N/A:
Este es un FanFiction basado en la serie Harry Potter de J.K. Rowling. No se pretende infringir los derechos de autor, y todos los personajes son propiedad de J.K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Warner Bros. Pictures y otras partes interesadas. Sólo tomo prestado el mundo de Harry Potter para mi disfrute y el de los demás, no se está generando dinero.
Escribí esto como un regalo de cumpleaños para mi maravillosa amiga Rachel (@drtiberiussith) cuando tuve un cambio de opinión. Básicamente estaba trabajando en un one-shot estándar de longitud media que probablemente pudo haber terminado en obscenidad y tuve un serio bloqueo de escritor. Me di cuenta de que solo estaba tratando de repetir las mismas ideas de siempre y, aunque ya iba con retraso, decidí abandonar esa historia y empezar de nuevo. Mi única idea era que quería algo sincero, algo emotivo, porque Rachel es una amiga muy querida y se merecía algo de peso real. Así que, básicamente, partí desde un punto de separación y pérdida (¡pero con un final feliz!) y continué desde ahí. Esto es, sin duda, lo que más me gusta haber escrito. Espero que ustedes también lo disfruten.
Si deseas compartir más amor por el Drarry conmigo, puedes encontrar todas mis historias en (JulietsEmoPhase), Archive Of Our Own (JulietsEmoPhase), y también sentimientos diarios Drarry, al igual que mis pequeños drabbles en Tumblr (@julietsemophase).
Si les gustaría ver mis libros publicados, pueden encontrarme como Helen Juliet y HJ Welch en Amazon.
¡Gracias por leer, espero que lo disfruten!
Juliet xx
N/T:
¡Hola! Espero que estén muy bien. El día de hoy les traigo mi primera traducción. La verdad es que cuando leí esta historia me pareció de las cosas más bonitas del mundo y pensé que sería genial que más gente pudiera llegar a ella. Así que, no demoré en contactarme con la autora para pedir su permiso y poder traducirles este trabajo. Espero que les guste tanto como a mí, y si notan algún error siéntanse libres de hacérmelo saber.
Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling. Por otra parte, la trama pertenece totalmente a JulietsEmoPhase. Esta es una traducción autorizada, así que no se permiten adaptaciones, copias o reproducciones.
Habían sido un par de años muy largos y agotadores. Harry sentía que sus pies se arrastraban mientras subía los escalones del Número Doce de Grimmauld Place, con los ojos doloridos, observando la misma vieja puerta que ahora le parecía extraña, fuera de lugar.
Tocó la numeración de latón atornillada a la madera, el frío del metal en el aire vespertino de otoño. No llevaba más equipaje además de la bolsa sin fondo que el Ministerio le había dado antes de enviarlo a recorrer los lugares más recónditos del mundo, y la cuál ahora hacía girar detrás de sí mientras giraba lentamente su llave y volvía a entrar al oscuro edificio al que, por muchos años, había llamado hogar.
¿Cuántos meses hacía desde que había estado en ese lugar? ¿Desde que alguien había estado ahí? Había intentado contarlos en su largo viaje en barco desde Perú, pero algunas fechas se le torcieron y se dio cuenta de que pudieron haber sido entre veintiocho y treinta y dos. Dos años y medio.
Sabía que era su culpa. Nadie había sido obligado a cazar a la AIM, pero, con toda su experiencia pasada, él era el más indicado para la tarea y fue uno de los primeros en poner su nombre en la lista.
Los últimos partidarios de Voldemort; la llamada Asociación Internacional de Mortífagos. Harry había estado preparado para pasar algunos meses en el campo, fue por lo que aceptó empacar su vida y desaparecer de la noche a la mañana, pero en realidad, había sido un tonto. A medida que los meses se alargaban, había olvidado cómo era hablar con la gente como si fueran amigos, de tener un lugar al que llamar hogar, incluso de mirarse al espejo y reconocer su reflejo.
Se quedó de pie ahí, a la luz tenue del vestíbulo, y miró fijamente al espejo alto con el que, finalmente, había podido reemplazar al espantoso retrato de la vieja señora Black. Había pasado por tantos glamour en el transcurso de su misión, que se tomó un momento solo para apreciar qué era exactamente lo que le estaba devolviendo la mirada. Una mandíbula fuerte, piel más oscura, una cicatriz familiar que se asomaba detrás de un pelo largo y despeinado, el cual se le enroscaba alrededor del cuello y orejas. Se pasó los dedos por la cara, de arriba abajo, sintiendo su composición y tratando de encontrar tranquilidad en ella.
Sin embargo, era difícil no parecer un extraño en su propia piel, y entonces se dio la vuelta, sintiéndose vacío.
El lugar estaba tal y como lo había dejado, habiendo pasado tiempo desde que colocó varios amuletos de mantenimiento antes de su partida. No había polvo, las plantas estaban bien regadas y habían crecido, pese a que quizá lucían un poco grises por la falta de contacto. En las paredes, las fotos de sus amigos le saludaban con entusiasmo mientras iba de habitación en habitación, abriendo las ventanas para dejar entrar algo de aire fresco y encendiendo las lámparas para hacer que el lugar se sintiera más vivo.
Supuso que la falta de sentimiento era natural después de tanto tiempo alejado de su vida normal. Luego de la guerra, a principios de sus veinte, se había tomado el tiempo para labrarse una pequeña y feliz rutina, solo para tener que dejarlo todo y volver, ahora a finales de sus veinte, y preguntarse cómo había hecho que todo funcionara antes.
Había estado tan enfocado en sobrevivir mientras se movía de un objetivo a otro que ya no estaba seguro de saber cómo vivir. Se había prometido a sí mismo una y otra vez en las innumerables noches solitarias que la primera cosa que haría una vez que regresara a Londres sería ir a ver a Ron y a Hermione, conocer a la hija que estaban esperando cuándo él se fue, y escuchar todo lo que les había pasado en su ausencia, por muy mundano que fuera. Sin embargo, simplemente había vuelto a casa. Nadie sabía que seguía vivo, además de Kingsley, a quién le había informado directamente.
Todo en lo que podía pensar era en acurrucarse en su cama, su propia y verdadera cama, y no moverse hasta que se viera obligado a hacerlo. No quería tener que hablar o dar explicaciones, quería retroceder en el tiempo y entonces darse cuenta de qué tan gravemente podría desmoronar su vida el asumir esa tarea. ¿A qué tenía que volver exactamente? La gente habría seguido adelante, incluso podrían estar enfadados con él por irse sin dar explicaciones. Nadie podía saber nada acerca de su misión hasta que todo terminara, así que era altamente probable que lo hubieran dado por muerto, y la idea hizo que se le encogiera el estómago.
Se había visto obligado a hacerse el muerto durante la Batalla de Hogwarts, mientras que Voldemort creía que su victoria estaba completa, y había oído gritar a sus amigos, había sido testigo de su ira y de su angustia. Era completamente egoísta hacerles pasar por eso otra vez.
Se dio cuenta de que estaba en la cocina y, sin ceremonias, se quitó la bolsa de los hombros y la dejó caer al suelo, contento de haber terminado con ella. No podía recordar la última vez que había comido, pero la idea de tratar de hacer cualquier tipo de comida le produjo escalofríos, así que, en su lugar, se dio la vuelta para subir las escaleras y colapsar.
Pero fue entonces cuando vio el correo.
Había olvidado que puso filtros automáticos como parte de la gestión de mantenimiento de la casa, y allí, en la gran mesa de roble frente a él, había varios montones bastante grandes y prolijamente apilados de diferentes cartas. La basura era automáticamente incinerada, dejando un montón de cartas del trabajo y luego montón muy grande de cartas de amigos, todo apilado por persona o familia en torres muy organizadas con las cartas más antiguas balanceándose en la parte superior para que Harry pudiera recogerlas y pudiera empezar a leerlas en orden.
Casi inmediatamente sintió que su corazón se calentaba por primera vez en Merlín sabe cuántos meses. Sabía que no había olvidado a la gente que había dejado atrás, pero, por otro lado, había sido fácil dejarlas palidecer en su mente, dejar que se desvanecieran en nebulosos recuerdos.
De repente, sintiéndose bastante despierto, acercó una silla y sacó su varita para llenar la tetera mientras intentaba decidir cuál de las docenas y docenas de mensajes quería leer primero. Por suerte, había tenido la precaución de comprar leche en la tienda de la esquina en su camino de regreso, así que, mientras posponía las cosas, la sacó y luego movió su varita unas cuántas veces más para que la tetera empezara a hacerse sola y que el fuego de la rejilla empezara a rugir.
Su vida estaba aquí, le estaba esperando, ansiosa por que volviera y la retomara donde la había dejado casi tres años atrás. Su corazón comenzó a acelerarse mientras trataba de tomar la pila que, por la letra, supuso que era de Ron y Hermione, pensando en todas las personas a las que no podía esperar a volver a ver para decirles que estaba sano y salvo, y que, aunque su trabajo había sido exitoso, sobre todo no podía esperar a asegurarles que nunca, jamás, los abandonaría así de nuevo, sin importar que tan noble fuera la causa.
El juego de té aterrizó pieza por pieza frente a él con un excitante traqueteo, como si estuviera feliz de ser utilizado otra vez después de tanto tiempo de negación. Harry usó una mano para sacar algunos terrones de azúcar para revolverla y luego la otra para atacar la lata de galletas. Una vez que estuvo razonablemente decidido, comenzó la gigantesca pero feliz tarea de revisar toda su correspondencia.
Hermione y Ron habían tenido una pequeña niña llamada Rose, y lloró ante la carta con una foto dentro diciéndole que tenía una ahijada esperándole a su regreso. Durante los siguientes diez o quince minutos, se las arregló para recorrer los primeros años de la pequeña Rose, terminando con la foto de una niña pequeña que caminaba y saludaba y la cuál no podía creer que fuera real.
Luego estaba Teddy, quien había comenzado Hogwarts ese año y había sido sorteado en Hufflepuff, "¡Igual que mamá!" había proclamado su letra infantil. Bill y Fleur habían tenido a su segunda hija llamada Dominique, Charlie había sido ascendido a jefe de su propia reserva natural, y Molly, bendita sea, no se había perdido ni un solo cumpleaños o una sola navidad, haciéndole varios jerseys nuevos, una bufanda, al menos una docena de calcetines y un gorro de lana para añadir a su guardarropa. Luna se había casado con un sujeto llamado Rolf, y Harry volvió a llorar cuando ella le aseguró que le habían reservado un lugar en su boda y que habían encendido una vela en su honor cuando no había podido asistir.
Tenía tantas cosas que compensar, y la insensibilidad, que ni siquiera se dio cuenta de qué tanto había estado pesando en su corazón, estaba comenzando a derretirse de nuevo, haciendo que la alegría y la emoción ocuparan su lugar, levantándolo una vez más mientras empezaba a tomar su tercera taza de té.
Decidió que ya había terminado con la mayoría de las personas de las que había esperado tener noticias, así que escribió una carta, simplemente diciendo que estaba en casa, que estaba bien pero exhausto y que haría un hueco para ver a la gente mañana. Luego la copió varias veces y escribió apresuradamente las direcciones en todas ellas para enviarlas a todos los que le habían escrito hasta entonces. Ya no tenía una lechuza, pero se sentía capaz de aparecerse en la oficina de correos más cercana una vez que terminó con toda su montaña de correos.
Se deshizo de todos los sobres desechados y volvió a apilar las cartas y regalos en los mismos montones, solo que ahora en el mostrador detrás de él para poder ver la madera de los árboles, por así decirlo. Fue entonces cuando se fijó en la pila relativamente pequeña de sobres negros, todos del mismo tamaño, con una caligrafía plateada en el exterior que Harry reconoció a medias.
Intrigado, tomó la primera carta del montón y deslizó la varita bajo la solapa como había estado haciendo durante la última hora para ahorrarse más cortes de papel. Sacudió la única hoja de pergamino para abrirla y sus ojos miraron inmediatamente hacia abajo para identificar al remitente.
Se le cayó el alma a los pies.
"Tuyo,"decía la última línea."Draco".
De repente, Harry se sintió mareado, y entonces, con el corazón en la garganta, trató de enfocar de nuevo la vista en su apuro por ver lo que decía la carta.
"Querido Harry", comenzó con su garabato elegante.
"Han pasado varias semanas. Granger tuvo la amabilidad suficiente para informarme de la situación, y solo quería hacerte saber que, aunque lo entiendo, la pérdida no ha sido fácil de soportar. Sin embargo, es tan propio de ti el que por fin nos hayamos introducido en nuestras enmarañadas vidas de una manera que, como tú dices, "realmente tiene sentido", solo para que me abandones por aventuras lejanas. Una vez Gryffindor, siempre Gryffindor, supongo.
"Pienso en ti a diario, echo de menos nuestros debates a la hora del almuerzo, nuestros rituales de domingo por la tarde. Mis amigos son demasiado educados para insultar mis últimas actualizaciones en el piso, alegando que tengo "gusto de suburbio". Qué poco saben, ¿eh?
"No estoy seguro de cuánto tiempo piensas estar ausente, tengo la sensación de que nadie lo sabe. Así que velaré por ti, amigo mío. Me temo que no hay nadie en el mundo que al menos intente comprenderme como tú lo haces y, ciertamente, no hay nadie más en mi vida con el valor de hacerme reír como lo haces tú.
"Supongo que lo que estoy tratando de decir es que, para mí, eres irremplazable, pero creo que tal vez ya te habías dado cuenta por ti mismo. Tus amigos han sido amables, y espero que sigan siéndolo. No estoy seguro de qué haría si te perdiera por completo de mi vida.
"Cuídate.
"Tuyo, Draco."
Harry tragó alrededor del nudo que tenía en la garganta, permitiéndose pensar en Draco de una manera en la que no se había permitido en años. Haber encontrado en Draco Malfoy un amigo que no sabía que le faltaba era uno de los aspectos más notables de su vida antes de la AIM. Su insignificante rivalidad de la infancia había quedado atrás desde hace tiempo y por fin había podido comprobar lo bien que trabajaban juntos, ya que sus caminos se cruzaban en el trabajo, sí, pero también en la simple solidaridad de su amistad.
Harry había tocado fondo después de haber finalizado su entrenamiento, sintiéndose a la deriva, sin encontrar un sentido lo suficientemente fuerte en el simple hecho de existir. Con solo el día a día manteniéndolo en marcha y sin grandes batallas que librar, se dejó caer, amenazando con desaparecer bajo el peso y expectativa de su pasado.
Había sido Draco, entre todas las personas, quién se había identificado con el torbellino de emociones que amenazaba con ahogarlo y, por segunda vez en sus vidas, le ofreció su mano a Harry en señal de amistad. Esta vez sí la tomó.
Alcanzó la siguiente carta, animado por el hecho de que había más de una, de que Draco, aparentemente, no había renunciado a él como Harry casi había renunciado al resto del mundo. De todos sus amigos, Harry era plenamente consciente de que Draco fue al que más había alejado durante el tiempo que estuvo fuera, sin querer contemplar que, tal vez, no volvería a verlo.
"Querido Harry,
"La Navidad se acerca y todavía no hay noticias tuyas. Empiezo a darme cuenta de que tal vez no vuelva a saber nada de ti, y tengo que decir que eso es un poco difícil de manejar en esta época del año. Aunque no puedo imaginar estar bien con la idea si es que todavía no estás de vuelta cuando el verano haya llegado y el sol esté aquí para ahuyentar la oscuridad. Pero ahora, el que la gente a mi alrededor está celebrando con sus seres queridos, hace que me percate de lo que en mi cautela pude haber dejado ir de entre mis manos.
"Te he comprado un obsequio, porque sé que pondrás mala cara si te presentas frente a mi puerta y yo no he anticipado tu milagroso regreso con un regalo. Espero poder dártelo pronto.
"Hasta ese día,
"Tuyo, Draco".
De eso había pasado algo menos de dos años y Harry sintió la culpa y la pena recorriendo su pecho. Miró su bolsa, donde docenas y docenas de regalos de cumpleaños y de navidad perdidos estaban cuidadosamente guardados, esperando ser entregados a sus destinatarios. Pensó en la corbata de seda que había comprado para Draco en Nagasaki, en la primera edición de su libro de poesía favorito, en la pluma con punta de plata de Argentina, por no hablar de todos los ingredientes raros de pociones que había recogido y embolsado en el camino para cuando volviera, pensando en cierto Slytherin experto en pociones.
"Querido Harry,
"He empezado a llevar un registro de las pequeñas cosas que miro y que me recuerdan a ti, de lo contrario estaría tentado a escribirte cartas cada dos días y no creo que mis nervios puedan soportar tanta falta de respuesta. El libro tiene un hipogrifo con aspecto de cruz en la portada y que me frunce el ceño cada vez que lo abro. Pensé que lo aprobarías.
"Me he trasladado a un nuevo centro de investigación cerca de Torquay. Aquí el clima es más fresco y siento que mi mente es más ligera. Era difícil caminar por los mismos pasillos de siempre y saber que no ibas a venir corriendo a la vuelta de la esquina y tirarme el té encima en cualquier momento. No he tenido que lavar nada desde hace años, pero me he acostumbrado a echar un galeón en un bote cada vez que siento que tu torpeza me habría costado algo y, hasta ahora, he conseguido un buen fondo. Estuve tentado a comprar algo espantoso con él para esa casa tuya, que de por sí ya es espantosa, y enviarlo para sorprenderte a tu regreso, pero ese pobre lugar no merece que le echen más cosas feas encima. Creo que le daré el dinero a San Mungo cuando el frasco esté lleno, imaginé que eso te gustaría.
"Me digo a mí mismo que estás a salvo. Finnigan me ha informado todo acerca de un superhéroe de ficción muggle, un espía que viaja por el mundo lujosamente, salvándolo de gente que, por alguna razón, desea hacerlo volar. Me asegura que este héroe se lo pasa estupendo y que siempre termina ileso. Aunque es una frivolidad, me ha reconfortado en las noches en las que me ha costado dormir.
"Desearía que pudieras escribir al menos una palabra, solo una para tranquilizar mi mente. Mientras tanto, he encontrado consuelo en mi nuevo trabajo, tengo un buen equipo que me mantiene ocupado de otra forma. A ellos les gusta hablar de ti. Estoy seguro de que solo me siguen la corriente, pero es agradable contar viejas historias a oídos nuevos. Me hace sentir que no estás tan lejos después de todo.
"Cuídate,
"Tuyo, Draco".
Después de eso, Harry apenas hizo una pausa entre las cartas, una vez que había bebido lo suficiente del contenido de la anterior, la dejaba cuidadosamente en el suelo antes de tomar apresuradamente la siguiente.
"Querido Harry,
"Ahora tengo esta cosa en la que hago dos tazas de té, una de repuesto cada vez que me hago una con dos de azúcar. Honestamente, no sé cuándo empezó, pero ahora me he dado cuenta de que no puedo parar y siempre termino con una taza de té demasiado fría y dulce, que no recuerdo haber preparado, merodeando por algún lugar de mi piso.
"Prometí que mantendría optimistas estas cartas, pero hoy no puedo.Por favor, ven a casa y tómate tu maldito té. No puedo soportarlo más.
"Tuyo, Draco".
Esa fue la carta que le hizo llorar. Era como si las compuertas hubieran perdido finalmente su lucha y, al derrumbarse, Harry pudo comprender que parte de ese entumecimiento que sintió en su alma durante los últimos dos años no era solo vacío. Una parte era un dolor tan fuerte que amenazaba con desgarrarle el pecho.
"Querido Harry,
"Feliz cumpleaños. He encendido una vela para ti y no me avergüenzo de decir que pedí un deseo en tu nombre. Soy un poco presuntuoso, lo sé, pero creo que puedes adivinar qué era. Mis amigos del trabajo me llevaron a cenar y todos brindamos en tu honor. Creo que te agradarían, intentan hacerme reír tanto como tú, y a veces incluso lo consiguen.
"Torquay es precioso. Las instalaciones están cerca de la costa y a veces paseo por la playa en mis descansos para comer un paquete de pescado y patatas fritas. ¿No estás orgulloso de mí por haberme pasado a la comida muggle? Si me hubieras dicho lo buena que era en primer lugar, probablemente la habría probado hace mucho tiempo, idiota.
"Harry, estoy seguro de que lo sabes, pero ya ha pasado más de un año. Eso significa que tienes dos regalos esperando por ti, y el de Navidad. Te conozco, probablemente habrás hecho acopio de regalos a diestra y siniestra, sintiéndote culpable por todo lo que te has perdido, pero… por si acaso ves esto pronto, quiero que sepas esto. No quiero nada. Nada.
"Solo te quiero en casa.
"Me preocupa que me hayas roto de una manera que solo tú puedes reparar, y lo triste es que no tenía idea hasta que te fuiste. Así que, por favor. Vuelve sano, vuelve completo y… ven a hacerme sentir completo otra vez.
"Tuyo, Draco".
Y eso era todo, eso era lo que Harry había estado escondiendo. Por mucho que hubiera echado de menos a los amigos tan queridos que consideraba familia, no se había permitido echar de menos a Draco, convenciéndose de que, antes, tenía una vida plena y feliz en la que Harry acababa de encajar.
Pero ahora tenía la evidencia en sus manos, en palabras del propio Draco, de que estar separados les había causado a ambos un daño que temían que solo el otro pudiera arreglar.
"Querido Harry,
"Hoy fue la boda de Pansy, Blaise me pidió que fuera su padrino, lo que fue algo bueno ya que me mantuvo ocupado. La gente me preguntó por ti, tanto como por Ron y Hermione, lo cual, creo que fue bastante agradable. En algún momento, entre los discursos y el hecho de asegurarme de que ninguno de los invitados más pequeños tirara la tarta, tuve un momento en el que deseé con una profundidad aterradora que también hubieras estado allí para reírte conmigo. Así que, tomé una gran cantidad de champán y bailé el resto de la noche con Luna, quién nunca deja de deleitar con sus rarezas y su buen humor.
"Me alegro de que hayamos llegado a un punto dónde nuestros amigos también son amigos de los del otro. Me alegro de que nuestro pasado no haya envenenado nuestro futuro, me ha hecho feliz comprobarlo de primera mano.
"Bien, estoy bastante borracho, estoy seguro de que mi letra es evidencia suficiente.
"Voy a enviar esta lechuza antes de comprometerme con algo de tinta que no pueda retirar. Pero, hay tantas cosas que tengo que decirte, Harry, te llevo en mi corazón y llevo ese gran peso con gusto. Porque significa que no te he olvidado, solo espero que tú tampoco me hayas olvidado, espero que cuando vuelvas podamos seguir adelante como antes, incluso mejor que antes. Espero… Tengo muchas esperanzas, Harry.
"Cuídate, pórtate bien, sé feliz,
"Tuyo, Draco".
La otra, por suerte, solo hizo que Harry se riera a carcajadas.
"Molly Weasley me ha hecho el jersey de navidad más antiestético y se espera que lo use TODO EL DÍA. Menos mal que su cocina es excepcional, de lo contrario podía haber organizado una mini revuelta".
Y eso fue todo por esa carta. Pero Harry se limitó a sonreír como un loco, increíblemente contento al saber que, en su ausencia, Draco había sido invitado a la casa de los Weasley por navidad; que había sido tratado como si fuera parte de la familia, que, por el tono de su carta, haya disfrutado cada minuto, aunque nunca se atreviera a admitirlo. Sí, todos habían seguido adelante durante el tiempo que había estado alejado de ellos, pero se habían movido a la par; hacía un momento en el que él volvería y encajaría de nuevo con todos ellos.
"Querido Harry,"
"Hoy escuché por primera vez esa estúpida canción en la radio, esa en la que siempre me arrastrabas y me hacías bailar. Ha sido la primera vez que he sido capaz de dejarla puesta. No solo eso, de reírme de ti y de disfrutarla.
"Sé que no soy el único, pero intento no admitir que me temo lo peor. A Teddy le gusta hablar de ti, ha tomado al pie de la letra la historia de los espías de Seamus y piensa que un día vas a aparecer con un saco lleno de historias emocionantes y algunos excelentes regalos para él. Me gusta tener esas charlas con Teds, hace que sea más fácil creer.
"Pero al escribir estas cartas ahora, no puedo evitar sentir que son más para mí que para ti. Cada vez se hace más fácil pensar que nunca las verás, que nunca tendré la oportunidad de contarte lo duro que esto ha sido sin ti, cómo me despierto por la noche y, por una fracción de segundo, olvido que has estado fuera tanto tiempo. Me sorprendo a mí mismo hablando "contigo" cuando estoy solo, con la voz escurriéndome para echarte una buena bronca por preocuparme tanto que voy a medio camino antes de darme cuenta de lo que realmente estoy haciendo y parar.
"Hay muchas cosas que necesito que sepas, Harry. Por favor, si hay algo de justicia en el mundo, por favor no te vayas, por favor vuelve a mí. Por favor.
"Tuyo, Draco".
Solo había una carta más después de esa, y Harry la abrió cuidadosamente a pesar de que le temblaban las manos.
"Feliz cumpleaños, Harry".
"Te amo. Espero que, dondequiera que estés, lo sepas".
"Draco".
Harry raspó violentamente la silla de la cocina en su prisa por ponerse de pie. Parpadeó y trató de tragar, y se dio la vuelta alterado. ¡¿Qué hacía ahí sentado?! Tenía que irse, ¡ahora!
Se aseguró de que la última carta estuviera cuidadosamente colocada sobre el resto antes de tomar las respuestas que había escrito para todos los demás. Subió rápidamente las escaleras para ver si tenía algo de ropa limpia, y se sintió aliviado al ver que sus hechizos de mantenimiento también habían resistido ahí. Se apresuró a quitarse las túnicas desgastadas por el viaje, en las que había vivido durante tantos meses, y encontró en sus cajones un conjunto totalmente nuevo que estaba tan fresco como el día en que lo había lavado. Se cepilló los dientes y bebió un largo trago de agua, luego corrió hacía la puerta principal, dando dos pasos a la vez.
Su abrigo favorito de tres cuartos seguía colgado en el perchero donde lo había dejado, y metió sus cartas en el bolsillo, así como las llaves, la cartera y la varita, cerrando la puerta tras de sí mientras bajaba a la calle.
Una vuelta más tarde y estaba en la oficina pública de correos y, sin pensarlo, se lanzó un glamour. Aunque no fue mala idea, no quería que nadie les contara a sus amigos que había vuelto, antes de hacerlo él mismo.
Pasando unos minutos, una vez más se encontraba en la calle y se apareció de nuevo, esta vez frente a la puerta del piso de Draco en el Callejón Diagon. La golpeó con determinación mientras que su corazón bailaba tap dentro de su pecho.
Draco lo amaba.
Draco lo amaba.
No tenía duda de que amaba a Draco también, eso era parte de la fea verdad que había tenido que mantener enterrada tanto tiempo por miedo a que lo destrozara. Draco lo amaba, y ahora que estaba en casa podía decirle que también lo amaba y, oh, Merlín, ¿qué iba a decir?, ¿qué iba a hacer?, ¿qué pasaría si?...
—¡No está!
Dejó de tocar y giró para ver a una anciana asomando la cabeza desde el piso de enfrente.
—¿Perdón? —preguntó Harry, consciente de que ya no tenía su glamour, pero a la señora no pareció importarle.
—Todavía sigue en el trabajo, siempre trabajando ese pobre chico —dijo, sacudiendo la cabeza.
—Oh —dijo Harry, a través de su respiración agitada; no se había dado cuenta de la falta de aire que tenía—. Oh, está bien, gracias. ¿Tiene alguna idea de cuándo llegará a casa?
Ella negó con la cabeza.
—Lo siento, querido. No creo que tenga mucho por lo que volver a casa, me temo.
Harry pasó saliva, negándose a dejar que la culpa lo abrumara.
—Gracias —dijo de nuevo, y la anciana asintió mientras cerraba la puerta otra vez.
¿Qué debía hacer? ¿Esperar? Pero no quería esperar, ya había hecho esperar a Draco demasiado tiempo. Ella había dicho que estaba en el trabajo, eso sería en Torquay, ¿verdad? Harry rebuscó en sus recuerdos porqué eso le había sonado antes, cuando Draco lo había mencionado en sus cartas. Ahora que se concentraba, estaba bastante seguro de que había estado en el Instituto Devonshire durante su formación de auror para una visita. Incluso estaba bastante seguro de que podía recordar cómo era y eso, en teoría, era suficiente para intentar una aparición.
Era arriesgado sin tener un destino exacto en mente, pero Harry no tenía tiempo para quedarse y verificar, necesitaba estar ahí ahora, tenía que haber estado allí hace tres horas, en el preciso momento en que había regresado al país. Había sido un idiota, y tenía toda la intención de remediarlo inmediatamente.
Así que, asintió a la puerta de la señora como agradecimiento final, se dio la vuelta de nuevo, y se desapareció.
Lo primero que percibió al aparecer en la amarillenta luz de la calle fue el aire salado, y luego el débil sonido de las olas rompiendo contra la orilla. Con una emocionante sensación de esperanza, giró sobre sí mismo para mirar el viejo edificio rosa pálido que se alzaba ante él y se permitió soltar una pequeña risa de alivio.
Ese era el lugar correcto y subió los escalones a toda velocidad hasta que pudo ver a través de la fachada de cristal que una luz seguía encendida en el vestíbulo, dándole esperanza de que Draco estuviera ahí como su vecina había sugerido. Pero, después de un fuerte tirón, se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave, así que dio un paso hacia atrás, preguntándose si podría justificar el uso de un alohomora a la intemperie cuando vio el timbre. Pensó que primero podía ver quien estaba dentro antes de infringir la ley, ya que era un auror y todo eso, así que pulsó el botón y esperó tan pacientemente como pudo.
Después de unos veinte segundos (que podría jurar que fueron como veinte minutos), una chica de su edad llegó trotando a la esquina y le hizo un gesto con la mano para indicarle que lo había oído. Era un poco más baja que él, con rizos castaños y pecas, y sonrió mientras sacaba unas llaves de un gancho en la pared y se acercaba a abrir la puerta.
—¡Hola! —dijo alegremente—. ¿Todo bien ahí?
Harry lamió sus labios, repentinamente nervioso.
—En realidad me preguntaba si Draco estaba…
No pudo terminar. La chica —Rachel, por la identificación del ministerio que colgaba de su cuello—, jadeó de repente y dio un paso atrás, con las manos cubriéndose la boca mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
—Erm —dijo Harry, sorprendido—, ¿estás bien?
La chica, Rachel, no dijo nada, solo lo miró fijamente por un instante antes de que, aparentemente, recobrara el sentido. De pronto, sacó una mano temblorosa y tomó la muñeca de Harry, tirando de él hacía el interior del edificio con un chillido emocionado que contradecía las lágrimas que corrían por su rostro.
No se molestó en volver a cerrar la puerta, sino que echó a correr por el pasillo, arrastrando a Harry con ella antes de que éste tuviera tiempo de procesar lo que estaba haciendo. Atravesaron puertas y más pasillos, y Harry habría exigido una explicación, si no fuera porque intuía a dónde se dirigían, así que se limitó a dejar que la anticipación nerviosa floreciera en él mientras corrían.
Finalmente, atravesaron un doble juego de puertas de madera y se detuvieron bruscamente. Estaban en un laboratorio de pociones, eso estaba claro, y había media docena más de personas reunidas alrededor de lo que parecía un experimento en una mesa al otro lado de la habitación, riendo con cervezas en las manos. Todos debían de tener entre veinte y treinta años, pero Harry, sinceramente, no vio a ninguno de ellos, ni siquiera una vez que divisó la cabeza ligeramente más alta de pelo rubio pálido en medio del grupo.
—¡Draco! —gritó Rachel para llamar su atención, su voz se quebró cuando el grupo se giró para mirarlos a los dos todavía cogidos de la mano junto a la puerta que se balanceaba suavemente de un lado a otro detrás de ellos.
Todo el aire pareció desvanecerse de la habitación cuando los ojos de Harry se encontraron con los grises y asombrados ojos de Draco, quién tenía el rostro repentinamente quieto por la sorpresa. La botella que sostenía se le escapó de las manos y se estrelló contra el suelo, haciendo que sus amigos dieran un salto hacia atrás y gritaran, pero Draco ni siquiera pareció darse cuenta. Una frágil esperanza floreció en sus rasgos mientras su determinación se desmoronaba, con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Harry? —susurró con total incredulidad, con una sonrisa quebrándose en sus temblorosos labios.
Harry fue vagamente consciente de que otras personas en la habitación dejaban escapar pequeños jadeos de comprensión, pero toda su atención se centraba únicamente en el hombre que tenía delante, el hombre al que no se había atrevido esperar volver a ver, y quién quería verlo nuevamente, incluso después de haberlo abandonado como lo hizo.
Podía sentir las lágrimas en sus ojos mientras se miraban. Era más hermoso de lo que recordaba, su rostro tenía una nitidez tan brillante, contrarrestada por la suavidad de su cabello. Se lo había cortado un poco, de modo, por primera vez, la melena de Harry era la más larga de ambos, y por alguna razón eso le hizo sonreír.
Quería que Draco fuera diferente, quería que usara bata porque necesitaba saber que los nuevos sentimientos de los que había hablado con Harry eran reales y estaban ahí, con ellos en esa misma habitación. No podía ser el mismo Draco de antes, porque él no era el mismo Harry de antes.
Antes habían sido amigos, y ahora... ¿y ahora?
—Recibí tus cartas. —Logró hablar en un tono áspero, sintiendo que una lágrima de pura felicidad resbalaba por su mejilla.
No estaba seguro de quién se había movido primero, pero de repente eran dos borrones que se precipitaban por la habitación y chocaban entre sí con la fuerza de un huracán.
Harry estaba medio riendo, medio sollozando mientras enterraba su cara en el cuello de Draco, abrazándolo a él como si su vida dependiera de ello. Y en cierto modo, realmente lo hacía.
Ya había perdido suficiente tiempo, así que se retiró y deslizó las manos por el sedoso cabello de Draco, vagamente consciente del deleite en las caras de sus amigos cuando acercó sus rostros y juntó sus labios en el beso que sentía que había esperado una eternidad. Había estado fuera tanto tiempo que casi había olvidado quién era. Pero allí, en los brazos de Draco, estaba en casa y volvía a estar completo de una forma que nunca había sabido que era posible.
El beso se hizo más intenso, sus lenguas se extendieron para encontrar a su otra mitad, mientras las otras personas de la sala aplaudían, lloraban sin reparos y se abrazaban de felicidad.
Finalmente, Harry tuvo que separarse para recuperar el aliento, y sus ojos buscaron el rostro manchado de lágrimas del hombre que ni siquiera se había permitido creer que volvería a ver hasta ese momento.
—Yo también te amo —susurró mientras se miraban a los ojos y Draco se aferraba a él, llorando de alegría—. Y te prometo que nunca, jamás, volveré a dejarte.
FIN
N/A: Gracias por leer, y por favor, dame tu opinión. Para descubrir más de mis escritos, visita y
N/T: ¡Hola! Espero que les haya gustado la historia. La verdad es que yo estaba muy conmovida cuando la leí. Díganme. ¿Qué les pareció?
