Notas Iniciales: Ha sido una pausa larga ¿uh? Pero espero ponerme al día con esta serie a la que todavía le queda mucho por explorar.
14.- Wolf x Fox.
Relaciones Inexactas.
Un día más vagando por las calles de Corneria no significó ninguna novedad para el grupo de amigos, quienes decidieron ir a probar suerte en los recreativos del centro comercial, sitio que muchos no habían visitado desde su inscripción en la academia de pilotos. Hacerlo no les pareció una mala idea, considerando su tiempo libre y el entusiasmo que parecía adueñarse de sus figuras durante los fines de semana. Fox, por el contrario, no estaba del todo motivado aquel día, pues los pensamientos le habían golpeado inexplicablemente mientras desayunaba, sintiéndose melancólico por todo lo que le rodeaba o hacía. Ni siquiera entendía cómo tuvo la fuerza de aceptar la invitación de sus compañeros; debió quedarse en su cuarto. Sin embargo, la presencia de Bill y Slippy consiguió mantener su atención pendiente de las conversaciones que se desarrollaban, integrándolo sin ninguna dificultad al intercambio cuando parecía que se esfumaría en el aire entre suspiros. Fue algo que Fox agradeció cuando los sorprendió la noche y todos comenzaron hablar sobre regresar a sus casas, u otros planeaban su inminente regreso a la academia para ocuparse de cenar en sus respectivos dormitorios.
Sin darse cuenta, Fox se descubrió envidiando a quienes podían volver a un hogar legítimo sin problemas, tomando un tren o autobús en cualquier momento, mientras que él estaba muy lejos de su planeta natal al igual que Slippy. Debía ser muy cómodo pertenecer a Corneria de nacimiento, el planeta más próspero y rico de todo el Sistema Lylat, mientras que un mundo tan lejano como Papetoon estaba muy apartado de gozar comodidades como las que Corneria presumía a sus inmigrantes.
Por fortuna, sus cavilaciones no llegaron lejos, pues la mano de Bill sobre su hombro, logró interrumpir la fuerza con la que había estado apretando sus puños inconscientemente. Miró a su lado, no pudiendo hacer más que devolverle la sonrisa a su mejor amigo cuando éste lo hizo, sintiendo que su gesto se tornaba más sincero después de que Slippy se dirigió a él entre risas. A veces Fox se sorprendía de lo pesimista y rencoroso que podía llegar a ser bajo su fachada magnánima. Pensó entonces que ésto debía tratarse de una reacción por haberse negado asistir a su terapia más reciente tan abruptamente, pues quería comenzar a canalizar pensamientos por su propia cuenta. Se había puesto la meta de no depender de psicólogos en lo que le quedaba de estudios, ya que de otra manera estaba convencido que no progresaría. Aún así, Bill notó que su intervención no había bastado, por lo que -al ver que el grupo comenzaba a moverse- tomó una decisión.
—Hey, chicos. Fox y yo nos quedaremos en la ciudad un rato más —avisó, sorprendiendo incluso al vulpino que no pudo hacer más que mirarlo—. Pueden adelantarse.
—Está bien, pero cuídense mucho —correspondió uno de sus compañeros.
—Ya sabes que si.
—Esto es sospechoso. ¿Qué se supone que van hacer? —inquirió Slippy con un gesto severo—. Más vale que no intenten nada peligroso, no olviden lo que pasó la última vez.
—Si, mamá. Llegaremos antes de las diez, lo prometo —se mofó Bill, abrazando con un brazo a su mejor amigo para guiarlo lejos del grupo antes de que el anfibio explotara.
—¡No me llames así, pulgoso!
Las risas de los demás estudiantes adornaron la huida de los dos que no tardaron en integrarse de nuevo a los transeúntes de la zona. Bill no dejó de sostener a su amigo hasta que los consideró lo suficiente lejos de las miradas de sus compañeros, sonriendo de manera traviesa cuando anticipó las preguntas que Fox le formularía.
—Bill, ¿por qué... ?
—Esperaba que sacarte de la academia fuera suficiente, pero he comprobado que necesitas más tiempo para salir del hoyo negro en el que estás —le interrumpió llevándose ambos brazos tras la nuca, mientras caminaba distraídamente sobre la banqueta. Fox se rascó una oreja, en cierta forma avergonzado por lo fácil que le resultaba a Bill leerlo.
—Siento mucho que te tomes todas estas molestias por mi, debes estar cansado.
—No te preocupes, de todos modos no me apetecía volver al dormitorio temprano. De hecho... —Una idea iluminó el rostro del canino, antes de dirigirle una mirada cautelosa a su compañero de dormitorio—. Oye, ya que sólo somos nosotros dos, ¿qué dices si vamos a comprar una película para adultos?
—¡Bill! —exclamó el vulpino sonrojado y el can pareció sorprendido por su reacción.
—¿Qué? La última vez no pudimos colarnos porque Fara nos estaba acompañando.
—Así que ese era tu verdadero objetivo —le espetó el vulpino, parte acusación y parte vergüenza. Bill se sobó la nuca con torpeza mientras sonreía con picardía.
—Vamos, Fox. Estoy en mi derecho de ver pornografía, no tengo novia.
—Nos meteremos en problemas —replicó Fox con timidez, golpeando los dedos índices entre sí ansiosamente—, no tenemos donde esconderlas.
—Ayer lo estuve pensando y concluí que debajo del colchón sería un buen lugar —declaró el canino con ambos puños posados en la cintura, desbordando confianza, semblante que Fox presenció con cierta molestia. Entonces suspiró, desviando la mirada, aún incómodo.
—No lo sé, Bill. Aunque las compremos no creo que encontremos un buen momento para reproducirlas, recuerda que siempre hay profesores haciendo patrulla durante la noche.
—He pensado que tal vez lo que tu tienes es exceso de represión. Esto también lo hago por ti, amigo. ¿No te das cuenta? Todos nuestros compañeros miran revistas eróticas o esconden uno que otro poster de desnudos, eres el único que se mantiene lejos de esos placeres —señaló apuntándole con el dedo—. Ni siquiera la mente de Slippy es tan casta como la tuya. Es que, en serio, ¿no tienes deseo sexual?
—¡Por supuesto que lo tengo! —exclamó Fox exasperado.
—¿Y entonces?
—Me gusta respetar las reglas —contestó cruzándose de brazos, pero su expresión se mantenía titubeante y esto le dio más fuerza a la percepción de su mejor amigo.
—Tienes que cambiar de aires, cachorro —declaró Bill imitando la postura del vulpino pero con mayor firmeza—. Ninguna terapia va a funcionarte sino vives un poco. Quizás mirar porno sea una distracción, pero es una distracción necesaria para nosotros.
—No hables como si estuvieras dando un discurso —le reclamó Fox antes de bufar—. Está bien, tú ganas, vamos a comprar esa película. Pero dudo que eso funcione conmigo.
—Me hiere tu falta de determinación. ¿No se supone que eres el jefe aquí?
—¿Jefe? ¿De quién? Porque, que yo recuerde, tú nunca me haz obedecido.
Bill le dedicó una sonrisa radiante al vulpino antes de volver acercarse a él y rodear sus hombros con un brazo amistosamente. Fox se quejó por el tirón que Bill ejecutó al establecer un camino pero no se resistió a la cercanía, demasiado acostumbrado para siquiera pretender alejarse de aquella muestra de cariño tan agradable.
—Confía en mi, Fox. Estoy seguro que me lo agradecerás cuando te sientas liberado.
—Si pervertirme es tu manera de ayudar...
—¿Pervertirte? Oh, disculpe mi atrevimiento, santo de las estrellas.
Fox se dejó reír esta vez, cómodo con el cambio de ambiente. Ahora que estaban únicamente ellos dos, el vulpino podía reconocer que su mente estaba menos dispersa. No era como si no estuviera cómodo entre sus demás amigos, ya que estaba acostumbrado a ser rodeado de gente, pero con Bill tenía mucha más confianza de actuar tal cual era en realidad, sin filtros o compañerismo excesivo. El vinculo que compartían era más íntimo después de todo.
.
El recorrido que realizaron fue tranquilo, lleno de trivialidades que Fox no se molestó en recordar, después de que hicieron su pequeña compra clandestina en el local correspondiente. Si la academia no les privara de señal de internet, más que para realizar rápidas investigaciones en las aulas, el vulpino estaba seguro que Bill no insistiría en dar uso a las viejas prácticas. Por eso no le resultó exagerado que recibieran los respectivos discos empaquetado en bolsas negras. De vuelta a las calles, el joven corneriano sugirió comieran algo antes de volver, motivo por el que Fox se encargó de elegir el puesto de comida que mejor ajustara a sus posibilidades, resolviendo tomar una mesa en cuanto obtuvieron su orden, dándose cuenta lo abarrotada que se volvió en menos de veinte minutos.
—Woah, no vamos a encontrar sitio —afirmó Bill un tanto decepcionado. Fox buscó con la vista una zona disponible, encontrando una mesa con nada más que un ocupante.
—Allá hay uno, vamos a preguntarle si podemos sentarnos. —Alzándose de hombros, Bill siguió a su compañero hasta la mesa señalada, donde yacía un lobo gris de semblante aburrido, cuyo aspecto feroz no tardó inspirarle al papetooniano cierto interés, ya que no solían verse muchos de esa índole—. Disculpa —le llamó, siendo receptor de aquellos iris carmines, los cuales le hicieron sentirse instantáneamente intimidado—, ¿está ocupado?
—No, adelante —respondió escuetamente, pero aún así Fox agradeció, intuyendo que podría no ser la clase de sujeto que acostumbraba ceder su espacio así. Bill se acomodó junto a su amigo, enfocado en comenzar a comer—. ¿Y ustedes son estudiantes o algo así?
—¿Eh? —A Fox le sorprendió que el lobo iniciara una conversación, por lo que tardó unos segundos en reaccionar de forma correcta—. Ah... bueno, algo así —carraspeó—. Formamos parte de la academia de pilotos.
El lobo hizo un sonido, que sacaba a relucir su poca curiosidad en el tema que él mismo había iniciado, gesto que fue correspondido por Bill con inesperado sigilo.
—¿Sabes de cuál hablamos? —inquirió el corneriano tomando un trago de su gaseosa.
—No hace falta, está claro por el logo que portan. Hacía mucho que no lo veía.
—¿Haz estado ahí? —quiso saber Fox, su comida todavía envuelta, olvidada sobre la cacerola frente a él.
—Hace mucho tiempo, apenas recuerdo cómo era —replicó el lobo, manteniendo inexpresividad, como si los jóvenes que acababa de conocer fueran grabaciones, destinados a repetir la escena para su desahogo personal. Fox le sonrió por primera vez.
—Entonces debes ser un piloto formidable.
Una extraña pausa se adueñó del ambiente tras el comentario de McCloud, generando pensamientos que hicieron al lobo tensarse de un momento a otro, para luego recuperar la misma postura que había estado adoptando sobre la mesa. Fox sintió como si hubiera rozado fibra sensible en el cuerpo de aquel desconocido, pero la expresión del lobo se camufló con tal rapidez que consideró haberlo imaginado.
— …Ojalá pudiera responder a eso —dijo, dedicándole una mirada breve al vulpino, antes de que una vibración les interrumpiera, exigiendo la atención del lobo hacia su móvil, el cual ocultó nuevamente bajo su chaqueta después de una simple revisión. El lobo se levantó de su asiento—. Pero tal vez ustedes encuentren algo, si les apetece. Aunque dudo que el apellido O'Donnell continúe grabado en el cuadro de honor.
El lobo partió sin siquiera despedirse, dejando a Fox con una extraña sensación bajo su piel al verlo machar, como si ese encuentro tan entrañable y fortuito hubiera evocado algo más importante, algo que lo perturbó sin ser capaz de entender porqué. Bill, a su lado, repitió en voz baja el apellido que acababan de obtener, antes de que su comprensión se iluminara al ritmo en que abrió los ojos y chasqueó los dedos.
—Acabo de tener una revelación —dijo, atrayendo la mirada del vulpino—. Mi tío me contó un poco al respecto. Hace quince años, cuando él todavía trabajaba como instructor, un sujeto con el apellido O'Donnell fue coronado como prodigio en mitad de su primer año, manteniéndose en la cima con honores, pero abandonó mucho antes de que su generación se graduara. Nadie supo lo que sucedió con él. ¿Será posible que él sea ese tipo?
Fox imitó el gesto de Bill, enfocando la vista en la silueta del canino que se alejaba con pasos parsimoniosos de la zona, escapando de la concurrencia como quien no quiere presenciar un drama. Miles de pensamientos aturdieron el cerebro del vulpino sobre la posibilidad que su mejor amigo había expuesto, cegado por el impulso de obtener más información.
—Iré a preguntarle —declaró.
—¿Qué? —Fox se había puesto de pie antes de que Bill reaccionara, pero eso no impidió que este corriera para interponerse en su camino con ambos brazos extendidos bajo la expresión asombrada de su mejor amigo, previniendo que algo más pasara—. Espera, alto, detén ahí tu nave. ¿A dónde crees que vas?
—¿No es obvio? Hazte a un lado, Bill, lo perderé de vista.
—¡Ni siquiera has terminado de escuchar el resto de la historia! —le recriminó—. El O'Donnell del que te hablo no era precisamente un estudiante modelo. Si, tenía la habilidad y destreza de un prodigio, incluso el record más alto, pero también gozaba de serios problemas de indisciplina. Mi tío me contó que constantemente se involucraba en peleas, además de que muchos de sus compañeros solían decir que se reunía con gente peligrosa.
—Estoy seguro de que sólo eran rumores —acotó Fox, pues él también solía ser blanco de los mismos gracias a la fama que adquirió gracias a la sombra que había dejado su padre.
—Oh no, amigo, eran más que eso. Recibir calumnias no te hace un delincuente en potencia. En una ocasión, mi tío le confiscó un arma de pólvora —Fox se tensó—, eso puso en peligro el estatus que había adquirido, pero mi tío quiso darle una segunda oportunidad. Meses después O'Donnell desapareció. Y aunque, en el posible caso de que este lobo sea el lobo de la historia de mi tío, nada nos asegura que es un individuo honesto.
—Pero... —Fox se lo pensó detenidamente, sólo entonces Bill se relajó.
—Vamos, cachorro. Cuando te dije que vivieras un poco, no me refería a perseguir ex-alumnos de la academia con vidas controversiales para entrevistarlos.
— …Tienes razón —replicó McCloud a regañadientes, llevándose una mano al rostro—. No sé en qué estaba pensando. Perdona, Bill. Me precipité.
—Oye, no hay problema. Seguro es síntoma de que no haz probado tu comida. Anda, acabemos de comer y volvamos a los dormitorios —sugirió Bill con una sonrisa y Fox se dejó arrastrar de vuelta a la mesa, permitiendo que el tema se esfumara con el viento que sopló minutos después, perdiéndose en conversaciones cortas y los alimentos ahora fríos.
.
Pero sin importar cuánto lo intentó, el vulpino fue incapaz de olvidar aquel encuentro. No dejó de pensar en aquel lobo adjunto a la información que le había brindado Bill. Días siguientes, logró sacarle un poco más de información al respecto, incluso se tomó la libertad de echarle un vistazo al cuadro de honor más antiguo para verificar sus dudas, pero el interés que aquello le generaba no lo dejó tranquilo. Y pronto comprendió que sino lo buscaba por lo veía una vez más, la incertidumbre carcomería su psiquis, así que se resolvió volver al negocio de comida rápida donde lo habían visto por primera vez. La maniobra a él mismo le pareció absurda pero no quiso resignarse sin haberlo intentado, por lo que no se lo comentó a Bill esa noche de fin de semana en el que tomó el autobús que iba directo al centro de Corneria City, hasta el edificio corriente donde se limitó tomar asiento mientras vigilaba el entorno.
El tiempo pasó sin que él pudiese remediarlo, por lo que terminó convenciéndose que no podría ser tan sencillo; nada le aseguraba que el lobo se presentaría en ese lugar, ya que probablemente no era su lugar predilecto. Poniéndose de pie, Fox suspiró dispuesto volver a la academia después de revisar por enésima vez la hora en su móvil. Había pasado más de hora y media, así que tendría que volver antes de que Bill comenzara a preocuparse.
Sólo caminó un par de pasos en dirección a la central de autobuses, cuando pudo vislumbrar a un lobo entre la concurrencia. Fox se detuvo, mirando detenidamente aquella figura, encontrando su semejanza con una raza corneriana común entre los habitantes, así que la tensión nerviosa que pesó en sus hombros, se desvaneció por completo, incitándole reírse de sus expectativas exageradamente altas. Aún así, no estuvo preparado para verlo de nuevo después de que pretendiera cruzar la calle, motivo por el cual no se abstuvo correr en línea recta hacia él.
—¡Oye! ¡Espera! ¡Wolf O'Donnell!
El aludido se detuvo de forma abrupta, pareciendo meditar su siguiente movimiento, hasta que se giró con aberrante sigilo para enfrentar a su solicitante, perdiendo todo ánimo de desenfundar lo que llevaba bajo su chaqueta cuando se encontró con aquel vulpino.
—¿Quién eres tú? —cuestionó en un gruñido.
—Lo siento, no quiero molestar.
—Pues lo estás haciendo. ¿Qué quieres y cómo sabes mi nombre? Ladra, ahora.
—Estoy seguro que no me recuerdas, pero tú me lo dijiste hace unos días mientras mi amigo y yo buscábamos una mesa donde comer. Ya tengo una respuesta, el cuadro de honor en el que estuviste colocado ha sido removido, pero sigue intacto.
—¿Qué mierda? —El desconcierto fue evidente en el rostro de Wolf, pero minutos después una zona recóndita en su memoria brilló, cambiando su expresión—. Oh, eres ese estudiante. Vaya, no imaginé que alguien fuese a tomarse la molestia —comentó con altanería—. Buen trabajo, supongo. Pero lamento decirte que saberlo no me sirve de nada. Así que, sino tienes nada más que decir, me largo.
—¿Por qué lo dejaste? —cuestionó Fox al instante, antes de que el lobo se olvidara de su existencia.
—¿Ah?
—Intenté preguntar a los profesores pero nadie quiso decirme nada al respecto. ¿Por qué abandonaste? Eras de los mejores, sino es que el más competente. Siendo así, ¿por qué?
—Oye, oye, agradezco que quisieras hacerme un favor tan desinteresadamente, pero no te he dado permiso a indagar en mis asuntos personales. Si sabes lo que te conviene, da media vuelta y olvídate que alguna vez hablaste conmigo.
—Alguien con tanto talento no debería ser menospreciado —insistió Fox con convicción, no podía dejar pasar su oportunidad de resolver sus propios conflictos emocionales, después de haberse sentido conectado al caso de Wolf O'Donnell—. Sé que muchos debieron envidiar tu don pero, lo que ellos hayan dicho, no determinan tu valor. No debiste dejar que te empujaran. Estoy seguro que eres más de lo que todos creen.
—Mira, chico —espetó Wolf con fastidio—. No sé qué pretendes con todo esto pero...
—Me llamo Fox McCloud —Aquel dato interesó al lobo de inmediato—. Mi padre fue un piloto y mercenario de renombre. He vivido bajo la influencia de su nombre, pero no me considero alguien que deba ser reconocido únicamente por sus logros. Entiendo que no quieras compartir conmigo tus motivos pero, aún así, quiero sepas que lo que digan los demás no te convierte en lo que eres. Yo no voy abandonar, seré un piloto y superaré los estándares que estableció mi padre. Por eso, espero que algún día, sino te es un inconveniente, nos encontremos en el aire.
Los ojos rojos de O'Donnell se reconocieron incapaces de apartarse de la silueta de aquel vulpino, abrumado por la pasión que hacía tanto tiempo él había desechado. No pudo responder, no hubiese podido decir nada aunque quisiera, así que lo dejó irse en cuanto se despidió con una ligera reverencia. Pero aún entonces Wolf lo siguió con la vista, pues nunca hubiese imaginado que el hijo de James McCloud lo interceptaría, mucho menos de aquella manera tan impredecible. Los azares del destino sin duda eran curiosas.
.
Cuando tuvo las fuerzas para continuar su recorrido, Wolf avanzó hasta la camioneta que yacía aparcada unos pasos más adelante, entrando sin novedad al asiento de copiloto para cerrar la puerta tras él mientras se relajaba. Habría repasado la reciente experiencia con minuciosidad, si la voz femenina en los asientos traseros no lo hubiese distraído al instante.
—Que extraño es verte interrumpir tu rutina de esa manera, Wolfy —dijo aquella loba con una sonrisa traviesa, casi confidente. Wolf la observó usando el espejo retrovisor al centro del parabrisas, teniendo en cuenta su actual actividad, que consistía en cargar de forma experta las municiones de su escopeta—. ¿Quién era ese chico? Parecía importante.
—Nadie digno de recordar —mintió.
—Está bien sino quieres hablar sobre eso, por mi no hay ningún problema.
—No trates de usar la psicología inversa conmigo, Pema. Sabes que no funcionará.
La hembra liberó una corta risa divertida como única respuesta, demasiado acostumbrada a la actitud de Wolf para sentirse ofendida por naturaleza esquiva. La tranquilidad que se respiró en el ambiente a partir de ese momento, se rompió con facilidad ante la llegada abrupta de otros dos lobos al interior de la camioneta, quienes no se molestaron en cubrir sus semblantes alterados ni siquiera por el bien de aquellos que habían estado aguardando por su regreso con paciencia.
—Kyle —llamó la loba al recién llegado conductor; un lobo adulto con varios tatuajes en los brazos, que siempre habían llamado la atención de Wolf—. ¿Qué pasó?
—Ethan mató al contacto. —Ambos interlocutores sintieron a su sangre helarse con el informe de su líder.
—¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? —exigió saber la loba gris, mirando a su compañero de asiento con reproche, el cual no había dejado de frotarse el rostro con insistencia desde su llegada.
—¡No sé! ¡No sé! ¡Estaba nervioso! ¿¡De acuerdo!? Ese tipo estaba diciendo algo sobre colgarnos y arrancarnos las pieles cuando, sin darme cuenta, había disparado.
—No puede ser —gimió Pema tirándose contra el respaldo del asiento y cubriéndose la frente con ambas brazos, estresada con los problemas que tal error les traería.
—¿Qué vamos hacer? —quiso saber Wolf, sin perder de vista al hombre en quien había depositado toda su confianza, a quien consideraba su hermano a pesar de no estar emparentados por la sangre. Kyle se mostró pensativo, considerando hasta el menor aspecto en esta misión suicida para finalmente tomar una decisión.
—Volvemos a Macbeth, no tenemos otra salida.
Wolf asintió mientras la hembra en los asientos traseros continuaba renegando de la situación, susurrando además que debió ser ella quien debió acompañar a su líder en aquella misión. Entonces la camioneta arrancó a toda velocidad, pasándose la señal de alto y casi atropellando a un distraído corneriano junto a su motocicleta en el trayecto. Deslizándose junto la acera donde Fox corría a prisa, asegurándole a Bill estaría pronto en la academia desde la línea telefónica de su móvil.
Fin.
Notas Finales: En mi intento por encontrarle química a esta pairing, estuve en busca de un contexto donde pudieran convivir sin la rivalidad que se profesan, fue entonces cuando se me ocurrió esto. Espero no haberlo arruinado.
Comentarios Adicionales: Y bueno, los OC's que aparecen son un adelanto que quería hacer para un futuro shortfic sobre mi versión del pasado de Wolf que he estado maquinando en mi cabeza. Está bien si quieren ignorarlo, sólo quería aclarar la situación de la última escena.
