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Ahora quiero que te desnudes- mencionó sin pudor alguno el pelinegro.

- ¡¿Qué?! - los ojos avellana se abrieron desmesuradamente, dejando en evidencia su asombro. Mientras tanto, una parte de su cabeza pensaba que tal vez había escuchado mal, en un vano intento de mantener la calma.

- Como oíste. Quiero que te desnudes - sentenció el chico mirándola fijamente con sus intimidantes ojos carmesí.

- ¿Estás demente? - la chica sonrió nerviosa ante el disparate que le estaba proponiendo el muchacho frente a ella.

- Te recuerdo que hicimos un trato - el pelinegro se levantó de la mesa en la que había estado reposando y se acercó a la atónita joven que no dejaba de mirarlo con cara de terror. El rostro de la chica en ese momento se le hacía particularmente divertido y no se preocupó por disimularlo - ¿Ya lo olvidaste? - la rodeó como un jaguar asechando a su presa - ¿O es que acaso extrañas la atención que te daban todos? - siseó cerca del oído de la peliazul, notando como esta se estremecía. De esa forma estaba logrando lo que buscaba, intimidarla – Respóndeme. ¿Extrañas esos tiempos? – presionó, al tiempo que posaba sus labios en el cuello de la chica.

- N-No - Levy odiaba tartamudear y sentirse débil o nerviosa a morir delante de otra persona. Por causarle esa sensación comenzaba a sentir que odiaba a Gajeel Redfox en ese preciso instante. Quiso decirle otra cosa, pero las palabras quedaron ahogadas en su garganta cuando sintió que el pelinegro mordió levemente su cuello.

- Entonces tendrás que hacer lo que te diga para que todo siga igual - las manos resbaladizas de Gajeel recorrieron los pequeños hombros, pasando a la pequeña cintura y descendiendo hacia las caderas femeninas, las cuales sujetó con firmeza, apegándola a su cuerpo – Si te niegas no te garantizo que la situación que pueda presentarse con todos sea controlable - Levy tembló ante aquellas palabras, imaginándose por un instante el infierno que se podría desatar de la mano de Gajeel - ¿Entiendes? - las palabras del pelinegro la devolvieron a la realidad.

Gajeel no le dio tiempo de responder, pues se apartó de ella y volvió a su sitio sobre la mesa, a un par de pasos de Levy. Ella lo miró fijamente, estaba claro el chantaje, pero ella se lo había buscado. Había aceptado el trato indecente que él le propuso y, además, llegó a disfrutar de la paz que le logró proporcionar en solo un par de días. Estaba perdida.

Ambos se observaron fijamente sin moverse de su lugar, él esperando que la chica iniciara lo que le había ordenado y ella tratando de descifrar la intensidad de aquellos ojos rojos. Pasados unos pocos minutos sin decir nada, Levy suspiró y, armándose de valor, empezó a desabotonar la chaqueta negra de su uniforme. Gajeel la observaba con intensidad desde su lugar, sin querer perderse ningún detalle de los movimientos de ella.

Una vez la chaqueta cayó al piso, la peliazul procedió a desabotonar la camisa blanca, dejando al descubierto un tierno brasier color rosa viejo bajo esta. En pocos segundos se despojó de la camisa, dejándola caer sobre el suelo al igual que la prenda anterior y, sin pensarlo demasiado, desabrochó su falda, la cual se reunió con las demás prendas en cuestión de segundos.

Entonces Levy levantó la mirada con dignidad, decidida a no dejarse humillar aun más. Era verdad que se sentía un poco acomplejada respecto a su cuerpo, pero tampoco era que le avergonzara como se veía. Lo único que sí lamentaba era estarse mostrando frente a alguien por el cual no sentía nada, aparte de rencor.

- Te sigo viendo vestida - Gajeel sonrió de forma burlona. Había notado el cambio en la mirada de la peliazul y, a pesar de que se sentía un poco excitado al verla en ropa interior, no era lo que quería lograr.

La Mcgarden entendió el mensaje. No era suficiente humillación aquello, él quería ir más allá y ella no podría negarse sin afrontar las terribles consecuencias. Sintiéndose cobarde por un lado, pero decidida por otro, llevó sus manos detrás de la espalda y desenganchó su brasier para luego deslizar la última prenda por sus piernas. Esta vez no logró hacerle frente a la rojiza mirada que parecía querer devorarla, por lo que simplemente, aun con el mentón en alto, miró hacia un lado.

Gajeel rio para sus adentros. La chica era osada, pues a pesar de estar sonrojada hasta las orejas y no poder sostenerle la mirada, no había intentado cubrir su desnudez con sus pequeñas manos. Estaba frente a él firme y, aparentemente, inmutable.

El pelinegro reconoció para sí mismo que lo que veía le gustaba. Unos lindos y redondos senos, una cintura estrecha, cadera voluptuosa y piernas ligeramente torneadas. Formas que el uniforme ocultaba muy bien.

Con el pasar de los minutos y el silencio que se apoderó en el salón, Levy se sentía cada vez más avergonzada e incómoda. Percibía la rojiza mirada encima de ella, detallando cada milímetro de su cuerpo y haciéndola sentir cada vez más pequeña e indecente. La chica volvió la mirada hacia su amedrentador cuando escuchó el ruido de una silla arrastrándose y notó que el Redfox tomó una silla, la había volteado para apoyar sus brazos en el respaldar de la misma, y se había sentado con las piernas abiertas a ambos lados, aun con la mirada fija en ella.

- Ahora tócate - la voz del joven emergió ronca, deseoso por presenciar la escena que se estaba imaginando.

- ¿AH? - la peliazul solo pudo atinar un monosílabo, al tiempo que su mandíbula casi caía al piso debido a la sorpresa.

- Te estoy diciendo que te masturbes, Pitufo - explicó el chico bruscamente, por si aún no le había quedado claro. Pero por supuesto que le había entendido desde un principio, no era estúpida. Tampoco era que no lo hubiera hecho ya, pues resultaba que sí conocía bien su cuerpo, pero nunca frente a nadie y tampoco se imaginaba haciéndolo fuera de la oscuridad y privacidad de su habitación.

- Estamos en el instituto - fue lo único que se le ocurrió alegar para intentar salir de aquella incómoda situación.

- Nadie viene nunca hasta acá. Además, la puerta tiene llave - Gajeel reposó el mentón sobre sus manos superpuestas en el espaldar de la silla, al tiempo que le sonreía a la joven – Si no gritas mucho nadie lo notara - al oír esas palabras Levy sintió su alma querer abandonar su cuerpo y, al verlo a los ojos, notaba que no estaba dispuesto a retroceder. Se sentía entre la espada y la pared, y al comenzar a moverse sintió que la espada la atravesaba.

Cerrando los ojos fuertemente y, queriendo darse prisa para terminar pronto con esa pesadilla, llevó una mano hacia su entrepierna. El pelinegro se deleitó con la imagen. Sin embargo, quería ver más de ella.

- Siéntate allá - habló el Redfox,al tiempo que señalaba una silla detrás de la peliazul. Una vez ella tomó asiento, el chico retomó la palabra – Abre las piernas y tócate - despreciable, ese fue el pensamiento de la chica al momento de acatar la orden. No tenía remedio intentar negarse, solo retrasaría lo inevitable. Poco a poco abrió las piernas lo suficiente y comenzó a presionar aquel sobresaliente que podía llegarla a enloquecer de placer. Con los ojos cerrados para intentar olvidar que estaba donde estaba y frente a quien estaba, Levy se tocó a placer. Al principio lento y presionando poco, pero con el pasar de los minutos aceleró el movimiento, sintiendo como sus dedos se humedecían y su cuerpo empezaba a reaccionar ante el placer. Su respiración se aceleró e inconscientemente sus labios se separaron al comenzar a jadear, pero manteniendo bajo control cualquier gemido.

Gajeel, por su parte, estaba más que embelesado con la imagen frente a él. Sentía también como su cuerpo estaba reaccionando al verla mojándose solo con sus pequeños dedos acariciar aquel botón rosado que se veía tentador, desde su punto de vista.

- Introduce tus dedos - la voz ronca del joven sacó a Levy de su burbuja. Abrió los ojos en dirección a él, avergonzada por lo que estaba haciendo.

- Redfox - la peliazul calló cuando el apellido de él salió de sus labios de forma placentera en vez de disgustada. Se tomó un par de segundos y volvió a hablar – Yo nunca…- la vergüenza que sintió al momento de intentar dirigir la vista hacia él no la dejó terminar la oración.

- Inténtalo - la presionó una vez más. Quería extasiarse esta vez solo viendo el placer que ella misma se proporcionaba. Y ahora saber que nunca había hecho aquello lo excitaba aun más. Levy suspiró temerosa y volvió a cerrar los ojos, intentando olvidarse, de nuevo, de donde estaba. Palpó con la mano su ya erecto clítoris, el cual a pesar de todo le estaba produciendo cierta sensación de gozo, y lo siguió acariciando de forma rítmica y continua. Cuando se sintió lo suficiente húmeda, posicionó el dedo anular en su entrada y, siguiendo el ritmo, lo introdujo lentamente y de forma temerosa. A pesar de que se había masturbado en innumerables ocasiones, siempre le había dado temor ir más allá de una simple y superficial caricia. Sin embargo, ahora que lo estaba haciendo, el temor fue desapareciendo rápidamente pues un extraño placer que nunca había sentido invadió su cuerpo. Sacó su dedo y lo introdujo un par de veces y se sintió tan bien que de forma inconsciente quiso experimentar con dos. Juntó su dedo medio con el anular y los introdujo, sintiendo una pequeña molestia al inicio, que desapareció en cuanto comenzó a moverlos. Con su mano libre se sujetó a la silla y aceleró un poco los movimientos de sus dedos al mismo tiempo que presionaba su clítoris con la palma de su mano.

Por otra parte, fuera de la burbuja de placer de la peliazul y frente a ella, estaba Gajeel deleitado con la imagen que le estaba regalando la chica. El pelinegro estaba concentrado en los movimientos de la joven, en la respiración femenina acelerada y el sugerente sonido acuoso que invadía el lugar tras las repetidas embestidas que ella misma se proporcionaba. Sin poder evitarlo más, guio su mano hacia su pantalón. Aflojó la correa y desabrochó el botón para poder liberar su miembro de la presión que significaba su ropa interior en ese momento. Se encontraba erecto y deseoso de atención. El chico lo envolvió con su mano y, sin apartar la mirada de la peliazul, lo comenzó a estrechar, realizando rápidos movimientos de arriba abajo de manera constante. De pronto escuchó un gemido, seguramente traicionero, salir de los labios de la chica y se sintió aun más excitado. Inmediatamente se le ocurrió una nueva idea, al notar lo irregular de la respiración de Levy, la cual seguramente estaba cerca del orgasmo.

- Quiero que gimas – ordenó el pelinegro, tratando de mantener su voz indiferente – Pero que sea el nombre de Rogue Cheney – Levy, quien lo había estado escuchando con los ojos cerrados hasta ese momento, los abrió de golpe al tiempo que buscaba la mirada del pelinegro. A pesar de estar sonrojada y con el placer invadiéndola de pies a cabeza. Se sorprendió al verle serio, sin ninguna sonrisa burlona decorando su rostro – Te gusta ¿no es así? Entonces gime - dichas las últimas palabras el chico, siguió masajeando su miembro sin ningún pudor. Fue hasta entonces que Levy se percató de que él se estaba masturbando ahí, frente suyo, justo como lo estaba haciendo ella.

Sonrojada y con una ligera capa de sudor cubriendo su cuerpo, la peliazul cerró los ojos de nueva cuenta, pero esta vez no pudo olvidarse de donde estaba. Ahí con los ojos cerrados, si se concentraba, podía escuchar la respiración también agitada de Gajeel, al igual que el sonido seco de su mano subiendo y bajando se forma rápida sobre su pene. Fue entonces que reparó en lo que estaban haciendo y en el lugar, en el cual ese comportamiento estaba rotundamente prohibido. Solo en ese momento, en ese preciso segundo, la peliazul reconocería que le excitaba aquello. Aceleró el movimiento de su mano en busca del placer máximo, sintiendo los gemidos ahogarse en su garganta, avergonzada de dejarlos salir.

- Gime - las roncas palabras de Gajeel la incitaron, haciéndola gemir sonoramente una vez. El pelinegro sintió una oleada de excitación al escucharla gemir, lo cual hizo que acelerara el movimiento de su mano sobre su miembro – Gime - presionó una vez más el chico.

- R-Rogue - sintiendo el placer en aumento, la peliazul se dejó llevar fácilmente por la petición del Redfox. Cegada por el placer y acercándose al orgasmo, se acarició un seno con su mano libre, en busca de mas placer, regalándole sin ser consciente una escena a Gajeel digna de recordar – Rogue - con el morbo del último gemido alcanzó el máximo placer, el orgasmo llegó a su cuerpo como una explosión de papelillo. Su visión se nubló por unos instantes y se sintió ligera. Frente suyo estaba Gajeel observándola disfrutar de un intenso y placentero orgasmo, orillándolo a alcanzar el suyo propio. El pelinegro dejó de mover su mano cuando sintió el semen apunto de fluir al exterior. Atajó el liquido con su bóxer, evitando hacer un desastre.

Por un momento deseó haber acabado encima de la peliazul, quien hasta ahora comenzaba a recobrar la compostura. Luego de permanecer un rato más sentado, disfrutando la relajante sensación del orgasmo, Gajeel se puso de pie y arregló sus pantalones.

A Levy, poco después del intenso placer que sintió, la atacaron los sentimientos de arrepentimiento y vergüenza extrema. No podía creer su comportamiento. No se sentía ella misma ni podía concebir lo que acababa de hacer frente a un casi total desconocido. Se repitió varias veces que lo hacía por una buena razón, para protegerse a sí misma, pero aun así la sensación de desagrado y remordimiento iba en aumento. Cuando Gajeel se levantó de su asiento ya ella se encontraba de pie volviendo a colocar su ropa interior en el lugar correspondiente, intentado ignorar completamente le presencia del chico, el cual después de arreglarse un poco la ropa se dirigió a la salida, abriendo la puerta sin importarle que ella no estuviera completamente vestida.

- Te advierto que Rogue Cheney no te conviene - mencionó el chico con voz bastante seria, de la cual rara vez hacia uso – Y estarte besando con él en público no es la mejor decisión si lo que quieres es que no hablen de ti – sin nada más que agregar, Gajeel se retiró del lugar. Levy quedó viendo en dirección al pasillo, por el que se había ido Gajeel hacia unos segundos, ahora completamente sola con un rostro de sorpresa y miedo. El chico los había visto a Rogue y ella besándose. Aparte, estaba esa extraña advertencia que no sabía a qué venía ni con qué base hablaba el chico.

Entonces, ahí sola en un salón usado como depósito, con el sol ocultándose a sus espaldas y a medio vestir, decidió ignorar las palabras del Redfox, pues él no era el más indicado para decidir quién le convenía o no.

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Levy sentía que todos la miraban y señalaban, pero sabía que era su imaginación y su sentimiento de culpabilidad. Después de lo ocurrido aquella tarde después de clase con Gajeel, no había sabido como darle la cara al mundo, pues no se sentía ella misma. Sentía que todo el mundo ya sabía lo que había ocurrido en aquella aula alejada y sin uso, aunque no fuera así. Phantom Lord seguía su rumbo sin tener conocimiento alguno de lo que había sucedido dentro de aquellas cuatro paredes.

A la joven también le costó volver a hablar con Rogue, tanto por lo que había hecho mientras pronunciaba su nombre, como por las palabras del Redfox. Después de un par de días de evitarlo, el chico de ojos carmesí y cabello negro y plata la buscó y restableció el contacto con ella. Todo siguió su curso normal.

A esas alturas Levy había decidido suprimir lo sucedido y continuar con su vida lo más normal que le fuera posible.

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Ya estaban a viernes y se encontraba un poco ansiosa, pues el Cheney le propuso hacer algo después de clase y, por supuesto, ella aceptó la invitación, ignorando el eco de las palabras de Gajeel en su cabeza. Pasado el segundo descanso, volvió al aula y el tutor de la clase se dispuso a entregar las notas del último examen y hablar un poco sobre el rendimiento general de la clase con respecto a las demás materias. Levy se sentía feliz, ya que continuaba de primera en la lista de notas y había mantenido su promedio. Aunque no quisiera aceptarlo eso estaba siendo posible gracias a que Gajeel le había tendido la mano, por así decirlo.

La peliazul se sorprendió cuando el profesor enfocó sus comentarios, más parecidos a un sermón, en el chico de mirada rojiza, el cual era protagonista de sus pesares. La sorpresa de la joven se debía a que, a pesar de todo, el Redfox era el segundo mejor de la clase en cuanto a promedio. Unos meses atrás se había percatado de que el chico era inteligente, pero poco aplicado, sacando solo un poco más de lo justo para aprobar el examen. Era eso, justamente, lo que el profesor en ese preciso momento le estaba reclamando, por haber obtenido una baja nota en química.

El chico no parecía estárselo tomando muy bien que digamos, pues le había contestado mal en repetidas ocasiones al tutor. La clase terminó con una amonestación para el pelinegro y un profesor alterado.

Después de aquello, la Mcgarden dio gracias de que las demás clases transcurrieron con tranquilidad y relativa rapidez. Al finalizar la jornada del día estuvo bastante animada, debido a la cita que se aproximaba. Sin embargo, el último profesor a cargo le pidió ayuda para recoger y llevar a la sala de profesores los deberes que había dejado pendiente. Tuvo que esperar a que todos se retiraran y dejaran sus respectivos deberes en el escritorio para ella poder recogerlos y entregarlos al profesor. Mientras esperaba, su celular vibró dentro de su bolsillo. Al sacarlo y revisar la pantalla del aparato, palideció. Un "Espérame en el salón del tercer piso" era lo que había recibido y, solo para asegurarse, leyó el nombre del remitente: "G.R". Entonces se sintió a morir. No había transcurrido ni una semana completa cuando el chico ya la estaba volviendo a citar, provocando que sus manos comenzaran a sudar y su corazón a acelerarse, recordando lo que ya había sucedido una vez en esa misma aula.

Cuando todos los apuntes de sus compañeros se encontraban en el escritorio, los apiló y cargó en dirección a la sala de profesores, teniendo en mente una sola cosa: cómo escapar esta vez. No contó con que el profesor le pondría a pasar lista de quienes habían entregado y quienes no y también que se pusiera a hablar de lo difícil que era su vida enseñando. Incómoda e insegura se excusó con el hombre diciendo que tenía algunos asuntos pendientes, algo que no era totalmente falso. Cuando logró librarse del educador, caminó hacia las escaleras que la llevarían al tercer piso, dispuesta a hablar con Gajeel y decirle que hoy no podría cumplir con la reunión pues tenía algo que hacer. Al tiempo que subía las escaleras con cuidado, le envió un mensaje a Rogue explicándole que saldría un poco más tarde de lo planeado. Una vez en el tercer piso, fue directo al último salón del pasillo, se detuvo unos instantes frente a la puerta para respirar y tomar valor para abrirla. Contó hasta tres y lo hizo. Ahí frente a ella estaba él, recostado en el ventanal con las manos en los bolsillos y cara de pocos amigos.

La peliazul entró a paso firme y se acercó al pelinegro, quien la veía fijamente sin decir palabra.

- Redfox, hablemos - la Mcgarden se detuvo a un par de pasos de distancia del pelinegro, el cual se cruzó de brazos mientras la mirlaba fijamente. Aunque el pelinegro sonrió de forma burlona cuando ella mencionó su apellido, aun se le notaba que se encontraba molesto.

- Llegas tarde y quieres hablar - mencionó el chico de forma irónica – Vaya que has tomado confianza -

- Se me hizo tarde porque me asignaron de encargada - se excusó la chica, ignorando el comentario anterior – Quería decirte que tengo un compromiso ahora mismo – habló rápidamente, mientras observaba como Gajeel, haciendo oídos sordos, pasaba de ella y se acercaba a la puerta por la que había entrado segundos antes y la cerraba con llave – No puedo e-estar contigo hoy - la peliazul apretó los puños al no poder evitar tartamudear y sonrojarse ante el significado de aquella oración.

Gajeel, por su parte, después de asegurar la puerta, se volvió para observarla detenidamente y se acercó a paso calmado. Levy lo noto acercársele, pero no retrocedió un paso. Él la sostuvo por los hombros obligándola a retroceder hasta aprisionarla contra el ventanal del salón. Entonces se inclinó hasta estar a su misma altura y la observó directamente con intensidad.

- Si es así hagamos que sea rápido - las palabras del pelinegro la pusieron nerviosa al instante. Una vez más no podía evitar aquel encuentro. El chico sin avisar la besó violentamente, devorando sus labios sin tregua. La joven no podía seguirle el paso a aquel salvaje beso que le estaba propinando. La lengua de él se introdujo a su antojo, acariciando la suya con vehemencia al tiempo que sus manos empezaron a recorrerla con ímpetu.

Levy cayó en cuenta de que el chico parecía estar desahogando su frustración con ella. Sentía las manos de él recorrerla y apegarla a su cuerpo, siendo imposible ignorar el bulto que se estaba formando entre sus pantalones. La chica gimió de sorpresa cuando, aun entre besos, las manos de él apretaron su trasero con vigor. Lentamente, el pelinegro se separó lo suficiente para aflojar la correa y el botón de su pantalón, así liberando su miembro de entre su bóxer. Antes de que la peliazul intentara alejarse, le sujetó ambas manos y guió una de estas hasta su pene.

- Sujétalo - Levy quiso evitar el contacto, pero las manos fuertes de él la obligaron a sostener el miembro erecto. La chica lo sintió extraño al tacto – Ahora mueves tu mano lentamente - la mano de él sobre la de ella le enseñó el movimiento a seguir por unos segundos y luego dejó que ella sola le proporcionara la caricia. Seguidamente volvió a besarla de forma demandante, al tiempo que volvía a palpar el trasero de la peliazul. Al principio, la caricia que él le proporcionaba, fue por encima de la falda, pero luego introdujo sus varoniles manos por debajo de la prenda, llegando al lugar exacto para comenzar a tantear el clítoris por encima de la ropa interior. Levy quiso separarse, pero él lo evitó – Continúa moviendo tu mano - ordenó con voz áspera.

Levy atendió la petición sin rechistar, continuando con el movimiento rítmico de su mano, al verse atrapada de nueva cuenta entre la espada y la pared. Era la primera vez que veía un pene de cerca y que lo tocaba. Era más grande de lo que esperaba y su anatomía la sentía extraña al tacto. Sin embargo, se sorprendía al notar que, con aquella caricia, lograba darle placer al chico.

La peliazul intentó concentrarse en el movimiento de su mano, tratando así de ignorar los dedos de Gajeel sobre su intimidad, pues se estaba sintiendo incomoda y degradada.

El Redfox presionaba el clítoris de la chica y lo masajeaba con movimientos circulares. También deslizaba sus dedos hasta la entrada de su vagina aun por encima de la ropa interior repetidas veces, hasta que poco a poco fue sintiendo como la tela se iba humedeciendo.

Orgulloso por su logro, apartó la ropa interior en un ágil movimiento e introdujo sus dedos para tocar aquel pequeño bulto directamente.

- R-Redfox, detente - suplicó la joven al sentirse invadida por aquella gran mano dentro de su ropa interior.

- ¿Por qué? Si tu también lo estas disfrutando - Gajeel se refería a lo mojada que ella se encontraba en ese momento, a tal punto que se le hacía fácil deslizar sus dedos por la zona.

Cuando Levy quiso refutar, el pelinegro la calló con otro beso por un par de minutos más, hasta que el aliento les hizo falta a ambos – Mueve más rápido tu mano - demandó el chico, aun acariciándola en la zona inferior. Levy lo hizo sin oponerse. Aceleró el movimiento, al tiempo que comenzaba a jadear debido a la caricia que él le proporcionaba. La pequeña comenzaba a sentirse frustrada, pues su cuerpo estaba reaccionando de forma muy distinta a su mente.

A los poco minutos se percató de que Gajeel jadeaba de forma silenciosa y a veces un gemido ronco se ahogaba entre su garganta, por lo que, por un momento, se sintió poderosa. Hasta que un sonoro gemido salió de sus propios labios cuando sintió que el pelinegro introdujo un dedo en su vagina, avergonzándose al reconocer el placer que aquello le proporcionó, siendo tan diferente a cuando ella lo hizo con sus pequeños dedos. Los dedos de Gajeel parecían tocar el punto preciso para proporcionarle placer, el movimiento de estos le causaban un deleite que no estaba dispuesta a admitir nunca frente a nadie.

Con la respiración acelerada y controlando los gemidos ahogados en su garganta, Levy continuó moviendo su mano sobre el miembro del Redfox con más atrevimiento y, una vez más, el morbo de aquella situación le comenzó a nublar el raciocinio. Esta vez era similar a la anterior, con la diferencia de que ahora no se proporcionaban placer a sí mismos, sino al otro. Pasados unos segundos sintió el cuerpo de su compañero tensarse y este, con la mano que no se encontraba dentro de ella, detuvo la caricia que le dedicaba sobre su miembro. Levy, aun sujetándolo sin saber porque él la había detenido, sintió cómo el órgano masculino sufrió ligeros espasmos, liberando el líquido seminal sin ningún cuidado.

Gajeel se apartó de ella tratando de contener su eyaculación para evitar un desastre mayor. Acomodó su pene dentro del bóxer y arregló sus pantalones. Levantó la vista y detalló a la chica frente a él. Se encontraba con la respiración acelerada y con un fuerte sonrojo adornando sus mejillas, seguro por la excitación, mientras observaba extrañada su propia mano que se había ensuciado con un poco de semen. El chico sonrió de mejor humor, debido a lo gracioso de la escena, y luego se acercó a su bolso. De este sacó una pequeña toalla, que usaba para limpiarse el sudor durante la clase de deportes, y se la aventó a la peliazul, quien a duras penas la logró atrapar. Sin decir nada más, Gajeel abrió la puerta y se retiró del lugar sin voltear atrás.

Levy lo miró fijamente, sin creer lo que sucedió. Esta vez él la había usado de forma egoísta y, sin siquiera dirigirle la palabra, la dejó sola de nuevo en ese lugar, sucia y, aunque no quería reconocerlo, insatisfecha.

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Levy había decidido no reunirse con Rogue esa tarde. No podía verle a la cara con normalidad después de lo que había pasado en el salón del tercer piso. Tras excusarse de sentirse indispuesta, se encaminó a su hogar, aun experimentando cierta molestia en su interior. Al llegar a su casa, fue directo a bañarse. Hizo lo mismo después del primer encuentro con el Redfox, se quedó un buen rato pensando en su situación. Cada vez llegarían más lejos y eso lo sabía, pero no sentía que estuviera preparada para ello. Además, concluyó que tenía un problema aparte, estaba enferma. Pues a pesar de su nerviosismo y su gran ahínco en rechazar las caricias del pelinegro, y desaprobar sus ideas, en el momento que realmente se detenía a pensar en lo que hacían, y dónde lo hacían, le daba una extraña satisfacción. No sabía qué estaba mal con ella. Tal vez era el hecho de romper las reglas, ya que siempre había sido una persona correcta. Sin embargo, desde el aspecto moral, aun le afectaba todo lo que sucedía.

Casi al anochecer su mejor amiga arribó en su casa sin previo aviso, dándole una agradable sorpresa.

- ¡Lu-chan! ¿Cómo estás? - ambas se abrazaron de forma fraternal.

- Muy bien, Lev-chan. ¿Y tú? - preguntó la rubia con una enorme sonrisa en los labios – Traje comida - mencionó al tiempo que alzaba las bolsas que traía consigo y se adentraba en la casa de la peliazul.

- Excelente. Muero de hambre - manifestó realmente agradecía la pequeña de ojos avellana. Sentadas en la mesa se sirvieron y comieron alegremente hablando cada una de su día. Lógicamente, Levy omitió la última parte de ese día. Una vez terminaron, lavaron todos los trastes y se dirigieron a la habitación de la peliazul para recostarse y ver algo de televisión, aunque lo menos que hacían era prestarle atención a la programación.

- Entonces Natsu entró a mi casa sin permiso y se acostó en mi cama - contaba la rubia, mientras su amiga le prestaba atención – Lo tuve que casi lanzar por la ventana para que se fuera - ambas rieron – Natsu es hiperactivo, pero tiene buenas intenciones. Pronto lo conocerás - continuó hablando la chica de grandes pechos – En estos momentos está esforzándose por revivir el club de Fairy Tail y reunir a todos los miembros. Todo poco a poco está tomando forma. Aunque él dice que no quiere que solo sea un club, sino un gremio-

- Ojalá lo logren - motivó la peliazul, sabiendo que su amiga se estaba esforzando también por ello – Ustedes dos se llevan muy bien - añadió luego, de modo sugerente, a lo que Lucy se sonrojó, entendiendo la indirecta.

- Y-Yo no lo sé, Levy-chan - la sonrisa de Lucy se fue opacando – Si te soy sincera siento que él me está empezando a gustar, pero no quiero que nuestra amistad se arruine por un tonto sentimiento - la chica abrazó una almohada al tiempo que observaba la sabana de la cama como si fuera lo más interesante del lugar, solo para evitar el contacto visual con su amiga.

- No digas eso - regañó Levy – Enamorarse no es tonto. Además, si él hace todo lo que me cuentas puede que también le gustes y por eso busca tu atención y compañía - dijo en tono suave, pensando positivamente en el posible enamoramiento de su mejor amiga – Solo dale tiempo para que te lo demuestre con creces y así no tengas dudas - Lucy subió la mirada hacia su amiga y se le tiró encima en un abrazo exagerado.

- ¡Levy! - chilló encima de su amiga simulando llanto – Eres tan buena consejera ¿qué haría sin ti? - Levy reía por el abrazo que le estampó la Heartfilia. Sin embargo, de un momento a otro unos ojos carmesíes se le vinieron a la mente, logrando acallar su risa en cuestión de segundos.

- Lu-chan - llamó la peliazul un poco seria, detalle del cuál se percató su amiga rápidamente, por lo que se levantó y la miró fijamente, dándole a entender que podía continuar – Si haces algo malo por un bien propio ¿sigue estando mal? - la rubia se quedó pensativa ante aquel cuestionamiento.

- Supongo que depende - contestó mirando a su amiga fijamente – Tal vez si es por un motivo egoísta, esté mal visto. Aunque pienso que si no le hace daño a nadie puede dejarse pasar - Levy se quedó un momento cavilando aquella respuesta - ¿Por qué preguntas eso? ¿Te siguen molestando en Phantom Lord? - ante esa pregunta, la peliazul salió de sus reflexiones.

- No, no, no - negó enfáticamente al tiempo que movía sus manos frente a su cuerpo – Eso ya no ocurre - Lucy notaba extraña a su amiga, pero si ella no quería contarle no la presionaría, aún. Por lo que decidió cambiar de tema para amenizar el pesado ambiente.

- Y, ¿Qué me cuentas del chico de cabello alocado? ¿Han avanzado? - preguntó de forma picara mientras sonreía.

- Me invitó a salir hoy, pero tuve que resolver unos asuntos y se me hizo tarde - respondió la peliazul, intentando no recordar lo sucedido.

- ¡No puede ser! Tienes que mensajearlo ya mismo - Levy se negó varias veces, pero después de un rato, Lucy logró convencerla para que le escribiera al Cheney. Con la orientación de su amiga, la Mcgarden le envió un mensaje disculpándose por lo de ese día, diciéndole también que lo compensaría, a lo que el chico le respondió para verse mañana como compensación. Levy, contenta, aceptó y quedaron con lugar y hora para encontrarse el día siguiente.

Esa noche Lucy se quedó a dormir donde la peliazul,con la excusa de que al día siguiente ayudaría a su amiga a arreglarse para su cita. Pero algo que quedó dando vueltas en la cabeza de la rubia, fueron las siglas "G.R" que se encontraban en la bandeja de entrada de su amiga, indicando un par de mensajes recibidos. Dispuesta a preguntarle a la peliazul al amanecer se durmió, restandole importancia al asunto.

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Levy disfrutó gran parte de la tarde del sábado junto a Rogue. Todo salió excelente y realmente se instaló en sus pensamientos que podría llegar a tener una relación seria con el chico, pues se divertía mucho y se sentía bastante cómoda a su lado.

Durante la salida se habían llegado a besar un par de veces. Sin embargo, no pudo disfrutar el momento del todo, ya que el pelinegro de pierciengs seguía dando vueltas en su cabeza, atormentándola.

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El domingo pasó con rapidez, dándole paso a un nuevo inicio de semana. Llegó a Phantom Lord, entre alegre y distraída, para iniciar la jornada de clase.

Parte del día transcurrió con total tranquilidad, la peliazul en los descansos se reunió con el Cheney para hablar y comer juntos. La antepenúltima hora de clase la tuvo libre y, ya que Rogue se encontraba en clase, decidió quedarse en su aula leyendo los apuntes para la última clase del día, aprovechando que casi todos sus compañeros se encontraban afuera haciendo cualquier otra cosa.

De un momento a otro un bullicio a la lejanía la desconcentró de su lectura. Intrigada, se levantó de la silla dejando el cuaderno sobre la mesa, y se acercó al ventanal, logrando divisar el alboroto que se estaba formando abajo en el patio. Identificó a sus compañeros corriendo y vitoreando a dos personas que parecían tener intenciones de enfrentarse. Levy identificó fácilmente a las dos personas que parecían desafiarse. Uno de ellos era indudablemente Gajeel Redfox. Para su pesar lo podría identificar a cualquier distancia. Mientras que el otro involucrado era uno de sus compañeros de clase que usualmente se sentaba al final de la fila cerca de la puerta. Si no recordaba mal su nombre era Totomaru. La peliazul se llevó ambas manos a la altura de la boca cuando, de un momento a otro, Gajeel asestó el primer golpe, al tiempo que la multitud estalló en gritos, animando el enfrentamiento. El chico de coleta se recuperó del golpe rápidamente y le propinó de forma casi imperceptible un puño en el rostro a su contrincante, sin duda Totomaru era veloz.

De pie frente al ventanal, Levy detalló toda la pelea, debido a que nadie parecía estar interesado en separar a aquellos dos, que para ese entonces se encontraban en el piso moliéndose a golpes. Pasados unos minutos, en los que no pudo separar su vista de aquel acontecimiento, divisó a un par de profesores acercarse a la escena y, con un poco de esfuerzo, lograron distanciar a ambos chicos. Como resultado, también se dispersó rápidamente la multitud. La peliazul notó que los profesores les gritaban a ambos agresores, aunque no lograba entender a esa distancia. Sin embargo, lo que sí pudo notar fue a Gajeel dejando con la palabra en la boca a los docentes, ingresando en el edificio y, de esa forma, saliendo de su campo de visión.

En poco tiempo un colérico pelinegro ingresó al salón, sorprendiéndola por la rapidez con la que había llegado. La chica quedó impactada al notar su estado.

- ¿Estás bien? - preguntó de forma automática e inocente, mientras se acercaba al Redfox inconscientemente – Estás sangrando - recalcó lo obvio cuando notó el hilo de sangre que delineaba el rostro del chico, debido a una herida en la ceja y otra en el labio. Sin embargo, se arrepintió de haber hablado cuando él la fulminó con su rojiza mirada, la cual siempre lograba intimidarla de sobremanera, pero esta vez también le causó un miedo inexplicable.

- No me hables - Gajeel tomó su bolso y, como entró, salió del salón. Levy quedó muda y con un escalofrió recorriéndola de arriba abajo.

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Los días siguientes la tensión era evidente dentro del aula. El pugilato entre Gajeel y el estrambótico chico de coleta y tatuaje en el rostro era cada vez más constante y la cuestión no tenía pinta de parar ahí. Ambos recibían advertencias por parte de algunos profesores, pero a ninguno parecía importarle demasiado. Por su parte, Levy también se sentía incomoda con aquel ambiente, pero luego de la descortés respuesta del chico de mirada carmesí un par de días atrás, decidió evitarlo con insistencia. Aunque él no parecía interesado en acercársele, prefería evitar otro encuentro desagradable.

Durante el transcurso del día, los dos jóvenes tuvieron otro pequeño enfrentamiento, pues Totomaru al salir del aula, durante el descanso, tropezó adrede el hombro del Redfox. La situación no pasó de una sacudida contra la pared por parte del pelinegro, ya que sus compañeros se metieron en medio, así evitando formar un escándalo dentro del establecimiento. Ante eso Levy decidió pasar el resto del descanso lejos de cualquier alboroto. Durante la clase de natación, la peliazul escuchaba entre susurros a sus compañeras hablar de la razón por la que aquellas peleas se estaban originando. Al parecer todo surgió luego de que unos cuantos rumores sobre Gajeel se esparcieran por Phantom Lord, rumores que no habían llegado a sus oídos debido a su falta de vida social.

Aunque se quedara con la curiosidad, la Mcgarden decidió no darle más importancia al asunto.

A mitad de la clase su instructora se tuvo que retirar a una importante reunión, dando hora libre en la piscina solo para ellas. La peliazul no encontró diversión alguna en aquello, debido a que siempre estaba sola, por lo que salió del área de la piscina hacia los vestidores y se cambió a su uniforme. Una vez lista, emprendió camino al edificio principal, no sin antes volver su mirada a una de las canchas cercanas donde se encontraban los chicos de su clase disputando un partido amistoso de futbol. Sus pasos se detuvieron cuando divisó cómo el chico de cabello mitad azabache y mitad plata le había robado el balón a Gajeel, no sin antes empujarlo con suficiente fuerza para derribarlo, aunque aquello estuviera contra las reglas. El Redfox no se quedó en su sitio ni por un segundo. De forma veloz se levantó del suelo y se abalanzó contra su atacante con evidente rabia. Levy se llevó ambas manos a los labios ante la escena que observaba ahí de pie, completamente inmóvil. Los chicos se propinaban golpe tras golpe, produciendo un sonido seco luego de cada impacto. Nadie se movía de lugar ni hacían ademan de querer hacerlo. Pasados unos cuantos minutos de arrastres por el suelo y fuertes golpes, el profesor a cargo llegó hasta el lugar donde se encontraban los chicos, los separó y a gritos envió al Redfox lejos de ahí. La peliazul no alcanzó a escuchar la orden del docente, pero observó cómo Gajeel se puso de pie y, hecho una furia, salió del campo de futbol hacia los vestidores, cercanos al mismo. Ella permaneció unos segundos de pie en el mismo lugar, aun bastante impactada como para moverse. Observó con impresión cómo el resto de sus compañeros de clase había continuado el juego de futbol con total tranquilidad después de lo ocurrido.

Transcurrido casi un minuto, en el cual no había movido ni un milímetro de su cuerpo, reaccionó y continuó su camino hacia el edificio principal de Phantom Lord. Cuando estaba a punto de ingresar, el vibrar de su móvil dentro de su bolsillo la detuvo en seco. Lentamente extrajo el aparato de su bolsillo, prediciendo el remitente. Un gemido quedó ahogado en su garganta cuando leyó el contenido del mensaje.

- Ven a los vestidores - se mostraba en la pantalla junto al nombre del responsable de aquel texto, G.R.

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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.

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Bienvenidos una vez más a esta extraña historia. Hasta aquí el nuevo capítulo, me disculpo por el retraso y por ello les regalo un largo y cargado capitulo. Espero conocer sus opiniones sobre el rumbo que está tomando la historia, también acepto críticas y sugerencias. Disculpen los errores pues no pude corregir al final por el afán de actualizar lo antes posible, espero que hayan disfrutado de la actualización y sobretodo muchísimas gracias a todos los que comentaron y me dieron ánimos para continuar, me alegran el día como no tienen idea.

Sin más nada que agregar, nos leemos en un próximo capitulo que ya está en proceso. Saludos a toda la comunidad.