Notas Iniciales: Diablos, llevo tres entregas que involucran mis ships con Krystal, dejaré de pensar en ella por un tiempo.


7.- ¿Fox x Krystal?


Sin Temor

Cerca de las ocho de la noche, Fox McCloud había llegado al punto de reunión que residía en un bar de Corneria a veinte minutos del centro de la ciudad. Estaba solo, aunque hubiese querido traer consigo a su cita, la hembra había insistido acudir por su cuenta al local en cuestión, al parecer se convirtió en partidaria de los secretos y tenía muchas cosas que ocultar de su antiguo líder después de que ocurriera su reencuentro. A Fox le hubiese gustado llamarlo con el nombre de destino, pero la indiferencia de quien fue su pareja le obligaba darse cuenta que no era para nada así. Fox elige una mesa, aquella que ya antes reservó con anticipación, y se encoge en su asiento mientras espera. Viste traje, el más decente que encontró en su escaso repertorio, y se pregunta si no es muy exagerado estar vestido de esa manera tan estética, pero Slippy se lo había sugerido y se reconoció incapaz de negarse. El vulpino se tomó la libertad de observar a sus alrededores mientras esperaba por Krystal, sintiendo el impulso de llamarle pero vuelve a recordar que Krystal no le dio referencia alguna sobre sí misma y es imposible contactarse con ella desde la distancia, así que no puede hacer más que quedarse quieto. Toma la carta, buscando en la sección de bebidas algo ligero, pues Falco le aclaró que no iba a recogerlo borracho si algo de aquella cita salía mal. Fox quiere reírse por las quejas que su amigo le escupió en la cara después de decirle sus planes de aquella noche, aunque al final de tantos gritos y sarcasmo venenoso le exigió que acudiera porque era su deber como hombre tener palabra con una dama; al faisán no se le veía nada contento pero Fox entendió que detrás de su irritabilidad usual yacía un apoyo silencioso, uno que necesitaba más que cualquier otra cosa en esos momentos. Fox también era consciente de que podría ser un error tener esta conversación con Krystal. Su separación fue dolorosa. Sería absurdo pensar en reparar el daño causado pero era incapaz de renunciar sin haberlo intentado. Krystal había sido su luz en medio de la oscuridad. Sólo quería asegurarse de que esa luz que iluminó su camino seguía viviendo.

Cuando volvió a levantar la mirada la visualizó acercándose. Fox tuvo que cerrar el hocico que amenazaba con mantenerse abierto las próximas horas. El vestido corto que cubría el cuerpo de Krystal le ayudaba amplificar su belleza de pies a cabeza, en coordinación con su sensual manera de moverse por los espacios que reverenciaban su andar. Fox sintió el impulso de levantarse para recorrer su silla como todo un caballero pero se abstuvo cuando Krystal hizo un gesto con la mano, indicándole que no se moviera de donde estaba; seguramente había leído entre lineas sus intenciones, o quizás lo había percibido con ayuda de su telepatía. Fox bajó la cabeza entonces, tratando de regularizar los latidos desesperados de su corazón, finalmente resolviéndose deshacer el nerviosismo que le impedía hablar, carraspeando ligeramente mientras posaba el puño contra su barbilla.

—Luces espectacular, Krystal.

—Formar parte de Star Wolf me ha dado un par de oportunidades para vestir como quiero de vez en cuando, no es gran cosa— comentó la vulpina distraídamente, cuya mirada se desvió hacia la carta en busca de una bebida adecuada después de sentarse.

—... Ya veo— respondió Fox sintiéndose un idiota enseguida. Con elogiar la natural belleza de Krystal no aligeraría la tensión el ambiente, al contrario, lo ayudó a crecer.

—Pero no te confundas, no es por los beneficios que me uní a Star Wolf. No me considero esa clase de ser vivo, nunca fue mi intención usarlos como muchos creen —espetó, a la defensiva. —Star Wolf es mi equipo y con ellos quiero quedarme.

—Descuida, lo entiendo. No eran mis intenciones tratar de convencerte para volver.

—Entonces, ¿por qué quisiste que nos reuniéramos?—. El gesto desconfiado que había adoptado el rostro de Krystal consiguió su objetivo de hacer a Fox sentirse mal.

—Sólo quería que conversáramos un poco... no hemos tenido la oportunidad de hacerlo desde que, tu sabes... después de que terminamos. Quería saber cómo has estado— dijo.

Y sus palabras avergonzadas parecieron mitigar un poco la actitud evasiva de Krystal. En esos momentos, el camarero había acudido a su mesa, así que fue una corta distracción para los dos que no se retuvieron en hacer sus ordenes para volver a ser acogidos por su silencio, el cual era atravesado por la música instrumental de algún estéreo cercano y las charlas que se llevaban a cabo en otras mesas. Fue en este punto que Fox no estaba seguro de qué más decir, tal vez debía cambiar el tema o insistir con lo dicho recién, como fuera no habría marcha atrás y estaría obligado avanzar sin arrepentimientos.

—Estuve buscando trabajo aquí en Corneria —comentó Krystal de pronto, sorprendiendo a su acompañante—. Lucy quería que le pidiera a Peppy un puesto en las fuerzas pero yo no quise darles más problemas, y fue durante ese periodo que me encontré con Panther.— Fox prestó atención a este nombre en concreto, pues algo en su interior se movió al escucharlo, y no le gustaba nada el curso que estaba tomando la conversación aunque no hizo ningún intento de cambiarlo. —Cruzamos un par de palabras pero cuando se enteró de mi situación me invitó unirme a Star Wolf, yo estaba insegura de hacerlo, ya que todavía sentía como si fueran mis rivales. Insistió un par de ocasiones hasta que finalmente accedí tener una entrevista con Wolf. El resultado fue inesperado. Y desde entonces he luchado junto a ellos, por eso mi vida se transformó en algo confidencial, especialmente ahora que hemos limpiado nuestro nombre y volvemos a ser ciudadanos honorables.

Krystal sonrió por primera vez, y lo hizo de una manera tan natural que Fox sintió que algo apretaba su pecho impidiéndole respirar, no recordaba que ella hubiese reído de aquella manera tan sincera con ellos, el ahora desmantelado Star Fox. Los felices recuerdos que endulzaban los labios de la vulpina, inspiraban amargura en el interior de Fox.

—Wolf cantó una canción el día que fuimos proclamados como los nuevos héroes. Leon y Panther estaban tan sorprendidos, dijeron que su líder había perdido su sano juicio.

—No los culpo, no puedo imaginarme a Wolf cantando.

El silencio volvió para gobernar de nuevo la atmósfera de los dos zorros. La hembra tomó su copa y bebió el liquido embriagante que no tardó en darle seguridad para hablar una vez más, tenía muchas cosas que aclararle a Fox después de todo.

—Acepté venir contigo porque quiero redimir mis errores, no quiero dejar nada sin resolver antes de seguir avanzando, así que quiero que me hables claro. ¿Por qué quisiste invitarme a salir justamente ahora, McCloud?

Fox sonrió con ironía, ya que la hembra que le había puesto sobrenombres cariñosos ahora lo llamaba con tanta frialdad, utilizando su apellido en lugar de su nombre; aquello era suficiente prueba de que la situación se tornaría cada vez más complicada, porque Krystal ahora mismo era inalcanzable, más de lo que antiguamente fue. Los dedos de Fox temblaron, se descubrió nervioso y también tenía miedo.

—Mis intenciones no son algo fácil de decir.

—Pues espero que te esfuerces en hacerlo, tengo trabajo que hacer después de esto.

—Está bien, ya que me lo pides seré directo. Me gustaría saber si estás dispuesta a volver a intentarlo entre nosotros dos. —Krystal desvió la mirada, la frustración comenzando a hacerse visible en su semblante, pero tratando de no ser evidente a pesar de su mirada disgustada. Fox no quiso detenerse aún así— Sé que te he fallado, y que probablemente sea difícil para ti perdonarme, pero estoy arrepentido. No te supe valorar y eso me ha estado comiendo el cerebro desde que nos volvimos a ver.

—Fox, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? No existe más un tú y yo, eso se acabó desde que terminamos. No puedo darnos otra oportunidad.

—¿Ya tienes a alguien más?— cuestionó sabiendo que el nombre de Panther quería deslizarse fuera, a través de su lengua. Sin embargo, mencionarlo empeoraría todo, además sería una jugarreta en demasía infantil, y Fox no quería lucir desesperado.

—Independientemente de eso. Ambos dimos todo lo que podíamos dar, hicimos lo que teníamos que hacer. Reímos y lloramos cuando teníamos que hacerlo. ¿No te das cuenta? Si lo intentamos de nuevo, esta relación está destinada a fracasar. Yo no estoy dispuesta a intentarlo. —declaró. Fox tragó saliva, y se tragó lo que sintió el impulso de replicar— Me dolió alejarme de ti, lo admito. Muchas veces quise regresar al Great Fox y pedirte pensar mejor las cosas, aclarar absurdos malentendidos pero sabía que no tenía caso, porque se había terminado. Pero ya lo superé. Creí que tú también ya lo habías superado.

—Quise superarlo... pero, al final, no fui capaz de olvidarte.

—Escúchate. ¿Es que quieres intentar arruinarlo todo de nuevo? —cuestionó Krystal amargamente. Fox nunca antes había sentido ese poderoso nudo formándose en la garganta, sintió a las lagrimas acumularse bajo sus parpados pero luchó por mantener compostura, pues el gesto torturado de la vulpina le recordó que no era el único en esa mesa que estaba sufriendo. Ambos se hundían en los recuerdos mientras luchaban por sostenerse sobre superficie. Eran dos quienes querían alcanzar la cima.

—Habría dado lo que fuera porque caminaras a mi lado una vez más. Pero, si has elegido seguir tu propio camino, no puedo quejarme— Fox asentó cabeza, resignándose.

—Siempre estaré agradecida contigo por acompañarme —Krystal se levantó de su silla, acercándose hasta la posición de Fox para depositar sobre su frente un tierno beso que pronto se convirtió en la tormenta que perturbó el interior de Fox, y cuya voragime avanzó en el momento que los labios de Krystal se alejaron de él. En ese instante deseó besarle directamente en lugar de quedarse quieto, sumiso, tan cerca de ella— Eres un buen partido, estoy segura de que pronto encontrarás a alguien tan especial como tú.

—El problema es que... yo te quiero a ti.

Krystal movió la cabeza de forma negativa ante el ataque, sintiéndose incapaz de decir algo más debido al llanto apresado que amenazaba con liberarse fuera de su perfecto disfraz de indiferencia. Y fue cuando empezó a caminar lejos de la mesa que dejó ser libres a las lagrimas que desde el principio quisieron rodar por sus sonrojadas mejillas. Ella caminó con la frente en alto a pesar de su sufrimiento mientras él se inclinaba sobre la mesa soltando un puño sobre la superficie, ofreciéndole un golpe ligero que le hizo crujir brevemente; presa de sus sentimientos se dejaron llorar mientras se despedían para siempre.

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Krystal emergió por fin fuera del bar mixto que en esos instantes significó la peor prisión que existiera en el Sistema Lylat. Probó el aire fresco que golpeó contra su pelaje al cerrar los ojos y respirar la libertad que la recibió de brazos abiertos. La agitada vida nocturna de Corneria City no era algo que la conmoviera pero ver a quienes seguían el curso de sus circunstancias la alivió de cierta forma, así que admiró la moderada concurrencia para decidirse seguir su propio camino. Se animó dar frecuencia a sus pasos cuando vislumbró una silueta que conocía a la perfección, entonces se petrificó en el mismo lugar sin saber qué comenzar a sentir. La figura felina de porte y elegancia varonil andó en su dirección, ajustándose el cuello de la camisa para detenerse justo frente a la anonadada vulpina quien trató inútilmente secarse las lagrimas que estaban necias a permanecer presentes.

—Te dije que volvería por mi cuenta —espetó Krystal con cierto enojo, sentimiento que no bastó para cubrir un acento de tristeza que todavía se aferraba a su garganta.

—No podía dejarte venir sola tampoco, no es de machos descuidar las necesidades de una hembra tan activa como tú... debes saber que te he seguido hasta aquí desde el inicio. —Las palabras de Panther indignaron a Krystal pero se abstuvo de responderle con un apelativo como "acosador" o "entrometido", después de todo le permitió terminar su asunto privado cuando debía estar enterado de quién la solicitó ver, y eso sin duda lo agradecía.

—Entonces, vamonos. No quiero estar un segundo más aquí.

Krystal cruzó a Panther en dirección al vehículo terrestre que yacía estacionado junto a la acera, y el cual su compañero había logrado recuperar con arduas jornadas de propiedad legales que antes de convertirse en mercenario había dejado arrumbadas junto con la antigua casa de sus padres allí en Corneria. Panther abrió la puerta de copiloto para que Krystal abordara y enseguida él se apresuró tomar su lugar en el asiento de conductor, poniendo marcha al departamento que habían decidido compartir luego de su victoria contra el Imperio Anglar. En todo el camino Krystal permaneció callada y Panther tampoco intentó obtener respuestas, decidiendo que estas vendrían en cuanto estuvieran en la privacidad de su hogar. La joven ceriniana miró a su pareja e intentó entender cómo podía existir en el universo alguien tan comprensivo, de haber sido ella estaría exigiendo explicaciones inmediatas, y fue por ese motivo que se llevó una mano a los labios, terminando por cubrir su hocico para sollozar con libertad. Como efecto, Panther estacionó el vehículo con el mayor cuidado que le fue posible, cerrando la puerta automática del departamento que les habían recibido, poco antes de apresurarse estrechar a la vulpina entre sus brazos, ofreciéndole alojo a un añejo dolor que -en ese preciso momento- Krystal estaba dispuesta aliviar para disipar en su totalidad.

—Fuí a ver a Fox. —comenzó a relatar entre el abrazo sanador de Panther—. Me dijo que quería volver a intentarlo. Ahora después de tanto tiempo que esperé por él. Lo siento, Panther. Lamento haberte hecho esperar... me queda la satisfacción de que por fin se ha terminado. No volveré a dudar más. He negociado toda mi incertidumbre por la felicidad y ahora soy completamente tuya.

—Tú no lo sabías —Panther sonrió, separándose de Krystal lo suficiente para apreciar su rostro—, pero desde el momento que me aceptaste la primera vez, ya eras mia.

—Panther— suspiró, recibiendo con adoración el beso que mudó a su cuello instantes después de que se relajó bajo el tacto de la pantera sobre su piel. Krystal no se dio cuenta cuándo, pero prefirió ignorar el curso de los sucesos en el momento que reconoció la superficie mullida de la cama donde había dormido a la par de Panther. Jadeó y se impacientó. Se llenó con la pasión que desbordó esa noche con el calor de sus cuerpos que con exigencia violenta se desprendieron de las molestas ropas. El pelaje negro de Panther y el pelaje azul de Krystal que friccionándose entre si de forma acelerada les recordaron la magnitud de su mutuo acuerdo. No existían reclamos ni facturas que lo permitieran. Eran dos dispuestos a consumir cada calada de oxigeno pululando en el ardiente ambiente.

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Fox bebió de su siguiente copa, vaciando su contenido por medio de su garganta sin importarle más caer en la ebriedad, ni la promesa de evitarlo a cualquier costo. Si era sincero consigo mismo, realmente no había esperado nada positivo de esta reunión pero la verdad era que conservó una esperanza ingenua dentro de su corazón, una probabilidad ilusa que le había ayudado a romperse entre trago y trago. Al menos hasta que sintió una mano amiga posándose sobre su hombro, sobresaltándolo como primera reacción antes de que considerase las opciones que lo llevarían a la identidad de su nuevo acompañante.

—Te advertí que no te recogería ebrio, ¿o no? —dijo esta voz con arraigada brusquedad, devolviendo un poco de luz a la oscuridad que rodeaba la realidad de Fox.

—Falco... —le reconoció con una sonrisa, sin girarse para enfrentar a quien cuyo calor le brindaba fuerzas para en cambio levantarse su doceava copa contra los labios. El gesto reprobatorio del faisán se endureció al verle beber sin pudor alguno. —Si lo mencionaste lo recuerdo, pero quise no darle aprecio. Así te haga caso o no, igual ibas a venir.

—Pensé enviar a Slippy, pero con la histérica de su esposa rondando iba a ser difícil que viniera a recogerte. Suficientes problemas tiene con su primer cría y la que viene en camino.

—Alabado sea el matrimonio —replicó Fox agitando los brazos con rendición a sus costados, riéndose de su propia mala broma con un gusto sarcástico endulzando su acento.

—Anda, hombre. Deja de beber. Te llevaré con ROB, el pobre está muy preocupado por ti.

—Es una maquina—Fox miró con molestia a quien permanecía a sus espaldas—, y las maquinas no tienen sentimientos, Falco. ¡Dah!

—Pues esta si, recuerda que la inteligencia artificial de ROB le permite comprender y transmitir ciertas emociones igual que los seres vivos, así que levántate de esa silla. Iré a pagar la cuenta y cuando vuelva quiero que estés listo para partir.

Falco se retiró de la zona siguiendo la linea de sus amenazas. Fox balbuceó con furia contenida una serie de quejas que deseó escupirle a Falco, aún así se levantó de su silla, obedeciendo las indicaciones de su amigo mientras se hurgaba los bolsillos buscando algo que no encontró por más que movió los dedos dentro de la prisión de tela. Emitiendo un gemido frustrado se recargó en el muro, agitando la cola de momentos mientras esperaba. Cuando vio a Falco acercarse trató de ahorrarle unos metros de distancia pero se tropezó con sus propios pies, lo que obligó al faisán correr hasta él para evitarle una caída dolorosa. Y al sostenerlo entre sus brazos liberó un suspiro aliviado que pronto se transformó en una mueca de incertidumbre; entonces sólo quiso golpearlo aunque sabía que no lo iba hacer.

—Sólo estoy un poco mareado —aseguró Fox—, te juro que no bebí tanto.

—Lo que digas. —Falco rodeó el brazo de Fox sobre sus hombros para enseguida comenzar a caminar fuera del ahora ruidoso local— Igual tendré que cargar contigo todo el camino.

El vulpino intentó decir algo pero fue hipnotizado por las facciones de quien alguna vez llamó ace pilot. Los iris verdes de Falco y sus llamativas plumas azules mezcladas con el contorno rojo rodeando sus ojos hacían de su rostro algo digno de admirarse, así que Fox no se evitó contemplarlo para después perder la mirada en su afilado pico. Adjudicando al licor los pensamientos indecorosos que cruzaron su mente, apartó la mirada de aquel quien le ayudaba a caminar por las diferentes calles hasta la nave insignia que yacía estacionada a orillas de la ciudad, y que les recibió abriendo sus compuertas para que abordaran tranquilamente. Falco llevó a Fox a su habitación después de explicarle a ROB lo que había sucedido y enseguida pedirle despegar para fijar curso a Papetoon; el planeta donde ellos tres se habían instalado temporalmente para decidir a qué dedicarse. Una vez frente a su cama, Fox soltó el soporte que significaba Falco entonces para proseguir dejándose caer sobre el esponjado colchón donde quiso acomodarse lo mejor posible. Miró a su amigo e inevitablemente se ruborizó con las ideas que iban y venían a su cabeza, y que inútilmente trató ahuyentar restregando el rostro contra la suave superficie, cuya textura desprendía un aroma agradable al olfato. Falco se sentó un momento junto a su antiguo líder, presa de la curiosidad no podía simplemente marcharse cuando la situación era de sumo interés.

—¿Y? ¿Vas a decirme qué ocurrió?

—Si me encontraste bebiendo ya deberías estar enterado, y no quiero escuchar ningún "te lo dije" así que prefiero no contarte nada a detalle.

—Está bien, en ese caso no volveré a preguntar.

Falco se removió, indicando sus intenciones de irse con el movimiento, las cuales Fox se vio impulsado interrumpir cuando estiró estrepitosamente un brazo en su dirección y con su mano sujetó la manga de la chaqueta del faisán -casi rasguñandole los dedos- quien se descubrió impresionado con esta retención. Y al mirar el rostro de Fox todo el entendimiento del cual Falco gozaba se fragmentó de forma instantánea. Esa expresión insegura y esas mejillas ligeramente sonrojadas no habían sido algo que Falco hubiese recibido de él desde que se conocían, por eso no pudo evitar sentirse confundido y curioso.

—No te vayas —solicitó Fox bajando la mirada, no concretando creer todo lo que estaba diciendo o haciendo. Pero, algo en su interior suplicaba porque mantuviera a Falco cerca. Anhelando su calor, su simple presencia. —Sólo... quédate, Falco.

—De acuerdo —Falco volvió a su posición—, eso haré pero... ¿estás bien?

El joven faisán ni siquiera logró tocar la frente de Fox con sus dedos para comprobar su temperatura cuando vio a la distancia entre los dos romperse, y sentir la humedad de un beso en la curva de su pico. Paralizado permitió que el contacto se mantuviera hasta que Fox decidió devolverle su espacio personal, avergonzado y desconcertado.

—Lo siento... jamas he besado un ave, así que no estoy seguro cómo debo hacerlo.

Por otra parte el faisán siguió sin responder, incrédulo con lo que estaba sucediendo, preguntándose además si Fox se había vuelto loco o era su ebriedad desfogando frustraciones por medio de alguien más. Si era así, Falco decidió que no le importaba, bajó la mirada un momento tomando valor sobre lo que estaba a punto de hacer. Se mentiría a sí mismo si se dijera que Fox no le gustaba, aunque no era porque Fox fuera macho, Falco jamas se sintió atraído por la sexualidad o el hecho de que alguien era considerado masculino o femenino por los estándares de identidad física; si permitía que aquello ocurriera, simplemente sería porque se trataba de Fox McCloud. Falco sujetó al vulpino de la barbilla, aproximando sus alientos a una distancia escasa, violando su amistad por unos momentos de lujuria injustificada que hicieron a su mente divagar, consumirse en un abismo negro que arrastró al zorro junto con él.

—Te enseñaré cómo hacerlo. —susurró, en consecuencia Fox sintió a sus mejillas calentarse más de lo que ya estaban mientras su respiración se hacía cada vez más pesada, pues aquella situación estaba comenzando a excitarle—. Abre un poco más el hocico.

Fox obedeció, recibiendo sobre su quijada los bordes filosos del suave pico cuyos delicados movimientos incitaron al curioso vulpino imitarles de a poco conforme el beso se profundizaba. Fox estudió cada desliz involuntario descubriendo que era como succionar pero al mismo tiempo la sensación se convertía en una caricia agradable que descendía a su bajo vientre, ayudandole a percibir aquello como una fricción de labios. A pesar de ser delicado reconoció la intensidad, lo delicioso que era mantener el ritmo sin precipitarse. Sin embargo, Fox se distrajo, causando que dentro del contacto recibiera un corte que lo hizo gemir y buscar alivio a su herida con la distancia, comprendiendo entonces que besar un ave era más complicado que cuidarse del filo de otros colmillos. Pero, a pesar de que le dolió, lo excitante del beso había estimulado en su cuerpo una visible necesidad que no se ocultaría con su forzada apatía, y de esto Falco se percató. El faisán sonrió.

—¿Fue demasiado para ti?

—... No— respondió Fox obstinadamente. Falco bufó divertido.

—Entonces no te importará que use mi lengua esta vez.

Fox no tuvo tiempo para decir nada cuando se vio interrumpido abruptamente por la intercepción del pico de Falco, abriéndose paso a su caliente interior con ayuda de su afilada lengua, la cual entró en contacto con la suya, agitando aún más el ritmo de su respiración y corazón. Sin darse cuenta, el vulpino vio al panorama descender, encontrándose rendido contra sus almohadas mientras seguía los movimientos de Falco, relajándose entre las caricias que le fueron entregadas posteriormente. Con un jadeo entrecortado indicó a Falco cuan dolorosa comenzaba a tornarse la erección que crecía bajo sus pantalones. Pero el faisán quiso ignorar este hecho y atender por más tiempo la manera como sus lenguas se enredaban entre si, produciendo una alta cantidad de saliva en el proceso, cuya fuente terminó derramándose en una linea fuera de las comisuras en los labios vulpinos de Fox mientras este buscaba mantenerse cuerdo entre toda aquella descontrolada excitación.

—Falco... yo quiero...

—¿Si?

Las anchas manos de Falco se deslizaron desde el cuello hasta el vientre y la entrepierna de Fox, logrando hacerlo estremecer de puro placer. Y gimió de nuevo. Fue en ese momento que lo comprendió, no lo soportaría. Estaba a punto de enloquecer. Aferró sus manos a los hombros de Falco, el faisán lo sintió temblar bajo su lenta -tortuosa- estimulación mientras se veía a sí mismo fascinado por la expresión que el vulpino mantenía impresa en el rostro, regalandole las miradas más calientes que Fox nunca le había entregado. El zorro se veía tan frágil, tan indecente, tan ansioso en esos momentos que estaba fuera completamente de su personalidad recia y serena. Había escuchado que la raza vulpina era susceptible a cambios bruscos durante el acto sexual, pero Falco nunca esperó presenciarlo tan de cerca.

—Yo no-ah... es mi primera vez c-con un macho, pero... no necesitas ser amable.

—No sabes lo que dices, Fox. —dijo Falco muy cerca del oído vulpino, provocando que una vez más se estremeciera de forma involuntaria. —Aún estás ebrio, ¿verdad? Te arrepentirás de esto cuando despiertes en la mañana, esta es tu última oportunidad de negarte.

—No te vayas— insistió Fox, abrazando al faisán en un impulso. —Mentí. Quería a Krystal conmigo por capricho... no me hacía a la idea de perderla a pesar de que estaba siendo egoísta. No quería dejarla ir. Pero el que fue mi mayor temor todo este tiempo era perderte a ti... juro que no lo estoy diciendo porque busco consuelo. Falco... por favor...

—Eres injusto, Foxie.

Falco se desprendió del abrazo obligando a Fox caer estrepitosamente contra la cama mientras él se posicionaba justo encima. El faisán estaba molesto, Fox pudo reconocerlo con una mirada. Sin embargo, no desistió en aferrarse a su figura e impedir que se marchara, por eso lo sujetó de la chaqueta negra que todavía lo vestía aunque esperaba que Falco permaneciera a su lado a pesar de lo que dijo, a pesar de su descarada alevosía.

—Entonces dime la razón, Falco. ¿Por qué te quedaste si sabías de mi relación con Krystal? Explícame por qué no me abandonaste como siempre lo haz hecho desde que ella llegó.

—Quería arruinar su pequeño nidito de amor. —contestó Falco a quemarropa, sorprendiendo al vulpino por su confianza, él jamas podría responder cualquier pregunta sin antes evadirla—. Pero jamas me atreví hacer un solo movimiento. ¿Sabes por qué? Porque también eres mi amigo. Soy dependiente, y con esto estoy deshonrando a mi especie. Un ave no busca vivir en una jaula, sin embargo yo quiero estar detrás de los barrotes si con ello puedo acompañarte. Así que voy aprovecharme de esta brecha que has dejado, y ya me importa una mierda si te molesta. Es tu culpa, Fox. He alcanzado mi limite.

—Nunca esperaste mi permiso antes. No tienes que empezar ahora.

—Eso es correcto.

Falco se inclinó una vez más, mordisqueando el cuello de Fox repetidamente, comenzando a bajar mientras alejaba de su camino aquello que le estorbaba, y en respuesta el vulpino suspiró, olvidando su posición y principios con la sensación del aliento de Falco golpeando su pelaje. En la actualidad todo lo que podía hacer era asistir sus propias necesidades y apetitos, con ello en mente se levantó exigiendo un nuevo beso de Falco, con naturaleza agresiva, pues él tampoco tenía la obligación de limitarse. No necesitaba fingir más. Quería esto tanto como Falco y no importaba nada más por el momento.

Fin.


Notas Finales 7: Inspirado en la canción con el mismo nombre de Trágico Ballet.

¿Sorprendidos con el final? Esa era precisamente mi intención. Sólo quiero ver al mundo arder, buahaha. (?) No es cierto... veré si la próxima vez escribo un Fox x Krystal que no se vaya directo al angts, aunque no me atrevo a prometerlo porque... ya saben, es muy popular y yo, pues... usualmente huyo de eso (?)