- Rompiste el trato. No me vuelvas a hablar - dicho esto, Levy se alejó rápidamente del Redfox, el cual no mencionó palabra ni salió de la estupefacción, sino hasta después de varios minutos. Era la primera vez que había visto verdadero odio en la mirada de la inocente muchacha.

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Levy pasó los dos días que le restaban de la semana evitando a Gajeel, enojada principalmente con él, pero también consigo misma. Había tratado de concentrarse en sus estudios, sintiendo la presión de los exámenes finales, los cuales empezarían la semana entrante, pero, aun así, estaba experimentando una opresión en el pecho de la cual no se podía deshacer, hiciera lo que hiciera. Llegó a la conclusión de que se había acostumbrado demasiado, de cierta forma, a la presencia de Gajeel y aquel hecho la molestaba aun más. Intentaba sacárselo de la cabeza para así repeler la sensación de sentirse traicionada. Se sentía como una tonta por haber comenzado a confiar en el Redfox ciegamente, siendo consciente ahora que, desde un principio, el chico solo buscaba divertirse con ella y nada de eso había cambiado.

Sin embargo, después de haber recibido la funesta nota, no había sucedido más nada a su alrededor. No recibió otra nota ni alguna otra cosa, pero la sensación de sentirse observada persistía.

La tarde del viernes, mientras estudiaba después de llegar del instituto, recibió un mensaje de su mejor amiga, invitándola a su casa. Invitación que aceptó creyendo que sería lo mejor para distraerse y despejar su mente de pensamientos inservibles. Colocándose algo cómodo, partió hacia la casa de Lucy Heartfilia. Al llegar ambas se abrazaron de manera fraternal. Aunque hablaban seguidamente, no se habían visto desde la reunión en Fairy Tail a la que Levy asistió.

Hablaron por un rato, al tiempo que comían algunos snacks, y rieron con las historias contadas por Lucy sobre su alborotada y ocurrente clase. Pero de repente el ambiente se tornó un poco serio y la rubia se atrevió a indagar en un tema que le preocupaba.

- ¿Estás bien? - preguntó Lucy, tomando desprevenida a su amiga. Levy se quedó mirándola, sin hablar, durante varios segundos.

- Claro que estoy bien - contestó por fin la peliazul, intentado sonar convincente. No tenía ganas de explicarle a su amiga por todo lo que había pasado durante esas últimas semanas.

- Últimamente te notaba de muy buen humor, por lo que creí que todo iba bien en Phantom Lord - mencionó la rubia mirando fijamente a su amiga, sin perder detalle de sus expresiones – Hoy estás diferente… ¿Sucedió algo? - Levy maldijo en su cabeza los certeros presentimientos de su mejor amiga para con ella. Lucy tomó el silencio de la peliazul como una afirmación, por lo que presionó un poco más – ¿Todo está bien con esa persona? - Levy sabía que su amiga se refería a la persona del mensaje que durante la reunión había visto en su celular.

- No es tan sencillo, Lu-chan - luego de pensarlo dos veces, decidió abrirse con su mejor amiga con respecto a Gajeel, pero sin entrar en detalles - ¿Te puedo preguntar algo sin que hagas preguntas? – cuestionó, recibiendo un asentimiento como respuesta afirmativa - ¿Es posible perdonar a alguien por haber hecho algo perjudicial, sin entender por qué lo hizo, pero sabiendo que en realidad no es una mala persona? -

- ¿Qué te hizo, Lev? - la pregunta surgió de forma automática de los labios de Lucy, preocupada por la peliazul y lo que sus palabras podían significar.

- Lucy – reprochó la pequeña, debido a la pregunta. Miró suplicante a su amiga - ¿Es normal perdonar a esa persona? A pesar de que pudo haber perjudicado - la Heartfilia notó el ligero cambio en la pregunta, pero aun así no dijo nada, solo se limitó a responder tomando en cuenta los pocos detalles que le describió Levy.

- No sé a qué te refieras y espero de verdad que esa persona no te haya dañado severamente. Pero tú no eres una persona rencorosa, Lev-chan. Es normal que perdones y más aún si te das cuenta de que esa persona lo vale o ha cambiado - habló Lucy con voz armoniosa, tratando de infundirle confianza a su pequeña amiga.

- No lo sé, Lu-chan. Estoy confundida - un suspiro incontenible escapó de sus rosáceos labios - A veces siento cosas que no debería sentir - no era fácil explicarse cuando de Gajeel se trataba. No lo odiaba, pero sentía que debía hacerlo. Se entretenía a su lado, pero estaba mal congeniar con la persona que se había aprovechado y manchado su ser. Gajeel era su demonio, entonces no entendía por qué sentía una opresión en el pecho desde que le dijo todo aquello dos días atrás.

- Esa persona… ¿Te gusta? - Lucy soltó la pregunta que tenía atorada en su garganta desde hacía un rato. Levy respingó ante sus palabras, pero luego se tranquilizó y respondió.

- No - aseveró segura – Estoy segura de que no me gusta - negó la posibilidad también ante su mente y corazón – Me molesta cuando me hace sentir como alguien que en realidad no soy. Me molesta su actitud burlona. Me molesta la seguridad que tiene al creer que puede manejar a cualquier persona a su antojo. Me molesta su personalidad grosera. Pero lo que más me molesta es que no me puedo molestar con él - se sintió patética en ese momento y lo intentó disimular con una sonrisa torpe.

- Creo que le tienes estima -la afirmación de la rubia la hizo sudar frío - Tal vez es una persona con muchos defectos, pero creo que eres capaz de ver la esencia de las personas, su naturaleza. Si te sientes así al respecto, tal vez puede que no sea realmente una mala persona - Levy escuchó atenta las palabras de su amiga y al procesarlas sintió que el nudo que ahogaba su garganta desaparecía lentamente. Entonces sonrió y abrazó a su mejor amiga.

- ¡Lu-chan! - exclamó Levy entre el abrazo – A veces creo que eres una persona sabia - Lucy se carcajeó ante el comentario de su amiga.

- Soy sabia, Lev-chan – respondió, al tiempo que, con un grácil movimiento de su mano, empujó su dorado cabello, el cual reposaba sobre su hombro, para que cayera sobre su espalda – Por eso seré una exitosa novelista - ambas se echaron a reír por el tono con el que se había expresado. Luego de eso Levy aprovechó el momento para cambiar el tema a uno que la rubia no podía ignorar, Natsu.

Hablaron durante horas, hasta que el reloj marcó las nueve de la noche y Levy decidió que era tiempo de irse, rechazando la invitación de su amiga para quedarse, excusándose de tener que estudiar, lo cual era realmente cierto. Se despidieron con un afectuoso abrazo y Levy emprendió camino hacia su hogar.

Una vez llegó, se deshizo de sus zapatos y se lanzó en el pequeño sofá de su sala, descansando un poco antes de abrir sus cuadernos y comenzar sus estudios. Apenas cerró sus ojos la vibración de su celular la hizo exaltarse, abriéndolos con sorpresa. Cuando tuvo el aparato entre sus manos y contempló la llamada entrante, las siglas "G.R" hicieron que su corazón latiera desbocado. Aunque se sintió insegura y nerviosa, contestó antes de que la llamada se perdiera.

- Levy… - el susurro detrás de la otra línea la hizo preocuparse. Esperó unos segundos atenta a cualquier otra palabra, pero solo se escuchaba una respiración irregular. Entonces temió lo peor. Sabía que Gajeel no la llamaría si no se trataba de algo grave y, en ese momento, lo que estaban esperando era alguna respuesta sobre la situación del Redfox mayor.

- Gajeel ¿Qué sucedió? - la pregunta quedó en el olvido cuando transcurrió el tiempo y no hubo respuesta, solo la respiración irregular de su parte – Gajeel… - la chica se levantó del mueble con su rostro demostrando la angustia que estaba sintiendo.

- Necesito verte - el chico no tuvo que hablar de nuevo cuando ella ya estaba colocándose los zapatos y abriendo la puerta de su hogar, saliendo solo con su celular en mano.

- Voy para allá - luego de sus palabras se percató de que el pelinegro le había cortado, por lo que aceleró el paso. La casa de Gajeel quedaba varias cuadras lejos de la suya. Sin embargo, sintiéndose inquieta y nerviosa prefirió correr en vez de esperar el autobús. Llegó a su destino al cabo de largos minutos. Sudando frío, abrió la reja de la entrada y pasó directo hasta la puerta principal, abriéndola sin tocar, pues sabía que él se encontraba en el interior. Apenas ingresó a la estancia lo vio, sentado en el mueble con el cuello ligeramente doblado hacia atrás, al estar su cabeza apoyada en el corto respaldar, con una mirada perdida – Gajeel - lo llamó mientras se acercaba, pero este no hizo ademán de voltear a verla.

- Suspendieron la búsqueda – mencionó de forma ahogada, sin moverse ni un centímetro. La voz rasposa de él y sus palabras atravesaron el pecho de la peliazul como una lanza, dejándola sin aire – Lo dieron por desaparecido en el mar, sin esperanzas de vida para ningún pasajero - las lágrimas brotaron de los ojos avellana mientras se llevaba ambas manos a su boca para contener un gemido – No duraron ni las tres semanas, Levy - Gajeel aún no la veía a los ojos, pera sabia que lo estaba escuchando. Levy no pudo seguir evitándolo y se acercó. Se sentó a su lado lentamente y luego lo abrazó, intentando transmitirle un poco de fuerza y apoyo. Lo sintió sollozar y le pareció que su corazón se rompía, al tiempo que sus propias lágrimas emergían con más fuerza sin poder evitarlo.

Los dos lloraron en la oscuridad de la sala, sintiendo la pérdida del animado rubio padre de Gajeel. Levy se sentía desconsolada, pues, a pesar de todo, ella había tenido fe en que la situación saldría bien y estarían bien, ahora creyéndose una tonta por no haber sido realista desde un principio. Pasaron horas en la misma posición hasta que Levy guió la cabeza de Gajeel y la apoyó sobre su pecho para luego recostarse sobre el sofá con él encima. El chico se dejó hacer, sin lograr pensar en algo más que no fuera la ausencia definitiva de su padre. La peliazul acarició el rebelde cabello azabache del Redfox, tratando de relajarlo y calmarse ella también.

Era casi media noche cuando el sueño pudo con ellos y los hizo olvidar la pena y el dolor por unas cuantas horas.

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El sonido de la puerta los despertó al mismo tiempo, sobresaltándolos. Gajeel, que había dormido profundamente sobre el pecho de la peliazul, se levantó rápidamente en dirección a la puerta principal. Levy se reincorporó sobre el sofá, siguiendo los pasos del pelinegro con la mirada, percatándose de que apenas estaba amaneciendo. La luz entraba débil por las ventanas, con aun un toque azulado a causa de la oscura noche pasajera. Cuando el Redfox abrió la puerta, el molesto sonido cesó, dándole paso a la gutural voz de un hombre que se encontraba al otro lado del umbral. Ambos intercambiaron un par de oraciones, que no llegó a entender, y de pronto Gajeel ingresó a la casa nuevamente, esta vez siendo seguido por un hombre vestido de traje formal con maletín en mano.

- Ve al cuarto, por favor - el chico se dirigió a ella de forma amable, sorprendiéndola. Sin decir palabra, Levy se levantó y se dirigió al pasillo que daba hacia la habitación de Gajeel, no sin antes notar los hinchados y rojos ojos de él y su rostro entristecido. Sin ánimos de contradecir al muchacho se encaminó al cuarto de este.

Pasó aproximadamente una hora sola en la habitación, hasta que Gajeel atravesó la puerta y, sin articular palabra, se dirigió a la cama. El chico se acostó sobre Levy, ocultando el rostro entre su pecho, tal cual como habían estado al ser despertados. Nuevamente la chica comenzó a acariciar el largo y rebelde cabello de él, entendiendo que buscaba apoyo, aunque no lo dijera con palabras. Transcurrieron los minutos hasta que el sueño les volvió a ganar.

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Esta vez los brillantes rayos del sol fueron los causantes de su despertar. La ventana totalmente desprotegida, sin persiana, dejaba entrar todo el resplandor del nuevo día. Levy abrió los ojos con dificultad por la luminosidad que irrumpía en la habitación. Experimentó una sensación agridulce ante el hermoso día que parecía haber afuera, el cual parecía ignorar totalmente la tristeza que los invadía. Porque así era el día, ajeno a los sentires de cada quien, a veces acertado y otras no tanto. Gajeel se quejó sobre su pecho, somnoliento, cuando ella se movió. Luego el chico se apartó y recostó a un lado, liberándola de su peso.

- ¿Quieres comer algo? - susurró la peliazul, sabiendo que él estaba despierto a pesar de que le daba la espalda. Lo vio asentir aun sin mirarla, viendo hacia el lado contrario, posiblemente para ocultar su rostro. Sin darle importancia a ese hecho, Levy se levantó de la cama y salió de la habitación. Primero se dirigió al baño, en donde lavó su rostro y notó sus ojos también hinchados y rojos. Luego de asearse un poco, se encaminó hacia la cocina.

Mientras estaba revisando la nevera, en busca de algunos ingredientes para poder preparar algo decente, sintió a Gajeel entrando al baño, cerrando la puerta y al cabo de unos minutos escuchó la ducha abrirse. Sin desconcentrarse en lo que estaba haciendo, sacó lo necesario de la nevera y de algunos estantes de la cocina, para luego comenzar a preparar el desayuno.

Una vez estuvo listo lo sirvió en la mesa. Posteriormente, ella tomó asiento en la espera del chico que se estaba vistiendo. Cuando Gajeel se sentó cerca de ella comenzaron a comer en silencio, hasta que Levy lo quebrantó.

- ¿Quién era esa persona? - no pudo continuar con la duda, por lo que decidió preguntar directamente.

- Un abogado. Encargado de los trámites fúnebres - Levy sintió que la comida se le atragantaba, al contrario de Gajeel que permaneció sereno y continuó comiendo. La peliazul quiso decir algo más, pero las palabras no surgieron, por lo que decidió continuar comiendo en silencio – No hare ningún trámite hasta tener su cuerpo - las palabras de Gajeel la aturdieron por varios segundos, en los que siquiera respiró.

- Gajeel… - el chico cortó sus palabras sin darle tiempo de terminar.

- No me dirán que está muerto y lo creeré sin más. Hasta no verlo con mis propios ojos no cederé ante ningún abogado - Levy sonrió, entendiendo que Gajeel había construido su fortaleza, su manera de seguir adelante.

- Está bien - lo apoyó en su decisión, consiguiendo que la mirara fijamente por primera vez desde que había pisado su hogar. El rojo y el café se enfrentaron por un momento – Entonces tendrás que contratar a un buen abogado - enunció la peliazul, aun sosteniendo la mirada de su compañero.

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A pesar de que en el desayuno lo había visto con un mejor semblante, la realidad era que el chico continuaba apesadumbrado. Al igual que ella, aunque intentaba no demostrarlo.

Ya era cerca de mediodía y Levy estaba obligada a volver a su casa, debido a que la había abandonado por sorpresa, pero no quería dejar al Redfox solo en esas condiciones. Al final se resolvió por invitarlo a que la acompañara. Entonces, ingresó a su habitación, encontrándolo con los audífonos puestos y la mirada perdida.

- Tengo que volver a casa - habló en voz alta para que este la oyera por sobre la música, pero solo logró que se quitara un audífono y la mirara expectante – Tengo que volver a casa - repitió para que esta vez escuchara claramente. Gajeel la miró fijamente por un lapso de tiempo momentáneo.

- ¿Es necesario? – preguntó, con deseos de impedirle que se marchara, pero no fue más allá.

- Sí. No traje conmigo ni mi cartera ni mis llaves. Dejé las luces encendidas y no cerré correctamente - hizo una pausa de su explicación, dudando de cómo expresar su otra razón para partir – A-Además tengo otro asunto que resolver - la verdad era que tampoco tenía consigo las pastillas anticonceptivas que solía tomarse cerca del anochecer. Se sonrojó al pensarlo, pero le daba miedo dejarlas y que en un arranque del Redfox ocurriera algún incidente no deseado, por lo que prefería prevenir que lamentar. Aun así, no tenía la desvergüenza como para decírselo directamente a él – Q-Quiero que me acompañes -mencionó mientras intentaba recobrar la compostura que le había robado sus pensamientos anteriores.

- ¿Ir a tu casa? - el pelinegro se sorprendió por la invitación, ya que había notado la insistencia de ella por siempre irse sola y desde hacía tiempo dedujo que no quería que él supiera donde vivía. Sin embargo, ahora era ella quien lo invitaba.

- Es mejor que cambies de ambiente - aconsejó ella mientras se acercaba a la cama y lo tomaba del brazo. El chico no se resistió y se levantó de la cama para luego arreglarse, pues en realidad no quería quedarse solo. También estaba aliviado porque la chica le hablaba con normalidad, aun después del altercado que tuvieron un par de días atrás.

Levy lo obligó a llevarse un cambio de ropa, pues insistió en que se quedara la noche allá. Idea que no le pareció mala al pelinegro, pero sí sorpresiva. Cuando estuvo listo, salieron de su hogar, dejando atrás parte de la aflicción de la cual era dueño. Luego de algunos minutos en el transporte público llegaron a la casa de la peliazul, una pequeña y cómoda morada para una sola persona. Tal y como había dicho ella, las luces se encontraban encendidas, la puerta sin seguro y las llaves en la mesa de centro de la sala. Gajeel encontró calidez dentro de la casa, era pequeña pero acogedora.

Levy se bañó y cambió de ropa para después, con ayuda del Redfox, comenzar a cocinar el almuerzo. Se sentía cómoda con él, pero tenía la preocupación latente de que Lucy la visitara por casualidad y tuviera que explicarle algunas cosas. Sin embargo, al adentrarse la tarde, esa preocupación fue disminuyendo cada vez más. Comieron juntos y se distrajeron un rato con una película. Luego Gajeel recorrió con asombro el amplio estante lleno de libros que poseía la muchacha, en busca de uno que le llamase la atención para pasar el rato, encontrando en el proceso uno lo suficientemente interesante luego de varias ojeadas.

Ambos leyeron algo hasta que cayó la noche. Para entonces pidieron algo de cenar y hablaron trivialidades. Levy nunca dejaba de sorprenderse por lo fácil que era pasar el día con Gajeel, básicamente ninguno se quejó y en ningún momento entraron en algún silencio incómodo. Excepto por los momentos en los que recordaban a Metalicana, como cuando Gajeel mientras buscaba el libro, en una parte del estante, observó la pequeña piedra con las runas inscritas en ella. De lo contrario, Levy podía describir el día como agradable.

El momento incómodo se presentó a la hora de dormir. A pesar de que dormir juntos ya no les era extraño, cuando se acostaron, sus rostros quedaron a unos pocos centímetros, debido a que la cama de la peliazul era significativamente más pequeña que la de él. En ese momento se observaron fijamente por varios segundos. Cuando Levy quiso desviar la mirada, al comenzar a sentirse avergonzada, Gajeel se lo impidió posando una mano delicadamente sobre su barbilla. El Redfox la observó a detalle un poco más, sintiéndose agradecido de tenerla a su lado, pero siendo incapaz de decírselo.

Levy contempló las facciones relajadas de su compañero, sintiéndose tentada a acariciar su rostro y palpar sus curiosos piercings. Intentó contenerse, pero la insistente mirada carmesí sobre ella la llevó a mover su mano y cumplir con su objetivo. Gajeel no sintió desagrado alguno cuando los dedos de la pequeña comenzaron a recorrer su rostro, sino todo lo contrario, un fuerte revoloteo asaltó su pecho, sorprendiéndolo.

La Mcgarden rozó con delicadeza varias de las pequeñas esferas de acero que adornaban el rostro de su compañero, con miedo a lastimarlo. Paseó sus pequeños dedos de su nariz a sus cejas, recorriéndolo con la yema de sus dedos. Gajeel cerró los ojos para disfrutar de la caricia, pero de esa forma las sensaciones en su interior se triplicaban, llevándolo a un punto en el que temía continuar sintiendo aquello con tal intensidad.

Poco a poco el Redfox volvió a abrir sus ojos y, con determinación y serenidad, se acercó al rostro de la chica. Levy no se movió ni un centímetro, esperando que los labios de él hicieran contacto con los suyos. Se besaron suevamente de forma prolongada, pero sin profundizar el contacto, solo saboreando los labios del otro.

Cuando se separaron, para sorpresa de la chica, Gajeel le dio la espalda y se durmió profundamente en tiempo récord.

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Temprano en la mañana, Gajeel partió del hogar de Levy tras recibir una llamada. A pesar de que la pequeña lo esperó por un tiempo, no volvió. Levy decidió aprovechar el día y avanzar con sus estudios, para lograr distraerse e intentar ignorar el abatimiento que la poseía en ese momento y también para apartar de su mente el recuerdo constante del íntimo beso que se habían dado antes de dormir.

Sin ninguna alteración en su rutina de domingo, pasó el día. Dándole la bienvenida a un nuevo lunes e inicio de semana. Cuando llegó a Phantom Lord, los nervios invadieron su ser, debido a que ese mismo día era el inicio de los exámenes finales. Sin embargo, también se encontraba ansiosa por presentar. Al llegar al aula, revisó la planificación de las pruebas con las horas correspondientes, siendo que tenía que presentar solo dos exámenes ese día.

La Mcgarden se extrañó un poco al no visualizar a Gajeel en el salón. Aunque no le resultó tan sorprendente después de analizar los hechos. Desde que entró al aula se percató de que la noticia sobre el avión desaparecido y que uno de los pasajeros era nada más y nada menos que el padre de su compañero, estaba en la boca de todos. El suceso se hizo completamente público desde que suspendieron la búsqueda y los familiares de las victimas tomaron protagonismo. Entonces dedujo que Gajeel no quería estar presente mientras el revuelo permaneciera. Aunque se estuviera jugando la aprobación del curso escolar.

Levy presentó los exámenes correspondientes, saliendo satisfecha de ambos, y el final de la jornada de clases culminó sin ninguna novedad, hasta el momento antes de salir del instituto. Cuando paró en su casillero, donde guardaba sus zapatos de exterior, su rostro palideció cuando otra nota se encontraba encima de sus pertenencias, con la misma caligrafía de la anterior. En esta se leía: "Dime qué hacer para que me abras las piernas a mi también". Por supuesto la nota no tenia remitente. Al leerla se sintió descompuesta. Su estómago se revolvió, obligándola a presionar sus labios, sin color, para poder controlar sus emociones. Arrugó la nota entre su puño, se cambió de zapatos y salió como alma que lleva el diablo de ese lugar.

Con todo lo que había sucedido sobre Metalicana olvidó aquel detalle de mal gusto. Alguien estaba jugando con ella y presentía que en realidad sabía más de lo que decía, atemorizándola. Pudo comprobar que el grotesco juego iba en serio cuando recibió varias notas en el transcurso de la semana. Al mismo tiempo que la sensación de sentirse observada aumentaba constantemente. Las últimas hojas llevaban escritos mensajes como: "Te espero detrás del edificio al final de clases, te arrancaré mejores gemidos", "No tienes que ser tímida o tener miedo de que mi polla no entre en tu orificio, de eso me encargaré yo" ó "Sueño con violar tu boca con mi pene". A partir de esa última nota tomó la decisión de no leer ninguna más, pues cada vez aumentaba la forma repulsiva de expresarse.

Había pensado en denunciar el acoso con los profesores, pero estos se encontraban tan ocupados evaluando a todos los alumnos, y en constante persecución con aquellos que intentaban escapar, que cada vez que alguien se quejaba sobre algo lo tomaban como una excusa para no presentar los finales, por lo que más de uno se ganó un castigo fácil en aquellos días. También consideró llevar el caso hasta el alto mando de Phantom Lord, hasta que recordó cómo resultó su última vez en la oficina de José Porla, rechazando la idea casi de inmediato. Gajeel tampoco era una opción en ese momento, menos cuando no se encontraba presente, por lo que estaba completamente sola, como en un inicio.

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Entre los exámenes finales, las insistentes notas dentro de su casillero y la sensación de ser observada casi todo el tiempo dentro del instituto, le ocasionaban un estrés como nunca antes había experimentado. Siendo su único descanso el fin de semana, luego de una extenuante jornada, pero el descanso fue exiguo y corto para lo que continuó en el inicio de la nueva semana.

Los exámenes continuaban esa semana también, hasta el jueves de esa misma semana según la planificación.

Algo que logró aliviarla desde el inicio, fue la presencia del Redfox en el aula. Había hablado con él por mensajes un par de veces, sabiendo que se encontraba bien, pero no había obtenido más detalles.

El pelinegro se reincorporó esa semana, sintiéndose lo suficiente bien como para hacerlo. Había aprovechado que el instituto le concedió la semana anterior como tiempo de duelo para hacer sus propias investigaciones, negándose al hecho de que su padre desapareció sin dejar rastro. También había logrado ponerse al corriente sobre sus clases, sintiéndose preparado para presentar los finales, los cuales tenia oportunidad de recuperar esa misma semana. Por lo que él tendría que presentar todas las pruebas en el transcurso de una semana, algo que normalmente se hacía en casi dos. Sin embargo, se sentía preparado para ello. Ignorando las preocupaciones y pesares de la peliazul, la cual, a pesar de darle apoyo cuando se encontraban solos, dentro del instituto ni lo volteaba a ver.

La semana para el pelinegro, desde el inicio, fue extenuante. Presentaba exámenes mañana y tarde, terminando agotado, física y mentalmente. Sin embargo, ya estando a un día para culminar el calvario de exámenes uno tras otro, sentía que las fuerzas volvían a su cuerpo. Por lo que, al divisar en el área de casilleros a la peliazul, no dudó en acercarse.

- ¿Qué haces, Enana? - el sobresalto de la joven le llamó la atención y con una sonrisa en los labios dirigió su mirada hacia el papel que esta sujetaba entre sus pequeñas manos, reconociéndolo de inmediato – Es mejor que ni pienses acercarte a esa fiesta - su voz seria hizo que Levy levantara su rostro en busca de su par de ojos rojos.

- Dice que se celebrará mañana, el día que culminan los finales - Levy volvió su mirada hacia la hoja adornada con colores vivos y letras llamativas – Es una tradición ¿no es así? - su mirada volvió hacia la de él, dejando en el olvido la invitación a la gran celebración que estaba organizando Phantom Lord para todo el alumnado.

- Lo es, pero no te equivoques. No es una celebración de tu estilo - ambos olvidaron que se encontraban aun en el instituto y hablaron normalmente como si no hubiese nadie a su alrededor.

- ¿Y qué te hace creer que no es de mi estilo? - cuestionó la peliazul, enfrentando la irritante mirada del chico - ¿Acaso me conoces tan bien como para saber a qué tipo de fiestas asisto? - sus manos se fueron inconscientemente hacía sus caderas intentando ser, en vano, intimidante. Levy llevaba un par de días sin recibir ninguna nota depravada, excepto la hoja donde publicaban la hora y fecha de la fiesta que se estaba preparando, papel que casi toda la población estudiantil tenía entre manos; siendo esa la razón por la cual se encontraba más tranquila, con la guardia baja.

- No necesito conocerte bien para saberlo - una sonrisa sarcástica se pintó en los labios masculinos, dejando mostrar sus dientes – Eres aburrida y bastante sosa. Es suficiente para deducir que ni siquiera has pisado una fiesta en los últimos meses - parte de sus palabras eran solo para molestarla, y la reacción de ella no se hizo esperar.

- Cierra la boca, Redfox. No me conoces - irritada la peliazul dio media vuelta para comenzar a caminar hacia la salida, huyendo del chico que en parte había tenido razón, pero no estaba dispuesta a dársela. Primero muerta. Mientras caminaba escuchó al Redfox reírse en voz alta para luego seguirla, seguramente con una expresión triunfante en el rostro.

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Levy sintió el alivio recorrer su cuerpo cuando terminó de presentar el último examen. La tensión en sus hombros desapareció, mientras experimentaba la alegría de la satisfacción. Sabía que le había ido bien, lo presentía. Ahora solo restaba esperar los resultados y terminar de entregar asignaciones pendientes, y uno que otro recuperativo para quien lo necesitara, para que culminara ese año escolar. La pesadilla en Phantom Lord cada vez estaba más cerca del final, a poco menos de un mes y ella no podía estar más feliz.

Ese mismo día culminaron pronto las actividades para casi todos los alumnos, pues se estaba organizando la gran fiesta tradicional en el gimnasio del instituto. Ella había quedado con Gajeel de encontrarse más tarde en la tienda cercana a Phantom Lord, donde acostumbraban. Sin embargo, el chico se desocuparía mucho después, al estar obligado a presentar un par de pruebas más durante el periodo de la tarde, debido a su ausencia la semana anterior. Por esa razón, al haber salido horas antes de lo estimado, Levy se dispuso a merodear por el instituto, en el intento de distraerse mientras esperaba.

Paseó por los salones, en su mayoría vacios, jardines y por el campo de entrenamiento, observando desde ahí cómo los alumnos entraban y salían del gimnasio, terminando los últimos detalles para la celebración que estaba por dar inicio. Luego de recorrer las instalaciones, decidió parar en la biblioteca mientras esperaba. Estuvo ahí concentrada durante una hora y media, hasta que el estruendoso sonido de los altavoces con música la distrajeron de su lectura. Miró su celular en busca de la hora, siendo las cinco y media, hora cercana a la salida de Gajeel. Sin embargo, la estruendosa música que llegaba hasta ahí llamó fuertemente su atención.

Se levantó de su asiento y salió de la biblioteca, comprobando sus sospechas. La fiesta había dado inicio.

Guiada por la curiosidad, se dirigió hacia el gimnasio con ánimos de experimentar, por al menos unos pocos minutos, una celebración en Phantom Lord y conservarlo como un recuerdo de su estadía en ese lugar. Cada vez que se acercaba más al lugar la música se iba intensificando, empezando a preguntarse si estaría permitido ese nivel de volumen dentro del instituto. Cuando llegó al lugar, entró sin dudarlo por la puerta principal. Toda la estancia se encontraba llena de gente, la mayoría eran de años superiores, pero podía apostar que había estudiantes de todos los años y, si llegaban más alumnos, estaba segura de que no cabrían todos en ese lugar.

Mientras se adentraba en el gimnasio detallaba su alrededor. Todos llevaban puesto el uniforme, algunos se encontraban sentados en las gradas mientras otros se situaban en, la que se suponía estar destinada a ser la pista de baile, justo al frente de una mini tarima improvisaba en donde se encontraba todo el equipo de sonido, junto a la persona encargada de la música. La peliazul chasqueó la lengua sin ser percibida por nadie, debido al alto volumen de la música. Volvió a chasquear la lengua tras darle la razón, mentalmente, al Redfox. Tenía años sin pisar una fiesta y su expresión de sorpresa la delataba.

Permaneció varios minutos cerca de la tarima escuchando la música y sintiendo la vibración que el bajo proporcionaba, momentáneamente embelesada, hasta que se percató de algo extraño, un olor. Alguien a su lado había derramado su bebida en el suelo y luego siguió de largo sin darle demasiada importancia. Sin embargo, ella identificó inmediatamente que aquello no era simple soda, era licor, y estaba totalmente segura de que el ingreso de bebidas alcohólicas al instituto estaba rotundamente prohibido. Fue entonces que agudizó su vista y observó con mayor detalle su alrededor, seguramente no solo ese chico, sino todos, estaban ingiriendo alcohol en ese lugar. De un momento a otro se dio cuenta de otro chico sentado en las gradas fumando y su expresión de impacto no se hizo esperar. Luego de descubrir a uno, halló a otro, a otro y a otro, hasta a algunas chicas, en el mismo comportamiento, entonces supo que estaba en el lugar incorrecto. Y no porque estuvieran fumando o alcoholizándose, sino porque se encontraban dentro del instituto y si algún profesor los descubría todos estarían en graves problemas. Aquello no era algo de lo que quería formar parte.

A pasos alargados se dirigió a la entrada principal, buscando salir. Una vez estuvo cerca de la puerta, se percató de que esta se encontraba cerrada. Intentó abrirla, haciéndosele imposible moverla ni un centímetro. Miró a su alrededor en busca de alguien que le ayudara a abrir la puerta y, fue entonces, que vislumbró a una pareja, a unos cuantos metros, besándose apasionadamente. La imagen la paralizó al notar que no solo se besaban, sino que también las manos del chico se encontraban en zonas prohibidas. Una mano de él masajeaba descaradamente un de los senos de la chica, mientras la otra mano desaparecía entre la falda de ella, al tiempo que las facciones de esta demostraban gozo, sin ninguna clase de pudor.

Sonrojada fuertemente, desvió la mirada de aquella escena, buscando otras personas a quien pedirle ayuda. Cuando caminó un par de pasos notó a otra pareja en la misma situación que la anterior, con la única diferencia de que estos se encontraban sentados en las gradas. La chica se encontraba a horcajadas haciendo movimientos bastantes incitantes con sus caderas sobre la pelvis del muchacho. De igual forma, avergonzada por lo que estaba presenciando, ladeo su mirada llevándola directamente al suelo mientras continuaba caminando, alejándose de aquellas escenas.

No no muy lejos de donde estaba, casi a punto de tropezar, se detuvo en frente de dos chicas, las cuales bailaban mientras se besaban. Al poco tiempo, notando que eran observadas por la peliazul, se separaron unos cuantos centímetros y una de ellas le levantó el dedo medio, señal que Levy entendió como tiempo de marcharse lejos de ahí.

Con su corazón agitado y completamente sonrojada, volvió a dirigir su mirada al suelo, siendo empujada accidentalmente por varias personas. Fue ahí cuando sintió que el espacio se redujo en comparación a cuando había ingresado. Parecía haber más personas, limitándole el camino y haciéndola sentir ahogada, al ser la mayoría más altos que ella. Continuó caminando sin rumbo, dejándose superar por la desesperación, sin saber que estaba siendo observada desde hacía un buen rato. Su piel comenzando a transpirar, sus manos temblorosas y su rostro angustiado la delataban completamente. Quería alejarse de ese lugar lleno de perversidad y transgresión, pero sentía que el tumulto de personas, el aroma viciado y la ahora estruendosa música no la dejaban respirar con facilidad. Empezaba a sentirse asfixiada.

De pronto sintió su celular vibrar dentro de su bolsillo. Logrando sacarlo con cierta dificultad, debido a sus temblorosas manos, contestó.

- ¿Dónde carajo estás? - escuchó la impetuosa voz de Gajeel al otro lado de la línea, sintiendo un soplo de tranquilidad.

- E-En el gimnasio – gritó para que su voz sobresaliera entra la música, al tiempo que acercaba el micrófono del celular a sus labios – La puerta está cerrada - percibió al chico maldecir por lo bajo.

- Sal por la puerta trasera - Levy no pudo escuchar las palabras de Gajeel, pues alguien la empujó por detrás, haciéndola perder el equilibrio. La Mcgarden cayó estrepitosamente al piso junto a su celular.

- Perdón - un chico desconocido para ella se disculpó, pero no hizo ademán de ayudarla. Saliendo de la impresión tras el golpe, Levy se levantó sola del piso, recogiendo de paso su móvil, al cual se le había salido la batería debido al golpe. Mientras intentaba colocar la batería en el lugar correcto, sintió una mano sobre su trasero, un roce, pero fue lo suficientemente fuerte como para hacerla voltear exaltada. No pudo distinguir a nadie con aquellas intenciones, pero todos estaban tan cerca que pudo haber sido cualquiera. Empezando a sentirse asustada, se movió rápidamente de lugar, recordando de paso que había una segunda puerta, a un extremo del gimnasio, por lo que se dirigió hacia allá rápidamente. En poco tiempo descubrió que, al igual que la puerta principal, también estaba cerrada.

Por primera vez en su vida se sintió al borde de la hiperventilación cuando empujó la puerta y esta no cedió. Al mismo tiempo, ignoraba una sonrisa sádica que se encontraba a solo unos pasos de ella, regocijándose a costa de su desespero.

De pronto una mano se cerró en su muñeca, sobresaltándola a muerte. Al borde de las lágrimas volvió la vista hacia la persona que la sujetaba y experimentó un gran alivio al ver un par de ojos carmesí que bien conocía. Gajeel no le dio tiempo de mencionar palabra, pues empezó a caminar hacia dirección contraria, aun sujetándola de la muñeca y llevándola casi a rastras. Levy se esforzó para seguirle el paso, al tiempo que esquivaba a la gente que cada vez se acumulaba más y más. Trastabilló varias veces a causa de algunos empujones, pero se recuperó rápidamente. De repente divisó la puerta a la que se dirigían, al final del gimnasio. Cuando el Redfox empujó la puerta, esta abrió con normalidad, permitiéndoles salir al exterior.

La chica respiró profundo una vez estuvo afuera, pero aun el pelinegro continuaba caminando sin saltar su muñeca, alejándose del gimnasio a pasos agrandados. Una vez estuvieron cerca de la entrada del edificio principal, Gajeel detuvo sus pasos, deshaciendo el agarre en la muñeca de la joven, la traspasó con la mirada.

- ¿Se puede saber por qué mierda fuiste a ese lugar? - preguntó enfurecido, al tiempo que le daba oportunidad a la peliazul de regular su respiración debido al trote de hace un momento.

- T-Tuve curiosidad - habló aun agitada y con un delgado manto de sudor en su frente, mientras levantaba la mirada hacia los ojos de Gajeel, los cuales pretendían asesinarla solo con su brillo colérico.

- Te dije que no fueras - replicó aún más enojado por la respuesta anterior.

- ¡No sabía que cerrarían las puertas! - se defendió rápidamente, levantando el tono de voz – Ni tampoco pensé que harían cosas de ese estilo - su voz pasó a ser un susurro, mientras bajaba la mirada y un sonrojo se apoderaba de sus mejillas al recordar las imágenes libertinas que había presenciado hacia solo unos minutos atrás.

- Te lo advertí, maldición - maldijo a toda voz, incapaz de comprender la forma de pensar de la chica que tenía al frente – No viste nada. Ahí hacen cosas que ni siquiera te imaginas -

- No me dijiste que sería una fiesta impúdica - se excusó la chica, mientras volvía su mirada hacia él – ¿Y tú como sabes tanto? – preguntó, desconfiada de la posible respuesta de él.

- En Phantom Lord no se hacen viajes, festivales ni ninguna de esas tonterías por problemas que se han presentado. Solo permiten una celebración, la cual es organizada solamente por el alumnado… esa en la que estabas - explicó al tiempo que señalaba en dirección al gimnasio para luego proseguir – Cuando estaba en tercero de secundaria ya sabía que estudiaría aquí, por lo que me dedique a conocer a quienes ya hacían vida en el instituto y una de esas personas me invitó a esta celebración, hace un año - en su mirada se notaba que estaba rememorando el pasado. Levy, expectante, lo escuchó sin interrumpirlo – Una vez empieza es tabaco, alcohol y drogas por todas partes. Las cuales seguramente no notaste - mencionó al detallar la expresión de sorpresa de la pequeña al mencionar drogas – Usualmente la celebración va dirigida a los de tercero que están por graduarse, pero no hay distinción. Dejan entrar a cualquiera del curso que sea. Y no solo es eso, cuando se cumple la primera hora de haber iniciado cierran la puerta principal, luego hacen lo mismo con las demás puertas al transcurrir las horas, hasta que cierran cualquier acceso. Llegado a ese punto nadie puede entrar o salir hasta que acabe - hizo una pausa, vigilando que nadie estuviera cerca, en especial algún profesor. Se acercó más a la chica para no tener que levantar demasiado la voz – Es entonces cuando empieza el verdadero espectáculo. El lugar se vuelve el espacio perfecto para una fiesta carnal llena de desenfreno y libertinaje, en donde puedes estar bailando y al mismo tiempo tener a una pareja teniendo sexo a tu lado - Levy se horrorizó ante las palabras del Redfox, el cual se encontraba demasiado serio como para que estuviera bromeando –Y mientras pasan las horas se vuelve una gran orgia, sin ninguna regla o ningún control -

- Eso…no es posible - articuló incrédula mientras se imaginaba todo lo que estaba escuchando.

- Lo es. Ningún profesor sabe a ciencia cierta lo que ahí sucede y otros se hacen de la vista gorda - Gajeel recobró su actitud relajada – Y no sé si lo sabes, pero Porla es más nuestro amigo que director - Levy frunció el ceño ante la mención de José Porla, hombre que le desagradaba con creces.

- Ese hombre es una basura - despotricó en contra de Porla, sin importarle que estuviera en territorio de Phantom Lord – Si no fuera tan sucio e indecente, el asqueroso que me hostiga ya no existiera - su queja salió en forma de susurro, más para sí misma que para Gajeel, pero sus palabras lograron llegar a los oídos de este.

- Espera, ¿Te siguen molestando? -la pregunta de Gajeel la hizo levantar la mirada hasta él.

- ¿Tu qué crees, Redfox? - una sonrisa irónica surgió en sus labios al tiempo que se cruzaba de brazos frente al chico.

- ¿Y por qué carajo no me lo dijiste? - Gajeel se dio un golpe mental al haber olvidado el asunto de la nota en el casillero. Con todo lo que sucedió con su padre, la suspensión de la búsqueda y ahora las investigaciones que él mismo se encontraba haciendo para reanudar la búsqueda, no había parado a pensar en la Mcgarden, por lo que inmediatamente le reclamó.

- ¿Para qué? - la chica desvió su mirada hacia un lado, manteniendo aun sus brazos cruzados y sin moverse un milímetro de su posición frente a Gajeel.

- ¿Cómo que para qué? Ya te ayudé una vez, por si no lo recuerdas – mencionó, comenzando a alterarse debido a la molesta actitud de la chica.

- Tú solo actúas por conveniencia - reprochó la peliazul, volviendo su mirada hacia él con ganas de golpearlo, al recordar las razones por las que Gajeel la ayudó la primera vez – Ya no vas a obtener nada de mí - mencionó tajante con sus facciones endurecidas, pero se desconcertó un poco cuando el pelinegro se acercó a ella y se inclinó para quedar a centímetros de su rostro.

- En este momento, si quisiera algo de ti, ya lo tendría. Con tu consentimiento explícito entre gemidos - declaró entre susurros cerca de ella y cuando notó que iba a refutar la acalló con un fugaz beso en los labios, el cual duró un pestañeo – Solucionaré ese asunto – mencionó mientras volvía a tomar una distancia prudente. Levy se sonrojó hasta las orejas a causa del repentino beso. La pequeña apartó su vista del pelinegro, cerciorándose que no hubiera nadie cerca observándolos. Poco a poco el sol se ocultaba entre las montañas, dando paso a la majestuosa noche, siendo ellos iluminados únicamente por los faroles cercanos a la entrada del edificio, los cuales les brindaban un poco de claridad.

Gajeel rio de forma particular al notar la actitud nerviosa de ella mientras se encontraban en el instituto, pero lo tranquilizaba el hecho de que no se hubiera negado al beso o lo insultara por ello. El Redfox retomó el camino hacia el interior del edificio triunfante, en busca de sus pertenencias para luego partir con la chica su lado.

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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.

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Bienvenidos a un nuevo capítulo de esta extraña historia. Espero haya sido nuevamente de su agrado y, una vez más, pido disculpas si tardé demasiado en actualizar.

A este punto estoy muy agradecida por la gran aceptación que está teniendo mi historia y por los hermosos comentarios que me dejan saberlo. Cada vez que recibo uno me animo a continuar escribiendo y me siento tan comprometida con ustedes que no los puedo dejar con una historia a medias. Sin embargo, debo advertirles que este ciclo de "Pesadilla en Phantom Lord" está por culminar. Estamos a un solo capítulo de la culminación del año escolar, y lo que pasará lo dejaré como una sorpresa para ustedes.

Una vez más, gracias por el apoyo y la motivación que me dan. Espero leernos en el próximo capítulo.

Gracias especiales a:

Curuxa

trienniagala

Beauty Little Star

Big Fan

MacJardin

Y a los demás que disfrutan de la historia, pero no dejan comentarios.