Irresistible
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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es propiedad de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.
Esta historia participa del desafío lanzado por la Pagina #EsDeFanfics. La cual es la cuarta del #Flufftober.
Día 04 : Beso indirecto
Todas las personas sufren cambios, ya sea por el paso del tiempo o por que un acontecimiento los deja marcados de cierta manera. Howl no era la excepción, desde que su corazón había regresado al lugar que correspondía. Un sentido del humor que nadie conocía hasta el momento había hecho acto de presencia.
Una alegría tan real que no solo se reflejaba en el brillo de sus ojos azules, su corazón que mantenía emociones infantiles nada acordes para su verdadera edad era el plus que lo completaba.
Algunas ocasiones esa faceta no experimentada despertaba en todo su auge, principalmente cuando arrastraba a su pupilo, quien juntos se unían para hacer ciertas travesuras que a más de un miembro de la extravagante familia ya tenía acostumbrados desde trozos de madera húmeda para Calcifer, hasta cigarrillos explosivos para la ex bruja Calamidad. Con el pasar del tiempo las risas empezaron a escasear, para dar paso a los regaños de una furiosa Sophie quien últimamente se había convertido en el blanco de la mayoría de ellas.
Al comienzo eran pequeñas cosas, como cambiar el azúcar por sal, dejarle animales de juguetes regados por la casa. Ya habían perdido la cuenta de la cantidad de gritos femeninos retumbaban por todo el castillo cuando la víctima los encontraba.
Otra cualidad que resaltaba últimamente, era la vanidad que antes solo se reflejaba solo cuando solía utilizar sus pócimas para aumentar su atractivo.
—Admítelo querida Sophie. Has quedado enamorada de mi desde el día que nos conocimos—la sonrisa de Howl mostraba que esa mañana su lado vanidoso estaba presente.
Sophie casi se ahoga con su té, mientras sentía que su rostro empezaba a calentarse por el comentario tan importuno que le lanzó su pareja, quien tenía claros deseos de jugar, pero lo que el joven mago no se imaginaba, es que esta vez iba a darle pelea.
—Puede ser, pero no fui la primera que lo dijo en voz alta—mencionó con suficiencia, felicitándose al ver como el color inundaba el rostro masculino.
Un "auch" y el coro de risas de los demás miembros de la mesa solo aumentó su vergüenza, imposibilitándolo por varios segundos para lograr buscar una respuesta para devolverle la puya.
—Te apuesto que mueres por probar mis labios en estos momentos—gruñó con desafío, el que su novia le siguiera la corriente no era un buen augurio, pero no podía dar marcha atrás tenía la obligación a redoblar la apuesta. Su puesto como el hombre y amo de la casa estaba en juego. Lamentablemente estaba pasando por alto que su rival era la única persona que era capaz de desafiarlo sin temor alguno.
— Por favor, si eres tú, el que no pierde la oportunidad de besarme cada vez que tiene oportunidad—aclaró con diversión— No hagas apuestas, porque saldrás perdiendo.
La guerra verbal había comenzado, oraciones como " las mujeres mueren por mi " y " si quiero me voy con el príncipe del reino vecino " formaron parte del debate.
—Vaya una apuesta—festejó la ex bruja viendo divertida a Mark y Calcifer que contemplaban entre divertidos como temerosos al mismo tiempo del posible desenlace que traería esa discusión—¿Qué les parece si le damos una mano a esos dos?
—No sé, creo que solo empeoraría las cosas— respondió Mark.
—Piensa en ello como una anécdota que recordaras cuando seas viejo— lo presionó al ver como empezaba a flaquear su determinación—Yo no tengo poderes, pero se dé un hechizo que solo tu podrás lanzar por tu posición de aprendiz. Además, ese par necesita una lección.
—Está bien—terminó aceptando, pues no le gustaba como las personas que eran importantes para él discutieran por cualquier cosa.
Howl ajeno a lo que planeaban contra de él, siguió concentrado en su disputa, hasta que una sensación conocida le recorrió por todo el cuerpo, su cabeza giró en dirección a las tres personas que los observaban desde una esquina alejada, tembló al ver la mirada maliciosa de la ex bruja.
—¿¡Qué demo…!?— su expresión fue interrumpida cuando su cuerpo empezó a moverse sin su consentimiento, pero todo empeoró al ver que su novia hacia lo mismo.
Mientras avanzaba con cada paso, percibió como la atracción que normalmente sentía por ella aumentaba considerablemente, pero lo que más captaba su atención era esos labios rosados que lo invitaban sumergirse en dulzor que ellos desprendían. Unos que conocía a la perfección y que no se cansaba de degustar cada vez que podía.
Cada vez estaban más cerca, Sophie cerró sus párpados cuando sus alientos se rozaron, como muestra de que no iba a interponerse ante lo que iba a suceder. Howl la imitó, pero cuando estaba a nada una corriente los recorrió, no la acostumbrada que hacía acelerar sus corazones, sino una que los impulso en sentidos contrario como si de dos polos iguales de un imán se tratara.
—¿Se puede saber que hicieron? —cuestionó Sophie con un gesto molesto ante el dolor que sentía a causa del impacto que sufrió en la caída.
—Le dimos un extra a su apuesta—mencionó divertida la ex bruja—Cada vez que la atracción los acerque, serán repelidos.
—¿Cuánto durara? —preguntó Howl aceptando a regañadientes el haber caído en una trampa de ese nivel, cuando se supone que el propio era demasiado alto como para un truco tan simple lo tomara por sorpresa.
—No lo sabemos, horas o días posiblemente— restándole importancia a ese detalle—Los chicos y yo iremos a dar una vuelta. Diviértanse mientras tanto—anunció sujetando la mano de un nervioso Mark.
Sophie miró con molestia la mesa sin levantar, prometiendo que iba a lograr ir contra los deseos que dictaban su cuerpo para que corriera hasta los brazos del mago, su fuerza de voluntad era grande, principalmente después de haber salido adelante contra el hechizo que le robó su juventud. Celebró al sujetar la primera taza, pero su alegría se esfumo al sentir como unas manos masculinas rodeaban su cintura.
«Va a ser un largo día» pensó con molestia. Lo que no se imaginaba Sophie que ese pensamiento sería tan acertado.
La incomodidad la recorría mientras intentaba limpiar los estantes de la sala, una tarea que solía realizar con rapidez le estaba empezando a tomar más tiempo del que acostumbraba, su paciencia estaba llegando al límite. Sentirse vigilada en cada uno de sus movimientos, como si fueras una presa jugosa para un animal salvaje.
—Has logrado pensar en una solución— habló cansada de la situación.
—Algo, pero necesito primero que me sueltes.
Sophie miró como Howl ya no se removía en la silla donde estaba sentado, sujetado con cuerdas. Recurrir a ese acto fue la única opción que se le ocurrió como un acto desesperado, después de tercera vez que su cuerpo fue repelido por culpa del hechizo que cargaban.
—Eres un excelente hechicero, pero debes manejar tu control—admitió con pesar— Si nuevamente terminó en el suelo por tu culpa.
—Si, lo prometo—aceptó— Hay que apresurarse, antes que el trío de desconsiderados regrese y nuevamente hagan de las suyas.
Sophie hizo lo solicitado y no protestó cuando Howl sujeto su mano y la llevó a rastras hasta su habitación. No le avergonzaba estar entre esas cuatro paredes, no cuando todos los días entraba a hacer la limpieza.
—Esa vieja bruja no pierde las mañas.
Howl se acercó hasta un libro y empezó a buscar con rapidez, y cuando encontró lo que deseaba se lo mostró a su novia.
—Eso ya lo sabíamos—mencionó Sophie cuando terminó de leer el hechizo, no por nada fue mencionado por sus amigos antes de marcharse.
—Pero fue Mark que lo lanzó y su nivel de magia está mejorando, no por nada es mi aprendiz.
—Entonces que hacemos— el que fuera Mark no cambiaba la cosas, seguían tan estancados como al comienzo.
—Este hechizo se rompe si se da una cierta cantidad de besos, eso debilita su fuerza.
—¿Como hacerlo? las descargas lo impiden.
Un nerviosismo la recorrió cuando Howl comenzó a acercarse invadiendo su espacio personal.
—No solo en los labios se pueden dar besos—musitó contra su oído femenino y depositar sus labios contra la mejilla de su novia—Aquí, por ejemplo.
Sophie tembló ante la caricia, pero entendió a la perfección a donde quería llegar el azabache.
—Aquí también— señalo al besarle la barbilla.
—Veo que has entendido— la voz de Howl era gruesa, cargada de emociones.
—Por supuesto, también soy una excelente aprendiz.
Howl iba a decir, algo, pero al sentir como su novia acariciaba su frente con sus labios, decidió que ese detalle era mejor mantenerlo en secreto.
En una mesa de una cafetería, dos personas bebían una taza de té con tranquilidad, mientras que a su alrededor revoloteaba un molesto demonio fuego quien miraba con tristeza como sus manos no le ayudaban a disfrutar de su bebida caliente.
—¿Cuánto durara el hechizo? —cuestionó Mark.
—Con tu nivel de magia, solo treinta minutos—soltó la mujer mayor divertida, preguntándose como reaccionaria Sophie al enterarse que el joven mago seguramente le ocultaría ese dato, no por nada no hizo ningún movimiento cuando ellos iban a marcharse.
Fin.
