Ese invierno, Marinette estaba cansada de estudiar. Llevaba todo el día leyendo un archivo tras otro en su computadora. La joven se encontraba en la sala de estudio de su casa, todavía enfrascada en la tarea, que si bien le había entusiasmado al principio había acabado por ser tediosa. Le dolía la cabeza, los hombros, la espalda, todo.
De pronto se escuchó un ruido apenas perceptible. El de unos pies que aterrizan sobre suelo firme con suavidad. Marinette, concentrada como estaba, no lo escuchó. Alguien había entrado por la ventana. De pronto, Marinette sintió cómo las manos de alguien cubrían sus ojos.
-¿Quién soy?- Dijo una voz. Pese a lo cansada que estaba, ella curvó sus labios en una leve sonrisa.
Reconocería tu voz en cualquier parte, Adrien.
El joven dejó de cubrirle los ojos y giró la silla donde Marinette se encontraba sentada, para que quedase frente a él.
-¿Adrien? ¿Quién es ése? Soy Chat Noir, vine a ver a mi civil favorita- Afirmó con una sonrisa pícara. Ella le echó un vistazo, se había transformado en su alter ego superhéroe.
-Cariño, me encantaría pasar un rato contigo, de verdad, pero tengo que estudiar- Explicó Marinette, girando en la silla, volvió la vista hacia la pantalla.
Su esposo, sintiéndose ignorado, torció el gesto.
-¿Te falta mucho? No me gustaría cenar solo- El pensamiento entristeció su semblante. Trajo a su memoria los días de su adolescencia. Sentado frente a una comida que siempre se enfriaba mientras esperaba, inútilmente, que su padre se dignara a pasar algo de tiempo con él.
-Garras dentro- Dijo, algo desanimado, volviendo a su forma civil.
Marinette se dió cuenta del cambio en su voz y dirigió su atención a él. -No, rayito de sol, no pongas esa carita-
El apodo cariñoso lo hizo sonreírle a su esposa.
-Me encanta que me llames así, Bugaboo. Oye, ¿Cuánto tiempo has estado estudiando?- Adrien sabía que Marinette podía ser muy responsable y aplicada, pero a veces exageraba, se exigía demasiado. Quería dar lo mejor de sí misma en la escuela de diseño.
-Um, bueno, ya sabes ¿Lo normal?- Marinette se puso un poquito nerviosa. Su gatito podía ser un poco sobreprotector.
-Marinette...- Adrien la miró serio, cruzándose de brazos. -¿Cuánto es lo normal, según tú?-
-Eh, el exámen es mañana, Adrien. Así que, bueno, uh, estuve estudiando toda la semana- Dijo la última frase en una voz casi inaudible.
-Toda la semana, bueno pero, ¿Cuántas horas por día? No, espera, no contestes a eso ¿Cuántas horas estudiaste hoy, Marinette?- Inquirió, mirándola a los ojos.
Ella frunció el ceño y los labios, pensando. Hizo la cuenta con los dedos. Adrien pensó, como solía pensar cada vez que la chica hacía algo, que se veía adorable.
-Bueno, si llevo despierta desde las ocho, bebimos algo de chocolate caliente así que eso restaría algunos minutos, luego, a las 12 en punto preparamos el almuerzo, nos sentamos a comer, seguí estudiando... ¿Qué hora es?- Marinette parecía totalmente desorientada, Adrien se preocupó.
-Son las diez, acabo de llegar del trabajo- Marinette abrió mucho los ojos. Ahora sí que su esposo iba a enojarse con ella. -Si son las... si son las diez, llevo diez horas estudiando- Dijo, y sin atreverse a mirar aquellos ojos verdes que seguramente estarían llenos de disgusto, Marinette miró el suelo al hablar.
Ella se levantó por primera vez en tantas horas y fue a la cocina, puso la mesa, Adrien la ayudó. Se sentaron a comer en un silencio que, entre ellos, siempre era agradable. Pero cada vez que él la miraba, Marinette miraba hacia otro lado.
-Ay, Marinette- Adrien negó con la cabeza.
-Oye, mírame, Mi Lady. Todo está bien. No voy a enojarme contigo-
Ella levantó la vista, todavía algo insegura.
-Ah no? Es que te enojaste mucho la primera vez, y nunca, uh, nunca antes te habías enojado- Explicó, jugando con los cubiertos en sus manos.
-Sí, es verdad. Me enojé. Estaba preocupado y confundido. No quiero que hagas nada que te dañe, pero tranquila, parece que voy a tener que acostumbrarme. Tú eres así. No tiene porqué hacerte daño- Adrien dijo de mala gana, sirviéndole un vaso de agua. Marinette se sonrojó, se sentía culpable.
-Bueno, eh, sobre eso... Tal vez sí me hizo daño- Confesó, avergonzada. Habían terminado de comer.
-¿Qué tienes, Bugaboo?- En lugar de enojo, ella vió preocupación en sus facciones. Adrien se levantó de la mesa y se acercó precipitadamente a ella, examinándola detenidamente en busca de daños.
-Yo adoro que me llames así, Chaton- Dijo Marinette en tono zalamero, buscando distraer su atención de ella.
Adrien sonrío como un tonto enamorado, pero después chasqueó la lengua.
-Tal vez soy tu gato tonto, pero no soy tan tonto- Adrien se puso serio de nuevo.
-Marinette, ¿Puedes decirme de una vez qué tienes antes de que pierda la cordura por la preocupación?-
-Ay, que dramático. Has estado viviendo demasiado tiempo conmigo, no?- Adrien rodó los ojos, la miró con atención, expectante.
-Bueno, está bien, te lo diré. Me duele mucho la cabeza-
Marinette no había terminado la frase cuando Adrien salió corriendo a buscar una pastilla del botiquín que tenían en su hogar. Allí había medicamentos y otros elementos básicos como curitas, vendas, gasas. Siendo superhéroes adultos, los villanos se volvían más y más violentos, así que era necesario reponer aquél botiquín bastante seguido.
Él regresó con la pastilla, resoplando por haber corrido. -Ten, te sentirás mejor-
Le extendió su vaso de agua y el remedio a Marinette. Ella se tragó la pastilla, bebiendo luego abundantes tragos de agua.
-Gracias, gatito- Su esposa le sonrió con dulzura.
-No es nada, Marinette. ¿Eso es todo?- Quiso saber.
-Eh, no, también me duelen la espalda y los hombros- Se quejó Marinette, moviendo el cuello en círculos.
-Porque llevas todo el día sentada, amor. Ven, déjame cuidar de ti- Marinette dejó que Adrien la levantara de la silla, tomándola en sus brazos, sosteniendo a su esposa contra su pecho, el joven subió las escaleras rumbo a la habitación que ambos compartían.
-Me falta repasar un último punto- Murmuró Marinette.
-¿Después de diez horas estudiando? No creo que sea necesario- Respondió él, cruzando la puerta del cuarto la dejó delicadamente sobre la cama. Adrien trataba a su esposa como si estuviera hecha de porcelana, y el corazón de Marinette se derretía con cada detalle, con cada gesto dulce.
El joven le quitó los zapatos, se quitó los suyos y también el saco que llevaba. Contemplandolo, ella se puso roja. Marinette siempre se ponía roja en situaciones así.
-Eres tan adorable, Mi lady- La halagó, se inclinó y le dió un beso en los labios. La joven correspondió de buena gana.
-Y tú eres tan hermoso con esa camisa negra, Adrien-
Él sonrió, halagado. Después le lanzó una mirada pícara.
-Más hermoso sería que me ayudes a quitármela- Dijo con voz seductora y le guiñó un ojo. En momentos como ése, era fácil creer que él era Chat Noir.
-¡Adrien!- Marinette le arrojó una almohada. Las mejillas le ardían.
Él se rió, divertido.
-Oh, vamos, Bugaboo, ¿No quieres divertirte? Has estado estudiando mucho, es hora de un recreo- Él la besó de nuevo, y ella le devolvió el beso. Adrien se acomodó sobre ella, quien lo miró sorprendida cuando volvió a besarla. Marinette lo atrajo más hacia ella tirando del cuello de su camisa. Después ella lo besó a él, enredando los dedos en su suave cabello rubio, alborotándolo. Adrien suspiró contra su boca, ambos siguieron besándose cada vez más. Marinette se aferró a sus antebrazos para establecerse, ya que había empezado a temblar conforme los besos subían de intensidad. La joven estaba en el paraíso con él. Sin embargo, cuando sintió cómo la lengua del joven rozaba su labio inferior, echó la cabeza hacia atrás, rompiendo el beso bruscamente.
Su esposo abrió los ojos, enfocándose en ella.
-¿Qué pasó, Marinette?- Preguntó, sin aliento.
-Hay algo que no te dije. Confesó ella.
Bueno, la verdad es que me, me duele todo el cuerpo. No sólo el cuello y los hombros- Admitió.
-¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste antes?- Él se quitó de encima, se tendió a su lado.
-Parecías tan, eh, tan, ya sabes, ¿entusiasmado?- Ésta vez fue Adrien quien se puso como una cereza.
-Ay, Marinette. Lo siento, perdóname. Te dije que cuidaría de ti y luego, bueno, luego me hiciste ese cumplido tan bonito y, y se me ocurrió coquetear contigo y nos besamos y, y sin darme cuenta terminé eh...-
Ella le sonrió, restándole importancia al asunto con un gesto de su mano. -Gato tonto, no tienes que disculparte por esto, eres mi esposo. Soy yo quien debería disculparme porque no puedo darte nada de mí esta noche-
Adrien negó con la cabeza. -¿Darme algo de ti? Marinette, tú me lo das todo con solo respirar- Dijo sin titubear. Ella suspiró.
-Entonces, estás tensa y dolorida. Necesitas descansar... y tal vez sí pueda cuidar de ti después de todo. Voltéate-
Marinette giró sobre sí misma, quedando boca abajo. Cuando sintió aquellas manos cálidas sobre sus hombros, volvió a suspirar.
Su esposo le dió suaves golpecitos con las manos firmes sobre los hombros y la espalda. Poco a poco el dolor se fue aliviando y se relajó. Incluso le dió un masaje en los pies.
-Rayito de Sol... Siempre tuve buena suerte, desde antes de ser Ladybug- Dijo Marinette, adormilada mientras se acurrucaba sobre el pecho de Adrien.
-¿Por qué lo dices, Mi Lady?- Preguntó él, rodeándola con los brazos.
-Te conocí a ti- Explicó ella, bostezando.
A Adrien siempre le parecieron tiernos sus bostezos, desde antes. Incluso cuando afirmaba que su ahora esposa "sólo era una amiga"
-Y yo soy el gato negro más afortunado que existe, porque estás a mi lado-
Respondió.
-Buenas noches, Bugaboo-
-Buenas noches, Gatito. Y gracias, por todo-
