Notas Iniciales: …He hecho un drabble. Joder, y lo publiqué en un impulso... necesitaba rellenar el vacío que sentía, por eso tal vez es un poco-demasiado cruel. ¿Alguna vez he dicho que me parece erótico el "sexo de odio"?
13.- Leon x Falco
Pudor.
Las paredes guardan el calor provocado por la urgencia y euforia mezcladas, los aromas a té y alcohol también se fusionan mientras la tetera chilla con insistencia sobre la estufa eléctrica. Los escasos muebles de materiales simples yacen rasgados; fuera de posición, prueba de una lucha letal, apasionada, que ha migrado a las sombras, cuya fiereza continua siendo delatada por golpes sordos zumbantes que se deslizan a través de los pasillos. Muchos cubiertos de cristal y barro decoran el suelo brillante. Rotos sin gloria ni reparación futura permanecen estáticos. Otros objetos aún se menean causa de su reciente caída, olvidados por quien les adquirió; utilizó. Aquel fue un arrebato inducido por dos seres que ocupan su lugar en la cama. Suspiros excitados llenan el ambiente, movimientos conducidos por instintos de autosatisfacción. Un camaleón y un faisán que perdieron el rumbo para encontrarse vagando en un laberinto sin salida. A Falco Lombardi le gustaría saber cómo fue que llegaron a esto si es que la situación tenía un significado más importante que lo evidente, asfixiándose por la falta de oxigeno que Leon Powalski le roba con su desagradable respiración; él lo invita con su mirada consumida por la lujuria que lame y engulle el razonamiento de ambos. No parecen querer detenerse, ninguno, por eso es que Falco se siente tan confundido, no debería estar deleitándose por nada proveniente de Leon pero su anatomía le ha demostrado con sus reacciones lo contrario a lo que realmente piensa de lo que hacen en medio del anonimato; victimas de las sombras.
—¿Qué pasa? Estás temblando, Falco.
En esos momentos, el faisán quisiera tener el poder y la lucidez para arrancar esa lengua de sus cuerdas con una sola mirada. Por ello tal vez sus pensamientos son tan obvios que la risa de Leon acompañó su gesto de saborear sus propios labios escamosos. Falco sintió asco de ellos pero también deseó enterrarles su pico en un profundo beso.
—Disfrutas esto, ¿no? Maldito lagarto estúpido...
—Siendo honesto, si. ¿Tienes idea de lo sumiso que luces?
—Vete a la mierda... me enfermas.
—El sentimiento es mutuo.
Falco se retuerce bajo el tacto que lo intercepta donde palpita la mayor concentración de sangre en su cuerpo, descendiendo por su erección y volviendo ascender, los dedos escamosos entretenidos con la posición que adoptaban las pequeñas plumas azules con cada movimiento. Leon está jugando, Falco odia que juegue con él. Está desesperado por sentir al placer nublar su juicio, quiere ser quemado por el fuego frío que representa Powalski con cada una de sus extremidades corpóreas. ¿Debe considerar esto un castigo o una premiación? Como fuere cada vez se trata de una tortura y Falco se desconoce cuando lo tienta como el infierno. Se remueve e intenta recuperar compostura, mas sabe que para hacerlo necesita quitar a Leon de encima, quien se muestra como un obstáculo difícil de superar, no ahora que lo tiene a su merced, no ahora que todo parece tan satisfactorio.
—¿Qué pretendes con esto? —cuestiona el ave, sintiéndose aturdido. Las sensaciones que lo abordan y los pensamientos revueltos con sus emociones están a punto de volverlo loco.
—¿Qué quieres hacer?
—¡Deja de responder con otra pregunta, maldita sea!
—Es un mal habito que tengo.
—Tienes muchos malos hábitos… ¿Qué estoy diciendo? No tienes ningún habito bueno.
La risa que escapa fuera de la garganta de Powalski es fresca y venenosa; provoca una ola de excitación en el cuerpo del faisán. Siente el impulso de golpearlo pero antes de que lo haga Leon ya ha anticipado el ataque, sujetando el puño de su acompañante para devolverlo sobre su cabeza en las almohadas. La cola de Leon se agita y entonces posiciona su cadera a la altura de la entrepierna de Falco, haciendo presión. El faisán chasquea la lengua pero cierra los ojos ansioso, frotándose inconscientemente contra el otro cuerpo; Leon también está duro y excitado. Ambos se estremecen.
—Podríamos culpar a la sustancia embriagante que corre por nuestro sistema, pero estuvimos conscientes de lo que sucedía desde el primer golpe que dimos hasta que llegamos aquí. Fuiste tú quien causó la primer chispa, Falco. Ahora te corresponde soportar el fuego.
—También puedo apagarlo. Aléjate de mi, Leon.
—Me golpeaste aún cuando estabas enterado que me excitan los combates cuerpo a cuerpo, no pienso ceder sin haber conseguido algo de provecho.
—¡Joder! ¡Apártate! —Falco logró zafarse de las manos de Leon y levantarse un poco de donde yacía, girándose con la intención de escapar gateando, fue entonces cuando Leon lo hizo golpear la cara contra la almohada. El intercambio de movimientos terminó señalando a Leon vencedor una vez más, por mucho que Falco odiara admitirlo, estaba en clara desventaja sobre tierra. Ahora el filo de una navaja amenazaba su cuello, sus piernas y brazos yacían inmovilizados por una complicada postura que estaba siendo ejecutada por el flexible cuerpo del camaleón. Sentir cómo sus extremidades eran apretadas envió a su cuerpo una fuerte descarga de dolor. Y, respirando con dificultad, se removió un poco sólo para volver a recibir un nuevo nivel de presión a sus huesos. Jadeó e intentó hablar sin masticar las palabras—. ¿Qué estás esperando? Mátame, maldito imbécil.
—Me malinterpretas. Si quisiera matarte ya lo habría hecho, ni siquiera te hubiese ofrecido esta invitación a mi residencia, ¿no crees? —Leon se acercó a los oídos del faisán suavizando su tono de voz, volviéndolo más profundo—. No hay razón para comportarte tímido, no es la primera vez que lo hacemos. Yo lo necesito, tú también lo necesitas desesperadamente esta noche —Leon bufó con gracia ante el pensamiento que cruzó su mente—. Más que otras veces. Así que deja de luchar, Falco.
—Suéltame… —su voz es penosa, Falco lo reconoce cuando jadea y encuentra su excitación en el aliento que golpea su nuca—, joder... no murmures en mi oído...
—¿Tendré que recordarte cómo se hace?
—Ya basta. Infeliz, estás aprovechándote…
—Primero debes arrancar la ropa de su lugar. —Leon abrió los pantalones de Falco diestramente con los dedos, introduciendo de una vez su mano libre bajo los interiores—. Sé cuanto te gusta que te masturbe. Quizás deba proporcionarte un poco de sexo oral. Me encanta cuando jadeas intentando contener tu voz... y tu adorable respiración.
—Detente... —Falco se estremeció de nuevo, el calor subiendo a su rostro.
—Si... me gusta cuando te niegas... no es divertido si no luchas, a pesar de lo mucho que lo disfrutas... —Leon apresuró la estimulación y Falco gimió, cada vez era más difícil contener su voz—, estúpida ave... te deseo. —susurró con lascivia antes de lamer con torpeza el cuello emplumado, perdiéndose lentamente en la excitación mientras el joven faisán persistía en resistirse al placer—. Apuesto a que te gustaría que yo fuera Fox.
—¡Leon! —recriminó el faisán desconcertado—. No lo menciones, él... Fox...
—No me quejo. A mi también me gustaría tocar a Wolf de esta manera —Leon apretó entre sus dedos la erección del faisán—, no sabes durante cuánto tiempo he deseado follarlo como te he follado a ti... me conformo contigo pero jamás te compararás a él.
—Eres un bastardo... te odio...
—Lo sé. —El camaleón respiró con fuerza—. Dicen que aquellos que se parecen mucho suelen odiarse. No lo creía... hasta que te conocí a ti.
Powalski enterró sus colmillos venomianos en el hombro del faisán, deleitándose con el sabor de la sangre que atacaba sus papilas gustativas. Falco gimió adolorido, mas se relajó dentro del contacto, pues ya se había resignado al trato que recibía cada vez que se acostaba con el asesino que perteneció alguna vez a Star Wolf; un grupo deshecho por las circunstancias y problemas personales de cada integrante. Aquello era el motivo por el que ellos dos se encontraban en esa impensable situación. Porque se habían distanciado de quienes consideraban su alojo, dueños de los sentimientos puros que mutaban a distorsión una vez llegaban a la cama. Falco recordó su encuentro en aquel bar donde había estado bebiendo una larga temporada, su pelea en el callejón, su extraña invitación, su propia y cuestionable sumisión, el enojo y el orgasmo alcanzado en su primera aventura sexual. También revivió esta última conversación que los había llevado a la habitación de Powalski, sintiendo nauseas tan sólo de pensar en cuán similares los volvía esta insana cobardía.
"Supe que tu jefe se casó" siseó Powalski con mofa.
"Me enteré que tu líder consiguió una hija y que ahora se dedica solamente a ella" contra-atacó Lombardi azotando su cerveza sobre la superficie de la mesa.
Falco cerró los ojos entregándose al momento, esta vez importándole poco la dureza que se enterraba en su carne, agradeciendo las embestidas que prosiguieron y el aliento irregular que golpeó contra su nuca acompañado de gruñidos satisfechos que pocas veces escuchaba emerger de la garganta del camaleón, ansiosos, lascivos.
—Me estás haciendo daño, imbécil —gruñó luego de un par de movimientos más.
—Cállate —replicó el camaleón enseguida—, me lo debes por romper su fotografía.
—Creí que-ah, que esa deuda había sido saldada cuando tú quemaste su fotografía... no importa, joder —comentó—, sólo... mierda, sólo apresúrate. —Leon aumentó la velocidad de sus movimientos, respondiendo a las exigencias, su voz quebrándose en jadeos forzados a medida que el placer se acumulaba en su ser. Falco respondió con gemidos a sus movimientos, encontrando paz en aquella aberrante humillación. Pero no era suficiente, nunca lo era cuando sus fantasías eclosionaban entre sí.
Fin.
Notas Finales: Por si les pica la curiosidad, esto está inspirado en la canción "You Make Me Sick" de Egypt Central. Creo que calza con la relación que tienen estos dos, hablando de posibilidades, jeje.
