Durante el fin de semana, Levy había decidido reunirse con Lucy con el objetivo de despejar su mente. Evitó decirle la verdadera razón de su corte de cabello cuando su sorprendida amiga le preguntó por ello, alegando que solo quiso un cambio de look más despreocupado y fácil de mantener. Por su parte, Lucy lo tomó muy bien y halagó en repetidas ocasiones aquel estilo, haciéndola sentir un poco más segura de sí misma y animada. También había omitido el hecho de que el día anterior había hecho pacto con el diablo para poder salir del hoyo. Ese día con su amiga solo quería disfrutarlo y recordarlo como el momento en el que aun era ella misma. Porque estaba segura de que, a ese punto, para el día lunes, ya habría marcado un antes y un después en su vida.
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Sin desearlo llegó el lunes. Entró a Phantom Lord como de costumbre, con la mirada baja y a paso apresurado. Se había sentado en su lugar como siempre, sin mirar a los lados y solo directamente a su mesa, pero aun así sentía algunas miradas encima. Las clases transcurrieron con una tranquilidad inusual, pero ese simple hecho la hacía temblar imperceptiblemente porque podría significar que estaban preparando algo peor para ella. También estaba el asunto de Gajeel, no quería toparse con él ni con su mirada. No soportaba la vergüenza que le produjo haber dicho aquello, aunque después de sus palabras, la tarde del viernes, él solo sonrió y le respondió con un simple: "Hecho". Retirándose seguidamente, sin miramientos. Pensar en ello la hacía sentir aun más nerviosa.
Fue hasta que culminó la última clase del día que entró en razón. Había estado todo el día en Phantom Lord y nadie le dirigió la palabra, mucho menos burlas o empujones. Se sentía invisible, como al inicio de toda esa pesadilla.
Camino a casa, la peliazul siguió ahondando en el asunto. No quería ilusionarse y que ese día solo fuera una coincidencia. Aunque, de hecho, pareciese que el instituto entero la había olvidado. Fue entonces que pensó en el Redfox. Tal vez había cumplido la parte de su trato, aunque él tampoco le dirigió palabra ese día.
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El martes asistió de igual forma, con precaución y atenta al comportamiento de todos a su alrededor. Y, en efecto, nadie parecía reparar en ella. Algunos la observaban y volteaban la mirada al cabo de unos segundos, otros disimulaban un poco mejor, mientras que algunos ni siquiera le prestaban atención. Sobre todo, se impresionó con el grupo de chicas de su salón, todas hablaban entre ellas durante los descansos, pero la ignoraban olímpicamente como si fuera un juguete del cual se habían aburrido.
Ahí sentada, viendo su mesa fijamente como acostumbraba, Levy Mcgarden sonrió. Se alegró al sentirse invisible y de poco interés ante los demás. Nunca pensó en alegrarse por ello, pero ahí estaba, sintiendo fuegos artificiales dentro de su pecho.
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Al día siguiente se aventuró un poco más y paró en la biblioteca durante uno de los descanso. Aquel era el lugar donde había vivido una de las experiencias más traumáticas de su estadía en Phantom, hasta los momentos, y aun así lo seguía sintiendo como un lugar seguro. Se regodeó entre las estanterías llenas de polvo y algunas telarañas. Primera vez en un poco más de seis meses que se sentía feliz, un poco más viva. Pasó todo el descanso en su lugar leyendo, por un momento se preguntó a sí misma por Rogue, pero luego lo olvidó, disfrutando el gozo de la soledad.
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Los días pasaron veloces, a su parecer. Se sentía tan bien que le había dejado de dar importancia al tiempo. Levy podía casi decir que había recobrado su vida de preparatoria. Casi nadie en el instituto la molestaba. En ocasiones, algunos llegaban a incomodarla, pero salía de ello rápidamente. La única persona con la que hablaba era con Rogue, el cual volvía a ir más seguido a la biblioteca al percatarse de que ella había regresado a su vieja costumbre.
Sin embargo, algo que le parecía curioso a la peliazul era que el Redfox no le había hablado. Ni siquiera se había acercado a ella o mostrado algún interés por hacerlo. Había transcurrido una semana y media desde que la dejaron de molestar. Los primeros días estuvo nerviosa por lo que Gajeel pudiera pedirle hacer, pero ahora se encontraba más tranquila al notar el desinterés por parte de él. Tal vez el pelinegro hubiese cambiado de parecer.
Cuan equivocada estaba, nuevamente.
Ese día en el segundo descanso, la peliazul se dirigió a la biblioteca de buen humor, pues acababa de terminar un libro que esperaba ansiosa debatir con Rogue. Llegó al lugar y se sentó en el sitio que acostumbraba, pasaron los minutos y aun su amigo no hacia acto de presencia, por lo que decidió buscar un libro de interés mientras esperaba. Tardó unos cuantos minutos buscando un libro que estuviera en condiciones óptimas y fuera suficientemente interesante para leerlo mientras tanto, encontrando el indicado en una de las últimas estanterías. Cuando lo tuvo entre sus manos sintió a alguien acercarse y sonrió, sabiendo que se trataba de Rogue. Pero su sorpresa fue grande cuando, al rodear la estantería, sus marrones ojos se encontraron con unos carmesí frente a frente, pero no eran los que estaba esperando encontrar.
Gajeel había aparecido por el estrecho pasillo y ahora se encontraba frente a ella.
- No sé cómo puedes estar en esta pocilga - dijo el chico con cierta molestia, detallando lo polvoriento de su alrededor.
- ¿Qué haces aquí? - fue lo que atinó a decir la peliazul, aun sorprendida de verlo en ese lugar.
- Te estaba dejando disfrutar tu tiempo de libertad, pero como ya ves, cumplí mi parte del trato. Ahora es tu turno, Pitufo - el pelinegro sonrió al notar el cambio en las facciones de la chica.
Levy se quedó sin aire ante tales palabras y su cara fue de sorpresa. Había bajado la guardia en cuanto a Gajeel y ahora estaba ahí, reclamando lo que era suyo y que ella no sabía si podía darle.
- No me digas que se te había olvidado - el chico se acercó paso a paso hacia ella, quien retrocedió hasta que una estantería le bloqueó la supuesta vía de escape – No te puedes retractar ahora. ¿O quieres volver a tu situación anterior? - el chico se acercó tanto a su cuerpo que la hizo sentir más pequeña de lo que era. Gajeel se acercó a los labios de la peliazul sin titubeos, lo suficientemente rápido para que ella no escapara. Sus labios chocaron de forma tosca, a lo que Levy cerró sus ojos con fuerza. Gajeel acarició los labios de ella con maestría, al tiempo que se percataba de que la chica se tensaba cada vez más aun sin responderle la caricia, entonces lo supo. Una sonrisa se formó en los labios del pelinegro, interesándose cada vez más en ese tonto juego en el que la había envuelto. Entonces, sin perder el tiempo, procedió a profundizar el contacto.
Levy se sorprendió al percibir la lengua de Gajeel acariciando sus labios, como un suave delineado, y no supo cómo responder.
- Separa tus labios - pronunció Gajeel en un susurro, alejándose lo suficiente de ella para mencionar esas palabras. Acto seguido la volvió a besar con fuerza y rapidez. Levy, aun con un ligero temblor en las piernas, hizo caso a la orden y separó solo un poco sus labios. El pelinegro no perdió un segundo e irrumpió la boca de ella con su lengua, al tiempo que la peliazul gemía por la sorpresa. El chico acarició la lengua de ella con la suya, incitándola a imitar su movimiento.
La Mcgarden correspondió lentamente al sentir una mano de Gajeel apretando su cintura. Poco a poco acarició la lengua del chico, mezclando sus alientos y envolviéndose en un vaivén de sensaciones, por lo menos de parte del azabache.
Cuando el aliento hizo falta, el joven de ojos rojos se separó lentamente, manteniéndose unidos por tan solo unos segundos por un hilillo de saliva que con la distancia desapareció. Levy se llevó una mano a los labios, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas.
- Anota tu número aquí - mencionó el Redfox con una sonrisa socarrona, al ver el estado de estupor de la joven, al tiempo que le entregaba su móvil. La peliazul, aun anonadada, tomó el celular entre manos de forma torpe y escribió su número – Te enviaré un mensaje cuando te necesite - volvió a tomar la palabra el chico cuando recibió el artefacto de vuelta – A partir de ahora llevarás tu móvil encima en todo momento y, mientras tanto, no me hables frente a nadie. Ni siquiera voltees a verme. No quiero que me relacionen contigo - aquellas palabras fueron como un balde de agua fría para la peliazul. Seguidamente, observó como el joven protagonista de su primer beso le dio la espalda y se retiró sin más, dejándola temblorosa, sola y sintiéndose utilizada.
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Los primeros días después del beso se sentía intranquila, preguntándose una y otra vez en qué se había metido. Pero, aun así, Levy siguió las pautas que estableció el Redfox sin chistar. No le habló ni se le acercó, tampoco es que ella quisiera hacerlo. Tambien llevaba constantemente su celular en el bolsillo de su chaqueta.
Para ese momento, la pequeña aún se sentía enojada e indignada por como Gajeel la había tratado, pero ahora sabía que no podía esperar más de alguien como él. Tampoco tenía ganas de tener otro encuentro íntimo con el chico, pero era consciente de que, tarde o temprano, él la llamaría. Pasados algunos días logró tranquilizarse y su rutina recobró cierta normalidad. Si había algo positivo era que, al ignorar a Gajeel, podía olvidarse momentáneamente de su situación con respecto a él. Además, el chico tampoco parecía interesado en tener contacto frecuente con ella.
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Ese día en especial se sentía feliz, puesto que había obtenido otro sobresaliente y nadie la estaba molestando por ello. También estaba el hecho de que Gajeel tenía más de una semana sin buscarla. Sin embargo, algo la había descolocado ese día en especial. Cuando estuvo en la biblioteca, Rogue la había invitado a salir el fin de semana próximo y ella, sonrojada de pies a cabeza, había aceptado. En la tarde llegó a su hogar y contactó a Lucy para contarle las buenas nuevas.
Por fin sentía que su vida iba tomando rumbo. El fin de semana llegó en un suspiro y la salida con Rogue fue amena, a su parecer. Aunque el chico parecía tosco y rebelde, en realidad era bastante amable y simpático. En la noche de ese mismo día se reunió con su rubia amiga y le contó los detalles de su salida. Lucy se alegraba no solo por los avances con el Cheney, sino también porque notaba a su mejor amiga radiante de nuevo al estar libre del acoso que había sufrido a inicios del año.
De esa manera, entre risas y bromas, hablaron hasta altas horas de la madrugada.
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La semana de clases volvió a dar inicio. Levy y Rogue ahora no solo hablaban en la biblioteca, sino que en ocasiones se sentaban en algún banco disponible en los jardines alrededor del edificio, por lo que no era un secreto para nadie que eran amigos.
Cada vez que hablaba con Rogue, a Levy le parecía que era un chico retraído y tímido bajo la fachada de tipo rebelde. De cierta forma, eso le llegaba a parecer atractivo a la chica y se podía cómoda estando con él. Aunque a veces percibiera una que otra extraña actitud de su parte, estaba tan feliz de tener un poco de amena compañía que decidió pasarlo por alto.
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Más tarde, ya pasada la hora de la clase de deportes, se encontraban en el segundo descanso. Sin perder la costumbre, Levy se dirigió a la biblioteca sabiendo que ahí encontraría a su amigo. Una vez ahí lo encontró en una mesa cerca de las ventanas, se sentó a su lado y se dispusieron a hablar de literatura y un poco de su día. Ya cerca de la hora de volver a clase la peliazul se despidió, pero la mano del pelinegro la detuvo.
- Levy - la voz del chico la hizo levantar la mirada hacia la rojiza de él. Esperó pacientemente a que le dijera qué ocurría, pero de los labios del joven no salió palabra, simplemente se quedaron ahí mirándose el uno al otro. Cuando la Mcgarden estaba dispuesta a tomar la palabra, los labios de Rogue la silenciaron. Se sorprendió por el acto, pero no se movió ni un milímetro. Todo lo contrario, después de unos segundos, cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo y correspondió el beso.
Levy cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación de tibieza. Era tan distinto a lo que había experimentado casi dos semanas atrás con Gajeel. Rogue se movía lento sobre sus labios, provocándole cierto cosquilleo. Su olor, su sabor, su forma de besarla era tan diferente que la obnubilaron.
Tal era su ensimismamiento que, ninguno de los dos, logró percatarse que aquella escena estaba siendo observada por un par de ojos carmesí ajenos a ambos.
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La pequeña chica de ojos avellana se encontraba en clases haciendo su mayor esfuerzo por prestar atención a las palabras de su profesor, pero su mente se negaba a dejar de repetir una y otra vez el beso que minutos antes había ocurrido en la biblioteca de Phantom Lord. Desde ese momento, un molesto sonrojo no la había abandonado, aun cuando la clase dio inicio. Por un lado, la peliazul se sentía en las nubes, pero cuando recordaba que poco antes se había besado con Gajeel Redfox un nudo se le instalaba en la boca del estómago. Intentaba convencerse de que eran casos distintos, pero no lograba dejar de sentirse una cualquiera y sentir que Rogue no merecía aquello.
En ese momento, mientras su mente se encontraba divagando, sintió una pequeña sacudida, imperceptible a la vista de los demás. Su celular había vibrado dentro de su bolsillo, devolviendo sus pensares a su lugar actual. Por un segundo se vio tentada a revisar el aparato, temiendo la razón por la que se había activado, pero descartó aquella idea al tener en cuenta que usualmente los profesores le dedicaban mayor interés a su persona, al ser la única que prestaba real atención durante clase.
Una hora después, la clase había culminado, faltando poco para que sonara la campana de salida. Nerviosa, por fin sacó el celular de su bolsillo y leyó el mensaje que este contenía. Sus temores se hicieron realidad y sintió un escalofrío mientras releía el texto una y otra vez.
- Al acabar la clase espérame en el tercer piso -
Levy palideció, aun observando el mensaje de texto. No necesitaba más detalles para saber de quién se trataba. Estuvo a punto de voltear a mirarlo para cerciorarse, pero antes de hacerlo recordó las toscas palabras de este, por lo que no movió ni un músculo. En cambio, decidió guardar el número de contacto en su celular como "G.R" y se dispuso a recoger sus pertenencias. Para ese momento la campana ya había sonado y sus compañeros se encontraban saliendo del aula.
Suspiró y trató de darse ánimos para lograr levantarse de su asiento. Observó disimuladamente el salón, casi vacío, y notó que Gajeel ya no estaba en el. La ansiedad la atacó de nueva cuenta, había llegado el momento de enfrentarlo otra vez y cada vez se sentía menos preparada. Impulsada por el miedo, a que el chico se enfureciera por llegar tarde al punto de encuentro, inició su camino hacia el tercer piso, donde se encontraban las aulas de los alumnos de años superiores. En el transcurso sentía que sus manos sudaban y temblaban, posiblemente en ese momento no podría sostener ni una pluma.
Una vez en el piso deseado se quedó al pie de las escaleras. Se encontraba en el tercer piso y los pasillos se veían despejados, pues a esas alturas ya casi todos estaban caminando de vuelta a casa o a alguno que otro club, pero no sabía exactamente a dónde dirigirse. Sacó su móvil y de nuevo leyó el mensaje de texto. El pelinegro no le había dado más detalles de a dónde ir. Indecisa, se quedó ahí plantada, al pie de las escaleras, debatiéndose si era mejor buscarlo en los salones o enviarle un mensaje de vuelta.
Sin hacer nada, veía fijamente en su celular como pasaban los minutos y no había ninguna señal por parte del chico. Aun insegura y nerviosa tomó una decisión. Huiría de ese lugar y después se excusaría con el pelinegro.
Decidida dio media vuelta y descendió un par de escalones, cuando se paralizó al divisar al joven culpable de su nerviosismo ascendiendo.
- ¿Estás huyendo, Pitufo? - aquel apodo le chilló en los oídos a la peliazul, haciéndola distraerse un poco de lo nerviosa que estaba.
- No - mintió con gran convicción, mientras el chico continuaba subiendo las escaleras ante sus ojos. Al alcanzarla pasó de largo sin decir nada, pero ella entendió que debía seguirlo. Caminando a sus espaldas, a una distancia prudente, por primera vez lo detallaba. Gajeel era alto, bastante alto a comparación de ella, que apenas le llegaba al hombro. También era fornido y hasta podía apostar que era atlético. Su cabello era largo y rebelde, pero le quedaba bien con su apariencia. Bajando la mirada notó que, en su brazo derecho, aparte de unos cuantos piercings, tenía varias cicatrices bastante evidentes, hasta donde la manga arremangada del uniforme dejaba ver. Cuando se preguntaba internamente qué podría haberle causado tales heridas se tuvo que detener abruptamente para no chocar contra la espalda masculina.
Gajeel se detuvo frente a la puerta del salón que se encontraba al final del corredor. Levy observó en silencio cómo el chico abría la puerta del salón con una llave que acababa de sacar de su bolsillo. Un par de vueltas en la cerradura y la puerta se abrió, ingresando primero el pelinegro, seguido de ella. Adentro era un salón normal, con sus mesas y sillas, la única diferencia con los otros salones era el hecho de que al fondo se encontraba una pequeña montaña de objetos acumulados. Parecía que dicha aula servía como depósito.
- ¿De dónde sacaste esa llave? - fue lo primero que preguntó la chica.
- Muevo mis influencias - respondió de forma desinteresada el Redfox, adentrándose en el salón aparentemente abandonado.
- Este sitio parece un depósito - Levy recalcó lo evidente al notar las diminutas esferas de polvo brillar con la luz del atardecer.
- Y lo es - afirmó Gajeel – No se utiliza porque la estructura en esta área está deteriorada y fue declarado como inestable – explicó el chico, al tiempo que se sentaba sobre una de las mesas cerca del ventanal – Pero no estamos aquí para clases de historia - Levy sintió que le faltaba el aliento cuando Gajeel la miró fijamente, con una especie de seriedad peculiar, al tiempo que le hacía una mueca con la cabeza para que se acercara a donde él estaba. Sin ninguna otra alternativa, más que afrontar la situación, ella se aproximó – Ahora quiero que te desnudes - mencionó sin pudor alguno el pelinegro.
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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.
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¡Bienvenidos nuevamente! Y hasta aquí por ahora. Decidí dejarlo hasta este punto porque si no iba a ser un capitulo demasiado extenso y tampoco quería quitarle la intriga de lo que viene a continuación. Disculpen si quedó muy corto, serán recompensados por su paciencia. Espero que hayan disfrutado este nuevo capítulo y si no es mucho pedir déjenme saber que tal les pareció. Y nuevamente muchísimas gracias por sus reviews, me hace feliz leerlos y no saben lo mucho que me alientan a continuar la historia y hacer todo lo posible por actualizar en un rango de tiempo decente. Los nuevos reviews, recomendaciones y sugerencias son bien recibidos como siempre. Y para los que ponen la historia en sus favoritos, es todo un halago, pero también déjenme saber si les está gustando lo que va de historia o el rumbo que está tomando.
Y no desesperen, ahora es que viene lo bueno. Así que nuevamente gracias por la recepción y los buenos comentarios que me han dejado. Nos estamos escribiendo en un próximo capitulo, saludos.
P.D: ¡Feliz año 2018 a todos!
