- En este momento, si quisiera algo de ti, ya lo tendría. Con tu consentimiento explícito entre gemidos - declaró entre susurros cerca de ella y cuando notó que iba a refutar la acalló con un fugaz beso en los labios, el cual duró un pestañeo – Solucionaré ese asunto – mencionó mientras volvía a tomar una distancia prudente. Levy se sonrojó hasta las orejas a causa del repentino beso. La pequeña apartó su vista del pelinegro, cerciorándose que no hubiera nadie cerca observándolos. Poco a poco el sol se ocultaba entre las montañas, dando paso a la majestuosa noche, siendo ellos iluminados únicamente por los faroles cercanos a la entrada del edificio, los cuales les brindaban un poco de claridad.
Gajeel rio de forma particular al notar la actitud nerviosa de ella mientras se encontraban en el instituto, pero lo tranquilizaba el hecho de que no se hubiera negado al beso o lo insultara por ello. El Redfox retomó el camino hacia el interior del edificio triunfante, en busca de sus pertenencias para luego partir con la chica su lado.
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El último día de la semana inició de forma ocupada para Gajeel. La noche anterior, después de partir de Phantom Lord, llevó a Levy a su hogar para enseñarle la investigación que estaba llevando a cabo. Explicándole que durante la semana en la que se ausentó estuvo presionando para que los altos mandos autorizaran la reanudación de la búsqueda del avión perdido donde se encontraba su padre, recibiendo negativas en todo momento, según por falta de recursos. Por lo que entonces decidió realizar él mismo su propia búsqueda, tomando en cuenta la investigación que se realizó y partiendo desde ese punto. No buscaría el avión, buscaría a su padre, pues algo en su interior le decía que no estaba muerto, o se negaba a creerlo.
Pero ahora que un nuevo día había iniciado, su objetivo era otro. Saber quién acosaba a la peliazul. Desde que llegó a Phantom Lord comenzó preguntando de forma casual a ciertas personas que le podrían ser de ayuda.
Para Levy el día comenzó como cualquier otro, aunque notaba poca afluencia de estudiantes, seguramente debido a la celebración de ayer. Los profesores continuaban impartiendo sus últimas clases destinadas a algunos trabajos y asignaciones que aun estaban pendientes. Otros se encontraban evaluando a algunos rezagados en los finales, razón por la que la jornada acabaría antes que de costumbre.
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Cuando estuvieron cerca de culminar las actividades de ese día, Levy se percató de que alguien de otro curso se asomó por la puerta llamando a Gajeel disimuladamente, para que el profesor no escuchara. Al momento de la campanada que anunciaba el final del periodo, Gajeel fue el primero en salir del aula. Levy revisó su celular, releyendo el mensaje que el pelinegro le había enviado una hora antes, donde decía que lo esperara antes de salir. Suspirando, guardó sus cosas en el maletín, dejando afuera un pequeño libro, el cual llevaba días leyendo y estaba encantada.
Sin ánimos de salir sola, por el temor de encontrar otra nota, se quedó en el aula leyendo y aprovechando que el profesor de la última hora aun permanecía ahí evaluando a varios de sus compañeros. Pero al cabo de varios minutos, una mano se posó sobre su hombro, haciéndola apartar la mirada del libro para posarla en el joven a su lado, al cual reconoció como Aria, un chico monstruosamente alto, unos centímetros más alto que Gajeel, y fornido, el cual tenía una sonrisa atemorizante en sus labios.
- ¿Q-Que sucede? - preguntó nerviosa la peliazul, mirando al joven que aun tenía la mano sobre su hombro, incomodándola.
- Será mejor que vengas a ver esto – mencionó el chico con voz grave, instando a la chica a levantarse.
- ¿Qué cosa? - Levy lo observó desconfiada, pero con cierta curiosidad escapando por sus ojos.
- Algo que Gajeel no quiere mostrarte - la mención del Redfox en la conversación le llamó aun más la atención. Entonces recordó la vez que estuvo dentro de los vestidores de hombres junto al pelinegro, sonrojándose de paso, y que Aria había entrado al lugar para hablar con Gajeel. Deduciendo que eran amigos, y guiada por el misterio de sus palabras, Levy siguió al fornido chico fuera del salón.
Caminó varios pasos detrás de él, detallando lo alto que era, mientras este la dirigía hacia las escaleras. Subieron hasta el tercer piso y continuaron caminando por el pasillo. Fue hasta entonces que Levy se comenzó a inquietar, sintiendo que no debía continuar avanzando. Su cuerpo le pidió a gritos que huyera cuando se detuvieron frente a una puerta que conocía bien, el salón abandonado al final del tercer piso.
Con su corazón acelerado quiso retroceder, pero, sin percibirlo el chico, se posicionó a su espalda y la detuvo colocando su pesada mano sobre su hombro nuevamente. La puerta se abrió y Aria la guio hacia el interior, en donde rápidamente notó la presencia de un tercero en el salón. Inmediatamente sintió cómo la puerta se cerraba a sus espaldas y una voz se escuchó por toda la estancia.
- Levy Mcgarden - la voz masculina de un chico rompió el silencio – Primera vez que hablamos - el chico se acercó a la peliazul hasta quedar frente a frente, a tan solo un metro de distancia – Mi nombre es Totomaru - Levy tragó fuerte, notando como el chico de cabello negro y blanco le sonreía, gesto que ella no correspondió - ¿Siempre fuiste así de callada? - Totomaru empezó a dar vueltas a su alrededor, detallándola de arriba abajo y acercándose cada vez más – No entiendo cómo llegaste a ser la puta de Gajeel - Levy respingó al sentir el aliento de este sobre su oreja y se sorprendió por las insolentes palabras de él – Di en el blanco ¿no es así? - el chico se carcajeó estruendosamente mientras Levy fruncía el ceño observando la puerta, a tan solo unos cuantos pasos, siendo bloqueada por Aria - Lo tenían bien escondido - las palabras de Totomaru la obligaron a verlo de nuevo - Al principio fue difícil confirmarlo, pero al verse en los vestidores y en el laboratorio hicieron más sencilla la tarea - el joven con cola de caballo volvió a reír de manera chocante - Ahora la pregunta es: ¿Qué le llamó la atención a Gajeel de ti? - el muchacho se volvió a acercar a su rostro mientras ella intentaba controlar su acelerada respiración - Aunque no sabía que tenias tan buen trasero… hasta ayer - la mano de él descendió hasta acariciar el trasero de Levy, la cual impulsivamente se defendió asestando una bofetada sobre la mejilla del chico. Sorprendida por su reacción, observó al muchacho a los ojos, sintiendo un terror abismal al descubrir un brillo peculiar en los oscuros ojos y una sonrisa sádica, causando que retrocediera instintivamente, asustada.
- ¿Qué quieres? - preguntó mientras retrocedía, hasta chocar su cuerpo contra el ventanal del salón, con el miedo latente en todo su cuerpo.
- Si hablas. Grata sorpresa - él volvió a acercarse rápidamente hasta ella al tiempo que se palpaba la mejilla golpeada. La acorraló contra el ventanal y una mesa que estaba a su lado, apoyando la otra mano sobre el vidrio, así evitando que huyera por los lados.
- ¿Sabes por qué Gajeel me odia tanto? – preguntó, apegándose al cuerpo de ella, decidido a ignorar el golpe de la chica por el momento, pero dispuesto a vengarse. Levy colocó ambas manos contra el pecho masculino, intentando apartarlo, aunque fuera un poco, pero el chico tenía más fuerza que ella – Es porque su última puta prefirió mi polla antes que la de él - las grotescas palabras de él se le hicieron conocidas. Fue entonces cuando relacionó aquellas palabras con las notas que había estado recibiendo y sintió su cuerpo a punto de desfallecer. Totomaru acercó su cuerpo de forma tal que no quedó ningún espacio de por medio entre ambos.
- Detente - suplicó la peliazul tratando de escabullirse, siendo detenida por el cuerpo de este, presionándola contra el cristal aun más.
- Tranquila - susurró cerca de su rostro – También te hare gritar como a ella. No te preocupes - dijo al tiempo que acariciaba la nívea mejilla de Levy, mientras esta lo veía aterrada. Sin previo aviso unió sus labios. La peliazul se quejó ante el contacto, pero al chico no le importó. Devoró sus labios al tiempo que sus manos comenzaron a acariciar los redondos senos de la muchacha. Fue entonces que la sintió forcejear con más energía – Maldición – el chico tuvo que apartarse cuando Levy mordió su labio inferior como defensa. Una sonrisa cínica se dibujó en los labios de él cuando saboreó la sangre que surgía de la herida – Así que te gusta rudo - Levy gimió ante el fuerte agarre de él sobre sus muñecas. Sin perder el tiempo, el chico la precipitó contra la mesa que tenia a un lado, posicionándola de forma tal que su pecho quedara sobre la mesa, haciendo que se golpeara fuertemente parte del rostro contra la tabla durante el movimiento brusco – Ya veo cómo conquistaste a la bestia de Gajeel - el chico se carcajeó una vez más, sintiéndose poderoso mientras llevaba ambos brazos de la chica hacia la espalda de esta, aprisionándola con una sola mano sobre sus dos muñecas, inmovilizándola contra la mesa. Cuando Levy sintió cómo el chico levantó su falda con la mano que tenía libre, las lágrimas se acumularon en sus ojos avellana, las cuales recorrieron su rostro cuando este apretó una de sus nalgas.
- D-Detente - rogó la peliazul entre lágrimas mientras intentaba moverse, solamente causando que el chico fortaleciera el agarre lastimando sus muñecas - ¡A-Ayuda! - gritó en última instancia, con el miedo invadiendo cada poro de su piel.
- Puedes gritar todo lo que quieras - Totomaru rio cínicamente, excitado por el grito de la chica – El tercer piso está prácticamente vacío. Entenderás que después de una celebración como la de ayer no todos tienen la suficiente energía para asistir a clases - el chico acarició las piernas de ella, acercando su mano entre sus muslos, haciéndola temblar – Yo tuve una fuerte motivación para venir hoy - arrancó otro grito de la chica pidiendo auxilio cuando apartó la pequeña braga con sus dedos para tocar directamente los pliegues femeninos. Levy lloró con más fuerza mientras continuaba moviéndose sobre la mesa logrando solo lastimarse a sí misma – Ahora quiero que sonrías e intentes disfrutar - Levy no entendió el significado de aquellas palabras, hasta que dirigió su vista nublada por las lágrimas hacia la entrada. Aria se encontraba de pie con un celular frente a él apuntando en su dirección. Entonces sus ojos se abrieron exorbitados y llenos de lágrimas –Conoces a Rogue ¿no es así? - el joven continuó masajeando sus pliegues y haciendo presión sobre su clítoris mientras hablaba – Es un experto en hacer virales videos de este tipo. Podemos ganar algo de dinero juntos… ¿No te parece genial? - Levy se desesperó ante sus palabras e, invadida por una fuerte angustia, se comenzó a mover bruscamente y a agitar sus piernas buscando apartar al desagradable muchacho. Lo escuchó maldecir por lo bajo y aflojar el agarre en sus muñecas, pero antes de que pudiera hacer algo más el chico arremetió contra ella fuertemente, aferrándose nuevamente a sus muñecas de forma brusca mientras que con la otra mano oprimió su cabeza contra la tabla de la mesa, causándole un intenso dolor – Si te sigues moviendo así puede que no disfrutes tanto - la voz de él ya no poseía el falso tono amable que segundos atrás tenía. En ese momento era más como un susurro amenazante.
Cuando Totomaru percibió el cese de movimiento por parte de la peliazul, sonrió. Como muestra de su felicidad, el chico apegó su miembro abultado, aun dentro del pantalón, contra la entrada de ella, mientras sentía cómo los sollozos sacudían con fuerza su pequeño cuerpo, excitándolo aún más. Restregó su miembro sobre la braga de ella y luego simuló embestirla, sin dejar presionar sus muñecas y su cabeza para acallarla.
De un momento a otro el sonido de la puerta abriéndose distrajo su atención de la Mcgarden y se alejó de ella cuando un fuerte golpe recayó sobre Aria, provocando que se desplomase en el piso sin tener oportunidad de defenderse. Totomaru sonrió al ver a Gajeel entrando hecho una furia al salón y cuando pensó en decirle algo, el pelinegro se le abalanzó sin vacilación. Ambos en el piso comenzaron a repartir golpes, siendo Gajeel el que dominara, estando encima del chico de coleta. Levy se reincorporó de la mesa sintiendo un fuerte dolor en su cabeza y brazos. Sin poder detener las lágrimas que nublaban su visión, observó mediamente a los dos chicos en el piso.
De pronto los golpes de Gajeel se hicieron más fuertes y certeros al Totomaru, poco a poco, ir perdiendo fuerzas. Unos cuantos golpes después el joven de cabello mitad negro y mitad plata dejó de defenderse, cayendo inconsciente, pero esto no detuvo a Gajeel. Iracundo, el Redfox continuó golpeándolo una y otra vez sin piedad alguna. Cuando había salido del salón al ser llamado por uno de sus informantes, este le explicó que sus fuentes habían visto a Totomaru en extrañas actitudes cercano a los casilleros de la entrada. Después de procesar la información volvió al salón, donde no vio a la peliazul. Un mal presentimiento se instaló en su pecho cuando se percató de que las cosas de ella aun estaban en su lugar. Le preguntó a varios que se encontraban aun en el salón, interrumpiéndolos en sus actividades, hasta que el profesor le confirmó que la chica había salido del aula acompañada de Aria. Sintiendo la furia emerger de su cuerpo, salió rápidamente en busca de los chicos, sin encontrarlos en la salida, jardines o canchas. Tampoco obtuvo resultados en la biblioteca y salones cercanos, hasta que alguien que se encontraba por el lugar le afirmó haber visto a una chica de cabello azul, acompañada por un muchacho bastante alto, subir al tercer piso. Fue entonces cuando supo que algo estaba realmente mal. Acelerando el paso llegó hasta el salón, en donde estaba seguro que los encontraría. Abrió la puerta, que por suerte no estaba asegurada, y noqueó al primero que tuvo en frente, Aria.
- ¡Ya basta, Gajeel! - la voz de la peliazul lo sacó de su ensimismamiento, deteniendo sus movimientos en el acto, dejando de golpear al ya inconsciente chico de coleta. Alzó su vista hasta Levy que lloraba descontroladamente. Se levantó de encima del otro y se acercó a ella sin saber cómo abordarla.
- ¿Qué te hicieron? - aceptó que ella no le respondería cuando observó como los sollozos se intensificaban, estremeciéndola con fuerza. Tratando de rehuirle a la imagen de la chica, al no saber cómo actuar, miró a su alrededor, notando un celular en el piso, cerca de Aria. Se aproximó y lo levantó, notando que este continuaba grabando lo que parecía ser un video. El puño del Redfox se cerró con fuerza cuando detuvo la grabación y le dio reproducir, observando en la pantalla cómo Totomaru acorralaba a Levy y la reducía rápidamente sobre la mesa, en contra de su voluntad. Continuó viendo las imágenes, absorto, sin percatarse de que el volumen estaba demasiado alto. Maldijo mentalmente cuando apreció al bastardo tocarla íntimamente y a los pocos segundos ella había empezado a gritar y tratar de resistirse con vehemencia.
- Ya basta- la voz ahogada de la chica llamó su atención, entendiendo que era desconsiderado de su parte ver aquello en ese preciso momento. Apagó el aparato y lo guardó en su bolsillo para, posteriormente, sujetar la mano de su compañera y llevarla lejos de ese lugar.
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Llegaron juntos a casa de la chica. Para ese entonces, Levy aun no paraba de llorar, sintiendo sobre sí las asquerosas manos de Totomaru. Gajeel se sintió realmente incómodo al verla sentada en el mueble llorando desconsoladamente y temblando al igual que una hoja, ignorando el agua que le había dejado al frente, sobre la mesa. Sin saber qué más hacer se sentó a su lado y, no estando seguro de lo que hacía, la abrazó.
Levy tembló debido a los sollozos pero, por primera vez desde que llegaron, se sintió segura. Entre los fuertes y poco delicados brazos de Gajeel, disfrutando de su calidez, derramó las últimas lágrimas, dispuesta a detener su llanto. Sus ojos ardían, su cabeza palpitaba del dolor y su garganta se encontraba seca. Sus extremidades y su pecho se siguieron sacudiendo sin poder controlarlo, pero al cabo de unos largos minutos logró impedir el escape de sus lágrimas. Permanecieron un largo tiempo en la misma posición. Gajeel comprobó que había actuado de forma correcta. Poco después Levy se apartó, en busca del vaso de agua que horas antes el pelinegro le ofreció.
Bebió todo el contenido y se sintió más aliviada, pero el insistente dolor de cabeza no la abandonaba.
- Iré por algo para el dolor – anunció la pequeña con voz rasposa, mientras se levantaba lentamente. Levy sonrió débilmente ante la expresión de preocupación que Gajeel mostró, seguramente imaginándose algo más grave – Me duele la cabeza - completó en un susurro, sintiendo que su voz normal no volvía del todo.
Levy buscó medicamento para calmar el punzante dolor y lo ingirió con suficiente agua. Luego, ante la expectante mirada del pelinegro, ingresó al baño, perdiéndose de su campo de visión. A los pocos segundos Gajeel escuchó el sonido de la ducha abrirse y supo que la chica se estaba bañando. Se empezó a preocupar después de media hora en la que Levy no daba señales, hasta que el agua paró y a los pocos minutos ella salió solo con una toalla alrededor de su cuerpo y su cabello goteando por el exceso de agua. Levy entró en su habitación y se colocó ropa cómoda para luego empezar a peinar y secar su cabello con la ayuda de un secador, frente a su espejo.
- Será mejor que descanses - intervino Gajeel ingresando a la habitación y sentándose sobre la cama en dirección a ella. La Mcgarden pasó el cepillo por su cabello un par de veces más. Luego apagó el aparato y se aproximó a la cama, acostándose sobre el mullido colchón, a un lado del pelinegro.
Estuvieron de esa forma durante un rato. Gajeel no sabía si irse o quedarse acompañando a la peliazul. Al final decidiendo quedarse a su lado, buscó el libro que eligió la última vez que estuvo en la casa de la chica, el que obviamente no había terminado, y lo reanudó sentado sobre la cama, cerca de la joven que creía dormida.
Levy intentó conciliar el sueño durante varios minutos, haciéndosele imposible, ya que al apenas cerrar sus ojos volvía a revivir lo sucedido en el salón abandonado. Sentía de forma vivida las manos del chico de coleta sobre su cuerpo, por lo que abría los ojos cada cuanto para cerciorarse de que estuviera en su habitación, con Gajeel como su única compañía. A pesar de que ducharse la había ayudado, aun se sentía asqueada. También sentía que le era imposible quitar el sabor de la boca de Totomaru de sus labios. Lentamente comenzó a sentirse sofocada, volviendo a recordar el incidente y sus ojos se llenaron de lágrimas sin saber cómo deshacerse de aquellos sentires.
- Gajeel - llamó al chico, el cual separó su vista del libro para percatarse que la peliazul estaba a punto de llorar, por lo que se volvió a alarmar.
- ¿Te duele algo más? ¿Quieres ir al hospital? -
- Bésame – Levy, aun acostada, lo miró fijamente intentando no derramar ninguna lagrima. Se sentía como una tonta por pedirle aquello, pero era lo que se le ocurría en ese momento. Gajeel la observó, completamente inmóvil, por unos segundos para luego, saliendo de su estupor, reclinarse hacía ella, alcanzando sus labios en poco tiempo. El contacto fue suave, así quiso que fuera, y lentamente inició el movimiento, saboreando y sintiendo los tersos labios de la chica. Levy correspondió enseguida el beso, imitando los movimientos del chico y acariciando los labios de él con los suyos, sintiendo poco a poco su cuerpo reaccionar ante el sabor del Redfox, sorprendiéndola y avergonzándola. El beso tuvo un efecto relajante en ella. Comenzando a sentir una calidez en sus labios y pecho empezó a olvidar poco a poco la sensación de los desagradables labios de Totomaru.
Deseando que los recuerdos desaparecieran, la Mcgarden profundizó el beso, introduciendo su tímida lengua en la húmeda cavidad del pelinegro, tomándolo por sorpresa, pero rápidamente la imitó gustoso acariciando su tibia lengua. Gajeel comenzó a excitarse con solo el hecho de que ella llevara la iniciativa, incitándolo a hundirse en su boca y tentándolo a comenzar satisfacer sus propios deseos de tocar todo su cuerpo, pero se prohibió mentalmente hacerlo. No quería alterarla más de lo que ya estaba.
En cambio Levy tenía otros planes. Quería que Gajeel la tocara y le hiciera olvidar las repugnantes manos que la habían recorrido, pero ya se sentía lo suficiente avergonzada como para pedírselo. Y en vez de hacerlo decidió manifestar su deseo. Temblorosa e insegura, guio sus manos al pecho de Gajeel, mientras sus lenguas seguían unidas en una danza seductora, y comenzó a desabotonar la camisa de este de forma ágil. El pelinegro la dejó hacerlo, intentando adivinar sus intenciones y no queriendo adelantarse a ningún hecho.
El chico tembló imperceptiblemente cuando sintió las pequeñas manos de ella sobre su pecho, cálidas y delicadas. Estas fueron descendiendo lenta y tortuosamente hasta parar en su abdomen, palpándolo y delineándolo minuciosamente. Levy, por su lado, experimentaba nuevas sensaciones al, por primera vez, percibir la dureza del abdomen del chico y detallar la textura de su bronceada piel. Sintiéndolo agradable al tacto, intentó palparlo para grabar la sensación en sus dedos.
El cosquilleo incesante en el abdomen del chico lo obligó a separarse de los labios de ella para observarla fijamente, volviendo a notar sus ojos avellana humedecidos por las lágrimas, pero poseedores de cierto brillo que bien conocía ya.
- ¿Estás segura de querer hacerlo? - su voz salió ronca sin notarlo, pero se encontraba bastante excitado en ese momento con ella jugando entre su pecho. Sintió que su corazón latió desbocado cuando ella, ruborizada, asintió con la cabeza. Sin perder tiempo, dándole pase libre a sus deseos, se posicionó encima de Levy. Haciendo espacio entre sus muslos y, antes de volver a besarla, le susurró – Te hare olvidar todo - luego la besó hasta dejarla sin aliento.
Ansiosos de sentirse, ambos se deshicieron de la molesta ropa que evitaba el contacto directo para posteriormente proporcionarse caricias por igual. Levy se extasió recorriendo con sus manos la amplia y musculosa espalda de Gajeel, detallando con las yemas de los dedos sus hombros, sus omóplatos y su columna, al tiempo que él devoraba su cuello dejando pequeñas marcas. La peliazul continuó su recorrido por el cuerpo de Gajeel, descendiendo hasta su trasero. Avergonzada, pero sintiéndose osada, lo estrujó con fuerza, consiguiendo un gemido ronco de parte de él. La caricia de la chica provocó que el pelinegro hiciera su pelvis hacia adelante, rozando su pene contra la intimidad de ella, produciendo un escalofrío en la joven.
El Redfox notaba el comportamiento atrevido de la chica y aquello lo excitaba, a tal extremo que quería poseerla con fuerza en ese preciso momento, pero a la vez quería que ella lo siguiera tanteando como lo estaba haciendo, encendiendo cada partícula de su ser como ninguna otra mujer lo había logrado. Sin embargo, no pudo controlarse más cuando la peliazul mordió tímidamente su cuello, logrando desatar una fuerte lujuria en él. Entonces, sin esperar más posicionó la punta de su pene en la estrecha entrada de ella para luego penetrarla de forma necesitada.
Levy gimió de placer al sentirlo adentro y, cuando las embestidas iniciaron, los jadeos fueron en aumento. Su mente poco a poco se fue nublando por el placer, hasta el punto en el que solo existían Gajeel y ella en ese momento. El chico se continuó moviendo dentro de ella, experimentando la calidez y estrechez de su interior que lo invitaban a disfrutar.
Entre el vaivén de caderas se besaron repetidas veces, transmitiendo su necesidad y deseo. Levy continuó masajeando el trasero masculino, excitándolo aun más sin saberlo, mientras desfrutaba de sus estocadas profundas y certeras. Al cabo de unos minutos, la Mcgarden se sentía al borde del colapso, al su cuerpo no poder contener más placer. Se dejó llevar, deleitándose con los diversos sentires que el orgasmo producía en todo su ser.
Gajeel también acabó vertiendo su semilla dentro de ella al sentir cómo las paredes vaginales lo abrazaban con vehemencia mientras la peliazul vivía su propio orgasmo.
Sintiéndose con pocas fuerzas, el Redfox se dejó caer a un lado de Levy para no aplastarla con su peso y la sorpresa lo invadió cuando ella se acurrucó cerca de su pecho sin decir palabras, pero con un tierno sonrojo adornando sus mejillas. Hipnotizado, la observó hasta que la respiración de la chica se hizo lenta y suave, indicándole que el sueño le había ganado. Sintiéndose extrañamente a gusto en esa posición y disfrutando de la última vista, el chico también cerró los ojos y se dejó llevar de igual forma que ella había hecho, disfrutando de su calor y compañía.
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Gajeel abrió los ojos lentamente, notando que la noche había quedado atrás y un nuevo día había dado inicio. Permaneció un tiempo mirando el techo, el cual sabía no pertenecía a su hogar. Unos minutos después enfrentó el rostro de la peliazul. Levy aun se encontraba plácidamente dormida, por lo que la detalló sin prisa, deteniéndose en sus largas pestañas y luego en sus rosáceos labios entreabiertos. El latir de su corazón se aceleró, molestándolo en demasía, pero no apartó la vista de la durmiente chica. La Mcgarden ignoraba completamente la mirada del pelinegro, el cual se encontraba delineando sus facciones con los ojos mientras hacía caso omiso al deseo de querer tocarla, sin ánimos de despertarla, aceptando para sí que se sentía cómodo a su lado, disfrutando de su presencia.
Sintiéndose estúpido, desvió la vista hacia el lado contrario en un intento por controlar sus emociones. Sin embargo, no se apartó ni un centímetro de ella. Se negaba a sí mismo volver a pensar lo que había pensado y no quería sentir lo que estaba sintiendo.
De pronto el sonido del teléfono local, que se encontraba en la sala, lo sacó de su ensimismamiento. Al segundo resonar los ojos avellana de la chica se abrieron de golpe y de nuevo el sonido del aparato la instó a levantarse de su sitio. Tomó un vestido de pijama para cubrir su desnudez y salió del cuarto en dirección al teléfono, sin decir palabra. Gajeel, sintiéndose frustrado se puso de pie y colocó su bóxer como única prenda de vestir para luego salir también de la habitación en dirección al baño.
- Lo olvidé, Lu-chan - el chico logró escuchar las palabras de Levy que iban dirigidas a la persona al otro lado de la línea – Te lo compensaré - a pesar de la curiosidad, continuó su camino hasta entrar al baño, en donde arregló un poco su enmarañado cabello, se lavó el rostro y la boca. Para cuando acabó, Levy se encontraba frente a la puerta esperando que desocupara el baño, con sus ojos adormilados y su cabello alborotado, dándole un aire de inocencia.
Sin pronunciar palabra, Gajeel le cedió lugar en el baño saliendo de este para luego dirigirse a la cocina, dispuesto a preparar algo para los dos. Tomó un poco de agua y, posteriormente, comenzó a batir algunos huevos. Al poco tiempo, Levy apareció por la cocina, viéndose más despejada al haber lavado su rostro y cepillado sus dientes.
La joven buscó un poco de agua y la bebió en silencio, observando al pelinegro con las mejillas sonrojadas. Gajeel estaba solo en ropa interior cocinando. Aquella era una imagen que no se le hacía nada desagradable.
Por su lado, el Redfox notó que ella lo observaba disimuladamente por lo que, viéndola de reojo, sonrió. Dejando de hacer lo que estaba haciendo se giró en su dirección enfrentándola. La observó de arriba abajo, detallando cada costura de la pequeña pijama que dejaba ver sus torneadas piernas, sabiendo que debajo de esa prenda no había nada más de por medio.
- ¿Q-Que tanto miras? - Levy se sintió intimidada con la insistente mirada rojiza encima de ella, por lo que intentó hacer que la apartara.
- A ti - Gajeel se acercó a la enrojecida chica y la tomó por la cintura. Antes de que ella pudiera reclamar la besó posesivamente. Levy se resistió por un segundo, pero luego correspondió el beso casi con la misma intensidad. El pelinegro aun no admitía el poder que la Mcgarden tenía sobre él. La capacidad que tenia de hacerlo sucumbir ante su cuerpo era algo que no lograba comprender.
- Gajeel… Espera - gimió la chica cuando el muchacho tomó sus senos entre las manos y los comenzó a acariciar – No estoy de humor - Levy sentía que estaba cruzando una peligrosa línea entre el deseo y el afecto.
- ¿Segura? - Gajeel dirigió sus labios hacia los senos de ella, besándolos por sobre la tela. Humedeciendo el pijama con su saliva, logró dejar al descubierto los acentuados pezones de la peliazul, ya erectos, arrancándole varios gemidos – Porque yo estoy de muy buen humor - dijo mientras se enderezaba y devoraba con la mirada. Al mismo tiempo, sujetó la mano de ella y la dirigió hacia su virilidad, por sobre su ropa interior. Levy se sonrojó al palpar el erecto pene del chico y a la vez sintiendo que sus deseos afloraban.
Avergonzada y dubitativa introdujo su mano dentro del bóxer para liberar el imponente miembro. Gajeel no se movió, disfrutando de los momentos de osadía de la chica. Se percató de cómo ella observaba su pene por unos largos segundos para luego encerrarlo entre su mano, sin hacer demasiada presión, y comenzaba a masturbarlo.
Levy sintió cada parte del miembro masculino debajo de su palma mientras se deleitaba con los jadeos del chico, excitándose a cada segundo. Gajeel poseyó sus labios nuevamente sin que ella dejara de proporcionarle placer, pero en cuestión de segundos el pelinegro se separó de la peliazul. Haciéndola girar sobre si, la instó a recostar su pecho sobre la encimera a un lado de la cocina y levantó su pijama a la altura de la cintura, dejando al descubierto su intimidad. Deslizando sus dedos sobre los pliegues femeninos corroboró que se encontraba perfectamente lubricada, resultado de la excitación, por lo que sonrió complacido. Acercando su cuerpo, hizo contacto con su pene en la entrada de la vagina, sintiendo como ella se tensó ligeramente, esperando la penetración, la cual nunca llegó. Gajeel acarició su entrada con la punta de su miembro, pero nunca lo introdujo. Deslizaba el pene entre sus pliegues, estimulando su clítoris con el mismo, haciéndola sentir aun más deseosa.
- Gajeel, deja de jugar - suplicó una sonrojada peliazul al tiempo que se apoyaba más de la encimera y se colocaba de puntillas para que sus caderas alcanzaran el mismo nivel que las del Redfox, buscando acelerar la unión de ambos.
- Qué extraño - mencionó de forma divertida el chico con una sonrisa en los labios, notando las acciones de ella y excitándose aún más – Pensé que no estabas de humor, Enana- rio de forma peculiar cuando la chica intentó verlo con mirada asesina desde su posición.
- Redfox, te voy a mat… mmm - Levy se calló cuando Gajeel la penetró sin aviso, provocándole placenteros escalofríos. Se mantuvo quieta unos segundos hasta notar que el chico no se movería para seguir molestándola. Entonces, inconscientemente, sus caderas femeninas guiadas por la necesidad de sentirlo mejor, se comenzaron a mover. Ahí parada, apoyando la mitad de su cuerpo sobre la encimera de la cocina y de puntillas, Levy inició el movimiento de caderas más erótico y exquisito que el pelinegro en su vida había experimentado. Gajeel, completamente obnubilado, solo atinó a masajear el trasero de la chica. Cuando sintió que necesitaba poseerla con más fuerza salió de ella. Haciendo caso omiso de los quejidos que profirió la chica por retirarse, la volteó nuevamente, volviendo a tenerla frente a frente. Sin perder el tiempo, la tomó por la cintura e impulsó, sentándola sobre la encimera, para luego volver a penetrarla, profiriendo un fuerte gruñido al hacerlo.
Levy se abrazó del cuerpo masculino, rodeándolo con sus piernas y sus brazos, y comenzó a disfrutar del ritmo rápido de las embestidas, dejando escapar uno que otro gemido de placer. Gajeel también la abrazó, sintiéndola suya mientras la penetraba repetidas veces, estando cada vez más cercanos al éxtasis. La Mcgarden se apegó a él cuando lo sintió tensarse para luego experimentar los repetidos espasmos de su pene al eyacular dentro de ella, ocasionándole un morboso placer, el cual la empujó a su propio orgasmo.
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Gajeel se marchó de la casa de Levy unas horas después, al necesitar ropa y demás artículos de uso personal. Ella lo despidió, asegurándole que estaría la excusa de que estaría con su amiga animó al Redfox a partir.
Disfrutando de su buen humor, el pelinegro llegó a su hogar aseándose y arreglando un par de cosas para luego adelantar la investigación sobre el posible paradero de su padre. Por primera vez, en su mente se instaló la idea de que no estaba solo. Levy era su única confidente con respecto a lo de su padre y él estaba siendo el apoyo de ella en estos difíciles momentos. Tal vez no eran las mejores circunstancias las cuales los estaba uniendo, pero eso sentía. Se sentía más unido a la peliazul, aunque le costara aceptarlo.
En la noche sintió la necesidad de marcarle a la Mcgarden, deshaciéndose de la idea repetidas veces, convenciéndose a sí mismo de que era mejor no hostigar a la chica y más sabiendo que ella estaba bien. Trató de convencerse de aquello para no sentirse más imbécil de lo que ya se sentía.
De esa misma forma pasó el domingo hasta llegar el lunes, un nuevo inicio de semana en el que ya no podía ocultar la ansiedad por saber de la joven. Se arregló y partió a Phantom Lord un poco más temprano de lo usual. Una vez en el instituto esperó, junto a algunos de sus amigos, en el área de bicicletas, a que fueran llegando todos los estudiantes. Ya casi a la hora de que tocara la campana de inicio, se dirigió al salón, notando en primera instancia que ni el imbécil de Totomaru ni de Aria se encontraban en el lugar. De ellos se encargaría luego, al tener planeado denunciarles con Porla hasta conseguir que los echaran.
Al detallar un poco mejor el salón, le extrañó ver el lugar de la peliazul vacío, sin ninguna pertenencia en el que demostrara que ella había llegado.
Sintiéndose inquieto durante todo el día esperó que culminaran las clases, con el presentimiento de que la chica llegaría con una mala excusa por faltar, situación que no sucedió. Al terminar la jornada, se levantó saliendo del lugar, dispuesto a ir a casa de la Mcgarden a investigar qué había sucedido con ella, pues no era normal que después de no haber faltado ni una vez ahora lo hiciera. Cuando llegó al hogar de Levy nadie contestó su llamado a la puerta, haciéndolo enojar. Insistió un largo rato hasta que percibió la mirada de los vecinos sobre él, por lo que decidió marcharse por el momento.
Al llegar a su hogar intentó llamar a la chica, escuchando el contestar de la operadora indicando que el celular se encontraba apagado. Maldijo un par de veces hasta calmarse, pero sin poder deshacerse la inquietud que invadía su pecho.
Al día siguiente el malestar aumentó al volverse ausentar la pequeña peliazul. Algunos profesores comenzaban a publicar las calificaciones de los exámenes, siendo Levy la dueña del primer lugar con una nota perfecta. Entonces Gajeel estuvo seguro de que ella no faltaría por gusto. Resuelto a saber dónde estaba la muchacha, al culminar las actividades del día, se dirigió a la oficina del director y, sin llamar a la puerta, ingresó a la estancia.
- Porla, necesito un favor – demandó, mientras se sentaba frente al hombre de graciosas cejas.
- ¿Qué quieres ahora, Gajeel? - preguntó el hombre de forma extrañamente amable mientras entrelazaba sus dedos sobre el escritorio, pareciendo interesado en el chico a su frente.
- Levy Mcgarden… - Gajeel pensó bien en cómo articular su pregunta para no demostrar demasiado interés en la chica - ¿Ha notificado la razón de su ausencia? - el pelinegro notó la mirada pensativa del hombre. Porla se recostó en el espaldar de su silla mientras revisaba una de sus gavetas, sacando de esta una carpeta.
- Mcgarden - repitió de forma descuidada hasta que encontró la planilla que buscaba – Ayer vino su abogado, anunciando que la señorita Mcgarden se retira antes de lo previsto debido a un viaje de emergencia - notificó el mayor mientras detallaba la pequeña foto de la chica grapada en la hoja entre sus manos – No hubo problemas debido a que culminó sus exámenes con éxito y su excelente record se lo permite. Además de entregar un justificativo - Gajeel no daba crédito a las palabras que escuchaba. Había acudido a Porla esperando cualquier otra cosa menos la que estaba escuchando – También hizo entrega de las asignaciones que estaban pendientes - el hombre puso sobre el escritorio varias carpetas con trabajos en su interior, acercándoselas al pelinegro, el cual hizo caso omiso a estas – Creo que no verás a la señorita Mcgarden sino hasta el comienzo del próximo periodo escolar - el hombre de cabello carmesí finiquitó el suministro de información con una sonrisa retorcida. Gajeel se levantó de su lugar y salió sin mencionar palabra.
Una vez estuvo lejos de la oficina y saliendo de la impresión, se sintió apesadumbrado y sin saber qué hacer con el torbellino de emociones que se desarrollaba en su interior. Golpeó la pared con fuerza, haciéndose daño de paso, y maldijo en voz alta. Se maldijo a sí mismo, maldijo a Levy y maldijo al universo que jugaba con él como le venía en gana.
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Levy siempre tuvo algo en claro desde que llegó a Phantom Lord y era intentar olvidar su estadía en dicho lugar. Había trazado un plan desde hacía meses y el incidente con Totomaru solo lo había adelantado.
El día viernes, después de lo sucedido con el chico de coleta, mientras Gajeel estaba en su sala, ella entró al baño y llamó a su abogado pidiéndole, o casi obligándolo, que fuera el lunes a primera hora a Phantom Lord a anunciar su retiro antes de tiempo, dejándole a cargo la justificación que mejor le pareciese. Había calculado y, si su abogado hacia las cosas como ella pidió, su histórico permanecería intacto y su ingreso a Fairy Tail sería un hecho.
El domingo a primera hora tomó un tren hacia un lugar que la mantendría lejos el tiempo suficiente hasta su ingreso a Fairy Tail. Apagó su móvil, dispuesta a comprar otra línea una vez llegara a su destino, decidida totalmente a olvidar todo lo que le recordara a aquel fatídico lugar. El plan original era culminar el año escolar en Phantom Lord con normalidad y luego mudarse a casa de su mejor amiga, dejando atrás todos los malos recuerdos. Ya todo estaba hablado, pero no contó un factor importante dentro de su plan, Gajeel.
Gajeel y su cambio de comportamiento para con ella solo provocó confusión y debate consigo misma. A pesar de que empezó a sentirse cómoda y segura ante su presencia y hasta llegó a disfrutar de su calor, terminó huyendo de él, de su recuerdo y de aquella relación extraña que habían formado con el tiempo, la cual la desconcertaba continuamente. Se sentía una cobarde por huir de todo, pero también se sentía valiente al, a pesar de todo, pensar primero en ella. Por eso se iba, para olvidar todo lo negativo de su pasado y empezar de cero su nueva vida, una nueva etapa. Aunque no pudiera borrar del todo la huella que dejó esa etapa en ella, se alejaba para intentarlo.
Sin embargo, no contó con el cumulo de sentimientos que la invadió cuando el tren partió. Gruesas lágrimas recorrieron su rostro en contra de su voluntad y los sollozos no se hicieron esperar. Algo entre Gajeel y ella había cambiado a pesar de la forma en la que se conocieron, bien lo sabía, pero no podía permanecer en un lugar que solo le traía desdicha.
Dándose fuerzas a sí misma, se convenció de que hacia lo correcto. A pesar de que le doliera, necesitaba unir su fragmentada alma. Necesitaba curar su mente y su cuerpo. Olvidar a Rogue, Aria, Totomaru y a Gajeel. Se enfocaría nuevamente en seguir su sueño hasta cumplirlo. Buscaría sentirse completa antes que todo y antes que nadie.
Su sueño era Fairy Tail y lo alcanzaría.
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_FIN_
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PESADILLA EN PHANTOM LORD TIENE CONTINUACIÓN LLAMADA SUEÑO EN FAIRY TAIL. NO TE LA PIERDAS.
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Hola a todos.
Después de tanto tiempo les traigo el final de este arco. Lo sé, tal vez no se esperaban que culminara en estos momentos, pero así es como tenía que ser.
Disculpen la tardanza para este nuevo capítulo, pero comencé a trabajar redactando artículos sobre temas variados y he llegado a tener que escribir hasta 15.000 palabras diarias. Ya se podrán imaginar las ganas que me quedaban de seguir escribiendo.
Sin embargo, a pesar de todo no quería dejar la historia inconclusa y por ello he vuelto a la vida.
Obviamente quiero saber que les ha parecido el capítulo como tal y el final que ha tenido. Yo sé que muchos esperaban ver el desarrollo romántico de la pareja, por esa razón le voy a dar continuación, pero en otro arco llamado "Sueño en Fairy Tail", el cual, por si no lo habían notado, ya cuenta con un prólogo publicado.
Los invito a pasarse por allá y comentarme sus impresiones y expectativas. Con este final ya termina la Pesadilla en Phantom Lord, por lo que hasta aquí nos leeremos.
Espero que la historia les dé un respiro en estos tiempos de cuarentena. Les mando un saludo, un fuerte abrazo y recuerden cuidarse en todo momento.
Gracias especiales a los que apoyaron la historia continuamente y se tomaron el tiempo de dejar sus opiniones, las cuales aprecio mucho y me incitan a continuar.
Curuxa
trienniagala
Beauty Little Star
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MacJardin
Saknicte
BianWW
Gajevy
Axexalesana
Sofihikarichan
isa2106
