Notas Iniciales: ¡He vuelto! Y con un Twoshot que integré en esta actualización para mayor comodidad, espero que lo disfruten.
12.- Kool x Katt x Falco
Poder y Control.
I
Dentro del séptimo planeta del Sistema Lylat, la ciudad principal yacía cautiva por las garras de la noche, con sus estructuras metálicas vibrando ante las ventiscas heladas, que promovían los cambiantes estados del año ocurridos a lo largo de un agitado calendario para los habitantes. Zoness una vez más se entregaba a las sombras en aquella parte del mundo, concediendo libertad al rugir de los ruidosos motores que iniciaban su recorrido desde las orillas costeras hasta la zona centro de la isla, donde un gran número de residentes anticipaban el desastre que seguramente causarían aquellos pillos en la pacifica ciudad turística, cuya fama se había visto dañada por el incremento de delincuencia entre los sectores debido a la llegada de ciertas presencias políticas radicales.
Y, ajenos a las hostilidades galácticas cercanas, las pandillas se reunían para llevar a cabo sus contiendas nocturnas, entre ellos los Hot Rodders volvían a movilizarse en sus motocicletas, quemando llantas en cada curva peligrosa de la carretera y triturando las reglas de transito igual que galletas recién horneadas. Al frente encabezando el escuadrón motorizado, Kool -un gato de azul pelaje y chaqueta de cuero discreta- sonreía victima de la adrenalina que experimentaba cada vez que presionaba el acelerador hasta el limite. Justo a un costado suyo, la intrépida felina -y única dama del grupo- Katt Monroe se dejaba reír divertida con las mofas de sus otros compañeros mientras esquivaban con gran maestría cada obstáculo obstruyendoles el camino, siendo quien más se reservaba de realizar acrobacias complejas en aquel momento. Bowsor, a escasos centímetros de Katt, constantemente alzaba la parte delantera de su motocicleta en el aire, echándose a reír de forma escandalosa frente a la más insignificante victoria, sintiéndose romper la velocidad del sonido hasta que uno de sus compañeros más ágiles decidió arrebasarles para llegar junto a Kool por nada más que diversión antes de nivelarse a la motocicleta de su actual guía y amigo. Mouser, un roedor de orgulloso pelaje gris desordenado, desafió con la mirada al gato azul cuando le mostró el dedo medio, ganándose una mirada de diversión por parte del afectado quien no tardó en adivinar las intenciones de la rata en ese instante.
—¡Muy gracioso, idiota! ¡Tus provocaciones no sirven conmigo y lo sabes! —exclamó, esperando ser escuchado por el otro mientras procuraba no distraerse del sendero que recorrían a toda marcha.
—¡No trato de provocarte aunque todos sabemos que no me ganarías en esto ni en un millón de años! —replicó la rata con evidente excitación, decidido conducir a su amigo de motor a enfrentarle por fin después de muchas propuestas fallidas.
—¡No voy a ceder a eso, Mouser! —afirmó Kool—. ¡Desde nuestra última carrera salimos más humillados que nada así que no intentes convencerme de lastimar tu exagerado amor propio! ¡Además, sabes bien que nuestro líder no nos autorizó para esto! ¡Si nos atrapa podría irnos muy mal a los dos!
—¡Muy bien! ¡En ese caso, asumiré que tienes miedo de perder!
—¡Ohoho, no! ¡Quiero ahorrarme otra reprimenda, y eso es todo! ¡Jamas le temería a una rata! ¡Mis ancestros se retorcerían en sus tumbas!
—¡Pues seguro ya están ensayando porque esta rata te dejará temblando hoy! —diciendo esto, Mouser activó los propulsores que había instalado a su vehículo deportivo, elevándose en el aire varios metros de distancia antes de volver a impactar las pesadas llantas sobre suelo firme, retomando un intenso nivel de velocidad que hizo a Mouser gritar con profunda emoción. El suceso casi logra tomar a Kool desprevenido así que no dudó cubrirse el rostro un instante antes de darse cuenta que el roedor seguía vivo, lejos de su alcance y mucho más cerca de llegar a la meta—. ¡Te veré en la base, Kool!
—¡Hey! ¡Eso es trampa! —exclamó el felino, completamente ofendido, presionando el botón de los propulsores en su propio manubrio para imitar la trayectoria de su rival prometido, aceptando inconscientemente el reto.
—¡Tú puedes, Mouser! —animó Bowsor a su mejor amigo desde su posición, Katt se echó a reir—. ¡Demuéstrale que los roedores tienen más garras que los felinos!
—¡Vencelo, Kool! —exclamó Katt, inspirando una nueva carcajada en el cocodrilo a su lado.
Evadiendo otros vehículos en su recorrido, ambas motocicletas luchaban por superar a la otra. Mouser, quien iba a la cabeza por un par de metros, se sorprendió de lo sencillo que había sido para el felino alcanzarle entre todo aquel camino de obstáculos móviles así que decidió orientar la llanta delantera rumbo a la escalera metálica de un edificio cercano de pésima estructura. Esto no tardó en sorprender a Kool quien poco pudo ignorar sus movimientos hacia la parte más alta de aquella construcción, antes de activar dos alerones pequeños en ambos costados que le sirvieron para impulsarse de tejado en tejado y aventajar la distancia perdida en sus movimientos anteriores rápidamente. Sintiéndose intimidado por esta maniobra, Kool presionó nuevamente los botones de los propulsores para darse cuenta que el combustible restante no era suficiente para usarlos, chasqueó la lengua y decidió girar hacia el primer callejón que encontró, no importándole derribar los contenedores de basura que se cruzaban en su camino. Conocía muy bien hacia dónde moverse para acortar el recorrido y lo había hecho tantas veces en su motocicleta que ya no era un problema mantener el equilibrio, aún si el medio era mucho más veloz o un poco más grande que otros medios de transporte. Mientras tanto, Bowsor y Katt continuaban sobre la carretera vigilando lo más cerca posible la carrera de sus compañeros.
—¡Parece que llevarán esto al limite! —exclamó el reptil divertido con la imagen de su mejor amigo saltando los tejados igual a un gato—. ¡Veo a Mouser pero, ¿dónde está Kool?!
—¡Debe estar usando los callejones, sus movimientos son cambiantes! —dedujo Katt dedicándole un breve vistazo al único radar de la pandilla, que residía justo en el centro del manubrio de su motocicleta personalizada—. ¡Está decidido a vencerlo!
—¡Es curioso, ¿no? Pareciera que esos dos han intercambiado especies!
—¡Sin duda! —confirmó Katt acompañando la risa de su amigo. Sin embargo, la diversión no duró demasiado, pues ninguno había tardado en reconocer el sonido incesante de una sirena avanzando hacia ellos. Bowsor y Katt miraron por sus espejos retrovisores, reconociendo la patrulla de transito aproximándose a gran velocidad. Katt rodó los ojos con descontento, posicionando sus orejas para ubicar una nueva patrulla que se unía a la persecución—. ¡La paz se terminó, pequeño hombre! ¡Lo mejor será desplegarse!
—¡A sus ordenes, señorita Monroe! —recibió Bowsor haciendo un gesto de respeto con la mano derecha, listo para iniciar el plan de evasiva.
—¡Ahora! —señaló la hembra, mandato al cual Bowsor acató instantáneamente.
Ambas motocicletas se deslizaron con gracia natural hacia diferentes direcciones, quebrándose a carreteras libres de embotellamientos donde la diversión estaba garantizada; Bowsor tomó el flanco derecho y Katt avanzó hacia el flanco izquierdo, cuya ruta descendía por una calle empinada hacia un vecindario en remodelación que conocía a la perfección, el cual le serviría para burlar a las patrullas que optaron por seguirla a ella.
No era la primera vez que su pandilla escapaba del transito así que Katt estaba segura que esta no sería la última, de hecho, la adrenalina que despertaba en su ser cada vez que se metían con la incompetente policía de la ciudad brotaba de su interior una importante fuente de satisfacción parecida a una droga de humo, como aquellas que Mouser solía invitarles fumar durante sus reuniones. A toda marcha, Monroe entró entre los bloques sin terminar de las viviendas inhabitadas, regocijándose cuando se percató que una de las patrullas se había visto atascada a mitad del camino mientras la otra optaba por ir en busca de una nueva ruta. Siquiera reconocerse libre, activó los propulsores sin abstenerse mientras realizaba movimientos de muñeca sobre el manubrio para cambiar de dirección o saltar por encima de los obstaculos más pequeños que se encontraba. La carretera se extendió ante su ansiosa mirada cuando consiguió emerger fuera del callejón donde perdió a la última patrulla que la perseguía, así que no pudo evitar sonreír. Sin embargo, su felicidad duró poco al identificar las luces azules y rojas de un nuevo vehículo de transito que prometía un encuentro fortuito sobre la siguiente cuadra. Con un gruñido, desvió su camino sin reducir un instante la velocidad, realizando un giro de cientosesenta grados, convencida de encontrar una nueva ruta de escape. El cambio abrupto de dirección provocó que la llanta dejase pintada una linea en el suelo antes de que la motocicleta se estabilizara nuevamente y continuara su camino.
Pronto, ubicó una desviación a la cual se retiró al instante para burlar con facilidad otro vehiculo que avanzaba en sentido contrario; Katt supuso debía tratarse de un vicioso de los muchos que abundaban en su barrio, después de todo el olor a drogas golpeó su nariz en el instante que lo esquivó. Una sonrisa se dibujó en su rostro al encontrarse victoriosa con facilidad. Más nunca esperó que escucharía el rugir de otra motocicleta momentos antes de descubrir a su compañero Kool saliendo disparado de un callejón cercano para acomodarse a un costado suyo con una sonrisa, la cual la felina respondió.
—¿¡Qué pasó con la carrera!? —inquirió divertida.
—¡Quedará pendiente! ¡Los tipos nos acorralaron! —explicó Kool con acento desilusionado.
—¡Quiero sepas que yo había apostado por ti!
—¡Lo sé! —replicó Kool al instante, después de todo cada vez que acordaban una carrera improvisada los bandos se dividían siempre en el mismo orden y Katt lo sabía, por eso no se evitó volver a reír por el gesto indiferente que su amigo le había dedicado.
—¡Todavía podemos retomarlo tú y yo! —sugirió.
—¡No con la policía detrás nuestra! ¡Sabes que no me gusta arriesgar demasiado!
—¡Eres un aguafiestas! —reclamó, fingiendo decepción—. ¡Me adelantaré entonces!
—¿¡Qué!?
Katt había vuelto activar los propulsores antes de que el felino azul pudiese oponerse y, aún en medio de su sorpresa, logró reaccionar acelerando toda la capacidad del vehículo en su poder, ya que no le quedaba combustible para activar el propulsor también. Por suerte para él, no volvieron a encontrarse con las patrullas en lo que restaba del camino. El viaje fue tranquilo para los dos felinos que no tardaron en encontrar el punto de encuentro que acostumbraban cada vez que eran descubiertos en sus travesuras y debían separarse. Bowsor y Mouser ya estaban estacionados ahí, junto a dos barricas de metal oxidadas que los vagabundos solían usar como chimeneas en épocas frías. Ellos no dudaron saludarles desde la lejanía, incluso antes de que los gatos pudiesen estacionarse o siquiera responderles con un gesto, pero cuando estuvieron completamente a salvo sobre el pavimento, ninguno de los chicos se evitaron reventar a carcajadas y gritos entusiastas por lo que les había entregado esta última aventura, dichosos de haber sobrevivido nuevamente, todos excepto Kool quien siempre necesitaba tiempo para recuperarse de tanta agitación.
—Eso fue extraordinario como siempre, Katt —felicitó el cocodrilo a su amiga—. Alcancé a ver cómo cruzaste todos esos bloques de vigas para perder de vista a dos patrullas.
—¿En serio? ¿En qué parte estabas?
—En el puente peatonal más alto.
—¡No me jodas! —Katt gestó una mueca de asombro puro mezclado con diversión—. ¿Y no te llevaste a veinte transeúntes entre las llantas?
—Por supuesto que no, soy un as cuando se trata de evitar atropellos. Y con eso quiero decir que todos saltaron a los costados y se aferraron a las rejas como saltamontes en celo.
—Hey, hermano —Mouser no dudó acercarse hasta el felino azul para darle palmadas en la espalda de forma sanadora mientras sus otros amigos compartían sus excitantes experiencias de manejo—, relájate. Sé que fue intenso pero no es para tanto.
—Quizás no para ti, porque en mi caso estuvieron a nada de capturarme. Una patrulla se interpuso en la salida de uno de los callejones que tomé, fue una suerte que encontrara una rampa y que dicha rampa aguantara el peso de mi moto. ¿Tienes idea de qué estaba hecha? De un barril de madera y una lamina —informó, desconcertado y un poco molesto por la ligereza usual con la que yacía forrada la personalidad del intrépido roedor.
—Ni aguantas nada.
—Igual tu tío te hubiese pagado la fianza ¿no? —inquirió el reptil del grupo en un intento de reducir el estrés de su compañero, finalmente prestándole atención.
—No. Hace dos semanas fue mi última oportunidad. El tipo no volverá a sacarme de la cárcel así que tengo que tener más cuidado.
—Nosotros te la pagamos la próxima vez ¿vale? —interrumpió Mouser un tanto exasperado por la actitud histérica de su amigo—. Robamos una caja, o nos disfrazamos de trabajadores sociales y nos infiltramos a la cárcel o algo así. Te preocupas demasiado, hombre. Deja de lloriquear, hoy fue otra victoria para los Hot Rodders.
—En efecto, tú sólo disfrútalo —declaró Bowsor, Katt se limitó asentir con una sonrisa.
—Si, si, cierto —aceptó Kool luego de unos minutos, levantándose del suelo con un poco de dificultad—, al menos estamos en una pieza y no nos atraparon tampoco. Puede que se me subiera un poco la bilis, lo siento.
—No lo sienten —dijo una quinta voz en el ambiente, consiguiendo que los cuatro motociclistas se tensaran de pies a cabeza antes de mirar al mismo tiempo en dirección a una silueta reconocida que rápidamente emergió de las sombras para colocarse justo enfrente de ellos con sus largas y anchas alas cruzadas—, todavía. —Fue en ese momento cuando toda la satisfacción de los involucrados se congeló para dejar a cuatro muchachos avergonzados con sus acciones, arrepentidos como crías a las que han regañado, desarmados e indefensos—. ¿Se puede saber que carajo sucedió allá atrás?
—H-Hey, Falco. No te vimos llegar. ¿Cómo están tus abuelos?
—No te atrevas a cambiarme el tema, Katt —advirtió el ave bruscamente, logrando que las orejas animadas de la felina rosa se hicieran hacia atrás al ver su estrategia fallida; comúnmente bastaban unas preguntas inocentes de rutina y una conversación corriente para calmar la furia de su líder pero todo indicaba que esta vez no sería tan sencillo desviar su atención del crimen que acababan de cometer—. Recuerdo perfectamente que acordamos no hacer un alboroto hasta que se olvidara nuestro último atraco. —Los motociclistas se miraron unos a otros sin saber qué hacer frente a esta situación, nunca lo sabían cuando Falco Lombardi parecía reacio a dejarles pasar su falta—. ¿Quién inició la carrera? Esperaré a que me lo digan voluntariamente, de lo contrario, cuando yo lo averigüe, van a estar en graves problemas. Ahora, ¿quién fue?
—Fui yo —replicó Katt rápidamente con una sonrisa torpe, y sus compañeros se sorprendieron. Falco la miró con una mueca inconvencida—, pensé sería divertido, es decir, ¿quién no quiere divertirse un poco después de tanto tiempo encerrados y perdiendo el tiempo en juegos de cartas? ¡Vamos, Falco! El clima es perfecto para competir en moto.
—¿En serio? —Falco estaba lejos de creerle, conocía a Katt lo suficiente para dudar de su palabra al siguiente instante de haberla escuchado.
—En serio. ¿Alguna vez he dicho mentiras?
—Katt —El faisán le lanzó una mirada de advertencia—, no pruebes mi paciencia.
—Te digo que fuí yo —insistió, esta vez con más confianza, pero Falco devolvió la mirada al resto de la pandilla, recorriendo sus siluetas de uno en uno con la mirada. Los notaba nerviosos, incluso el gran cocodrilo rehuía su mirada y eso era signo de que algo estaba muy mal aquí, así que devolvió su mirada a Katt, mostrándose mucho más severo que antes. E inclinandose más cerca del rostro femenino, evidenció amenaza.
—Hablaremos a solas tú y yo en cuanto lleguemos a la base, más te vale tengas preparada una buena excusa para ignorar mis mandatos esta vez.
La voz del faisán fue ronca, teñida de un tono más sombrío de lo normal, esto puso en alerta máxima a la felina, aunque ella procuró mantenerse relajada mientras el ave se erguía nuevamente y caminaba hacia su propia motocicleta, la cual yacía aparcada justo en el borde de la acera. Verlo subir al asiento y ponerla en marcha al siguiente instante -haciendo rugir el motor espectacularmente- fue señal suficiente para que todos se apresurasen a seguir su ejemplo, en cierto modo aliviados de que su fácil temperamento no se hubiese visto afectado gracias a la habilidad de manipulación de Katt en este tipo de situaciones. No pasó mucho antes de que las cuatro motocicletas restantes se unieran sobre la carretera provocando un fuerte estruendo en su recorrido.
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Transcurrieron alrededor de veinte minutos donde el grupo motorizado invadió el nocturno escenario, sólo disfrutando de la cálida brisa que podía ofrecer una zona rural y el ronroneo de sus vehículos abarcando terreno, hasta que por fin llegaron al sitio que hacían llamar su base; un edificio abandonado a las orillas de la costa que habían adoptado como su guarida un día de tantos, remodelándolo a sus capacidades para dejarlo en la condición más presentable posible. La vieja obra figuraba haberse tratado de un acuario pequeño, que regalaba un centro de atracciones -ahora oxidado- para crías en el patio trasero y un mini restaurante al costado. Ninguno de ellos sabía qué había ocurrido con el dueño original pero en aquella parte de la ciudad era normal que las viviendas terminasen tristes y sin propietarios así que no consideraron mala idea darle uso, al menos hasta que encontrasen otro lugar más cómodo para propiciar sus pequeños festejos clandestinos, o tuviese una mejor vista de su territorio. Detenidos en el llano e improvisado estacionamiento que prepararon para sí mismos junto a la construcción, se permitieron ponerle el seguro a sus vehículos antes de retirarse; nunca sabían qué ladronzuelo de su calaña intentaría sorprenderlos después de todo. Pero toda la armonía que pudieron gozar fue rota cuando Falco llamó a Katt desde una reja que llevaba a una habitación diferente de la entrada principal. La orejas de la felina se animaron y rápidamente respondió al llamado de su líder despidiéndose de sus demás amigos con un guiño coqueto.
—Es mi momento, chicos. Yo me encargaré de Falco así que disfruten de la velada y no se preocupen por mi ¿de acuerdo?
—Katt... mucha suerte —le deseó Kool, apenado de que ella siempre tuviera que hacerse cargo de solucionar los errores que ellos cometían, siempre decía que no le importaba pero al final Kool no podía evitar incomodarse cada vez que la enviaban a una reprimenda injusta.
—Los veo más tarde —correspondió con una sonrisa. Y, en el momento que ambas siluetas se perdieron tras los muros, el suspiro que Kool estaba reteniendo se liberó.
—¿Qué haríamos sin el apoyo de esa mujer? —comentó Bowsor satisfecho.
—Si —Mouser suspiró relajado, agradecido con ella por haberle salvado el pellejo de nuevo—. Sinceramente tengo que invitarle un buen trago en su bar mixto favorito.
—¿Creen que todo salga bien? —quiso saber Kool.
—¿Todavía te preocupa? Katt es una mujer muy astuta en serio, seguro tendremos a Falco bebiendo y riendo con nosotros más tarde como si nada, créeme. El control que tiene ella sobre Falco es tal que a veces me asusta, no cabe duda que es la líder desde las sombras.
—Bueno, Katt tuvo la idea de crear esta pandilla en un principio después de todo —dijo el roedor, respaldando el comentario del robusto cocodrilo—. Falco me lo dijo una vez que estábamos bebiendo nosotros dos solos.
Kool se mordió el labio inferior con incertidumbre mientras se dirigían al interior del edificio. Los mejores amigos no habían tardado en cambiar drásticamente de tema después de aquello y Kool no los interrumpió a pesar de seguir su paso, después de todo inquieto. No pudo evitar seguir mirando la reja que Katt y Falco habían cruzado, su linea de pensamientos rasgando una serie de escenarios que podrían estar ocurriendo con aquellos dos completamente solos lejos de sus oídos. No era que desconfiara de su sana convivencia o que creyera que aquel faisán era capaz de lastimar a una dama; Falco Lombardi podría no ser el líder ejemplar ni el sujeto más responsable del Sistema Lylat pero seguía siendo el centro de su profunda admiración, aún si este también era a quien Katt -la mujer a quien Kool tanto amaba- veneraba más que a nadie en todo el universo.
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La tensión en su anatomía había reducido al verse siendo complacido hasta el menor céntimo por la accesibilidad de su acompañante. Falco suspiró y se tumbó sobre el sillón con los brazos a cada costado en el respaldo y las piernas abiertas frente a una pequeña mesa de madera. Aquella bodega había sido preparada como una recamara privada por si algún integrante de los Hot Rodders le apetecía pasar tiempo con pretendientes o novias, por eso cuando nadie lo usaba a Falco le gustaba detenerse a meditar sobre grandes robos o atracos menores futuros, motivo por el cual también lo usaba para tener largas charlas con sus amigos cuando alguna de sus acciones podrían afectar a todo el grupo. De alguna manera Katt era frecuente y esto se sintió como un deja'vu reiterado, así que tampoco le sorprendió que todo resultara tan natural, como si no significara gran cosa volver a tratar con los caprichos de su amiga, la única encargada de corromperlo en su totalidad.
—Empecemos con esta mierda de una buena vez —dijo, tono arrastrado evidenciando cansancio absoluto, incorregible. Katt se paró justo frente a él cuando comenzó a frotar esos largos dedos contra sus parpados, hipnotizandola un breve momento.
—Ya, lo siento. Fue una reverenda estupidez ponernos en riesgo así. ¿Me perdonas?
—Si bastara una disculpa sabes que no sería necesario tener esta charla.
—Si tú quieres la evitamos. —Katt jugó un tono travieso en su acento seductor—. Yo prometeré no volver hacer ese tipo de escenas, tú prometerás no hacer de esto un arma para un rencor futuro y se acabó, asunto arreglado.
—Katt, tú no entiendes la definición de "promesa". Siempre estás metiéndote en problemas, y como consecuencia nos involucras a todos. Si fueras capaz de quedarte quieta un sólo día yo no tendría que preocuparme por mantener un ojo encima de ti. No, ni siquiera puede pasar una hora antes de que incites a los otros a desobedecerme con tus locuras.
—No exageres, Falco.
—No es exageración, es una realidad —espetó de mal humor—. Contigo nunca puedo bajar la guardia, Katt. Y ya estoy harto. ¿Cuándo vas aprender a guardar compostura? Incluso para perder la cabeza hay tiempo pero no lo hay siempre.
—No vine aquí para tener un segundo padre —declaró la felina rompiendo la distancia con el faisán para tumbarse en el sillón junto a él, haciendo saltar los resortes por su precipitada caída—, no seas tan duro con todo este asunto. —Katt extendió un brazo para acariciar la cabeza del ave quien de inmediato gestó una expresión disconforme—. No somos más que los pillos de turno, estamos a salvo mientras nos mantengamos fuera del crimen organizado. Nuestros pequeños negocios no cavarán nuestra tumba, te lo aseguro.
—No estamos hablando de eso, estamos tratando tu indisciplina aquí.
—Ya me disculpe, ¿qué más quieres? —exhaló Katt exasperada y bajando el brazo, pero al siguiente instante su mueca se transformó en una sonrisa pícara—. ¿Un besito?
—Katt... —La mirada de Falco endureció.
—¡Estoy bromeando! Joder, que apretado eres. Pareces "en tus días". Tanto rechazo a mis buenas intenciones duelen ¿sabes?
—Si tú estás dolida por mi actitud, imagínate cómo me siento yo.
—¿A punto de llorar como una Magdalena? —asumió la hembra con diversión—. Sé lo que es eso, solía encerrarme en mi habitación con la música a todo volumen para llorar a grito abierto, y lo hacía todo el día, regularmente terminaba con dolor de cabeza así que me arrepentía pero de todos modos seguía llorando cuando me acordaba de mi pena.
—Y seguramente esas penas las provocabas tú misma como siempre, te conozco desde el colegio y la verdad dudo que sea correcto culpar terceros por tus caprichos.
—Y aquí vamos de nuevo —Katt le lanzó una mirada indignada al ave, quien no se vio afectado por el gesto—. Acaso, ¿vas a convertir esto en una tradición?
—Eso mismo debería preguntarte a ti. —Katt bufó como primer respuesta.
—Entonces, ¿qué debo hacer para que aceptes mis disculpas y todo vuelva a la normalidad?
—Dejar de ser tan problemática —aseveró Falco.
—Hecho, ¿qué más?
—No estoy jugando, Kattie.
—Yo tampoco, y no me hables en ese tono sino quieres iniciar una pelea.
—¿Oh? ¿Te ofende? Que curioso —Falco emitió un tono de ácida diversión a sus palabras mientras se cruzaba de brazos y rompía su postura inicial—, me pregunto porqué yo no me he ofendido todavía a pesar de todas las faltas de respeto que recibo de ti.
—Por favor, Falco. Una carrera no es el fin del mundo —espetó la felina, más antes de recibir otra replica agregó—. Ya, ya, eso fue pésimo de mi parte, muy pretencioso —tomó una bocanada de aire que luego expulsó hasta encontrarse por fin relajada—. Lo siento, en serio, no se repetirá, ya aprendí mi lección. No quiero volver a conversar con un Falco Lombardi como este, prefiero hablar con mi mejor amigo de cosas divertidas. ¿Me perdonas?
El faisán imitó las acciones de Katt, agregando un gruñido a su pesada exhalación, permitiendo que el silencio gobernara el ambiente por un considerable lapso de tiempo antes de finalmente responder a la última pregunta de la felina.
—... Te perdono. —Aunque no fue su intención, su voz se había suavizado más de la cuenta al pronunciar aquello—. Pero, en serio, fuera de joda, no andes probando mi paciencia así. Pocas ganas me han faltado para olvidarme que eres mujer y acomodarte unos buenos golpes en esa carnívora bocota tuya.
—Ja, ja. Muy gracioso. Quisiera verte intentarlo, pequeño hombre.
—A esto me refiero. Aparte de malcriada, creída. ¿Y te haces llamar a ti misma "una dama"?
—Las damas también sabemos golpear, especialmente las de mi especie. Puede que no tenga la fuerza de un hombre pero tengo garras y dos buenas manos para sostener armas. ¿Quieres hacer la prueba?
—No, ya tengo experiencia con tipas de tu clase, prefiero ahorrarme el ardor de huevos.
—¿Qué... ? ¿Acabas de... ? ¡Falco! —exclamó Katt irritada después de procesar la información recibida.
—¿Qué? ¿Crees que son mentiras? Estuve a punto de volverme estéril.
—N-No, no, pero sabes bien que tus bromas sobre huevos son estúpidas, son un insulto peor que la misoginia.
—No estaba haciendo una broma —declaró Falco indiferente—, sí iba a quedar estéril.
—Eso no es... yo... ¡ugh! ¡Olvídalo!
Falco emitió una corta risa divertida ante la reacción de su acompañante, logrando que el ambiente de antes por fin se disipara y dándole libertad a Katt para olvidar su postura recta y recargarse en el hombro de su amigo con dulzura. A Falco no pareció importarle pero la acción incluso hizo que sus propios músculos se relajaran más de lo que estaban y esto lo supo interpretar Monroe cuando además se acomodó para darle un mejor acceso y comodidad. Ojalá pudiese ver ese lado de Falco siempre, pues -aunque era un sujeto gracioso cuando se divertían con los demás chicos- aquella fachada puramente amigable raras veces se mostraba, lo cual no quería decir que fuese deshonesto con sus sentimientos frente a la pandilla pero siempre mantenía alrededor suyo barreras que difícilmente podían dar apertura incluso en momentos cruciales, así que Katt las aprovechaba lo más posible durante esos instantes de absoluta privacidad. Tal vez era debido a ello que no le importaba tener estos breves conflictos verbales con él a pesar de lo estresantes que llegaban a tornarse sus discusiones, posiblemente se había vuelto adicta a este faisán más tranquilo y despojado de todo liderazgo, un faisán menos severo, libre de obligaciones. Y los sentimientos que habían surgido en su interior en base a estas experiencias volvían a hervir por encima de sus auras, creando una conexión entre ambos de manera natural, cómoda y cálida, aún si uno de ellos parecía no darse cuenta de la química.
—Supongo que lo mejor sería unirnos a los demás antes de que arrasen con todo —comentó Falco rompiendo con el silencio—, se me antojan unas frituras con mucha salsa.
—Oh, yeah —le apoyó la felina removiéndose con pereza—. Yo también quiero.
—No se diga más. —Falco se levantó del sillón y se apresuró andar rumbo a la salida, ignorando en su totalidad la mirada anhelante -y un poco decepcionada- que le dedicó Katt desde su posición. Realmente quería tener más momentos a solas con Falco de esta manera pero por otra parte sabía que no era sano para ella, pues cada movimiento que había efectuado parecía ser inefectivo con el faisán y esto sólo la entristecía más cada vez. Al notar la falta de pasos a su lado, Falco se giró para descubrir la silueta de Katt todavía frente al sillón y esto no tardó en confundirlo—. ¿No vienes?
—Si —asintió Katt sin muchas ganas, lo que provocó el desconcierto del otro.
—¿Qué tienes?
—Sólo pensaba en lo triste que es... —Katt comenzó avanzar en dirección al ave con los brazos tras su espalda, mirando en todas direcciones menos hacia los ojos de su amigo.
—¿Qué cosa? —quiso saber. Entonces la felina de rosado pelaje se detuvo frente al faisán, mirándolo tan profundamente que Falco no tardó en sentirse nervioso, como si estuviera a punto de escuchar una confesión nada confortable. Como si hubiese algo más flotando en el aire, algo que él no había notado en todo este tiempo protagonizado por ellos dos solos.
—Si tu esposa quisiera tener hijos tú no podrías darle esa felicidad ya que podrías realmente ser un patético estéril.
—¡Hija de... !
Katt se echó a correr de forma juguetona cuando Falco alzó un brazo hacia ella en reacción, sin disimular un poco la alegría que la llenó al conseguir su objetivo de turbar al otro con una limpia carcajada, la cual reventó en su garganta mientras se alejaba de su alcance. Y Falco, quien había sabido asimilar la broma de Katt, con una pequeña sonrisa irónica la acompañó por el camino de roca junto al muro, efectuando un recorrido mucho más lento al de la chica que se atrevía a retarlo todavía desde la distancia. Los dos disfrutaron de este momento sin restricción, cómodos como solía suceder cada vez que convivían, olvidando al instante el acercamiento implicido que acababa de acontecer dentro de aquella bodega.
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II
Un ansioso y presuroso trago quemó la garganta del felino que -desde el momento que obtuvo su bebida- no dejó descansar, presa de los nervios que le acuchillaban sin tregua. La música de alrededor resonaba vibrante, zumbante, disparatada, como solía ser en los antros y clubes nocturnos que frecuentaban. Nada satisfecho con la situación volvió a beber. Enseguida Kool se preguntó qué demonios hacía allí, en consecuencia consideró que aquel lugar debía ser el sitio más pretencioso que hubiese visitado en su vida y que si éste terminara siendo clausurado en tres semanas o menos estaría más que contento por ello. Sabía que debió quedarse en casa. Pero entonces recordó el motivo de su asistencia.
Cuando se habían reunido en la base la noche anterior, mientras Katt y Falco tenían su amena conversación en la bodega, no había dejado de pensar en intentar algo más con la felina debido a un pánico extremo que lo azotó al considerar que podría ocurrir algo entre ellos sino intervenía a tiempo; Bowsor y Mouser habían notado su encrucijada silenciosa así que evidentemente lo presionaron para revelar sus inquietudes y -luego de mofarse a sus anchas por lo ridícula que resultaba su actitud- aconsejarle sobre invitarla salir pronto. Kool les había confesado que no tenía idea cómo abordar a una hembra tan extrovertida como Katt, ya que realmente no había tenido muchos noviazgos a sus diecinueve años y le carcomía el cerebro la posibilidad de cometer errores irreparables con ella. El temor le había llevado a retroceder de sus movimientos varias veces así que el valor infundido por sus amigos inevitablemente lo hicieron arrepentirse y optar por proponer una salida en grupo hacia algún sitio como aquel en el que yacían actualmente, donde todos parecían disfrutar la velada excepto él, pues su cerebro no dejaba de maquinar sobre lo que haría para sacar a Katt a bailar al menos sino conseguía algo más significativo. Pensarlo le hizo mirar a la mencionada de soslayo. Su radiante sonrisa casi lo hizo encandilarse al observarla mucho rato, especialmente porque ella no dejaba de recargarse sobre Falco por el más mínimo motivo, consiguiendo irritar al faisán en algún punto.
—Deja de pegarte —reclamó éste con acento hosco—, ya me tienes adolorido.
—Ow, que nena —bufó la felina claramente eufórica por el alcohol en su sistema, pues no dejó de recargar su peso contra el brazo del ave junto a su asiento pese al reclamo. Con esta vista panorámica, Kool volvía a lamentar internamente no haberla invitado solamente a ella.
—¿Acaso haces eso a propósito, Katt? —quiso saber Bowsor con una sonrisa maliciosa.
—No sé. —La hembra hizo una mueca distraída—. ¿Por qué?
—Si, porque así ninguna chica se acercará a Falco, ¡todas pensarán que eres su novia!
—¡Que lo hagan! —exclamó la felina tambaleándose de vuelta abrazar el brazo del faisán quien logró contener el impulso de empujarla debido al dolor que ya empezaba a punzar en sus venas—. Nadie me quitará a mi Falco. Si en verdad lo quieren, primero tendrán que convencerme a mi y darme todo un curriculum con sus virtudes y defectos. Sólo así podré saber si son lo suficiente capaces de cuidarlo, amarlo y complacerlo.
—¡Que posesiva! —el reptil evidenció antes de soltar una estruendosa carcajada—. ¿La oyes, Falco? Hasta va elegir la candidata perfecta para ti.
—Puede hacerlo, siempre y cuando no olvide los aspectos físicos que me parecen más atractivos en una mujer —aprobó Falco manteniendo un semblante cómodo, casi indiferente con los constantes ataques, un aspecto de su líder que Kool no pudo ingerir por una obvia exasperarte razón. ¿En serio no se daba cuenta que la felina lo intentaba cortejar? Hasta para él aquello estaba más que claro. Katt le lanzó una mirada matadora al faisán.
—No te voy a conseguir una pareja con más trasero que amor propio, ese tipo de mujeres están en mi lista negra. Hay que tener autoestima para formalizar una relación.
—Piensa un poco en los huevos, Katt. Una mujer sin trasero no los va a poder encubar.
—Ya tuve suficiente de tus bromas sobre huevos —Katt se enderezó indignada por las palabras de Falco, procediendo a jalonearlo del brazo—. En lugar de eso vamos a bailar.
—Oh, no. Yo no voy a pisar la pista, Katt. Sabes muy bien que no sé bailar.
—Yo te enseño, anda. Es hora de que dejes de ser tan amargado.
—No —espetó Falco al instante. Y mientras la pareja daba seguimiento a su discusión, Mouser golpeó la copa de Kool para llamar su atención, e indicarle con un gesto que esta era su oportunidad para alejarse con Katt; tenerlo presente provocó que los nervios volvieran a invadirle mientras reunía el valor suficiente—. No, y es mi última palabra —declaró Falco al último argumento que la felina le había escupido.
—¡No seas así! Ya estoy harta de estar sentada, ¡quiero acción!
—Eso debiste pensar antes de rechazar a los tipos que vinieron a invitarte hace poco.
—No me gusta bailar con cazanovas ¿de acuerdo? No son mi tipo.
—Entonces bailemos tu y yo, Katt —intervino Kool para sorpresa de ambos involucrados, quienes no se evitaron mirar al felino azúl aún cuando advirtieron su pronta timidez—. Yo... yo también e-estoy aburrido, además q-quiero estirar las piernas.
—¿Ah, si? No sabía que te gustaba bailar —le dijo Falco con tono suspicaz, inspirando una ola de pánico en el interior de Kool una vez más. Sin embargo, la felina se limitó a sonreír.
—Me encantaría.
—¿En serio? —cuestionó el gato por reflejo, rápidamente avergonzándose otra vez debido a su poca discreción. Katt liberó una traviesa risa como primer respuesta.
—Claro, vamos.
Kool se levantó de su silla de golpe, claramente emocionado con la respuesta afirmativa. Katt fingió ignorar este detalle mientras se despedían de los demás Hot Rodders y guiaba el recorrido al centro de la pista donde miles de antropomorfos como ellos se dejaban llevar por el movido ritmo. Falco vió a los felinos alejarse hasta que perdió sus siluetas de vista, entonces se giró de vuelta a la mesa tomando su bebida en silencio, de pronto incomodo con la ausencia de Katt.
—¡Al fin! ¡Ya era hora, demonios! —exclamó Mouser alzando los brazos en el aire, como si agradeciera la bendición de una divinidad suprema en el cielo de aquella noche. Falco lo miró con los ojos entrecerrados, descifrando algo que llevaba tiempo pensando sobre la actitud de Kool hacia Katt.
—¿Ustedes sabían algo, eh?
—¿Uh? ¡Oh! Si, bueno, lo intuíamos pero nos enteramos ayer apenas —informó la rata.
—De hecho esa es la razón por la que estamos reunidos en este club. La idea original era que invitara a Katt solamente pero ya comprobamos que Kool es un manojo de nervios, fue por eso que terminó pidiéndonos venir a todos. Supongo que nuestras presencias le darían ánimos o algo. Fue eso o simplemente no se creía capaz de aguantar tanto tiempo a solas con Katt sin meter la pata hasta el fondo —dijo Bowsor y agregó con cariño—. Pobre idiota.
—Lo es —agregó el roedor con diversión.
—Pues me han hecho sentir excluido, yo no tenía idea de nada de esto —replicó Falco ganándose dos miradas escandalizadas por parte de los mejores amigos.
—¡No fue adrede! —se excusó Bowsor al instante—. Sólo no se nos ocurrió comentarte.
—Kool pudo habérmelo dicho también ¿no creen?
—Bueno, ese es un caso a parte —comentó Mouser de pronto con tono grave—. Nos pidió que no te lo dijéramos, Falco. Pero... Kool siempre se ha sentido muy inseguro sobre tu relación con Katt. Ya sabes, siempre están juntos, y todos nos damos cuenta de lo cercanos que son, por eso temía no ser suficiente para enfrentarse a Katt, incluso ahora. Se considera muy poca cosa para ella, ya te lo imaginarás. No puedes culparlo de ocultártelo.
Falco se limitó a bajar la mirada, procesando en su cabeza lo que acababa de escuchar, interponiendo otro tipo de pensamientos de forma inconsciente. La incomodidad de antes pareciera haber crecido después de enterarse sobre las intenciones de Kool, a causa de eso no tenía idea qué pensar sobre sí mismo, debería estar feliz por su amiga ya que al fin se le concedería su deseo de ser atendida a base de rosas; debería estar apoyando esta posible relación pero se encontró tropezando con una repentina bruma de celos. Hacía mucho que no se sentía así, tan vacío por una idea que todavía no se materializaba. Sentía como si fuese a ser reemplazado. Sin embargo, hizo su mayor esfuerzo en evaporizar tales pensamientos. Ya vería de qué manera se desarrollaban las cosas.
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En un vano intento de ignorar la concurrencia, Kool cerró los ojos mientras se acostumbraba al calor que se respiraba en la pista, sintiéndose pisar el borde de la renuncia conforme esquivaba a otros bailarines. No sabía bailar y las escasas veces que lo había intentado había terminado haciendo el ridículo y era lo que menos quería hacer frente a Katt. Apenas encontrar un sitio adecuado para ellos, la felina había comenzado a mover el cuerpo libremente, alzando los brazos, agitando las caderas y su delgada cola de diversas maneras, consiguiendo embobar a Kool antes de qué éste mismo se obligarse a reaccionar. Sus pasos eran torpes y no lograban sincronizarse con la música de forma adecuada pero una sonrisa de Katt delante suyo bastó para que le pusiera más empeño a sus movimientos. Fui difícil por un buen rato ya que Katt tuvo que intervenir animándolo para que se soltara varias ocasiones, dedicándole señas divertidas. Sino fuera porque estaban acostumbrados a leer los labios, su comunicación con Katt habría empeorado su percepción de las circunstancias, donde sin querer empujó a quienes ocupaban la pista a sus espaldas. Aún así, Kool se las arregló para medir el terreno en el que yacían, lentamente dejándose llevar por la música, encontrando la diversión en tal actividad.
No supo cuánto tiempo estuvieron distrayéndose con su iniciación, ya que Katt finalmente había dejado de ponerle atención a los pequeños detalles para simplemente reírse entre sí por los movimientos que hacía cada uno en los cambios de melodía. Pronto se olvidaron del mundo para retirarse al compás de su compañero de baile. En algún punto se habían unido a un circulo de bailarines quienes a su vez guiaban los pasos y concedían el poder de ello a otros. Katt fue robada por otra chica para bailar un tramo de la canción en cuestión pero curiosamente esto a Kool no le molestó y siguió moviéndose hasta que ella estuvo de vuelta con otros bailarines.
En otro momento, ambos se apartaron para bailar por su cuenta y así consecutivamente hasta que ambos se reconocieron tan sedientos que prefirieron dejar las próximas melodías en pausa, retornando a la mesa donde dejaron al resto de la pandilla. Al llegar se percataron de la ausencia de Mouser, a quien el cocodrilo notificó como desaparecido en batalla en son de broma. Katt se rió de eso mientras bebía de su botella de pie, Kool no había dudado sentarse un momento mientras cumplían su cometido. La música seguía su curso durante su descanso. Kool había intercambiado un par de palabras más con el cocodrilo sin advertir la conversación que Katt había iniciado con Falco, no quería escuchar nada que no le competiera cuando estaba tan seguro de sí mismo en esos momentos, más de lo que creyó nunca. De pronto, Katt se había acercado hasta él para apurarlo y fue entonces cuando retornaron a la pista. Kool hubiese querido negarse pero lo estaba pasando tan bien en compañía de la felina que no se resistió hasta que transcurrida una hora más decidieron volver para un segundo descanso, sólo entonces notaron la ausencia de la pandilla. Extrañada y un tanto molesta por la imprudencia de sus amigos, Katt tomó su bolso y revisó la hora en su celular, en busca de alguna llamada o mensaje preventivo, y al no encontrar nada en su bandeja se giró en dirección a Kool quien estaba por terminar su bebida.
—Creo que nos abandonaron —le dijo, y tal afirmación a Kool le hizo sentir un tirón de entrañas, el nerviosismo volviendo a su sistema al considerar las posibilidades—. ¿Quieres seguir bailando? ¿A qué hora debías volver a casa de tu tío?
—No tengo hora limite... —mintió, pues lo más tarde que se le permitía llegar era a las once y esa hora ya estaba muy lejos de su alcance, iba estar obligado ocupar la bodega de la base por aquella conveniente ocasión, no quería pensar en la reprimenda del día siguiente de todos modos— ¿Y tú? —quiso saber mirando a Katt a los ojos—. ¿Quieres seguir bailando?
—No, ahora lo que realmente quiero es aire fresco —respondió al instante—. Vayamos a perdernos en las motocicletas.
Complaciente, Kool la animó a salir del edificio caminando justo detrás de ella, abrazándose al poco valor que conservaba. Tenía que mantenerse firme, hasta ahora las cosas iban de maravilla; no podía arruinarlo. Y cuando emergieron, Kool sugirió permanecieran ahí un momento, pues el interior había sido demasiado cálido y podrían enfermarse si saltaban a las motocicletas siquiera salir. Aunque su comentario a Katt le arrancó un par de bromas oportunistas no se negó y se quedaron junto a sus vehículos entablando conversaciones corrientes. Pronto la naturalidad se hizo parte de ellos mientras se acoplaban al clima fresco del exterior, mirando el pintoresco panorama de edificios clausurados y carretera abierta.
—¿Ya pensaste a dónde podemos ir a pasar el rato? —quiso saber Katt, Kool carraspeó la garganta ante la sonrisa coqueta que la hembra acababa de dedicarle, aunque no estaba seguro si la había imaginado o realmente ella estaba enterada de sus verdaderas intenciones.
—La verdad es que si, quería que fuéramos a un pequeño mirador que hay a una hora en moto de aquí. Pensé que sería interesante ver todo ese paisaje de noche.
—Oh, me encantan los miradores. Será una gran experiencia estar ahí durante la noche.
—Si te parece conveniente podemos ir ahora.
—Claro, vamos. —Katt se bajó del barandal donde había estado sentada y se acomodó junto a su moto en sincronización con Kool, quien se mostró más entusiasmado que nunca en surcar las carreteras—. ¿Te importaría que pasáramos por un parque antes de ir allá? Está cerca y no creo que se desvíe del camino.
—Me parece bien, sólo hazme una seña cuando lleguemos.
Con un último asentimiento, los dos emprendieron marcha por el solitario sendero de pavimento, acelerando donde lo indicaban los letreros y disminuyendo la velocidad en tramos de peligro. Durante las noches no había muchos vehículos en la carretera que pudiesen interferir con su camino pero no había nada de malo en prevenir cuando la adrenalina de sus cuerpos yacía controlada. Katt pronto tomó la delantera, guiando los siguientes kilómetros de recorrido hasta que finalmente señaló una desviación que tomó al instante para por fin frenar junto a una serie de bloques de cemento con plantas abrazadas por enredaderas de flores secas. En vista del escaso mantenimiento, Kool supo que habían aparcado en un centro turístico desahuciado que en otros tiempos pudo estar abarrotado de gente, pero lo que más llamó su atención fue el cambio de semblante inmediato que sufrió la hembra conforme se adentraba al camino de rocas, algo que lo hizo sospechar sobre el gran valor sentimental que aquel sitio debía arrastrar para Katt.
—Este lugar no ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí. —comentó mirando hacia Kool con una sonrisa para indicar que la acompañara más allá, indicación a la cual él accedió, curioso con el ambiente—. Falco y yo veníamos seguido, mucho antes de que existieran los Hot Rodders, y casi siempre por nuestra cuenta. Regularmente coincidíamos cuando yo estaba huyendo de las responsabilidades y él de su padre —relató.
Kool prestó atención a sus palabras, intuyendo que hablaba de una época donde no se conocían ni hubiesen anticipado su encuentro; Kool se detuvo, observándola, absorto con las ideas que lo abordaban, no teniendo ni idea cómo reaccionar ante el suceso. Katt buscó con la mirada por el terreno mientras tanto, asegurándose de resguardar cada fantasma que se paseaba ante sus ojos, incapaz de dejarles ir. Era de noche pero aquello no cambiaba la fuerza de impacto en sus memorias; recuerdos felices, acontecimientos absurdos, momentos tristes. Dejó de caminar convencida de que no encontraría aquello que estaba buscando cuando un movimiento de cabeza bastó para ubicar aquel trozo de paisaje que más peso ofrecía a su corazón; y avanzó hacia él haciéndole una seña emocionada a su acompañante para correr a su encuentro y dejarse caer sobre el pasto sin preocuparse en cepillar las hiervas que recibirían su cuerpo.
—Éste era nuestro escondite favorito —dijo mirando una vez más a Kool quien se había visto obligado a correr para alcanzarla, deteniéndose cuando notó que estaban rodeados de arbustos talados con formas geométricas, pero que con el tiempo habían perdido las formas que pretendían mantenerse a pesar de todo.
—Ni está bien oculto ni nada —comentó Kool sarcásticamente, inspirando una sonrisa divertida en la hembra.
—Aquí solíamos tumbarnos para ver las nubes, nos pasábamos horas y horas hablando estupideces, o a veces sólo nos quedábamos dormidos porque sí. Mira —la felina señaló una serie de garabatos dibujados en una roca semi-triangular de gran tamaño, el suficiente para abarcar un gran número de desastrosos dibujos—, son mis grafittis, hechos con marcador permanente, es una sorpresa que esté intacto, juré que alguien se lo llevaría.
—¿Los hiciste tú? Siempre fuiste pésima en eso —Katt se rió por la observación del felino azul, quien prefirió no ahondar en ese tema—. No sabía de un parque como este —Kool continuó mirando a sus alrededores, todavía inseguro, no siendo capaz de asimilar los sentimientos que le producía estar ahí junto a Katt—. Es tétrico.
—Ha estado abandonado por mucho tiempo, y ya que se decía que estaba embrujado nadie intentó devolverlo a la vida. Personalmente lo prefiero así.
—Supongo entonces que ustedes no estaban asustados de las maldiciones ¿eh?
—Algo así, no teníamos cabeza para preocuparnos por esas cosas. Estábamos demasiado ocupados disfrutando el silencio y la falta de concurrencia para tener miedo. —El brillo en los ojos de Katt se tornó indiscreto, lleno de melancolía—. Falco lo frecuentaba más que nadie, decía que era nuestro paraíso personal, al menos hasta que su padre nos encontró. —Kool dejó de admirar el paisaje para perderse en la silueta entristecida de Katt, quien rápidamente había intercambiado su sonrisa por una mueca de incertidumbre que intentó bloquear poniéndose de pie y sacando su celular del bolsillo, presionando teclas táctiles ansiosamente—. Voy a enviarle una foto, apuesto a que le gustará acordarse de nuestras aventuras. No, olvídalo, no tengo señal. Tomaré unas fotos y se las mostraré luego.
El flash de la cámara danzó sobre los dominios de la vegetación, capturando escenarios con escasa visibilidad, y otras zonas donde Katt se incluía a sí misma e incluía a su acompañante quien difícilmente pudo posar para la cámara, acertando solamente hacer señas de saludo con tensas sonrisas. Divertida, Katt las revisó una a una antes de aprobarlas y guardar el aparato, acercándose a Kool con expresión motivada.
—Bien, terminamos aquí. Vamos ahora al mirador.
—Oh, Katt, sobre eso... —Kool habló antes de que la hembra caminara rumbo a sus motocicletas—. Estaba pensando que lo mejor sería que volvamos a casa y mejor fuéramos al mirador otro día. Quiero decir, ya es tarde y... y no quisiera arriesgarte así. Nunca te pregunté hasta qué hora tenías permitido así que... creo que lo mejor es no arriesgarse.
—¿Qué? —inquirió Monroe con una sonrisa contrariada—. Oye, conmigo no hay problema. No es la primera vez que me regañan, no deberías preocuparte por eso.
—No quisiera ser el culpable de otra reprimenda. Siempre te enfrentas a Falco por nosotros, no sería un buen amigo si te metiera en problemas con tus padres también. Me sentiría fatal, de todos modos también quisiera mostrarle el mirador a los chicos, y a Falco, apuesto a que podemos organizar un picnic allá ¿no crees?
—¿Seguro? —insistió Katt con una mirada incrédula. Kool asintió, pretendiendo mostrarse seguro de su decisión final—. Está bien, si eso quieres —La felina le restó importancia, fingiendo no sentirse un poco decepcionada por aquel cambio. Kool volvió asentir, aturdido por la brusca alteración de planes. Se giró sobre sus talones y avanzó, encabezando la caminata hacia sus motocicletas mientras Katt lo miraba de reojo y se impulsaba a correr hacia él, impactando contra su tenso cuerpo para abrazarlo cariñosamente y agregar—. Eres el mejor, Kool. Lo sabes ¿verdad?
Todavía rígido, Kool apenas consiguió devolverle una sonrisa a la hembra, reconociendo cuan cobarde había sido en el último momento; había esperado conseguir algo más que un halago de Katt pero nuevamente su inseguridad había enviado todos sus esfuerzos al basurero. Tal vez era solo que no estaba listo para aventurarse a tomar las riendas de una relación, no se sentía capaz aún de combatir el fuerte vinculo que Falco y Katt tenían. Todavía era demasiado pronto para él, o al menos de eso quería convencerse. Por otro lado, Katt no había sentido algo más que curiosidad por los movimientos que realizaría Kool para cortejarla, por eso le había dejado tomar las decisiones que más le placieran y le había seguido sin restricciones, aunque estaba decepcionada de que este se arrepintiera al final, una parte de ella estaba aliviada de que no decidiera mantener el curso. Y se preguntaba si lograría encariñarse de Kool lo suficiente para intercambiar sus sentimientos hacia Falco, probablemente el tiempo le señalaría la mejor carretera por la cual viajar.
Fin.
Notas Finales: Estoy tan feliz de haber escrito sobre este trío, y aunque fue más platónico que nada me siento satisfecha de haberme aventurado. ¿Nos leeremos pronto con otra actualización? Hum, veré qué se me ocurre. Gracias por leer.
