La carta de Lune

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Academia Elyssium

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La ceremonía de graduación para los estudiantes del último año del bachillerato se llevaría a cabo ya en cosa de pocos días, Minos no podía creer que esos fueran sus últimos momentos en la Academia luego de seis largos años viviendo ahí, prácticamente, lejos de todo y recluidos fuera del mundo. No pudiendo dormir fue que se puso de pie encendiendo la lámpara ubicada en la mesita al lado de su cama para dirigirse a la alta ventana de la habitación la cual se vio iluminada con una luz amarillenta que se veía a través de la pantalla semicircular.

Lentamente descorrió un poco la cortina de damasco grueso.

Afuera hacía una noche cerrada acompañada por nubarrones rojizos que apenas si dejaban pasar un poco de la luz de luna sin dejar filtrar ni una sola luz adicional. Por primera vez, el jovencito se preguntaba qué le depararía el futuro luego de terminar sus días en la Academia que fuera su hogar, ¿que le esperaba en la Universidad?, ¿cómo sería el mundo allá afuera? Trataba de no cuestionarse ya que sus dudas a veces lo abrumaban un poco.

—No puedo creer que pronto me iré de aquí… —se dijo con cierta tristeza.

Al mismo tiempo, en otra habitación del dormitorio Ptolomea, un jovencito llamado Lune estaba delante del escritorio tratando de escribir una carta, aquella carta ya le había tomado más de una noche en redactarla. Rasgaba el pergamino con su pluma sin quedar convencido de sus frases; aquella carta se la entregaría a la persona que más admiraba en todo el colegio, con todo y que no era más que un alumno de tercer grado admiraba profundamente a su superior y, líder del dormitorio, el joven de los cabellos grisáceos cuyas pupilas ambarinas lo hacían volverse aún más tímido de lo que era.

—Superior Minos —pensaba tachoneando nuevamente la última frase escrita— ¡No puedo escribir esta carta como quisiera! —pensó frustrado.

Lo último que deseaba antes de la ceremonia de graduación era entregar aquel documento en el cual había vaciado sus sentimientos y admiración por el futuro graduado. Admiración que comenzó apenas Lune llego a la Academia por primera vez, cuando era un alumno de primer año, y Minos empezaba el bachillerato representando a los alumnos de Ptolomea con dignidad alzando el nombre del mismo entre los tres dormitorios.

Lune quedo impresionado por la elocuencia y porte de su superior iniciando su admiración secreta por él. Sin embargo, el tiempo para su partida estaba cerca, sus años en la Academia estaban por concluir y no podía dejarlo ir sin hacerle saber sus sentimientos así no tuviera oportunidad alguna.

—Minos conocerá otras cosas en la universidad y, quizás, hasta se olvide de mi en el futuro —pensaba algo desalentado.

No obstante trato de terminar la carta lo mejor que pudo, aún quería revisarla y pulir varios detalles. Alrededor de las dos de la mañana fue que se acosto a dormir.

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A la mañana siguiente Minos se encontró en el comedor con su buen amigo de hacía seis años quien, también, sería graduado en cosa de pocos días. Así ambos jovencitos aprovecharon el camino a las aulas para charlar.

—¿No estás triste porque dentro de unos días, nos iremos de aquí?

Ese buen colega llevaba por nombre Radamanthys, observando a Minos por unos instantes notó su evidente tristeza.

—Yo creo que será algo raro al principio pero una vez que nos acostumbremos al exterior, estaremos bien. Lo que me deja nostálgico es el hecho de que el próximo año ya no podré jugarle bromas a los estudiantes de primer año.

Minos rio al comentario, su amigo rubio tenía fama de ser el peor bully de todo el colegio, pues tanto él, como su grupito de chicos fastidiosos, se habían encargado de hacer la vida imposible a todos aquellos estudiantes de nuevo ingreso.

—Creo que la academia no echará de menos al peor fastidioso que ha pasado por aquí.

El rubio se echó a reír como pocas veces, sus amigos se quedaban para seguir su ejemplo mientras aún estudiaran ahí. El siguiente año planearán la novatada por sí mismos.

—Yo echaré de menos el poder hacer bromas a mi voluntad.

—Me sorprende que nunca te hayan expulsado por todas tus maldades —indicó Minos con desaprobación—. Ni todas las veces que te mandaron llamar al despacho del rector sirvieron para corregirte un poco.

—Bah, no es para tanto. Nadie salió herido —respondió Radamanthys sin dar mayor importancia, él conocía sus límites y, aunque sus bromas eran pesadas, jamás había tenido la intención de lastimar a nadie.

Lune los vio por el pasillo buscando la mejor oportunidad para entregar su carta, no obstante no deseaba hacerlo delante de alguien como Radamanthys, ya que sería objeto de sus burlas el resto de los días que el rubio fastidioso estuviera en el colegio pese a que solo serían unos cuantos días más.

No quedaba más que esperar a la mejor oportunidad y, lo mejor, era hacerlo en la comodidad y privacidad del dormitorio.

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El jovencito de los cabellos plateados revisó su carta por última vez y, apenas estaba listo para entregarla, fue que escuchó ruidos por el pasillo. Minos decía que habían convocado a los presidentes de los tres dormitorios a la oficina de los rectores Hypnos y Thanatos para discutir a quien dejarían como sus sucesores. El tercero de ellos, Aiacos, aún no se graduaría pero si les pareció importante mandarlo llamar ya que el estudioso chico de segundo curso estaba a la cabeza de Antinora.

—Que mala suerte —pensó Lune con fastidio pues ahora debería esperar a que volvieran de aquella reunión.

Tratando de matar el tiempo, se dedicó a completar unos cuantos deberes que tenía en puerta así como un par de ensayos finales, sin embargo no dejaba de mirar el reloj de vez en vez. Se encontraba en la amplia y oscura sala de estudio de Ptolomea esperando que Minos se dejara ver por la puerta principal. Cada que alguien entraba o salía su corazón latía fuertemente creyendo que sería su superior quedando algo decepcionado al ver que entraban otros chicos menos él.

Pasadas unas dos horas más fue que, finalmente, la voz de Minos se dejo escuchar en la entrada del dormitorio. Nuevamente el corazón de Lune latía con rapidez ocasionando que ese nerviosismo afectara su respiración la cual se había vuelto entrecortada. Tenía su carta oculta en el bolsillo de la chaqueta, justo en la parte donde estaba cosido el escudo de la academia listo para sacarla apenas la persona que le interesaba cruzara hacia el salón de estudio; aunque no contó con que este hablaba con alguien más.

Lune dejo su puesto en la sala acercándose con lentitud a la puerta, ahí estaba Minos charlando con el líder Caína, Radamanthys y Aiacos, la cabeza al frente de Antinora. El jovencito decidió esperar tomando asiento en la primera butaca que encontró en la sala de descanso del dormitorio pues ya estaba ahí y, pasara lo que pasara, le entregaría la carta a su superior. De pronto, se perdió por unos minutos en sus ensoñaciones imaginando cómo le entregaría la carta a Minos, qué le diría, trató de visualizar la expresión en el rostro de este al recibirla; lo que más le importaba era el poder decir lo que quería correctamente sin atropellar las palabras, diciendo a Minos exactamente lo que sentía, además de la profunda admiración.

—Lune —al jovencito reaccionó al ver a Minos sentado a su lado sin saber qué decir puesto que se hallaba presa de su impresión— ¿estás bien?

—Si, superior. No te escuché llegar.

—Estaba afuera charlando con Radamanthys y Aiacos. Tenemos que decidir quien tomara nuestro lugar una vez que nos hayamos graduado y, honestamente, no he pensado en eso.

—¿Un sucesor? —pregunto el chico con sorpresa mirándolo a través de sus grandes ojos violáceos.

—Si, había considerado dejarte en mi lugar —dijo de pronto sonriente observando a Lune con intensidad.

—¿De verdad?

—Si, creo que serás idóneo para el puesto ya que estarás en Bachillerato dentro de poco.

—Gracias por considerarme, superior —Lune estaba realmente conmovido, entonces noto que estaban solos en aquella salita, nadie entraba y era el momento justo que estaba esperando.

Era ahora o nunca.

—Superior…. escribí algo para Usted —el jovencito sacó tímidamente su carta por debajo de la chaqueta—. Tenga, es suya.

Minos lo miro con sorpresa por unos segundos, la pantalla de la alta lámpara de mesa se proyectaba sobre el rostro de Lune disimulando un poco su vergüenza. El casi graduado tomó la carta entre sus manos esbozando una sonrisa, no estaba seguro de lo que su compañero quisiera decir, que quería transmitirle, aun así lo recibió guardándolo en el bolsillo del pantalón.

—Quiero leerla despacio en la privacidad de mi habitación —lo observó sonriente mientras Lune le devolvía la sonrisa.

—Gracias por aceptarla.

—Hay que ir a la cama, casi son las once.

—Si.

El superior cerró la puerta detrás suyo apenas llego a la habitación observando todo con algo de tristeza, la enorme valija de viaje estaba en el suelo frente al armario pues se acercaba el momento de empacar, ya había comenzado por guardar algunas cosas aunque faltaban la mayoría de sus pertenencias. Tras sacarse la chaqueta fue que se dejo caer en la cama con la carta aún en la mano. Al observar el documento cuidadosamente doblado dudo en romper el sello de cera que ostentaba una letra L, pero el chico había hecho acopio de su valor para entregarla así que a la luz de la lámpara fue que la abrió para leerla.

En ella el jovencito expresaba su admiración desde el momento en que fue consolado por Minos al ser una de las víctimas de las novatadas de Radamanthys, en como gustaba escuchar sus palabras en los discursos; su elocuencia y carácter dignos de un líder. Pero, sobre todo, en lo que sentía y en como deseaba que este le regalara su primer beso. El primero de todos y el más inocente. Minos percibió como la caligrafía del remitente se hacía temblorosa al expresar ese deseo sintiendo ternura hacia Lune.

Tras acabar de leer, a eso de la medianoche fue que se acostó ya que los siguientes dos días se harían los preparativos para la ceremonia de graduación.

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Lune apenas si podía mirar al rostro a Minos pues estaba muy apenado casi arrepentido por las palabras que plasmó en su carta pensando que quizás le hubiera escrito algo diferente u otra clase de frases, sin embargo estaba hecho y de poco valía lamentarse. Al observar a su superior le pareció notar que este lo miraba también durante unos instantes casi devolviéndole una sonrisa.

La campana sono anunciando el final de la hora del desayuno, era momento de iniciar las últimas clases del periodo. Lune no dijo más y así acompañó a otro colega llamado Pharao al edificio de aulas.

—¡Lune, espera! —Minos fue detrás de ambos tomando al chico del brazo en medio del tumulto de muchachos que salían del gran comedor— Danos un momento Pharao, ya te alcanzaremos después.

—Sí, superior.

El jovencito del cabello negro se adelantó mientras Minos susurraba algo al oido de Lune, así los dos caminaron en sentido contrario, hacía los jardines que rodeaban el complejo escolar. Había cerca un gran bosquecillo lleno de árboles y verdes pastos a los que ambos se dirigieron.

—Leí tu carta dos veces —comenzó a decir Minos para nerviosismo de su acompañante—, es una carta muy linda. La más linda y especial que he recibido hasta ahora —sonrió ampliamente tras decir esto—. Pero dentro de poco me marcharé a la Universidad y ya no podría estar contigo Lune, ¿lo entiendes?

—Lo sé, superior. Eso está en mi mente todo el tiempo —respondió con algo de tristeza—. Se que después del viernes te irás.

—El saber tus sentimientos me ha hecho feliz y te agradezco. No puedo corresponderte por ahora aunque no tengo reparos en cumplir ese deseo tuyo.

—¿Superior? —Lune estaba verdaderamente nervioso y el color rojo en su cara ya encendida era intenso cuando Minos tomó su rostro con ambas manos.

Lune cerró los ojos dejándose llevar y así poco a poco sintió la respiración de Minos sobre él así como el calor de sus manos y su rostro. Fue entonces cuando ambos unieron sus labios en un primer y tierno beso que hizo latir como nunca el corazón del jovencito. Se separaron por unos instantes observándose por un momento, como tratando de asimilar lo que habían hecho sonriendo tímidamente.

—¿Me regalas otro beso, superior?

El jovencito no se quedo con el deseo de rodear a Minos con sus brazos y eso hizo durante unos minutos más.

—Muchas gracias, superior.

—Gracias a ti, Lune. Espero que sigamos en contacto aunque esté lejos. Harás un gran trabajo como Presidente de Ptolomea —el jovencito solo se limito a sonreír profundamente— ¡Hay que ir de regreso, llegaremos tarde a clase!

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El fin de la semana llego y con este la ceremonia de graduación a la que estaban reunidos todos los estudiantes de la Academia en el gran salón de ceremonias. En las paredes de piedra ondeaban los estandartes de los tres grandes dormitorios: El Wyvern representando a Caina, Ptolomea representada por un magnífico Griffon y la Garuda representando al dormitorio de Antinora.

Minos, presidente de Ptolomea estaba al frente de todo el quórum dando un discurso de despedida tanto a sus compañeros como a la Institución en sí.

—Y es así como hemos llegado al final de nuestro camino en esta gran Academia, la cual siempre será nuestra Alma Mater y ocupa un lugar especial en nuestros corazones. El sitio donde nos formamos y conocimos a los que serán nuestros grandes amigos de por vida. Damos las gracias a esta magnífica institución por darnos la oportunidad de educarnos en sus aulas esperando haber dado un gran ejemplo a las generaciones que vienen detrás de nosotros.

Todos ovacionaron al más elocuente de los alumnos mientras la ceremonia se llevaba a cabo entregando diplomas e indicando a los alumnos que pasaran a las gradas para hacer la correspondiente fotografía de generación. Al término de la ceremonia hubo festejos menores en cada uno de los dormitorios donde todos los chicos celebraron hasta caer rendidos.

Al finalizar la semana, tanto Minos como Radamanthys iban con paso lento llevando sus maletas, así como el resto de sus compañeros de generación. Era el momento de dejar el recinto escolar para trasladarse a la ciudad donde, dentro de dos meses, iniciarán su nueva vida en la Universidad. Ambos miraban hacia atrás de vez en vez llenos de una tristeza difícil de explicar estando nerviosos y emocionados trataron de no pensar más en el futuro sino en algo más inmediato.

—Tenemos que vernos durante las vacaciones de verano —decía Minos a su colega— antes de trasladarnos a la universidad.

—Si, es una gran idea. Hay que organizar una fiesta —respondió el rubio muy animado.

Y así haciendo planes llegaron al camino que debían tomar para llegar a la ciudad.

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FIN

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Notas: Un fic breve con el prompt "Colegio", tengo ganas de desarrollar mas esta idea así que ire pensando en como ampliar más y detallar las descripciones de la Academia. Gracias por leer.