- Ven a los vestidores - se mostraba en la pantalla junto al nombre del responsable de aquel texto, G.R.
Levy no apartó la mirada de la pantalla de su celular, aun cuando esta se encontraba apagada, dudando, como siempre, si asistir o intentar huir a dicha convocatoria. Cerrando los ojos con fuerza, y presionando con firmeza el móvil contra su pecho, se infundió valor y dio media vuelta. No ganaría nada bueno si huía. Por cómo estaba el humor del Redfox seguramente no lo tomaría nada bien si ella no se presentaba. Además, estaba el hecho de que retractarse a esas alturas no tenía sentido, se había metido en la boca del lobo y no encontraba la salida. No había salida. Por lo que respiró profundo, mostró su mirada avellana con determinación y se dirigió al lugar citado.
Entró al sitio a paso rápido para evitar ser vista. Se adentró al lugar con desconfianza, a pesar de saber que todos sus compañeros se encontraban afuera jugando, excepto uno. Todas las pertenencias de los jóvenes se encontraban esparcidas de forma desordenada por el lugar, volviéndolo un poco caótico. Levy siguió el sonido de la única ducha que se encontraba funcionando en ese momento, quedando frente a la puerta de un pequeño cubículo.
- Redfox, estoy aquí - insegura de no saber qué hacer, se reportó en voz audible frente a la puerta que segundos después se abrió, dejando mostrar el cuerpo del pelinegro completamente desnudo, golpeado y empapado, haciéndola sonrojar y bajar la mirada en el acto.
- Deja tus cosas ahí - Gajeel señaló un lugar aleatorio. La chica obedeció y dejó el pequeño bolso, donde guardaba su uniforme de natación, una toalla y un par de objetos de higiene personal, en un banco cercano. Luego, una vez más, se posicionó frente al chico, pero a una distancia prudente. El pelinegro, sin demasiada paciencia, la tomó del brazo y la haló, metiéndola al cubículo junto a él y cerrando la puerta posteriormente. El espacio era suficiente amplio para estar los dos sin sentirme apretados. La regadera nunca había parado de soltar agua, haciéndola chocar contra el piso, produciendo de esa forma un sonido que hacía eco en toda la estancia. Sin tiempo de pensar en nada, Gajeel la empujó contra la pared y la besó sin importarle mojarla en el proceso con su cuerpo y largo cabello completamente empapados. El chico, nuevamente, parecía querer desquitarse con ella. Sus manos la recorrieron de forma asaltante y sin ningún pudor, al tiempo que su lengua violaba la boca de su compañera.
El Redfox estrujó los pechos de la peliazul de forma brusca un par de veces para luego descender a su trasero y hacer lo mismo con este mientras, apegaba su cuerpo al de ella, haciéndole notar la creciente erección que se presentaba entre sus piernas desnudas. Las manos de él se colaron por debajo de la falda y, a diferencia de su último encuentro con la pequeña Mcgarden, sus dedos apartaron automáticamente la ropa interior de ella y tocaron su clítoris de forma indecorosa. Gajeel rio para sus adentros cuando un gemido de sorpresa, por parte de la chica, quedó ahogado entre sus labios. Aun sin darle tregua, la empezó a masturbar con ímpetu, sintiéndose poderoso cuando al cabo de unos minutos sus dedos se resbalan con facilidad entre los pliegues femeninos. Al notarla lo suficientemente húmeda, introdujo un dedo, provocando que ella cortara el beso bruscamente para liberar un gemido semiahogado. El Redfox, dándole tiempo para un solo respiro, volvió a unir sus labios en otro beso demandante, al tiempo que continuaba moviendo su dedo en el interior de ella.
Levy sentía que el aire le faltaba, no pudiendo ignorar el molesto cosquilleo que se había instalado en su vientre bajo. Se sentía avergonzada, el insistente rubor en sus mejillas lo confirmaba. A la vez se sentía molesta consigo misma, al encontrar evidente que, muy en su contra, su cuerpo encontraba placer en aquella especie de caricia. Su cuerpo se tensó cuando sintió que el pelinegro introdujo un segundo dedo en su cavidad, proporcionando una pequeña molestia la cual, al pasar los segundos y los movimientos dentro de su intimidad se hicieron rítmicos, desapareció casi por completo.
Con sus sentidos casi nublados debido a la excitación, Levy sintió la mano libre de Gajeel guiar su mano derecha hacia el miembro, ya completamente erecto, de él. Esta vez la peliazul acarició al chico con un poco más de confianza, intentado marcar un ritmo parecido al que él llevaba dentro de ella. Gajeel notó aquello, lo cual provocó más placer en él. El chico movió sus dedos con más entusiasmo, mientras con el pulgar hacia presión en el clítoris femenino, notando los gemidos que le provocaba a la chica, pero que esta se negaba a dejar salir.
Para sorpresa de Levy, que se encontraba sumida en una nube de placer culposo, sintió a Gajeel retirar ambos dedos de su interior. Un tanto inconforme, y avergonzada, subió su mirada hasta chocar con la rojiza de él, notando por primera vez lo golpeado que tenía el rostro.
-Mételo en tu boca - la voz ronca del chico se escuchó sobre el sonoro choque del agua de la regadera contra el piso, provocando que la joven frente a él se inmovilizara. La miraba fijamente y se le hacía gracioso ver cómo el rostro de la peliazul cambiaba al ir entendiendo a lo que él se refería. Sin darle tiempo para negarse, la sujetó de los hombros y la obligó a ponerse de rodillas.
Aunque ambos se encontraban lejos del caer de la ducha, el agua salpicaba por todos lados, mojándola aún más al estar de rodillas. Levy quiso ponerse de pie nuevamente, pero las manos de Gajeel persistían sobre sus hombros, presionándola.
- Ponlo en tu boca - repitió el pelinegro, acercando su cadera al rostro de la chica – Usa solo tus labios y tu lengua. Ni se te ocurra morder - ambos se miraron fijamente por varios segundos hasta que Levy cortó el contacto visual para mirar lo que tenia al frente. El pene de Gajeel invadía más que su espacio personal, estaba a solo unos centímetros de su boca. La chica sintió al Redfox sujetarle la cabeza para incitarla a continuar, entonces respiró profundo y, cerrando sus ojos, abrió su boca.
Acarició el pedazo de carne, sin poder abarcarlo por completo, con los labios, por miedo a morderlo. La mano del chico sobre su cabeza marcó el ritmo del vaivén que debía llevar su boca. Levy, avergonzada, apoyó sus manos en las piernas de Gajeel para no perder el equilibrio, al tiempo que continuaba el húmedo contacto.
- Utiliza tu lengua - a la chica le sorprendió lo ronca de la voz del pelinegro, casi como un gruñido, por lo que subió la mirada hacia él. Detalló el rostro del chico, que se encontraba con el cuello ligeramente inclinado hacia atrás, tenía los labios separados y, aunque no se había percatado antes, este jadeaba con fuerza. Gajeel parecía estar disfrutando aquel roce con creces. La peliazul desvió la mirada cuando el chico volvió el rostro hacia ella, observándola fijamente con su rojiza y penetrante mirada. Cerrando sus ojos, la Mcgarden continuó succionando el miembro de su acompañante y, haciendo uso de su lengua, lo delineó y saboreó sin ser consciente del placer que le proporcionaba al Redfox. También se sintió extraña al darse cuenta de que, a pesar de que se encontraba de rodillas siendo salpicada por el agua que continuaba cayendo, todo a su alrededor se sentía muy caliente. Sus mejillas se sonrojaron con intensidad cuando aquel sentimiento prohibido la invadió de nueva cuenta.
El sonido de succión que producía la boca de la peliazul al saborear el miembro masculino no solo excitaba a Gajeel, había comenzado a excitarla a ella también. El chico de ojos rojos había dejado escapar un par de gemidos guturales ante la escena que estaba gozando. Aquella inocente y virgen peliazul se encontraba de rodillas ante él haciéndole la felación más excitante que hasta ahora había experimentado. La inexperiencia de ella y aquella sensación de inocencia e inseguridad que desplegaba le causaban un retorcido sentimiento de placer que jamás había experimentado. Ambos se sorprendieron cuando una voz se escuchó desde el exterior.
- ¡Gajeel! - una voz masculina tocó la puerta del cubículo donde ambos chicos habían estado en su burbuja de placer. Levy automáticamente quiso alejarse, pero el Redfox no se lo permitió, impidiendo con sus manos que apartara la boca de su pene - ¿Estás muerto? -
- Continúa - habló por lo bajo el pelinegro, solo para ella - ¡Callate, Aria! - gritó luego como si nada - ¿Qué quieres? - las manos de Gajeel sobre la cabeza de la peliazul la obligaron a continuar el movimiento, mientras ella hacía todo lo posible para no emitir ningún sonido al succionar.
- El profesor te manda a decir que cuando termines lo vayas a ver después de clase - se escuchó la voz desde la parte de afuera del cubículo. Gajeel seguía marcando el ritmo con sus manos, disfrutando de la deliciosa lengua de la chica sobre su glande.
- Que le den - dijo intentado sonar normal – No hablaré con ese marica que defiende al maldito de Totomaru - Levy se sobresaltó al sentir cómo él le obligaba a acelerar el movimiento de su cabeza después de aquellas palabras. Estaba roja hasta las orejas al saberse de rodillas haciéndole sexo oral al Redfox frente a otra persona, aunque tuvieran una puerta de por medio.
- Tienes que hacerlo. A no ser que vayas a hablar con Porla para evitar que te levanten otro reporte - mencionó con tranquilidad Aria, un chico alto y fornido de la misma clase que los otros dos.
- Sé que hacer. Déjame solo - a Gajeel se le estaba haciendo difícil hablar con normalidad cuando sentía que Levy presionaba más los labios, tal vez inconscientemente, provocándole una sensación de placer en aumento.
- Como quieras - el pelinegro prestó especial atención a los pasos alejándose de ellos, hasta que solo se escuchó nuevamente el sonido del agua chocar contra el piso. Sintiendo gran placer en su parte baja, hizo que la chica acelerara de nuevo el movimiento de su húmeda caricia, soltando un gruñido y sintiéndose a punto de llegar al éxtasis. En un arrebato de lujuria el chico empujó su pene aun más en el interior de la boca de la joven para sentir su estrechez y, con ese movimiento, dejó salir el líquido seminal dentro de la misma.
Levy sintió arcadas, al tiempo que sus ojos se humedecían al punto de lagrimear. Se separó bruscamente del chico, dejando salir por su boca un poco de aquel espeso y blanquecino líquido que no había tragado por completo. Gajeel la miró fijamente, mientras ella solo se preocupaba en volver a respirar, y sintió fuertes ganas de tomarla ahí mismo, pero se negó a ello. Estaba seguro de que Levy era virgen y tenía planes para cuando llegara el momento.
Aun con la chica en el suelo, se aproximó a la regadera y se metió debajo del agua, empezando a lavarse con normalidad.
- Cuando salgas evita que te vean. Pronto terminará la clase - mencionó de forma desinteresada, dándole la espalda a la joven. Levy lo miró por varios segundos con cierto rencor, para luego ponerse de pie. Salió del cubículo y de entre sus cosas sacó la toalla para limpiarse el rostro de cualquier rastro de semen. Aparte secó un poco su uniforme y zapatos, los cuales se encontraban bastante humedecidos. Al terminar tomó sus cosas y salió del lugar sin decir palabra ni mirar atrás.
Pero algo de lo que sin duda no logró percatarse fue que, a la lejanía, a las afueras del campo de futbol, un par de ojos oscuros había visto su cabellara azul salir de los vestidores a paso decidido.
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Ese mismo día en la tarde, Levy llegó a su hogar hecha un ovillo, como usualmente llegaba luego de algún encuentro con el azabache. Se sentía avergonzada de sí misma y de su cuerpo, no por lo físico, sino por las reacciones que este tenía ante las caricias del chico. Odiaba a Gajeel, estaba segura a estas alturas, pero más se odiaba a sí misma por estar siguiéndole el juego. Por preferir salir adelante en un futuro brillante a pesar de perder la dignidad frente a un hombre. Al principio se había auto convencido de que era un sacrificio que debía hacer por su bien, pero ahora se tornaba un sacrilegio.
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Al día siguiente la culpa no la dejaba levantar el rostro. Rehuía de cualquier mirada, desde la del chofer de autobús hasta la del profesor que dictaba la clase. También tenía la persistente sensación de estar siendo observada, lo cual, aparte de incomodarla, la asustaba terriblemente.
Por su parte, después del encuentro el día anterior, Gajeel no había podido sacarse de la cabeza una sola cosa, quería hacerla suya. La inocencia e inexperiencia de la chica, ligadas con el nerviosismo que a veces demostraba, le causaba un insistente deseo de corromperla. Quería profanar su virginidad y estaba a punto de hacer los planes que tenía para ella de lado solo para satisfacer ese deseo. Ella era como un pequeño ángel, puro y casto, en un lugar impúdico y de suciedad. Por ello, algo retorcido en su interior, quería manchar esa pureza y quebrantar su ingenuidad. No podía evitar mirarla e imaginarse poseyéndola y provocarle satisfacción, aunque ella se negara a aceptarlo. Sabía que Levy no se negaría, pues tenían un acuerdo, pero si lo hacía tendría que convencerla de alguna forma. Una menos sutil.
Por otro lado, Levy no había podido reunirse con Rogue. No podía darle la cara. Es más, estaba pensando seriamente en romper todo lazo con él, porque no se merecía una persona como ella. Durante los descansos se había refugiado en una esquina bastante alejada por los jardines que bordeaban el edificio, donde nadie la molestó ni interrumpió en ningún momento. Pero eso no significó que sus descansos fueran tranquilos y relajantes. Un mensaje de texto le había llegado unos minutos antes, helándole la sangre. Gajeel nunca la había citado tan seguido luego de un encuentro anterior, pero hoy, sin ni siquiera haber completado las veinticuatro horas desde su último encuentro, le había escrito otra vez.
- Espérame en la tienda que está a dos cuadras de aquí al terminar las clases. No llegues tarde - desde la llegada de ese mensaje la pequeña peliazul sentía que se había tragado una piedra que raspaba su interior y que a duras penas la dejaba respirar. Por primera vez el pelinegro la había citado fuera del instituto y aquello la hacía sentir más nerviosa e insegura que de costumbre. Durante las demás clases no pudo concentrarse y solo sentía su corazón latir desbocado. La campanada anunciando el final de las clases la exaltó de forma anormal y dio inicio al molesto sudor en sus manos. Lentamente, queriendo que el momento no llegara nunca, la chica tomó sus pertenencias y salió del edificio a pasos acortados. Caminó por las calles hasta llegar a la esquina donde se encontraba la tienda que el mensaje de texto mencionaba. Observó su alrededor, buscando la larga cabellera negra perteneciente al chico que comenzaba a despreciar, sin ningún resultado. Pasados cinco minutos ahí parada sacó su celular y observó la hora. Otros cinco minutos transcurrieron sin pista del muchacho que la citó en dicho lugar. Ya casi nadie transitaba por aquella esquina. Poco a poco los uniformes negros pertenecientes a Phantom Lord fueron desapareciendo, quedando solo ella de pie afuera de aquella tienda. Casi quince minutos habían transcurrido desde que se encontraba ahí y, cuando estuvo dispuesta a marcharse, una motocicleta se detuvo frente a ella, paralizándola. Lo reconoció enseguida, aun con el casco puesto. Gajeel se movilizaba en moto, aunque estuvieran prohibidas en el instituto. Para ese momento ya no le resultaba sorprendente, pues para él no parecía haber prohibiciones.
El muchacho se quitó el casco, dejando mostrar una sonrisa socarrona que permanecía dibujada en sus labios, mientras que sus largos y rebeldes cabellos permanecían sujetos gracias a una liga negra. Sin decir palabra le extendió el casco a la chica, la cual lo sujetó luego de un par de segundos.
- No me montare en esa cosa - trató de sonar firme la peliazul, adivinando los deseos de él. El chico se apoyó del manubrio, como si hubiera esperado la negativa de su parte.
- Tendrás que hacerlo si quieres irte antes de alguien pase y nos vea - mencionó de forma relajada, esperando que ella se pusiera el casco y se montara en el vehículo.
- ¿De verdad tienes permiso para manejar eso? - señaló con desconfianza la motocicleta negra con adornos plateados muy al estilo rockero - ¿Cuánto llevas haciéndolo? -
- El tiempo suficiente como para no haberme matado aún. Ahora móntate - observó con intensidad a la peliazul aun dudosa - ¿Echarás a perder todo por ser una miedosa, Pitufo? - Levy se sonrojó, debido a la molestia que le ocasionaba aquel sobrenombre. Además, estaba el hecho de que la hubiera llamado cobarde. Tomó el casco negro con ambas manos y se lo colocó, protegiendo correctamente su cabeza, solo logrando ver por medio del cristal del mismo. Sujetó sus pertenencias y se montó torpemente sobre la motocicleta, a espaldas de Gajeel, el cual reía por los repetidos saltos que tuvo que dar para lograr alcanzar a subirse – Pon tus pies aquí - la chica se sonrojó imperceptiblemente cuando él guio su pierna a un sobresaliente para apoyar los pies, el cual provocaba que mantuviera las piernas en una posición más abierta de la que prefería. Sujetó tímidamente entre sus puños la camisa del Redfox, tratando de no hacer demasiado contacto, detalle que le hizo gracia al chico. Este encendió la motocicleta y aceleró de golpe sin ningún aviso para luego frenar. Por el brusco movimiento, Levy abrazó con fuerza al pelinegro y cerró los ojos por miedo a caer, pero en cuanto escuchó la estruendosa risa de su acompañante entendió que lo había hecho a propósito.
- Madura, Redfox - replicó en voz alta, lo suficiente para que traspasara el cristal del casco y llegara a oídos del joven. A pesar del reclamo, no apartó sus brazos, que se encontraban rodeando la cintura del pelinegro, pues si lo había hecho una vez seguro la jodería durante el camino si se llegaba a apartar. Gajeel se puso en marcha después de reír varios segundos más, esta vez a una velocidad constante, ingresando atentamente a la carretera, pasando entre carro y carro.
Levy sintió el viento chocar contra su cuerpo y por un momento se sintió extrañamente bien. Olvidó que su acompañante era uno de los responsables de que quisiera olvidar esa etapa de su vida y el hecho de que se podían meter en problemas por ir solo ella protegida con el casco. Al mismo tiempo, estaba disfrutando el cosquilleo que le producía cada curva en el transcurso del camino. Al cabo de unos minutos se detuvieron frente a una casa muy al estilo moderno. Gajeel aparcó frente a la casa y bajó de la moto, siendo imitado por Levy, la cual dejó el casco encima del asiento al tiempo que peinaba repetidamente su rebelde cabello con las manos y ajustaba su cinta roja para luego seguir los pasos del chico que ya había ingresado a la casa.
Una vez adentro, la joven detalló el lugar. Era realmente bonito e inesperadamente organizado. Dio un vistazo rápido a la sala y al corredor que debía dar hacia la cocina, dado que el pelinegro la guio sin demora a la habitación. La inseguridad volvió a su cuerpo cuando Gajeel cerró la puerta a sus espaldas. La habitación era amplia y estaba arreglada decentemente. Una cama matrimonial con fundas negras adornaba el medio de la recamara. No le dio tiempo de detallar más, pues el chico besó su cuello a sus espaldas, haciéndola respingar. Inmediatamente sintió cómo las manos de él fueron directamente hacia los botones de su uniforme para liberarlos. Muda y nerviosa se dejó hacer. Gajeel primero le quitó la chaqueta para luego proseguir con la camisa de abajo y terminar despojándola, por último, de la falda, hasta tenerla solo en ropa interior. Le dio vuelta y atacó sus labios con pasión y deseo, no seguiría retrasando lo que anhelaba conseguir de ella, su cuerpo. Entre beso y beso la dirigió hasta la cama, recostándola sobre esta para luego él mismo despojarse de su uniforme. Una vez estando con el bóxer como única prenda, tomó lugar entre las piernas de la sonrojada peliazul presionando su miembro contra la intimidad de ella, aun sobre la tela.
Levy notó que la excitación del pelinegro se empezó incrementar cuando los besos se volvieron más fogosos y demandantes. Su lengua jugueteando libremente dentro de su boca, sus caricias pasaban a ser ásperas, el vaivén de las caderas masculinas se intensificaba sobre su pelvis, mientras él intentaba arrancar el rebelde sostén que aun ocultaba sus senos. En unos cuantos segundos el Redfox logró su cometido y la chica gimió cuando uno de sus senos fue atrapado por la boca del pelinegro. Los jadeos femeninos aumentaron al tiempo que el chico comenzó a jugar con su pezón con aquella lengua traviesa. Levy arqueó su espalda inconscientemente, sintiendo otro nivel de placer cuando fue penetrada por un par de dedos, mientras aun el muchacho jugueteaba con su otro pezón.
Gajeel subió la mirada para disfrutar del rostro placentero que le ofrecía su acompañante. Los ojos húmedos, seguro por la excitación, sus mejillas rosadas y una mano intentando acallar los gemidos traicioneros que surgían sin su permiso. Se sintió sumamente excitado por aquello, sus dedos se movieron en el interior de ella, al tiempo que presionaban su clítoris, pero cuando percibió la respiración agitada de ella y que su interior comenzaba a apretar más sus dedos, previó el orgasmo de la chica y detuvo todo movimiento. Levy abrió los ojos en busca de los de él, chocando con su mirada rojiza, intensa y excitada. Ante su mirada Gajeel se levantó de la cama y la terminó de despojar de la última prenda faltante, haciendo lo mismo con él, dejando al descubierto su imponente pene ya erecto y preparado para la acción.
- Colócate arriba - ordenó el Redfox, al tiempo que volvía a la cama y sin darle tiempo de procesar las palabras, la sujetó de las caderas y la posicionó encima de su pelvis. Excitado y ansioso por ver cómo ella misma robaba su virginidad, con una mano guio su pene a la pequeña entrada de ella, haciéndola respingar por el contacto – Siéntate poco a poco - Levy se encontraba con las piernas a ambos lados del cuerpo del chico, expuesta totalmente y sintiendo la punta de él tocando su intimidad. Nerviosa y sonrojada intentó hacer lo que le ordenó, pero un pinchazo de dolor la paralizó.
- Me duele - se quejó en voz alta, dispuesta a bajarse de encima de él, pero las fuertes manos en sus caderas se lo impidieron.
- Te dolerá solo al principio. Hazlo - aun sin soltar las caderas femeninas, el pelinegro las atrajo hacia abajo, robándole un gemido de dolor – Tienes que relajarte - la chica sentía pequeños pinchazos cuando la punta del pene iba abriéndose paso dentro de ella y de pronto una horrible sensación de escozor se apoderó del área mientras continuaba penetrándola.
- ¡Redfox, me duele! - la joven detuvo el movimiento e impidió que él continuara halándola hacia abajo. Gajeel, entendiendo que no lograría conseguir nada de esa manera, se colocó arriba de ella en un rápido y ágil movimiento. De nueva cuenta, guio con su mano la punta de su pene hasta la entrada de la peliazul, comenzando a penetrarla nuevamente – Detente - a la joven la invadía un dolor que nunca en su vida había experimentado. No era un dolor normal, sentía que le quemaba por dentro, provocándole un escozor desesperante – D-Detente, por favor - una lágrima traicionera recorrió su mejilla, al tiempo que clavaba fuertemente sus uñas en la espalda del chico, en un vano intento de disminuir el dolor.
Gajeel hizo oídos sordos ante sus suplicas y, una vez estuvo dentro de ella complemente, se detuvo para darle tiempo de acostumbrarse a su dimensión.
Pasado casi un minuto, el chico inició con un ligero movimiento, sintiendo como ella se removía debajo, en un intento por alejarlo, pero no podía ignorar el placer que estaba experimentando dentro de ella. Se sentía apretado y cálido. Todo el interior de ella envolvía su miembro provocándole una satisfacción única. También estaba el hecho de que sentía que con su pene en el interior estaba borrando cualquier rastro de pureza en ella, se sentía impetuoso, superior, todopoderoso.
Ante cada embestida, Levy sentía que le hacía más daño, pues la sensación de ardor no daba tregua y de ninguna forma podía ignorarla. Arañó con más fuerza la espalda del chico cuando este aumentó las embestidas, al tiempo que ella mordía sus labios para impedir que los gritos que querían surgir desde lo más profundo de su ser lo hicieran. Un par de embestidas más y sintió al pelinegro gruñir, al tiempo que pequeños espasmos se dieron en su interior para, posteriormente, experimentar una sensación de llenura que invadía su intimidad. El Redfox descansó todo su peso sobre la pequeña peliazul, mientras salía de su interior, para luego rodar hasta un lado de la cama.
- El baño está al final del pasillo - dijo él sin verla a la cara. La Mcgarden, con pocas fuerzas y sus ojos llenos de lágrimas, se levantó lentamente, recogió todas sus pertenencias y salió de la habitación, deseando no volver nunca más.
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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.
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Nuevamente bienvenidos. Espero hayan disfrutado este nuevo capítulo, que tardó un poco en llegar, lo sé, pero valdrá la pena la espera a medida que la historia avance. Puede que este sea el capítulo más sombrío de toda la historia y agradecería saber que les pareció. Hubo muchas cosas que quise poner, pero me pareció excesivo y suficiente sufrimiento para Levy.
Dejando eso de lado, le doy gracias a todos los que se tomaron el tiempo de comentar, sobre todo a un Guest muy especial que se emociona mucho por cada actualización. Gracias por dejármelo saber, me da mucho ánimo, y los reviews kilométricos me encantan. Por otro lado, respondiéndole a jailys-sama, por supuesto que es normal que odies a todos, es parte de la esencia de Phantom Lord, ser odiados hasta que comiencen a cambiar, pero todo a su tiempo.
Sin nada más que decir, espero disfruten esta actualización. Me disculpo nuevamente por la demora e intentaré actualizar pronto el próximo. Saludos.
