Limerencia

Por: SadChirimoya


Disclaimer: Alternative Universe (Pandemia por COVID-19).


Quien la encontró, contra todo pronóstico, fue Uchiha Itachi.

Él ni si quiera debería haber estado ahí en primer lugar y, sin embargo, ahí estaba, de pie tras la puerta cerrada por sí mismo.

Ella estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada en el borde de la incómoda cama, en medio del desastre que ella misma había creado.

Al escuchar la puerta cerrarse apenas levantó la mirada hacia el intruso en la sala de descanso. Lo reconoció, por su puesto que lo reconoció, pero no se trataba de nadie quien le interesase ver, no en ese momento.

Itachi observó con atención el desorden de la habitación. Todo lo que podía arrojarse al suelo, estaba ahí, tirado, y se sorprendió.

Había seguido a Sakura por los pasillos del hospital, alertado por el estado en el cual la había visto. Creyó que estaba al borde de derrumbarse, y aparentemente tuvo razón. La imagen de una Sakura temblorosa y sollozante le confirmó su sospecha.

—Nueve. — Murmuró ella, tallando sus mejillas con el dorso de su mano en un intento de borrar las lágrimas que no paraban de caer.

No, no estaba triste. Estaba furiosa, tan furiosa que no podía contener el temblor en sus manos ni retener las lágrimas en sus ojos.

El Uchiha no comprendió a qué se refería.

—¿Nueve…? — Inquirió, alentándola a hablar, aunque inseguro de que fuese el movimiento adecuado.

—Nuevo personas murieron hoy, Itachi, bajo mi cuidado. ¿Sabes cuántas van en la semana? Veintitrés, y es jueves.

Con pasos cautelosos el mayor se acercó hacia la pelirrosa, y con el mismo cuidado y lentitud se acomodó a su lado.

¿Qué podía decirle que sirviese de consuelo? Nada acudía a su mente, nada con sentido, nada que pudiese realmente ayudar. Así que guardó silencio.

Su hombro tocaba el de ella, un contacto casual y relajado, un intento de consuelo que no buscase invadir el espacio personal de ella.

—Todos están muriendo. — Su voz quebrada y temblorosa resonaba en su propio pecho como vibraciones que producían un sentimiento incómodo, pero que no podía identificar. Sólo sabía que quería detener o al menos amortiguar el dolor que sentía la pelirrosa, aquel que se palpaba con tanta claridad en su voz.

—Soy una neurocirujana reconocida en todo el país como la mejor. Me construí mi reputación a pulso, mis estadísticas son mejores que las de cualquiera en mi campo, tengo veinticinco malditos años y dirijo mi propio departamento en este maldito hospital Itachi. Y aún así estoy perdiendo nueve pacientes al día. No he realizado una maldita operación en semanas, lo único que hago durante todo el puto día es atender un código azul tras otro, y luego… —Una risa completamente carente de alegría interrumpió sus discurso. —Luego declaro muertes. Un tras otra.

—¿Qué necesitas?

Porque eso era todo lo que podía hacer. No tenía palabras de aliento, porque él mismo reconocía que la situación y el panorama eran una mierda; sería hipocresía inventarse una estúpida frase motivacional.

—Necesito que la gente deje de morir, Itachi.

—Algo que esté a mi alcance, Sakura. — Recalcó él, aunque sin la intención de sonar antipático. Si lo logró o no, fue respondido por la cabeza de la joven dejándose caer sobre su hombro.

—Necesito dormir, una hora o dos.

—Tu turno ya finalizó, puedo dejarte sola para que puedas descansar.

Pero antes de que pudiese hacer cualquier movimiento, una de las temblorosas manos de Sakura atrapó la de él, negándole así cualquier posibilidad de alejarse. Un sollozo llamó la atención del pelinegro, pero se negó a buscar aquel rostro con su mirada.

—No puedo. — Murmuró entre más sollozos. — No puedo dormir porque en cuanto cierro los ojos veo los rostros de todos los pacientes que he perdido, y aún si consigo dormir, sueño con la muerte de aquellos cuya vida pende de un hilo. Despierto aterrada de recibir la noticia de que alguien más pudo haber muerto mientras descansaba.

El silencio se instaló por lo que pareció una eternidad para Itachi, mientras que para Sakura no fueron más que unos efímeros segundos.

—Tengo una idea. — Murmuró, ganándose la atención de la sollozante muchacha.

Con cuidado y sin soltar su mano se puso de pie para luego extender su otra mano a la joven. Cuando ambas manos estuvieron entrelazadas la una con la otra, Itachi jaló apenas un poco a la pelirrosa para que se pusiese de pie y luego la dirigió a aquella cama donde se acostó a su lado.

—No sé cuánto tiempo pueda seguir con esto. — Susurró contra su pecho.

Sin ningún tipo de oposición recibió aquellas caricias que el mayor estaba repartiendo en su espalda, y en respuesta ella cruzó uno de sus brazos por la cintura de él.

—Tú puedes. — Respondió él, depositando un beso sobre su frente.

Esa era una verdad, no eran simples palabras que buscasen animarla.

Sakura era la mujer más valiente, resistente, fuerte, resiliente y testaruda que había tenido el placer de conocer. Si había alguien capaz de resistir toda la mierda que estaban viviendo era ella, pero eso no quería decir que tuviese que hacerlo sola, aunque así lo creyese ella.

—No puedo. —Insistió, y él depositó otro beso en su frente.

—Excepto, que sí puedes, incluso cuando sientes que no es así.

Otro silencio se instaló entre ambos, quizás porque en determinado punto las palabras sólo podían sobrar, y usualmente llegaban a ese punto con bastante rapidez.

—Te amo. — Confesó ella en un suave susurro luego de haber perdido la cuenta de cuántos minutos llevaban en silencio.

Ambos llevaban saliendo casi un año, en absoluto secreto.

Se conocían de toda la vida, pero la posición de Itachi como parte del equipo legal del Konoha's Memorial Hospital y su puesto en la junta directiva del mismo los orillaron a una posición delicada cuando Sakura inició su trabajo en el hospital.

El asenso de ella fue rápido, pues poseía las habilidades y a nadie le quedaba duda de ello, pero si salía a la luz su relación los rumores serían el menor problema del cual tendrían que preocuparse.

Así que, con la intención de llevar la fiesta en paz, coincidieron en mantener el secreto, pero aún en el casi año que llevaban saliendo, jamás se habían dicho esas dos palabras. Ni una sola vez.

Y esa era la razón por la cual le tomó tan desprevenido. Lo suficiente al menos como para permanecer en silencio más tiempo del aceptable luego de una confesión de esa magnitud.

—Eres siempre la calma en medio del desastre. — Explicó ella con suavidad. Conocía al pelinegro de tal forma que sabía qué significaba cada uno de sus silencios. — Y tengo un millón de razones para amarte, pero estoy demasiado agotada para poder nombrarlas todas.

—Yo también te amo.

Y ella tuvo seguridad de que no había menos que absoluta sinceridad en su respuesta. Porque Itachi Uchiha no tiene la cantidad de maldad necesaria para mentir en algo como eso, y porque constantemente se lo demostraba con preocupación, con cariño, con atención.

Decirlo en voz alta era una mera formalidad.

El silenció volvió a apoderarse de la habitación, esta vez de forma más permanente, pues la joven cayó dormida producto del cansancio y de la seguridad que sentía al verse entre los brazos del Uchiha.

Y esa fue la primera vez en la semana que no tuvo pesadillas y que pudo realmente descansar.


Sólo una pequeña idea que tenía rondando en la cabeza y no me la pude quitar hasta escribirla.

¿Review?