- El baño está al final del pasillo - dijo él sin verla a la cara. La Mcgarden, con pocas fuerzas y sus ojos llenos de lágrimas, se levantó lentamente, recogió todas sus pertenencias y salió de la habitación, deseando no volver nunca más.
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Levy no había podido dejar de llorar desde que salió de la casa del Redfox. Se había bañado y marchado inmediatamente. Se sentía ultrajada y la invadía un desasosiego perenne. Llegó a su hogar y el llanto se volvió incontrolable e histérico. Quiso llamar a su amiga, en busca de un poco de apoyo. Sin embargo, sabía que esta se encontraba en un viaje escolar, el cual había esperado por mucho tiempo y no quería arruinárselo. Recordaba cómo Lucy la había llamado incontables veces para hablarle sobre los preparativos del dichoso viaje que realizarían en Fairy Tail, mientras que, por su parte, la peliazul perdería su viaje escolar de primer año debido a que en Phantom Lord ya no se organizaban, a causa de algunos altercados ocurridos en años anteriores.
Dejando ese recuerdo de lado, se volvía a sentir miserable. Se dio un baño nuevamente, intentando sosegar el llanto y la incomodidad entre las piernas. También era consciente de que debía solucionar otro gran problema. Gajeel había acabado dentro de ella y no estaba dispuesta a correr el riesgo de un embarazo no deseado, poniendo en peligro el futuro por el que tanto estaba sacrificando.
Salió del baño, se cambió de ropa y, sin importarle el hecho de que ya fuera de noche, salió de su casa una vez más. Estuvo parada afuera de la farmacia por al menos media hora, esperando que estuviera relativamente vacía. De nuevo se sintió triste, al darse cuenta de que no contaba con nadie en quien apoyarse, se sintió vacía. Cuando se percató de que el dependiente de la farmacia estaba solo, entró como un rayo y, bastante avergonzada, pidió una píldora de emergencia, la cual le fue entregada sin mucho dilema.
Ya con el medicamente en su poder, salió del lugar directo a su casa y, sin pensarlo demasiado, tomó la pastilla según las indicaciones. Luego cerró los ojos a la espera de un nuevo día.
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Al día siguiente Gajeel no la molestó, ni siquiera la volteó a ver.
Al cabo de una semana la peliazul sintió como un peso se le quitó de encima cuando su periodo llegó con normalidad en la fecha estimada. Tranquila y preocupada fueron las palabras que definieron dicha semana pues a los pocos días el chico la volvió a citar, pero, por primera vez, su regla coincidió con la cita y se pudo librar de esta. El Redfox no había insistido ni pedido más detalles. Sin embargo, eso no la alivió ni un poco, ya que estaba claro que el chico pretendía continuar como si nada, aunque ella en ese momento se sintiera otra. Para ese entonces ya había cortado lazos con Rogue, ni le dirigía la palabra, y poco había hablado con Lucy después de su regreso del viaje. Pero Gajeel parecía ser el mismo de siempre, un ser insensible, egoísta y despiadado.
Transcurrió otra semana de incertidumbre, hasta que el último día de dicha semana llegó, el día del reencuentro. Desde la mañana el pelinegro le había escrito a su móvil citándola en la misma tienda a dos cuadras de ahí. Mientras Levy preparaba el argumento para que él la dejara en paz, pasó el día con rapidez. Una vez en aquella esquina el Redfox la hizo esperar, de nuevo, unos quince minutos aproximadamente, hasta que hizo acto de presencia. Cuando el joven le pasó su casco ella lo rechazó.
- No iré - habló con firmeza la pequeña peliazul, aunque sus manos estuvieran sudando.
- ¿Qué dijiste? - el chico notó la determinación en los ojos avellana, por lo que bajó de la motocicleta, sabiendo lo obstinada que a veces podía ser la peliazul. Decidió enfrentarla antes de que se envalentonara. No dejaría que ella se escapara tan fácilmente.
- Escuchaste bien, Redfox. No iré contigo - la chica escupió su apellido, dejando mostrar el desprecio que en ese momento sentía por él.
- Déjame ver si entendí. ¿Entonces ya estas preparada para afrontar las consecuencias por rechazar el trato? - el muchacho se acercó a ella y bajó el rostro, hasta quedar a la misma altura de la Mcgarden, para observarla directamente a los ojos, buscando intimidarla.
- ¿Qué más quieres de mi? Ya te di todo - esta no rehuyó a la mirada de él. La sostuvo en todo momento, pero el chico no parecía querer ceder.
- El trato era que satisficieras mi necesidades - el pelinegro se acercó a su oído y susurró – Y en estos momentos necesito follarte - lo tosco de sus palabras la hicieron sonrojar notablemente, pero esa era la verdad. Desde que la había hecho suya, casi dos semanas atrás, no había podido dejar de pensar en repetirlo. Aunque sabía que para ella no fue una experiencia grata y sería difícil volver a llevarla a la cama, no se rendiría. Haría lo necesario para lograr lo que quería, así tuviera que chantajearla emocionalmente – Pero si estas dispuesta a asumir las consecuencias, está bien - dijo al tiempo que se alejaba de su oído y se enderezaba frente a ella – Pero no puedo asegurar que todo sea mejor que antes - el chico alzó la mano y acarició un mechón de cabello azulino, al tiempo que ella lo escuchaba, sintiéndose completamente paralizada – Este corte te queda mucho mejor que el anterior, pero puede que ahora las cosas vayan más allá de un simple cambio de estilo – el Redfox deslizó sus dedos entre el mechón y se alejó solo unos centímetros. Levy lo observaba sorprendida por lo que acababa de escuchar.
- Entonces tú… -inició la chica, pero sentía que se la formaba un nudo en la garganta – Tú les ordenaste que… - se llevó una de sus manos al cabello y lo palpó, al tiempo que Gajeel volvía a tomar la palabra.
- ¿De qué hablas? Yo no tengo nada que ver ahí - mencionó el chico de forma despreocupada – Ellas se obsesionaron contigo y se propusieron hacerte la vida imposible. Nadie sabe realmente por qué. Tal vez por diversión - el pelinegro se volvió a acercar nuevamente, mientras ella comenzaba a sentir sus ojos arder y sus piernas debilitarse – Una cosa es segura. Y es que están ansiosas por volver a jugar contigo - Gajeel habló bajo, muy cerca de su rostro – Y solo una cosa las detiene…yo - sonrió al percatarse del ligero temblor de la pequeña - ¿Quieres descubrir qué juegos nuevos tienen para ti luego de este tiempo libre? - poco a poco estaba logrando lo que quería, intimidarla. Lo podía percibir en las expresiones de la peliazul, la cual, lentamente, iba perdiendo el color de sus labios. Levy, por su parte, no lograba mover ni uno de sus músculos. Su mente le pedía a gritos que corriera lejos de ese chico, lejos de su presencia y lejos de aquel mundo, pero sencillamente su cuerpo no reaccionaba a ese llamado. Se encontraba pálida ante las suposiciones que hacía el Redfox con tanta seguridad y de solo imaginar a aquellas chicas de nuevo encima de ella su cuerpo temblaba despavorido – Tú decides, Muñeca - Gajeel se apartó de Levy y, dando media vuelta con una mano en alto, se aproximó hasta su motocicleta para, seguidamente, montarse en esta y luego encender el motor. Levy sintió que el aire abandonaba sus pulmones y su corazón comenzaba a latir desenfrenado, una vez más estaba entre la espada y la pared. O, mejor dicho, entre la espada y los brazos de un demonio, percatándose de que, nuevamente, seria abrazada por este mientras huía de la puntiaguda espada.
- Espera - solo mencionar esa palabra fue como si algo se rompiera dentro de ella. Algo se había quebrado. Sabía muy bien que Gajeel era capaz de todo y si decía aquello era porque tal vez él mismo ordenaría que la situación fuera peor, en comparación a lo que ya había vivido. De solo pensarlo le provocaba escalofríos.
Gajeel la observó fijamente, sonriendo para sus adentros. Esperó que ella avanzara hacia él por sí misma. Levy, sintiéndose miserable, respiró profundo y caminó hacia su demonio de ojos rojos, tomó el casco y lo ajustó en su cabeza para luego subir al vehículo. Así ambos partieron a un mismo destino.
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Una vez en la casa Redfox, sin perder el tiempo, el chico la guio hasta su habitación. Una vez ahí atacó sus labios sin demora, saboreándola y mordiéndola suavemente, pero sin tregua. Había durado días enteros pensando en volver a sentirla bajo su poder, en dominarla y poseerla a su antojo y ahora que la tenía al frente solo deseaba devorarla entera. La apegó a su cuerpo para que sintiera cuan excitado estaba, para luego recostarla sobre la cama. A Levy, por su parte, el corazón le latía a mil por hora mientras intentaba corresponder al fogoso beso del joven. Lo notaba impaciente y su mirada rojiza brillaba por la lujuria. Por una milésima de segundo la joven se sintió deseada. Era casi inmoral pensar aquello, ya que sabía a la perfección que aquel muchacho solo jugaba con ella como si se tratara de una muñeca nueva. Ella era su mayor distracción en ese momento.
Los pensamientos de la chica fueron interrumpidos cuando sintió la mano de él entre sus piernas. La peliazul se sorprendió ante aquel movimiento, ya que no se había detenido a quitarle la ropa antes. Con premura el chico la comenzó a masturbar, sus dedos se movían hábiles entre pliegue y pliegue, deteniéndose pocos segundos en su clítoris, incitándolo a erguirse, para luego continuar un camino ya trazado hasta la entrada de su vagina, haciendo presión en esta sin penetrarla del todo. Varios minutos transcurrieron con la misma dinámica entre sus muslos, mientras era besada apasionadamente. De un momento a otro, inconscientemente, las caderas femeninas se comenzaron a mover lentamente, manifestando el deseo de intensificar las caricias.
Gajeel rio para sus adentros, debido a las reacciones de la peliazul. Su cuerpo la traicionaba y él lo sabía muy bien, logrando aprovecharse de ello. Sin ningún aviso la penetró con un par de dedos, provocándole un gemido que quedó ahogado en su garganta. A pesar de que aquel gemido no fue sonoro, se sintió satisfecho con la pequeña reacción. Movió con apremio sus dedos dentro de la húmeda intimidad, al tiempo que, durante el beso, con su lengua incitaba a la de ella a seguirle el paso en un baile hipnótico y depravado. Cuando sintió sus dedos lo suficientemente mojados, los retiró para luego incorporarse en la cama y lograr despojar a la joven de sus pequeñas y ya húmedas bragas. Se tomó el tiempo de abrir la mitad de los botones de la chaqueta y camisa femenina para dejar al descubierto un delicado sostén de encaje aguamarina que solo logró excitarlo aun más. Seguidamente, con un poco de inconvenientes, se liberó de su propio uniforme, quedando completamente desnudo frente a ella, sin ningún pudor.
Levy se sonrojó al verlo y detallarlo, como no había hecho antes. Su cuerpo era grande y estaba bien formado, sus músculos correctamente definidos debido a algún deporte o ejercicio, espalda ancha y brazos fuertes. Para su sorpresa tenía el cuerpo libre de tatuajes, solo resaltaban las extensas cicatrices en su brazo derecho y sus numerosos piercings. Su abdomen era plano y bien definido. El sonrojo se intensificó cuando su mirada bajó hasta el miembro masculino, el cual solo podía describir con dos palabras: imponente y sugestivo. Notó que el pelinegro liberó su largo cabello de la liga negra e inmediatamente se coló entre sus piernas, subiendo un poco más la falda de su uniforme. Automáticamente su nerviosismo creció cuando sintió la punta de su pene haciendo presión en la entrada de su vagina, su cuerpo se tensó y la excitación que pudo haber sentido quedó en el pasado.
Gajeel se detuvo cuando se percató de que la lubricación natural que ella había producido desapareció, impidiéndole introducirse con facilidad. Previendo el problema con anterioridad, se había preparado para ello. Estiró su brazo lo suficiente para alcanzar la mesa de noche, al lado de su cama, y abriendo la gaveta tomó de esta lo que a Levy le pareció un tubo de crema. Expectante, la chica observó como él colocaba un poco de aquel gel transparente sobre sus dedos para luego dirigirlos hacia su pelvis. La peliazul separó sus labios con sorpresa cuando sintió el contacto frio del gel con su intimidad. Los dedos de Gajeel lo introdujeron al tiempo que masajeaba sus bordes. Una vez se lo aplicó a ella puso un poco de lubricante en la punta de su pene para luego recostarse nuevamente entre sus piernas y posicionarse para penetrarla. Lentamente fue introduciendo su miembro, sintiendo el interior de ella abrazándolo y provocándole un placer desmesurado.
- Relájate - ordenó ronco cuando la Mcgarden soltó un quejido de molestia. Levy volvía a sentir las repetidas punzadas y la sensación de ardor recorrer su interior. La molestia aumentó cuando Gajeel empezó el movimiento de sus caderas, primero lento, pero luego a un ritmo raudo. Sin embargo, para sorpresa de la peliazul, una sensación extraña invadió su vientre mientras las embestidas iban en aumento. Una sensación como si estuvieran presionando su vejiga repetidas veces, un tanto desesperante, pero placentera a la vez. Poco a poco las molestias fueron sustituidas por aquella sensación que cada vez se hacía más indescriptible. Sentía el miembro de Gajeel llenar su interior, el cual en algunas ocasiones salía completamente para luego penetrarla de golpe.
El Redfox se estimulaba extrayendo e introduciendo su miembro repetidas veces, disfrutando la sensación apretada que le regalaba a la punta de su pene la pequeña entrada de la chica. También se percató de que ella, poco a poco, se fue acostumbrando a la dimensión de su miembro y parecía estar experimentando algo de placer. Sintió su ego agrandarse por aquel simple hecho, por lo que sus embestidas se hicieron más enérgicas y apasionadas, acercándolo cada vez más a un orgasmo inminente. Sin embargo, reacio a culminar aun, abandonó el cuerpo de la joven bajo él y se alejó, atrayéndola consigo. Con sus manos y su cuerpo consiguió voltearla, logrando que ella se irguiera sobre las rodillas y las palmas de sus manos y, sin perder tiempo, se posicionó a sus espaldas.
Cuando Levy se notó en aquella posición quiso protestar, pero antes de que dijera algo, o se moviera siquiera, Gajeel se introdujo en ella de forma rápida y sin vacilar, haciéndola gemir sonoramente de dolor y a la vez de placer. El chico sujetó la cadera femenina con firmeza y la embistió vigoroso una y otra vez, sintiendo su lujuria en aumento al verla de espaldas a él, con su intimidad al aire, aun con el uniforme puesto. Conteniendo gemidos roncos, apretujó las nalgas de su compañera entre sus manos con fuerza, al mismo tiempo que la hacía gemir al introducir su pene en totalidad, aprovechando el mayor acceso que aquella posición le brindaba.
- Gime - ordenó al tiempo que se encimaba y alcanzaba los pechos de ellas asomándolos fuera del brasier – Gime mi nombre - le susurró en el oído entre jadeos. Levy abrió los ojos con sorpresa.
- ¿Qué? - preguntó abrumada, intentando volver el rostro para observarlo, pero Gajeel aumentó las arremetidas contra su pelvis, haciéndola jadear con más fuerza.
- Quiero que gimas - un golpe secó se escuchó entre las respiraciones aceleradas y el sonido acuoso que el choque de sus cuerpos producía. Levy gimió ante la nalgada que le propinó el chico. Se trató de un golpe certero y con fuerza moderada, solo buscando incitarla y vaya que lo había logrado. La peliazul se mordió el labio superior, sintiendo su rostro arder al percatarse de que aquel impacto la había excitado en demasía. Aun podía sentir cierto placer en el cosquilleo que se apoderaba la nalga que había sido asaltada, la cual ahora estaba siendo masajeada sugestivamente por la mano del chico – Gime - volvió a oír la orden del pelinegro, el cual esta vez dirigió su mano hacia su ya hinchado clítoris, comenzando a estimularlo nuevamente. Haciéndola perder la poca cordura que aún conservaba.
- G-Gajeel - gimió sonoramente ante el placer que estaba experimentando. Sin embargo, el nombre del pelinegro entre sus labios se le hacía extraño. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre solamente y hacerlo justo en aquella situación, ella en cuatro con él penetrándola, no la ayudaba a acostumbrarse. De la nada sintió otro gemido surgir más fuerte que el anterior debido a los insistentes dedos del chico entre sus pliegues, provocándole una lubricación indecente, al mismo tiempo que sentía el miembro moverse vigoroso en su interior – Gajeel - otro gemido brotó cuando el placer se intensificó. La sensación de ser penetrada por otra cosa que no fueran un par de dedos la embelesaba de forma tal que la obnubiló.
Una nueva sensación de placer apremió cuando sintió pequeños espasmos en su interior, pero su cuerpo experimentó el descontento cuando Gajeel se retiró de ella. La peliazul se percató de que un líquido viscoso salía de su interior y entendió lo que había sucedido. Por un segundo agradeció el hecho de haber tenido la suficiente valentía para comprar una caja de píldoras anticonceptivas, las cuales había iniciado cuando estuvo en los primeros días de su periodo.
El chico se alejó de ella sin ningún deje de arrepentimiento, ya lo suficientemente satisfecho. Levy ratificó para sí el hecho de que ella solo era una herramienta de placer ante los ojos de él y que no estaba mínimamente interesado o preocupado en regalarle un mísero momento de placer.
- Por cierto, ¿sigues jugueteando con Cheney? - preguntó de forma casual el Redfox, mientras se colocaba su bóxer y despejaba su rostro de los rebeldes cabellos que se encontraban adheridos por el sudor. Levy lo miró de forma desaprobatoria.
- No es de tu incumbencia – mencionó de mala gana, sin dar más detalles de su pasada relación con Rogue, al tiempo que devolvía la mirada al frente y comenzaba a abotonar su camisa.
- No lo es - continuó el chico con una sonrisa en los labios, observándola fijamente – Pero tal vez te interese ver esto - la peliazul volteó, siendo superada por la curiosidad, encontrándose con la amplia sonrisa jocosa del pelinegro, el cual después de atraer su atención se aproximó a sus pantalones, levantándolos del piso, para luego volver a dejarlos en el olvido después de sacar de estos su celular. Ante la mirada avellana de su compañera, accedió a la galería multimedia del aparato, encontrando rápidamente el archivo de su interés. Se acercó a la joven, al tiempo que presionaba reproducir y le entregó el aparato en las manos.
Levy sujetó indecisa el móvil y observó el video que se mostraba en la pantalla. En el estaban dos personas, completamente desnudas, sobre una colchoneta. Gemidos y jadeos se escuchaban a todo volumen mientras el video se continuaba reproduciendo.
- Gihee - la risa de Gajeel se escuchó por lo alto, al encontrar divertidas las expresiones de la chica - Lo reconoces ¿no es así? - Levy dirigió la mirada hacia el pelinegro y luego la devolvió a la pantalla del celular. El rostro del chico se notaba lejano, pero aun así se distinguían algunas facciones junto a un cabello largo en una cola alta, negro y plata. La joven tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta – No es la primera vez que hace estos videos - mencionó el chico, notando que la peliazul no despegaba la mirada del aparato, probablemente intentando asimilar el hecho – En secundaria también lo hacía. Eso es lo que busca de casi todas las chicas - y con esas últimas palabras salió de la habitación, dispuesto a darse un buen baño, dejando sola a la Mcgarden. Levy miró fijamente la imagen de aquellas dos personas que se encontraban teniendo sexo y, después de unos minutos, cerró el video al confirmar que, sin duda, se trataba de Rogue junto a una compañera de su clase y la de Gajeel.
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Gajeel se metió debajo de la ducha dejando que el agua recorriera libremente su cuerpo por completo, relajándolo. Aun sonreía por el video que le había mostrado a la peliazul, bajando del posible altar al Cheney, que era todo menos un santo. Por otro lado, luego de regocijarse por aquello, cerró los ojos, rememorando los hechos ocurridos unos minutos antes sobre su cama, sintiendo que volvería a excitarse en cualquier minuto si no se controlaba. Con Levy el placer de tener sexo era diferente, pues con las chicas con las que solía acostarse le abrían las piernas fácilmente, no solo a él sino también a cualquier otro idiota, y no estaba dispuesto a correr ningún riesgo por unas cualquieras. Aunque fueran hermosas y con cuerpos majestuosos, siempre utilizaba protección. Mientras que con la Mcgarden había aprovechado el hecho de que fuera virgen para poseerla libremente sin preocupación, disfrutando como hace mucho no lo hacía.
Además de satisfacerse sin restricciones, estaba el hecho de lo pura e inocente que llegaba a ser la joven, tentándolo a cada segundo y aumentando su deseo de corromperla. Abrió los ojos de golpe intentando controlarse, evitando rememorar los gemidos de la chica con su nombre entre sus labios carnosos. Aquel hecho le había gustado más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
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Al día siguiente, Levy se levantaba de su cama con pesadez, sintiéndose un poco adolorida, pero nada que no pudiera sobrellevar. Unas pequeñas ojeras adornaban su mirada avellana ese nuevo día. La noche anterior no había podido descansar bien, recordando el video que Gajeel le enseñó, no pudiendo asimilar fácilmente que Rogue fuera aquella clase de chico. Aunque odiara al Redfox, creía en sus palabras, pues el video se encontraba en un buen ángulo, mostrando mayormente a la chica, por lo que se notaba que había sido grabado con aquella intención. También estaba el hecho de que el Cheney fue particularmente amable con ella, aun en el ambiente arisco que Phantom Lord le regaló en sus primeros meses. Su cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, no dejándola descansar tranquilamente.
Otra razón por la que no había podido tener un sueño tranquilo era a causa de los sucesos de la tarde anterior. Gajeel había sido, a su parecer, un poco más considerado con ella al momento de intimar y, aunque le avergonzara admitirlo, luego de unos minutos de molestia e incomodidad, había comenzado a disfrutar. La peliazul se llevó ambas manos ocultando su sonrojado rostro, intentando despejar aquellos pensamientos insanos. Sentía que no se entendía a sí misma y se volvería loca por ello. Aquel chico de ojos carmesí la estaba prácticamente chantajeando y, técnicamente, la forzó a relacionarse de forma sexual con él y, aun así, a pesar de que no sentía ninguna atracción especial por el chico, y mucho menos una conexión sentimental, hasta cierto punto llegaba a disfrutar muchos de esos episodios. Quiso creer que eran sus instintos los que la envolvían, pero ciertamente debía haber algo mal en ella que no estaba notando.
Sin demasiadas ganas de continuar dándole vueltas al asunto, se duchó para luego preparar el desayuno y su almuerzo de ese día. Una vez acabó y se vistió como correspondía, sin demora emprendió camino al lugar a donde menos quería ir. Tomó el autobús para evitar llegar tarde, a pesar de que podía ir caminando, arribando en su destino en cuestión de minutos. Se adentró en las instalaciones a paso rápido, llegando a su aula y encontrándose a la mayoría de sus compañeros ya en sus lugares. Atravesó el salón directo hacia su puesto, pero antes de sentarse se percató de una mirada rojiza, la cual sintió que caló en ella. Sus miradas se encontraron por breves segundos, pero inmediatamente apartó sus ojos de él y se sentó en su lugar dándole la espalda, aun sintiendo una mirada intensa en su espalda. La clase correspondiente inició con premura, logrando distraerla por completo de la sensación de sentirse observaba.
Sin embargo, algo que ambos desconocían era el hecho de que un par de ojos ajenos detallaba y tomaba nota de todos sus movimientos.
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Era la hora del almuerzo y Levy se encontraba en su ya designada esquina del jardín haciendo todo lo posible por no toparse con cierto pelinegro poseedor de una cicatriz en el puente de la nariz. Aunque cuando Levy rompió lazos con Rogue, el chico no hizo ni el más mínimo esfuerzo por volver a acercársele, por lo que no le extrañaba tanto no verlo.
Intentando no darle más importancia al Cheney, la peliazul distrajo sus pensamientos leyendo un grueso libro, el cual había encontrado días atrás en una de las cajas de la mudanza que aun no desempacaba. Sin embargo, su paz se vio rota por el vibrar de su celular.
- Nos vemos frente a la tienda en la hora libre - era Gajeel citándola nuevamente al, ya conocido, lugar de encuentro. En la mañana, durante la primera clase, se les notificó que tendrían la ultima hora libre, debido a que el docente de dicha hora se encontraba indispuesto. Así que podrían irse temprano o iniciar actividades de los clubes, para los que estuvieran en ellos. La chica volvió a ver la pantalla de su móvil y suspiró, devolviendo su atención al libro entre sus manos, aunque sus pensamientos quedaron entre aquellas palabras.
La hora pasó veloz y la última actividad del día para su clase llegó a su fin. Organizó sus cosas con premura y partió al punto de encuentro a un par de cuadras más allá de Phantom Lord. Una vez ahí, ingresó a la tienda, sabiendo que Gajeel tardaría unos minutos más en llegar, en la espera de que la calle se despejara. Aunque en esa ocasión la situación era diferente, puesto que solo su clase había tenido la dicha de salir temprano. De igual forma ojeó la tienda llena de dulces, comida, algunas revistas y cosas variadas. Terminó distrayéndose con una revista de moda actual, recordando a su amiga Lucy, con la cual tenía un tiempo sin hablar. Transcurridos varios minutos, cuando el dependiente la empezó a ver sospechoso, decidió comprar una bebida y esperar afuera al pelinegro.
Ya habían transcurrido los quince minutos que usualmente tardaba en llegar, pero aún no había rastro de él. Levy terminó la bebida con paciencia y volvió a comprobar la hora en la pantalla de su móvil, extrañándole la tardanza del chico, por lo que decidió esperar un poco más.
Treinta minutos habían pasado y ella continuaba ahí parada. Ya hastiada de esperar tomó su celular, dispuesta a escribirle al Redfox para irse inmediatamente.
- ¿Dónde estás? - escribió con agilidad y le dio enviar. Sorpresivamente no tuvo que esperar ni un minuto cuando el celular vibró en sus manos.
- No pude ir. Surgió algo que tengo que atender - al leer el texto, Levy sintió que un tic despertaba en su ojo derecho. Irritada contestó de mala gana, solo por costumbre de devolver el mensaje.
-Pudiste avisar. Sigo aquí como una tarada – nuevamente, en poco tiempo, el aparato vibró en sus manos. Cuando leyó la respuesta recibida quiso aventar su móvil contra el suelo, furiosa.
- No me vi obligado a ello, Pitufo - cuando pensaba responderle de forma violenta y mandarlo a los mil demonios, su celular volvió a vibrar con otro mensaje entrante – Y ya eres medio tarada - la chica supo bien que seguramente en ese preciso momento Gajeel estuviera muerto de la risa con ella. Sintió ganas de ahorcarlo con sus propias manos.
- Eres despreciable - finalizó la conversación con un insulto no tan violento como hubiera querido, pero tampoco era costumbre enviar maldiciones por celular. Luego se dispuso a caminar en dirección a su hogar, entre molesta y feliz por no haber tenido que reunirse ese día con aquel ser.
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Habían pasado unos cuantos días desde que Gajeel la dejó plantada frente a la tienda y desde entonces el chico no le había vuelto a escribir, pareciendo de verdad ocupado en algo. Sin embargo, ella no estaba prestando real atención a aquel asunto puesto que faltaban poco menos de cuatro meses para finalizar el año escolar y los exámenes finales habían dado inicio. En ese momento estaba tratando de enfocarse en la etapa más importante de su vida estudiantil para no disminuir ni un poco su promedio, dejando a un lado cualquier cosa que la distrajera.
La peliazul tomaba nota de todo lo que dijeran sus profesores en clases, igualmente preguntando cualquier duda que tuviese para luego irse directo a casa a repasar y estudiar lo visto ese día, en ello consistía su rutina. A pesar de que veía a sus compañeros de curso bastante relajados, y no especialmente atentos a las clases, ella si se lo estaba tomando en serio. Cada vez veía más cercano su ingreso a Fairy Tail, junto a su vida escolar deseada.
Sin embargo, a pesar de su positivismo, supo que su rutina se vería interrumpida cuando en la noche recibió un mensaje inesperado del Redfox, notificándole que al día siguiente después de clase quería encontrarse con ella. Se le hacía extraño que el chico le avisara con una noche de anticipación, pero decidió no darle demasiada importancia a ese hecho. Esa noche estudió un poco más, intentando abarcar lo que quería repasar el día de mañana por si llegaba demasiado cansada. Ante ese pensamiento, se sonrojó notablemente y cubrió su rostro, aunque estuviera sola en su habitación.
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Al día siguiente el encuentro con el pelinegro se dio sin demora alguna y, como ya era costumbre, se fueron juntos en la motocicleta a la casa del chico. Una vez ahí y sin perder tiempo, Gajeel la atajó desde que ingresaron a la casa, llevándola entre beso y beso hasta su habitación. Sin tanta prisa la desnudó completamente, al igual que a él, y una vez entre sus piernas la penetró con pasión. Una molestia volvió a invadir a la peliazul, pero esta vez desapareció rápidamente entre cada embestida. Gajeel la besaba profundamente sin darle respiro, al tiempo que la hacía suspirar cada cuanto.
Por un momento el pelinegro rompió su unión y cambió de posición, obligando a la chica estar arriba de él. Levy se sonrojó fuertemente al verse expuesta y ser la que tendría que moverse, aunque no tuviera idea de cómo hacerlo. Ignorando la mirada lujuriosa del chico, ya con sus piernas a ambos lados del cuerpo masculino, se elevó un poco, sujetando con pudor el miembro erecto de él, guiándolo hasta su entrada para poco a poco ir descendiendo sobre este. Sintió una intensa corriente de placer que le erizó los vellos cuando tuvo adentro por completo el miembro del chico. Él le sujetó el trasero y la incitó a moverse encima. Ella se apoyó colocando sus manos en el sólido pecho del pelinegro y con su guía inició un lento movimiento de caderas, sintiéndose sumamente excitada, ya que al mismo tiempo estimulaba su clítoris contra la pelvis masculina.
Por otro lado, Gajeel no perdía detalle del rostro de la chica. Se encontraba roja hasta las orejas, pero aun así tenía sus ojos cerrados, disfrutando la posición en la que se encontraba, con sus labios entreabiertos jadeando. Bajó su vista hacia sus senos, redondos y firmes, y los estrujó entre sus manos, provocándole un gemido libidinoso. El Redfox sentía que lo estaba volviendo loco con sus sonidos y su movimiento lento e inexperto que, a pesar de todo, le estaba provocando un intenso placer. Sus varoniles manos volvieron de los senos de ella hacia su trasero, apretándolo con fuerza. Para sorpresa del Redfox, la joven se inclinó hacia él, recostando sus senos sobre su pecho, así dándole, inconscientemente, mayor libertad para apretujar sus nalgas.
- G-Gajeel - soltó inconscientemente la chica con sus ojos fuertemente cerrados, intentando acelerar el movimiento de sus caderas. El muchacho estuvo a punto del orgasmo con aquel gemido repentino y lleno de excitación, pero se controló con el deseo de continuar disfrutando aquella erótica escena. Levy, por su parte, se sentía abrumada por todas las sensaciones que su cuerpo estaba experimentando. Sin tener ganas de luchar contra su raciocinio, la chica se entregó a la concupiscencia. Aceleró el movimiento de sus caderas, intentando seguir con un ritmo constante y sintiendo cómo todos sus sentidos se nublaban y solo quedaba el placer.
- Mierda - un quejido ronco de parte del Redfox llamó la atención de la peliazul, quien abrió los ojos y observó fijamente el rostro de su compañero, el cual que se encontraba con los ojos cerrados y con un casi imperceptible sonrojo en las mejillas, tal vez producto de la excitación. El pelinegro dejaba escapar uno que otro gruñido, sin ser consciente de que estaba siendo observado por la Mcgarden. Levy sonrió ante el hecho de que era ella la que le estaba provocando dicha satisfacción y que también estaba bajo su control, haciéndola sentir dominante. Aun con sus pechos unidos y sus cuerpos cubiertos por una ligera capa de sudor, la chica disminuyó el movimiento de sus caderas, volviéndolo lento y tortuoso para ambos, pero igualmente libidinoso. Gajeel abrió los ojos y al encontrarla tan cerca de su rostro la besó como si no hubiera mañana. Luego de varios minutos extasiándose con los labios femeninos, mordiéndolos y jugando con su lengua, se percató de que ella quería torturarlo con el lento, pero continuo movimiento de sus caderas. Entonces la sujetó firme de las caderas, inmovilizándola y, levantando y retrayendo su pelvis, la comenzó a penetrar repetidas veces aun debajo de ella.
Levy sintió que el placer aumentó abruptamente con las embestidas del Redfox. Sintiéndose sobreexcitada en cuestión de segundos, se deshizo del agarre del chico y reinició el movimiento de sus caderas rápido y sensual. Un par de minutos después, la peliazul sintió todo su cuerpo tensarse y un fuerte cosquilleo, similar al vértigo, invadir su vientre bajo. Al poco tiempo sintió una sensación de intenso placer y satisfacción explotar por todo su cuerpo, haciéndola arquear la espalda y liberando un gemido hondo. Estaba experimentando un orgasmo, el primero desde que había perdido su virginidad, y entendía que fue gracias a que ella controló los movimientos y se dio placer a sí misma. El chico disfrutó del orgasmo de la Mcgarden sintiendo como las paredes de su vagina abrazaban su pene entre los espasmos, llevándolo a alcanzar su propio orgasmo dentro de la misma, eyaculando con fuerza.
La chica sintió cómo sus músculos se relajaron y, lentamente, se bajó de encima del chico, quedando unida a él por medio de un hilo de semen que desapareció al instante en el que se alejó del cuerpo del moreno. Mientras tanto, Gajeel, aun disfrutando de la placentera sensación que le proporcionaba el orgasmo, observó a la peliazul ponerse de pie para ir en busca de su ropa, deleitándose de paso con la vista que el trasero femenino le regalaba.
- Te mueves bien a pesar de ser tan enana - el chico decidió molestarla desde la comodidad de su cama, riendo al lograr sacarle un sonrojo bastante notorio ante su comentario.
- Cierra la boca, Redfox - la chica intentó sonar amenazadora. Sin embargo, no pudo aguantarle la mirada ni por un segundo. Continuó con su labor de vestirse, tratando de olvidar las palabras del chico. Por otro lado, Gajeel sintió una extraña sensación al escuchar su apellido salir de los labios de la joven, recordando cómo minutos antes ella había estado gimiendo su nombre de una forma tan sensual que si continuaba recordando podría excitarse nuevamente. Para despejar su mente se levantó y, haciendo lo mismo que Levy, comenzó a vestirse.
En pocos minutos ambos estuvieron como si nada hubiera sucedido, dejando de lado el desastre de las sabanas revueltas y el ambiente a sexo que llenaba la estancia en ese momento. Levy sujetó con fuerza su maletín y decidida salió de la habitación, siendo seguida por el pelinegro. Caminó por el pasillo hacia la puerta principal y, una vez estuvo cerca, extendió la mano para tomar la perilla. Sin embargo, antes de lograrlo la puerta se abrió, apareciendo en la entrada un hombre alto, vestido de traje, de cabello corto, rubio platinado, y ojos azul eléctrico que la dejaron hipnotizada durante unos segundos.
- Buenas tardes - habló el hombre frente a ella, saludándola un tanto extrañado.
- B-Buenas tardes - Levy saliendo de su trance se apresuró a saludar a aquel imponente hombre.
- ¿Eres amiga de Gajeel? – preguntó el mayor, haciendo una pequeña pausa mientras detallaba a la chica que tenía en frente - Es extraño que traiga gente a casa - dijo bastante animado el mayor – Yo soy Metalicana, el padre de Gajeel. Un placer –
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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.
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¡Buenas a todos! Disculpen la demora para este capítulo, se me acumularon demasiadas cosas y no tuve chance. Pero aquí está la actualización. Espero que lo disfruten y tengan paciencia con Gajeel, ya le tocará sufrir jajaja. Cualquier comentario o sugerencia es bienvenida, como siempre. Sin más que decir, les deseo un feliz día.
