- ¿Eres amiga de Gajeel? Es extraño que traiga gente a casa - dijo bastante animado, ante sus ojos, el mayor – Yo soy Metalicana, el padre de Gajeel. Un placer - aun sin moverse de su sitio, la peliazul, sorprendida, estrechó la mano que el padre de su compañero le había ofrecido.

- No avisaste que venías - mencionó el pelinegro, el cual ya se encontraba detrás de la pequeña chica. Su padre lo observó durante un par de segundos y luego volvió su atención hacia la joven.

- ¿Gustas tomar algo antes de irte? - ofreció amablemente el hombre, ignorando totalmente el comentario de su hijo.

- Oh, no, no. Muchas gracias - se negó sonrojada la peliazul, al tiempo que movía su cabeza y sus manos frente a ella, mientras se hacía a un lado para dejar pasar a Metalicana al interior de la casa – Me iba yendo en este momento -

- ¿Estás segura? - el hombre observó cómo la chica asintió con la cabeza y como un ligero, y gracioso, sonrojo adornaba sus mejillas.

- Ella se va - intervino Gajeel, dando un paso delante de la puerta, al tiempo que señalaba con el pulgar hacia el exterior. Un par de ojos azul eléctrico lo observaron con reproche.

- Está bien. Será en otra ocasión entonces - el amable hombre le dirigió una sonrisa a la chica y fue en ese momento en el que Levy percibió ciertas similitudes en aquellos rasgos. Si bien el color de ojos y cabello diferían con el de Gajeel, los rasgos entre padre e hijo eran muy similares. La forma de sus ojos, la sonrisa, su nariz y se atrevería a decir que hasta sus labios se parecían. También se sorprendió, al detallar el rostro del mayor, que sus orejas se encontraban perforadas al igual que las de Gajeel, contrastando la apariencia rebelde que ello le daba con el traje negro que portaba –Fue un placer… - las palabras del hombre la sacaron del ensimismamiento que la invadió por escasos segundos, notando que aquella oración había quedado a medias adrede y, comprendiendo la razón, respondió con una sonrisa.

- Mi nombre es Levy. El placer fue mío - la chica se sintió de forma grata ante el agradable trato de aquel hombre, tan contrastante al de Gajeel. Luego de una pequeña reverencia salió de la casa sin mirar atrás, aun con una sonrisa dibujada en los labios.

- Se ve agradable - comentó el rubio viendo por donde se había marchado la chica. Gajeel gruñó por lo bajo y, sin dirigirle la palabra a su padre, se marchó a su habitación.

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Gajeel mientras más pensaba, más se frustraba consigo mismo. Desde el último encuentro con Levy se había percatado de algo que no le agradaba en absoluto. Aquello era el hecho de que le estaba empezando a gustar demasiado el sexo con la pequeña chica. Se había atrapado a sí mismo pensando en nuevas posiciones o rememorando anteriores encuentros y eso era bastante extraño en él, puesto que acostumbraba a tener relaciones sexuales y luego olvidarse por completo de la mujer que poseía. Sin embargo, el cuerpo de Levy se le estaba haciendo adictivo, su estrechez, su calidez y sus gemidos. Su nombre entre los labios de la chica lo excitaban de forma automática y su rostro sonrojado le provocaba devorar su alma pura.

Todo aquello no le gustaba para nada. No pensaba depender de nadie nunca y mucho menos de una mujer tan simple como ella. Por ello, intentó poner cierta distancia entre ellos. Decidió que la buscaría solo cuando ya no pudiera resistir ante sus deseos. Sin embargo, aquello se le estaba haciendo más difícil de lo que esperaba. Solo transcurrieron dos días desde su último encuentro y ya sentía que su cuerpo le pedía a gritos que la tomara en cualquier momento.

Fracasado, así se sentía en aquel momento, faltando menos de media hora para culminar las clases, cuando tomó el móvil entre sus manos y, con dedos agiles, escribió un mensaje de texto dirigido a la peliazul que se encontraba a unos metros de distancia, prestando real atención a la clase que les era impartida. Cuando sonó la campana fue el primero en salir del aula, dispuesto a conseguir aquella llave que les otorgaría un poco de privacidad.

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Levy se encontraba totalmente concentrada en las palabras del catedrático cuando sintió el celular vibrar en su bolsillo y automáticamente supo que Gajeel había vuelto a citarla. Intentó ignorar el hecho hasta que culminó la clase. Apuntó en su cuaderno todo lo que se encontraba en la pizarra y admiró la cantidad de notas y observaciones que había en este, dejando en claro que tenía mucho por estudiar en esa semana si no quería retrasarse con respecto a las otras materias.

Luego de ordenar y guardar sus pertenencias, se dispuso a leer el mensaje que cierto chico le había enviado minutos antes. Se sorprendió un poco al notar que no la había citado en la tienda de siempre, sino en el aula del tercer piso que desde hacía un tiempo no usaban, por lo que se sonrojó automáticamente al entender que esta vez irían mas allá dentro del instituto. Mientras intentaba calmar su acalorado rostro, sus compañeros de clase salían del aula de forma animada, dejándola casi sola en pocos minutos. Cuando se percató de ello, se levantó de su asiento y se dirigió a la salida, solo para encontrarse con Gajeel de brazos cruzados recostado de la pared al lado de la puerta.

- Sígueme - fue lo único que pronunció el chico antes de emprender camino hacia otra dirección a la que ella conocía. Sin ganas de dirigirle la palabra en los pasillos de Phantom Lord, la peliazul se dispuso a seguirlo en silencio a una distancia prudente. Caminaron por el primer piso hasta una puerta de madera oscura, la cual se abrió con facilidad cuando el Redfox introdujo la llave perteneciente a esta. Levy conocía bien el aula, era el laboratorio de química que habían usado numerosas veces durante el año escolar. A paso lento ingresó al lugar, siguiendo al pelinegro, sin saber que estaban siendo observados por un par de ojos curiosos a la distancia.

- ¿Qué hacemos aquí? - preguntó nerviosa la chica cuando su compañero aseguró la puerta con llave.

- Mi padre está en casa - mencionó con desdén para luego continuar - Y la otra aula ya está siendo usada, gihee- Levy se sonrojó ante esas palabras, entendiendo entonces que no solo ellos utilizaban aquel depósito para cosas indebidas. Por un momento se sintió asqueada. Gajeel la observó unos minutos ahí parada en el medio del laboratorio, entre las largas mesas, viendo a un punto ciego, perdida entre sus pensamientos. Sin demora se acercó a ella y sujetándola por los hombros acercó el rostro a sus rosados labios, pero en el último momento los evitó, apuntando hacia su cuello. La chica, que había notado la cercanía, cerró sus ojos esperando el contacto de sus labios. Sin embargo, los abrió con sorpresa cuando el chico tocó su cuello en vez de su boca. Reprimió un quejido cuando sintió los dientes del Redfox clavarse en su piel sin misericordia al tiempo que sentía sus fuertes manos despojarla de sus bragas sin perder el tiempo.

Luego de dejarla sin ropa interior debajo de su falda, Gajeel desabotonó la chaqueta y la camisa del uniforme femenino para lograr introducir sus manos en el sujetador, esta vez blanco, y apretar los redondos y exquisitos senos de su compañera, al tiempo que seguía devorando su cuello y repartiendo marcas por la nívea piel.

- ¡Ah! Redfox - Levy intentó separarlo con fuerza cuando la succión en su cuello se hizo más fuerte, pero solo logró apartarlo unos centímetros, que él luego recuperó sin demasiado esfuerzo – Espera - lejos de lograr calmarlo lo excitó inconscientemente. El chico sintió arder su parte baja y, sin ganas de esperarse, la tomó fuertemente de los hombros, obligándola a darse vuelta y la recostó sobre una mesa de experimentos cercana, de espaldas a él – Gajeel, detente - exclamó la joven al verse inmovilizada contra la larga mesa, mientras sentía que el chico subía su falda dejando al descubierto su desnudez. Estaba dispuesta a protestar de nuevo, cuando un par de dedos penetrándola la dejaron sin aliento. Él la comenzó a masturbar hábilmente, haciéndola sentir húmeda en pocos minutos, aun en contra de su voluntad.

- ¿Qué estabas diciendo, Pitufo? - el chico recostó su peso sobre ella y se acercó a su oído, aun acariciando sus pliegues con los dedos, la escuchó jadear en silencio, lo cual aumentó su excitación. Quiso torturarla un poco más, pero su miembro pedía a gritos algo de atención, por lo que bajó el cierre del pantalón y lo liberó del bóxer, sacándolo erecto al exterior. Sin esperar extrajo sus dedos del interior de la chica y la penetró con su pene con afán. Levy gimió por la impresión, sintiendo cómo el chico iniciaba las embestidas con vehemencia, al tiempo que sentía su interior lleno y cálido.

El pelinegro la sujetó de la nuca de forma dominante y posesiva, a la vez que aumentaba el ritmo de sus embestidas cuando la sintió jadear con más fuerza. Tenerla así, contra una mesa, poseyéndola a sus espaldas y en el laboratorio del instituto, lo estaba excitando más de lo que pudiera imaginar. También sentirse bien recibido en el interior de ella lo hacía querer poseerla con más fuerza. Dirigió su mano libre hacia el clítoris ya erecto y lo masajeó de forma circular, sin detener el movimiento de su pelvis, robándole un par de suspiros a la chica.

Levy percibía como sus ojos se humedecían por la excitación y su mente quedaba en blanco lentamente. Se encontraba excitada con las caricias que le proporcionaba el chico, pero también por el agarre posesivo de este, por la situación y el lugar. Nuevamente experimentaba una sensación de placer ante lo prohibido y lo mal visto socialmente. De un momento a otro un sonoro gemido se escapó de su garganta, provocándole un sonrojo, pero sin dejar de disfrutar las sensaciones que aquel perverso chico le producía.

- Si gimes fuerte nos oirán - el pelinegro volvió a posar su peso sobre el pequeño cuerpo de la chica para susurrarle de cerca, pero sin detener ninguno de sus movimientos – No quieres eso ¿O sí? - sin previo aviso le propinó una impetuosa nalgada, a lo cual la joven gimió de nueva cuenta. Ante la reacción de ella, Gajeel dejó de darle atención al pequeño botón y apretó entre sus manos el trasero de la chica para luego darle otra palmada con fuerza moderada.

- Gajeel, detente - rogó avergonzada la Mcgarden, sintiéndose al borde del éxtasis, pero no quería demostrarle a él que aquello le proporcionaba cierto placer. Sin embargo, su rostro cambió de expresión cuando notó que el Redfox abandonó su cuerpo y se apartó, por lo que ella se incorporó sobre la mesa y se volvió para buscar su mirada. Una carcajada le explotó en el rostro, haciéndola sonrojar violentamente.

- Deberías ver tu cara - se carcajeó libremente el pelinegro mientras ella no sabía dónde ocultar su avergonzado rostro, atinando solo a bajar su mirada – No deberías pedir que me detenga si no es lo que quieres - esta vez se acercó a ella con voz seria, pero aun con una sonrisa en los labios, la volvió a apegar de la mesa y ayudándola a elevar sus piernas la sentó sobre esta para luego, sin ningún tapujo, penetrarla, haciéndolos sentir una corriente de placer a ambos con esa acción. Dando inicio a las embestidas que les proporcionaba un exquisito placer, viéndolo reflejado en el rostro de ella, el cual intentaba esconder contra su pecho a la vez que se sostenía de sus hombros.

Gajeel dio paso libre a su lujuria y a todos los sentires del momento, de forma egoísta y, sin restringirse, disfrutó de un intenso orgasmo al mismo tiempo que dejaba salir su esencia dentro de la intimidad de la peliazul, la cual, desconcertada, abrió sus ojos avellana. Ella, a diferencia de él, no había llegado al éxtasis. Sintiéndose frustrada cuando el pelinegro salió de su interior, se bajó de la mesa y comenzó a arreglar su uniforme sin decir palabra para luego salir del laboratorio a paso rápido sin esperar por el chico.

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Levy se percató que desde esa última vez algo había cambiado. Gajeel no la besaba, siquiera se acercaba a su rostro. De cierta forma aquello aliviaba a la peliazul, debido a que no se sentía obligada a corresponderle y mucho menos transmitirle algún sentimiento que no poseía. Sin embargo, al momento del sexo se sentía vacio, sin ninguna conexión. Cada vez se sentía más como un juguete que como una persona manteniendo una relación sexual. Al Redfox no le importaba lo más mínimo sus sentires y ella muy bien notó la obvia barrera que él estaba poniendo entre ellos. Aquello era algo que la hacía enfurecer, pues sospechaba que el pelinegro creía que ella podría llegar a sentir algo por él, siendo algo totalmente ridículo. Ella no poseía más que resentimiento hacia él y era algo que no iba a cambiar, estaba segura.

Durante las próximas semanas, en las que había ocurrido uno que otro encuentro entre ambos, se había enfocado en estudiar fuertemente. Estaba completamente mentalizada en aprobar los exámenes finales con la mayor calificación y nada podría evitarlo, ni siquiera las distracciones que el moreno le proporcionaba.

Ese día, sorpresivamente, después de clase se fueron a la casa de pelinegro. Su padre, que había llegado de viaje, los limitaba de utilizar ese lugar para la intimidad, pero en ese momento parecía volver a estar ausente. Levy se volvió a sentir frustrada cuando el chico se vino dentro de ella sin siquiera pensar en su satisfacción. La chica se vistió lentamente, repitiéndose una y otra vez que aquello acabaría pronto. Él se terminaría aburriendo de ella o simplemente acabaría el año escolar y por fin seria libre nuevamente.

Por su parte, el Redfox era totalmente consciente de que ella quedaba insatisfecha, pues los orgasmos que la fémina había experimentado se podían contar con una mano. Pero se repetía a sí mismo que ese no era su problema. Ella había hecho el trato para satisfacerlo a él, no al revés. Con su rojiza e intensa mirada la observó en silencio mientras se cambiaba. Luego ambos salieron de la habitación y fue entonces que un ruido llamó la atención de ambos jóvenes.

- Hola, Levy - la chica se sonrojó ante la presencia de Metalicana, quien la saludaba desde el pasillo de la entrada.

- B-Buenas tardes, Redfox-san - hizo una pequeña reverencia, incapaz de ocultar sus nervios, preguntándose si aquel hombre los había logrado oír minutos antes, cuando se encontraban teniendo relaciones.

- ¿Cuándo llegaste? - la voz hostil del pelinegro se alzó a las espaldas de la chica, al tiempo que adelantaba sus pasos, tal vez pensando lo mismo que ella.

- Acabo de llegar. Traje comida, gehee - mencionó el rubio mientras levantaba ambos brazos, sosteniendo un par de bolsas. Levy sonrió inconscientemente al notar una similitud en la particular risa del hombre - ¿Te quedas a comer hoy? - convidó el hombre, dirigiéndose con amabilidad.

- Muchas gracias, pero… - las palabras de la joven fueron interrumpidas por la voz irritada de Gajeel.

- Ella ya se va - sentenció el chico, intentando dejar hasta ahí la conversación.

- Nada de eso - cortó a tiempo el afable hombre, con una sonrisa en los labios – Traje suficiente para todos - los ojos azul eléctrico se anclaron en los marrones de la chica, cautivándola con su color y forma.

- Entonces con gusto acepto su invitación - dijo la peliazul, sintiendo que sería descortés rechazar al Redfox mayor una vez más, después de todo estaba siendo agradable con ella. Sin embargo, la rojiza mirada de Gajeel cayó sobre ella, a lo que solo atinó seguir al rubio que se encaminó hacia la cocina, intentando ignorar la insistente mirada a sus espaldas.

- Toma asiento - el ojiazul le indicó amablemente dónde sentarse, a lo que ella cedió sin rechistar, siendo seguida por el pelinegro, el cual se sentó al otro extremo de la mesa de comedor. Metalicana sacó la comida de las bolsas y, luego de buscar los platos suficientes, fue sirviéndola sonriente. A Levy se le hacía particular la forma de ser del mayor, era alegre y simpático, tan diferente a su hijo. Lo único en lo que se asemejaban era el aire rebelde que ambos parecían poseer, no solamente por sus piercings, sino también en su mirada. Ambos poseían un brillo peculiar.

El Redfox mayor, después de servir la comida, se sentó en el medio de la mesa, compartiendo cerca de sus dos acompañantes. Los tres comenzaron a comer en silencio, hasta que el hombre quiso amenizar el ambiente.

- Entonces, ¿Qué clase de relación tienen ustedes? - la pequeña chica palideció ante la pregunta, pero antes de que Gajeel abriera la boca se apresuró a responder.

- S-Solo somos compañeros de clase - sabía que estaba ruborizada, pero aun así sonrió intentando parecer sincera – Vine a explicarle a G-Gajeel unas cosas que no entendió en clase - tartamudeó inevitablemente al mencionar el nombre de su compañero, al cual no estaba acostumbrada a llamar de otra forma que no sea su apellido, por lo menos fuera de una habitación a solas.

- ¿Gajeel estudiando? - mencionó el rubio de forma entre desconfiada y extrañada, al tiempo que le dedicó una veloz mirada a su hijo.

- Después de todo se acercan los exámenes finales - mencionó la chica, intentando sonar natural. No quería que Metalicana la relacionara de forma intima con el pelinegro, aunque por su mirada sabía que algo sospechaba – Además, Gajeel es el segundo mejor de la clase - acotó llamando la atención de ambos hombres.

- ¿El segundo mejor? - exclamó asombrado el ojiazul, mientras miraba fijamente a su sucesor, el cual lo ignoró magistralmente.

- Sí, sus notas son buenas. Aunque podría esforzarse más - acotó la Mcgarden, intentando liberar la tensión que se formó con el silencio anterior.

- No te metas en mis asuntos - habló el Redfox menor de forma tajante. Levy lo miró sorprendida ante la reacción de él para luego bajar la mirada y comer en silencio sin refutar, sintiéndose molesta e insultada.

- Ya te habrás dado cuenta de que Gajeel no tiene modales. Discúlpalo - Metalicana se dirigió a Levy, ignorando las palabras antes mencionadas por su hijo. Ante aquel comentario la joven sonrió, pero no volvió a mencionar palabra, dejando que el silencio se apoderase de la mesa mientras comían. La peliazul continuó comiendo en un silencio sepulcral al tiempo que observaba la mesa fijamente, hallando encima de esta algo que llamó su atención. Era una piedra de tamaño mediano, pero sobre esta había algo tallado.

- Esas son… ¿runas? - habló casi de forma automática aun detallando el objeto, el cual era usado como parte del centro de mesa.

- ¿Las conoces? - respondió con otra pregunta el hombre mayor, con cierta fascinación en reflejada en su rostro – Esa es la réplica de una piedra antigua que encontramos hace unos cuatro años -

- ¿Encontramos? – estupefacta, la chica continuó hablando - ¿Usted busca antigüedades? - una sonrisa imperceptible se dibujó en su rostro, haciéndolo ver más relajado.

- Soy experto en runas cifradas. Viajo cuando se me requiere y a veces hago expediciones con mi equipo para encontrar alguna - el rostro del mayor fue de total alegría cuando se percató de que la joven frente a él conocía bien de lo que hablaba. Sin pensarlo dos veces, Metalicana dio rienda suelta a todas sus historias interesantes sobre expediciones y recientes descubrimientos. La peliazul escuchaba con fascinación e intervenía cada cierto tiempo.

Gajeel, por su parte, continuó comiendo sin ningún interés en participar en la conversación que los otros dos estaban sosteniendo. Cuando terminó su plato se levantó de la mesa y se retiró hastiado de oírlos hablar. De igual forma, los otros dos no prestaron real atención a la partida del pelinegro y continuaron sumidos en la materia. Al cabo de un rato, el hombre de ojos eléctricos invitó a Levy a su estudio, a lo que ella aceptó gustosa. Una vez en la habitación, la peliazul se deleitó con la biblioteca contenedora de numerosos libros sobre el tema, pergaminos originales y objetos con inscripciones rúnicas, las cuales hacían latir su pecho de la emoción.

- A esto me dedico - mencionó Metalicana, luego de haberle enseñado superficialmente gran parte de sus estudios.

- Es maravilloso - dijo la chica embelesada – Siempre me ha llamado la atención, pero nunca había visto la escritura en persona - declaró al tiempo que acariciaba con delicadeza un pergamino.

- Si es así te traeré un presente de mi próximo viaje, gehee - anunció emocionado el hombre.

- Oh no. No podría aceptarlo - se negó apenada, al tiempo que dejaba el pergamino en su lugar y se volvía para ver fijamente al mayor, quedando prendada de aquellos ojos que se le hacían peculiarmente familiares.

- Nada de eso, tendrás que aceptarlo - manifestó Metalicana tajando el tema – No todo el tiempo encuentro a alguien que se interese por mi profesión y menos tan apasionadamente - la sonrisa del mayor la hizo sonrojar y se sintió avergonzada al ser consciente de que seguro se había estado comportando como una niña en un parque de diversiones – Verás - continuó el hombre – A Gajeel no le interesa en lo más mínimo lo que hago. Y en realidad es un poco aburrido no tener con quién compartir mis hallazgos - Levy pudo notar un toque de melancolía en aquellas palabras.

- Es lamentable - respondió inconscientemente, dirigiendo su mirada al piso.

- No pienses mal de él, no es un mal muchacho. Simplemente ha ido por los caminos incorrectos - esas palabras pusieron a pensar en muchas cosas a la Mcgarden, intentando creerlas. Este simple hecho no pasó desapercibido por el rubio – Él está en una etapa rebelde…me recuerda un poco a mí - declaró al tiempo que tocó con las yemas de sus dedos los piercings que adornaban su oreja, acto que llamó la atención de la chica, pero, cuando estuvo dispuesta a hablar, Gajeel abrió la puerta sin previo aviso, rompiendo el ambiente que se había formado.

- Es tarde. Hora de que te vayas - habló el Redfox menor, recostándose en el marco de la puerta. Levy lo miró molesta, primero por interrumpir y, segundo, por la forma en la que la estaba tratando. La chica también notó que el padre del pelinegro lo volvió a mirar de la misma manera que ella, por lo que antes de que el mayor le reclamara algo decidió adelantarse.

- Es cierto – aceptó, tragándose las ganas de insultar al moreno – Nos vemos después, Redfox-san -

- Está bien. Fue un placer tenerte aquí hoy - mencionó amablemente el mayor. Después de hacer una pequeña reverencia y regalarle una sonrisa, Levy salió del estudio, evadiendo a Gajeel y pasando al comedor en busca de sus pertenencias para, posteriormente, dirigirse a la salida. Sin ánimos de que su compañero le dijera algo más, abrió la puerta antes de que él la alcanzara y se fue sin mirar atrás.

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Al día siguiente, la peliazul notó una actitud hostil por parte de Gajeel, y no porque estuviera al pendiente de él, sino porque el chico desde que había llegado a Phantom Lord estuvo peleando con Totomaru, su compañero de cabello mitad negro mitad plata. Aquello no era una novedad, pero desde el ultimo inconveniente que tuvo el Redfox, dentro del aula, se había controlado e ignoraba las continuas provocaciones de su némesis. Pero ese día estaba siendo diferente, el pelinegro respondía a todos y cada uno de los insultos y estuvo a punto de encimársele al otro si no fuera porque lo detuvieron en el acto. Y en ese momento ella lo supo, Gajeel la citaría ese día también.

Había empezando a conocer las actitudes del chico que buscaba dominarla y se percató, meses antes, que cuando él se molestaba o se sentía frustrado, acudía a ella. Si retrocedía en el tiempo, llevaba casi dos meses y medio manteniendo relaciones sexuales de forma esporádica con el chico. Sonrojándose ante el hecho, intentó distraer su atención de las memorias de los meses anteriores, en realidad deseando olvidar todos sus recuerdos de Phantom Lord.

Aun así, las clases trascurrieron con cierta normalidad y, tal como había predicho, el chico de mirada rojiza la convocó a un nuevo encuentro, esta vez en uno de los descansos, hecho que le provocaba bastante nerviosismo. Sabía que Gajeel no quería que los relacionaran o vieran juntos, y ella mucho menos deseaba aquello, pero el chico era cada vez más demandante, dándole poca importancia a los lugares o detalles. Sin poder evitarlo la campana que anunciaba la hora de descanso sonó. Muchos de sus compañeros se quedaron en el aula, comiendo o compartiendo, y unos pocos salieron de esta, incluido el pelinegro. Luego de unos minutos, para que no pareciera sospechoso, ella salió del salón dirigiéndose al laboratorio, el lugar citado. Una vez ahí, intentando pasar desapercibida, ingresó al lugar, encontrándose con el muchacho sentado sobre el escritorio dispuesto para los docentes. Al notarla, Gajeel la miró fijamente, examinándola, como si no la hubiera visto en un tiempo.

Sintiéndose incómoda, la Mcgarden quiso hablar, pero cuando el chico se dirigió hacia ella, calló. El pelinegro pasó de ella para dirigirse hacia la puerta y pasarle llave. Luego de asegurar la única entrada, volvió en dirección a la joven, mientras la fulminaba con la mirada. Como se había hecho costumbre, el Redfox atacó su cuello con pequeñas mordidas y succiones, evadiendo totalmente sus labios. Sin perder tiempo, deslizó las manos bajo la falda, apartando las pequeñas bragas con sus traviesos y diestros dedos, comenzando a acariciar los deliciosos pliegues de su compañera. Otra cosa que acostumbraba el chico era no desnudarla mientras estuvieran en el instituto, a excepción de su primer encuentro, él la hacía suya siempre con el uniforme puesto, a diferencia de cuando se encontraban en su habitación, completamente a solas.

Sin variar la rutina, el chico la recostó sobre el escritorio y, sin demora, rozó la entrada de ella con la punta de su pene para luego penetrarla lentamente, disfrutando de la sensación cálida y la estrechez que envolvía su miembro. Por su parte, Levy se quejó al sentir un poco de molestia al no encontrarse debidamente lubricada. Aun así, cuando chico dio inicio a las embestidas, la sensación de escozor fue reemplazada por una sensación agradable poco a poco.

La joven cerró los ojos cuando las manos de Gajeel recorrieron deseosas su cuerpo, mientras la continuaba embistiendo enérgicamente. Notaba que el chico tenía prisa, lo cual hacia que ella también la tuviera, pues se sentía tensa cada vez que escuchaba voces y pisadas provenientes del pasillo, ignorando completamente lo que estaba sucediendo detrás de esa puerta.

Gajeel sujetó a la chica de los hombros y aceleró las embestidas, intentando apresurar su llegada, pues solo quería relajarse y olvidar la sensación de molestia que invadía su cuerpo. Se encontraba molesto desde la noche anterior. Cuando su padre, después de que Levy se fuera de la casa, le dijo que la tratara mejor. No solo se lo decía en forma de comentario, sino de orden, lo cual lo sacó de sus casillas. Él no estaba obligado a tratarla bien y mucho menos a ser amable con ella, pues no tenían ninguna relación además de la física. Tampoco estaba dispuesto a darle un trato especial solo por ser mujer o llegar a ser adorable.

Ante aquel último pensamiento, gruñó. Salió de la chica para luego penetrarla con fuerza, provocando que un quejido escapase de los labios de ella. Ignorando ese detalle, se dispuso a continuar, sintiendo que la castigaba, pero el sonido de golpes en la puerta lo detuvo.

- Mierda – exclamó el Redfox, al tiempo que salía de la chica. La peliazul se reincorporó inmediatamente, viendo hacia la puerta con terror mientras se acomodaba el uniforme. Pasados algunos segundos los golpes en la puerta se volvieron a escuchar. Maldiciendo por lo bajo, Gajeel respiró profundo, intentando que su erección disminuyera, sin mucho resultado. Aun así se dirigió a la puerta y la abrió para acallar el golpeteo. Frente a ellos se encontraba el profesor de química viéndolos a ambos con desconcierto.

- ¿Qué hacen aquí? - Levy palideció, sintiendo que su record académico y su carta de buen comportamiento pasarían a mejor vida. En cortos segundos una pequeña película de tragedia pasó por su cabeza, haciendo que sus ojos se humedecieran y, como respuesta, solo logró balbucear algunas palabras que nunca alcanzaron a salir de sus labios.

- Mcgarden me enseñaba a utilizar los utensilios de la próxima práctica - mintió sin titubeos Gajeel, intentando mantenerse en una pose relajada.

- ¿Por qué la puerta estaba cerrada? - los pocos segundos en los que Levy relajó sus hombros fueron fugaces, pues la tensión se volvió a apoderar de ellos.

- Usted sabe cuán intensa es Mcgarden al explicar. No quería que nadie nos interrumpiera - la chica sonrió nerviosa y sonrojada cuando la mirada del docente se posó sobre ella por un instante, para luego volver a reparar en Gajeel.

- Tal vez te haga falta un poco de esa intensidad para subir tus notas en mi materia - reprochó el hombre, ingresando al laboratorio al tiempo que bajaba la guardia – Ahora tengo que prepararme para mi clase ¿Serian tan amables de retirarse? - despachó el hombre, sin darle más importancia al asunto, al tiempo que dejaba sus pertenencias en el escritorio en el cual minutos antes se encontraba recostada la peliazul siendo penetrada.

- P-Por supuesto - Levy hizo una pronunciada reverencia y, a paso rápido, salió del salón siendo seguida por Gajeel, el cual se encontraba con un humor de perros, lanzando improperios por lo bajo.

- Maldición - los improperios del chico llamaron la atención de la chica, pero esto no hizo que detuviera el paso. Continuó caminando con la mirada en alto, como si el causante de sus peores pesadillas no la estuviera siguiendo – Esto no termina aquí, Renacuajo - esta vez la voz del chico sí detuvo su caminar en el acto y, aun sin volverse a mirarlo, lo escuchó claramente – Nos encontramos al salir en la tienda - sin más el chico se le adelantó, caminando en dirección al salón.

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Luego de que las clases se reanudaran, la chica no pudo concentrarse como era debido, imaginándose una y otra vez lo que pudo haber ocurrido si el profesor los encontraba en el acto. Seguramente la expulsarían y perdería el año, todo por lo que había luchado y sacrificado se iría a la basura en cuestión de segundos. Negando repetidas veces con la cabeza, intentaba olvidar lo sucedido y deshacerse del temor que aun recorría su cuerpo. En ese momento juró que no dejaría que Gajeel la volviera a tocar en Phantom Lord. No mientras corrieran algún riesgo de ser encontrados. Aun si el chico se negara.

Las clases culminaron sin ningún otro inconveniente y, al cabo de largos minutos, se encontró con Gajeel en la tienda, se subió a la motocicleta y juntos emprendieron camino a la casa de este. Una vez ahí, Levy ingresó tímida y cautelosa en el hogar, previendo la aparición del animado padre del chico, el cual no se presentó en ningún momento. El pelinegro, notando su actitud, habló.

- No está en casa. Lamento decepcionarte - sus palabras sarcásticas eran acompañadas por una sonrisa burlona, la cual solo hizo enojar a la peliazul, pero no dijo nada al respecto. Siguió al Redfox por el pasillo que conducía a su habitación y ya en el lugar sintió que la pasión suprimida del chico salió a flote. Cerrando la puerta con fuerza, Gajeel la sujetó con firmeza para luego empujarla en la cama sin mucha delicadeza y recostarse encima, apoyando parte de su peso en uno de sus brazos, mientras acercaba el rostro al de ella.

Levy, prediciendo sus intenciones cerró los ojos, acción que detuvo al chico. Este se quedó unos segundos detallando el rostro juvenil de Levy, su pequeña nariz, lo largo y negro de sus pestañas, sus finas cejas, las mejillas con un gracioso sonrojo y sus rosados labios, quedándose prendado en estos últimos. Al cabo de unos segundos, disgustado consigo mismo, comenzó a desabrochar el uniforme de la chica haciendo que esta abriera sus grandes y redondos ojos con lentitud, al darse cuenta de que, una vez más, el chico evitó besarla. Gajeel continuó despojándola del uniforme bruscamente, para luego casi arrancar su brasier. Levy cerró los ojos fuertemente cuando la lengua del pelinegro hizo contacto con su pezón y juntó sus labios con fuerza, evitando emitir sonidos, cuando él empezó a juguetear con su lengua.

A la vez, las manos del moreno descendieron hacia su cadera quitándole la falda, sin aun parar de acariciar el rosáceo botón de la chica con su lengua, mientras jugaba con el otro con su mano libre, para luego proceder con la última prenda faltante. Cuando por fin separó su boca del pecho de la peliazul, un pequeño hilo de saliva lo unió durante unos segundos hasta que tomó más distancia. Levy, completamente sonrojada, lo observó quitarse toda la ropa, quedando completamente desnudo a su merced, para luego sentarse sobre la cama recostado en el respaldar de esta y, haciéndole una seña con la mano, le ordenó que se acercara. Sin mencionar palabra, la chica obedeció, mientras el muchacho la guiaba para sentarse sobre él, a unos pocos centímetros de su miembro ya erecto. Cuando Levy quiso tomar la palabra las de él la acallaron.

- Hazlo tú - la Mcgarden se sonrojó violentamente, más que por el significado de las palabras fue por cómo las mencionó. El chico habló con voz ronca y su mirada carmesí poseía un brillo de lujuria del cual nunca antes se había percatado, cautivándola e incitándola a perderse en este. Entonces sin pensarlo demasiado se levantó lo suficiente para guiar la punta del miembro hasta su entrada y luego descendió sobre este poco a poco, abrazando todo el grosor con su vagina. Cuando lo tuvo adentro completamente dejó escapar un suspiro, acostumbrándose a él, sintiéndolo y comenzando a deleitarse sin siquiera hacer ni un movimiento. Sus rostros estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban y, por primera vez, se perdieron en el deseo de los ojos del otro. Levy, sintiéndose extraña, comenzó el movimiento de sus caderas y, al poco tiempo, Gajeel sujetó su trasero marcando el ritmo. Ella apoyándose sobre los hombros de él, en algo parecido a un pequeño abrazo, continuó moviéndose, disfrutando de la calidez y el cosquilleo involuntario que su cuerpo estaba experimentando.

Un poco avergonzada por el sonido acuoso que producía el choque entra ambos, pero excitada a tal extremo que sus ojos se humedecieron, aceleró el movimiento, buscando intensificar la sensación de placer. Una pequeña capa de sudor fue recubriendo sus cuerpos sin afectarlos en absoluto, mientras el aire de la habitación se hacía más denso, como si la lujuria que ambos sentían emergiera por sus poros. Un gemido ronco, más parecido a un gruñido, brotó de los labios del Redfox, dejando en evidencia el placer que estaba experimentando. Levy quedó embelesada con el gemido del chico, pues si bien lo había oído gemir repetidas veces, esta vez, a su parecer, se sintió más profundo, como si de verdad lo estuviera disfrutando.

Gajeel, intentando evadir la excitada mirada de la chica dirigió sus manos a ambos senos de ella, pellizcando con la punta de sus dedos los rosados pezones ya erectos. Inmediatamente notó como la joven cerró fuertemente los ojos, mientras mordía sus labios, seguramente para no dejar escapar ningún sonido. Con una sonrisa maliciosa en los labios el pelinegro pellizcó con más fuerza los sensibles pezones, provocando que ella ralentizara el movimiento de sus caderas mientras gemía.

- Gajeel - el chico no supo identificar si fue un gemido o un quejido, pero le pareció el sonido más provocativo que nunca antes había escuchado. Aun con las manos acariciando los senos de la chica la observó abrir los ojos con sorpresa, al parecer su nombre había surgido inconsciente de sus rosados labios, lo que le pareció aun más estimulante. Sin poder evitarlo, empujado por la pasión del momento, besó los labios de la chica con deseo, sintiéndola gemir dentro de su boca.

Se sintió descolocado cuando su lengua tocó la de ella e inmediatamente el placer fue en aumento. A medida que profundizaba el beso este le producía accesos de frenesí que jamás había sentido con tal intensidad. Por otra parte, la chica se encontraba con su mente en blanco, con nada de por medio más que un intenso cosquilleo apoderándose de su vientre bajo y una corriente que descendía desde su lengua hasta su estomago. Se sentía en otro plano mientras correspondía el húmedo beso que le estaban proporcionando. Sus brazos se juntaron alrededor del cuello del muchacho mientras sus caderas no paraban de moverse por instinto. Fue entonces cuando el sonido al otro lado de la puerta la hizo separarse de los labios del moreno bruscamente, deteniendo todo movimiento. Gajeel volvió su mirada hacia la puerta cuando una voz se dejó escuchar.

- Gajeel ¿Estás ahí? - un par de golpes fueron propinados sobre la madera.

- Maldita sea - exclamó el chico en voz baja, maldiciendo al universo, el cual conspiró para que los interrumpieran todo el día. Cuando el pelinegro sintió que Levy quiso levantarse, la sujetó fuertemente de las caderas, frustrando su escape y evitando que la unión de sus cuerpos desapareciera – ¡¿Qué quieres?! - vociferó lo suficientemente fuerte para que Metalicana lograra escucharlo y para que le quedará claro que no estaba de humor, al tiempo que sujetando firmemente a la chica se impulsó hacia un lado, quedando esta vez él sobre ella y sin demora comenzó a embestirla.

- Detente - suplicó la chica en un susurro, alterada por la posibilidad de verse descubierta por segunda vez en el día.

- ¿Dónde colocaste el folio gris que estaba sobre el mueble? - la voz del rubio se oía al otro lado de la puerta. Sin embargo, el pelinegro le estaba prestando real atención a la chica bajo su cuerpo que se negaba a volver al hipnótico vaivén en el que estaba minutos antes.

- ¡Está sobre tu escritorio! - rugió el joven, al tiempo que salía del cuerpo de su acompañante para inmediatamente volverla a penetrar y así sentir toda su estrechez. La voz del hombre de eléctricos ojos se dejó de escuchar y, un par de minutos después, la puerta de la entrada sonó, indicando que había partido. Un poco más aliviada, pero aun con el corazón en la garganta, la peliazul relajó su cuerpo poco a poco, dándole entrada al placer de nueva cuenta. Sin embargo, de pronto sintió que el Redfox salió de ella y en cuestión de segundos sobre su vientre cayó un liquido caliente y blanquecino. El chico se estremeció un poco sobre su cuerpo para luego caer a un lado sobre la cama.

Levy observó su vientre lleno de semen y, aun sin salir de la impresión, volteó a ver a Gajeel, el cual se encontraba jadeante con los ojos cerrados.

- Eres increíble - dijo de forma irónica la chica, esperando que él, por lo menos, se disculpase por ser maleducado con ella.

- Lo sé - respondió este con regocijo, ignorando la ironía con la que su acompañante había pronunciado aquellas palabras.

- Eres un patán - indignada e insatisfecha, como de costumbre, la Mcgarden tomó la sabana con su mano y se limpió el vientre de aquel viscoso liquido para luego levantarse y comenzar a colocarse de nueva cuenta su arrugado uniforme – Y te lo advierto, no cederé de nuevo ante ti en el instituto - habló enojada mientras se colocaba la falda de su uniforme – No arriesgaré mi reputación solo por el hecho de que no sepas como lidiar con tus problemas - la forma violenta en la que pronunció aquellas palabras hizo que el chico posara sus ojos carmesí sobre ella. Ambos chocaron miradas y ninguno parecía tener ganas de ceder, pero el chico se encontraba cansado y, todavía disfrutando de su reciente orgasmo, ignoró por completo la presencia de la joven, dándole la espalda.

Levy, aun más frustrada por aquel reaccionar, terminó de arreglarse completamente para salir de ese lugar, no sin antes arremeter contra la puerta con toda su fuerza.

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Los días siguientes transcurrieron tal cual como Levy deseó, lejos de Gajeel. El chico no parecía interesado en insistirle, por ahora, y eso la tranquilizaba. Al principio había estado nerviosa por cómo reaccionaria ante las rudas palabras de ella, pero él parecía encontrarse sospechosamente tranquilo. La verdadera sorpresa llegó cuando, durante la clase de química, el docente se empeñó en emparejarlos para el proyecto que estaba planificando. Después de la clase Levy habló con el catedrático para que la dejara realizar el proyecto sola, como usualmente acostumbraba cuando se les asignaba alguna actividad en grupo, pero el hombre se negó rotundamente con la justificación de que ella ya se encontraba orientando al Redfox. Sin tener ningún otro argumento que anulara al anterior, a la Mcgarden solo le quedó ceder.

- Esto es tu culpa - a Gajeel no se le hacía graciosa la idea de tener que soportar a su mandona compañera, pero no se quejó abiertamente como ella se encontraba haciendo – Todo es tu culpa - recriminó directamente al chico que estaba sentado de forma relajada en su asiento, después que el instructor de química se negara a disolver su grupo y saliera del aula. Siendo esa una de las pocas veces que se dirigían la palabra abiertamente en aquel salón.

- Supéralo, Pitufo - habló el chico levantándose de su asiento, intentando dar por finalizado el tema – Revisa el tema y me hablas cuando estés preparada para trabajar - con aires de grandeza, el azabache salió del aula, dispuesto a comprar algo de comida y disfrutar lo que restaba del descanso, dejando a la peliazul roja de la ira.

Tragándose las ganas de insultarlo a los cuatro vientos, lo dejó retirarse sin más. La Mcgarden se llevó una mano a la cabeza, intentando pensar por dónde iniciar con el proyecto y en qué parte incluir a Redfox. Se le haría más sencillo si el proyecto no tuviera que presentarlo y defenderlo durante los exámenes finales. Aquel era un peso con el que no podría cargar sola mientras intentaba estudiar para las otras materias.

Suspirando cayó en su asiento, siéndose fatigada desde ya. Luego de otro largo suspiro decidió tomarlo con calma, rogando que el pelinegro no se lo hiciera aun más difícil.

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Durante la noche, la chica de ojos avellana se dispuso a revisar el material sobre el proyecto que les fue asignado, dándose cuenta de que era bastante extenso y la mejor opción era iniciarlo cuanto antes si querían evitar que se les acumulara todo el trabajo y posiblemente ella parara en la vesania.

La pequeña se quedó hasta altas horas de la noche intentando clasificar la información para que se les hiciera más fácil iniciar el proyecto, pero su cuerpo cansado no le permitió ir tan lejos, como hubiera deseado. Agotada se recostó sobre su cama, pensando en cómo hablarle al chico para iniciar la asignación.

Con ese pensamiento cayó rendida en los brazos de Morfeo.

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- No nos reuniremos en la biblioteca - se negó rotundamente el Redfox, el cual se encontraba recostado del ventanal que daba hacia el patio.

- Es el mejor lugar para continuar reuniendo la información necesaria - la peliazul se encontraba frente a él, enfrentando su mirada mientras sus manos descansaban sobre sus caderas. dándole a demostrar que no se encontraba intimidada.

- No quiero que me vean demasiado tiempo contigo - mencionó el pelinegro, al tiempo que se cruzaba de brazos y fulminaba con la mirada a la molesta chica que no parecía querer ceder.

- Pues, a ti te encanta verte conmigo - levantó un poco la voz, inconscientemente, debido a la molestia que le produjo la terquedad del muchacho.

- Cuidado con lo que dices, Mcgarden – pronunció el chio con tono amenazante. No se preocupaba demasiado porque el aula se encontraba vacía, debido a que las clases habían culminado por ese día. Sin embargo, dentro de Phantom Lord prefería tener suma discreción con lo que decía. Levy sintió un escalofrío recorrerla al escucharlo dirigirse a ella por su apellido, primera vez que lo hacía y le pareció atemorizante – Saca los libros que necesites, te esperare en la tienda - Gajeel tomó sus pertenencias y se dirigió a la salida, pero antes de salir volvió su mirada hacia ella – Si no te das prisa tendrás que caminar – finalizó, saliendo del salón con una sonrisa socarrona dibujada en sus labios. La peliazul apretó sus puños a ambos lados de su cuerpo por unos segundos para luego imitar los movimientos del Redfox y salir del aula, pero en dirección a la biblioteca. Una vez ahí eligió un par de libros que consideró les podrían servir de ayuda para, posteriormente, con ayuda de su carnet de la biblioteca, pedir permiso y así poder llevar los libros consigo. Una vez estuvo todo listo, partió al lugar de encuentro sin más demora.

La pequeña avanzaba a paso acelerado. Mientras avanzaba, poco a poco, vislumbró a la lejanía al chico de ojos carmesí recostado de su motocicleta bebiendo una gaseosa, por lo que disminuyó el paso y caminó tranquila hasta darle alcance. Al cabo de unos minutos partieron al destino de siempre. Cuando llegaron a la casa de Gajeel, por primera vez, se instalaron en la sala, a petición de la chica. El Redfox no se opusó, por lo que buscó todo lo necesario para poder trabajar en su sala sin problemas. El chico colocó su laptop sobre la pequeña mesa y ambos se sentaron sobre la mullida alfombra.

- Tu padre… - inició la chica, pero inmediatamente fue interrumpida por él.

- Se encuentra de viaje - mencionó concentrado escribiendo la contraseña para ingresar en el sistema operativo del aparato. Luego de haberlo hecho volteó a ver a la chica con una pequeña sonrisa – ¿Quieres que tengamos sexo aquí? - después de su indecoroso comentario se carcajeó abiertamente, debido a la expresión de vergüenza de su compañera.

- ¡Cállate! - totalmente sonrojada, Levy lo golpeó en el brazo al mismo tiempo que miraba hacia otro lado. El chico continuó riendo fuertemente durante largos segundos hasta que su aliento se agotó y decidió calmar su respiración hasta volver a la normalidad. En otro momento se hubiera encimado sobre la chica y la habría hecho suya sobre la alfombra, pero su mente se encontraba en otro lado. Aquello se debía a que, después de su último encuentro, cuando su padre casi los descubre, había notado algo que lo puso a pensar. En cierta parte le daba gracias a Metalicana por interrumpirlos y hacer que reaccionase, porque, cuando estaba inmerso en la mirada de la chica y sus labios hicieron contacto, una sensación cálida se instaló en él y permaneció hasta mucho tiempo después de que ella se fuera dando portazos. Era verdad que durante el beso había sentido que el placer se incrementó, pero aquella sensación de calidez fue extraña y desagradable. Se rehusaba a volver a experimentarla. Por esa razón no buscó a Levy en varios días, simplemente quería distanciarse. Sabía que no se estaba enamorando, era ridículo de solo pensarlo, pero estaba seguro de que si continuaba así se obsesionaría con ella y tampoco iba a caer tan bajo por una simple chica. Sin embargo, lo que más le molestaba de todos sus sentires era no poder contenerse cuando la tenía cerca. Si estaban solos, su cuerpo reaccionaba rápidamente y pedía sentirla, pero su mente se negaba rotundamente. No obstante, después de una breve lucha interna, terminaba cediendo, como en ese preciso instante.

De un rápido movimiento aprovechó que ella estaba dándole la espalda, rehuyendo de su mirada, y la abrazó desde atrás, haciéndola respingar. Sus manos agiles desabotonaron un par de botones y se introdujeron por la camisa de ella, pasando de largo el sostén, atrapando sus senos. Acercó sus labios al oído de la chica, apartando un par de mechones azules, y le susurró haciendo chocar su aliento.

- Espero tu respuesta - la voz ronca del chico la hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo y las caricias en la punta de sus senos le producían un cosquilleo intenso. Sin embargo, no estaba dispuesta a ceder. Con fuerza tomó las manos de Gajeel y las apartó de sí. Sin perder un segundo más, se levantó de su lugar volviendo su cuerpo hacia él, observándolo desde arriba.

- Estamos aquí para trabajar, lo sabes - recriminó la chica, intentando controlar el tic nervioso que estaba sacudiendo su ojo – Deberías tomar esto en serio y preocuparte por subir tu nota, la cual deja mucho que desear- quiso sonar cruel para intentar hacerlo reaccionar, pero la sonrisa de él le demostró que no había surtido ningún efecto.

- De hecho, deberías preocuparte tú - una sonrisa chocante creció en sus labios – Si lo hacemos mal bajará tu hermoso promedio, el cual pareces estar empeñada en mantener ¿O me equivoco? - y no, no se equivocaba. El rostro de la chica se lo demostraba.

- ¡Eres insoportable! - despotricó contra el moreno, el cual nunca dejó de sonreír, para luego volver a sentarse a su lado, acomodando su uniforme. Esta vez ambos se concentraron, él en la pantalla de la laptop y ella en los libros que había buscado en la pequeña biblioteca de Phantom Lord. Juntos recopilaron información bastante útil para el proyecto. Para sorpresa de Levy, el Redfox era bastante serio cuando se concentraba en algo, por lo que fue sencillo terminar no demasiado tarde. Solo restaba ordenar la información y comenzar a armar el diseño.

La chica se desperezó subiendo los brazos arriba de su cabeza para relajar sus músculos. Gajeel la observó de reojo para luego volver su mirada al frente, entonces ambos concluyeron que era suficiente trabajo por ese día. Luego de dejar todo en su lugar, la chica se retiró de la casa Redfox tranquilamente.

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Levy se encontraba de muy buen humor los últimos días y eso no era un secreto para el chico de ojos carmesí. Se encontraba risueña y radiante debido a dos cosas. La primera era que todo estaba saliendo a la perfección, se reunía cada cierto tiempo con Gajeel para avanzar con la asignación de química y, al mismo tiempo, estaba logrando estudiar perfectamente para las demás asignaturas. Y la segunda razón era que los encuentros sexuales habían disminuido notablemente. La peliazul no sabía a qué se debía o si simplemente el chico se aburrió de su cuerpo, pero de igual forma la hacía feliz no sentirse usada. Al fin se sentía completa, nadie la molestaba, ni el Redfox, y su promedio no disminuiría por falta de energía. Al fin veía la luz al final del túnel y, aunque todavía faltara para culminar el año escolar, cada vez percibía Fairy Tail más cerca de ella.

Sin embargo, la historia era al contrario para Gajeel. Él no se encontraba de tan buen humor, debido a que hacía ya varios días que no tenia sexo, y no porque no quisiera, porque si quería, pero su orgullo se lo impedía. No permitiría que su mente se obsesionase con la imagen de la peliazul y mucho menos su cuerpo, el cual ya estaba acostumbrado a la sensación que la chica le producía. Pensó en varias ocasiones salir a alguna fiesta con sus amigos y conquistar a alguna chica, como en los viejos tiempos, pero simplemente no le provocaba. Además, estaba el hecho de que al pasar más tiempo con la pequeña chica y notar su compromiso y dedicación con todas las materias, le hizo entrar en razón sobre lo retrasado que estaba en todas. Por lo que en las últimas noches se había dedicado a repasar algunas clases, las cuales entendía rápidamente, pero era demasiado el material que se había dejado acumular.

Aquello de los estudios también lo comenzaba a ver como una especie de competencia, pues no dejaría tampoco que la chica lo humillase por estar ella en el primer lugar y él en el segundo.

Un par de semanas después debían presentar un pequeño avance del proyecto ante su tutor, por lo que se reunían más seguido para avanzar con el cuerpo de la asignación.

El día jueves llegó el momento de presentar el avance en cuestión. Se reunieron con el profesor y fueron evaluados, recibiendo felicitaciones por parte del docente, el cual se encontraba bastante satisfecho con lo que llevaban hasta los momentos. Sin embargo, les hizo varias sugerencias y los presionó a mejorar. La chica salió jovial del cubículo del docente, siendo seguida por el moreno.

- Tenemos que hacer las correcciones antes de avanzar - anunció lo suficientemente alto para que solo el chico a sus espaldas la escuchara – Podríamos hacerlo hoy y así terminar el capítulo – sugirió, continuando el camino hasta su clase.

- Oye, Renacuajo - el chico llamó la atención de ella, logrando el efecto deseado, que ella detuviera sus pasos y se volviera a verlo, intentando fulminarlo con la mirada. Antes de que le reclamará, como últimamente hacia luego de llamarla por algún sobrenombre, continuó hablando –Metalicana llegó ayer de viaje y está empeñado en que vayas a almorzar el sábado - explicó con voz fastidiada, sin darle importancia al asunto – Aprovechemos para terminar todo el sábado y así le cierras la boca al viejo - Levy se quedó callada unos segundos, ante la inesperada y elocuente invitación, pero al cabo de unos segundos sonrió.

- Entonces será el sábado -

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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.

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Saludos a todos mis lectores. Esta vez me propuse no hacerlos esperar demasiado y creo que lo logré. En realidad tardé un poco más corrigiendo algunos errores y espero que no se haya escapado alguno, si es así déjenmelo saber.

En cuanto al capítulo, es notable que las cosas van cambiando de a poco. Últimamente mi imaginación ha volado y creo que haré un cambio en el curso que tenía previsto, ya más adelante ustedes lo verán y espero que sea de su agrado. Cosas sorprendentes se vienen.

Por último, la imagen de portada ha cambiado para hacerles una idea en lo que me basé para describir a Metalicana, solo faltó el traje elegante. Por este capítulo y el próximo la imagen estará disponible como portada. Espero no dañar su propia imagen mental del personaje.

Sin más que decir, me despido. Espero sugerencias, críticas constructivas o alguna loca idea que tengan para la historia. Todo será bien recibido.

¡Saludos!