Notas Iniciales: Hablemos de mis amores por excelencia. Infancia y actualidad, aquí estoy shippeando lo prohibido.
2.- Leon x Falco
Seducción Asesina.
La destrucción se alzaba a su alrededor, con el fuego consumiendo todo aquello que tocaba. Observó a edificios enteros desplomarse hechos pedazos, su nave se había impactado contra uno de esos tantos bloques que quedaron con los bombardeos derramados sin compasión sobre su tierra natal. En la caída se había golpeado fuertemente la cabeza y ahora una herida abierta dejaba a su sangre brotar sin mesura mientras intentaba salir del vehículo volador antes de que este estallara pues los circuitos chispeantes amenazaban con hacer contacto de un momento a otro. No supo de qué manera logró soltarse del cinturón que lo sujetaba con firmeza al asiento, no consiguió asimilar cada uno de los movimientos realizados en su exitoso escape de esa bomba de tiempo y sólo la escuchó estallar a sus espaldas antes de enviarlo al suelo en compañía del estruendo. Y escuchó gritos, demasiados, tantos que sus oídos vibraron y su garganta se quedó seca siquiera darse cuenta que estaba contra las arenas de su aldea. Levantó la mirada y trató ponerse de pie, acción que se le dificultó menos que respirar al encontrarse con la guerra a la que había acudido para proteger a su especie. Era una masacre. Su gente corría intentando escapar de quienes con un sólo disparo de sus extrañas armas les derribaban, desintegrandoles hasta dejarles solamente como un montón de huesos carbonizados. Vio a los pequeños lagartos llorar junto a los cadáveres de sus seres queridos, indefensos, algunos siendo asesinados brutalmente por los mercenarios que entonces habían perdido sus vehículos de combate. Vio cuerpos sin vida aquí y allá siendo pisados por los ciudadanos que todavía tenían fuerzas para huir, artillería disparada a los cielos derribando otras naves de guerra para crear estallidos similares a fuegos artificiales.
Leon estaba traumatizado. Nunca hubiese imaginado que a sus dieciocho años tendría que ver en carne propia algo tan enfermizo. Siendo tan sólo un bebé había presenciado infinidad de injusticias y formado parte de escenarios desagradables que harían pender la cordura de cualquiera de un hilo pero nada se comparaba a aquello que veía ahora. Creyó que al descender hasta su planeta las cosas no podían ser peores pero se había equivocado. ¿En qué momento fue que Titania se había vuelto tan peligrosa? ¿Cuándo habían comenzado a odiarse entre si y a desarrollar tecnologías que pronto utilizarían contra su propia gente y que sería el origen de que la flora del planeta muriera hasta convertir las verdes selvas y cordilleras en largos desiertos donde apenas sobrevivía una sexta parte de la fauna? Tal vez había sido a causa de ello que el gobierno galáctico decidió eliminar a la población entera y dejar todo en manos de ese escuadrón sin escrúpulos del cual nunca tuvieron conocimiento, por el que ahora toda su especie corría el riesgo de extinguirse. Suspiró resignándose a la derrota, rindiéndose a creer en la muerte como su único recurso, el último, mareado con los nauseabundos aromas filtrándose entre sus poros. Se había acabado. Todo.
Entonces el sonido de una ametralladora atrajo la mirada agotada de Leon hacia una muralla de fuego, cuya figura resaltaba de entre el resto de los soldados de otro planeta por su inusual apariencia teñida de diversos tonos de colores. El sujeto era alto, esbelto, elegante a pesar de que su plumaje estaba manchado de sangre, además de que se reía cual demente alegando una larga estancia dentro de la destrucción. El joven camaleón quedó hipnotizado por aquella criatura que sin piedad arremetía de pólvora a la indefensa población, cegado por la combinación de colores bañando su ardiente alrededor, lo observó maniobrando tipos diversos de armamento, combinando el ruido de explosiones con crujidos metálicos y su desquiciada risa que para Leon más pareció un canto celestial que los alaridos de un loco. Sus articulaciones dejaron de responder, quedándose paralizadas con la sensación de hormigueo instalándose por todo su cuerpo, anunciando lo inevitable. Y el camaleón no dejó de admirar aún después a esa majestuosa pieza de arte hecha ave.
—Hermoso...— susurró con inusitada satisfacción momentos antes de caer inconsciente.
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Dolor, fue lo primero que percibió. Sus ojos intentaron abrirse pero fue imposible por varios minutos, la luz que se filtró entre sus parpados fue cegadora así que decidió quedarse como estaba mientras dejaba emerger quejidos involuntarios al ambiente. La enfermera que yacía libre en esos instantes se apresuró acercarse a él para hacerle preguntas rutinarias, el joven camaleón -en su tortura- se limitó responder unas cuantas. Cuando al fin pudo acostumbrarse al brillo, notó que estaba bajo una carpa, la hembra encargada le dijo que había ocupado tres días para volver a la consciencia ya que sus heridas no eran tan graves en comparación a otros que permanecían en camillas puestas en hilera; a mitad del informe, Leon había dejado de escucharla, sintiendo mayor interés por los recuerdos que lentamente ocupaban su mente. Desearía poder olvidarlo pero sabía sería inútil, lo veía todo con claridad dentro de su cabeza, casi podía escuchar de nuevo los llantos y suplicas que su especie exclamaba, podía sentir entre sus dedos el volante y los botones que había apretado dentro de su nave para derribar a sus enemigos. Sintió la necesidad de levantar un brazo y simular en el aire el tacto del monitor que conocía a la perfección, imitando con su voz cada sonido en su cabeza ante la mirada extrañada de la enfermera que se había quedado callada después de verlo actuar, haciéndola temer que el golpe en la cabeza -ahora cubierto por vendas- al final si había afectado una zona importante de su cerebro así que se apresuró anotarlo en el reporte cuando la voz de Leon la volvió a distraer.
—Estoy vivo...— dijo y la reptil hembra se abstuvo de mover el lápiz sobre la hoja. El joven camaleón se mostraba distante, inalterable; a pesar de todo incrédulo —Después de esto no hay manera que alguien intente llevar a cabo una rebelión, ¿verdad? ¿Qué debería hacer...?
Leon no esperaba una respuesta y la enfermera supo leerlo entre lineas así que guardó silencio, se privó de comentar cualquier cosa, decidiendo retirarse hacia otro paciente que recién despertaba a dos camillas de su posición, atrapado por el pánico. Mientras tanto Leon continuaba viendo sus dedos suspendidos, posandolos sobre la imagen de aquel exótico ser emplumado disparando con su ametralladora en distintas direcciones. Y resolvió que si había otros como él definitivamente los encontraría, costara lo que costase. Bajó el brazo y se dispuso volver a dormir con una sonrisa de alivio adornando sus resecos labios.
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El tiempo había pasado pero el corazón del camaleón no cambió con los años. Aunque en la actualidad estuviese al servicio de ese grupo de mercenarios llamado Star Wolf, y se reconociera enganchado a cada misión que les eran encomendados, Leon jamás pudo liberar la fascinación de sus recuerdos ni la figura del primer ave que pudo apreciar desde la distancia. Había abandonado su patria y al planeta que lo había señalado como desertor después de innumerables y peligrosas matanzas ocasionadas por él en el abismo del bajo mundo donde la vida del planeta había descendido a errantes que luchan contra maquinaria biológica en un intento desesperado por sobrevivir y repoblar sus tierras. Nunca más había vuelto a siquiera rondar su primera capa atmosférica ni a mirar una sola fotografía tomada desde vía satélite, pero Leon no tenía arrepentimientos sobre unir su destino a Wolf O'Donnell, mucho menos lamentó haberse inmiscuido a una guerra que en realidad no le importaba pues fue gracias a esta que conoció a Falco Lombardi, un ave, más específicamente un faisán. Quizás no era portador de las plumas más atractivas -a diferencia de tantas otras con las cuales se encontró a lo largo de su vida, cuando las especies habían comenzado a revolverse por todo el Sistema Lylat- pero su personalidad arrogante y aquella forma prepotente de hablar fue suficiente para hacer a Leon estremecer y con ello elegir su nave como una promesa de superioridad. La respuesta fue satisfactoria, el faisán había aceptado su desafío sin demasiados preámbulos, dejandole convertirse en su adversario durante esa fiera lucha que no daba lugar a sobrevivientes.
Y cuando el camaleón cayó victima de los violentos lasers de su Arwing, supo que no encontraría mejor rival a quien dedicar su vida pues durante mucho tiempo Leon Powalski había comenzado a tener una profunda afición por las aves.
El escenario cambió para Star Wolf cuando la guerra de Lylat finalizó con Andross muerto. Sus más recientes integrantes se habían dispersado con la persecución y las recompensas prometidas por la Comisaria Galáctica a cualquiera que capturase vivo a los miembros de Star Wolf, quienes fueron señalados como traidores al servicio de los malvados que intentaron dominar cada uno de los mundos componiendo el sistema planetario. Pigma Dengar les había abandonado a la primera señal de problemas mientras Andrew Oikonny se había salvado el pellejo a costa del dinero que heredó de su tío, sobornando a cualquiera que intentase lastimarlo y usando su labia para pasar por alto su relación sanguínea con el malvado científico. La parte dificil había sido para ellos que, fieles al equipo, se negaron esconderse. Aunque Wolf le aconsejó marcharse también, Leon jamas lo intentó: no tenía a dónde ir y no le importaba seguir cortando cuellos con sus preciadas armas blancas si con ello permanecía junto a su petulante benefactor, quien le había acogido sin importarle sus raíces o grotescas formas de vida. Wolf O'Donnell era su familia, Wolf O'Donnell era un estúpido que no podría hacer nada por sí solo, o al menos con esa excusa barata se justificaba. Leon todavía conservaba deseos latentes de ir en busca de su canario para contenerlo en una jaula de oro pero era un objetivo que llegaría tarde o temprano, y hasta entonces guardaría sus ansias para los combates cuerpo a cuerpo que se aproximarían.
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Luego de que la cazeria cesara y de que el Sistema Lylat olvidara con una década de prisión una traición que no habían cometido, Leon podía relajarse. Haciendo una revisión de rutina en el sistema de su Wolfen, se dispuso zarpar al espacio sin siquiera haber dado un aviso sobre sus planes pues se trataba de una actividad personal y a nadie podría interesarle que daría un paseo lejos de la colonia de Sargasso e interceptaría a cierto navío de guerra que se alejaba lentamente en dirección a Corneria, además no había manera que Wolf cometiera una estupidez sin él allí pues Panther podría vigilarle. Tal vez ese sujeto no fuera la pantera más inteligente o audaz pero su presencia tranquilizaba las inquietudes de Leon ya que, desde su llegada, la administración de la base espacial había mostrado una inesperada mejoría. El mandril tras la cabina de monitoreo abrió las compuertas e indicó a Leon que todo estaba listo para su despegue así que Powalski no esperó más para orientar los propulsores del Wolfen a máxima velocidad, y cuya figura salió disparada como proyectil rumbo al espacio antes de perderse como un destello de luz en el infinito.
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Mientras tanto dentro del Great Fox todo seguía su curso normal, sin importantes misiones que cumplir y con una larga travesía que cruzar, el equipo tendía a perder el tiempo en actividades vanas y no fue diferente para cierto faisán que hojeaba sin real interés la revista que había pedido prestada de la habitación de Fox quien hacía lo mismo en su propio asiento con mayor dedicación. El faisán se acomodó en la silla con pereza pero cuando la luz roja se encendió y el sonido de la alarma sonó terminó sobresaltándose al igual que Fox quien no dudó levantarse para posicionarse frente a la pantalla donde la imagen de una nave de alas rojas realizaba un par de disparos a los costados del Great Fox. El líder del escuadrón de mercenarios no se molestó en pedir un reporte de ROB sobre el suceso, su vista perdida en la pantalla, tratando convencerse que aquello que veía era real.
—¿Un Wolfen?— El joven zorro no había tardado en reconocer aquel vehículo y se descubrió confundido mientras las compuertas se abrían a sus espaldas recibiendo a Slippy y Krystal quienes habían escuchado la alarma desde el comedor y habían acudido sin dudar.
—¿Qué ocurre, Fox?— quiso saber Slippy conmocionado, casi atragantándose con el fulgor de su pánico. Falco emitió un gruñido de molestia.
—Ese imbécil lagarto...— musitó iracundo antes de girarse y salir por la compuerta a paso apresurado. —Yo me encargo de él. Estoy despegando con mi Arwing.
—Falco, espera— Krystal intentó detenerle pero sus palabras no pudieron alcanzarlo. En menos de quince minutos, Falco había cruzado la compuerta del hangar hacia la nave invasora. Leon embosó una sonrisa dirigiendo su Wolfen en dirección al Arwing de Falco, encontrándose entre disparos frente a frente. En el rostro de Falco era enmarcada la furia que no lograba contener dentro de su cuerpo, contrastando con la expresión de goce en el rostro de Leon que no hacía más que intensificar el odio en la mirada del faisán. Ambos vehículos volaron alrededor del Great Fox sin cesar los disparos, rehuyéndose tanto como atrayéndose cual imán de polos equivalentes y opuestos. El Wolfen giró 360 grados cuando el Arwing de Falco había conseguido burlar su ofensiva para ubicarse detrás suyo y alzar el fuego contra las turbinas de la nave enemiga con el objetivo de inmovilizar su vuelo, sin embargo los rayos lasers no tardaron en ser desviados por el giro constante que Leon ejecutó así que Falco no tuvo más opción que parar los disparos, en busca de una nueva oportunidad, justo cuando le pareciera el momento adecuado. Con una sonrisa llena de soberbia, Leon adivinó los planes del ave, y sosteniendo ambas palancas elevó su Wolfen hasta dejarlo de cabeza sobre la cabina del Arwing, impulsando la marcha lejos del Great Fox. Falco se quedó paralizado un instante ante la sorpresa, apenas consiguiendo visualizar la expresión satisfecha en el rostro del camaleon quien una vez habiendo estabilizado su nave presionó el botón del comunicador, y ni aún entonces borró su sonrisa.
—Sígueme, annoying bird— declaró con descarada mofa. Falco observó con disgusto la imagen que se había conectado a su pantalla y al rostro color verde que le sostenía la mirada sin pestañear. —Deja que el gran Leon te guíe a tu muerte.
—¡Maldito...!—exclamó en respuesta, activando sin clemencia la velocidad máxima que consiguió cubrir su nave después de realizar una voltereta en dirección al Wolfen de Leon cuya trayectoria parecía trazar un camino hacia un área desierta dentro de Zoness. En ese momento Falco decidió que nada le importaba más que derribar de una vez por todas a ese presuntuoso camaleón que con sólo mirarlo le hervía la sangre. Vencerlo ahora representaba su irreemplazable prioridad ya que no se molestó en siquiera comunicarle a sus compañeros de equipo que iría tras él, estaba demasiado cegado por la ira para notar que había caído victima de las provocaciones naturales de Powalski.
—Debemos seguirlo— aseveró Krystal cuando la imagen de ambas naves se perdieron en el radar, girándose presurosa a la compuerta con claras intenciones de tomar su Arwing.
—El sistema de rastreo conectado a la Great Fox en el Arwing de Falco debería estar activado— comunicó Slippy. —No debería ser difícil ir hasta él si continuamos a bordo.
—No es necesario— aseguró Fox, ganándose las miradas incrédulas de sus compañeros quienes detuvieron cada movimiento planeado sobre la figura calmada de su líder. —Falco estará bien— agregó. —En realidad, considero contraproducente ir tras su Arwing.
—¿Qué estás diciendo, Fox?—. Krystal se descubrió anonadada, no podía creer las palabras del zorro, no concebía que planeara dejar a Falco a su suerte, no importaba cuánta confianza tuviera en sus habilidades. —No podemos dejarlo solo. Tú has dicho que...
—A mi también me cuesta aceptarlo— le interrumpió, impresionando aún más a Krystal por el acento espinado que lograba emerger de la garganta de Fox quien a penas y podía soportar el dolor -lejos del físico- que atacaba su cuerpo y que le obligaba mantenerse en el mismo lugar, aferrado incluso con sus garras sobre el contorno del radar. —Pero sé que él no desea que vayamos a buscarlo... lo conozco lo suficiente para decir que, en lo que respecta a Leon Powalski, ninguno de nosotros tenemos derecho de acercarnos.
—Pero, Fox...
Krystal guardó silencio sujetando en un puño sobre su pecho la incertidumbre que este suceso le causaba, Slippy bajó la mirada al suelo tratando de comprenderlo, mas nadie sufría tanto como el líder de Star Fox quien desde hace mucho tiempo se había resignado a la realidad de que alguien más había conseguido robar a su preciado canario de la jaula en donde le había mantenido largos años, lo supo desde el momento que Falco se había marchado de Star Fox la primera vez. Por mucho que deseara escuchar su canto, y sin importar cuánto se esforzara en mantenerle cerca, el ave había probado otro cielo en el cual navegar parecía maravilloso y ese cielo con coraza de ilusión a libertad poseía el nombre de Leon Powalski. Aunque Fox quisiera retenerlo, aunque intentara por cualquier medio brindarle protección, Falco era masoquista y amaba todo lo que podría hacerlo sangrar.
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Diez disparos no fueron suficientes para aminorar la velocidad del Wolfen y Falco admitía ser inferior -en cuestión a habilidad- a ese camaleón que no dejaba de camuflarse entre las rocas de la zona silvestre sobre la que volaban. Realmente, el faisán no quería dañar el hogar al cual perteneció alguna vez, ni mucho menos ahora que estaba irreconocible, completamente recuperado de las bases militares clandestinas que se construyeron ahí durante la guerra. Se limitó a perseguir el Wolfen de Leon por todo el terreno de rocas hasta que llegaron a las orillas del inmenso océano donde analizó los movimientos de la nave delante suyo y finalmente disparó con toda la cólera llenando su pecho. Leon consiguió esquivar un par de lasers azules antes de que los persistentes disparos perjudicaran los propulsores principales y dañasen sitios importantes de los alerones superiores. El piloto asesino de Star Wolf no tuvo más remedio que aterrizar de emergencia sobre una pequeña isla cercana ya que de otro modo estaría obligado a perder su nave bajo el agua y él nadaría derrotado sobre la superficie cristalina. Usó lo que le quedaba de energía al Wolfen para alcanzar tierra firme, apresurándose en abandonar la cabina después de la brusca caída que envió una serie de golpes ruidosos a la atmósfera del lugar y levantó polvo por todo su alrededor. Falco descendió sobre la arena de la isla de igual manera sin tomar las debidas precauciones en el aterrizaje pues estaba más interesado en golpear a su autoproclamado rival en la cara que en seguir rutinas de pilotaje. Saltó fuera de la cabina con su blaster cargado, listo para disparar cuando las suelas de sus botas hicieron contacto con la tierra. Sin embargo, en lugar de huir, Leon lo atacó de frente logrando cortar algunas plumas de su rostro mientras el faisán de forma inconsciente había soltado su arma después de disparar un par de ocasiones. El movimiento había sido tan apresurado que -condenados por la ley de gravedad del planeta- ambos cayeron al suelo. El camaleón buscó inmovilizar al faisán sujetando esas alas azules con sus brazos de reptil pero un rodillazo en su estomago le hizo perder equilibrio antes de que Falco revirtiera la posición plantandole un fuerte puñetazo sobre su rostro. Leon mordió los dedos del faisán antes de que el quinto golpe fuera ejecutado mientras posicionaba sus piernas sobre el vientre de Falco y le empujó logrando liberarse de ese molesto peso que le había impedido respirar con normalidad. Falco cayó de espaldas a la tierra nuevamente pero esta vez no alcanzó a reaccionar pues Leon fue más rápido en amenazar su cuello con una navaja de dientes mientras agitaba en su cola el blaster que en un principio Falco había desenfundado con la intención de matarle.
—Parece que hoy he ganado yo, Falco— dijo con altivez, alzándose glorioso frente a la mirada vivaz del faisán, necio a someterse.
—No estés tan seguro.
Aquella respuesta inspiró una sonrisa autosuficiente que se estiró en los labios de Leon con orgullo, satisfecho de que su aguerrido adversario no perdiese su espíritu de combate pese a encontrarse absolutamente a su merced. Inclinándose hasta su pico, saboreó con su lengua la victoria que le era concedida con la visión de Falco recostado bajo él, entonces deslizó su mano libre sobre su pecho, atreviéndose a meterla bajo las casuales prendas que vestían aquel precioso plumaje del color del océano que todavía yacían fuera del alcance de su hambrienta mirada. Falco se dejó suspirar con pesadez ante el atrevimiento que Leon se había tomado, relajándose con el lujurioso contacto que ahora abordaba sobre cada parte de su cuerpo. El camaleón fue bajando sus caricias y besos mientras apartaba de su camino las holgadas prendas hasta llegar al ansioso miembro erecto que ya desde unos segundos antes se había sentido duro contra sus extremidades y, complacido, lo liberó de su prisión comenzando a enredarlo con su larga lengua. Falco se estremeció y Leon lo introdujo desde la punta hasta el falo dentro de su boca, fascinando al faisán con su maestría sin saber que Powalski se reconocía cada vez más satisfecho por verlo en tal estado a causa suya. Falco dejó de luchar, concediéndole a su propio cuerpo este capricho de liberación. La espera había valido la pena. Bendecidos fueran los Aparoids que sin ser invitados descendieron sobre el Sistema Lylat para repartir destrucción. Leon Powalski había esperado mucho para ver de nuevo a ese indomable pájaro de estaciones calientes y ojos desafiantes a quien había perdido de vista luego de que él y su equipo les abrieran el camino por entre la guarida de esos seres bio-fabricados hasta la reina de los Aparoids. Ahora que le tenía cerca podría disfrutar más de esas cualidades adictivas que tan sólo las aves como él poseían.
Leon Powalski era aficionado a las aves pero Falco era diferente a un tesoro de exhibición que sólo es nombrado y presumido durante cenas de élite; Falco era ese pájaro enjaulado, soberbio y tenaz, a quien mataría única y exclusivamente por amor.
Fin.
Notas Finales: Disculpen si se me escapó una insinuación a mi segunda OTP. El Falco x Fox manda por mucho que ame a Powalski. Por cierto, sé que Leon es un reptil de Venom pero siempre me pareció el tipo de especie que presenciaría el deterioro de Titania y por eso su preciosa deformidad mental.
