Música: "Nothing Else Matters" y "The Rains of Castamere" de la BSO de Game of Thrones.
Limbo
V
El sueño que una vez tuvo nunca lo olvidó. El mundo, si bien temible, aún se ofrecía como una bandeja de llamativas posibilidades. Kallian era valiente, ágil y más o menos inteligente, podía lograrlo, pensó, podía si se esforzaba. Su imaginación infantil pintó el futuro con los colores brillantes de las aventuras en las leyendas, confiando en que forjaría las propias, historias que se cantarían más tarde en las regiones más remotas de Thedas.
Había sido un sueño simple e insolente al mismo tiempo. Kallian casi no puede perdonarse la ingenuidad con que encaró al mundo en aquel entonces.
No mucho después, Adaia murió y ella se dio cuenta de cuán tontos habían sido sus anhelos. Kallian tuvo miedo de la inmensidad detrás de las murallas de la ciudad y descubrió que el futuro era una mentira. Abrazada a la muerte, vio la sangre con la que se escribían las historias y concluyó que allí no había gloria.
Las leyendas, los cuentos, no le dijeron a qué olía la muerte, lo fría y rígida que era, no le hablaron de las sillas vacías y las noches largas y silenciosas, no explicaban cómo consolar a un padre o a unos primos confundidos y con ojos rojos de tanta tristeza. Nadie le dijo cómo lidiar con el miedo que tornó poco a poco en ira. Si sabía una cosa, era que se trataba de sentimientos y situaciones que era necesario evitar. Kallian habría odiado despertar abrazada a otro cadáver.
Quería evadir el dolor y renunció a las posibilidades que había atesorado. Acobardada, retrocedió, resignándose a la elfería y las sombras del palacio. Anora podía tener sueños, y Kallian, en el mejor de los casos, podía intentar proteger esos sueños. Los de otros, pero no los suyos.
Muy tarde se dio cuenta de la trampa que se había tendido a sí misma. Tratando de ahorrarse el dolor, tuvo que encarar el desconsuelo el día que admitió que Cailan y Anora, su más entrañable amiga, se habían vuelto inseparables compañeros. Que Cailan estaba viviendo la vida que ella había planeado para sí misma. Le había regalado su futuro. Él ya lo tenía todo, pero le había obsequiado a Anora también.
Desde su conversación con Loghain, Kallian ha estado meditando sobre sus pecados. Ahora lo sabe, nunca había sentido el cruel aguijonazo de la envidia como el día en que los próximos reyes de Ferelden regresaron de su escaramuza contra un ogro compartiendo algo que había sido sagrado entre Anora y Kallian. El odio que cultivó por el príncipe rivalizó únicamente contra el que aún guardaba para los asesinos de su madre.
Kallian no cree que esa animadversión haya cedido un ápice de terreno a través de los años. Si acaso, ha empeorado, la ha consumido con su permiso. Cailan brilla como un sol, incluso cuando el mundo apenas resiste el embate de la tormenta. Ella es la otra cara de la moneda, es la oscuridad, el viento de invierno, el sigilo de las criaturas del bosque. Aun así, cree que su envidia a veces es lo bastante sensata como para trocar en admiración.
Agacha la cabeza, dándose cuenta de que ha estado parada en un gran charco. Las pesadas gotas golpean el suelo y salpican barro y agua. El sonido repetitivo la hace sentir aletargada. No ha parado de llover desde que amaneció.
—Kallian, ¿eres tú?
La elfa eleva la vista. Para probar su identidad, se retira la capucha apenas unos centímetros. Entrecierra los ojos, la lluvia es fría y un estremecimiento trepa por su espalda. Solo entonces se le ocurre moverse.
Con un ademán, Alistair la invita a cubrirse debajo de la capa de cuero que extiende sobre su cabeza y de esa manera ambos avanzan hasta el refugio que ofrece una estructura tevinterana.
—Por el hálito del Hacedor —exclama el chico, sacudiendo la cabeza. En el proceso, le ha salpicado algunas gotas en la cara. Kallian ni siquiera hace amago de secarse, está calada hasta los huesos—. No me dejes juzgarte, pero no es momento para jugar bajo la lluvia —dice él como una reprimenda, pero está sonriendo.
Alistair ríe, despreocupado, en tanto que a Kallian se la está llevando el diablo, pues sabe que Alistair pronto no reirá más, no con ella. Y si todo sale mal, tendrá que matarlo.
El futuro está siendo horrible, piensa con amargura. El futuro es horrible, repite con un grito interno que la hace temblar de pies a cabeza. Aprieta la vitela entre sus manos. La familiar textura le permite recuperar cierta tranquilidad. Necesita buscarse un motivo para su extraño comportamiento. Extrae la carta de los pliegues de su capa y se la muestra a Alistair.
—Ah, ya entiendo —susurra él—. Te da miedo. —Kallian frunce el ceño, sin captar lo que quiere decir—. El rey —elabora, asintiendo con la cabeza en esa dirección—. No te sientas avergonzada. Si él no fuera… Si Duncan no hubiera insistido en que lo acompañase en sus reuniones, también me aterrorizaría presentarme ante él. No, espera, creo que de todos modos me aterroriza.
Alistair se aparta y vuelve la mirada hacia donde se halla el monarca, debajo de un toldo en la enfermería del campamento.
«No le tengo miedo», quiere decir.
—¿Te parece un buen rey? —Inquiere en su lugar, antes de poder darse cuenta de lo que está haciendo.
Es demasiado tarde para retractarse de su pregunta cuando el guarda alza ambas cejas y gira hacia ella. Kallian detalla el aire nostálgico que enturbia su semblante.
—…A ti no. —Lo que sea que Alistair estaba buscando en su rostro, no lo ha encontrado, porque al final sonríe con tristeza.
—Nunca lo vi preocuparse por mi gente —evade ella con una verdad a medias.
—Estoy seguro de que le importa… a su manera. Démosle un poco de tiempo.
Kallian ya le ha dado demasiado tiempo y no se cree capaz de continuar siendo paciente con él. Tampoco puede. La vida de Cailan se consume como la cera en los candelabros. Su luz pronto se apagará.
Anora leyó una historia para ella una vez. Un hombre, un maese, se perdía dentro del Velo. Buscaba al Hacedor, pero no como cualquier otro mago tevinterano. Su viaje lo llevaba a través de las regiones más siniestras del Velo. Entonces Kallian apenas prestó atención, porque toda esa ficción era demasiado inverosímil respecto a lo que enseñaba la Capilla. Sin embargo, de pronto, siente un nudo en su estómago que se retuerce cada vez más… En la profundidad del mundo onírico, el Hacedor ha designado una región donde las almas de los traidores quedan atrapadas para la eternidad. Ese lugar espera a alguien. Será Cailan Theirin, por su ineptitud, o será ella porque lo envidia, y de pronto está segura de que no puede escudarse bajo ningún otro motivo.
¿A qué región del Velo irá a deambular por este pecado?
—No importa… —susurra.
Se despide de Alistair con un cabeceo y ninguna explicación. Kallian sostiene la vitela con más fuerza mientras avanza. Al llegar, se yergue, con un riguroso choque de tobillos.
—Majestad —pronuncia, llevándose el puño al pecho para posteriormente entregar el rollo al sirviente.
—Uh, ¿noticias? —dice el rey al volverse para atender a la mensajera—. Espero que sean buenas —bromea.
—La carta ha llegado de Risco Rojo, majestad, o eso me han dicho. Aunque he oído del comandante de los guardas que los de Orlais únicamente esperan vuestra autorización.
Cailan profiere un sonido de disgusto.
—Sí, en cuanto a Loghain se le ocurra obedecerme —se mofa.
«¿Qué abominable región del Velo te está esperando, Cailan?».
Él le hace una señal para que se retire. Kallian da media vuelta, pero apenas ha dado un par de pasos cuando le oye de nuevo.
—Espera, no eres una mensajera — destaca el rey con los ojos entrecerrados. La elfa se vuelve e inclina la cabeza. ¿Se le habrá ocurrido reconocerla como la dama de compañía de Anora? A su llegada al campamento, el joven monarca estuvo cerca de localizar el rostro pecoso dentro de sus recuerdos de Denerim—. Eres la recluta de Duncan.
Exhala con alivio que esconde, a su vez, una patente amargura.
—Me avergüenza admitirlo —miente—, pero si mi rey desea saber la razón… Me temo que es sencillo tomar por sirviente a cualquiera con orejas puntiagudas.
«Tan fácil como olvidar una cara que muchas veces se ha visto».
—Eso es inaceptable —replica.
Ahora más que nunca, Kallian se obliga a mantener sus ojos lejos de los de él, sabiendo que podría encontrar algo que le recuerde a Maric Theirin o a Alistair. También está la posibilidad de que sea la voz de Anora la que al oído le recuerde que por esta traición nunca la perdonará. Los fantasmas y las culpas emergen con facilidad, y hoy ella es muy vulnerable.
—¿Y esa persona ha sido…?
—Vos tenéis suficientes problemas, majestad —se apresura a responder—. Vuestra sola preocupación ya es un privilegio.
—De cualquier manera —insiste antes de dar media vuelta—, eso no puede continuar. Se volverá a hablar de este tema más tarde.
Kallian asiente y se retira. Alistair no está cerca, se ha marchado. La elfa suspira con alivio y avanza a través de la lluvia. Deambulará un rato en Ostagar. Da de comer a un prisionero acusado de desertar y se informa de lo que ha estado ocurriendo con los Guerreros de la Ceniza. Todo es parte de su trabajo como la espía de Loghain.
—¿Por qué el alboroto en la enfermería? —Hacía un rato todo marchaba con normalidad.
—Han encontrado a unos hombres heridos en la Espesura —le dice una joven con gesto espantado luego de que Kallian la detuviera sosteniéndola del brazo—. Las magas sanadoras se enfadarán si me retraso.
Advierte la cesta que carga con ambos brazos. La deja ir y la sigue hacia el origen del disturbio. Llantos, órdenes y protestas; hay un olor peculiar en el aire, uno que ha percibido también mientras Amell efectúa sus hechizos. Kallian estorba el paso entre los catres y más de una vez debe hacerse a un lado para no ser arrollada por hombres cargando camillas.
El escenario es espeluznante, la sangre tiñe sábanas y paños. La magnitud de las heridas es, en general, pavorosa, allá donde posa la vista extremidades arrancadas, cráneos rotos, vientres sangrantes. Los que se hallan recostados son todos humanos, algunas mujeres, aunque mayormente hombres.
Tiene el estómago revuelto y un nudo en la garganta. Quisiera echar a correr, pero antes de empezar a abrirse paso fuera de ese infierno, alguien le pide que ayude a cargar un cadáver para llevarlo al otro lado de la enfermería, se ocupa la camilla y este hombre ya no la necesita. Una fila de cadáveres cubiertos con sábanas remata el horror. Tiene que salir de allí. Trata de rodear el toldo debajo del cual se protege a los heridos. Tropieza con las personas a cada paso. Tras disculparse con la última persona, Kallian gira la cabeza luego de escuchar un quejido cercano y lastimero.
El agua escurre por el borde de la carpa, a escasa distancia de la camilla donde lo encuentra. Ha transcurrido bastante tiempo y las circunstancias actuales entorpecen el proceso de identificación. El rubio del poco cabello que le queda está sucio, apelmazado sobre su cráneo; la piel se tensa sobre un esqueleto prominente. El Fergus Cousland que se ha desmayado tras un último alarido no es ni la sombra de aquel hombre alto y gallardo que conoció en Denerim.
«No, no. Tú tenías que estar muerto. Loghain lo dijo… Él dijo no saldrías de la Espesura».
Sus pies se hunden en el lodo y la lluvia ha empapado la totalidad de su cabellera. Kallian se acerca lentamente, mirando de un lado a otro. Nadie se ha percatado de la presencia de un Cousland entre los heridos o no estaría arrinconado aquí, los hombres con apellidos importantes tienen prioridad.
Vuelve a echarse la capucha sobre la cara y se acuclilla junto al catre. De cerca puede notar que Fergus tiene una herida profunda en el antebrazo izquierdo y otra menos aparatosa en el abdomen. Está mucho más delgado de lo que la distancia le había permitido notar. Los cardenales y las venas inusualmente visibles en la piel pálida obligan a la chica a notar que no lleva armadura.
¿Por qué?
«Una emboscada, quizá».
Kallian examina las heridas, tratando de deducir qué clase de arma pudo haberlas ocasionado. El brazo está roto, aunque antes recibió una flecha. El abdomen fue abierto por un hacha de tamaño considerable.
Loghain mandó asesinos y algunos guerreros, todos mercenarios. Sus órdenes eran matar al heredero de Pináculo y dispersar a su ejército, la Espesura se encargaría del resto. Ellos no pudieron haber causado un daño semejante a la fuerza de los Cousland.
«¿Engendros tenebrosos?».
Tal vez.
«¿Llamarás a los sanadores? Su brazo se ve mal, pero podría vivir».
La elfa percibe el salto de su corazón, la respiración agitada y las manos temblorosas; adrenalina bombeándose por su torrente sanguíneo. La actividad de la enfermería llega a ella como un sonido distante, amortiguado.
«Debías estar muerto».
Y no lo está…y podría sobrevivir.
Fergus es el heredero de Pináculo, un hombre, no un muchacho. Él no es como su hermano menor. Leonard es menos experto, es maleable. En el peor de los casos, Leonard podría resignarse a una celda o a morir. Fergus no. Este hombre, que ha perdido a su familia, tiene influencia en el bannorn. Luchará y ganará, o luchará y morirá. Si permite que Fergus sobreviva, Anora pierde poder (la vida también) o el linaje Cousland desaparece totalmente. Kallian recuerda al pequeño que Howe asesinó. Sabe que el padre no lo perdonará porque ella misma no lo haría, porque incluso siente asco de sí misma si reflexiona que está del lado de cobardes asesinos de niños y personas indefensas atrapadas en un castillo.
Fergus es una amenaza para la vida de Leonard. Solo un Cousland es necesario al final.
Kallian cierra los ojos un momento, incapaz de encontrar una salida, porque justo cuando cree que las razones para dejarlo vivir pesan más, los motivos para matarlo muestran un nuevo perfil, una nueva posibilidad que hay que contemplar. Pero esta no tendría que ser su decisión y maldice mil veces encontrarse aquí. Su papel es el de una sombra, no tiene derecho a mandar sobre la vida de otros a esta escala. Su papel es el de una herramienta, un arma, y si ninguna de las dos toma decisiones, ¿por qué elegir ahora? ¿Por qué condenar a alguien que podría ser del todo inocente?
Súbitamente, es Nelaros quien sonríe desde un recuerdo que se siente lejano al mismo tiempo que es una herida fresca, que todavía duele y se abre para supurar veneno en lugar de sangre. Kallian se da cuenta de que no puede arriesgar la vida de Leonard, por ningún motivo, porque Anora corre más peligro con Fergus vivo, porque sería el final de los Cousland y porque Leonard es un vínculo con Nelaros y no ha podido dejarlo ir.
«Nelaros no te perdonaría el solo hecho de que les permitas impunidad a los asesinos de esa familia».
La elfa cierra los ojos con fuerza, rogando que su conciencia la deje en paz o sea lo bastante fuerte como para detenerla y obligarla a inmolarse en batalla antes de continuar extraviando su alma.
Su conciencia es débil. Una mano viaja a su cintura, donde ha hallado la empuñadura de la daga que su padre le dio, la herencia de mamá que hoy va a mancillar. Colmillo. Siente su corazón latir con fuerza, como si quisiera salirse de su pecho. La necesidad de apartar la vista mientras perpetra este crimen es muy fuerte.
Él lo entendería, se dice con desesperación. Fergus comprendería. Si supiera que su hermano menor corre peligro porque él continúa con vida, él aceptaría… Si al despertar se enterara de que ya no hay familia ni hogar que aguarde su retorno… Todas excusas baratas.
Una lágrima se desliza por su nariz. Está inclinada sobre el humano, fingiendo atender sus heridas. La punta de la daga está cerca de la herida que en su abdomen. Será fácil alcanzar un punto vital, un órgano…
—Perdóname, perdóname —susurra, respirando sus lágrimas. Sabe bien que a él no le sirve de nada el hipócrita acto de contrición que ella efectúa mientras hunde el metal en la carne—. No merecías esto. Ninguno. Lo siento tanto…
La hoja de la daga emerge de la carne, embadurnada en sangre. Kallian observa su aberrante obra un instante apenas, a sabiendas de que debe irse de allí lo antes posible. La brevedad del momento no impide que se horrorice. Cousland profirió un gruñido que ella hubo de ahogar con su otro brazo. La hemorragia no es tan escandalosa, pero ella sabe que es mortal.
«Oh, Kallian, te has perdido para siempre. En el Velo hay un abismo, al que tu alma ha quedado atada. Un viejo cuento de elfos, aunque los humanos le dieron otro nombre».
—¿Qué has hecho?
Mirándola desde los pies de la camilla, Theodore se halla petrificado. No la mira a ella, sino a la daga. Los ojos púrpuras brillan, muy abiertos, incrédulos. El corazón se le rompe, percibe el estallido, lo conoce bien. Luego, cuando él decide redirigir su atención, Kallian sacude la cabeza levemente. Nunca la había mirado así. Theodore Amell nunca la había mirado de esa manera. No hace falta más. Lo sabe, cruel y perfectamente: no volverá a confiar en ella.
Kallian no puede responder, envaina el arma y emprende la huida. La capa ha hecho poco por ella ante el mago, que ya conoce sus facciones y aún más, la daga.
Avanza rápido hasta llegar al camino que baja al valle. A partir de allí, comienza a correr, adentrando en el bosque. Sus botas se hunden en el lodo, las ramas le arañan la cara y las raíces entorpecen su avance. Pronto cae. La lluvia es implacable, los árboles inmensos y tétricos, los relámpagos quiebran el cielo con látigos de luz y el bosque cobra vida.
Con la cara parcialmente sumergida en el fango, Kallian llora por lo que acaba de traicionar, por el alma que ha perdido y la confianza que ha roto. Por el camino al que no podrá regresar. Se hace un ovillo y abraza sus rodillas con fuerza, llorando con más fuerza la amargura de esta revelación: ha renunciado a todo el futuro.
N/A: ¡Perdón! Yo sé que todo por aquí sigue siendo muy emo, pero en serio necesito dejar este asunto (más o menos) zanjado antes de avanzar y poder relajarme un poco con todo el drama (seguirá habiendo, pero no a este absurdo nivel xDD). Kallian anda medio loca, sipi. Es que, idk, me llamaba la idea de un personaje "villano" o "antiheroe" desde el principio. Uno que no siendo necesariamente malo (que Kallian si lo es un poco demasiado), tome las decisiones equivocadas y quedase como tal. Si Kallian parece confusa o hasta contradictoria, bueno, eso es apropósito :P Se le juntó todo y está en una etapa de transición, de redefinición. Una muuuuuy larga etapa, eso sí xD
Aproveché que el lunes es día libre por acá y ya que este cap lo tenía prácticamente terminado, decidí subirlo de un vez, antes de que llegue el fin del mundo o vuelva a tener cien mil años de proyectos y tareas. Lamento si no está todo lo pulido que debería, pero creo que ninguno de mis capítulos lo está xD Y por eso agradezco su paciencia conmigo y espero nunca agotarla c':
Uys, perdón por cambiar la apariencia canon de Fergus :'c
Frida, Ellis y C2, los amoadoro :3 Iré respondiendo a sus comentarios hermosísimos poco a poco.
