- Oye, Renacuajo - el chico llamó la atención de ella, logrando el efecto deseado, que ella detuviera sus pasos y se volviera a verlo, intentando fulminarlo con la mirada. Antes de que le reclamará, como últimamente hacia luego de llamarla por algún sobrenombre, continuó hablando –Metalicana llegó ayer de viaje y está empeñado en que vayas a almorzar el sábado - explicó con voz fastidiada, sin darle importancia al asunto – Aprovechemos para terminar todo el sábado y así le cierras la boca al viejo - Levy se quedó callada unos segundos, ante la inesperada y elocuente invitación, pero al cabo de unos segundos sonrió.
- Entonces será el sábado -
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El día del almuerzo llegó sin demora y la peliazul, entre nerviosa y ansiosa, comenzó a arreglarse. Se tomó el tiempo suficiente para escoger la ropa adecuada y para batallar con su rebelde cabello. Era la primera vez que visitaría la casa Redfox sin que no fuera día de semana y, por lo tanto, la primera vez que iría con ropa de diario. Luego de una hora de estarse arreglando, se miró frente al espejo, vistiendo un pantalón corto marrón, acompañado de una blusa negra de cuello medio sin hombros y, del mismo color de esta, su usual cinta para controlar su cabello junto a unas pequeñas botas a juego. Antes de salir de su hogar se colocó una mochila que combinaba con su short para luego partir al hogar Redfox, no sin antes pasar por una pastelería comprando unos cuantos dulces para agradecer la invitación.
Al momento de llegar, la recibió Metalicana con una cálida bienvenida, invitándola a sentarse y ofreciéndole algo de tomar. Fue tiempo después que Gajeel apareció por el pasillo, siguiendo de largo sin reparar en su presencia. Levy le restó importancia a aquel comportamiento y continuó hablando con el animado hombre de cabellos rubio ceniza sobre el reciente viaje de este. A pesar de no haber logrado descubrimientos significativos, Metalicana le comentaba sobre las grandes hazañas que tuvo que realizar para llegar al lugar indicado donde hubo pequeños hallazgos.
Cuando se fue acercando la hora del almuerzo, el ojiazul comenzó a arreglar la mesa con ayuda de la insistente joven para después empezar a servir la deliciosa comida que él mismo había preparado horas antes. Una vez estuvo todo listo, Gajeel se acercó a la mesa y tomó lugar sin decir palabra, mientras los otros dos continuaban su animada conversación. El pelinegro pensó que se volvería loco al escuchar tanto sobre runas cifradas y su significado, hasta que el rubio cambió de tema.
- Y cuéntanos Levy, ¿A qué se dedican tus padres? - la chica abrió los ojos debido a la pregunta, la cual le había caído de sorpresa. Posteriormente bajó la mirada y sonrió sin ánimos.
- Mis padres…Mis padres murieron cuando tenía cinco años - notó que después de sus palabras un silencio sepulcral invadió el lugar – Lo siento si es incómodo - se disculpó inmediatamente, sabiendo que el enrarecido ambiente se debía a su respuesta.
- Yo lo siento, Levy. No debí preguntar tan a la ligera - manifestó serio, por primera vez, el Redfox mayor.
- No se preocupe. No había forma de que supiera - la chica sonrió, intentando amenizar el pesado ambiente que había ocupado la mesa, de igual forma percibiendo la mirada de los dos hombres sobre ella. Gajeel, que no había estado realmente al pendiente de la conversación, la miró sin disimular la sorpresa que la respuesta de la chica había producido en él.
- Pero vives con tu familia ¿no? - la indiscreta pregunta surgió de los labios del pelinegro, al tiempo que su rojiza mirada se encontraba con una café.
- Gajeel - la voz seria del mayor se dejó escuchar, recriminando la imprudencia de su pregunta. Sin embargo, el moreno no dejó de observar a la joven en busca de una respuesta.
- No se preocupe, Redfox-san. No es incómodo para mi hablar del tema - Levy le dirigió una sonrisa tranquilizadora al mayor para luego volver su mirada hacia la intensa carmesí frente a ella – Desde el incidente viví en un centro de menores, hasta que cumplí los quince años. Era a partir de entonces que tenía permiso de salir, pero bajo el cuidado de un tutor legal. Así que decidí irme y vivir yo sola, luego podré manejar mis bienes cuando cumpla la mayoría de edad - por primera vez en el día el chico parecía realmente interesado en sus palabras. Sin embargo, la percibía incómoda y sus ojos avellana revelaban un cumulo de emociones, las cuales no lograba descifrar. Cuando quiso volver a preguntar algo, la voz de su padre lo interrumpió.
- Basta, Gajeel - Metalicana lo interceptó a tiempo, antes de que otra palabra saliese de su boca. Levy dirigió su atención a la comida sobre su plato, a medio comer, e intentó seguir comiendo como si nada hubiera pasado, mientras despejaba sus pensamientos. Con el pasar del tiempo se fue haciendo lo suficientemente fuerte como para hablar del tema sin problemas, pero aquello no quería decir que los sentimientos de tristeza, amargura y nostalgia no se apoderaran de su ser, por lo que en cierta parte agradecía que el hombre de ojos eléctricos entendiera. Pasados unos minutos, en los cuales los tres comieron en total silencio, Metalicana volvió a tomar la palabra con una sonrisa armoniosa dibujada en sus labios – Y, ¿Tienes alguna carrera que te llame la atención? Para después, cuando te gradúes -
- ¡Sí! - los ojos avellana de la chica volvieron a brillar ante la pregunta del mayor – Me encanta la historia y la literatura. También los idiomas y lenguas antiguas, pero aún no decido cuál carrera tomar - respondió un poco más animada.
- Eso está muy bien - alagó el Redfox mayor, mientras se llevaba un vaso con agua a los labios –Deberías contagiarle un poco de tu energía a Gajeel, que dice no querer ingresar a la universidad -
- Es una verdadera lástima - lamentó la peliazul, dirigiendo su mirada al muchacho, el cual pretendía ignorarlos, nuevamente.
- Y en verdad lo es. Le he dicho que estudie Ingeniera Metalúrgica o automotriz, pero insiste en desperdiciar su talento - el hombre continuaba hablando como si su hijo no se encontrara presente - ¿Te comentó que su motocicleta la armó él solo? - mencionó apoyando un codo sobre la mesa, simulando acercarse a ella en un acto de complicidad.
- No, no lo hizo - la chica estaba un poco impresionada por las palabras del padre, pero a la vez le hacía gracia su forma de expresarse. Al contrario de Gajeel, quien parecía estar a punto de estallar. Pero para sorpresa de ambos, el pelinegro solo se levantó de su asiento y, tal y como había llegado, desapareció por el pasillo. Metalicana rio a carcajadas ante el comportamiento de su hijo, haciendo parecer que aquello era lo que buscaba. Por su parte, la Mcgarden sonrió sin decir palabra.
Continuaron solos en la mesa hasta acabar con la comida para luego comer los postres llevados por la Mcgarden. Al finalizar, recogieron la mesa y tras un corto debate sobre quién lavaría los platos sucios, donde salió victoriosa la Mcgarden, se dispusieron a ingresar en la cocina.
- Disculpa la imprudencia de nuestra parte - se disculpó el mayor, que luego de insistir en ayudarla se encontraba secando los platos que ella iba lavando. Levy entendió de inmediato a qué se refería el hombre y sonrió agradecida nuevamente.
- No se preocupe por eso. No me molestó - dijo en voz baja, concentrada en restregar bien la esponja por la superficie del plato, teniendo cuidado de que este no se deslizara entre su mano.
- Gajeel a veces puede ser un poco insensible - la chica le dio la razón mentalmente al escuchar aquella afirmación – Verás, su madre nos dejó hace varios años. Ella ya no era feliz a mi lado y no supo lidiar con todo, así que decidió irse sin mirar atrás – el rubio hizo uno pausa cuando los ojos de la chica buscaron los suyos – Para ese entonces Gajeel tenía doce años. Estaba pasando por una etapa problemática y aquello lo empeoró todo. Cada vez se volvió más desobediente y sus instantes de rebeldía fueron aumentando. Yo, sinceramente, no supe cómo controlarlo. Él me recuerda a mí en muchos aspectos - la chica, sin decir palabra, no pasó desapercibido el movimiento en el que el rubio acarició los piercings que adornaban sus orejas, al igual que cuando estuvieron en su estudio. Al parecer aquello le recordaba a su hijo – Pero por dentro es un chico amable y un tanto tímido, solo que intenta ocultar cualquier deje de debilidad bajo esa capa de rebeldía y rudeza - la impresión no permitió que la chica pudiera articular palabra. La peliazul se daba cuenta de que, a pesar de conocer desde hace meses al moreno, en realidad no lo conocía para nada, ni siquiera lo había intentado. Aunque las circunstancias en las que se habían encontrado no le dieron deseos de hacerlo – Solo te digo esto para que le tengas paciencia y sepas que no todo lo que dice es lo que de verdad siente. Tendrás que tenerlo en cuenta si quieren que lo suyo funcione -
- ¿Lo n-nuestro? – sonrojada, la peliazul colocó el plato que sostenía en ese momento sobre la superficie del fregadero, para evitar que cayera debido a la tensión que se apoderó de ella ante tales palabras. La pequeña volvió su cuerpo en dirección al hombre de forma automática antes de continuar hablando – N-Nosotros no tenemos nada - con una sonrisa a medias intentó sonar convincente.
- Lo sé. Lo sé, gehehe - el Redfox hizo un gesto con la mano dándole poca importancia a la respuesta de la menor, mientras reía graciosamente. La Mcgarden solo atinó a inflar sus mejillas en forma de reclamo cuando Gajeel hizo acto de presencia en la cocina, haciéndola respingar.
- Pitufo, es hora de empezar a hacer las correcciones - Gajeel levantó una ceja cuando dos pares de ojos, unos cafés y otros azul eléctrico, lo fulminaron. Seguramente por la forma en la que se dirigió a la chica.
- ¿Es que no te he enseñado a respetar a las chicas? - preguntó el hombre rubio con los brazos cruzados frente a su pecho.
- De hecho, no - respondió hilarante el pelinegro, al tiempo que dejaba de darle importancia al asunto y se disponía a salir de la cocina.
- Gajeel tiene razón. Se nos hace tarde para comenzar a trabajar - mencionó la chica antes de que el padre del chico volviera a replicar.
- Espera. No creas que se me olvidó traerte un recuerdo de mi viaje - el corazón de la chica se aceleró por la emoción ante tales palabras. Observó al hombre perderse al final del pasillo y, al cabo de unos segundos, volver a surgir por el mismo, esta vez con algo entre sus manos – Aquí tienes – mencionó mientras le entregaba una pequeña piedra dentro de un envase de cristal, el cual se encargaba de protegerla del exterior. Levy detalló el obsequió y quedó fascinada con las runas grabadas en su superficie, eran pequeñas y cubrían todo el frente de la piedra – Se han encontrado otras como esa. Poseen el mismo mensaje una y otra vez. Tenemos la hipótesis de que era una advertencia o parte de alguna historia. Las runas están cifradas. Quisiera que intentaras descubrir su significado y si tienes alguna traba me puedes pedir ayuda, gehee - el hombre rio al notar los ojos de la chica brillar, al tiempo que sonreía de oreja a oreja.
- Muchas gracias. Lo haré - agradeció la peliazul volviendo sus ojos a la piedra dentro del cristal que tenía entre sus manos.
- Ya tienes tu roca, ahora empecemos - habló el pelinegro que se encontraba recostado cerca del pasillo, cortando la atmosfera de fascinación.
- Vayan. Yo estoy un poco cansado, me recostaré un rato – dijo el rubio al tiempo que se encaminaba una vez más al pasillo.
- Muchas gracias por el presente. Lo atesorare - mencionó la peliazul antes de que el mayor se adentrara en la que seguro era su habitación. Una vez se vio sola en la estancia se dirigió a la habitación del moreno, el cual la había dejado atrás, e ingresó a paso tranquilo. Tomó asiento en frente al escritorio en el que ya habían trabajado repetidas veces, al lado del chico, dejando con cuidado la piedra que le regalaron sobre el mismo, lejos de cualquier borde.
- No entiendo qué le ven a una simple roca - habló el chico de la nada, llamando la atención de Levy.
- No es una simple roca. En ella está tallado un mensaje en una lengua antigua, casi olvidada - explicó alegre la pequeña. Gajeel se percató del hecho de que ella parecía hablar siempre de forma apasionada cuando se trataba de aquel tema.
- Si esta casi olvidada es porque ya no tiene ningún uso. No tiene sentido - defendió su punto de vista, aunque en su interior quería que ella continuara explicando el suyo.
- Por personas como tu padre este arte no es olvidado. Es parte de la historia de la humanidad, un eslabón más de un misterioso pasado que desconocemos y no terminamos de explicar - él la miraba fijamente, detallando sus expresiones y rasgos. Cuando ella se percató, volvió su vista hacia otro lugar.
- Puedes llegar a ser una loca obsesa - manifestó con naturalidad, mientras veía de reojo la graciosa reacción de su compañera.
- No soy ninguna loca - replicó formando un mohín en su rostro para luego relajarlo y sonreír un poco. Se acababa de percatar de que era la primera vez que sostenía una conversación casual con el chico sin segundas intenciones de por medio. Entonces sintió cierta calidez en su pecho – Tu padre es una buena persona - el comentario sorprendió más al chico que el rostro pacifico de ella.
- Le encanta hacer feliz a la gente - en su voz había un atisbo de resentimiento que no pasó desapercibido por la chica. No obstante, cuando quiso articular algo, las palabras de él la acallaron – Por lo visto fue bastante simple hacerte feliz - el dedo del chico señalando las runas guiaron la castaña mirada.
- Lo fue - la chica susurró mientras mostraba una tímida sonrisa junto a sus mejillas adornadas por un grácil sonrojo que incomodó al chico de rojiza mirada – Será mejor que iniciemos – mencionó ella, desconociendo la sensación del joven a su lado. Sin más aplazamiento, prosiguieron con el trabajo del instituto, completando las correcciones necesarias y dando inicio al próximo capítulo sin ningún problema. Se ensimismaron tanto en la actividad que no se percataron de que había anochecido rápidamente. Metalicana los sacó de su abstracción, indicando que ya era tarde y era mejor que Levy partiera a su hogar. El mayor ordenó a su primogénito acompañarla hasta su casa, pero la peliazul se negó repetidas veces. Pues si bien sentía que ese día había alcanzado un mínimo nivel de intimidad con el chico, él aun era el dueño de su más grande angustia y lo que menos quería en ese momento era que supiera dónde vivía.
Agradeciendo por el agradable día, la atención y, una vez más, por el obsequio, partió dejando atrás el hogar Redfox.
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Los días que siguieron fueron igual de agradables y entretenidos para la joven. Continuó yendo a la casa del Redfox para lograr avanzar más rápido con el proyecto de química y, de igual forma, aprovechaba para hablar con el rubio padre de este, pidiéndole ayuda de vez en cuando para descifrar las runas que le había obsequiado, las cuales resultaron ser más complejas de lo que había imaginado. Compartía con ambos hombres y una paz interna la invadía constantemente, ya que luego de un mes con esa rutina, Gajeel no la había tocado ni mostrado ademán de querer hacerlo, por lo que se pudo concentrar en sus estudios completamente sin preocupaciones extra.
Los exámenes finales aun no daban inicio. Sin embargo, la presión se encontraba presente con las numerosas actividades que surgieron antes de estos. Gajeel y ella se habían enfocado en terminar el proyecto que les fue asignado antes del torrente de exámenes y lo habían logrado. No estaba finalizado completamente, pero lo que restaba eran detalles mínimos. Lo cual les daba un respiro de tranquilidad antes de la tormenta.
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La Mcgarden una semana atrás recibió una invitación de parte de su mejor amiga para ir a la inauguración del nuevo gremio Fairy Tail, al cual no solo asistirían personas del instituto, sino también ex-alumnos y algunos profesores. Levy se había sentido culpable al no poder pasar tanto tiempo como hubiera deseado con su amiga, pero además de sus sentimientos de culpabilidad y confusión, gracias al Redfox, su atareada agenda se había convertido en un impedimento. Por lo que, al verse libre del proyecto y que aun el mes de los finales no iniciaba, no lo pensó dos veces y accedió a asistir a la invitación el día sábado, el cual llegó sin ningún imprevisto.
Ese día Lucy había parado en casa de la peliazul, después de mucho tiempo, para poder arreglarse juntas para la reunión. Rieron como hace mucho no lo hacían y se pusieron al tanto sobre algunos asuntos. La rubia se sintió aliviada al notar más alegre a su amiga y con mucha energía. La Heartfilia temía que el estar en Phantom Lord la consumiera antes de lograr graduarse, pero ahora, faltando poco menos de tres meses para culminar el año escolar, estaba segura de que su mejor amiga lo lograría.
Luego de vestirse para la ocasión, ambas emprendieron camino hacia el pequeño local que se había alquilado para la celebración. Levy se encontraba un tanto nerviosa, al no estar segura de si encajaría en aquel ambiente. La experiencia en Phantom Lord había sido tan traumática que ahora se sentía insegura de sí misma. Sin embargo, los continuos ánimos de Lucy le dieron el valor suficiente para ingresar en el local con el mentón en alto. Enseguida notó un ambiente bastante movido, con música animada y muchas más personas de las que se había imaginado. La Heartfilia entró al lugar saludando a todos y presentando a Levy como su mejor amiga que pronto estudiaría con ellos, por lo que todas las personas la recibieron cordialmente con una sonrisa sincera.
- ¡Natsu! - la rubia llamó la atención de un pelirosa, el cual se encontraba cerca de una de las mesas llenas de comida – Te presento a Levy - anunció la voluptuosa chica una vez estuvieron cerca. Levy extendió su mano, siendo recibida rápidamente por la del chico. La Mcgarden aprovechó de detallar los cabellos rebeldes del pelirosa, su mirada y la sonrisa traviesa que al parecer cautivaba a su mejor amiga, encontrando cierta simpatía en esta.
- Es un placer - habló la peliazul sinceramente, por fin conociendo al protagonista de las historias que Lucy le contaba cada cuanto.
- Lo mismo digo. Bienvenida a Fairy Tail - la animada voz del chico se escuchó fuerte y clara por encima del bullicio de su alrededor, acompañada de una gran sonrisa que llegó a transmitirle confianza a la peliazul en cuestión de segundos. Seguidamente Lucy y Natsu cruzaron unas cuantas palabras, las cuales dejó de seguir cuando, unas mesas más atrás, divisó una cabellera roja escarlata, la cual hizo que su corazón se acelerara. Ante la atención de ambos chicos, caminó hacia la muchacha que se encontraba sentada, aun sin sentir la mirada avellana sobre ella.
- ¿Erza? - mencionó una vez se encontró cerca, insegura. Pero cuando la joven reaccionó al escuchar su nombre y la miró fijamente ambas sonrieron ampliamente. La pelirroja se levantó de su asiento de golpe, reaccionando ante la presencia de la otra.
- ¡Levy! - ambas se apresuraron a abrazarse fuertemente, sonriendo con lagrimas en los ojos. Lágrimas de felicidad.
- ¿Ustedes se conocen? - la voz confusa de Lucy las hizo romper el abrazo, pero la sonrisa de ambas persistió en sus rostros.
- Er-chan estuvo conmigo en el centro de menores un largo tiempo - explicó la peliazul, contenta de encontrar a su amiga en ese lugar – ¿Ingresaste a Fairy Tail? - se volvió a dirigir hacia la Scarlet.
- Sí. Estoy en segundo año. ¿Qué hay de ti? - la Mcgarden suspiró ante la pregunta. Se sentaron juntas, acompañadas de Lucy y Natsu, y procedió a contar la historia de sus últimos meses en el fatídico instituto de Phantom Lord, obviando, por supuesto, los detalles que involucraban a cierto chico de ojos carmesí. Todos en la mesa la miraban fijamente, atentos a sus palabras. Seguramente padeciéndose de todo lo que tuvo que pasar. Transcurridos varios minutos, un par de chicos llamados Jet y Droy se acercaron para presentarse, por lo que Lucy bromeó con que su amiga había captado la atención de aquellos dos, logrando sonrojar a los tres involucrados y hacer reír a Erza y Natsu.
Unos minutos después conoció a otras dos hermosas chicas llamadas Mirajane y Cana, ambas con un cuerpo escultural y de personalidad animada. Estas también tomaron asiento en la misma mesa, involucrándose en la conversación. Fue entonces cuando Levy se dio cuenta de que, a pesar de encontrarse rodeada de unos cuantos desconocidos, no se sentía incómoda. Aquellas personas la hicieron sentirse en confianza rápidamente y a gusto en aquel lugar. No lo dudó en ese momento, estuvo más segura que nunca, Fairy Tail era el lugar indicado para ella.
Un par de horas transcurrieron entre risas y locuras. Conoció a Gray Fullbuster, un particular chico que disfrutaba de quitarse la ropa en el momento que fuera, pero lejos de incomodarla la hacía reír con sus ocurrencias y las continuas disputas tontas con el Dragneel. Mientras estaba entretenida riendo, sintió el insistente vibrar de su móvil dentro del bolsillo, por lo que, pidiendo disculpas, se levantó de la mesa y se retiró un poco para tomarlo entre sus manos y encender la pantalla. Tenía una llamada perdida y un mensaje, los dos del mismo remitente: G.R. Se le hizo extraño que el chico la contactara si no tenían nada pendiente, además de algunos detalles a finiquitar del proyecto, pero aun así ella le había comentado que estaría ocupada el fin de semana. También sabía que Metalicana había partido en un viaje de trabajo, por lo que tampoco era él quien la solicitaba. Sin darle más vueltas al asunto, abrió la notificación de mensaje entrante que se encontraba en la barra superior de su celular.
- ¿Puedes venir? - entonces la chica palideció temiendo lo peor. Gajeel la estaba citando de nuevo, en ese preciso momento, arruinando su paz interior. Se sintió sumamente molesta al percatarse de que el chico estaba empeñado en arruinar los que debían ser los mejores momentos de su vida, consciente e inconscientemente.
- ¿Quién es G.R? - la voz a su espalda la hizo respingar de tal forma que casi suelta de su mano el móvil. Lucy había leído por encima del hombro de la peliazul el mensaje, al percatarse de que, a pesar llamar repetidas veces a su amiga, esta no pareció escucharla – Hablas bastante con esa persona - aquella afirmación hizo que Levy sintiera débil sus piernas y una sonrisa nerviosa se instaló en su rostro.
- ¿Por qué lo dices? - articuló sin lograr disimular el creciente nerviosismo frente a su amiga.
- Hace un tiempo también note que te mensajeaba. Me dijiste que el chico Rogue resultó ser un pervertido y aun hablas con él - mencionó Lucy no muy contenta, luego de sacar sus propias conclusiones.
- No es él - se apresuró a aclarar el malentendido que se estaba presentando – Es solo un compañero - Lucy elevó una ceja, extrañada ante tal respuesta.
- ¿De Phantom Lord? - la rubia se cruzó de brazos, demostrando que sabía que ocultaba algo. Después de todo sí que la conocía a la perfección – Debe ser cercano si te pide que vayas hoy con él -
- No es lo que crees, Lu-chan - el nerviosismo de la peliazul fue en aumento. Después de tanto esfuerzo por ocultarle aquel lado oscuro de su vida no podía estropearlo ahora, se rehusaba –Estamos juntos realizando un proyecto. Eso es todo - su sonrisa se acrecentó, pero la rubia aun la veía con desconfianza.
- ¿Entonces es alguien de confianza? - preguntó la chica, bajando la guardia ante la pequeña.
- Es el hijo de quien me regaló las runas - respondió de esa forma, al no verse capaz de dar un sí o un no ante la verdadera pregunta. Después de todo le había mostrado a su amiga la hermosa piedra que le fue obsequiada cuando esta visitó su hogar.
- Si es algo importante, ve - con una sonrisa en los labios Lucy posó la mano en el hombro de Levy, comprendiéndola, pero aún no del todo convencida con las palabras de ella.
- No lo es. No te preocupes - Levy respondió a la sonrisa de la rubia con otra, esta vez no tan nerviosa, para luego contestar rápidamente el mensaje del Redfox – Ahora estoy ocupada. Mañana te compenso - escribió ágil en el teclado del móvil, intentando sonar amable para que el chico no la volviera a molestar por ese día. Luego, junto a la Heartfilia, se aproximaron a la mesa en la que habían estado cuando nuevamente el vibrar del móvil la hizo alterarse.
- Está bien - a Levy se le hizo sumamente extraña esa respuesta, empezando por el hecho de que Gajeel no acostumbraba a responderle ninguno de sus mensajes. Tampoco era usual de su parte ser tan comprensivo, al no insistirle u obligarla. Luego de que la llamaran desde la mesa para que se uniera a un juego de tragos, que al parecer había organizado la castaña llamada Cana, su mente se despejó, logrando así dejar a un lado al chico de numerosos piercings.
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Al día siguiente, Levy despertó con un ligero dolor de cabeza, probablemente causado por el alcohol que había ingerido el día anterior durante la reunión del gremio. Sin embargo, no se arrepentía. Su buen humor surgió al recordar los momentos divertidos y del hecho de haber reído como no lo hacía hace mucho era algo que llenaba de calidez su pecho. Todos los miembros de Fairy Tail que estuvieron presentes e interactuaron con ella le dijeron que regresara pronto y que las puertas estaban abiertas, regalándole una gran sonrisa.
Se levantó alegre de su cama y desayunó algo con el poco apetito que tenia. Se duchó para quitarse los restos de cansancio que aun poseía y se relajó bajo el chorro de agua caliente. Luego, mientras estaba recostada en su cama, aun con la toalla como única prenda cubriendo su desnudez, se dispuso a revisar en su celular un par de fotos que Lucy le estaba enviando de la reunión, cuando de pronto se topó con el mensaje que había recibido del Redfox, el cual se le había olvidado por completo hasta ese momento. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo y, viendo la hora, se percató de que aún no eran ni las once, por lo que se apresuró en cambiarse y salir de su hogar vistiendo un suéter purpura junto a una pequeña falda negra que combinaba con las medias altas, del mismo color, las cuales dejaban al descubierto unos cuantos centímetros de piel entre la falda y estas.
Con el miedo de que el Redfox se vengara de ella por haber ignorado su petición, pasó comprando unos pequeños dulces, los cuales sabía que le gustaban, debido a la frecuencia con la que estuvo visitando a ambos hombres durante el último mes. Luego emprendió camino, el cual ya conocía a la perfección hasta el hogar Redfox. Una vez estuvo frente a la casa, abrió la reja de la entrada, como acostumbraba, y llegó hasta la puerta principal. Inmediatamente tocó la puerta y esperó. Se percató de que, seguramente, el chico estaba bastante molesto, pues no le contestó las llamadas a su móvil y tampoco le abrió la puerta.
Con el corazón en la garganta, temiendo lo peor, llevó su mano al pomo de la puerta y lo giró, sorprendiéndose cuando este cedió, indicándole que la puerta había estado sin seguro todo ese tiempo. Sin retroceder, abrió la puerta y lo que vio la tomó desprevenida. Observaba con estupor toda la sala desarreglada, los cuadros en el piso y los cristales de estos y algunos adornos esparcidos por doquier. El lugar estaba completamente deshecho. Sintió el estruendoso latir de su corazón invadir sus oídos, al tiempo que la bolsa que llevaba en su mano izquierda se impactaba contra el piso.
- ¿Gajeel? - se adentró en la estancia con el miedo latente de encontrar una escena que no le gustaría. El chico no respondió a su llamado y lo que hizo que se preocupara todavía más era que no solo la sala estaba en esas condiciones, todo se encontraba destruido y fuera de lugar. Sin perder tiempo, se dirigió directamente a la habitación del pelinegro. Titubeó al momento de abrir la puerta, pero luego de respirar un par de veces se infundió valor e ingresó de golpe al lugar. La habitación del chico no era la excepción. Notó que también se encontraba patas arriba y, a pesar de la oscuridad que otorgaban las persianas cerradas, algunos rebeldes rayos de sol se lograban filtrar, iluminando un poco la estancia. Gracias a ello pudo vislumbrar al chico sentado en una esquina de la habitación, con sus brazos cruzados sobre sus piernas flexionadas, apoyando su cabeza sobre estos – Gajeel - intentó llamar su atención y preocupada se acercó a él. Un suspiro de alivio escapó de sus labios cuando el chico levantó el rostro hacia ella.
- Levy - la voz débil del moreno hizo que la tranquilidad que sintió segundos antes se esfumara. También el hecho de escuchar por primera vez su nombre salir de los varoniles labios le daba a entender que algo no estaba para nada bien.
- ¿Qué ocurrió? – la pequeña se arrodilló frente a él, dudando de si debía acercarse más o no. Terminando no haciéndolo. La mirada apagada del chico le traspasó el pecho en ese momento.
- Desde ayer no encuentran el vuelo en el que Metalicana partió - Levy lo oyó hablarle, pero no asimilaba las palabras que había pronunciado, quedando muda por un instante.
- ¿Qué estás diciendo? - una sonrisa nerviosa salió a la luz de forma inconsciente, la chica sentía sus manos sudar y la mirada perdida del chico no la ayudaba.
- Al parecer, durante una tormenta, perdieron contacto con el avión. Dijeron…que hoy iniciaría la búsqueda - la voz estrangulada de Gajeel era apenas audible, pero aun así sus palabras llegaron a los oídos de Levy, quien al instante sintió sus ojos arder para segundos después dar paso a las lagrimas, las cuales se hicieron incontenibles, a pesar de continuar con la sonrisa nerviosa en sus labios. Gajeel bajó la mirada para evitar verla llorar.
- Todo estará bien - fue lo único que logró articular la pequeña, debido al llanto. Pocos segundos después, no pudo evitar acercarse y abrazar al Redfox, intentando darle apoyo de algún tipo, tomándolo por sorpresa.
- Soy un maldito desastre - Gajeel sonrió amargamente ante lo irónico de la situación. Ayer, luego de recibir la llamada dándole la fatídica noticia, no supo qué hacer o a quién acudir. Se dio cuenta de que no contaba con nadie a quién le pudiera confiar sus pesares. Aunque estuviera rodeado de gente, a ninguno de ellos les importaría lo más mínimo por lo que estaba pasando en ese momento. Fue entonces cuando pensó en la pequeña chica y sin meditarlo la llamó, sin recibir respuesta. Luego se atrevió a escribirle un mensaje. La quería ver, necesitaba que lo apoyara, no quería estar solo ni quería ser el único que viviera el dolor y la desesperación que estaba viviendo. Entonces ella le respondió, estaba ocupada. En ese momento, después de responderle de vuelta, perdió la compostura. Desahogó el dolor que sentía por dentro contra cualquier cosa que se le atravesara. Descargó toda su amargura y pesar contra la pared, haciéndose daño a sí mismo y, aun así, no pudo deshacerse del miedo creciente que lo invadía – No sé qué hacer, Levy - su voz sonó frágil durante el abrazo que la chica le ofrecía. Solo en ese momento no le importaba mostrarse débil frente a ella.
- Todo estará bien - repitió la joven, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas. No solo la noticia la había tomado desprevenida, también el ver a Gajeel en aquel estado oprimía su corazón, dificultando su respiración. Pasaron largos minutos sin moverse, Levy continuaba abrazándolo y ofreciéndole su apoyo, hasta que sintió que era preciso darle espacio y tiempo de respirar tranquilamente, por lo que se separó de él lentamente, quedando aun de frente. El chico no levantó su mirada y mientras lo detallaba se percató, alarmada, de los nudillos lastimados de este - ¿Qué te hiciste? - articuló consternada al ver la sangre seca en sus ropas y sus dedos, pero aun viscosa en la herida. Se levantó rápidamente y fue al baño en busca del botiquín que los hombres poseían, pero al verse frente al espejo se sorprendió de sí misma. Su expresión era de dolor mientras las lágrimas seguían fluyendo, empapando sus mejillas. Se tomó un momento y viendo al piso lloró, siendo invadida por un miedo indescriptible de solo pensar que Metalicana hubiera muerto. Sollozó con fuerza y los espasmos asaltaron su pecho sin cesar, dejándola sin aire por varios segundos, al tiempo que se llevaba una mano a la boca en el intento de acallar su llanto.
Permaneció un par de minutos completamente sola, intentando disminuir su aflicción, pues entendía bien que, si ella se sentía de esa forma, entonces Gajeel se encontraba mucho peor. Lo menos que necesitaba él en ese momento era que ella se mostrara débil. Intentó respirar profundamente para controlar su respiración y poder tranquilizarse, se lavó el rostro con agua fría y entonces recordó que había dejado la puerta de la entrada abierta. Salió del baño con el botiquín en sus manos y se dirigió a la puerta para cerrarla y luego se encaminó a la cocina, notando que era el único lugar que parecía permanecer intacto. Buscó un vaso, lo llenó de agua y, posteriormente, se dirigió de vuelta hacia la habitación de Gajeel.
- Siéntate aquí - llamó la atención del chico dándole un par de palmaditas al colchón. Varios segundos después, Gajeel se levantó de su lugar en la esquina del cuarto y se aproximó a la cama sentándose donde le había indicado la chica, al tiempo que se recostaba en el espaldar de la misma, tomando en una mano el vaso que le ofreció la peliazul y bebiendo su contenido al instante, siendo lo único que se había llevado a la boca desde el día anterior.
El Redfox, sin nada de ánimos, dejó que la pequeña curase sus manos sin decir nada. Ella limpió y vendó sus nudillos. Una vez culminó su labor, tras un suspiro de satisfacción, guardó todo lo que había usado en el botiquín. Después observó al chico fijamente con sus grandes ojos.
- ¿Tienes hambre? - a pesar de no haber comido en día y medio, prácticamente, negó con la cabeza. Sentía un nudo en la boca del estomago y su laringe cerrarse cada cierto tiempo. No quería admitirlo, pero estaba aterrado de lo que pudiera pasar. Aterrado de perder a su padre. Aunque no se encontraban en el mejor momento de su relación, Metalicana había sido todo para él desde el momento en el que su madre los abandonó. Fue el hombre que lo guió, lo apoyó y no lo juzgó ni abandonó, a pesar de todas las peleas y consejos ignorados, debido a su comportamiento inmaduro. A pesar de todo, quería a Metalicana. Ante sus pensamientos las lágrimas se acumularon en sus ojos, aun en contra de su voluntad, por lo que terminó de recostar su espalda contra el colchón y cuando sintió que las gotas saladas recorrerían libres su rostro, colocó un brazo encima para ocultar sus ojos de la mirada ajena que lo acompañaba.
- Quiero estar solo - su voz carrasposa fue apenas audible por la chica. Sin embargo, entendiendo el mensaje, tomó el botiquín entre sus manos y salió de la habitación del muchacho. Una vez afuera, entró en debate con sus pensamientos. El pelinegro quería estar solo y era de esperarse, pero no creía que fuera buena idea irse y dejarlo completamente solo, mucho menos después de ver lo que había hecho con la casa. También estaba el hecho de que al día siguiente tenían clases y no se encontraba preparada para ello estando en la casa del Redfox.
Y aunque no estaba comprometida a ayudarlo o acompañarlo, algo en su interior se negaba a dejarlo en esa situación. Ya era un poco pasado de mediodía y todavía inquieta tomó una decisión. Salió de la casa sin hacer ruido y se encaminó a la suya a paso rápido, determinada a volver pronto. Al cabo de media hora regresó con la respiración agitada, cargando una pequeña mochila, la cual depositó en el mueble antes de ingresar en la estancia y dirigirse a la habitación del chico. Apenas se asomó, la peliazul se percató de que se encontraba dormido, por lo que se alejó, con cuidado de no hacer ningún ruido. Luego observó su alrededor completamente revuelto y, respirando profundo, se puso manos a la obra.
Después de durar toda la tarde limpiando y colocando las cosas en su lugar, se dispuso a cocinar algo por si el pelinegro despertaba con hambre. Luego de comer un poco, Levy se sentó en el sofá de la sala, frente al televisor, intentando sintonizar las noticias. Al cabo de un tiempo, la pesadumbre recayó por todo su cuerpo mientras intentaba disipar algunos recuerdos que solo lograban empeorar su estado. Transcurrieron largos minutos en los que no lograba distraerse ni con el televisor, por lo que cerró los ojos en un intento de despejar su mente. Despues de eso, la Mcgarden no supo en qué momento cayó completamente rendida ante el cansancio.
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Cuando el Redfox abrió sus ojos, toda la habitación se encontraba completamente a oscuras y en silencio. Sintiendo su cuerpo pesado y su cabeza queriendo explotar, se reincorporó poco a poco sobre la cama entrando en razón nuevamente sobre los últimos sucesos del día. Inmediatamente recordó a la peliazul y un sabor amargo se instaló en su boca al encontrarse solo. Tratando de ignorar la molestia sin sentido, se levantó y dirigió al baño, pero antes de ingresar el sonido de la televisión llamó su atención. Saliendo del pasillo hasta la sala, la cual solo se encontraba iluminada por el intermitente brillo del artefacto, vislumbró un pequeño cuerpo acostado sobre el mueble cómodamente. Detallando la mochila, esta vez en el piso al pie del sofá, el Redfox comprendió que esa noche Levy se quedaría con él. Sin notarlo, una pequeña sonrisa se instaló en sus labios.
Dejando a la chica descansar, se encaminó nuevamente al baño, en donde detalló sus enrojecidos e hinchados ojos y su cabello rebelde hecho un ovillo. Chasqueando la lengua se desvistió y se metió bajo la ducha, comenzando a lavar todo su cuerpo y cabello y empapando los vendajes que temprano le había colocado la Mcgarden, haciendo necesario cambiarlos. Unos minutos más tarde salió con una toalla enrollada en la cadera y otra en la mano secando salvajemente su cabello, dirigiéndose a su cuarto para ponerse algo de ropa.
Mientras se cambiaba sintió un hambre atroz. La ducha le había servido para despejar sus pensamientos y deshacerse de la sensación pesada de su cuerpo, despertándolo completamente. Aunque el dolor de cabeza persistiera, seguramente por no haber ingerido alimento. Dispuesto a preparar algo decente para comer, salió de su habitación vistiendo una cómoda bermuda junto a una franela negra sencilla. Cuando abrió la puerta de la nevera se encontró con la grata sorpresa de un plato lleno de comida esperándolo, cubierto cuidadosamente con papel transparente. Con una extraña sensación de dicha, se sentó en la mesa a comer lo que la chica le había preparado, reparando en la hora que era. Cerca de las diez de la noche.
Una vez comió y limpió lo que había ensuciado, se aproximó a la sala nuevamente, acercándose a la chica que aun seguía profundamente dormida, con los labios entreabiertos y su cinta del cabello desparramada en el sofá. Aquella imagen le hizo sonreír, pero rápidamente borró aquel gesto, sintiéndose estúpido. Aun así, no apartó su vista de ella. Es más, se agachó hasta quedar a su altura y lentamente llevó una mano hacia los rebeldes hilos azules que se encontraban esparcidos sobre el mullido sofá a su merced. Tomó un mechón entre sus dedos y acarició la suavidad de este, sintiendo cada hebra. Estuvo tan concentrado en ello que no notó cuando la chica abrió los ojos.
Levy movió su rostro para verlo directamente. Fue en ese momento que dejó de tocar su cabello y se separó un poco de ella, pero aun quedado a su misma altura.
- No piensas dormir ahí ¿o sí? - mencionó el chico con intención de romper el extraño silencio que se había instalado entre ambos. La observó reincorporarse mientras se estrujaba un ojo para despejarse.
- ¿Cómo te sientes? - la pregunta de ella no fue agradable, pero aun así decidió responderla, al tiempo que desviaba el rostro y se ponía de pie.
- Mejo r- la verdad era que ella lo había visto en un momento de inestabilidad que hubiera querido no demostrar, pero ya se encontraba más tranquilo. Aunque un desosiego persistía en su pecho.
- ¿Qué le hiciste a tu vendaje? - habló alarmada la chica al detallar las manos de este. Una con el vendaje suelto y la otra totalmente libre del mismo, dejando al descubierto lo lastimados que estaban sus nudillos.
- Se mojó - respondió él, sin darle demasiada importancia al asunto, pues hasta el momento había logrado ignorar el insistente dolor de ambas manos.
- Hay que cambiarlo - la chica se levantó de golpe, casi empujando el cuerpo de su compañero –Estas muy lastimado. Podría empeorar - agregó al notar la despreocupada actitud de Gajeel. Solo atinó a tomarlo del brazo y arrastrarlo hasta su habitación, buscando de camino el botiquín en el baño, para luego, como lo había hecho al mediodía, empezar a limpiar las heridas del chico sobre la cama. Esta vez, Gajeel no perdió detalle de los gestos de la chica, la cual de vez en cuando mordía su labio inferior, dejando en evidencia lo concentrada que estaba en hacer una buena labor.
Terminando con una mano inició con la otra, sin pausa alguna, repitiendo los mismos pasos que con la anterior. Gajeel no desvió sus ojos en ningún momento, experimentando una especie de deseo desconocido que estaba surgiendo en su interior. Deseaba tocarla, sentirla junto a él, experimentar su calor no solo físicamente, sino emocional. Entonces cuando la chica le sonrió, dando por finalizada su labor, la besó sin pensarlo dos veces.
Un gemido de sorpresa de parte de ella quedó atrapado en el beso. Los labios del chico se movieron lentos sobre los de ella, saboreándolos, sintiendo su textura. Levy cerró los ojos, dejándose llevar por la caricia, correspondiéndole tímidamente.
Era la primera vez que Gajeel la besaba de una forma tan lenta y paciente. Además, estaba el hecho de que no la besaba hacia un tiempo y, sorpresivamente lo encontró gratificante. Sintió su cuerpo temblar cuando él atrapó su labios inferior entre sus dientes, mordiéndolo suavemente haciéndola separarlos para luego introducir con parsimonia su lengua.
La estaba degustando, estaba sintiéndola como no lo había hecho antes y vaya que le estaba gustando. Con su lengua acarició la de ella, adaptándose a su forma y disfrutando su sabor, al tiempo que recostaba lentamente a la peliazul sobre el colchón situándose arriba de ella.
Levy no opuso resistencia al experimentar una deliciosa, pero a la vez, confusa sensación. Estaba disfrutando el beso, la lengua de Gajeel le provocaba un cosquilleo que era todo menos desagradable, pero entre todos los sentires de placer había uno que no reconocía como normal y era la sensación de haber extrañado el sabor del Redfox. Se sonrojó fuertemente ante aquel razonamiento, al tiempo que se negaba a aceptarlo, ella no podía extrañar algo que nunca le había gustado y mucho menos proveniente de esa persona. Pero se contradijo a sí misma cuando el chico alejó sus labios y una especie de queja se ahogó en su garganta.
Gajeel continuó besando la mandíbula femenina, bajando hasta su cuello, mordiéndolo suavemente. Con destreza deslizó el suéter de la chica hacia arriba, hasta despojarla de este, para continuar su recorrido, besando su clavícula y bajando hasta donde la tela del sostén comenzaba a estorbar. Levy no objetó cuando Gajeel se deshizo de su sostén, pero si se sonrojó cuando el chico permaneció observándola fijamente por varios segundos. Usualmente él la desnudaba y la poseía en pocos minutos, no prestándole mayor atención, pero esta vez era diferente. Él se estaba tomando su tiempo para detallarla y acariciarla, lo que la hacía sentir extraña, pero bien al mismo tiempo. El chico besó uno de los pezones de la peliazul, haciéndola gemir en el acto, luego lo lamió un par de veces, cual niño saboreando un helado para, posteriormente, cubrirlo completamente con sus labios, provocando otro gemido en la chica.
Levy sentía como su parte baja se humedecía ante el jugueteo del Redfox. Su lengua encima de sus pezones la estaba volviendo loca, uno a la vez, los cuales ya se encontraban erectos y sensibles. Respiró tranquila cuando el chico continuó bajando por su cuerpo, besando su vientre y haciéndola sentir escalofríos al detenerse en su ombligo. Mientras jugaba entre su ombligo, sintió sus manos fuertes desabrochar la falda que llevaba y bajarla por sus piernas, junto a sus bragas.
El Redfox estuvo tentado a quitarle también las medias altas que ella vestía, pero cuando se levantó un poco para soltar lejos las prendas que acababa de arrancarle notó lo endemoniadamente sensual y erótica que se veía vistiendo solamente las medias que llegaban un poco más arriba de sus rodillas. Sintiendo su miembro apretarse contra el pantalón, volvió a besar el vientre plano de ella descendiendo con impaciencia, abriendo y sujetando firmemente las curvilíneas piernas hundió su cabeza entre estas.
- G-Gajeel ¿Qué haces? E-Espe… ¡Ah! - exclamó la chica cuando presintió sus intenciones, pero fue demasiado tarde. El pelinegro besó su clítoris arrancándole un gemido extremadamente excitante, según él. Levy se sujetó de las sabanas, intentando controlarse, cuando el chico comenzó a jugar con su lengua entre sus pliegues. Otro gemido impetuoso se escapó de los rosáceos labios de la joven cuando Gajeel comenzó a succionar el ya erecto clítoris de ella, enloqueciéndola. Levy sentía que iba a desfallecer en ese instante. La sensación cálida de la lengua de él sobre su intimidad, junto a la caricia que esta le proporcionaba, la estaba haciendo experimentar un placer más intenso del que ya había sentido y, no sabiendo cómo manejarlo, arqueó su espalda y retorció sus pies mientras sentía sus ojos humedecerse, resultado de la excitación. Una de sus manos fue a parar en su boca intentando, en vano, controlar sus gemidos y jadeos.
Gajeel, por su parte, se encontraba totalmente excitado con el reaccionar de la chica. Lo estaba disfrutando y eso confortaba su ego. Mantuvo la succión en el clítoris femenino, pero aun así quería oírla gemir más. Quería que se retorciera de placer, por lo que con un par de dedos comenzó a estimular la entrada de esta para luego penetrarla con ellos. La escuchó casi gritar, al tiempo que arqueaba la espalda y su respiración se aceleraba.
- E-Espera, G-Gajeel… D-Detente - Levy sentía que el placer no cabía en su cuerpo. Su corazón se le iba a salir del pecho y, ante cada embestida de los dedos del Redfox, la excitación aumentaba, si es que era humanamente posible – Mmm… - Gajeel prolongó la presión sobre su clítoris al tiempo que lo acariciaba con la lengua, hasta que ella no pudo más. De un momento a otro la chica sintió una corriente recorrerla por toda su columna, hasta su vientre bajo. Se tensó, sus músculos se contrajeron y, tras un profundo gemido, vino el orgasmo. Una calidez inundó su intimidad por completo, subiendo hasta su vientre, dejándole un cosquilleo ameno. Sus músculos se relajaron, haciéndola sentir ligera y confortada. Cerró sus ojos, disfrutando de la sensación que se instalaba en su cuerpo, mientras Gajeel se retiraba, dándole un poco de espacio.
El chico la observó extasiada sobre su cama y no pudo aguantar más el deseo y la erección de su miembro, que le pedía a gritos atención desde el momento en que la besó en los labios. Aun manteniendo la distancia se desnudó frente a la joven, sin que esta le prestara mayor atención, dejando al descubierto su prominente miembro en unos cuantos segundos. Sin demora, se abrió espacio entre los muslos de su acompañante, posando su pene en su pequeña entrada para luego penetrarla lenta y tortuosamente para él.
Levy gimió una vez más al sentir el miembro masculino abrirse paso dentro de ella. Sin embargo, al estar aun debidamente lubricada, experimentó placer inmediato. Sorprendida de sentirse agradablemente bien, esperó que el pelinegro iniciara las embestidas para encontrarse con la grata sensación de gozo. Gajeel tomó sus labios nuevamente, pero esta vez de forma apasionada, transmitiéndole su propia esencia, la cual aún conservaba en su boca, mientras la embestía de forma rápida y certera, dejándose llevar por su propio placer.
Levy se impresionó por lo rápido que su cuerpo volvió a excitarse, comenzando a disfrutar el vaivén de las caderas masculinas, al mismo tiempo que rodeaba el cuello del chico con sus brazos correspondiendo el ardiente beso que le estaba propinando. Sus lenguas entrelazadas en un baile hipnótico se separaron poco a poco, cuando Gajeel se alejó unos centímetros para detallar las facciones femeninas. En ese momento se dio cuenta de que la mirada avellana de la chica se encontraba nublada por el placer que le estaba proporcionando y su rostro sonrojado lo hizo sentirse aún más excitado, a tal punto que tuvo que detener abruptamente sus movimientos. La peliazul se quejó cuando este frenó las embestidas y un gemido de sorpresa surgió cuando él, aun dentro de ella, intercambió posición de un movimiento rápido.
El Redfox intentó sentarse, acomodando su espalda en el respaldar de la cama, para tener mejor acceso a los labios de su acompañante, ahora quedando ella arriba de él. El cambio era necesario, pues si no lo hacía terminaría acabando antes que ella, lo cual estaba negado a hacer. Sabía que la chica disfrutaba considerablemente más en aquella posición, por lo que se permitió cederle las riendas.
Incitada por el pelinegro, Levy inició el movimiento de caderas sobre el duro pene de este. Gajeel la besó nuevamente, dispuesto a enfrentar las sensaciones que lo invadían al hacerlo. La molesta calidez en su pecho, el continuo cosquilleo en sus labios y en la boca de su estomago no lo ponían de mal humor en ese momento, por lo que disfrutó de los suaves labios femeninos al tiempo que ella se autopenetraba.
Levy suspiró cuando los dedos de Gajeel pellizcaron suavemente sus pezones, podía sentir cómo él intentaba que disfrutase y vaya que lo estaba haciendo. Su cuerpo se sentía caliente, sus labios cosquilleaban ante el contacto con los labios masculinos, sus senos desprendían corrientes de placer cada vez que presionaba sus pezones, su intimidad se deleitaba teniendo dentro el miembro del chico. Todo le estaba haciendo perder la razón, olvidando el pasado, olvidando quién era Gajeel y quién era ella, ignorando lo que había sucedido hace unos días y solo disfrutando el momento presente. Cabalgando sobre el alargado pene del chico fue perdiendo la cordura, poco a poco aceleró el movimiento de sus caderas, obedeciendo las peticiones de su propio cuerpo.
- Maldición, Lev - exclamó el chico inconscientemente ante el aumento de velocidad de la peliazul, pronunciamiento que sonrojó y estimuló a la joven. Las fuertes manos de Gajeel rodearon la espalda de ella, apegándola más a su cuerpo y profundizando las penetraciones – Tú… ¿Te estás cuidando? - preguntó el pelinegro, en el último vestigio de cordura que aún le quedaba. La chica enseguida captó la pregunta, respondiéndola con un asentamiento de cabeza, pues nunca se dejó de cuidar, aun cuando Gajeel dejó de citarla siempre tuvo presente la posibilidad de que él la buscara nuevamente. Entonces, dando pase libre a sus deseos, Gajeel instó a su compañera a ir más rápido llevando en aumento la lujuria de ambos. Un par de minutos después, no pudiendo aguantar más su excitación, dejó que el placer del éxtasis lo invadiera completamente, derramando por completo su esencia dentro de la joven.
Los continuos espasmos del miembro de Gajeel, al expulsar todo su semen dentro de ella, la estimularon hasta el punto de provocarle un segundo orgasmo en aquella noche. Abrazándose al cuerpo del chico, gimió disfrutando la sensación de llenura que estaba experimentando. Poco a poco su cuerpo fue relajándose, pasando de la pasión y enardecimiento a un estado de alivio y sosiego. Pronto sintió el cansancio apoderarse de su pequeño cuerpo, por lo que se levantó de encima del chico, cortando la unión que aun poseían, y se recostó sobre el colchón a su lado, sin energía para más.
Gajeel, de igual forma, experimentando la falta de energía que seguía después del orgasmo. Se reclinó sobre la cama, quedando completamente acostado en esta y sin resistirse un segundo más, al igual que Levy, cerró sus ojos y dio pase libre al sueño reparador.
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Unos ligeros rayos de sol se posaron sobre el rostro relajado de la peliazul, causándole una leve molestia por lo que, intentado huir de la luz, giró su cuerpo sobre la cama, golpeándose contra un cuerpo extraño. El golpe la logró de sacar de su adormecimiento y abriendo los ojos lentamente, intentando enfocar su vista para que el rastro borroso desapareciera, se topó con el cuerpo desnudo de Gajeel a su lado. Se sonrojó inmediatamente y los recuerdos de la noche anterior la golpearon, causando que el sonrojo se extendiera hasta sus orejas, pero no duró mucho en su estupor pues la necesidad de saber la hora se hizo presente.
En la mesa al lado del pelinegro divisó el celular de este. Sabiendo que el suyo se encontraba en el mueble de la sala, se estiró por encima del chico en busca de alcanzar el móvil, hasta tenerlo en su mano. Encendiendo la pantalla del celular, a pesar de que este se encontraba bloqueado, pudo ver la hora y exaltarse por lo tarde que ya era.
- Redfox, despierta - lo zarandeó lo suficientemente fuerte hasta que el chico abrió sus penetrantes ojos. Sin tiempo para detallar a su compañero, la peliazul se levantó de la cama, arrastrando la sabana consigo, como única prenda que la cubría. Seguidamente se dispuso a salir de la habitación, no antes sin dirigirle algunas palabras al chico – Es tarde, levántate - dicho eso salió de la habitación. Buscó su mochila, donde guardó su uniforme y demás prendas, para luego ingresar al baño y disponerse a tomar una ducha rápidamente para darle oportunidad al pelinegro. Al cabo de unos minutos, salió del baño con su uniforme medianamente arreglado y batallando con su rebelde cabello. Fue entonces cuando divisó al Redfox solo en ropa interior salir de la habitación donde ambos habían pasado la noche.
- No tengo ánimos de pisar Phantom Lord hoy - se expresó el moreno, viéndola casi lista para partir. Aunque aún faltara media hora para el inicio del primer periodo.
- Tienes que ir. Es mejor que quedarte aquí sin hacer nada - habló la chica al mismo tiempo que desenredaba su azulado cabello con los dedos. Cuando notó que el chico le replicaría, lo observó fijamente, dejando su cabello de lado – No puedes hacer nada más que esperar alguna noticia. Ten tu móvil siempre a mano y vámonos. Necesitas distraer tu atención - el rostro suplicante de la pequeña lo convenció sin que tuviera que decir otra palabra, pero no estaba dispuesto a demostrar su derrota así sin más. Por lo que avanzó hasta estar a unos centímetros de ella y se acercó a su oído.
- Tienes razón. Lo de anoche me sirvió - mencionó en un susurro para luego besar la oreja, provocando un fuerte escalofrío en ella sin saberlo. Luego pasó de largo y se encerró en el baño, dejando a una petrificada y sonrojada peliazul en la mitad del pasillo.
Unos cuantos minutos después, ambos estuvieron listos para partir. Tomaron sus pertenencias y salieron de la casa. Luego de otro par de minutos discutiendo, sobre si estaría bien que los vieran llegar juntos, a lo que Gajeel le restó importancia mientras la obligaba a subirse a la motocicleta; por fin partieron hacia Phantom Lord.
Al llegar, la peliazul se bajó rápidamente del vehículo y emprendió camino, a paso veloz, hacia el aula, intentando alejarse lo más que pudiera del pelinegro, pues lo menos que quería en ese momento era otro problema con el que lidiar. Llegando a tiempo, las clases comenzaron sin demora.
A pesar de estar presente, su mente se encontraba en otro lugar. En su cabeza no dejaban de mostrarse las imágenes de lo ocurrido la noche anterior con Gajeel, mientras ella intentaba descifrar su comportamiento. El día anterior fue la primera vez que escuchó su nombre provenir de los labios del pelinegro, y no fue una sola vez, también la llamó por su nombre cuando estuvo cerca del orgasmo. De la misma forma, era la primera vez que la besaba, luego de mucho tiempo, y también la primera vez que lo hacía lento y sin deseos de querer devorarla en el acto. También estaba el hecho de la forma en la que la tomó, no había sido desconsiderado y, también por primera vez, pareció preocupado por hacerla sentir bien y satisfacerla, además de realizarle una nueva practica por primera vez. El sexo oral había sido algo que difícilmente podría sacar de su cabeza. Según sus pensamientos lo de la noche anterior fue más parecido a hacer el amor que solo sexo. Dicho razonamiento provocó que, ignorando el hecho de que se encontraba en clase, se llevara las manos al rostro para ocultar su vergüenza. La vergüenza que le provocaban sus pensamientos y aquello le asustaba.
Se había sentido bien, más de lo que quería aceptar, aquella noche, pero no encontraba posible que Gajeel fuera el causante de esas sensaciones. Tampoco lograba entender el hecho de que sentía, muy dentro de su ser, que no solo su cuerpo respondía a los llamados del Redfox. Aquello la atemorizaba y por ello prefería ignorarlo con todas sus fuerzas.
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Gajeel, a pesar de encontrarse rodeado de sus amigos, no lograba dejar de pensar en su padre y si había alguna noticia sobre la búsqueda. Revisaba el móvil cada cierto tiempo en busca de algún mensaje o llamada, sin resultado alguno. Lo único que lograba robar su atención cada cierto tiempo, lo cual comenzaba a resultarle molesto, era la peliazul sentada a un par de metros de él. A veces se encontraba a sí mismo observándola durante largos segundos, antes de entrar en razón sobre lo que hacía. Para ese entonces no sabía cómo controlar la sensación que estaba experimentando. Y era que, a pesar de todo lo que estaba sucediendo con su padre, cuando pensaba en la chica, una sensación de tranquilidad lo invadía. La noche anterior estuvo tentado a agradecerle por estar con él, pero a último momento su orgullo no lo permitió. Aun así, sabía muy bien que, a pesar de ser un completo patán y oportunista, ella había estado ahí con él cuando lo necesitó y por esa razón quiso agradecérselo a su manera. Sin embargo, lo que no estuvo dentro de sus planes era las nuevas sensaciones que despertaron en su cuerpo mientras la tenía entre sus brazos. La calidez, el molesto cosquilleo, la intensa corriente de placer que recorría su cuerpo a diestra y siniestra; y, sobre todo, el deseo de su piel por sentir la de ella era algo que al principio había logrado ignorar, pero ahora, por más que lo intentara, no lograba hacerlo a un lado.
Aun así, estaba convencido de que lo que sentía era algo solo físico. A pesar de que la peliazul no poseía el mejor cuerpo y no fuera completamente su tipo, ella tenía algo que le llamaba la atención. Lo supo desde el momento cuando la vio salir del área de la piscina solo en bañador, llamando la atención de gran parte de la población masculina de Phantom Lord. Pero, a diferencia de los demás, él no se había conformado con sólo verla, quiso explorarla y probarla. Ahora estaba sufriendo las consecuencias.
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Las clases de ese día terminaron sin ninguna novedad. Levy se levantó de su asiento mientras guardaba rápidamente sus pertenencias en la mochila que había llevado para luego salir en dirección a la biblioteca, reprendiéndose silenciosamente por no haber prestado suficiente atención a las clases que le habían impartido ese día. Por esa razón quería repasar un poco, con ayuda de unos textos recomendados por el instructor, para luego partir a su hogar tranquilamente y descansar como era debido.
Estuvo aproximadamente diez minutos en la biblioteca cuando alguien se sentó a su lado. Reconociendo inmediatamente la presencia, giró su rostro para a observarlo justo antes de que hablara.
- ¿No vendrás hoy? - Levy observó su alrededor para cerciorarse de que no había personas cerca que pudieran verlos hablando. Luego volvió su mirada hacía el pelinegro a su lado.
- No puedo, tengo que estudiar - mencionó cautelosa y un poco sorprendida de que ahora él le consultara, en vez de ordenarle. Por su parte, Gajeel hubiera querido que la respuesta fuera diferente. No tenía ánimos de volver a estar solo, pero tampoco tenía ganas de obligarla a nada. Entonces se levantó de su lugar y salió de la biblioteca sin decir palabra.
Levy estuvo preocupada de que el chico estuviera enojado, pero al cabo de unos minutos le restó importancia a aquello, intentando concentrarse de lleno en sus deberes.
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Durante la noche, la Mcgarden estuvo tentada a escribirle por mensaje de texto a Gajeel para asegurarse de que se encontraba bien, pero las palabras quedaban atoradas en su mente sin poder escribirlas. Pasados varios minutos de intentos frustrados, se convenció de que al día siguiente le preguntaría de frente. Mientras tanto, aprovecharía para ponerse al corriente con todas las materias de ese día y estudiaría lo que había tenido pendiente el día de ayer.
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Al siguiente día se dirigió al instituto, enfocada en hablarle al Redfox. También estaba interesada en saber si había alguna novedad sobre Metalicana, pero, para su sorpresa, el chico no apareció en todo el día.
Aun con un poco de esperanza, se convenció de que Gajeel llegaría más tarde como si nada, como lo había hecho en varias oportunidades, pero no fue el caso. El día transcurrió con normalidad y a nadie parecía extrañarle que el muchacho de ojos carmesí no estuviera presente. Si bien la noticia de un avión desaparecido estaba en la boca de todos, nadie parecía siquiera sospechar que entre los pasajeros se encontraba el padre de su compañero.
Cuando la campana que indicaba el final de la jornada sonó, Levy fue la primera en salir del salón. Guiada por la preocupación, se dirigió a la casa del Redfox. Lo había llamado un par de veces sin tener respuesta, por lo que temió lo peor. Tomando el autobús que la dejaba más cerca acortó camino hasta llegar al hogar del chico, en donde abrió la reja de la entrada, ingresando hasta quedar frente a la puerta principal. Rememorando las imágenes de un par de días atrás, tocó la puerta, insegura. Esperó varios segundos en los que no recibió respuesta y volvió a golpear la puerta. Su corazón se aceleró imaginándose mil y una escenas, por lo que puso su mano en la perilla e intentó abrir la puerta, como ya lo había hecho una vez, pero esta no giró, dando a entender que esta vez sí tenía pasado el seguro. Permaneció de pie, frente a la puerta que le bloqueaba el paso, ideando una forma de entrar a la casa. Hasta que una voz a sus espaldas la hizo respingar.
- ¿Qué haces aquí, Enana? - la voz del chico, proveniente de la entrada, la hizo girar el cuerpo para verlo. Acababa de dejar la motocicleta afuera y había ingresado por la reja, la cual ella dejó abierta cuando entró. Gajeel se extrañó de verla ahí parada y más raro le pareció la forma en la que lo miraba, como si estuviera viendo un fantasma - ¿Por qué no me dijiste que venias? ¿Hace cuánto estas aquí? - intentó hacerla reaccionar, pero ella seguía sin moverse ni un centímetro. Cuando el chico estuvo frente a ella fue que salió de su trance. La joven sintió que poco a poco su corazón acelerado se iba calmando y la preocupación que experimentó en vano se esfumó de su cuerpo sintiéndose tonta.
- Te llamé - fue lo único que logró decir mientras bajaba su mirada al suelo y un sonrojo grácil aparecía en sus mejillas.
- Mierda. Tuve que apagar el móvil – recordó el chico mientras introducía una mano en el bolsillo del pantalón, buscando las llaves de la casa – Estuve en la oficina encargada de la búsqueda - Levy se apartó para que él se aproximara a la puerta e insertara la llave en la cerradura. Hasta ese momento fue que se percató de que estaba tan ensimismada en sus pensamientos fatalistas que no había escuchado el ruido de la motocicleta al llegar y tampoco había notado que el pelinegro cargaba un par de rollos de papel consigo – Entra - la voz de Gajeel la sacó de sus cavilaciones. Él no dijo nada, pero si notó la extraña actitud de ella. Aun así, esperó a que la chica ingresara a la casa para luego seguirla y cerrar la puerta a sus espaldas – Tienes que ver lo que me entregaron - un ápice de emoción se coló entre sus palabras, al tiempo que se acercaba a la mesa de la sala. Siendo seguido por la chica, extendió un mapa sobre la mesa – Aquí es donde perdieron contacto con el avión - expuso mientras señalaba una zona en el medio del océano – Dicen que hay probabilidades de que la falla no haya sido tan severa y les permitiese llegar por lo menos hasta esta zona montañosa cercana - declaró al tiempo que movía su dedo hacia un área verde del mapa. Levy prestó total atención a sus palabras – Sin embargo, también existe la posibilidad de que haya caído en el mar... - su voz tomó un tinte sombrío, lo cual le indicó a Levy que el chico estaba siendo realista y de verdad estudiaba distintas posibilidades – Si es así, ellos no dan esperanza de vida a ninguno de los pasajeros - terminó de decir el chico pelinegro, sentándose en el mueble más cercano, sintiendo nuevamente la pesadez sobre sus hombros. Levy se sentó a su lado, también un poco consternada por lo que acababa de decir el pelinegro, pero intentó reconfortarlo.
- Si aún existen la posibilidad de que estén a salvo, lo estarán - dijo ella mirando fijamente el amplio mapa y las pequeñas marcas rojas, las cuales indicaban la posición y posible ubicación del avión. Sus palabras llegaron a oídos de Gajeel, logrando un efecto tranquilizante en él. Queriendo confiar en las palabras de ella, volvió su vista en su dirección, logrando divisar que el agraciado rostro de la pequeña estaba oculto tras su azulado cabello, mediamente controlado por una cinta naranja. El Redfox no podía creer que la simple presencia de la pequeña le transmitiera paz y calmara el desasosiego constante que lo invadía en esos días de incertidumbre. Estaba encontrando en Levy un refugio inesperado y no sabía cómo sentirse al respecto.
- Enana – Gajeel quiso llamar la atención de ella y aprovechar la oportunidad para hacer contacto. En ese momento estaba experimentando una insistente necesidad por sentirla, por tocar los labios femeninos con los suyos y saborearlos. Sus deseos le estaban dando miedo, pero no quería privarse.
Totalmente ajena a los pensamientos del Redfox, la chica levantó su mirada en busca de los orbes carmesí a su lado, extrañada por el nuevo apodo que ya le había escuchado un par de veces. La pequeña se sorprendió cuando, en un rápido movimiento, el pelinegro se acercó, haciendo contacto con sus labios.
Ignorando las extrañas sensaciones que besarla le generaba, Gajeel continuó el movimiento sobre los carnosos labios de su compañera. Primero lento y suave, sintiendo cómo ella le empezaba a corresponder de a poco, para luego intensificar el contacto introduciendo su lengua, invitando a la de ella a jugar.
Levy correspondió el beso con un rubor permanente en las mejillas mientras, osadamente, complacía al chico saboreando y detallando la textura de su lengua. También permitió que el Redfox la recostara sobre el sofá, colocándose él encima, sabiendo, aceptando y, hasta cierto punto, anhelando lo que estaba por venir.
Ahí en la sala, comenzaron a desnudarse, dando paso a sus más instintivos deseos. Olvidando lo que sucedía a su alrededor, nuevamente, empezaron a disfrutar del cuerpo del otro, del olor, del contacto, la tibiez y el deleite que experimentaban.
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Ambos esperaron ansiosos alguna noticia sobre la búsqueda los días que siguieron, sin siquiera recibir un avance sobre la misma. Gajeel intentó normalizar su vida, repitiéndose una y otra vez que todo estaría bien y escuchando las palabras de la Mcgarden, la cual permaneció a su lado casi todos los días. Aquellos días pudo compartir más de cerca con ella y conocerla más allá de lo físico, encontrando interesante su forma de ser, la manera en la que veía las cosas y cómo cada vez lo retaba con más confianza cuando algo no parecía. Durante los siguientes días encontró diversión en algunas reacciones de ella, sobre todo cuando se molestaba por algo o cuando él se metía con su estatura. Aprendió que la peliazul no solamente leía al estudiar, sino que era algo que verdaderamente le apasionaba. Aunque ella había comentado con anterioridad que le gustaban las cosas antiguas, a él se le hacía como una anciana en algunas ocasiones y no desaprovechaba los momentos para bromear sobre ello.
Esos días también los habían aprovechado para ahondar en la intimidad del otro. El pelinegro se había vuelto fanático de explorar el sensual cuerpo femenino, así descubriendo uno que otro punto sensible en ella. Se percató de que la nívea espalda de la Mcgarden era un área sensible, la cual podía hacerla experimentar fuertes escalofríos y hacerle aflorar suspiros de sus rosáceos labios si le proporcionaba las caricias adecuadas. De igual manera, no se cansaba de hacerla temblar desde que descubrió que los susurros, mordidas y lamidas en su oreja eran un pase seguro hacia la excitación femenina.
Levy, por su parte, reconoció que empezó a acostumbrarse a la presencia del chico y, de cierta forma, a disfrutarla. Gajeel la hacía reír y, aunque su apariencia era temible e intimidante, él en realidad era agradable y bastante comunicativo. Una vez se dio cuenta de ello, recordó las palabras que una vez Metalicana le había dicho. En ese momento le dio toda la razón. Gajeel era más que su apariencia rebelde y desafiante. Aunque a veces el chico la sacara de sus casillas metiéndose con ella y bromeando sobre su cuerpo o su cabello, sentía que se estaban conociendo cada vez más. Sin embargo, dentro del instituto era otra historia. Si bien Gajeel había dicho que ya le daba igual hablarle o no, ella lo seguía evitando a toda costa, con temor de que las cosas se alborotaran nuevamente. Levy prefería huir del chico mientras estuvieran frente a otras personas pertenecientes a Phantom Lord.
No obstante, la paz entre ambos llegó a su fin cuando la peliazul, a mitad de la semana, encontró una poco grata nota dentro de su casillero de zapatos. El remitente era desconocido, por lo que desdobló la hoja de papel desconfiada y leyó su contenido en pocos segundos. En ese preciso instante sintió que la sangre se le helaba y su corazón se detenía. En el papel, escrito a mano, con una caligrafía burda, se leía: "Quién hubiera imaginado que sería tan fácil llevarte a la cama". Levy rápidamente arrugó el papel y miró a sus alrededores. Nadie parecía prestarle real atención a su presencia. Sin embargo, sentía que era observada y no era la primera vez que esa sensación incómoda se hacía presente. Luego de respirar e intentar calmar su acelerado corazón, analizó mejor la situación y una idea se atravesó en su mente, algo que no le hizo gracia en lo absoluto.
Su mirada se ensombreció y mordió su labio inferior con fuerza al sentir la rabia emerger desde su pecho, experimentando también la fuerte punzada que el sentimiento de traición causaba en ella. Se cambió los zapatos rápidamente y emprendió camino hacia la tienda en donde había quedado con Gajeel para encontrarse, como ya era costumbre antes de ir juntos a la casa de este. Caminó a paso veloz, casi trotando, enrojecida por la furia que estaba creciendo en su interior. Tras haber caminado las cuadras necesarias, divisó al Redfox recostado de su motocicleta, esperándola.
Cuando los ojos de Gajeel vislumbraron a la chica, una pequeña sonrisa burlona se dibujó en su rostro, dispuesto a tomarle el pelo cuando se acercara, pero la prisa que llevaba y su rostro colérico le hicieron volver a su actitud seria.
- ¿Qué ocurrió? - preguntó el chico cuando ella estuvo lo suficientemente cerca como para escucharlo.
- Eres un malnacido, Gajeel Redfox - escupió la peliazul una vez estuvieron frente a frente. Levy no era de maldecir o insultar, pero la ira que la invadía en ese momento nubló toda buena conducta de su parte.
- ¿Te volviste loca? – el chico automáticamente se puso a la defensiva ante la actitud violenta de ella, parándose firme ante ella.
- Se lo contaste a alguien - afirmó con los ojos humedecidos por la ira, al tiempo que golpeaba el pecho de él con el papel arrugado entre su puño. Gajeel lo notó, tomando el papel de entre su mano para desarrugarlo y leerlo. Sus ojos siguieron el par de líneas escritas en la hoja y frunció el ceño disgustado.
- ¿Qué mierda es esta? ¿Quién te lo dio? – preguntó, buscando los ojos avellana de la pequeña con los suyos, esperando una respuesta de su parte.
- Dímelo tú - una sonrisa irónica se dibujó en el rostro femenino, tratando de ocultar su amargura – Lo dejaron junto a mis zapatos - mencionó sin dejar de enfrentar los rojizos ojos de Gajeel en ningún momento.
- Yo no le he dicho nada a nadie - se defendió de las acusaciones de la joven, aun sosteniendo el papel entre su mano.
- Entonces ilumíname y dime quién dejó eso junto a mis pertenencias - la voz de Levy se elevaba cada vez más, debido al coraje que estaba viviendo al darse cuenta de que su reputación podría verse manchada por ese simple suceso. Gajeel se llevó una mano al rostro, restregando sus ojos en un intento de relajarse. Sabía muy bien que tras esa nota se encontraba un gran problema que ambos debían solucionar.
- Averiguaré quién fue. Ahora relájate - intentó tranquilizarla, pero cuando bajó la mano de su rostro y volvió a buscar la mirada de ella se percató que estaba lejos relajarse – Enana… - la voz cortante de la chica lo interrumpió.
- Rompiste el trato. No me vuelvas a hablar - dicho esto, Levy se alejó rápidamente del Redfox, el cual no mencionó palabra ni salió de la estupefacción, sino hasta después de varios minutos. Era la primera vez que había visto verdadero odio en la mirada de la inocente muchacha.
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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.
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Bajen las piedras y los tomates, siento muchísimo la tardanza. Me propuse a no tardar demasiado en actualizar, pero entre una cosa y otra se me fue el tiempo de las manos. Y debo confesar que el capítulo estaba listo, pero no tenía tiempo de subirlo. Por eso decidí adelantar parte del otro para compensarlos y no hacerlos esperar demasiado e incluí una pequeña parte en este capítulo, por eso es un poco más largo de lo que era originalmente. Espero lo disfruten.
Antes de despedirme quiero darle las gracias a las personas que comentaron, me animaron mucho a continuar, técnicamente me sentí comprometida ante sus hermosos comentarios. Todos los comentarios son siempre bien recibidos y por supuesto que me animan a seguir. Gracias especiales a:
Saknicte
trienniagala
Miss Grimm
Big Fan
Y a un muy simpático Guest
Gracias por su tiempo, espero hayan disfrutado de esta actualización. Nos leemos pronto.
