Notas Iniciales: Me costo mucho terminar esta actualización y ni siquiera contiene escenas fuertes. Uf, en fin, por lo menos ya está aquí.


9.- Bill x Fox.


Nave de Papel.

Llovía sin cesar y las luces de colores que atravesaban el húmedo cristal de su ventana les traía a la ciudad de cartón un importante efecto que ayudaba a mejorar la improvisada escenografía que ambas crías habían preparado para jugar. Un avión de papel sobrevoló las casas del vecindario imaginario antes de impactarse en uno de los muchos edificios rectangulares que conformaban la llamativa maqueta. Las manos infantes y peludas de un can tomaron el origami volátil saltando con alegría de vuelta a la cama donde un pequeño zorro aguardaba por él sosteniendo su propio avión de papel, y sonriendo se preparó para lanzar aquello que guardaba celosamente entre sus dedos. Ambos se divertían, disfrutaban del tiempo que pasaban juntos esa noche, especialmente ahora que el padre de Fox estaba lejos -quien sabe en cuál estrella- sin fecha establecida para su regreso, por eso jugar con su mejor amigo conseguía su objetivo de distraerlo, lo ayudaba a no preocuparse por el destino que atravesaba su padre esos pacíficos momentos en su realidad.

—¿Listo, Fox? —cuestionó Bill con creciente excitación. El pequeño zorro asintió y con esa señal ambos soltaron el avión de papel en sus manos al mismo tiempo para observar su trayectoria hasta el otro extremo de la habitación.

—¡Ha! ¡Gané! —evidenció Fox saltando con alegría en la cama, alzando los brazos de forma entusiasta antes de que un divertido can corriera a recoger ambos papeles y volver.

—El mejor de tres. —propuso Bill y su amigo aceptó con gesto competitivo. Una vez más soltaron los aviones señalando al zorro como el autentico vencedor de la ronda una vez ambos aviones alcanzaron el suelo—. De acuerdo, tú ganas... —espetó frente al gesto malicioso que le dedicó su acompañante sin tardar. —¡Pero te aseguro que la próxima vez no obtendrás la victoria!

—Paso. Estoy cansado —replicó Fox tirándose de lleno sobre su almohada sin sentir interés por la forma como rebotaron los resortes y agitaron toda la superficie del colchón. Bill hizo una mueca de absoluto desconcierto—, tal vez acepte la revancha mañana.

—¿¡Ehhh!? ¡Eso es injusto!

—Vamos, Bill. No seas un mal perdedor.

—¡Siempre haces lo mismo cuando me ganas dos veces continuas! ¡Eres tú quien es un mal ganador!

—¿¡Ha!? —Las orejas del zorro se echaron hacia atrás en señal de advertencia—. ¡Te he vencido legalmente! ¡Eres tú quien no quiere aceptar que soy mejor!

—¡No eres superior a mi! ¿¡Olvidas quien trazó los aviones!?

—¿¡Olvidas que yo te ayudé!?

—¡Niños! —La voz femenina que atravesó los muros y la puerta de entrada con violencia no tardó en hacer a las dos crías callar y encogerse temerosos en su lugar. La señora Grey finalmente se había percatado de su desobediencia—. ¡Les ordené que se fueran a dormir! ¡Estas no son horas para estar jugando! ¡Si no apagan esa luz y se acuestan en quince segundos les castigaré la consola!

Con las orejas abajo y las colas decaídas, ambas crías se apresuraron acatar el mandato, preparando la cama y metiéndose bajo las cobijas después de apagar la luz en tiempo record. No se habían percatado de su cansancio hasta que sus nucas se hundieron en las esponjosas almohadas mientras los bostezos se adueñaban de sus hocicos y sus ojos se entrecerraban en medio de la oscuridad y la tenue luz del pasillo que se asomaba en la rendija superior e inferior de la puerta. Y permanecieron en silencio absoluto hasta que Bill decidió no podía retirarse a dormir sin haber resuelto una duda.

—Oye, Fox. —El aludido respondió con un gemido interrogatorio sin llegar abrir los ojos, concentrándose en dormir—. ¿Crees que algún día podamos ser verdaderos pilotos como mi abuelo y tu papá? Debe ser genial tener una nave espacial propia y combatir enemigos.

—Volaremos una —dijo Fox confiado—. Aplicaremos para la academia de pilotos de Corneria, aprobaremos el examen de admisión y aprenderemos a usar los controles. Mi tío Peppy me ha dicho que es parecido a los controles de realidad virtual que jugamos en el centro recreativo. —Fox abrió los ojos, la sonrisa ilusionada de sus labios manteniéndose firme. —Sé que podemos hacerlo.

—Ojalá. —asintió Bill después de un bufido entusiasta. Esa seguridad que tenía su mejor amigo para hablar de su mayor sueño siempre lo llenaba de determinación. Sacó los brazos de debajo de las cobijas para llevarselas tras la nuca—. Me pregunto cómo será...

—No lo sé...

—¿En serio? —Bill se mostró sorprendido con su respuesta, fue una reacción que molestó a Fox un poco—. ¿Acaso tu papá nunca te ha llevado a su trabajo?

—No.

Fox jaló la cobija para cubrirse más mientras se giraba para darle la espalda a su curioso amigo. Lo que menos quería era hablar del tema, pues el recuerdo de su padre siempre venía acompañado de un sabor amargo que no le gustaba. Nunca lograría entender la actitud frívola de su padre, y lo cierto era que no quería intentar comprenderlo siquiera, ya que sospechaba que había comenzado a comportarse así desde que su madre falleció, un hecho que les había afectado a los dos tanto, aún si el pequeño vulpino no era capaz de demostrarlo con llanto y desolación. Bill se rindió de insistir con sus preguntas, volviendo a su posición, resolviéndose a concluir la conversación con un suspiro ilusionado.

—Algún día...

—Si —corroboró Fox con una sonrisa, ignorando el enojo anterior. Después de esta afirmación compartida, ambos dejaron al silencio y quietud reinar en el ambiente antes de que fueran abrazados por el sueño, sus cuerpos quedándose inertes en medio de su dormitar, tan pequeños e inocentes que jamás podrían imaginarse la tragedia que les alcanzaría meses después de esa anhelante conversación.

.

Debido a la influencia del apellido Grey, la familia de su mejor amigo siempre estaba perfectamente informado con lo acontecido dentro de la milicia corneriana y era también gracias a eso que Fox solía destacar en el tema cuando ambos hablaban de ello con otros niños del vecindario. Aquellos días todo había avanzado con normalidad, después de la escuela marcharon a jugar pelota en el parque, ejercieron diversas actividades y al regresar se enfocaron a jugar videojuegos hasta sentir a sus ojos hincharse. Nada raro afectó su rutina normal hasta el día en el que finalmente James se presentó para recoger a su hijo, el zorrito se despidió enérgicamente de su mejor amigo y familia para volver desganado al auto que manejaba su padre mientras Bill los observaba marchar, preocupado por la falta de comunicación que ambos vulpinos compartían. No era de extrañar que Fox siempre estuviera evadiendo hablar sobre su padre cuando el vulpino adulto ni siquiera hacía un esfuerzo en compensar todo el tiempo que transcurrían separados. El regreso a casa fue silencioso. Fox veía de reojo a James quien solamente se enfocaba en la carretera y, cuando un movimiento en esa mirada cansada le advertía que podría ser descubierto, rápidamente desviaba la vista para fingir que no la había apartado del camino. Indiferente y casi frío por fin se atrevió hablar.

—Escuché que viste al General Pepper antes de venir por mi —comentó Fox sin esperar una respuesta, realmente sólo quería rellenar el silencio pero fue sorprendido por la voz de su padre, cuyo tono era más mecánico de lo usual.

—¿Dónde escuchaste eso?

—Del papá de Bill. ¿Cómo es? Nunca me hablas de él o tus misiones.

—No es correcto espiar las conversaciones de los adultos, Fox. Podrías meterte en problemas en un futuro.

—¿No escuchaste lo que te dije? —cuestionó bruscamente, vencido por un brote de enojo que no logró contener a tiempo, sin embargo no quiso volver a callarse—, Peppy... a veces me relata cómo era estar en la academia, lo mucho que se esforzaron en alcanzar sus sueños y... lo sorprendente que eras también en aquel entonces —Fox volvió a mirar a su padre, la insistencia en sus pupilas hasta hacerse palpable pero James no se inmutó. —Recuerdo cuando me llevabas a la colina para mirar las estrellas. Era divertido... la última vez Bill me acompañó...

—Fox —James contuvo un suspiro, dispuesto a detener esta conversación, más fue el mismo Fox quien cortó sus propias palabras.

—¡Ya lo sé! No es el momento para hablar de eso, ¿cierto? —espetó el pequeño vulpino con frustración—. Siempre dices eso, no importa el momento cuánto lo intente.

—Sólo... estoy cansado, Fox. Debes comprender que no he dormido lo suficiente.

—Lo comprendo pero... —Fox contuvo la respiración en busca de apresar el llanto que amenazaba con encontrar la salida de su cuerpo, se recargó en la puerta del copiloto y respiró hasta que pudo controlarse. Sin embargo, se reconoció incapaz de borrar el reproche que tantas veces prefirió guardarse y que ahora no quería ahogar dentro de su reseca garganta—, aunque vuelvas de tu trabajo es como si no estuvieras aquí.

James dejó de prestarle atención al volante por un momento para mirar a quien se había resignado en el asiento a su lado. Suspiró sin contenerse esta vez, afectado por el acento solitario que su hijo mezcló junto a sus destructoras palabras. Era cierto y era por ello que no tenía derecho de quejarse. Por otro lado, quería hacerle entender a su hijo que no podía hablarle de lo que realmente hacían su equipo y él para ganarse el sustento; lo que implicaba ser un mercenario reconocido. James quería decirle sobre el peso de consciencia que arrastraba un piloto al derribar una nave adversaria pero se recordaba que Fox todavía era una cría. James se sentía incapaz de envenenar la mente de su hijo cuando ya estaba sufriendo por su cuenta lo que significaba tener un padre como él así que no podía desahogarse. Peppy ya le había dicho antes que estaba descuidando mucho a su hijo, que incluso pareciera como si lo estuviera menospreciando debido a su parecido con Vixy, y la verdad era que nadie deseaba tanto como él resucitar esas relajantes conversaciones sobre cuan hermosas son las estrellas y la galaxia -el reír y bromear con él sin restricciones- pero ahora mismo estaba demasiado ocupado como para perder el tiempo en esas practicas cotidianas. Para que su hijo fuera feliz y al fin existiera la ocasión de sincronizarse con sus horarios, debía apresurarse en liquidar sus monstruosas deudas y poner el triple de perfección a su trabajo, debía saldar todas las deudas que le debía a ciertas agrupaciones para ser totalmente libre. Necesitaba equilibrarse económicamente, mientras tanto no podría descuidar Star Fox, ni siquiera por un momento con la única familia que le quedaba en el mundo. Por lo menos le quedaba el consuelo de que Fox tenía amigos en quienes apoyarse en diversas situaciones y confiarles su integridad.

—Lo siento, Foxie. Te prometo que lo compensaré.

El pequeño vulpino no hizo más que liberar un bufido hastiado, después de todo no era la primera vez que su padre le decía eso para tratar de comprar su comprensión; estaba cansado de esperar por él sin obtener nada a cambio de su paciencia pero eso no era algo que tuviera el derecho de expresar en palabras.

.

Nada cambió, como lo sospechó. Pero el pasar de los días trajo consigo el funeral de su padre y las sofocantes noticias que detallaban su deceso o amplificaban teorías de conspiración que lo arrastraban. Muchas veces el pequeño McCloud miraba los televisores en busca de alguna pista que le llevara a la parte del universo exacta donde fue derribado el Arwing de su padre. Terminó por desarrollar un odio profundo hacia su asesino; un porcino a quien dieron a conocer como el tercer integrante del equipo Star Fox, alguien que había desaparecido de la faz del sistema entero sin dejar rastro sobre su siguiente paradero. La guerra contra el planeta Venom se confirmó y muy pronto la política se enfocó únicamente en mejorar el armamento de los ejércitos, sin mencionar los nuevos reclutamientos y alianzas planetarias que comenzaron a informarse al público en los noticieros de diversa índole. Para Fox fue difícil. Aunque durante mucho tiempo no tuvo a su lado un padre con el cual contar, al final era doloroso imaginarse cuan solo realmente se encontraba en el mundo. La depresión y la soledad fueron sus peores enemigos así que pronto se encontró recibiendo apoyo psicológico. Peppy no dudó un instante en tomar su custodia una vez finalizado el funeral pero el verdadero consuelo del vulpino fue la presencia de Bill quien tampoco le negó una pata en estos tiempos oscuros.

Sin embargo, la memoria de su padre lentamente se convirtió en una fortaleza en su vida. Al principio la tortura que representaba su rostro en las fotografías cambió para ser un apoyo casi tan indispensable como el oxigeno que respiraba, y fue gracias a Peppy que su padre dejó de ser un espectro de odio incurable al que atribuyó su repentino rechazo por el vuelo, pues él lo hizo ver como el padre que Fox siempre deseó, como el hombre que luchaba sin descanso por la paz del universo y que dejaba a su hijo por razones imposibles de evitar, mas pronto el joven vulpino fue consciente de todos los problemas legales que atravesó el equipo antes de la caída de su líder, razón por la que fue prácticamente obligatorio desmantelarlo. Las deudas eran muchas y caía en sus hombros resolver estos conflictos ya que simplemente Peppy no podría hacerse cargo de todo por su propia cuenta.

Armándose de valor, aquella misma noche tomó la decisión de alistarse en la academia de pilotos y se lo hizo saber al conejo antes de contactar a su mejor amigo por videollamada para asegurarse que él también aplicaría el examen de admisión que se llevaría a cabo la semana entrante. Con recomendaciones previas y entusiasmo ambos jóvenes se dirigieron a esta prestigiosa institución pues, además de ser un sueño compartido, otra meta le dictaba a Fox que debía tomarlo a cualquier costo pero lo mantuvo como un secreto de su mejor amigo incluso después de ser aceptados y reconocidos entre sus compañeros como prodigios en el arte del vuelo justo después de las primeras pruebas reales en naves propias del edificio, ofrecidas por el mismo gobierno corneriano con el fin de formar pilotos capaces para la guerra.

.

En el horizonte el sol comenzaba a perderse entre las montañas que podían apreciarse desde las ventanas de los dormitorios para varones. Las clases habían concluido seis horas atrás y los alumnos se habían retirado del comedor no hace más de media hora para finalmente quedarse en sus cuartos asignados para no volver a salir hasta el día siguiente; algunos se marcharían para pasar el fin de semana en sus hogares, otros preferían quedarse a completar el servicio en el instituto así que aquella sería -figurativamente- su última noche. Slippy y Fox volvían de sus servicios voluntarios manteniendo conversaciones esporádicas que rápidamente eran distraídas por otras de mayor importancia. Entre risas el aspirante a mecánico de aviación provocó en Fox la visión que llevaba considerando desde el inicio de curso y aquello era las impresionantes habilidades del joven sapo en el ámbito que ambicionaba. Ciertamente los mejores arquitectos aviares provenían de aquella academia pero su amigo Slippy era un ejemplo del talento innato que respaldaba a los ejercitos en las peores circunstancias, y al verlo no podía dejar de pensar en cuánto le gustaría que él fuera un miembro del equipo que planeaba reconstruir, aunque aún fuera una proyecto en proceso, pues ni siquiera se había atrevido a proponerselo.

—... Por suerte he tenido mucho tiempo para pensar en el problema —afirmó Slippy, sus grandes ojos destellando con determinación—, la siguiente semana me verás haciendo volar la nave inservible que nos entregaron ayer en las practicas.

—Estoy convencido de que así será, Slip —apoyó Fox con una sonrisa, era relajante ver la seguridad de su amigo al hablar. Entonces una carcajada sacó al vulpino de su ligero ensimismamiento, incitándolo mirar a su compañero de habitación que debió emerger hace un par de minutos para escuchar la explicación que Slippy había expuesto con tal entusiasmo durante el recorrido. Al verlo un sentimiento de vulnerabilidad se apoderó de él y, un tanto nervioso, tragó saliva tratando de disimular su repentina inquietud.

—Vamos, Slip. Te he dicho que evites los ensayos orales. Puedo ver humo saliendo de las orejas de Fox con tu palabrería.

—¡No todos son cabezas huecas como tú, Bill! —replicó Slippy juguetonamente mientras se acercaba y daba un golpe amistoso al canino quien se echó a reír una vez más como afirmación.

—Prefiero usar un término más espiritual. —Bil se alzó de hombros adoptando una postura triunfadora—. Es decir, cada vez que subo a una nave me siento fuera del cuerpo y todos mis problemas terrenales se desvanecen con el rugir del motor, necesito instinto más que intelecto en mi vida a diferencia de ti que usas demasiado el cerebro.

—Incluso al volar existen cálculos —replicó Slippy, entonces Bill no tuvo más opción que admitir la derrota, y lo hizo con una marcada sonrisa de aceptación.

—Está bien, está bien, después de todo, ¿qué harían los pilotos si no tuvieran un mecánico protegiendo la inversión ofrecida por el gobierno?

Slippy sonrió satisfecho con la aprobación de Bill. Entonces los tres se acercaron al barandal, optando por recargarse para observar el silencioso instituto que se apreciaba desde su actual posición, Bill y Slippy completamente relajados a diferencia de Fox, cuyo cuerpo volvía a sentirse tenso después de recordar su reciente conversación con Peppy por videollamada.

—Bueno, chicos —La voz de Toad rompió la quietud del ambiente luego de estirarse perezosamente contra el barandal—, me retiraré ahora, quiero terminar hoy mismo el prototipo digital en el que he estado trabajando.

—No te desveles mucho —solicitó Bill por mera costumbre, siendo consciente de que -sin importar lo que dijera- su amigo anfibio iba ignorar sus advertencias—, recuerda que mañana nos colaremos a Corneria City para empezar a elegir los modelos de traje que usaremos para la fiesta de graduación.

—¿Tan importante soy para eso? —cuestionó Slippy burlón.

—Oye, Fox y yo somos un desastre —evidenció—, tú mismo lo haz visto. A menos que quieras vernos hacer el ridículo frente a Fara no puedes dejarnos solos en esta apuesta.

—Para empezar, nunca debiste aceptar ese reto, Bill —replicó Fox divertido—, ninguno de nuestros familiares son multimillonarios ni dueños de negocios importantes como los de la empresa Phoenix. Ella no escatimará en gastos con tal de vernos morder el polvo con nuestro nulo sentido de la estética.

—Sabes que soy malo ignorando desafíos, Fox —Bill se sobó la nuca con torpeza, realmente arrepintiéndose de abrir el hocico cuando su amiga Fara comentó que serían el hazmereír de la academia cuando se presentaran ante el General Pepper para recibir sus diplomas vistiendo ropas muy fuera de lugar. Slippy se echó a reír.

—Descuiden jamas los dejaría a su suerte —afirmó Slippy—, pueden estar tranquilos, yo me hago cargo de mostrarles modelos elegantes y baratos. Hasta mañana.

Bill y Fox se despidieron con un gesto de Slippy quien no tardó en perderse tras la puerta de su dormitorio, el cual aquella noche tendría solo para él ya que su compañero se había retirado a su país natal justo después de la merienda. Al reconocerse solos, una vez más permitieron al silencio reinar en la atmósfera pero, tras unos minutos de reflexión interna, la voz del animado canino surgió suave y anhelante.

—El momento ya está cerca, ¿uh? En unas semanas más nos habremos graduado y recibido el título oficial de pilotos —Bill sintió a sus dedos temblar ante el simple pensamiento, razón por la cual juntó las manos, entrelazándolas—. Estoy tan nervioso... y ni siquiera ha ocurrido —Fox bajó la mirada con tristeza, incapaz de responder todavía. —Un familiar cercano que también es piloto me dijo que se encargaría de alistarme en su base para que una vez me gradúe comience a trabajar, se estima que esta será transportada a Katina igual que muchas otras por lo que será interesante formar parte cuando eso ocurra. Oh, y dijo que recibiría vacantes para dos integrantes más así que, ¿qué te parece si Slippy y tú... ?

—Bill —le interrumpió rápidamente, la tensión en su anatomía aumentando, después de todo no había podido hablarlo con su mejor amigo cuidadosamente antes y ahora que era el momento oportuno se le dificultaba deshacer el nudo que terminó por formarse dentro de su garganta, presa de la incertidumbre—, yo... abandonaré.

—¿Eh? —Bill se reconoció en shock, observando a su amigo quien se había movido poco, sin siquiera atreverse a levantar la mirada—. ¿Qué quieres decir con que abandonas? —cuestionó el canino desconcertado, Fox permaneció en silencio. —Es chiste... esta es otra de tus bromas, ¿verdad? No me creo eso de que dejarás la academia justo ahora —agregó, esta vez imitando el nerviosismo de Slippy al hablar.

—No, yo... —Fox intentó explicarse— abandonaré la oportunidad de convertirme en un piloto de Corneria y reconstruiré Star Fox.

—¿Hablas... del equipo mercenario que formó tu padre? —Fox asintió lento, inseguro por la reacción que podría tener su amigo, pues juntos habían planeado un futuro diferente, desde niños habían hecho un acuerdo que se prometieron jamás romper sin importar las circunstancias y él estaba faltando a su palabra. Sin embargo no obtuvo ningún sentimiento negativo de Bill a pesar de todo lo que su afirmación implicaba, en cambio Bill pareció pensarlo detenidamente—. Y, ¿has encontrado candidatos para acompañarte?

—Bueno... me falta proponerselos pero ya tengo en mente prospectos prometedores. Mi mentor puede llegar a ser un miembro importante como fue con mi padre, su experiencia me ayudaría mucho y Slippy no parece muy apegado al sistema social de todas formas, he visto que le gusta mucho desafiar sus propios limites.

—Hummm... —un momento más el can pareció pensarlo pero luego de unos minutos asintió—, ya veo. —Fox estaba al borde de una crisis nerviosa, pues la falta de respuesta por parte de su mejor amigo estaba carcomiendo su cerebro. Muchas veces intentó invitarlo a formar parte de este proyecto loco pero el brillo que habían expulsado sus ojos al hablar de pertenecer al ejercito corneriano le impedían atreverse. Bill siempre fue un perro de tradiciones, tan fiel como su familia a la patria que los había criado así que Fox no se consideraba capaz de apartarlo de su sueño por mucho que le quemara la inquietud de solicitar su colaboración. Sabía muy bien bastaría con pedírselo para que Bill abandonase todo por lo que había trabajado y Fox no quería eso; el futuro de su amigo era mucho más brillante a lado del ejercito. —¿Star Fox, eh? ¿Sabes? Al principio me pareció un nombre muy tonto pero después comprendí que tu padre lo llamó así en honor a su gusto por las estrellas, aunque aún no estoy seguro si "Fox" es en honor a su especie o fue inspirado en ti.

—Bill...

—Siempre fuiste un verdadero aventurero, amigo —comentó de pronto con una sonrisa satisfecha—. Era obvio que no te quedarías de brazos cruzados a esperar que te arrastrara la corriente, lo sé, hemos estado juntos largo tiempo, te conozco a la perfección. Estoy seguro de que Slippy aceptará tu propuesta, después de todo ambos comparten el mismo gusto.

—¿Lo crees?

—¡Por supuesto! ¿Acaso alguna vez te he mentido o me he equivocado tanto?

—Jamas, yo...

—Entonces levanta esos ánimos, cachorro —replicó adoptando un porte lleno de seguridad—. Necesitarás más que simple determinación para echar a volar a un equipo de mercenarios. Si planeas ser el líder más te vale que tengas pata firme y cola alerta. Mi abuelo siempre decía que los pilotos que buscan ejercer un negocio por su cuenta deben atravesar las pruebas más difíciles así que no aceptaré que te rindas sin siquiera haber comenzado. De cualquier manera, oye, tienes mi apoyo, ¿entiendes? —declaró regalandole la más brillante sonrisa que había dibujado en su rostro, sin ser consciente de lo mucho que este simple gesto había inspirado al vulpino quien asintió firmemente en respuesta.

Los días cruzaron las paredes del tiempo más rápido de lo que Fox hubiese deseado después de ese importante momento junto a su mejor amigo así que verlo retirarse junto a su familia sosteniendo aquel diploma significó más de lo que Fox pudo expresarle durante el animado evento de graduación. Cierto era que volverse a ver representaría todo un reto una vez ascendieran a sus propias naves de papel pero jamas negaría que una serie de sus mejores momentos estaban ligados al can que, desde el primer momento, lo consideró el hermano que jamas tuvo en su vida.

Fin.


Notas Finales: Leí en un articulo que Bill siempre quiso pertenecer a la milicia aérea corneriana y que este fue un sueño compartido con Fox desde la niñez. Sin embargo, ocurre que Fox toma la decisión de solventar Star Fox y evita pedirle a Bill formar parte ya que sabía era capaz de abandonar su más grande sueño con sólo pedírselo y quise escribir sobre ello. Amo la amistad de estos dos, tanto que me duele...