Capítulo 4: Pieck y sus recuerdos

Pieck se desnudó completamente y dejó su ropa tirada en el suelo con un poco de sangre antes de transformarse en titán para así hacer creer que fue devorada por si iban a buscarla.

Pieck empezó a brillar durante un instante en mitad de la lluvia y rugió transformándose en el titán carreta, que era como un hombre desnudo gigante que andaba a cuatro patas y tenía boca de hipopótamo para transportar a gente en su interior. Pieck al transformarse se puso a dos patas como los hamster y empezó a rugir muy fuerte con los ojos rojos y con lágrimas, porque por unos segundos recordó el peor día de su niñez; el día que conoció a Zeke y cómo Zeke puso una bolsa de monedas en las manos del padre de Pieck para adueñarse de ella y transformarla en portadora de titán aunque ella no quisiera.

Sasha y su madre salieron y se acercaron a Pieck, y Sasha le gritó al titán con su arco en las manos.

-¡¿De dónde ha salido este titán? ¿Dónde está Pieck?!

El titán carreta dió un salto y aplastó con su barriga la cabaña de Sasha y creó un incendio que rodeó a Sasha y a su madre y el fuego se extendió más y más. Entonces el titán carreta se giró enfadado porque Sasha le había disparado varias flechas a su espalda y como castigo se comió a la madre de Sasha de cintura para arriba.

-Estas personas son enemigos de mi país... Debo obedecer al profesor Zeke... -Pensó triste Pieck en el interior del titan mirando muy triste a Sasha ya que sabía que ahora Sasha iba a morir-.

Las rodillas de Sasha tocaron el césped mojado, completamente paralizada y con los ojos aterrados mirando lo que quedaba de su madre, y al titán carreta relamiéndose sus labios llenos de sangre. Las manos de Sasha temblaron y su arco cayó, Sasha no era más que una inútil y temblorosa y el titán carreta miró a Sasha seriamente y decidió morder el vestido de Sasha y arrancarlo de un bocado, dejando a Sasha casi desnuda, completamente desnuda salvo por uns harapos en sus rodillas y sus botas, Sasha cayó de espaldas a la hierba mojada, con la vista cansada y la fina lluvia cayendo suavemente en sus pechos rebotantes y en su torso. El titán carretilla miró de manera solemne a la chica, ahora casi desnuda, y miró con atención sus pechos antes de dar un salto y escapar de ahí.

Al escapar, la mente de Pieck estaba lleno de todo tipo de pensamientos y recuerdos, recordó el día que Zeke la llevó junto a otros niños al orfanato de Marley para convertirlos en niños soldado, y que cada vez que ella lloraba por no querer estar ahí o por mirar a otras chicas recibía una bofetada de Zeke. Esos recuerdos aturdieron tanto a Pieck que decidió correr sin parar bajo la luz de la luna, sintiéndose que, al menos en ese mismo momento, ella no pertenecía a ningún lugar de este mundo, y que nunca tuvo un hogar para ella. El titán carreta finalmente se echó a dormir patas arribas en un bosque cercano a la gran muralla exterior.

Mientras dormía, volvió a recordar al profesor Zeke, quien estaba en su despacho, con una mirada distante mirando a Pieck, quien tenía 10 años, y en ese momento estaba acompañada por el pequeño Porco, de 10 años también.

-Profesor Zeke... ¿Cuándo podré salir a volver a ver a mi familia...? -Le preguntó la pequeña Pieck inoncentemente con sus manos en su espalda.

Zeke miró un segundo a Pieck y se puso frente a ella y le dió una patada que la derribó al suelo, y puso su pie en el cuello de Pieck, mientras Porco miraba asustado la escena.

-Pequeña Pieck... Deberías agradecerme el privilegio de haber sido seleccionada para mi pelotón... Solo eras una triste niña pobre con insomnio... ¿Qué es lo que os dije? Vosotros habéis dejado de ser niños. Ni seres vivos, soís herramientas armamentísticas. Vuestro único deber ahora es haceros fuertes para defender nuestra nación. Ya no tendréis familia. Nunca más. -Le dijo Zeke furioso a Porco y a Pieck, mientras pisoteaba el pecho de la niña con la suela de su bota militar-.

Entonces el titán carreta abrió sus húmedos ojos y vió su primer amanecer en la isla de Paradís, que no era muy diferente a los amaneceres que veía en aquel orfanato de Marley. Pieck salió de su titán y se coló en uno de los barriles que transportaban los comerciantes que entraban a primera hora al interior de la ciudad a vender sus mercancías.

-Este es tu destino. Ya no hay vuelta atrás, Pieck. -Se dijo a sí misma antes de cerrar sus ojos-. ¡No decepcionaré al profesor Zeke ni a mi patria!.