Notas Iniciales: Gracias por leer.
4.- Lucy x Krystal
Por la Amistad
El amanecer en Corneria era cálido, especialmente durante el verano cerca del rio, zona donde se ubicaba el hogar de sus padres. Lucy Hare se levantaba de la cama a la misma hora aquel día, preparando el desayuno para ella y su padre, el actual general encargado de las fuerzas cornerianas. Juntos, entre comentarios amistosos, se sentaron a la mesa para degustar sus alimentos mientras el holograma de una pantalla mostraba un canal televisivo. Para Lucy aquella era la rutina, preparar el desayuno, ajustar el noticiero galáctico favorito de su padre y permitir acceso a un cómodo silencio entre ellos antes de retirarse a sus labores recurrentes. Como todos los fines de semana, Lucy estaba libre para realizar las labores hogareñas que llevaba a cabo luego de despedir a su padre a las puertas de la casa cuando el viejo conejo decidía manejar el vehículo terrestre hasta las bases militares donde tendría un ocupado itinerario que cumplir hasta entrada la noche. La joven siempre lo despedía con una sonrisa en sus labios y observaba a la nave de vuelo bajo despegar rumbo a las orillas de la ciudad, deseándole un viaje seguro antes de volver al interior de la construcción. No escatimó en poner música alta mientras aceaba las habitaciones, poniendo a trabajar la lavadora digital y aspirando la tierra de cada pasillo o cuarto con ayuda de los aparatos domésticos. El hogar de sus padres era pequeño pero siempre tendría trabajo que hacer y no consideraba esta una actividad degradante para ella como piloto recién graduada ya que en un sitio particular de la casa residía una sonrisa que le elevaba los ánimos cada vez que le veía, y este rayo de luz irreemplazable que le daba vida a la solitaria vivienda era la fotografía de su madre Vivian Hare por quien se prometió sonreír ante cualquier adversidad, cuyo altar siempre yacía adornado con hermosos arreglos florares y adornos que la coneja hembra amó en vida.
Si, Lucy amaba su hogar, a su familia y sus circunstancias, para ella todo era perfecto pues jamas se retiraba a someterse a los días grises ni a intentar resolver algo que no tenía remedio, aceptaba todo cual era y era con ello con lo que levantaba la cabeza llena de fortaleza. Una vez habiendo terminado el aceo se detuvo un momento a pensar lo que prepararía de comer, optando salir al mercado para comprar los ingredientes pues si el vehículo se lo había llevado su padre no tenía inconveniente en caminar.
Sin embargo, todos su planes estructurados con alegría dentro de su mente se truncaron cuando al abrir la puerta una silueta conocida abarcó todo su rango de visión, dejándola paralizada. No fue la familiaridad de aquella figura lo que logró consternarla en sí, lo fue la expresión de sufrimiento que dominaba aquel rostro usualmente feliz y decidido que tanto caracterizó a Krystal desde que la conoció. Lucy se atragantó con la sorpresa, impidiendo a las palabras formarse dentro de su garganta a la misma velocidad que sus neuronas trabajaban en deducir cuánto tiempo llevaba la ceriniana tras su puerta, en espera de atención pues en ese momento la joven coneja no tenía idea de qué hacer o decir ya que un saludo no cambiaría el escenario que la zorra seguramente cargó consigo desde su guarida en el espacio exterior hasta allí. Lucy iba a obligarse pronunciar palabra -cualquier cosa- cuando fue interrumpida por la voz rota de Krsytal.
—Perdóname... — dijo, apenada. —No sabía a dónde más ir...
Lucy se tomó un segundo para reaccionar, invitándola a pasar amablemente.
—Ven adentro, acá me contarás los detalles.
Krystal aceptó la propuesta frotándose un brazo con timidez. Lucy tan sólo esperó a que su amiga cruzara la puerta para cerrarla y abalanzarse dulcemente sobre ella para ofrecerle un abrazo a su espalda con naturaleza sanadora, preocupada, era la primera vez que veía a Krystal tan devastada y esto no le traía buenas vibraciones. Quiso preguntarle dónde estaba Fox y qué había pasado con el equipo -pues se había enterado por medio de su padre que Star Fox estaba cruzando por una etapa muy complicada- pero eligió contener sus preguntas para darle su merecido tiempo a la zorra azul; brindarle confianza de hablar por su cuenta.
—Creí que no alcanzaría a llegar aquí...— comentó Krystal en acento apagado y triste pero, aunque estaba ahí, ella no parecía dirigirse a la coneja y por el contrario estuviera hablando consigo misma en un intento de su subconsciente por reconocer la realidad que atravesaba.
—¿Qué sucedió?— cuestionó Lucy, esta vez con cierta impaciencia.
—Fox...—; Krystal sintió a su garganta cerrarse siquiera pronunciar aquel nombre que tantas veces le había inspirado confianza y seguridad pero que ahora era el código de una catástrofe en su interior, un vicio dañino, una toxicidad adictiva. —Rompió conmigo—con cada palabra que dejaba emerger era una nueva herida sofocando su juicio—... me alejó para siempre de su lado, no necesitaba mi ayuda más...
—Pero, ¿qué dices?— Lucy se sobresaltó acariciando el hombro de su amiga, incapaz de creerlo. —¿Cómo? Pero si su relación iba tan bien.
—Al parecer nuestros lazos no eran tan fuertes como pensé que eran... justo cuando las cosas parecían estar mejorando, él dijo que yo ya no necesitaba continuar dentro... que el equipo se había disuelto por completo y que lo mejor para los dos sería que nos separemos.
—¡Imposible! El Fox que conozco jamas diría cosas tan crueles, mucho menos a ti... él te quiere mucho, Krystal. Todo esto debe ser un error, un absurdo malentendido.
—Yo también quería creerlo, Lucy— admitió la doncella abrazándose a sí misma, conteniendo lo más que pudo el llanto que no tardó en emerger con un brote de lagrimas que sus parpados se encargaron de expulsar con toda la amargura de su pensamientos y oraciones. —Pero no es tan simple esta vez, él... en verdad quería que me fuera... sus pensamientos, su comportamiento... todo indicaba que yo ya no era necesaria para él...
—No digas eso, Krystal...
—Pero es verdad, pude leer su mente... su corazón ya no es sitio para mi...
La voz de Krystal fue apresada por los sollozos que rápidamente se transformaron en un lamento desconsolado, roto como su alma abrazada con los recuerdos de aquella dolorosa conversación a bordo del solitario Great Fox y cuyas memorias no pudieron ser interrumpidos ni siquiera por el fuerte abrazo de su mejor amiga. Lucy olvidó todo a su alrededor, cada pequeño detalle lo desechó para ofrecerle a su amiga el consuelo que necesitaba, permitiendo a su mente trabajar en alguna forma de aliviar el dolor emocional que tanto hacía a la vulpina sufrir. Dejó a Krystal tomar su pecho como refugio, zona donde las lagrimas corrieron sin cesar y sin desahogo. Toda una vida para disfrutar de una relación tan hermosa finalmente destruida por un par de palabras venenosas. La sala se llenó con el llanto de Krystal, y Lucy se llenaba con la impotencia que le generaba aquella situación, no poder hacer nada por su amiga más querida la frustraba, no haber estado presente para impedir que Fox cometiera tal estupidez se la estaba tragando viva. ¿Por qué había tenido que suceder esto? Era lo que se preguntaba mientras la zorra lentamente volvía a tomar el control de su cuerpo y se deslizaba lejos de Lucy para acallar los letales sentimientos. Lucy tomó la oportunidad para levantarse y preparar un poco de té casero, nada necesitaba Krystal más que una sustancia tibia para recuperar las energías perdidas con los lamentos, entonces Lucy se reconoció volviendo con una taza que entregó a su invitada quien la aceptó sin atreverse a darle el primer sorbo, todavía aturdida por el quebranto incansable.
—¿Estás mejor?
—... No.— Krystal se secó las lagrimas con el dorso de su mano, bajando la delicada taza a la superficie de la mesa, negándose a consumirla hasta que estuviera tranquila, fue un gesto que Lucy prefirió ignorar dedicándole una nueva caricia sobre su hombro derecho.
—Tomate el tiempo que quieras, no iré a ninguna parte hasta que tú estes bien.
—De verdad lo siento, Lucy.
—No te preocupes, es mi día libre después de todo.
Krystal se encogió en su sitio pues había olvidado que Lucy ya estaba graduada de la academia y que realizaba misiones menores para la policía galáctica. No podía creer que el suceso con Fox la hubiera cegado tanto para ni siquiera ponerse a pensar que los habitantes de Corneria tenían sus propias actividades, una agenda que no se detenía por nada ni por nadie, y esto la avergonzó pero no lo puso en palabras.
—Lo siento...
—Ya no te disculpes, no me gusta verte así— replicó desviando la mirada a un costado suyo, evadiendo un instante la asfixiante sensación que comenzaba a pesar dentro de su cuerpo con este nuevo cambio de ambiente. De pronto se sentía nerviosa, demasiado. Por un instante creyó que enloquecería si el tiempo continuaba avanzando pero Krystal volvió a interrumpir el silencio, calmando la ansiedad de Lucy en consecuencia.
—Cuando escuché los pensamientos de Fox sobre nosotros, descubrí que estaba cegada por mi cariño hacia él... completamente cegada. Viví durante mucho tiempo en una fantasía que se desarrolla con un encuentro y una amistad que se fortalece con la convivencia diaria, pensaba que estábamos destinados a permanecer juntos... nunca me dí cuenta de lo que esto estaba provocando en Fox. El quiebre del equipo. Peppy, Slippy, Falco... todos se fueron.— Las palabras de la doncella telepata fueron acompañadas por un acento contaminado de una inmensa tristeza que la obligaron bajar la cabeza una vez más con resentimiento. —Por eso pensé ingenuamente que mi presencia sería suficiente para mitigar el dolor de Fox... fui muy engreída al creer que era yo quien podría curar su corazón.
Una vez más, Lucy abandonó la distancia que las separaba para envolverla entre sus brazos con cariño. Las lagrimas que antes se acumularon en sus parpados, Krystal las dejó correr por sus mejillas sin emitir ningún otro sollozo al ambiente, convencida de que no valía la pena llorar más. Se había terminado, para ella y para Fox. Ya no quería seguir sufriendo ni repasando en su cabeza las palabras que tanto la habían herido pues sabía que ella también intentó rasgar el orgullo de Fox, también intentó lastimarlo y dejarlo sin aliento para respirar; ambos se habían atacado mutuamente y Krystal era consciente que debía estar sufriendo en la actualidad. Quizás no como ella, tal vez usando métodos de distracción para olvidar lo sucedido, no le importaba porque sólo ella tenía el poder de detenerse a sí misma.
—No tienes por qué torturarte con lo sucedido y lo sabes— declaró Lucy afianzando el abrazo, transmitiendo al cuerpo de la zorra una emoción que no tardó en confundir a la receptora directa, logrando detener el brote de sus lagrimas enseguida.
—¿Lucy... ?
—Fox es un idiota. No tiene idea del tesoro que ha perdido a costa de su ego...—; Los brazos de la coneja descendieron sobre la espalda de Krystal, paralizandola. El tacto de los dedos que la sostenían en aquella posición habían abandonado la amabilidad y dulzura que inicialmente poseyeron, reemplazada por una posesividad que incluso rozaba la agresividad. —Ese sujeto no merece tus lagrimas. No es digno de tu sufrimiento.— Krystal dejó ir un quejido cuando las manos de Lucy aterrizaron en su cadera, enterrando las uñas justo en la zona del hueso. —No tiene el derecho de causarte tanto dolor...
Un beso aterrizó sobre el cuello de Krystal, logrando arrancar de su garganta un agudo gemido pero Lucy no se detuvo a pensar, dejó a sus nuevos deseos tomar el control de sus acciones, dejó que sus manos acariciaran a su mejor amiga y que sus dedos de detuvieran en la entrepierna de Krystal. La zorra se sobresaltó ante esto, sin saber cómo reaccionar sujetó los hombros de la coneja, apretándolos entre sus dedos, temblando de ansiedad.
—¿Lucy... ?— gimió la zorra avergonzada.
—Lo siento, Krystal. No sé de qué otra manera hacerte olvidar a Fox— sollozó la joven coneja torturada con la expresión de placer que contaminaba el rostro de su mejor amiga, quien se removió de su sitio abriendo más sus piernas inconscientemente.
—No...—; Los dedos de Lucy continuaron explorando aquella zona, tocando los lugares correctos para hacer a Krystal retorcerse y agitar las caderas con involuntaria satisfacción. —No.— Los movimientos comenzaron a tomar velocidad, volverse más precisos, mientras la respiración de ambas se mezclaba, creando un delicado vapor con la escasa distancia de sus hocicos. —¡Detente!
Krystal empujó a Lucy lejos, sorprendiéndola, para darle la espalda envolviéndose a sí misma con sus brazos. La coneja enmudeció, traicionada por sus recuerdos. ¿Qué había estado haciendo? Estaba confundida, especialmente por su forma de actuar.
—Esto es lo último que necesito...— evidenció Krystal en voz baja. —Obligarte a ti a algo así... yo... jamas me lo perdonaría, Lucy. Entiende que no puedo hacerlo.
—Lo siento— acotó Lucy todavía desorientada por su propio accionar, apenada, cabizbaja. —Lo lamento, no sé qué estaba pensando. Por favor, no me odies.
—Lucy...—; la aludida levantó la mirada con lentitud hacia su visita, descubriendo que la doncella de azul pelaje esta vez la miraba con increíble resignación -algo que la lastimó profundamente- antes de verla extenderle sus brazos con apego. —Abrázame.
Sin pensarlo más, la joven coneja obedeció a su petición, aferrándose al esbelto cuerpo de su mejor amiga igual que una madre protectora. No le importó cuánto tiempo pasarían así pues el calor que Krystal le transmitía se sentía como si tuviera una hermana menor, el fragmento familiar que deseó poseer desde que era una bebé aunque, en realidad, Krystal era mayor a ella en edad. Sin embargo, también se dio cuenta de lo doloroso que era tener a Krystal así. Atando cabos sueltos de sensaciones y emociones al tenerla cerca le ayudaron comprender que estaba enamorada, por ello fue un impacto frío y devastador. No se suponía que el amor debía ser tan horrible. Sin darse cuenta odiaba todas sus vivencias juntas, toda su intima amistad, odiando a Fox por desperdiciar la oportunidad que Lucy nunca tendría y odiando -principalmente- a Krystal quien no dudó rechazarla cuando un paso de sus acciones le invitaron usar sus cuerpos en una unión carnal.
—¿Tienes hambre, Krystal?—. La zorra movió la cabeza para ofrecer una negativa. —¿Te parece si vamos a mi habitación? Ahí podrás descansar todo lo que quieras.
Krystal aceptó la oferta separándose de Lucy y tomando su mano con un semblante entristecido. Lucy le sonrió comprensiva, guiándola hasta las escaleras rumbo al siguiente piso. No comentaron nada durante la trayectoria, se limitaron a entrar a la recamara de Lucy para conceder sus deseos a la cama individual donde Krystal se recostó pero sin soltar la mano de la joven coneja quien, al verse apresada, entendió la indirecta para recostarse junto a su mejor amiga frente a frente. Lucy estaba encantada con la imagen, sabía que Krystal estaba pasando por una ola de angustia y que debía enfocarse en consentirla pero le era imposible ignorar esos rasgos tan atractivos de su ser entero, las delicadas curvas de su nariz y esos bellos ojos tan brillantes como dos esmeraldas e hipnóticos que se acentuaban con el color rojizo propinado por un llanto constante.
—Todo estará bien, Krystal— prometió Lucy sin borrar su enternecida sonrisa a la expresión decaída de la doncella delante suyo. —Estos sólo son momentos difíciles, ya pasarán.
—Eres la única con quien puedo contar ahora... no me queda lugar a donde ir.
—Recuerda que tienes a mi padre también, para él siempre fuiste una segunda hija, eres parte de nosotros como lo es una familia y sabes perfectamente que no te dejaremos sola.
—... Gracias.— Krystal se cubrió el rostro lo más que pudo con su mano libre, tratando de impedir que un nuevo brote de lagrimas causara conmoción.
—Vamos, ya no llores, Krystal. Arruinarás tu maquillaje.
Lucy abrazó una vez más a su mejor amiga, palpando con devoción su cabello azulado. Sin darse cuenta ambas se dejaron envolver por la quietud hasta quedarse dormidas una junto a la otra. Lucy aún la abrazaba cuando abrió los ojos para comprobar que el atardecer ya estaba sobre ellas, apreciandolo a través del vidrio de su ventana. Con dulzura palpó la cabeza de la zorra antes de darle un beso sobre su frente. Si las circunstancias hubiesen sido otras, probablemente no permitiría que esto se quedara como estaba pero no tenía opción, después de todo una amistad es frágil y se deshace frente a la menor ventisca de cambio. Y Lucy no quería que Krystal se alejara de su lado por nada en el mundo. Cerró los ojos con la intención de disfrutar un poco más de este momento, olvidando el vacío que sentía en su estomago para volverse a entregar al sueño. Sin embargo, Krystal no tardó en removerse y despertar, exigiendo con ello ser liberada de la cómoda prisión de brazos. Lucy le concedió el capricho un poco decepcionada, confortándose con la visión de Krystal estirándose para desperezar su cuerpo, la joven coneja imitó sus acciones con discreción, jugando a desentenderse con la mirada tímida que le lanzó Krystal.
—¿Qué pasa?
—... Nada.— La zorra desvió la mirada, esta vez confundiendo a la menor de las dos. Lucy iba a preguntar cuando recordó algo mucho más importante.
—¡Oh, no!—. Su repentino grito sobresaltó a Krystal quien no se evitó dedicarle una mirada de extrañeza, cuestionando el motivo de tal con la mirada. —¡Olvidé comprar los ingredientes para la cena! ¡Si no salgo de casa en un par de minutos todas las tiendas cercanas habrán cerrado!—. Lucy se levantó de un salto. —¡Necesito dinero! ¿Dónde dejé mi bolso? ¡Ay, no! ¡Ya son las siete! ¡No llegaré a tiempo!
—¡Iré contigo!— anunció Krystal apresurándose en alcanzar a la coneja. —¡Dejaste las llaves sobre el florero de la entrada! ¡Tu bolso está en la cocina junto al fregadero!
—No sabes cuanto te amo, Krystal. Tus poderes telepáticos son muy útiles para estos casos— elogió Lucy cuando ubicó los importantes objetos siquiera dirigirse a las zonas indicadas. La zorra sonrió divertida al bajar las escaleras, echando a correr hacia la menor para tomarla del brazo y precipitarla a la salida. Entre risas y empujones, ambas hembras salieron fuera de la construcción trazando un camino a los establecimientos más próximos.
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Luego de una agitada misión de compras, las dos volvían sanas y salvas a la residencia Hare. Ambas con una sonrisa de alivio, bolsas de plástico en mano y satisfechas de que la encomienda de último minuto alcanzara el éxito. Entonces, Krystal se sintió con la libertad de tomarse un respiro y mirar a su acompañante con alegría. Aquella osada coneja siempre había sido su salvación y apoyo incondicional, tanto así que no podría saber qué haría sin ella. La había ayudado tantas veces que perdió la cuenta de las ocasiones donde acudió a ella sin meditarlo siendo correspondida desinteresadamente pero no se arrepentía de tenerla cerca, mas bien le tranquilizaba contar con su presencia sin importar el momento o lugar. La apreciaba mucho más de lo que podría expresar incluso después de todo lo que ocurrió de imprevisto, aún le estimaba demasiado. Lucy se dio cuenta de su insistente mirada así que acertó dirigirle una expresión curiosa, delatora de su intriga.
—¿Olvidamos algo o por qué me miras así?
—No es nada, es sólo...— Krystal hizo una pausa antes de revelar sus verdaderos sentimientos sin más excusas—estoy feliz de que estés conmigo.
La joven piloto no comprendió del todo a lo que su amiga se refería pero se alzó de hombros, tan sólo correspondiendo a su comentario con una sonrisa, sin duda aquello era mejor que ver su cara empapada en lagrimas, le inspiraba más seguridad. Por eso pretendía ahuyentar de su mente cualquier pensamiento innecesario, protegiendo ese momento a como diera lugar. Se olvidaría un segundo que estuvo a punto de arruinarlo todo, olvidaría que le había tocado de forma indecorosa, olvidaría el arrebato de celos que había experimentado seguido por una posesividad sin jurisdicción, y se dedicaría a coleccionar cada pequeño fragmentos de tranquilidad y alegría que brotaba de cada momento que transcurría a su lado. Krystal lo valía.
—Cuando quieras— comentó ofreciéndole a la doncella su mano, la cual ella no dudó sujetar con ternura, aceptando caminar de esta manera sin decir ni una palabra que rompiera ese cómodo momento. Lucy se sintió bien, se reconoció aceptada y querida por su amiga. Era importante que le dedicara gestos como aquellos pues era muestra de que sus problemas estaban siendo enterrados mientras recorrían las calles tomadas de la mano. Si esto no era vida estaría dispuesta a que la galaxia se la llevara hacia el abismo para siempre.
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Las estrellas se dispersaron por el cielo de Corneria a la vez que ellas se veían terminando los últimos preparativos para la cena de esa noche con un platillo típico sugerido por Krystal que, asegurando estar obligada ofrecer tributo por el acogimiento imprevisto, tomó posesión de los ingredientes para crear un delicioso banquete en nombre de sus actuales benefactores. La doncella de azul pelaje no había vuelto a mencionar su conflicto con Fox así que Lucy asumió lo estaba superando lentamente, y a nivel personal, por lo que ella tampoco abrió posibilidad a que siquiera se rozara el tema durante sus pequeñas charlas. La joven coneja miró el reloj digital que adornaba la cocina contando los minutos para que su padre hiciera acto de presencia pues ya todo estaba listo. Mientras la comida se cocinaba, Lucy había aprovechado para instalar la habitación de huéspedes para su mejor amiga y luego ambas volvieron a la cocina para recibir a un cansado general que había cruzado la puerta sin sospechar la grata sorpresa con la que se encontraría.
—Oh— logró emitir el viejo conejo en medio de su asombro.
—Bienvenido a casa, Peppy. Es un placer volver a verlo— saludó Krystal haciendo una ligera reverencia que señaló su inmenso respeto hacia aquel piloto veterano que se había encargado de instruirla recién entrar al equipo de mercenarios. Peppy se quedó sin habla un tiempo más antes de dejarse sonreír complacido con la visita.
—Ha pasado algún tiempo. Siéntete como en casa, Krystal.
—Eso haré, muchas gracias— asintió.
—En realidad padre, Krystal se quedará aquí algunos días. Ya he preparado su habitación y también hemos llegado a un acuerdo residencial hasta que ella decida que es suficiente— informó Lucy abrazando amistosamente a su futura compañera de compras.
—¿Un acuerdo residencial? Vaya noticia— aceptó Peppy. —Me parece muy repentino pero puedes quedarte el tiempo que desees, siempre serás bienvenida aquí.
—En verdad se lo agradezco mucho.
Krystal se inclinó una vez más en posición de reverencia, dejando escapar en su acento el sentimentalismo de su situación. A Lucy le pareció extraño que su padre no cuestionara nada al respecto pero optó por continuar con el plan inicial de no brindar hincapié a nada que dañara el semblante mejorado de la vulpina. Entonces se dedicó a observar la imagen de su padre y Krystal conversando amenamente, sintiendo aquello como una reunión de compañeros de guerra, y lo eran, pero esto la impulsó mirar a los afueras directo al cielo. Al ver las estrellas se preguntó si allá en la órbita de Corneria habría un zorro sufriendo las causas de sus acciones, un zorro arrepentido por la decisión tomada y cuyo dolor conjurado no se desintegraría con una disculpa. Lucy casi logra sentirse mal por Fox McCloud ya que también por un instante saboreó el placer de imaginarle destrozado como lo estuvo Krystal al llegar ahí. Pero tampoco podía evitar sentir envidia, y celos, porque la hembra que ella amaba jamas le entregaría el corazón que ya había desperdiciando en un macho que seguramente tampoco Lucy Hare conseguiría odiar lo suficiente. Como su mejor amiga estaba condenada a velar por Krystal sin atreverse a cruzar la linea si deseaba conservar su amistad a costa de su propio amor no correspondido.
Fin
Notas Finales: Desde que vi la forma como Lucy defendía y se preocupaba por Krystal, no pude evitar shippearlas hasta que se convirtieron en mi tercera OTP. Aunque este escrito se fue directo al angst. Jeje... es que la relación de Fox y Krystal me pareció un poquitin toxica que no llegaría jamas a nada bueno por muchos finales lindos que tuvieron en Star Fox Command. ¡Incluso Panther parecía más enfocado en ella que el propio Fox, carajo! Tuvieron que pasar muchas cosas para que el pendejo comprendiera que quería estar con ella y aún así no me convenció que todo se olvidara sólo porque sí, incluso me pareció algo forzado que después de todo el sufrimiento viniera todo el amor... en fin, eso es sólo mi opinión. Hater's no vengan a mi. ¡Larga vida al Krystal x Lucy! (?)
