Notas Iniciales: Vi unos fanarts muy interesantes donde intercambiaban las personalidades y ocupaciones de los personajes de la franquicia. Por ejemplo: Pepper es el emperador del planeta "muerto" Corneria y Andross el General de Venom, un planeta prospero. La verdad estaba ansiosa por probar la idea.
15.- Star Wolf x Star Fox.
Mi Enemigo.
Por mucho que disfrutara la tranquilidad durante un largo viaje espacial dentro del Great Wolf, el líder mercenario estaba devastado por todo lo acontecido aquel fatídico día. Su equipo había servido al general Andross y su ejército tal como fue acordado, protegiendo la base de los cornerianos de la cual intentaron apoderarse. Fue una misión como muchas otras, así que no tuvo inconveniente en brindar el apoyo requerido. Sin embargo, nadie habría anticipado que se enfrentarían a Star Fox en mitad del combate. Las fuerzas enemigas ya habían demostrado cuan persistentes eran pero contratar a un grupo capaz de hacerles frente, superó las expectativas de todos. Star Wolf había vencido después de una ardua batalla pero el encuentro logró despertar rancios rencores, especialmente en Leon.
El orgulloso camaleón había argumentado que no le pasaba nada cuando se encontraron de vuelta en la nave insignia, pero todo fue desmentido cuando el pobre Andrew había tomado represalias por su mal humor, por lo tanto el grupo había acordado no dirigirle la palabra hasta que se calmara por completo. Wolf comprendió lo humillado que el camaleón debió sentirse al ser acorralado de manera tan evidente en el aire, Leon era el ace pilot del equipo después de todo. Por ello una falla suya entorpecía la armonía de su formación y Wolf no podía dejarlo pasar aunque quisiera, aunque un ardor de compasión intentase acorralarlo. Por eso era que se dirigía al único sitio donde podría encontrar a su amigo reptil a esa hora: el hangar.
Siquiera cruzar las compuertas lo visualizó, se acomodaba sobre uno de los alerones del Arwing, mirando hacia un punto muerto delante suyo. Lo había sentido acercarse por lo que Leon rodó los ojos con fastidio y Wolf no podía culparlo, ya que podría estar adivinando lo que se avecinaba cuando estaban completamente solos. O'Donnell repitió estos incómodos interrogatorios por sugerencia de Pigma desde el primer día que llegó a la nave nodriza, el joven lobo se hubiese detenido de no ser porque estas pequeñas conversaciones funcionaban también para reducir la impulsividad violenta del camaleón en las misiones.
—Que día, ¿eh? —Wolf inició en su intento por calmar las barreras que seguro Leon mantenía altas por protección emocional en esos momentos—. Estaba seguro que caería dormido siquiera tocar el colchón de mi cama pero me equivoqué. ¿Te pasó lo mismo a ti?
—Vete a la mierda, O'Donnell —espetó Leon al instante, esto consiguió que los hombros del lobo gris se sobresaltaran en reacción, pues no se esperaba una respuesta tan agresiva de su ace pilot a pesar de todo—. Ya sé que la jodí, ya sé que me dejé llevar y que fue una reverenda estupidez, pero no se va a repetir ¿entiendes? Aprendí mi lección, así que puedes llevarte contigo el sermón, no tengo ganas de escucharlo.
—Si estoy aquí no es para sermonearte, es para que te desahogues. Ni al equipo ni mucho menos a ti te hará bien, por eso quería que habláramos ahora, sin títulos como siempre, no es la forma como me gusta hacer las cosas. Ya deberías saberlo.
—Si quieres que me disculpe por lo que le dije a Andrew...
—No voy a pedirte que lo hagas —le interrumpió Wolf, Leon se paralizó—. Ese es asunto tuyo y no valdría nada que yo te obligara hacerlo, dudo que Andrew lo acepte de esa manera de todos modos, él que confió en ti desde el principio y que te habló como si te conociera de toda la vida.
—¿Psicología inversa, eh? —reconoció Leon mordiendo una sonrisa—. No sabía que tuvieras esos trucos bajo la manga, mucho menos que intentarías usarlos conmigo.
Wolf se alzó de hombros restándole importancia al ataque directo del camaleón, demasiado ocupado apreciando hasta el más lejano rincón del hangar para poner cuidado al comportamiento espinado de su amigo, y que con el entusiasmo de siempre estaba intentando hacerlo sentirse culpable por sus métodos.
—Piensa lo que quieras si eso te hace sentir mejor.
—Y ahora me estás evadiendo, eres un pequeño can roñoso muy astuto.
—¿Eso crees? Me halagas, Leon. —El aludido bufó con descontento volviendo a sumergirse en el silencio por lo que pareció una eternidad, antes de que Wolf se rindiera a intervenir una vez más—. Escucha —le llamó con un suspiro—, sé que no te gusta que se entrometan en tus asuntos pero, si me dieras por lo menos una pista para comprenderte, dejaría de hacerte estos interrogatorios que tanto te molestan.
—Veo que un simple "déjame solo" no hará que te rindas.
—Ya me conoces —admitió Wolf con una sonrisa amigable, confidente. Leon se permitió el capricho de corresponder a ésta en secreto, al final apreciando la compañía de ese lobo, más de lo que admitiría en la actualidad.
—Veamos —Leon rebuscó entre sus recuerdos para elegir el mejor candidato para establecer como "la pista" que Wolf había sugerido. Obviamente no podía contarle sobre situaciones muy íntimas y personales, así que optó por hablarle de su sentir en el presente—. Supongo que puedo decirte que... no estoy del todo cómodo.
—¿Cómodo hacia qué?
—Mi escasa libertad de movimiento. Como bien sabes, y como bien lo repitió Pigma hasta el cansancio, soy un pandillero, un criminal menor que sacaste de sus actividades delictivas para ponerlo dentro de una nave del gobierno para combatir otros criminales.
—En realidad, no pertenecemos al gobierno, somos mercenarios —rectificó Wolf.
—Como sea —Leon le restó importancia—. El punto aquí es que... no puedo habituarme, lo intento pero no logro sincronizarme con ustedes. Mientras yo quiero volar por ahí derribando a mi objetivo sin importar las consecuencias, ustedes deben detenerme por el bien de la misión y eso hace que me sienta fuera de lugar ¿entiendes? Es algo así.
—En ese caso —Wolf no tardó en tomar una decisión—, puedes tomar un paseo después de terminar nuestro siguiente encargo, sólo por esta vez. De esa manera podrías sentirte menos encarcelado por nuestras normas de equipo ¿no crees?
—¿Lo dices en serio? —Leon se mostró entusiasmado con la idea sin poder evitarlo y esto causó una expresión satisfecha -a la par de divertida- en el rostro del canino—. Te lo advierto, O'Donnell, no juegues con mis sentimientos.
—Lo digo muy en serio. Déjame a Pigma a mi, yo le explicaré la situación y los motivos por los que gastarás el combustible del Arwing fuera del trabajo, no será un problema siempre y cuando prometas devolver el vehículo en una pieza.
—Uy, si me dejas hacer el tonto por un día entero juro que incluso limpiaría el Great Wolf durante una semana.
—Entonces tenemos un trato. Saldrás, despejarás tu mente y regresarás con toda la disposición del mundo para trabajar.
—Eres el jefe —dijo Powalski como única respuesta, alzándose de hombros mientras curveaba los brazos a cada costado en señal de rendición, mismo que Wolf interpretó como una señal positiva; habían cerrado el acuerdo.
Después de eso simplemente se despidieron antes de que el líder de Star Wolf se retirase a dormir, tumbándose en su cama con una tranquilidad que no se esperaba experimentar tras esta curiosa conversación. No pudo evitar pensar en cuan simple resultaba la mente de Leon para acceder a la obediencia, cuando costaron años de tensión y malos entendidos entre ellos para que al menos intentase integrarse más al grupo. Y luego de esta demostración, Wolf acordó consigo mismo aplicar este permiso en caso de que Powalski intentara cometer estupideces en plena batalla otra vez. Se acomodó sobre la almohada, sin ser consciente en qué momento fue abrazado por el sueño.
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Por fortuna, la próxima misión de Star Wolf no involucró combates complejos que requirieran de excelsa concentración o participación del equipo, como el arresto de algunos rebeldes de la patria que les crío, así que pronto se encontraron terminando los pequeños detalles para retirarse a la nave nodriza. Para sorpresa de Andrew y Pigma, Leon se había comportado mejor que nunca, siguiendo al pie de la letra cada una de las indicaciones, ya que ni siquiera había renegado a un mandato de su líder como era habitual, por lo que se sintieron mucho más desorientados cuando subió a su Arwing de nuevo en mitad del intercambio de Wolf con uno de los oficiales del planeta, sólo para despedirse de ellos con altanería e inconcebible buen humor.
—Bueno, señoritas. Yo me retiro por hoy, nos vemos más tarde en el Great Wolf.
—¡Un momento! —Pigma lo detuvo, acercándose rápidamente a la zona de despegue, empeorando su pánico por la mirada que el lagarto le dedicó—. ¿A dónde crees que vas?
—No pasa nada, Pigma —le tranquilizó Wolf sujetando al porcino de un hombro, su sonrisa nerviosa evidenciando su torpeza en las circunstancias—. Yo le he dado el permiso. El día de ayer hablamos y, quedamos que si yo le daba el día después de nuestra misión, él volvería con el arwing intacto para servir al equipo de buena manera.
—¿Qué? ¡Inaudito! Yo no estaba enterado de nada de esto.
—Es cierto, ¿de qué privilegios goza este escamoso? —se interpuso Andrew ofendido.
—Wolfy les explicará los detalles —se mofó Leon tirándose contra el asiento después de hacerles un último gesto de despedida con el brazo y poner en marcha la carga de energía que alimentaría a los propulsores para finalmente despegar. Pigma sólo pudo ver cómo la nave espacial se elevaba sobre el suelo, antes de impulsarse hacia enfrente a gran velocidad, destino que todos los presentes desconocían. Liberando un suspiro, el porcino miró de manera acusadora a su pupilo, quien bajó las orejas con cierta vergüenza, adivinando el desarrollo de una charla nada grata con su preciado mentor.
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Mientras sobrevolaba varios kilómetros en el aire, Leon Powalski comenzó a pensar en qué gastaría su tiempo libre, pues no tenía idea cuándo volvería a disfrutar de tal beneficio, así que se convenció que lo mejor sería aprovecharlo bien. Y aunque se esforzó en encontrar una actividad relajante pero divertida al mismo tiempo, su cabeza estaba tan llena del paisaje que no consiguió develar la mejor alternativa, optando por apagar su cerebro mientras disfrutaba de tan maravillosa vista. Nunca habría imaginado que estaría a tal altura e inevitablemente el pensamiento lo arrastró recordar sus momentos con los Hot Rodders. No era como si extrañara su planeta natal pero de algún modo la culpa corroía su consciencia. Nunca les dijo a dónde iría ni cuáles eran sus planes, además había dejado a su mejor amiga con una reprimenda que en esos precisos instantes odiaba. ¿Por qué tuvo que decirle aquellas cosas? Estaba seguro de que pensaría que se había marchado por culpa suya y no quería que sucediera eso.
Con pesadumbre, Leon se llevó una mano al pecho, pretendiendo acariciar el broche que ella le había regalado varias lunas atrás y que siempre llevaba consigo; no sentirlo a pesar de palpar todo su pecho hizo que el joven camaleón entrara en pánico, pues estaba seguro que lo llevaba encima, pero al pensarlo mejor recordó que la última vez que lo había sentido fue durante su lucha con Star Fox, hasta el momento en que había aterrizado para detener a su oponente, terminando por desarrollar una lucha cuerpo a cuerpo, misma que le había generado tan mal humor. Debió caérsele entonces, el entendimiento lo incitó fijar rumbo a esa dirección, no podría resignarse si había una diminuta posibilidad de encontrarlo, así que le resultó conveniente que su pelea con Star Fox hubiese sido en ese mismo planeta. Posiblemente le habría importado poco tardar meses en volver al Great Wolf si hubiese tenido que cruzar la galaxia completamente solo.
Luego de un viaje de cinco horas a máxima velocidad, Leon pudo vislumbrar la base militar donde habían luchado con el grupo mercenario a favor del imperio corneriano. El sitio estaba vacío pero el joven camaleón no le prestó atención a estos detalles, considerando que los soldados que ahí residían debieron ser evacuados o trasladados después de que el enemigo intentase volarlos en mil pedazos con ayuda de sus peligrosas bombas, aún si ésta haya sido desconectada a último minuto gracias al talento de Andrew con la tecnología.
Aterrizando sin mayores complicaciones su arwing, Leon descendió a tierra firme paseando la mirada por el suelo sin perder el menor detalle. Haciendo memoria, recordó que también había aterrizado cerca en ese entonces y se había batido en una lucha con el asesino de Star Fox cuando este demostró no estar lo suficiente acabado a pesar de su derrota en el aire.
El camaleón siguió buscando, inclinándose y asomándose por los contenedores, decidido arrodillarse para gatear si era necesario, pues quería asegurarse que su pendiente estaría ahí antes de que pudiera terminar su día libre con la tranquilidad que tanto había anhelado. Suspirando con pesadez, se dio cuenta que esta era una búsqueda inútil, pues había revisado el reloj después de un tiempo para darse cuenta que había transcurrido hora y media sin resultados. Pensó en rendirse pero sólo pudo continuar su búsqueda. Le tenía más apego del que creyó a este objeto, así que se rehusó perder las esperanzas tan pronto.
Sin embargo, enseguida de patear frustrado un bote de basura, notó el brillo tenue de un cristal en el suelo, mismo que lo guió al fondo del terreno antes de descubrir que se trataba del ansiado broche. Con una sonrisa, deslizó una rodilla contra el suelo para tomarlo, notando unos pasos sospechosos a sus espaldas, motivo por el que se giró sin esperar que esta silueta misteriosa lo golpearía lo bastante fuerte para dejarlo inconsciente.
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El dolor de cabeza lo ayudó a despertar. Leon se quejó y se removió en su sitio, incómodo con la posición. No había mucha iluminación en aquel cuarto, así que le costó trabajo identificar dónde se encontraba, empeorando su percepción del asunto cuando intentó estirar un brazo, únicamente para descubrir que estos estaban encadenados sobre su cabeza en una tubería de acero inoxidable. Intentó luchar contra sus ataduras pero sus movimientos resultaron inútiles. Con un gruñido se frotó contra el duro metal, decepcionado de que su día de fiesta y alcohol terminaría de forma tan abrupta.
—Hola, Powalski —Leon sintió que su garganta se cerraba con espanto mientras seguía aquella voz ronca y encontraba al único ser en el universo que nunca deseó volver a ver en lo que le restaba de vida—. ¿Tuviste un agradable descanso?
—Falco —pronunció con la lengua inyectada de odio, perforando aquel cráneo y pico con el filo que dominó de un parpadeo su mirada, en cuanto esa sombra emergió de las tinieblas para mostrar su imponente porte, nicho de masacres sin nombre.
—Me complace mucho que me recuerdes. No esperaba menos de la mascota de Star Wolf. Fuiste tan sencillo de capturar y ni siquiera necesité estructurar un plan para ello.
—¿Qué carajos quieres?
—Debes saber lo que quiero —espetó el faisán con gesto rencoroso—. Me humillaste frente a los esbirros de mi amo, vas a pagar eso con tu vida.
—¿Oh? No sabes lo satisfactorio que es escuchar que también lo pasaste mal —espetó el camaleón con una mueca maliciosa—, porque por tu culpa tuve que rebajarme a ser el reptil de los recados. Aunque te agradezco por otra parte, sin ti no hubiera sido recompensado con esta salida, pero igual tenías que meter la pata y ahora estoy atado a una tubería, sólo porque no tienes a nadie mejor con quien desquitar tus pequeños dramas.
El repentino chillido de un objeto filoso pasando cerca de su oído hizo a Leon congelarse en su sitio, antes de notar que una cuchilla acababa de encajarse tan cerca de su cabeza que sólo tuvo que mirar de reojo para encontrarse de frente con la muerte; Powalski tragó en seco al ser consciente, de haber estado un poco más a la derecha ya no estaría vivo.
—Como veo que no has entendido tu postura, tengo la intención de ayudarte —declaró Falco con una sonrisa maniaca mientras se acercaba hasta la posición de su victima, quien en esos instantes se quedó sin habla. Falco lo tomó bruscamente de la cabeza, alineándolo contra la tubería para que pudieran verse a los ojos, amenazando su cuello con una nueva hoja de metal—. Habría sido sencillo acabar contigo en el momento que te encontré, pero... una muerte rápida denota compasión y es lo que menos siento cuando pienso en ti.
—No te tengo miedo, pajarraco —declaró el camaleón masticando las palabras, ojos que decretaban odio y burla entremezclado.
—Ya lo tendrás, cuando sientas cada unión de tu cuerpo desmembrándose bajo el filo de mi cuchilla. Voy a torturarte por un rato, luego te daré el golpe de gracia.
—¿Eso saciará la sed del "Gran Falco"?
—No... pero lo calmará por un tiempo.
Falco estuvo a punto de propinar el primer apuñalamiento en el cuerpo de su victima, cuando las puertas de hierro rechinaron lastimosamente, interrumpiendo los planes del asesino y brindando luz al interior del cuarto. Ambos ocupantes entrecerraron los ojos, absortos por la intromisión de cierto vulpino, cuya presencia llenó la atmósfera con el feroz respeto que transmitía su simple presencia, y por quien el faisán no pudo evitar chasquear la lengua descontento. A Leon aún le sorprendía que aquel enano emanara semejante aura, aunque podría darle crédito al parche en su ojo y las cicatrices semi-ocultas entre su alborotado pelaje rojo.
—Creí haberte ordenado que no actuaras por tu cuenta, Lombardi.
—No creí que notaría mi ausencia, jefe.
—No eres tan sigiloso como piensas —acotó el líder de Star Fox con gesto severo—, lo noté enseguida. —Fox McCloud procedió aproximarse a su subordinado, sin temer al peligro que representaba su simple figura, entonces miró al prisionero—. ¿Y qué tenemos aquí? Supuse que éste sería la causa de tu rebeldía. ¿No crees que estás un poco obsesionado?
—A mi también me da gusto verte, escoria —se mofó Leon con cizaña. Sin embargo, se arrepintió al siguiente instante cuando un doloroso puñetazo le hizo voltear el rostro.
—Dejemos esto claro: no hablarás a menos que yo lo diga —Fox demandó—. Mientras tanto vas a comportarte, a menos que desees tener un ajuste de cuentas directamente conmigo, lo cual no te recomiendo. Me he hecho cargo de sabandijas más grandes que tú.
Leon escupió las botas del vulpino como respuesta, haciendo hervir la sangre del faisán que se veía a sí mismo agredido pero incapaz de responder, mientras que Fox sólo reaccionó mirando el grosero gesto sin inmutarse mucho más que con una breve mueca, después ejecutó una patada en el estómago del camaleón, lo bastante fuerte para dejarlo sin aire unos momentos. Fox se mostró más tranquilo entonces.
—Veo que eres de los que les gusta aprender por medio del dolor. Es una lastima. O'Donnell debe estar muy loco por haber elegido a un piloto tan indisciplinado como tú para formar parte de su equipo —comentó sin cambiar su expresión—. Aunque es una pena, vine hasta aquí para detener a Lombardi. No tengo ninguna intención de enseñarte modales sobre tierra. —El vulpino se dirigió a la salida, provocando el rápido desconcierto del faisán.
—¿Qué? ¿Quieres que lo deje ir?
—Créeme, Lombardi. Asesinarlo ahora no te beneficiará en nada. Sé que te hubieses excusado diciendo que tal nos libraría de un problema mayor, pero no es así. Pepper no considera a Star Wolf una amenaza. Por lo tanto, da igual que exista o no.
El faisán gruñó por lo bajo, apretando los dientes entre sí con fuerza, pero -tras un lapso de treinta segundos, en donde reflexionó los deseos del emperador- controló su creciente temperamento para asentir, permitiendo con ello que Fox por fin se marchara, dejándolos completamente solos. Leon habría cantado victoria en ese momento, sino hubiese estado demasiado ocupado agonizando por aquellos golpes gratuitos que había recibido por culpa de su mal habito de retar al enemigo, aún reconociéndose en completa y total desventaja. El faisán se volvió hacia él.
—Odio decirlo, Powalski, pero nuestra pequeña sección quedará pendiente. Siéntete afortunado, si mi líder no fuese Lord McCloud no habrías tenido la misma suerte. Ahora duerme.
Falco extendió un brazo, capturando la boca del camaleón entre sus largos dedos con un trapo blanco, cuyo penetrante aroma a cloroformo rápidamente inundó sus poros hasta dejarlo inconsciente. Y cuando volvió a despertar, Leon estaba junto a su arwing intacto, portando el broche por el cual había tenido tan irracional experiencia, aquel que le había regalado su mejor amiga; Johari. Gimiendo de dolor, se esforzó en ponerse de pie y abordó la nave espacial, a la cual le agradeció por la vida que aún conservaba. No estaba seguro de querer reportar el suceso con Wolf, pues necesitaría de unos días junto al silencio absoluto para procesarlo adecuadamente.
Después de aquello no necesitaría más días libres, pensó con ironía.
Fin.
Notas Finales: ¿Qué les pareció? Jaja, la verdad yo disfruté mucho escribiéndolo, es muy satisfactorio pensar en Falco como el asesino de Star Fox. Es probable que haga otro oneshot en el futuro manejando este mismo AU, mientras tanto les he traído esto. Muchas gracias por leer.
