N/A: Saludos, criaturas del inframundo. He vuelto, he vuelto con la protagonista ISFP, llorona, self absorbed, impulsiva, indecisa, cara de culo, 20% inteligencia 80% emociones, triste remedo de Eren Jäger y comadre de Sasuke Uchiha xD Así es, mi OC favorito. ¿Cuál es la razón para enumerar todo lo anterior? Que han contado como motivos para no rendirme con esta niña y con esta historia. Verán, yo siempre quise escribir mi versión en femenino del personaje emo vengador y del protagonista llorón (Sasuke y Eren en uno solo, pa' pronto). La cosa es que algunas veces Kallian me cae mal xD (porque a mí no me suelen fascinar los personajes emo vengadores hombres) y yo sé que el prota medio estúpido que llora y todo lo ve como camino cuesta arriba no es tan fácil de amar (protagonistas INFP y ISFP lo comprueban). Pero la cosa es que ese es exactamente el tipo de personaje que quiero como protagonista. Es una situación complicada. Hubo un tiempo en el que su actitud me incomodaba tanto que quise hacerla un poco menos...ella. No en el sentido de evolucionar, sino de hacer surgir de ella valores que no aplican, habilidades que simplemente no con congruentes con su construcción como personaje.
También porque Kallian no va a dejar de ser Kallian pronto. Voy a menos de un tercio de todo lo que quiero contar sobre ella y de aquí a la Tabris que razona más de lo que siente, hay un largooooo camino. Muy largo. Muchísimo. Kallie no es una prota del tipo brillante, genuinamente interesada en otros sino están en su círculo interno, sensata, cool, mesurada, a quien todo lo que le debe salir bien, le sale bien; si no es Rodrigo Díaz de Vivar jajajaja Es más bien lo contrario. De hecho, muy pronto vamos a perder el pov de Kallian por una larga temporada y vamos a dejar que otro perdedor tome su lugar (?.
Y por último, esta nota hiper larga también es porque en este capítulo Kallian hace una de las suyas y se la hace a un personaje que todos queremos xd
Sin más, y si a pesar de todo eso, no han perdido el ánimo de leer, bienvenidos de vuelta.
Música: Into eternity - BS de Thor: The Dark World.
Lujuria
II
En la historia que preservan acerca de su primera patria, Arlathan, los elfos hablan de un tiempo en que su pueblo vivía vidas sobrenaturales, de incontables años. La vejez no menguaba su salud ni mermaba su energía del mismo modo que en los humanos. Sin embargo, aún los antiguos elfos no eran inmunes al efecto del tiempo. Ni la roca más dura resiste entera el azote del mar y la fuerza de los vientos. Los años se acumulan en los recuerdos, cada uno más pesado que el anterior y mientras muchos son buenos, la memoria tiende a rescatar la angustia y el dolor como uno de los métodos más primitivos de supervivencia. Se dice —Fiona ha leído, porque en realidad no conoce a muchos dalishanos— que los elfos de Arlathan se recostaban a dormir cuando la carga del tiempo ya no permitía avanzar.
Se le llenan los ojos de lágrimas después de que ha empezado a hiperventilar. El iris ambarino que le devuelve la mirada, ignorante de lo que ocurre a su alrededor, brilla como un haz de luz a través de las espesas nubes. Alistair es tan pequeño, tan delicado que Fiona cree que podría romperse si lo suelta para permitir que otros brazos lo sostengan.
—Fiona…
—Duncan, no —solloza, mirando a su hijo parpadear. Recién ha comido y está adormilado—. Por favor.
Alza la cara, dispuesta a suplicar. El rostro de Duncan mantiene una seriedad que acaso intente darle fuerza, pero en la oscuridad de sus ojos hay un atisbo de compasión.
—Maric es un buen hombre, cuidará de él.
Fiona gime, aprieta los párpados y sacude la cabeza, apenas aguantando el impulso de cubrirse las orejas. Su hijo debería permanecer con ella, tendría que verlo crecer porque es su madre.
Pero no puede. Ella ha sido una guarda gris y morirá siendo una maga. Fiona es una elfa. Tantos impedimentos hay entre ella y la maternidad. El pequeño que acuna en brazos, frágil y risueño, el que siente que puede romperse si no lo sostiene… en realidad está mejor lejos de ella. Su padre es un rey y, si Duncan tiene un poco de razón, un buen hombre. A donde va ahora, su hijo tendrá mejor suerte que cualquiera que ella puede brindarle.
Respira agitada mientras se inclina para besar la frente de Alistair, con labios temblorosos igual que sus manos. Cierra con fuerza los ojos, sintiendo que se ahoga en llanto, que la respiración va a fallarle en cualquier momento o que va a desvanecerse.
Los brazos de Duncan sustituyen los suyos y pronto el contacto se rompe. Fiona no abre los ojos de nuevo, hasta que oye la puerta cerrarse una vez más y se sabe sola en aquella habitación.
—No —musita su ruego, apretando los puños y negando con la cabeza—. Duncan, regresa. No te lo lleves, por favor. ¡No te lo lleves! —Las rodillas le fallan al intentar avanzar hacia la puerta y su cuerpo encuentra el suelo, donde, tras un momento de lucha consigo misma, se recuesta, y se hace un ovillo—. Regresen, regresen, regresen…
Se le apaga la voz un instante. Se sume más en estas sensaciones desagradables. Empieza a gritar. Suplica que le regresen a su hijo hasta que la garganta no puede emitir un sonido más. Fiona recuerda los momentos dolorosos de su vida, pero todo lo eclipsa esta separación. Cierra los ojos, demasiado débil todavía para intentar ponerse de pie.
Los dalishanos cuentan historias sobre la vieja Arlathan, donde la vida de los elfos era eterna y valía mucho más que ahora, pero en la que, de cualquier manera, la gente se recostaba a dormir cuando los años y los recuerdos eran más de lo que alguien es capaz de soportar. A Fiona le parece que ha vivido la eternidad misma y espera no tener que despertar otra vez.
—¿Te lo pregunto o no te lo pregunto?
—¿El qué?
Cuando Kallian se apartó del grupo, nada más volver del bosque, y le comunicó a Theo que debía intentar tener una audiencia con el rey, el mago alzó una ceja y bufó con desdén para, acto seguido, girar la cabeza y ordenarle a él acompañarla. Kallian aceptó la escolta con un asentimiento nada más y él caminó de prisa junto a ella, hasta que la intriga aventajó su respeto por la privacidad de aquella que desde el comienzo le pareció demasiado hermética.
—¿Por qué quieres hablar con el rey?
Preocupado, Alistair la ve detenerse de golpe. Con la mirada clavada en el suelo primero, escogiendo las palabras, Kallian titubea. Separa los labios, levanta la cara y lo que parece querer decir muere en su garganta. Cierra la boca, dedicándole una sonrisa de labios apretados que si algo hace es avivar la preocupación del guarda. Tal vez, si la viera sonreír más seguido, sería menos alarmante.
—Es una historia muy larga —dice con suavidad—. Me gustaría poder contarte todo, pero…
La elfa pone las manos sobre su espalda, nerviosa. Una de las cejas de Alistair se curva con ánimo interrogante.
—¿En verdad no…? —comienza su pregunta, pero el movimiento de cabeza con el que Kallian niega deja el resto en el aire.
Se siente observado con suma fijeza, de pronto a él le da miedo alzar la vista y encontrarse con sus ojos. Kallian tarda un rato en hablar de nuevo, pero no hace amago de retomar el camino tampoco. Mientras pasa el tiempo, un presentimiento arraiga en el interior del joven guarda, rasgando sus pensamientos en el camino hacia el exterior.
¿Qué es lo que ha preguntado? ¿Qué saber podría estar a punto de descubrir con su repentina insistencia?
—Es muy importante que lo entiendas todo. —Las evasivas miradas finalmente se encuentran.
La expresión en blanco que ostenta el guarda no es por falta de emociones. Más bien, es que hay tantas en una confusión que no puede empezar a desenmarañar. De nuevo, la intuición, la premonición que le encoge el estómago es como el prólogo de una mala noticia. En su desconcierto, no atina a hacer más que escudriñar el rostro femenino: allí solo hay solemnidad y cansancio. Los ojos grises parecen haber visto pasar mil años ya.
—¿Por qué? —El muchacho frunce el ceño.
Una pregunta que no obtiene respuesta inmediata, pero Kallian no deja de mirarlo a los ojos, lo hace sentir vulnerable, si bien entrevé la forma en que ella ha quedado expuesta ante él también, que ella ha descorrido un velo y ahora está frente a la auténtica Kallian.
Y le da miedo.
—Todo esto —señala con un gesto la totalidad del campamento— involucra más que vencer a los engendros tenebrosos. El peligro viene de todas partes, de lugares de los que no tendría que venir… Alistair —Su nombre es pronunciado con claridad, pero también con una severidad que no tuvo hasta entonces al ser pronunciado de los labios de esta elfa—… Nadie parece querer decírtelo hasta que sea imprescindible, pero ¿cómo atrevernos a cargar sobre ti un peso del que nadie dice nada y luego esperar que hagas lo que queremos que hagas? Han… Hemos sido crueles contigo.
—¿De qué hablas, Kallian?
La elfa deja escapar el aire y aspira, probablemente reuniendo coraje y dando forma a su discurso.
—Vamos a luchar en Ostagar y se librarán muchas batallas después, lejos de aquí. Sin embargo, todas habrán sido en vano si no estás tú al final. Alistair, debes llegar al final y salvar a Ferelden.
Cree que ha escuchado mal, que las palabras han resbalado erróneamente de los labios élficos y a él han llegado deformadas. Piensa que se ha perdido, que no sigue las pistas que ella le ha ido dejando. No obstante, también tiene la impresión contraria: que muchas cosas que eran inexplicables, ahora tienen un sitio claro en el entramado.
—¿Yo?
—La Ruina necesita a un guarda gris y Ferelden necesita a un rey. Tú ya eres lo primero.
Su corazón da un salto en cuanto comprende, tras unos instantes de vertiginosa confusión. Antes de que cualquier otra reacción se apodere de él, Kallian se apresura a poner el puño sobre su pecho, tratando de llamar su atención de vuelta a ella, porque su atribulada mente está a punto de naufragar en la posibilidad que le está presentando, en un hecho temible, aborrecible.
—C-Cailan…
—No quiero decirte lo que sé que estás pensando, no quiero herirte de esa manera también, Alistair. Sé que hay mucho que asimilar y soy la peor persona para decírtelo —habla casi con severidad. Sin embargo, su semblante se suaviza un instante después—. En cambio, puedo jurarte que estaré allí para hacer cada segundo de su vida valer. Voy a protegerlo hasta mi último aliento. No es un buen consuelo, pero es lo único que puedo darte además de un consejo. —Kallian guarda silencio y extiende los dedos de la mano que tiene sobre el peto de la armadura, apoyando la palma abierta. Parece tomar valor al inhalar y regresar los grises ojos al rostro descompuesto de Alistair—: Eres diferente a todos nosotros, por eso tú puedes hacerlo y nosotros no. Si pasas este deber a alguien más, ese alguien fallará. Tienes un largo camino por delante y no estarás solo, te lo prometo. Alistair, no permitas que el mundo te venza… —Su voz pierde fuerza y se quiebra al final. La chica que antes era como el acero, ahora es hielo que se derrite, endeble, frágil y perecedera—. Muy pronto, la totalidad de la verdad te será dada. No puedo ser yo quien la desvele por completo, la verdad nunca ha sido mi fuerte y tú no estás listo, hay otras cosas que necesitas entender antes. Ruego al Hacedor que el dolor no te ciegue, que seas flexible, pero determinado. Sé que en lo eres —se corrige. Acto seguido, se aparta, irguiéndose y restaurando la mesura de su expresión—. Cumpliré mi promesa de unirme a los guardas grises. No solo porque en el valle la inmunidad y poder percibirlos será útil, sino porque se lo prometí a Duncan, porque es lo correcto. Lo haré porque así lo quiero.
De un momento a otro, un golpe más le es dado y esta vez apenas tiene fuerza para soportarlo sin estallar.
—¿Qué pasará con él?
Kallian aprieta los labios y sacude la cabeza.
—No estoy segura —responde Kallian con franqueza.
—Lo perderé también, ¿no es así? —Inquiere al borde del horror—. ¿Qué es todo esto? ¿De dónde han salido todos estos planes? ¿Quiénes lo han dispuesto así?... Hacedor… Tú tampoco vas a volver.
—Nuestro papel termina aquí. —Mira a Alistair con tristeza, aproximándose un paso para ponerle una mano sobre el hombro esta vez. Ha de ser la claridad en medio de la tormenta, se lo debe luego de obligarlo a escuchar esto—. No tenemos nada más que ofrecerle al juego. Tú, en cambio, tienes la capacidad de moverte como otras piezas no hemos soñado siquiera. Haz tu mejor jugada y gana, Alistair. Ferelden te necesita… El mundo te necesita.
Ella no permite que aparte el rostro. Se queda quieta en aquella posición hasta que está segura de que la primera oleada de angustia ha pasado. Su expresión es de piedad, fraternal e incluso, a Alistair se le llega a ocurrir, es como si en él estuviese viendo a algún fantasma. A sí misma, a otros, él no lo sabe. No puede concentrarse del todo, el funesto destino consume sus pensamientos como el fuego al papel.
—Gracias —dice ella, retirándose un paso, su voz estrangulada por la emoción.
—¿Por qué?
—He comprendido algo que creía injustificable. Ojalá pudiera hacer más por ti a cambio.
—Llévame con ustedes —pide con un chispazo de esperanza reflejado en sus pupilas—. Esto no está bien. Soy un guarda gris, debo estar con ustedes.
Los ojos de la elfa se clavan en el piso y él ve morir su esperanza con aquel gesto involuntario.
—Nada de esto está bien, por eso no puedo llevarte con nosotros. Duncan te quiere demasiado como para forzarte a tomar esta decisión, así que él la tomará por ti. No dilapides lo que te está obsequiando o podrías arrepentirte después. Yo… lo siento, por todo. Te juro que estoy haciendo mi mejor esfuerzo por arreglar lo que hice mal… Cuando sepas toda la verdad, Alistair… Ten piedad de mi recuerdo.
Se desliza por un costado de la estantería, hasta que sus pies tocan el suelo. En puntillas, camina hacia la salida con el libro en mano, vigilando desde cada esquina con el fin de evadir a los humanos. La biblioteca es un recinto silencioso en el que los viejos y las sacerdotisas se reúnen; tiene un olor distintivo y es acogedora, lo cual explica por qué suele pillar a esos hombres tomando la siesta entre los libreros o sobre las mesas.
Kallian se las apaña para salir de la biblioteca sin problemas y al dar vuelta en el siguiente pasillo, echa a correr en dirección al patio. Entusiasmada, extrae el tomo de entre su ropa, pensando que Anora va a regañarla, pero que al final accederá. La pequeña aún no ha aprendido a leer y tampoco es que tenga mucho interés. Está segura de que si fuese ella quien leyera directamente las historias dentro de esos libros, no le parecían la mitad de interesantes que son cuando las lee Anora.
No obstante, su entusiasmo se convierte en horror. Al cruzar la galería se da cuenta de que la hija del teyrn no está sola, Cailan Theirin está de pie frente a ella, hablando animadamente. Kallian empieza a desandar los pasos que le han llevado al patio.
Por casualidad, el joven príncipe gira la cabeza y así encuentran miradas. Cailan sonríe, es un dechado de carisma. La elfilla, por su parte, abraza el libro con fuerza, privada de cualquier otra reacción durante unos momentos. Al final, agacha la mirada y retrocede. Cuando se sabe fuera de la vista del príncipe, Kallian echa a correr rumbo a las cocinas, donde encontrará a su madre y ella le reprenderá el que haya sacado uno de esos valiosos libros de la biblioteca.
Cailan se da la vuelta luego de que el guardia la anuncia. La elfa, intranquila e impaciente, da pequeños pasos al interior. Es una tienda grande y reina la oscuridad pese a las lámparas. Sobre la mesa hay un mapa extendido que el rey estudiaba hasta hace un momento, sin ningún objeto encima, ninguna señalización o insignia y solo la luz de una lamparilla a punto de apurar el combustible.
Kallian hace el saludo correspondiente, flexionando los brazos sobre el pecho e inclinando ligeramente la cabeza. Cailan Theirin despide con un gesto al guardia, que sale a apostarse frente a la tienda.
—Mensajera de los guardas grises —saluda Cailan. La curva de su sonrisa es afable e invita a hablar.
Ella mira por encima del hombro. Afuera se ha quedado Alistair, un semblante confundido que guardaba mil dudas y miedos, que no terminaba de entender dónde y cuándo las cosas se habían torcido de aquella manera. Kallian habría querido ofrecer mejor consuelo, pero nadie, ni siquiera Duncan, tuvo a bien señalar para Alistair el camino que deberá andar. Es cierto que nadie puede obligarlo, tampoco puede alguien quitarle aquel peso de encima, pero exigirle ir a ciegas, tanteando la oscuridad, le parecía cruel en extremo. Kallian ya estuvo allí, en tinieblas insondables donde dio tumbos hasta que pudo distinguir algo parecido a una luz y ahora que camina hacia ella, es demasiado tarde. La elfa se ha estado preguntando qué habría sido diferente en su vida si lo que motivaba la constante tragedia, la pérdida, el dolor, hubiera tenido otro tipo de explicación… Para ella es tarde, pero Alistair empieza a andar su camino.
Ella solo espera haber hecho lo correcto, el resto depende del guarda.
El ruido del campamento, voces y ladridos y martillos, no es amortiguado totalmente por la tienda. Kallian se queda callada, escuchando el exterior, demasiado lejana en pensamiento durante unos instantes.
—Majestad…
El rey entrecierra un poco los ojos, su sonrisa muta a una de compasión cuando advierte, no su indecisión, sino la falta de palabras para expresarse.
—Kallian…
La elfa, que miraba algún punto indefinido detrás de él, pone sus ojos sobre el soberano, que se apoya sobre una de las mesas, aguardando con una mirada de curiosidad. Por parte de ella hay, sobre todo, sorpresa. Bajo la luz de lo que sabe ahora, Cailan se ve tan diferente.
—Me reconocisteis desde el inicio —exhala, azotada por la repentina revelación.
—Por supuesto —admite él. Luego, hay un rato de silencio hasta que agrega—: Tendrías que estar al lado de Anora, no aquí.
Es la segunda vez que lo escucha. Ella niega con la cabeza. Todo le da vueltas mientras procura que las cosas caigan en su debido sitio. Los juegos de poder son intrincados y su mente apenas es capaz de seguirlos por aquellos tortuosos corredores.
—No —se escucha decir a sí misma con toda la seguridad que ha logrado reunir—. Anora no me necesita con ella.
Cailan adquiere un gesto serio.
—En ese caso, nuestra situación es mucho más parecida de lo que creí. —Su mirada baja al mapa, la melancolía se cuela al exterior, un dolor, un miedo, quizá—. ¿Se lo has dicho ya a Loghain? Porque ha insistido un par de veces en que vayas con Alistair a la torre. Quiere salvarte para que vuelvas con ella.
Mientras Kallian permanece petrificada, el rey le dedica una sonrisa más, una que parece decir, con pesar, que está al tanto de todo.
«Quizá Cailan sabe que no debe regresar a Denerim, por el bien de Anora y el reino que su padre rescató».
