Las tardes de verano siempre se sienten sofocantes. En especial para aquellos que lidian con el peso de su conciencia; la presión de la mente sobre la del cuerpo puede ser abrumadora, o incluso incapacitante. Sin embargo, Himiko Toga carecía completamente de una. Rara vez algo conseguía perturbarla, o siquiera sacarla de su perpetua parsimonia.
- ¿Qué se sentirá ser un gato? – dejó escapar aquella pregunta, mientras Twice y Dabi le dirigían una mirada de total desasosiego.
- ¿Qué rayos estás hablando? - pregunto Dabi, con un gesto de amargura.
- Quiero ser un gato. Un gato gordo, y esponjoso. Para dormir el día entero, y resolver todos mis problemas poniéndome panza arriba, para que las personas me acaricien. -- dijo Himiko sin parpadear.
-¿Qué no es algo así lo que haces todos los días? – escupió Dabi sin intenciones cómicas.
- No, eso sólo es vivir la vida. – Toga respondió sin importarle la hostilidad que venía por defecto de Dabi.
- No sé por qué me esfuerzo. Es inútil. Dices algo sin sentido... Yo pregunto, y me respondes con otra cosa sin sentido. Es cómo hablar con... Un animal. - Dabi inspeccionó a Toga por un momento. Se había sentado en una posición rara en el sillón, viendo a la nada con sus enormes ojos amarillos, y siendo poco más que un bulto risueño. - sólo te falta el pelo. – sentencio
-¿Qué dijiste? – preguntó Toga.
- Nada. Yo me largo. Ya tuve suficiente de ustedes por hoy, incluso puedo sentir cómo su estupidez se me pega a la piel. – Dabi se encamino para salir de la habitación mientras seguía vociferando bruscamente.
- No es lo único que se te pega; no olvides tu crema. – dijo Twice alzando la voz.
- Par de idiotas. Debería estar afuera, pero el cabrón de Shigaraki me trata de su niñera. Teniendo tantos idiotas, tengo que ser yo el que… – la furiosa voz de Dabi seguía escuchándose a pesar de que ya había dejado el lugar. La hostil vibra del hombre de las cicatrices finalmente se perdió, y con eso, el aire del lugar pudo asentarse.
- Ya era hora, no me gusta cuando tiene ese mal genio. – Himiko se levantó de su lugar y comenzó a dar pasos gráciles por el lugar; que de a poco se convirtieron en una pequeña danza, la cual acompañaba con un tarareo que imitaba de gran manera el trinar de los pájaros.
-Diablos, eso se ve doloroso. - dijo Twice mientras contemplaba con gran atención todos los movimientos que hacía Toga.
- Sólo estoy feliz. - respondió con una voz aniñada.
-¿Dónde aprendiste cosas de Bailarina? – pregunto Twice con mucho interés.
- Nunca aprendí. Sólo me dejó llevar. Estoy muy feliz, y tengo que dejarlo salir para no explotar. – Toga se dejó caer en el piso, para soltar un gigantesco suspiro el cual pintó una sonrisa de oreja a oreja en su cara.
- Tal vez lo notaría, si no me lo dijeras. – respondió Twice.
- Eres un bruto. - soltó Toga con un poco de molestia.
- Y tú prodigiosa. Pero si eres Feliz, déjalo ahora.
- A veces me haces difícil quererte. - dijo haciendo un puchero.
- Lo siento, estoy prometido... Espera... ¿No tuviste una cita ayer, o algo así? Estoy seguro de que fue algo así.
- Oh, ahora te interesa. – dijo Toga con falsa indignación.
- Bueno, seguro es más divertido que leer Fanfiction. – Twice sonrió de manera completamente burlona.
- Fue divertida. Gane un peluche… y Él me besó. – Toga se levantó impulsivamente para cubrir su sonrojo con las manos, a la vez que jadeaba, y recordaba aquél momento tan sublime, tan intimo e inesperado. Acarició con suavidad sus labios, buscando un poco del sabor que experimentó por parte de su presa. Apenas podía soportar la espera por un poco más.
- ¿Y qué harás con Él? ¿Ella? ¿Ese? ¿Aquello? – preguntó Twice, quién no podía recordar nada de lo que Toga le dijo hacía solo un momento.
- No lo sé… es diferente. Cuando pienso en Él, quiero tocarlo, besarlo, cortarlo, y lamer sus heridas. – mientras hablaba, Toga esbozaba una sonrisa malévola, la cual adornaba acariciando la punta de sus dedos con la lengua. – pero cuando lo veo a los ojos, y Él me mira, siento calor por dentro, uno intenso, pero agradable. – Himiko cambió su aura animal; a una calmada, en la que su mirada se perdía. – y solo quiero que me abrace, y me deje acariciar su cabello con mis dedos.
- Me estás asustando. – Twice sacó a Toga bruscamente de su fantasía al romper el silencio.
- ¿Qué? – preguntó la chica, proyectando confusión en su mirada.
- Sí, me asustas. Cuando estás en tu modo "rajo aquí, rajo allá" no hay problema, sé que esperar; pero ahora, tus ojos de perrito chantajista lo hacen raro. No sé si pueda acostumbrarme a la Toga "niña buena". – Twice gesticuló las comillas para darle más poder a sus palabras, pero Himiko solo arrugó la cara con molestia.
Toga estaba acostumbrada a que Shigaraki o Dabi fueran rancios, y hasta hostiles con ella, cosa que no le importaba realmente, y en ciertas ocasiones, exasperarlos le causaba un grato regodeo por dentro. Sin embargo, las palabras de Twice tenían un enorme peso sobre ella. Él era su mejor amigo, su confidente, más que un hermano mayor, pero menos que un amante. Himiko podía ser su versión más libre con Jin, y que le dijera aquello, le aplastó un poco el corazón. Y le dolió tanto, que había dejado de escucharlo.
-¿Toga? Oye, escúchame. ¿Hola? – Jin sacudió su mano frente a la cara de Himiko, y ella solo la apartó de manera brusca.
- Voy a salir -Toga dio media vuelta, y se perdió de la vista de Twice, quien había quedado perplejo.
Durante su escape, los pasos de Himiko la llevaron a ningún lugar mientras intentaba distraerse un poco. Se interno en sus propios pensamientos hasta que algo la hizo volver de golpe. Tal vez no era una molecula, quiza ni siquiera un atomo, de esencia, pero lo captó y se dirijío a el. Estaba tan concentrada en seguir ese rastro que había podido percibir en la lejanía, cual si fuera un sabueso. Una esencia corrupta, efímera; pero que aún podía distinguir con cierta facilidad al olisquear el aire. Caminó sin prestar atención a nada más que esa fragancia que le causaba la necesidad de encontrarla. Se abrió camino sin importarle a quién tuviera al frente; con paso firme y mirada de fiera, las personas simplemente se apartaban, y le abrían el paso.
Por un instante se detuvo en seco, y comenzó a escudriñar el aire, pues de un momento al otro, el rastro parecía haber desaparecido por completo. Su respiración se empezó a agitar intentando encontrarlo, y su corazón se aceleró por desesperación. Tenía que hayarlo, y justo al momento que parecía que enloquecería, un instante después, sintió que el ambiente había distorsionado; no quedaba vestigio alguno de su presa, sin embargo, Toga se animo desde el interior de sus entrañas, un último indicio fue captado por el rabillo de sus ojos. Enfocó la mirada a aquél punto lejano, y todo se volvió claro para ella. Había seguido el aroma del enamoramiento. Todo el camino era para ese momento. Podía ver a Uraraka a la distancia. Sola, libre, y completamente para ella. Una enorme sonrisa se plasmó en su rostro, a la vez que su corazón palpitaba con más fuerza.
- Te encontré. -- se dijo a ella misma, relamiendose los labios.
La turbulenta noche de Uraraka continuaba dándole cosas para pensar. Sus acciones le parecían cada vez peores mientras más se internaba en recordarlas, cuando lo que quería hacer era olvidar. Ese "acercamiento" había sido un error. La pseudo relación con Bakugo también. Se mantuvo esperando a que Deku diera el primer paso desde siempre, y eso le había costado. Mei, Melissa, y esa chica Toga. Todo el mundo le pasó por encima sin que se diera cuenta, no, peor aún. Lo hicieron mientras ella voluntariamente se ofrecía cómo tapete. No se suponía que fuera una competencia. Se recriminaba no haber dejado esclarecidas las cosas con Deku en algún momento anterior. Se conocían hace años. Habían compartido una infinidad de tiempo, pero simplemente ahogo sus sentimientos pensando que eso la hacía mejor de algún modo. De haberlo hecho en ese momento, tal vez, no… seguramente las cosas serían diferentes, en cambio, ahora debe aceptar que todo lo que aluna vez pudo ser, sencillamente no será.
Y la noche de chicas también había sido un fracaso. Después de su "conversación" con Bakugo, al regresar todo se convirtió en un hervidero de estrógeno, y un griterío incesante. En este momento sólo quería tiempo a solas para ella y su cerebro. Tenían que hacer las pases.
Sin duda, lo que menos esperaba Uraraka mientras se encontraba tan distraída, era a un animal salvaje arrojándose sobre ella, como lo haría un gato sobre un pequeño e indefenso ratón.
-¡Hola!
Una voz chirriante rompió los pensamientos de Ochaco, y antes siquiera de que pudiera reaccionar a ella; unos ojos amarillos se cruzaron con los suyos, junto a los que complementaba una predadora sonrisa, adornada por afilados colmillos. Le hablaba con ensordecedor entusiasmo. El rosto de Uraraka dejó a un lado la mascara de apatía que se encontraba usando en aquél momento, y manifestó un pánico inusitado. Estaba completamente paralizada por el miedo, la conmoción, y su instinto de supervivencia la abandonó
-Que bien que estás aquí. – chilló Toga, con una voz desbordante de emociones.
-¿Uh? – fue todo lo que pudo decir Uraraka, que aún no se había recuperado del asalto a su vulnerabilidad.
-Es una ciudad pequeña, después de todo. Es de esperar que la gente se encuentre así de fácil, bueno, tal vez no tan fácil. ¿Alguna vez te has preguntado en todas las veces que coincides con personas que no conoces? Yo pienso a veces en eso. Pero ahora nos conocemos, así qué… ¿nos habremos encontrado sin saberlo antes de eso? ¿Tienes hambre? Yo sí. No he comido nada en todo el día; ven conmigo.
Toga sujetó a Uraraka por la muñeca, y comenzó a correr arrastrando a una conmocionada Ochaco, como si se tratara de una muñeca de trapo. Mientras Toga mantenía su trote, Uraraka seguía sin entender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo, hasta que su captora se detuvo abruptamente.
- Aquí es. – Toga señalaba una enorme vidriera, qué al otro lado dejaba ver un sitio salido de las fantasías de algún niño. Se habían detenido en un acogedor lugar de postres, de hecho uno bastante familiar, era el sitio favorito de Yao-momo. De donde Kyoka, y Mina habían llevado los pastelillos. – ¿te gusta?
- ¿Qué? ¿Yo? ¿Sí? – balbuceó Ochako, y antes de poder decir cualquier otra cosa, Himiko la arrastró a una mesa con una fuerza portentosa que le sorprendió.
-¿Qué tipo de pastel te gusta? A mí me gusta de moras, pero no los rellenos, se sienten raros cuando masticas. ¿Quieres una malteada? Yo amo la de fresa, y odio la de chocolate, es de lo peor. ¡Dos cheesecake con zarzamora por favor! – grito a la mesera mientras le hacía una enérgica señal con la mano. – Mira, mermelada.
Toga no paró ni un segundo su perorata, que no hacía más que aturdir a una pobre Uraraka, quien ya de por si, apenas podía decir lo que ocurría.
- Alto – finalmente Ochaco había podido encender su cerebro para tomar posición defensiva en aquella situación.
- Cierto, es de piña, que asco. – dijo Toga con una expresión de desagrado total en su cara, mientras ignoraba a Ochaco.
-¿Qué? ¿De verdad te preocupa eso? ¿No te parece que esto es muy raro? – Uraraka le dedicó a Toga su mejor mirada de seriedad, y autoridad; creyendo que eso le haría tomar el control de la situación, pero, todo lo que recibió fue una mirada confundida con una cabeza ladeada, igual a la de un cachorro que intenta comprender algo nuevo.
-¿Por qué raro? Tú me ayudaste la otra vez. Quería pagarte el favor. – la aniñada voz de Toga irrumpió violentamente en la mente de Uraraka, sacándola de su modo "imposición".
-¿Uh? – Ochaco se quedó boquiabierta tratando de comprender a lo que Toga se refería, unos cuantos segundos después, sabía lo que la chica de grandes colmillos trataba de decir. – ¿en serio se trata de eso? -
-Bueno – Toga hizo una pausa dramática, y divagó profundamente con la mirada. – sí, eso creo. La mayoría de las mujeres no son amables conmigo… gracias por eso.
Uraraka quedó estupefacta. Se paralizó, sin poder hacer nada más que contemplar los enormes orbes ambarinos que Himiko tenía a manera de ojos. Recordó que la primera vez que los vio, y no pudo evitar pensar en una serpiente, o un gato salvaje, y junto a su aliento ferroso, no hizo más que completar esa impresión, en aquél incomodo momento. Ahora podía ver algo diferente frente a ella. Los ojos de Toga, que la primera vez se vieron tan vacíos, ahora tenían un brillo inexplicable, revitalizante, inclusive esperanzador. No podía odiar a esta chica que parecía irradiar alegría. Tal vez a si misma, pero no a alguien, que esencialmente era una desconocida que jamás la lastimó con intención. Cuando menos intentaría darle una oportunidad.
-Vaya, no esperaba eso. – Uraraka cambió su actitud de una defensiva, a una más tranquila, y comprensiva.
La mesera llevó el pedido que Toga había gritado. Hasta ese momento, fue que Ochaco se percató de que no estaban solas en el lugar. Además del personal, había un pequeño grupo de seis personas a un par de mesas, y una figura solitaria agazapada en la esquina.
-Adelante, me sentiré mal si soy la única que come. – dijo Toga acercando el tenedor a Uraraka.
-Es que… – las mejillas de Ochaco se encendieron de vergüenza. – es que no puedo aceptarlo. – respondió tratando de esconderse detrás de su cabello.
-¿Eh? – gimoteo Toga - ¿No te gusta? Podemos pedir otra cosa. – Himiko mostro un poco de angustia, y confusión; ya que no podía comprender la negativa de Uraraka. ¿Qué no se suponía que serían las mejores amigas? El pánico estaba a punto de apoderarse de ella, cuando al fin le respondieron.
-No, no es eso – dijo Uraraka con una voz temblorosa, pero consoladora. – no podría aceptar un pago por ayudar a otra chica en esa situación. Hay que apoyarse. – finalizó con una pequeña sonrisa.
Con aquella respuesta, Toga sintió una inyección de euforia esparciéndose por su cuerpo, hasta el punto de desbordarse. Sin saber que hacer; sus ojos se humedecieron a manera de válvula de escape, quedándose ahí sentada; usando cada gramo de fuerza en su cuerpo para no saltar a abrazar a Uraraka hasta la asfixia. Ahí se encontraba esta chica de mejillas redondas, que inmediatamente le estaba abriendo los brazos, gesto que solo unas pocas veces se le había ofrecido en su vida.
-Espera, ¿estás bien? – Ochaco se altero, pensando que había dicho algo incorrecto, e inmediatamente quiso pensar en una forma de remediarlo, sin embargo, no tuvo oportunidad de hacerlo, debido a que le respondieron casi inmediatamente.
-Es…estoy feliz, eso es todo – Toga se limpio las pequeñas gotas que habían humedecido sus ojos – me alegra mucho hacer una nueva amiga. – dijo con una manera nasal, que intentó cubrir disminuyendo el volumen de su voz.
El sentimiento contagio a Uraraka, y llego al borde de también soltarse a llorar, aunque lo resistió. Limpió una pequeña lagrima que quiso escaparse por el rabillo de su ojo, e intento disimularlo de la mejor manera que pudo. Por contrario, Toga comenzó a contener una risa que se notaba llena de nerviosismo.
-¿Qué sucede? – preguntó Uraraka que se sintió algo abrumada con la precipitada montaña rusa de emociones que se habían manifestado en unos pocos minutos.
-Se suponía que yo quería invitarte – jadeo intentando contener su risa – y apenas me doy cuenta de… – repitió el jadeo, cubriéndose la boca para ayudarse a mantener la cordura. – de que no tengo bolsillos – dejó escapar un par de bramidos, que asemejaban una risa, para automáticamente silenciarlos con ambas manos sobre su boca. Ante todo pronostico, Uraraka torció su cara en una mueca, que poco a poco derivo en una sonrisa, que pronto se tornó en una segunda carcajada contenida, que le hizo compañía a la de Toga.
-Yo tampoco traje mi cartera – dijo mientras hundía su rostro abochornado entre sus manos. – se suponía que solo había salido a caminar un poco. – continuó su risa nerviosa.
- Bueno, todavía no los… tocamos – decía Himiko, mientras observó como Uraraka hundía su dedo en la cubierta de frutas, y luego lo chupaba. Intercambiaron miradas por un segundo, hasta que una decidió hablar.
- Lo siento, me da por comer cuando estoy nerviosa. – se mantuvieron en silencio por lo que parecieron minutos, para finalmente estallar en otra risa de manera armoniosa. Continuaron hasta que el estómago les dolió, y el pecho se les hundía por falta de aire. Fue Uraraka la primera en silenciarse por ella misma, con Toga siguiendo su ejemplo poco después.
- B-bien, bien. Hay que pensar en algo. – Toga intentó mantener la compostura cubriendo su boca, pero tomando una postura dominante – aunque todo lo que puedo pensar es que si ya empezamos, tenemos que terminarlo. – Himiko replicó la acción de Uraraka, con su propio plato, para terminar lamiendo de manera libidinosa sus propios apéndices. Uraraka tuvo que desviar la mirada por el espectáculo que la hizo sonrojarse. – ya te dije que no quiero ser la única que come, no me dejes así. – tanto Toga como Ochaco procedieron a devorar sus postres, e intentar encontrar una escapatoria el silencio se extendío por algunos minutos. - ¿qué tan rápido corres? – dijo Himiko, como si fuera la pregunta más mundana del mundo.
-No mucho, en realidad. – respondió Uraraka, con una mueca de duda.
-Si, yo tampoco. Normalmente siempre hay alguien que me ayuda en estas situaciones. Me siento muy tonta por estar aquí en esta manera, y por meterte a ti también, no es lo que quisiera para una nueva amiga. – Himiko puso a descansar su cabeza sobre una de sus manos, y desvió la mirada a la ventana, con una mirada melancólica.
Uraraka observó a Toga de manera detenida, analizando cada pequeño detalle que pudo captar en aquel rostro. Se fascino con la explosividad en su carácter. El cual podía pasar de una excitación total, a aquella mirada reflexiva en lo que tardaba un parpadeo. En cierta forma, le recordaba un poco a Bakugo, aunque de manera opuesta. Tal vez comenzaba a entender porqué Midoriya estaba tan interesado en ella. Esa chispa innata era contagiosa.
-Espera… ¿te pasa algo? – Uraraka pudo notar un cambio en la mirada de Toga. Sus ojos comenzaban a cristalizarse sin razón. Toga le devolvió la mirada y se acercó para sostener las manos de Ochaco.
-Sígueme el juego. – dijo Himiko susurrando. Pero sin dejar siquiera responder a Ochaco, Toga soltó un alarido de pesadilla, que hizo a todos alrededor poner la vista sobre ellas. – ¡no! ¡Por favor, no lo hagas!
Con la mirada de todas la personas del lugar sobre ellas, Ochaco sintió el pánico recorrer su cuerpo en tiempo record. Toga había iniciado a llorar en verdad. De sus ojos brotaban lagrimas cual cascadas, y su rostro se había tornado rojo en su totalidad.
-¿Qué? – fue todo lo que pudo salir de la boca de Uraraka antes de ser interrumpida de manera estrepitosa.
-¡No me dejes! ¡Dijiste que nunca me dejarías! ¿Qué hice mal? ¡Qué hice mal! – Toga gimoteaba después de cada pregunta, con las cuales casi se desgarraba la garganta, todo aquello sin soltar las manos de Uraraka. - ¡haré lo que sea! ¡Cualquier cosa!
La pobre Uraraka se encontraba absolutamente perdida ante esta exhibición publica. Solo se tensó ahí y volteó a ver a todas las personas ahí, para encontrar ayuda, y salir de ahí de alguna manera.
-Y-yo, no puedo. No más – fueron las palabras que escaparon de la brumada Uraraka.
-¡No! ¡No te vayas! – Toga seguía gritando, y gimoteando, pero ahora dejaba ir de a poco el brazo de Uraraka. Himiko hizo un gesto señalándole a Ochaco la puerta, para continuar con un berrido aún más desolador.
Hasta ese momento fue que las conexiones en el cerebro de la contrariada Ochaco se activaron, y en solo movimiento, se libero de las manos de Toga para levantarse, e irse de ahí. Sin embargo, Himiko la tomo una vez más de la mano, antes de que se encaminara hacía la salida. Pero no hubo más resistencia al final. Ochaco aceleró el paso hasta perderse de la vista de la gente, mientras que Toga caía al suelo, llorando de forma inconsolable, cosa que despertó la humanidad de todos los que allí se encontraban, y que se acercaron para calmar un dolor con el que cualquiera se podía identificar. Después de varios minutos, cuando ya todo se había apaciguado un poco, y las personas habían entregado la totalidad de su carga empática. Toga salió de lugar limpiándose las lagrimas de la cara, pero siguiendo el rastro que aire que la media tarde seguía manteniendo fresco. Pues su presa, no se había alejado mucho del sitio. Unos cuantos minutos de caminata la pusieron a distancia de tiro de ella.
Ambas se observaron, y poco a poco se acercaron una a la otra. Un plan verdaderamente ridículo e improvisado había funcionado, y no pudieron contenerse al momento de estar cerca, ya que se abrazaron como si fueran viejas amigas que no se habían visto en media vida, junto con una liberadora risa de parte de ambas, vino un segundo acercamiento. Una conexión entre sus miradas las empujo un poco más allá, y como si fuera ya una costumbre entre ambas, se besaron delicadamente.
-Y-yo. Yo, lo siento, yo no quería, s-solo, y-yo. – Uraraka fue silenciada por un dedo de Toga.
-Shhhh. Tranquila, también fue mi culpa, aunque yo si quería. Deberíamos dejarlo aquí por hoy. Nos veremos luego. Toga besó con suavidad la mejilla de Uraraka para a continuación perderse a la distancia, y dejando a la ya conflictuada Uraraka con algo más en lo que pensar.
