Notas Iniciales: Lo prometido es deuda, aquí está la actualización.
17.- Panther x Leon.
Rosa Muerta
Un momento de meditación se tomó el felino después de que escuchara decir a su jefe cuál sería la siguiente parada de Star Wolf. Leon se encontraba analizando cuidadosamente su expresión -a pesar de que nunca le había importado la opinión de su compañero- mientras Wolf simplemente les indicaba el tiempo que tenían para prepararse, antes de andar hacia la compuerta y salir a los pasillos metálicos del lugar.
Cuando se quedaron solos, el reptil pretendió hacer un comentario venenoso pero, en cambio, miró unos minutos más a la pantera que continuaba con las garras sobre el rostro con una mueca poco amigable; algo curioso, considerando la personalidad positiva de aquel gato negro con ego de mujeriego que siquiera se preocupaba por una noche de sexo fallida. Quería apartarse del ventanal y seguir el camino de Wolf pero algo retenía a Leon ahí, por eso no comprendió el impulso de acercarse al otro sabiendo que sería mala idea, y aún así quitarle la mano de la cara, antes de excusarse haciéndole entrega de su copa de brandi que le había arrebatado al llegar, el cual Panther había querido beberse a solas en la seguridad de su habitación sin interrupciones.
Los dos compartieron miradas, Leon lo soltó bruscamente, todo en completo silencio; agregar palabras a sus acciones lo haría más rudo pero fue Panther quien se escandalizó y no dejó de mirar en su dirección. Aunque sabía que él estaba a punto de irse, ese mismo impulso que hizo a Leon tomarlo del brazo, condujo a Panther liberar su voz de su garganta cerrada para articular palabras en busca de su compañía.
—Espera... —Leon se detuvo abruptamente, sorprendido, pero no lo demostró cuando encaró a su compañero de equipo, quien apenas terminaba de darse cuenta de lo que acababa de hacer. Sin embargo, todavía -aunque avergonzado- se esforzó en no arrepentirse. Agitando su copa entre sus dedos tomó oxígeno y se atrevió a continuar—. Quédate y bebe conmigo. ¿No eran tus intenciones cuando me la quitaste de las manos? —señaló alzando un poco su vaso—. Sé que no hablamos mucho pero esta es una buena oportunidad para hacerlo ¿no crees?
Su elección de palabras hizo quedar a la pantera como un idiota pero Leon guardó silencio unos momentos más, decidiendo si le serviría de algo aceptar tan extraña invitación, aún así se sorprendió regresando sus pasos hasta la figura felina con los nervios floreciendo sobre sus escamas. No dudó aceptar la copa vacía que Panther le ofreció enseguida, ni le importó mantenerla en el aire mientras la bebida era vertida en su interior, antes de que encontrara su final tras sus callados labios al beber el primer trago.
Evitó prestarle atención a la asistencia de aquellas pupilas felinas sobre cada uno de sus movimientos, al tomar asiento respondió con una mirada y Panther fingió haber estado mirando hacia otro lado; Leon sabía que su cola se había erizado un poco. Sin embargo, -y si no mal recordaba- esto era signo corporal de asecho. Entonces se permitió saborear con la punta de su lengua la atmósfera, reconociendo la primera dosis de melancolía más allá de la inquietud que hacía a Panther dar ligeros golpes de talón contra el suelo.
La situación pecaba de incómoda, quizás incluso absurda, pero Leon estaba especialmente curioso. No quería perder la oportunidad de por fin ver a través de la coraza que mantenía a Panther lejos de su alcance, apartado de su entendimiento. Demasiado tiempo había pretendido no importarle. Después de tantos sucesos peligrosos que pasaron juntos, consideró este era el momento adecuado para cortar con la costumbre.
—Cuando dejé Venom por segunda vez —comenzó intuyendo que Panther necesitaría un impulso para hablar y aventurarse a lo desconocido, esto desarmó por completo al felino, quien no creyó escucharía a Leon hablar durante su estancia en la habitación, pues se había preparado para un largo periodo de silencio—, comencé a sentir ansiedad cuando era nombrado. Me sentía... hecho pedazos. Nunca se lo dije a Wolf ¿entiendes?
—O-Oh... tu secreto está a salvo conmigo —prometió Panther al comprender la indirecta que el profundo acento del camaleón acababa de recalcar—. Pero, ¿por qué... ?
—Wolf mencionó antes que eras originario de Corneria. ¿Es eso cierto? Si así fuera puedo entender tu reacción al escuchar que haríamos una parada ahí.
— …Entiendo.
—Está bien si no quieres hablar de ello, sólo estaba divagando.
—No, no... tienes razón —admitió Panther dirigiéndose al otro extremo del sillón que el reptil estaba ocupando. La nueva cercanía hizo a Leon sentirse un poco inquieto pero luchó por aparentar lo contrario, ya no era difícil en realidad—. No pensé que te importaría. Quiero decir, nada parece importarte, siempre te comportas tan... frío, sin ofender.
—Sangre fría, aunque no lo parezca es una ventaja. —Panther volvió a callarse sin saber cómo contestar eso. ¿Leon acababa de hacer una broma o sólo estaba imaginando cosas? Desvió la mirada hacia su copa y le dio un sorbo condescendiente—. Bueno, no espero que un sangre caliente como tú lo comprenda, muchas cosas nos separan si hablamos de especie.
—No lo dudo, verte por primera vez fue impactante —comentó liberando una sonrisa, la pantera se estaba relajando lentamente, tal vez hablar con el camaleón no era tan malo.
—Me abstendré de revelar mi primera impresión de ti.
—No necesitas hacerlo, ya sé que fue pésima.
—Esa es mi opinión actual.
—¿Qué... ? Agh, lo sabía —gruñó Panther frotándose el entrecejo, tan perdido en su breve estrés que no notó la sonrisa ladina del reptil a su lado—. ¿Qué tiene Wolf de lo que yo carezca? Él es un sangre caliente también. No, espera, no me lo digas. Aún creo que ustedes dos son pareja y no quiero enterarme de nada íntimo, gracias.
—Para ti todo gira alrededor del apareamiento. Pareces un adolescente.
—No lo digas de esa manera, hay mejores nombres que describen las relaciones.
—Y no pienso poner uno solo de esos términos en mis labios —espetó. Panther comenzaba arrepentirse de su elección, se daba cuenta que definitivamente era muy malo tener la compañía del camaleón y eso que había convivido con toda clase de lylatianos.
—Te odio —gruñó de nuevo, inclinándose sobre sus rodillas, antes de volver a recargarse en el respaldo del sillón y beber lo que quedaba de brandi en su copa.
—No lo haces —contraatacó Leon.
Esto volvió a romper el entendimiento de la pantera, quien no pudo evitar levantar la mirada una vez más hacia su acompañante, cuyas pupilas mantenían encerrada su silueta dentro de sus penetrantes fosas, el felino se estremeció y apartó la mirada de nuevo con el corazón latiendo a mil por hora. Sin embargo, Leon no dejó de mirarlo, asechando sus movimientos en busca del menor descuido para ejecutar el golpe de gracia. Panther se estaba sintiendo indefenso y eso logró irritarle.
—¿Qué es esto? Se supone que el depredador nato soy yo.
—Te equivocas —espetó terminante, Panther se devolvió dispuesto a responder cuando fue interrumpido—. Wolf y tú son más similares de lo que crees —agregó Leon de pronto, apartando la mirada del felino, quien hasta entonces pudo comprender la dirección de sus palabras, permitiéndose tomar un respiro de la tensión que lo había abordado con aquella mirada—. Ambos son dos imbéciles que cargan más peso del que deben.
—Mierda, hombre... —Panther tomó un respiro—, si el jefe te escucha...
—No te preocupes, ya se lo he dicho a la cara.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que no le temo a las mierdas de Wolf o de ti, así que no hay nada de sus pasados que signifique un gran impacto para mi. Como sabes tan bien, no me importa que compartan algo de esa suciedad conmigo mientras a ustedes no les importe.
Fue en ese momento que algo dentro del cerebro de Panther comenzó a funcionar, comprendiendo el motivo de las acciones iniciales de Leon y cada uno de los comentarios que había soltado todo el rato: le estaba ofreciendo liberarse; no mantener más el silencio de sus pensamientos, reconocerlo lo hizo cubrirse el rostro de nuevo dejando salir un gemido seguido de una risa más audible. Leon lo miró de reojo sin comprender qué quería decir tal reacción pero Panther no se tardó en explicarlo tampoco.
—Tienes razón, no te odio —admitió el felino—, pero definitivamente apestas en esto.
—¿Ah?
—Lo siento, no lo pude evitar —comentó, recargándose sin más tensión—. Así que... ¿siempre has tenido problemas para socializar? No trato de ofenderte, sólo estoy preguntando, ya que tenemos la oportunidad de conocernos mejor antes de atender nuestros deberes.
— …Supongo. Ha sido así desde que era niño y, aunque lo dudes, mejoré mucho —agregó desviando la vista.
—Si lo dices tú debe ser cierto. En mi caso fuí aprendiendo desde pequeño. Fui criado por un anfitrión, ya sabes, esos tipos que ofrecen sus servicios a las damas. No sé si aún existan en Corneria pero en ese entonces eran muy populares. El tipo era una pantera de gran prestigio: Carter Black, quien además de ser muy exitoso en su ocupación, también era un hábil pistolero. —El rostro de Panther pareció iluminarse al nombrar a su tutor, marcando una sonrisa nostálgica en sus labios felinos, debido a ello Leon no se atrevió interrumpir, intrigado por la historia que su compañero estaba dispuesto a relatarle—. Fue mi modelo a seguir desde que tengo memoria y cuando falleció me prometí no volver a ese planeta nunca más. Muchas cosas deben haber cambiado desde la última vez que estuve allá, por eso no planeaba que mi retorno fuese a presentarse tan pronto.
—Sólo respiraremos su oxígeno un par de horas, puede que no haya tiempo para visitar tumbas —dijo el camaleón, intentando consolar a quien bufó divertido por sus palabras.
—De todas maneras no existe una tumba a la que pueda llevar un ramo de rosas, excepto quizás la de ella.
—¿Ella? —inquirió Leon confundido. Se hubiese imaginado que se trataba de una amante como las muchas que había conocido de aquella pantera, pero por su expresión Leon comprendió que no podría tratarse de un tema tan sencillo.
—¿Alguna vez has odiado tanto a alguien que estuviste cerca de enloquecer?
—No —respondió Leon al instante pero lo pensó mejor—… probablemente.
—Probablemente —repitió Panther con ironía antes de levantarse, dispuesto a romper aquella conversación—. Será mejor que nos apresuremos. Wolf se molestará con nosotros sino estamos a tiempo en el hangar.
Leon no asintió pero se dirigió a la salida con la intención de seguir las indicaciones de su líder. Sin embargo, antes de que consiguiera dejar la habitación, su mirada se volvió hacia la figura de su compañero, los recuerdos abordando su mente tras aquel corto acercamiento. Y recorriendo el pasillo, el reptil repasó en su mente cada una de sus interacciones. Su relación con Panther había cruzado las más delicadas etapas que Leon pudiese recordar entre su repertorio de experiencias, siempre se mantenían alejados y milagrosamente lograban concordar durante las misiones, así que podría aceptar que el trabajo en equipo funcionaba. Aún así ningún otro ser había intentado acercarse como Panther lo hizo.
El camaleón no podía olvidar el día que perdió el control durante una misión, donde terminó matando enemigos y aliados por igual mientras Wolf no estaba mirando. En lugar de dispararle como haría cualquier lylatiano cuerdo con amor por la vida, Panther usó sus estúpidas rosas para distraerlo y así inmovilizarlo en el suelo, arriesgando a que sus cuchillas le perforaran el estomago y posteriormente muriese a merced de su locura. Leon nunca olvidó sus palabras de aquel entonces.
«Una rosa para la amargura, una rosa para el mal tiempo y una rosa en nombre del pasado»
Leon no tenía idea qué significaba aquello pero después de su reciente charla, podía adivinar cuál debía ser el origen de tal frase. Había un esencia espiritual acerca de las rosas para Panther, más que simple fachada o recurrencia seductora, pues también fue su sello característico durante su época de crímenes en solitario. Leon conocía todo tipo de asesinos y nadie alcanzaba el lado artístico de la pantera sobre la muerte. Tal vez fue eso lo que lo hizo aceptar la presencia de Caroso en Star Wolf. Más que su carisma y extraña personalidad, su idea fue atractiva para Leon enseguida; él, quien no era más que un asesino psicótico programado para no dejar huellas y hacer honor a sus raíces venomianas, veía un inmenso contraste en un asesino que dejó su huella desde el comienzo, haciendo historia por un sentido del honor que Leon todavía no deducía.
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La misión que Star Wolf llevó a cabo en Corneria se realizó en el más posible de los secretos. Sin ser del todo conscientes, habían sido invitados a participar en una retorcida competencia a muerte entre mercenarios que buscaban un mismo objetivo. Por suerte Wolf logró averiguarlo a tiempo, así que se dispusieron eliminar la raíz del problema mientras los fantasmas invadían la consciencia de Caroso. De un momento a otro, Leon y Panther fueron separados de su líder, por lo que marcharon entre callejones indispuestos a caer presas de los blaster de sus contrincantes. Aunque Corneria se tratara del planeta más próspero y seguro, no estaba abstento de la presencia del crimen organizado; aquello Leon lo aprendió en el transcurso de su visita por los suburbios. Después de ocultarse estratégicamente, vieron a los perros marchar de largo en medio de gruñidos amenazadores, fue entonces cuando los dos integrantes de Star Wolf se permitieron respirar.
—Linda bienvenida obtuve ¿uh? —murmuró Panther para sí mismo, Leon lo escuchó más no mencionó algo al respecto.
—Debemos reunirnos con Wolf. Destrozaron mi comunicador, ¿qué hay del tuyo?
—Lo siento —dijo el felino con simpleza mientras le mostraba los restos del aparato atrofiado por los rayos laser. Leon chasqueó la lengua con descontento—. Uno de esos sujetos mencionaron un cementerio como punto de reunión, es el más cercano a nuestra posición así que probablemente nuestro jefe se dirija ahí.
—Pues allí iremos nosotros también —declaró Leon enseguida, enfundando de nuevo las cuchillas que pretendió usar en quienes los seguían si llegaban a encontrarlos—. Antes dijiste que conocías este barrio, debes saber a cuál cementerio se referían. —El camaleón miró a Panther, quien pareció meditar con detenimiento su siguiente respuesta, algo que no le provocó el menor placer—. ¿Lo sabes? —insistió Leon impaciente.
Aunque inconforme, Panther asintió y guió a su compañero por las calles, no sin antes asegurarle que los cambios que el gobierno había hecho fueron más de las que podría contar, por lo que era probable que se perdiera un par de veces entre las humildes chozas. El recorrido fue reinado principalmente por el silencio. Leon gozaba de la quietud pero no cuando su líder podría estar en peligro, así que se reconoció cada vez más tenso, aunque no podía descartar el mismo sentimiento en su acompañante, quien bajo su semblante tranquilo había todo un remolino de emociones a causa de las colonias que atravesaban para llegar a su destino. Leon no quería preguntar y no lo hizo, pero la intriga era suficiente para distraer su mente de los peores escenarios que les depararían una vez arribaran al cementerio señalado, algo que ocurrió transcurridos varios minutos más tarde.
—Aquí es —informó Panther acomodándose la correa del arma sobre su hombro—. Con que un cementerio... que horrible ubicación —comentó de paso.
—¿Este es? No parece lecho de sepulturas.
—Bueno, me habría sorprendido que lo remodelaran. Es el panteón más antiguo de este lugar, ningún otro pueblo o ciudad de Corneria se le compara.
—Entremos —ordenó Leon apresurando el paso.
Panther le siguió de cerca pero el reptil obvió lo que significaba para él avanzar entre aquellas antiguas lapidas, las cuales el felino observó con la atención que sólo podría serle dedicado a objetos familiares importantes; se atrevía a decir que incluso debía estar buscando un pasaje especifico. Leon, por otro lado, no perdió detalle de cada gesto que se dibujó en las facciones de la pantera. No estaba actuando como normalmente, seguro porque estaba teniendo un encuentro con el pasado y en cierta manera no lo culpaba, criminales como ellos no podían evitar ser acorralados por sus propios demonios después de haber abandonado cenizas sobre el camino.
Panther pareció calcular sus pasos entre los pasillos, deteniéndose ante una sepultura pequeña, la menos antigua de todas aquellas criptas.
Vencido por la curiosidad Leon se acercó a su compañero, quien si notó su cercanía no lo comentó, su atención sumida en el nombre inscrito en el centro de la lapida, acompañado de una fecha y por debajo la palabra "perpetuidad". No podía decir que estaba impresionado por la edad temprana de quien yacía en el interior de aquella tumba, era imposible que causara el menor rastro de conmoción para alguien como Powalski. Pero la relación de aquella niña con Caroso definitivamente le inspiraba intriga, misma que fue en incremento por la sonrisa resignada que se dibujó en el rostro de la pantera.
—La muerte es única ¿no es cierto? Lo mismo le da tomar ancianos o jóvenes, inválidos, enfermos o sanos. Le da igual que sean justos o tiranos. —La palma de Panther se posó en la roca fría, y Powalski no pudo evitar entrecerrar los ojos ante el gesto—. A veces me pregunto en qué se basa, cuáles son sus requisitos para arrancarnos la vida. Estoy seguro que es una actividad absurda pero son cosas que simplemente no se pueden dejar de cuestionar. —Unos momentos en silencio sirvieron para alimentar el ligero estado de luto al que Panther se retiró, retornando al presente con un suspiro agotado—. Odio visitar a una dama con las manos vacías. Sabía que debí comprar un ramo antes de que fuera arrastrado hasta aquí.
Leon desvió la mirada, víctima de una imagen devastadora y se reprendió por traerla de vuelta, pues se suponía que dejaría descansar a los muertos, los dejaría vagar en aquella bruma púrpura sin retorno. Tal vez nunca había dejado que sus memorias se evaporasen pero las emociones no debían estar apuñalando su pecho justo cuando no eran necesarias. Sin embargo, la culpa se instaló en el interior de sus nervios cuando consideró el sufrimiento que debió cruzar quien hasta hace poco sólo veía como una mascota, un entretenimiento no convencional pero ocasional que solía tomarse la libertad de alimentar, gracias al interés que lograba provocarle. En esos instantes sólo era Caroso, un criminal buscado que eligió unirse a Star Wolf por motivos desconocidos, probablemente por razones simples como el dinero.
—Zagvga, u, zagvga, mikkeshde*—rezó Leon en voz muy baja, casi un susurro, que tomó a Panther por completo desprevenido.
—¿Eh? ¿Qué?
—No tengo conocimiento de quién fue ella o la influencia que tuvo para provocarte sufrimiento. Pero, lo que haya sido, es un hecho que existió. No puedo asegurar que se encuentra en un sitio mejor pero dudo que esté en uno peor. A los vivos nos corresponde seguir evitando la muerte, porque una vez muertos no hay marcha atrás.
Leon se retiró de la zona esperando haber transmitido su mensaje de forma correcta, dejando a Panther en completo silencio, tan sólo procesando las palabras del camaleón. Comprendía a lo que se refería pero no tenía manera de responder una sentencia tan clara y tan dura; todos ellos la habían aprendido a la mala, algunos peor que otros, pero la enseñanza de vida se mantendría ahí en sus consciencias, caminaran hacia la dirección en que avanzaran. Se quedarían en ellos como estigmas imborrables. Wolf probó la traición de un hermano, él mismo el despecho de una muerte injusta y Leon era muy probable que se viera obligado enfrentar sus miedos y convertirse en cada uno de estos para sobrevivir. Panther realmente no conocía demasiado al reptil pero podía adivinarlo por su manera de actuar que había una larga historia tras esa espalda afilada y esa enroscada cola.
—Erin —dijo, deteniendo los pasos del camaleón, el cual se limitó escuchar sin atreverse a enfrentar los ojos de Caroso—, era una niña huérfana a la que Carter Black acogió sin dudar, dijo que le había conmovido cuando la atrapó robando su cartera mientras paseaba junto a una clienta en una calle llena de gente. En ese entonces yo estaba aprendiendo a cortejar, era demasiado joven para entender las verdaderas razones de mi tutor. Como era de esperarse, fui yo quien pasó más tiempo con ella, un anfitrión no podría cuidarla mientras atendía sus deberes, mucho menos alguien como Erin. Era muy astuta y enérgica, habría logrado meternos en problemas con las damas, y de hecho, lo hizo varias veces. Pero conforme transcurrían los días, su presencia se convirtió en una luz de felicidad. A ella le encantaban las rosas, ya que solía decir que así olía su abuela antes de que se fuera al cielo.
—Rosas... —susurró Leon sin poder evitarlo.
—Ese detalle tan simple, y aparentemente inofensivo, pronto se convirtió en la clave de su historia. Su padre no había muerto de forma natural, fue asesinado y decorado con rosas por aquel que se presentó como su padrastro varios meses después y que, además, era esposo de la mujer de quien Carter estaba enamorado. La niña aparentemente había estado desaparecida, así que culparon a mi tutor de secuestro, pero todo había sido un plan retorcido de aquel infeliz. Trató de deshacerse de Erin por alguna clase de negocio torcido pero ella logró escapar antes de que fuese lanzada al río, así que tuvo que intentar sobrevivir por su cuenta, hasta que quiso robar la cartera de mi tutor. Erin había sido muy valiente en ocultarlo hasta el día que Carter la interrogó, pues ella temía que su madre fuera a sufrir el mismo destino que su padre si decía algo. Sin embargo...
Panther ahogó su ira lo mejor que pudo ante el recuerdo que lo abordó, sólo entonces el camaleón tuvo el valor de girarse y observarlo, adivinando la confesión que se avecinaba, así que no lo presionó y se mantuvo en silencio, justo como había hecho con Wolf el día que este le relató su propia historia. El mero recuerdo de su líder lo incitó acortar un poco más la distancia que les separaba. Panther lo notó, así que respiró profundo, sintiendo que las fuerzas volvían, sintiéndose capaz de continuar.
—Sin embargo, ese maldito tenía toda la ley a su favor sólo por ser un diputado con honores, así que nuestro plan de rescate se vio frustrado muy pronto. Carter fue gravemente herido y Erin murió salvándome cuando uno de los lacayos de su padrastro me disparó. Pero a pesar de que su madre lo había visto todo, lo único que pudo hacer para ayudarnos fue suplicarle a su marido que nos dejase ir. Luego de eso fuimos enviados lejos de nuestro hogar. Por eso... ignorando las palabras de Carter, yo...
—Fue tu primera víctima —Leon afirmó—. El inicio de todo esto.
— …Si —admitió Panther con pesar—. Carter quería que limpiara mi corazón de odio, así que me envió a una academia de pilotos, me alejó de ese pasado para que ambos pudiéramos vivir y morir en paz. Creyó que las estrellas y nebulosas del espacio llenarían mi alma de otros sentimientos, pero todo volvió a mi el día que lo vi a él en el escenario junto a otros legisladores de Pepper, hablando de honor como si sus crímenes se tratasen de una jodida broma. No podía tolerarlo. En nombre de Erin, cuyo cuerpo fue decorado de rosas para su entierro, clavé una por cada miembro arruinado de su familia.
Ahora Leon lo comprendía todo. Panther no era un asesino artístico como lo imaginó al principio, era un asesino que se martirizaba hasta al hartazgo de su cruel y autodestructiva venganza, perdiéndolo todo en el proceso. Su credibilidad, su puesto como piloto, su patria y libertad social. Las rosas estaban estigmatizadas por toda una familia, la misma con la que indirectamente formó lazos gracias a la niña que yacía en aquella tumba. Leon se acercó un poco más a Panther, quien lo miró con seriedad. Ninguno de los dos sabía realmente que estaban esperando de esta repentina cercanía y la profundidad con la que sus ojos contemplaban al contrario pero dejaron al momento ocurrir.
Entonces una serie de disparos invadió el ambiente, incitando a los dos mercenarios mirarse entre sí de nuevo con una resolución nueva invadiéndolos, antes de emprender marcha hacia el iniciado tiroteo, en espera de cumplir su misión y salir victoriosos de la misma todos juntos. Después de todo, aún debían reencontrarse con su líder.
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Con una victoria accidentada arrastrándose a sus espaldas tras una larga y difícil noche de trabajo, el líder y segundo al mando se encontraron reposando sobre una silla de hierro en una calle desierta aquella mañana, antes de que viajaran de regreso a Sargaso con su bien merecida recompensa en los bolsillos. Con un gruñido ronco, Wolf se cubrió su ojo sano mientras recargaba la nuca en el filo del respaldo. Leon permaneció recargado en sus rodillas, mirando con cierta aprehensión las tres rosas rojas y la rosa pinta formando el ramo que acababa de comprar. Llevaban todo el amanecer buscando al tercer integrante de Star Wolf, así que el líder comenzaba a desesperarse por su insistente ausencia. ¿Qué podría estar haciendo aquel casanova empedernido de todos modos? La incertidumbre lo tenía afligido.
—Joder con Panther —se quejó Wolf sin mirar a su acompañante—. Primero nos da entender que odia la idea de volver aquí y luego se hace el desaparecido. Seguro que está de visita en uno de esos tantos y caros cafés que conforman el centro de esta asquerosa ciudad. Maldita sea... mil veces maldito. En serio que no lo comprendo. —Al darse cuenta que su compañero reptil no estaba respondiendo, retiró los dedos de su visión para mirarlo de soslayo, sospechando el motivo de su quietud—. ¿O tú tienes una idea de dónde podría estar?
—Para eso adquirí esto —comentó el camaleón con simpleza, levantando un poco el objeto apresado entre sus dedos. Wolf alzó una ceja hacia el pequeño ramo sin real interés. Como siempre, Leon y sus rarezas lo desconcertaban. Ya no sabía por quién preocuparse más ahora que lo consideraba detenidamente. Volvió a gruñir.
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Los rayos solares no significaron un problema para Panther, quien después de comprar dos ramos de rosas enteros, se dirigió al cementerio donde yacían los cuerpos de Erin y su padre, dejados ahí por cortesía de una madre y esposa, ya que era en aquellos espacios donde reposaban extensas generaciones familiares; historias de linajes interminables. Panther descubrió también que el lugar era fresco y tranquilo, pues incluso no volvería a ser nicho de reuniones criminales después de que exterminaran a los individuos en cuestión; al menos hasta que llamara la atención de alguien más. Cerró los ojos, dedicándole a ambos una oración, disculpándose con la pequeña por haber tardado tanto en volver con la ofrenda prometida, deseando que -donde sea que se encontrara- estuviera descansando en paz.
Así hubiese terminado su visita, de no ser por la presencia que invadió el escenario, la cual hizo a Caroso darse la vuelta para encontrarse al enigmático camaleón de frente, sosteniendo entre sus dedos cuatro rosas desnudas. El felino no tuvo tiempo de cuestionar cuando el reptil avanzó hasta quedar de frente a la lapida de Erin, donde procedió a iniciar el ritual.
—Una rosa para la amargura —dijo Leon colocando una de las rosas rojas en la zona superior de la lapida, la siguiente la colocó en el centro y la próxima en la parte inferior—, una rosa para el mal tiempo... una rosa en nombre del pasado. —Entonces se giró, enfrentando los ojos de la pantera a su lado, antes de extenderle su última adquisición, una rosa cuya blancura estaba adornada por salpicaduras carmín—. Y una rosa para ti.
Sorprendido Panther aceptó tomar la rosa entre sus dedos, en cierta manera extrañado por la interpretación que acababa de presenciar. Sin embargo, tampoco tardó en sonreírle a su compañero de equipo después de haber admirado la belleza de la flor en su mano. No era un estilo de rosa al que estuviera acostumbrado poseer al no ser ni de un color ni de otro, pero rápidamente interpretó lo que Powalski trataba transmitirle con aquel gesto, pues de él dependía cómo pintar su camino a partir de ese momento.
—Gracias, Leon.
Desviando la mirada rápidamente, Leon optó por caminar y no responder, más Panther siguió sonriendo al percatarse del ligero sonrojo que había adornado las mejillas del reptil, comprendiendo que no estaba acostumbrado a hacer esa clase de cosas por alguien; quizás fue por ello que pudo apreciarlo mucho más. Si al principio creyó que ellos jamás podrían acoplarse o entenderse, la reciente situación acababa de negar este pensamiento, pues todo era cuestión de circunstancias y perspectivas; por ello Caroso estaba convencido que su momento de formar lazos importantes se había llegado al fin.
—¿Ya terminaron? —inquirió una tercera voz, cual figura había decidido mostrarse después de que se aburriera de leer nombres y fechas en las lapidas a su alrededor.
Asintiendo, Panther fue el primero en responder a las exigencias de su líder mientras que Leon, con su característico silencio, se limitó avanzar hacia el lobo gris. Sin embargo, bastó una breve mirada para que Wolf se percatara de la nueva fuerza que pululaba sobre la presencia de sus subordinados. Podría equivocarse pero se veían más coordinados que antes, así que le mera idea le arrancó una sonrisa satisfecha de los labios, seguro de que este cambio traería excelentes resultados a sus combates futuros.
Fin.
*Es el fragmento de un rezo venomiano que ya está traducido en mi longfic "Corrupción"; pero para ahorrarles la búsqueda, básicamente es: "Oh, masacre, oh, alma líquida derramada".
Aclaraciones: Por si no comprendieron bien el significado de las tres rosas, lo resumiré de esta manera:
Una rosa para la amargura: Representa la sumisión de la madre de Erin.
Una rosa para el mal tiempo: Habla de la lucha constante de la pequeña niña en su corta vida.
Una rosa en nombre del pasado: Señala la muerte silenciosa del padre de Erin.
