El calor era casi sofocante, y se habían juntado todas las piezas para hacer la noche insoportable. El aire acondicionado había dejado de funcionar; la noche, contra toda lógica, había mantenido la alta temperatura del día, para finalizar con la desaparición total de cualquier soplo de aire. lo que hacía que mantener las ventanas abiertas no sirviera en absoluto. Por ello, Midoriya tuvo que responder con una voz desgarrada.
- ¿Qué… dijiste?
-Que tengo frío, abrázame, por favor - respondió Uraraka con toda la tranquilidad del mundo. No había duda para Midoriya que estaba mintiendo. Él mismo podía sentir su sudor recorriendo su cuello, goteando por su frente y humedeciendo su ropa.
- ¿No quieres que cierre la ventana? - Midoriya respondió de manera tímida. La cercanía ya era sofocante por si sola.
-No, solo acércate más - Uraraka respondió con una ligera molestia, sin dejar de darle la espalda a Midoriya. Izuku giro su cuerpo para acercarse a la chica y colocar su brazo alrededor de Ochako, el otro brazo encontró camino bajo su abdomen, para ambos entrelazarse alrededor de la cintura de Uraraka. El corazón de Midoriya no tardó en acelerarse al punto de poder sentir los latidos en los oídos. No era secreto que el contacto físico no era de su agrado, y aunque había comenzado a superarlo, este era un nivel completamente diferente. Mei podía hacerlo sentir incómodo, y Uraraka era la única que podía acercarse tanto a él sin ponerlo rojo y avergonzado, y ahora estaba causando la reacción opuesta. -Tu corazón late muy fuerte- dijo Uraraka con voz susurrante. - el mío también. - Ochako sujetó la mano de Midoriya por la muñeca, y la introdujo por debajo de su blusa hasta el centro de su pecho. El corazón de Deku sufrió un pequeño colapso, para después acelerarse aún más. La oscuridad, la proximidad y el calor lo aturdían, incluso más que los puños de Bakugo. Su incontrolable respiración lo llenaba con la esencia de Uraraka, con cada inhalación podía apreciarla más, una fragancia que lo alteraba y le hacía despertar un instinto animal.
-¿Puedes sentirlo? - Midoriya estaba al borde de la explotar. El interior de su cuerpo empezó a arder igual que el interior de un volcán. Su piel se bañó en sudor en mayor cantidad a la que ya había recorrido todo su cuerpo. Sus músculos se tensaron de pies a cabeza, incluyendo sus brazos y manos. Sin intensión, apretó con fuerza el seno de Uraraka, lo que la hizo retorcerse un poco, a la vez que un tímido gemido escapó de sus labios. - no tan fuerte - dijo ella, esperando un nuevo movimiento por parte de Izuku, que se quedó petrificado, con algo parecido a un ataque. Su respiración intermitente, y palpitaciones exageradas despertaron algo de frustración en Uraraka. Deku le gustaba, le gustaba por su actitud determinada, le gustaba también esa voluntad contagiosa, y le gustaba que se le erizara la piel cuando ella se le acercaba, pero esto era ofensivo. Sentía que la rechazaba igual que a un perro sucio. Se ofrecía en bandeja de plata, y no la tomaba; era humillante. Uraraka apretó los dientes dispuesta a soltar su furia contra Midoriya, sin embargo, un susurro la detuvo.
-Lo siento. - Midoriya calmó las ansias salvajes de Ochako con una voz profunda, y hundiendo su cara en el cuello de Uraraka. - es... es que no soy bueno en esto, estoy confundido, y Tengo miedo de hacerlo mal… me... me gustas. - el corazón de Ochako se detuvo por un momento, y se aceleró después de escuchar aquello, ahora era ella la que sentía su cuerpo hirviendo, pero antes de que el momento bochornoso la sofocara, un estremecimiento recorrió su cuerpo entero, haciéndola temblar, no por incomodidad, sino por una imprevista sensación de placer. Midoriya besaba su cuello, acariciaba el lóbulo de su oreja con los labios húmedos, y soplaba en el con delicadeza. Un estruendo frío recorría toda su espina mientras Midoriya la tenía por completo asida de la cintura. Un contraste de heladas respiraciones y pieles ardientes la estaban haciendo enloquecer.
-Sigue así. - dijo Uraraka por completo sumergida en percibir todas las sensaciones que la rodeaban. - Ya casi estoy lista. - Uraraka volvió a sujetar la mano de Midoriya y la colocó en su pecho de nuevo. - muévelo en círculos. - dijo con un hilo de voz mientras indicaba a Izuku que moviera su dedo medio sobre su pezón erecto.
Mientras Uraraka se encontraba extasiada con las caricias y atenciones, Midoriya se concentraba en las acciones que ejercía sobre ella. Respiraciones agitadas cerca de su oído, una eventual mordida en la base del cuello, movimiento rítmico y constante en su mano derecha, junto a una firme sujeción por parte de su brazo izquierdo. Él también estaba ardiendo. Sus latidos aumentaban a cada segundo un apetito voraz llamaba con cada momento que la mantenía abrazada. Midoriya soltó de su apretón a Ochako para poder acariciar sus piernas. Uraraka las movió para que las ásperas manos del chico se dieran un banquete con ellas. Inició acariciándolas con la yema de los dedos. Intermitentes toques recorrían los muslos de Ochako, que sentían esas pequeñas lijas tocándola y encendiendo luces de alarma dentro de ella, que no podía evitar soltar los eróticos suspiros que rompían el manto de silencio dentro de la habitación, y que a su vez, motivaban a Izuku a continuar.
Midoriya poco a poco dejó de perder el tiempo pensando y sin darse cuenta, dejó que su cuerpo actuara por mero instinto, de la misma manera que un animal hambriento. Se daba el lujo de disfrutar la suave piel de Uraraka, los pequeños surcos que se marcaban en sus musculatura la sensación al apretar sus muslos con firmeza. Cuando ya los hubo recorrido por completo y la piel de todo el cuerpo de Uraraka se encontraba erizada, se dio cuenta que aún faltaba una parte por recorrer. Midoriya cambió la tarea de sus brazos para que uno siguiera atendiendo el otro pecho de Uraraka, mientas el derecho se deslizaba sobre las puntas hasta el trasero de la chica. Empezó acariciando sobre su ropa interior. Unos bóxeres femeninos que cubrían hasta el inicio de los muslos. Introdujo lentamente su mano por la parte superior para saborearlos gracias a la imaginación y al sentido del tacto. Apretó con fuerza y Ochako se retorció para acercarse a él. Ambos estaban en el límite.
Uraraka se giró sobre si misma para acortar aún más la distancia entre ellos. Apresó a Izuku por el cuello, para poder besarlo de manera frenética, a la par de que Midoriya la sujetaba por los glúteos.
-Quiero sentirte, quiero tocar tu piel con mi piel. - dijo Uraraka al entrecortar los frenéticos besos que se daban y montarse sobre él. - quítatela – soltó al despojar de manera brusca a Izuku de su camiseta, y hacer ella lo propio con su blusa. Se abalanzó una vez más sobre él. Los pechos desnudos de Uraraka encontraron la armonía perfecta con el prominente torso de Midoriya. Los besos continuaron y las caricias cada vez eran menos sensuales, y más salvajes, el límite de ambos cada momento se acercaba más al rojo, y ninguno haría nada por evitarlo. Ochako se comenzó a frotar de manera lasciva sobre Midoriya dándole la señal para que hiciera lo que quisiera con ella. Y él no fue ciego o sordo ante eso. La tomó una vez más por la cintura y giró sobre ella para cambiar las posiciones, y así colocarse arriba. Las sensaciones eran totalmente diferentes ahora. Apoyaba sus brazos a los costados para que su peso no cayera totalmente sobre Uraraka. Por aquellos breves segundos, maldijo a la oscuridad por quitarle la oportunidad de disfrutar aquella vista en su totalidad. Sus ojos ya estaban acostumbrados a la negrura, pero ninguna luz había para poder contemplarla cómo el creía que merecía. Y al final la silueta que construiría en su mente con nada más que su imaginación tal vez no sería la correcta, pero no le importó. Al acercarse, sentía su respiración acariciar torpemente sus pectorales, los pezones erectos de Uraraka se clavaban en su carne mientras deducía la distancia para besarla, ya no en los labios, sino en el resto de su cuerpo. Mantuvo la atención primero en sus hombros, los había descuidado por todo ese tiempo, era lo justo retribuirlos. Mojó sus labios y depositó poco a poco varios besos desde la clavícula hasta el codo, cuando unas manos sujetaron con firmeza su cabeza.
-Me estoy enfriando. - Uraraka tomó a Midoriya y lo colocó entre sus senos. - ellos también quieren besos. - Deku captó la poco indirecta petición, y sin demorar, atacó los pechos de Ochako. Introdujo al primero en su boca. Inició chupando un poco y arremolinando con su lengua, cuidando de no cometer el mismo error que le recriminó Mei; mientras al segundo lo estimulaba con el pulgar. Las respiraciones de Uraraka se podían sentir cada vez más profundas. - baja. - se pudo escuchar entre sus respiraciones. Midoriya la observó e intentó pronunciar unas palabras, pero la figura que le miraba, lo hizo enmudecer.
-Yo creí qu...
-Shhhhhh- lo calló Uraraka. -Para lo que menos quiero que uses la boca ahora, es para hablar. No te distraigas. - Uraraka volvió a jalar del cabello de Midoriya, esta vez con la intención de acercar su cabeza a su intimidad y que prosiguiera con lo que estaban haciendo. Midoriya acató sus deseos, pero no perdió la oportunidad de seguir sembrando besos durante el camino. Tomó los bóxeres de Uraraka y los fue recorriendo hacía abajo, hasta sacarlos por completo, y arrojándolos a la oscuridad del cuarto. Agarró con sus manos los muslos de Uraraka y los separó para colocar entre ellos su cabeza. Podía sentir el calor emanando de su feminidad junto a la humedad que ya había cubierto su ropa interior. Inició de nuevo su recorrido, esta vez por los muslos internos, sin dejar de acariciar el resto de su cuerpo. Depositó besos y mordidas poco a poco durante algunos segundos, a la vez que se acercaba al centro. Lamio sus ingles sin escatimar saliva. La contrastante sensación, hizo que Uraraka contrajera sus piernas y aplastara la cabeza de Deku, quien no se amedrentó por aquello.
Al fin decidió atacar.
Midoriya comenzó besando los labios de Uraraka, quien reaccionó abriendo las piernas, y dejando escapar su humedad, que mojó los labios de Midoriya, quien se introdujo aún más en ella. Recorrió con su lengua todo el contorno para rematar cruzando por en medio, causando un espasmo a Uraraka, quien lo sujeto de los cabellos para que no parara.
Midoriya siguió devorando la feminidad de Uraraka, quien apretaba con fuerza las sabanas y dejaba escapar algún gemido de placer al respirar, pues la sensación era tan intensa que le impedía inhalar. Izuku llegó a su clítoris destruyendo todo su paso. Sin siquiera un segundo de tregua, Midoriya afiló su lengua para atacar sin piedad la más sagrada de las perlas. Con gula y lujuria mantenía dominada a Uraraka. Ella enterraba sus uñas en el cabello de Izuku y se retorcía por él. No podía contenerse más. Las alarmas se habían roto, su interior estaba ardiendo y Midoriya comiendo. No existía forma de resistirlo y con una profunda respiración, Uraraka estalló. Su cuerpo se estremeció por dentro, sus músculos se tensaron y se liberaron en un instante. Los espasmos continuaron hasta desaparecer. En aquel momento, pudo saborear el cielo. Sin embargo, no estaba satisfecha. Sus manos tenían bien sujeto el cabello de Midoriya, y sus piernas apretaban su cara mientras la sensibilidad se reducía.
-Ven - masculló Uraraka mientras acercaba de manera violenta a Izuku. Lo besó algunas veces mientras se apretaba contra él. - sabes a vagina- soltó Uraraka junto a una pequeña carcajada.
-Lo siento. -respondió Midoriya avergonzado y tratando de esconder un poco su vergüenza.
-No te disculpes por eso – dijo Uraraka acercándose una vez más. - Te quiero dentro, Deku. -volvió a besar a Midoriya y se saboreo a si misma en su boca.
Se contemplaron el uno al otro en la penumbra, mientras sentían sus respiraciones que se mantenían agitadas. Reanudaron los besos a la vez que se presionaban contra el otro con más y más fuerza.
-Besas cómo princesa – dejó escapar Ochako junto a una exhalación risueña.
-N… no sé hacerlo de otra manera. – respondió Midoriya.
- Lo corregiremos después. – dijo Uraraka quien mantuvo el ritmo de Izuku. Recorrió con su mano toda la espalda de Deku, hasta llegar al frente. Sujetó con fuerza el miembro de Deku, que ya estaba más que duro. Comenzó a masajearlo sin separarse de Midoriya, y a la vez se colocaba sobre Él. Midoriya comenzó a dejar escapar suspiros profundos mientras Uraraka continuaba estimulándolo. Los besos se intensificaban compensando ese respiro que los separaba por milésimas.
Ochako se tomó el descaro de abrir los ojos para contemplar el rostro de Deku. Se relamió los labios al divisar las expresiones que hacía en la oscuridad, y aumentó la velocidad para escuchar más de sus rugidos de placer. Una sensación de poder la invadió y se arrojó sobre Midoriya, para recorrer su cuerpo también. Besando y lamiendo sus pectorales fue acercándose cada vez más a su miembro, a la vez que lo estimulaba con mayor velocidad. Fue en aquél momento cuando el pene de Midoriya se puso aún más duro, su respiración se detuvo Ochako se estaba preparando para lo que venía…
-¡Toga! – fue lo que gimió Deku en el instante que terminó.
Deku tardó en reaccionar lo que parecieron varios minutos, hasta que el sonido de una puerta cerrándose de manera violeta lo trajo de regreso al mundo. Ochako desapareció de la cama, y corrido hacia el baño en un parpadeo. Izuku se quedó ahí sentado en su colchón, tratando entender el alcance de lo que había hecho. Encendió la luz del cuarto y contempló su propia vergüenza. Rebobinó toda la experiencia en su mente, sin saber con certeza en que momento las imágenes se habían distorsionado.
Se cambió de ropa, intentando cubrir su error, y escuchó el sonido de la regadera al abrirse. Tomó asiento y continuó su meditación, la resolución tendría que esperar un poco más.
Uraraka no podía contenerse, los pensamientos se arremolinaban en su mente y la hacían sentir una inclemente presión en el corazón. Una parte de si misma le decía que debería estar extasiada con lo que había pasado, pero otra la orillaba a sentirse usada. Sus propias acciones le explotaron en la cara, y sabia que no podía molestarse con Midoriya por ello. No tenían una relación formal, ni siquiera habían mantenido una conversación real desde que se confesó abiertamente. ¿Qué podía esperar ahora? De manera fugaz paso por su mente que ser la tercera en discordia no sería tan malo, si embargo lo descartó casi de inmediato, ya era suficiente estar con Bakugo en una relación sin afectos. Sólo se metío a la ducha con la esperanza de que el agua se llevara sus dudas, lagrimas, y malos pensamientos. Tardó lo que para ambos parecieron horas bajo el agua y fue hasta el momento que sus dedos comenzaban a arrugarse, que decidió que era suficiente. Pero en ese segundo se dio cuenta de que estaba desnuda, sin una toalla, ni un cambio de ropa; en el baño de un hombre con quien sabía tendría un momento incomodo.
Ochako respiró con profundidad, completamente dispuesta a afrontar su toro personal.
-D… – el valor de Uraraka se resquebrajó sin siquiera pronunciar una palabra, pero no retrocedió. – Midoriya, ¿estas ahí? – dijo con delicadeza y un rastro de temor.
-Sí, aquí estoy – respondió Izuku con el corazón sobresaltado, brincando de la cama a la puerta del baño.
-¿Podrías… prestarme una toalla y mi ropa? – Uraraka contuvo la respiración hasta que Izuku llamó al otro lado del portal. Ochako abrió un pequeño hueco, de donde obtuvo lo que Midoriya le daba.
Secó su cuerpo, se cubrió con las prendas que se le dieron, tomó valor para salir a enfrentar el momento, y abrió por completo la puerta.
-¿Qué sucedió con mi ropa? – preguntó Uraraka, esperando que su tono de voz sonara con confianza. Midoriya ardió de vergüenza, evitando el contacto visual.
-Yo… manche tu blusa… y no encuentro lo demás – el silencio inundo la habitación, a la vez que la cara de ambos se tornó en un rojo intenso. – te… te la devolveré, cuando la lave.
- Sí… sí, entonces, yo… Me voy. Adios.
- Espera, Uraraka – Ochako cerró la puerta tras de ella con gran fuerza, al grado que toda la habitación retumbó.
- Midoriya… – Uraraka habló con voz temblorosa al otro lado de la puerta.
- ¿Sí? – respondió Izuku.
- ¿Era la puerta del ropero, verdad? – preguntó Ochako con un tono que se acercaba mucho a un sollozo.
- Sí – dejó caer Midoriya.
La risa de ambos estalló con toda la fuerza que sus pulmones pudieron soportar, ninguno encontraba el momento verdaderamente gracioso, pero los nervios de ambos llegaron a un nivel tan alto que era hilarante. Entre carcajadas, Uraraka pidió ayuda a Midoriya para poder salir del guardarropa, pues el portazo que había dado, rompió el seguro, y ya no quedaba forma de abrirlo desde adentro.
Midoriya forcejeó un buen rato tratando de abrir la puerta, sin embargo, esta no cedió, y no fue hasta que ambos trabajaron juntos, mientras uno jalaba y el otro empujaba, qué Uraraka pudo salir, claro, no sin que se llevara Izuku de por medio, haciendo que ambos cayeran al suelo. En ese momento; frente a frente; intercambiando miradas, Uraraka tomó el valor para hablar.
-¿No hay forma de que esto funcione, verdad? – dijo, sin quitar la vista de los ojos de Midoriya.
- No lo sé. – respondió Deku con una voz amable, capaz de apaciguar los miedos de cualquiera. – te quiero, y me hace feliz estar contigo, pero no estoy seguro.
- ¿Sabes qué no te guardaré el lugar por siempre, verdad? – dijo Uraraka acortando la distancia.
- Sí, creo que lo sé. – respondió Midoriya, a quién se le aceleró el corazón al ver que Ochako se acercaba tanto. Por instinto, cerró sus ojos antes de sentir un suave toque en su mejilla, que lo hizo abrirlos una vez más. Uraraka le había dado un tierno beso.
- Gracias por ser mi amigo, Deku. – Ochako rodeo a Midoriya con sus brazos.
Deku guardo silencio y correspondió el gesto de Ochako envolviéndola de la misma forma. Incluso en el silencio, Ochako comprendió el mutuo sentimiento. El peso en los hombros de ambos, se había aligerado.
Sin embargo, a la distancia, en una noche más profunda, que no se vería diferente a la de ayer, y tampoco a la de mañana, para la mayoría. Toga no se podía quitar la sonrisa de la cara. Twice no dejó de hacerle preguntas al respecto, y ella sólo se echaba a reír sin responderle. Era la encarnación de la felicidad.
Su cita con Deku había sido una maravilla para ella. La experiencia de ser una chica ordinaria que hacía cosas mundanas la tenía fascinada; junto al fresco recuerdo que la hacía erizar de todas las maneras posibles. Lamía sus labios con intensidad para no dejar que aquél beso se disipará. No era el primero, sin embargo, para ella, fue el más significativo. Se lo había dado Él por su cuenta y eso le encantó. Acariciaba sus comisuras, y con los ojos cerrados hacía un salto de fe a sus fantasías; entregándose en espíritu a su propio país de las maravillas. Se dio el lujo de soñar despierta con una vida idílica junto a Deku. No escatimó en detalles. Se vio así misma tomándolo de la mano; haciendo planes, escapando a lo desconocido, y en el punto más alto de su fantasía, cuando parecía que no quedaba nada más que acariciar el cielo, despertó. No había nada más. Al final sólo un rayo tenue de luna se filtraba frente a Toga. Una única luz que rasgaba el manto oscuro que envolvía toda la habitación. La última fuente de iluminación poco a poco fue reduciéndose ante la mirada vacía de Himiko. En cuanto la oscuridad fue absoluta, siguió mirando sin nada en lo que pudiera pensar. Para ella no había nada más que oscuridad. Toga vivía la misma revelación noche tas noche, nunca tuvo nada, ni siquiera esos recuerdos que emergen a media noche. Pero ahora lo tenía a Él, y para ella, eso era suficiente.
