decir… Hizo "eso" con alguien y ahora está en una cita. No sé ustedes, pero eso no lo hubiera visto venir, ni en un millón de años. – dijo Kirishima con un gesto de introspección, ya que justo había estado junto a Izuku cuando se encontró a aquella chica en el A.F.O.
· Espera… ¿no sabias que se daba a la tipa del taller de materiales? – contestó Mineta alzando la voz.
· ¿A Mei? – dijo Kaminari con sorpresa en su voz. Misma sorpresa que se vio reflejada en el rostro de los otros presentes.
· ¿Cómo sabes eso? – preguntó Shoji.
· Un día fui a buscarlo allí y los vi. No creo que sepa que lo sé. – le respondió Mineta.
· No voy a negar que eso puede cambiar la percepción que tengo de Midoriya. – dijo Shoji.
· Sí, estoy de acuerdo. No parece, pero es un "pussydestroyer" en toda regla. – sentenció Mineta.
Tsuyu, Kioka y Ochaco regresaron con prontitud, por lo que tuvieron la oportunidad de encontrar a los muchachos con sus preparativos, y de escuchar a la lejanía su conversación. Sato se encontraba en la cocina, mientras que Mineta y Kaminari preparaban algo en la mesa de centro, y finalmente Kirishima conectaba una consola a la televisión. Fue éste último quien notó su presencia.
· Hola, pediremos pizza, ¿quieren? – se dirigió a las chicas con esa voz entusiasta.
· No se hagan estúpidos. Desde aquí puedo ver la hierba que Sato le va poner a sus brownies. – respondió Kyoka con voz un tanto rabiosa.
· Pero también vamos a pedir pizza, para acompañar. – le contestó Kaminari.
· Son lamentables. – sentenció Kyoka para retirarse mientras era seguida por Uraraka y Tsuyu.
Algo de lo que los muchachos se percataron muy tarde, era que las chicas habían escuchado su conversación anterior, incluso con sus personalidades distraídas, pudieron ver que Uraraka reflejaba eso en su rostro. La mirada evasiva y su postura derrotada lo dejaban claro. Aún así se dieron el lujo de hablar al respecto de ello.
- ¿Saben lo que significa? – Mineta rompió el silencio. - Que Urarka le va a poner veneno para rataa tu comida, ella cocina mañana. – le respondió Sato. - No... espera, ¿qué? ¿crees qué lo haría? – respondió Mineta que barajeó la posibilidad de eso en su mente. - No lo sé, siempre es quién menos esperas. – contestó Kaminari. - Eso es lo que digo, Midoriya lo hizo con una chica super-libre.
- Siempre creí que serías tú – Kaminari señaló a Mineta. - lo sé, es extraño. – continúo Mineta – pero no me refiero a eso.
-¿Entonces a qué? – Kirishima tomó la palabra.
- Qué Uraraka perdió su oportunidad, para siempre. – Soltó Mineta con
Las palabras de Mineta llenaron el ambiente, coincidiendo con el silencio inintencionado del resto de los presentes. Retumbó en las paredes del lugar y llegó a oídos de las chicas, que se encontraban subiendo en los últimos peldaños de las escaleras.
· No entendí. ¿Se supone que no recuerdan nada o qué recordaron algo al final? – preguntó Mina rascando el fondo de su tazón de palomitas.
· Creo que no recordaron nada, pero sentían una conexión. – le respondió Kyoka.
· En realidad, la pulsera y la bufanda son una metáfora del hilo rojo del destino. Estaban hechos para terminar juntos. – Sentenció Yaoyorozu.
· ¿Por qué le hacemos caso a Yao-Momo sobre las películas? – volvió a preguntar Kyoka.
· La cuenta es de ella. – respondió Tsuyu.
· ¿Y si mejor jugamos un juego de bebida? – dijo Mina, que tenía una baja tolerancia a las películas de Momo.
· La vida ya es un juego de bebida. – las chicas rieron ante el comentario de Jiro, pero notaron que faltaba una voz en aquel entorno.
Ochaco se había mantenido callada y pensativa durante bastante tiempo, cosa que no pasó desapercibida por sus amigas. Había tenido varias cosas dándole vueltas a la cabeza los últimos días, y ni siquiera un momento de calma podía distraerla de ellos.
-Uraraka – Mina intentó sacarla de su trance, sin resultado.
-Uraraka – Jiro tomó el siguiente intento.
-¡Ochaco! – Tsuyu elevó la voz y al final consiguió su cometido.
-¿Oh? – Ochaco reaccionó ante el llamado, pero su rostro dejaba ver qué no había vuelto a la realidad del todo.
-Te estamos hablando, responde. – dijo Jiro.
-Ah, sí. Los hombres son estúpidos. – sentenció Ochaco.
-Sí, eso es consenso general, pero ya no estamos hablando de eso. – dijo Mina con un poco de sorna en su voz.
-Lo siento, ¿de qué estamos hablando ahora? – respondió Ochaco con la cabeza aún ida.
-Bueno, podríamos hablar de la boda de Nejire. – dijo Mina.
-Ah, eso. ¿ Qué hay sobre ella? – contestó Uraraka.
-¿Vas a ir? Tú y Tsuyu son muy amigas de ella. – contestó Momo.
-Yo iré, no me puedes dejar sola. – le dijo Mina, poniendo cara de niña regañada.
-Tú irás con Kirishima, vas a estar con él todo el tiempo. – le respondió Tsuyu a la chica de pelo rosa.
-¿Qué clase de amiga crees que soy? – dijo Mina con falsa indignación.
-Momo y yo lo vimos hace rato, yo no me despegaría de "eso" tampoco. – dijo burlonamente Kyoka.
- Mi novio la tiene cómo toro, no me van a hacer sentir vergüenza por eso. – dijo Mina sorbiendo de su copa a la misma vez que inflaba el pecho.
- ¿Escuchaste eso delegada? Se supone que las relaciones entre estudiantes están prohibidas. – Kyoka se dirigió de manera burlona a Yao-Momo.
- Yo no escuché nada. – Momo dío un sorbo a su copa de vino mientras desviaba la mirada.
- Claro, cuando te conviene. "Todoriko" – se burló Kyoka, cosa que se causó la misma reacción de sus compañeras. Incluyendo a la hasta hace un momento apática Ochaco.
- Bueno, ya estás más relajada. ¿Qué sucede? – le preguntó Yao-Momo a Uraraka con ese tono maternal que tenía.
- Sólo estaba pensando, en qué tal vez Mineta tenga razón. – la voz de Uraraka sonó sombría, casi de alguien que exhala pura tristeza.
- ¿Segura qué estás bien? – Momo colocó su mano sobre la frente de Ochaco para medir si tenía fiebre. – no te sientes caliente. – repitió ese tono digno de madre preocupada.
Uraraka rememoró lo que había sucedido hace unos minutos. Kioka había aprovechado la mente distraida de Uraraka para contarles a Mina y Momo lo acontecido de manera breve. Por lo que todas estaban al tanto de porqué su amiga se encontraba así.
Ochaco se estaba rodeada por sus amigas. Personas en las que ponía su entera confianza y a quienes no le avergonzaba mostrar su lado patético. Por esa razón, lo que dijo Yaoyorozu a continuación, la sorprendió
-Sin ánimos de ofender, Uraraka, pero si crees que eso es verdad, eres una idiota. – la forma de hablar de Momo causó shock en todas las chicas. Pocas veces habían salido palabras de ese tipo de su boca y aún menos contra alguna de sus compañeras. Yaoyorozu cambio su postura y de inmediato tomó un aire imponente. – Midoriya mismo me dijo que esa chica le aterra, y no hay que ser un genio para darse cuenta de que ella lo pone incómodo, pero todas conocemos cómo es él. Es incapaz de decirle "no" a quien sea. Está con ella porqué no puede rechazarla abiertamente, no es parte de él hacer eso.
-¿Te lo dijo? – preguntó Mina, quien fue la única que pudo articular palabra.
-Se lo dijo así mismo, pero yo estaba ahí junto a él. No se ha quitado la manía de susurrar. – Momo miró directamente a los ojos de Ochaco para hablarle con aún más énfasis. – No hay humillación peor que la de no haber intentado algo. ¿Qué harás?
Midoriya estaba aún más adolorido, que antes. Mental, física y emocionalmente se encontraba exhausto, su cabeza había sido sacudida de todas las maneras posibles y aún sentía que no tenía control en absoluto de su situación. Si bien, Bakugo acababa de ayudarle a poner los pies en la tierra, seguía sin tener el mapa para encontrar el camino correcto. Pero dicho trayecto importaba poco en ese segundo exacto, a pesar de que ansiaba que la respuesta fuera tan simple cómo seguir la senda de baldosas amarillas, tenía muy claro que primero necesitaba desviar por la senda que le llevaba a Uraraka.
Respiró tan profundo cómo pudo y se dejó caer en los brazos de Morfeo poco a poco. Tenía decidido hablar con ella por la mañana. Sin embargo, unos golpes leves lo interrumpieron. E principio los ignoró pensando que era su imaginación, pero un segundo grupo lo hizo abrir los ojos con confusión. El tercero se dejó escuchar y de manera lenta, Midoriya se irguió sobre su cama. El peso de los ojos desapareció y fue reemplazado por la curiosidad. Un cuarto toque en la puerta lo hizo levantarse. El andar lento de sus pies permitió que sus ojos terminaran de ajustarse a la noche cerrada, dando sus últimos pasos un quinto toque en la puerta se dejó escuchar y la abrió.
-¿Uraraka? – susurró Midoriya a la noche.
- Si… Yo… lo que pasa es… - Ochaco respiraba de manera acelerada, y evitaba observar fijamente a los ojos a Midoriya, aún en la penumbra podía sentir su mirada sobre ella. Retorcía la camiseta de su pijama cómo si fuera una niña pequeña, para lidiar con la presión que le generaba. Respiró con profundidad y finalmente pudo hablar. – Mina vomitó en el cuarto de Yao-Momo y huele horrible… además estábamos viendo películas de terror y… Lo que quiero decir es… - Uraraka levantó la mirada y se encontró con la de Izuku. – ¿puedo dormir aquí?
Sin duda esta sería una noche para recordar.
