Notas Iniciales: Este escrito fue petición de Martincart en Tumblr quien me ayudó a salir exitosamente de mi bloqueo con su idea. Fue un gran reto para mi adentrarme en esta relación pero he quedado satisfecha con el resultado y admito que fue bastante agradable de escribir, espero logre cubrir las expectativas un poco, jeje.
10.- Pigma x Andross
Bajo la Suciedad.
Se lamentó, tal vez como pocas veces lo hizo desde que tenía memoria, la facilidad con la que el agua caía sobre las tierras venomianas provocaba que lo hiciera a pesar de que se encontraba a salvo en un sitio seguro de las instalaciones. Los grandes poros de su trompa rosada intentaron reconocer aroma alguno en esa lluvia de inofensiva apariencia, cuya propiedad cristalina casi lo engañaron logrando que la comparara a las lluvias que ocurrían en Corneria en plena primavera, pues parecía mentira que esta lluvia fuese ácida y causase graves problemas de salud ante el menor contacto en invasores como ellos que, por fortuna, fueron previamente vacunados con un antídoto naciente de la sangre del futuro Emperador; sin duda Venom se trataba de un planeta tan engañoso como salvaje, dispuesto a destrozar a cuanto inepto se aventurase a sus profundidades, al igual que sus habitantes. Recordar a Andross lo llevó inconscientemente a una época distante, donde él se encontraba en medio de esa lluvia delgada con un paraguas transparente, observando la manera en que ese simio con bata blanca se aseguraba de cerrar el impermeable del pequeño mono delante suyo, cubriéndole la cabeza con la gorra entre movimientos delicados llenos de un cariño que pocos serían capaces de ver en un sujeto tan inexpresivo. Pigma revivió lo que sintió al verlo, punzando en su pecho con una fuerza que tampoco podría expresar siquiera en señas. Suspiró y se frotó el rostro con una mano intentando volver al presente luego del repentino viaje mental, el cuero de sus guantes enfrió ahí donde tocó, obligandole apartar los dedos antes de que se cortara con su propia piel o congelara sus ojos; muchos creían que realmente era ciego debido a su descomunal condición, que afortunado era de tener semejante defecto genético. Una vez comprendió que este evento climático no se disiparía pronto, se dispuso dar media vuelta y entrar al edificio. Sin embargo, no esperó contar con la compañía de Andrew quien miraba con gesto suspicaz el diluvio que les precedía.
—Odio la lluvia —espetó con disgusto, como si alguien acabara de pedir su opinión.
—¿No odiabas el calor? —inquirió Pigma, de pronto interesado por las esporádicas revelaciones del joven heredero. No iba a negar que disfrutaba hablar con él, siempre era divertido ver sus expresiones a pesar de lo ruidoso que podría llegar a comportarse cuando alguien osaba burlarse de él en su cara.
—Ese es el peor clima —afirmó—, pero no es el caso. No me molesta la lluvia siempre, lo que odio es cuando llueve aquí. No podemos hacer más que mantenernos encerrados o acabar muertos por culpa de una enfermedad desconocida. En este punto creo que todos los fenómenos naturales que ocurren en este planeta son un mal constante.
—¿Y extrañas Corneria por eso?
—No midas mi paciencia, Pigma —advirtió el mono, pretendiendo ocultar la vergüenza que dominaba su acento furioso en cuanto se sintió descubierto, por ello Pigma no pudo evitar sonreír por primera vez en el día, su jornada había sido muy larga en comparación a otras, así que una actitud infantil en el momento adecuado era de agradecerse. Jamás se quejaría de la confianza que mostraba Andrew con él en momentos específicos, pues Leon era una piedra para charlar y Wolf lo intimidaba más de lo que el pobre probablemente quería, aunque quizás influenciaba más el hecho de que Pigma fue el primero que conoció dentro del negocio—. Por cierto, mi tío ha estado preguntando por ti.
—¿Sabes de qué quiere hablar? —cuestionó, la nueva información no había tardado en interesar al porcino después de todo. Andrew se alzó de hombros como primer reacción.
—No lo sé pero tampoco sentí el impulso de preguntarle. ¿Quieres ir a verlo? Podría estar en su habitación ahora, creo que estaba hablando con Caimán acerca de la nueva flota que formará parte de la zona defensiva espacial... la verdad no presté atención.
—Entiendo... —Pigma meditó lentamente en la decisión que debería tomar, no tenía nada más qué hacer y definitivamente no le apetecía hacer otra cosa así que ni siquiera se molestó en guardarse su respuesta—, supongo que debo ir...
Esquivando a su acompañante sutilmente, trazó su camino al interior de la construcción como lo tuvo planeado antes, su mente en blanco susceptible a todos los sonidos y escenarios que le rodeaban, razón por la que se detuvo en el instante que la voz del joven primate volvió a llamarle.
—Pigma —El aludido se giró, invitándole a continuar pero la pausa que Andrew había establecido enseguida se extendió por cinco minutos mientras Pigma esperaba sin rellenar el ambiente con cualquier palabra o comentario, y tal vez eso fue la causa de que él finalmente se arrepintiera de proseguir—. Olvídalo, ya vete.
Una extraña reticencia invadió al porcino cuando continuo su camino sin obtener respuestas, pero ni aún entonces se detuvo a exigir explicaciones, era común que Andrew se guardara sus inquietudes cuando estaba en desacuerdo con una sentencia o se encontraba lo suficiente nervioso para compartir sus pensamientos pero la expresión inquieta de su rostro consiguieron su objetivo de dejar a Pigma torturarse el cerebro con lo que pudo quererle decir. ¿Tendría relación con su poco aporte en su última misión? ¿El chico se sentiría un inútil? ¿Le remordería la consciencia por no haber cumplido su parte en el instante apropiado y buscaba comprensión? ¿O tendría que ver con la reprimenda que había recibido por parte de O'Donnell? Pigma siempre opinó que a ese perro le hacía falta tacto, aún cuando se suponía no debería importarle, su trabajo tenía que ver con Andross no con su sobrino, por muy familiares que estos fuesen o por muy compañero de trabajo que sea, después de todo era más pupilo de O'Donnell que suyo.
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Abrió los ojos cuando el elevador anunció su parada en la última planta de las instalaciones así que salió a los pasillos reconociendo la figura de Andross a plena vista junto a un ventanal. El lugar estaba completamente solo, sin rastro de cualquier otro soldado o del lagarto que lo acompañaba la mayoría del tiempo, lo cual le resultó extraño pero al mismo tiempo conveniente, pues Pigma no necesitó más que un vistazo para darse cuenta que el Emperador no se encontraba con la mejor actitud. Sin preocuparse por más detalles procedió dirigirse en su dirección, conservando sus facciones indiferentes hasta el momento en que la silueta del poderoso Andross, amado por todos los venomianos, yacía a su alcance.
—Hola, dulzura. No deberías andar por ahí tan desalineada, das miedo —se mofó apenas acercarse al simio, cuya mirada se penetró en su cabeza con una fuerza que hizo estremecer al porcino en todo su esqueleto pero ni aún así este se arrepintió de mantener su baquetonería a flote, renuente acobardarse—. Oye, tranquilo, sólo quería aligerar el ambiente. Tienes una cara aterradora, eso si es cierto. ¿Qué pasó? ¿Cuál de tus lindos reptiles no hizo lo que le ordenaste? —Andross gruñó cubriéndose el lado izquierdo de su rostro con una de sus manos libres, encorvándose ligeramente mientras se sostenía del marco de la ventana, cuando el cerdo bajó la vista vio a esas uñas enterrarse en el contorno de forma feroz y entendió lo que sucedía. Pigma sonrió—. ¿El General Pepper otra vez?
—Ese saco de pulgas... —gruñó en volumen bajo y con un tono arrastrado.
—Tenemos un ganador —El porcino se recargó en el muro cercano—. Ya habíamos acordado que sería nuestro último trofeo a menos, claro, que te hayas retractado. —Volvió la vista a su acompañante en espera de una respuesta positiva o negativa pero al no recibir nada decidió seguir hablando—. Si tan sólo hubiera una forma de llegar hasta él sin tanto...
—Pigma... —Andross le interrumpió. Oír más que sus gruñidos ansiosos incitó al porcino sobresaltarse inquieto sin tener verdadera intención pero la expresión demacrada, sumado a ese semblante moribundo que Andross tenía encima, rápidamente crisparon sus nervios con un presentimiento de que sería igual de chocante para él—. Dijiste que aunque ese conejo, tu antiguo compañero, viviera habríamos eliminado Star Fox... te equivocaste estúpidamente, el roedor entrenó a su hijo... la cría McCloud, para comandarlo. —Pigma sintió a una descarga eléctrica sacudir todo su organismo a la vez, paralizándose a lado del simio sin hacer más que únicamente eso, como si su mente hubiese sido lanzada a una dimensión distinta—. Sabía que debimos asesinarlo también.
Luego de procesar la información recibida, por fin una sonrisa curvó los labios del cerdo mientras sus extremidades y sentidos volvían a trabajar con normalidad. Pues cuando los recuerdos de aquella batalla en el espacio se adueñaron de su cerebro, el resto de sus sistemas reanimaron el tacto de los controles y la adrenalina vivida en el momento. Muy raras cosas conseguían causarle a Pigma tal placer y este era uno de los pocos acontecimientos que rememoraba cuando su entorno lucía monótono y sin prontas mejoras. Siempre odió a James McCloud, y aunque no había sido el primero en traicionar desde sus inicios en el negocio, haberle asesinado con sus propias manos logró generarle el más elevado nivel de satisfacción que todavía gozaba. Sin embargo, odiaría ser recordado por arrebatar esa simple vida, así que -en cierta forma- entendía el efecto que causó en Andross tener conocimiento sobre el resurgimiento de Star Fox en manos del hijo del zorro que juntos conspiraron derrocar gracias a sus dobles motivos.
—No esperaba que el mocoso tuviera agallas —se disculpó con simpleza, ganándose una nueva mirada acusatoria por parte del Emperador para finalmente girarse hacia él con determinación—. Sus deseos son ordenes, ya sabe —insinuó.
—No quiero que hagas nada... —Andross se irguió de nuevo—, aún.
—Entonces supongo que lo llevaré a su habitación, majestad —se ofreció el porcino ejecutando una descuidada reverencia antes de hacer una seña igual de tosca con su brazo para ofrecerle el paso al irritable primate, quien se limitó aceptar el jocoso gesto para caminar de forma menos estresada hacia su recamara. Debió notarse su cambio de humor en el momento que pusieron sobre la mesa el asunto de este misterioso grupo mercenario contratado por Corneria por lo rápido que sus súbditos le habían dejado al término de la reunión, Caimán había sido el único en ocupar su espacio más tiempo, pero sólo porque ese reptil era el más diligente en complacerlo con un detallado informe en comparación a otros más confiados en su propio desempeño; su especie era otro asunto por lo cual pudieron identificar su disgusto al instante. Una vez frente a la puerta que llevaba a su habitación, una combinación de botones bastaron para que el seguro se retirara y las compuertas se abrieran brindándoles paso al interior. Pigma no estaba seguro de querer entrar junto al Emperador a sus aposentos de esta manera pero le restó importancia cuando pensó en lo solitario que estuvo el trayecto, así que nadie podía llegar a juzgar esta intimidad en su relación de soberano a soldado. Andross se dejó caer en el ostentoso sillón más cercano aún frotándose la frente mientras Pigma tomaba de un mueble de cristal y madera una botella de vino blanco para servir a su señor en cuanto se acercó. No dijo nada cuando terminó de llenar los vasos ni se molestó en tomar asiento mientras bebía ruidosamente.
—Pigma, ¿tienes un momento?
—Tengo toda la noche, majestad. De lo contrario estaría... no sé, molestando a ese lagarto ¿quizás? ¿Admirando las últimas aplicaciones del wolfen?
—Bien, porque necesito alguien con quien hablar. Recordar a James, me hizo pensar en Vixy.
—¿No preferirías hablar de eso con Leon? —cuestionó bruscamente, sintiendo algo ácido recorrer sus venas en lugar de sangre, sabía que era una tontería pero evitar la sensación estaba fuera de su alcance, ya lo había intentado antes.
—No seas estúpido —demandó con seriedad—. ¿Te crees que soy libre de hablar de temas así con cualquiera? Fue Leon quien me eligió como su amo, yo no se lo pedí.
—¿Ah, si? Entonces malinterpreté el momento en que le pediste hacerse cargo de todo lo que en un principio me concernía a mi.
—Me dijiste que ya no te importaba.
—No me importa —reiteró—, pero de todas formas el asunto sirve para hacernos ver a ambos que Leon no es un cualquiera para ti.
—Puedo darme cuenta por qué quieres evitar hablar de Vixy pero no te confundas, yo si he superado en serio el pasado aunque parezca que quiero molestarte con lo contrario —Pigma bufó sin lograr encontrar argumentos para rebatir las palabras de Andross, aunque se tratara de él no tenía pensado rebajarse y admitir sus celos irracionales—. Todo lo que sucedió en Corneria nos tiene marcados y parece que esos pecados nos persiguen incansablemente y es por eso que este nuevo Star Fox ha decidido formar parte del esquema, gracias a Pepper.
—Ya tuve suficiente de James —declaró Pigma—. Con el zorro muerto me da igual quién esté deseando venganza, no me afecta en lo más mínimo. Esos niños sólo están marchando a su muerte, si aparecen los destruimos y es todo. Al demonio.
—No entiendo. Mataste a James personalmente porque detestabas su carisma y también porque yo lo consideraba mi némesis. Ambos sabíamos que ayudaríamos a la causa del Imperio con la muerte de un espía, no tuviste remordimientos pero aún así ¿seguirás manteniendote neutral con la aparición de su único hijo?
—¿Y qué más quieres que haga? ¿Que comience a rezar por mi seguridad, a una divinidad que perdone mis pecados? Lo hecho, hecho está. Creí que estábamos en perfecta sincronía respecto a eso —Pigma volvió a levantarse su copa sin decoro alguno antes de terminar su contenido, tomar aire mientras se limpiaba con el dorso de su mano los residuos y enfrentaba la mirada inquisitiva del simio—. Escucha, tal vez no tenga tanto afán por las implicaciones en la ley de causa y efecto como tú, pero ese zorro no me interesa, ni siquiera me preocupa el viejo Peppy. Así funciona la vida —enunció arqueando los brazos a sus costados—, unos mueren, otros gozan y otros más les arrebatan sus logros de las manos.
—Ya veo —Las pupilas de Andross temblaron antes de que se alejaran de la silueta de Pigma, logrando sorprenderlo con su repentina calma—. De esta forma es como has estado viviendo... no tiene caso vivir en el pasado —dijo pero Pigma intuyó que -más que decírselo a él- estaba auto-convenciéndose—. Fox McCloud sólo es otro ingenuo que se atreve a desafiarnos como un enemigo, no es nada extraordinario. —Después de eso, el porcino vio al primate levantarse y caminar sin dirección aparente fuera de su vista al fondo de su habitación y no agregaron nada más a la conversación lo que quedó de la noche.
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Como era usual, Pigma no habló de lo sucedido con nadie, ni siquiera con Andrew quien no le quitó la mirada de encima los próximos días. El mismo Andross se encargó de comunicarles el suceso durante una reunión privada, pero ninguno de los integrantes pareció reaccionar a la información más que Wolf O'Donnell quien al instante gruñó bajo sus colmillos antes de mostrarse complacido como si aquella se tratara de la mejor noticia que hubiese recibido en mucho tiempo. Y, como era de esperarse, no pasó mucho antes de que fueran enviados a enfrentarles en la base que Corneria había asentado en Fichina mientras el ejercito venomiano estaba cerca de dominarlo. La lucha aérea había sido reñida, durante lo que pareció una eternidad cada adversario había dado todo de sí para deshacerse de su enemigo prometido. Su encuentro con Peppy no fue agradable pero le hizo recordar la razón por la que estaba en esta guerra así que no dudó burlarse de él durante la lucha, torturándolo con sus errores pasados, pero pareciese que esos niños poseían más habilidad de lo que supusieron en un principio. Andrew fue el primero en ser derribado en combate y Leon sucumbió después. Como ace pilot que era, fue Pigma en quien O'Donnell depositó su confianza para darle un giro a las circunstancias y lo logró, distrayéndoles el tiempo suficiente para que la bomba que su ejercito había instalado en la base estallara, dejando nada más que escombros en su marcha al espacio, y depositando en los corazones de esos jóvenes una derrota que jamás olvidarían. Andross estuvo complacido con los resultados pero eso no le impidió dedicarles una mirada severa a los dos que habían cedido su victoria. Pigma vio a Andrew deprimirse por ello en silencio y observó desde la distancia con gesto burlón la furia de ese estoico reptil que era difícil alterar mientras él se dirigía nuevamente a los aposentos del Emperador para dar un informe más detallado sobre lo que había ocurrido, con la cabeza de Andross recargada en su hombro.
Sin embargo, aquella no fue la última vez que vieron a los chicos del nuevo Star Fox, pues todo indicaba que estos le harían una visita a su satélite más importante para destruir una de las fuentes de poder que alimentaba la tecnología del planeta así que Andross los envió de nuevo, pero esta vez con ordenes estrictas de asesinarles como fuera. Star Wolf partió al combate convencidos de que el resultado no sería tan diferente de la última vez. Pigma podría reírse del karma que los había golpeado pero no quería creer en el motivo por el que la balanza se inclinó en su contra esta ocasión, ya que él fue uno de los primeros en caer victima de los disparos, quedando inconsciente en el instante que su wolfen se arrastró en el suelo del satélite, impactando hasta que alguna estructura alta y delgada detuvo su trayecto.
Cuando despertó por primera vez lo único que su entendimiento pudo rescatar fue el techo sobre su trompa y los aromas diversos que dominaban la enfermería antes de volver a caer desmayado por el fuerte dolor que aún lo invadía y durante sus cortos lapsos de consciencia escuchó diversos tipos de voces y creyó ver la silueta de Andross vigilandolo con ese porte majestuoso que solía usar frente a todos sus súbditos. Cuando finalmente logró mantenerse despierto se percató de las extremidades protéticas que le vestían de pies a cabeza, pues tal parecía que su deceso en batalla había sido tan grave que los venomianos tuvieron que acudir a las maquinas para conservarlos convida. O'Donnell fue el menos afectado de todos ellos a simple vista ya que Leon tampoco conservaba algunas zonas de su anatomía pero Pigma llegó a sentir cierta lastima cuando descubrió que tuvieron que reemplazar los dos ojos de Andrew por un montón de laminas, tornillos y cristales para ayudarle a ver en sus siguientes misiones. La guerra aún no terminaba y el peligro de invasión había puesto en alerta máxima a todo el ejercito, así que los preparativos para defender el planeta fue en lo que todos habían enfocado su tiempo y atención, pues cada habitante y soldado tenía asignado su trabajo. Pigma sabía que estaría ocupado una vez los cornerianos entraran a la zona defensiva espacial pero decidió darse la vuelta e ignorar el desorden para dirigirse a donde sabía se encontraría Andross en esos momentos, por eso no se sorprendió de acertar al verlo en el laboratorio completamente solo, de frente a los brillantes contenedores donde vivían las mutaciones de antiguos proyectos puestos en marcha.
—La batalla final se acerca —recitó Andross, tan ajeno como una estrella muerta. El cerdo pensó en decir algo pero sus palabras murieron dentro de su garganta antes de que nacieran de su lengua—. Venom se levantó, surgió de las arenas áridas y desafió la galaxia, elevándose con la gloria de un Imperio Supremo. Venom nació de una ilusión. —El simio enfrentó la mirada atenta de su acompañante, conservando la misma postura recta, la misma mecanicidad, más fría que aquellas que ayudaban al cerdo estar de pie y ser capaz de tomar los controles de su wolfen—. Estuvimos tan cerca... pero eso no fue suficiente, no lo es cuando el Imperio es el amenazado. No teníamos que ser empujados a usar nuestros últimos recursos pero Corneria ha prosperado en la guerra... otra vez.
Sus miradas se cruzaron, sólo eso bastó para que Dengar lo percibiera. No existía más vida en los ojos marrones del simio. Andross había muerto frente a él y ni siquiera tuvo que disparar un blaster para liberarlo de su condena. Mientras agonizaba, Pigma pensó que sería correcto ayudarlo a ser libre de su carga, asesinándole como hizo con otros pero no tenía caso si ese quien fue su amante había logrado cruzar la linea de los mortales para convertirse en muerto viviente; en ese estado hiciera lo que hiciera no reaccionaría ni atendería razones así que Pigma se marchó sin decir nada, acuchillado su imagen juntos en su mente, pues ya no importaba si Star Wolf surgía victorioso de su última misión, aquello no les devolvería al Emperador que estaba dispuesto a hundirse junto a todos sus logros. Por eso no se volvió a buscarlo cuando lo escuchó gritar, probablemente sufriendo las mutaciones genéticas de su último experimento que había guardado para si mismo y que debió inyectarse. Sería Fox quien presenciara los resultados de una mente prestigiosa siendo devorada por sus ambiciones, ahora que se había transformado en un cerebro hecho para gobernar todo el Sistema Lylat, cuyos motores no eran otros que el inmenso odio que conservó todo este tiempo hacia Corneria y hacia el fantasma de James McCloud. Sus verdaderos pecados. La verdadera forma de Andross que Pigma ya conocía.
Fin.
Notas Finales: ¡Gracias por leer! Espero no tardarme tanto la próxima vez.
