Capítulo 6: Pieck y sus recuerdos, parte 2

Pieck y Yelena estaban sentadas en un banco de madera esperando el amanecer para ponerse ambas en marcha, en una de las colinas más altas de Paradís, la nieve había hecho una tregua esa madrugada, y Yelena se encendió un cigarro para sus labios pálidos y se recolocó cómodamente, miraba hacia el cielo, no paraba de pensar en su fría despedida con Zeke, y en si el hombre barbudo estaría teniendo sexo en estos momentos o no.

Pieck sin embargo, estaba ensimismada y pensativa mirando el gran muro María, a kilómetros de distancia de ellas, aún así, apenas podía ver los enormes bosques más allá de los muros.

-Debe ser muy deprimente vivir así, con estos gigantescos muros... -Pensó en voz alta Pieck, mirando los primeros rayos de sol del día, bañar el mar de azoteas nevadas y el gigantesco muro María que tenían ambas chicas a la vista.

-A mí me resulta gracioso. -Le interrumpió Yelena soltando humo por su boca-. Son como hormigas en un tarro de cristal, siempre pienso en ellas cuando miro a esta gente. Tan insignificantes, tan... primitivos... Nunca alcanzarán el esplendor de nuestra nación.

22 de Noviembre. 7 de la mañana. Lavabos de la Universidad Militar Shiganshina.

Pieck estaba sentada en uno de los baños, sujetaba en las palmas de sus manos los pendientes transmisores de Zeke y, sin apartar su pensativa mirada de ellos. Decidió apagarlos para que Zeke no pudiese escuchar nada, quizás hasta el fin de las clases, quizás hasta el fin de los días.

-Recuerda, debes estar en el patio del ala oeste. Tengo que dar mi clase de Historia Bélica antes, luego saldrán a hacer tiro con arco, ahí estaría bien que ya estuvieses con ellos... He estado mirando por encima los textos que tienen y es enternecedor. Estos desgraciados se piensan que más allá de los muros y pueblos anexos solo hay hierba y titanes... Nos vemos... -Le recordó Yelena al otro lado de la puerta cerrada, antes de marcharse-.

-De acuerdo Profesora Yelena. -Le dijo Pieck con una sonrisa algo nerviosa y cerrando sus ojos. Pieck volvió a mirar pensativa a los pendientes que le dió Zeke, y ahora, en soledad, se sumergió en sus recuerdos.

Recordó el último día que estuvo con su fiel amiga, Mikasa, ella y Pieck no eran más que 2 niñas de 10 años. Pieck, una chica despistada de familia ausente que le gustaba ver en los escaparates de las tiendas más caras de Marley los dulces y pizzas que nunca podrá comprar; Mikasa era de una familia inmigrante oriental, de gran prestigio y lazos bélicos. Pero para ellas las guerras en las que estaba implicada Marley eran solo palabras lejanas; ellas tenían una única prioridad, reír juntas todo lo que no pueden hacer con sus padres.

Ese día, tras uno de los largos paseos de otoño que estaban acostumbradas a dar juntas, no sabían qué estaba por venir.

-Pieck... -Susurró Mikasa algo ruborizada, al estar sentada bajo la copa de un árbol otoñal y anciano. Ella se sentía ruborizada al tener a su amiga de vestidos raídos y polvorientos tumbada sobre sus rodillas con sus ojos casi cerrados y una amplia sonrisa en su rostro.

-Perdona, Mikasa! -Se reincorporó Pieck evitando quedarse completamente dormida-. Es que tus rodillas son las mejores almohadas de Marley! -Le dijo la pequeña Pieck rascándose la nuca y despeinándose aún más de lo que estaba sin darse cuenta.

La pequeña Mikasa sonrió a Pieck, y, como de costumbre, eso le bastó para que se calmase. Sin embargo, pocos segundos después, la mirada de Mikasa se agachó y se quedó algo fría.

-Pieck... Anoche mis padres volvieron a hablar con el Ejército Marley. No entendí mucho de qué hablaban. Solo de unos experimento llamado Ackerman... Algo de mi memoria... Y que yo he sido seleccionada...

-Qué suerte! -Pieck acercó su cara feliz a la cara de Mikasa-. Vas a pertenecer al cuerpo militar de Marley? Y con solo 10 años!

Mikasa miró algo triste a los grandes ojos de Pieck, llenos de inocente alegría, y no pudo aguantar su mirada más que un par de segundos antes de que sus labios temblasen.

-Pero Pieck... Yo no quiero eso. No me gustan las guerras, ni estar cerca de explosiones, ni de llantos... Solo de pensarlo, el interior de mi pecho se acelera y mi cabeza se llena de pensamientos que no puedo controlar... -Mikasa se agarró las rodillas con sus manos.

-Mikasa, eso es algo normal, a mí esa sensación que describes en tu pecho me pasa muchas veces cuando estoy contigo! -Mikasa miró a la sonriente Pieck sorprendida, con ojos muy abiertos y las mejillas algo rojas.

-Pero Pieck, yo... cuando pienso en mi futuro... Lo único que imaginaba era una isla lejana a cualquier explosión... Me gustaba imaginar que tú y yo paseábamos por la orilla, con nuestros pies mojados, como estos paseos que nos gusta dar juntas... Comer cuando quisiéramos. Dormir cuando quisiéramos...

Pieck dejó de estar atenta a las palabras tímidas de Mikasa cuando se dió cuenta que tanto ella como Mikasa estaban ahora rodeados de soldados Marleyenses. Entre los soldados salió un hombre corpulento con lentes llamado Tom Xavier, cogió con fuerza a Mikasa de la mano y la pequeña Mikasa se fue rodeada de los soldados, mientras se alejaba, no apartó la mirada de los ojos confusos de Pieck.

Pieck se puso en pie y caminó detrás de los soldados a paso ligero, pero Xavier la agarró de la mano y le puso una mirada heladora, con un humeante cigarro en sus labios.

-Qué hacía una rata sucia como tú cerca de ella? Creí que la familia Azumabito sabía vigilar mejor a su primogénita. -Xavier decidió dar un golpe con su rodilla al estómago de Pieck, que hizo que perdiese su equilibrio y escupiese sangre-. Da gracias que no llevo mi arma.

Pieck no pudo escuchar con claridad tras ese golpe, solo pudo distinguir entre zumbidos llantos lejanos de Mikasa, y las botas de hierro de Xavier alejarse del cuerpo tumbado de ella. Tras esto, Mikasa se convirtió en recuerdos para Pieck. Año tras año.

….

Pieck caminó lentamente por el campo de tiro de arco. Los copos de nieve bañaban poco a poco el húmedo césped del lugar. Nadie estaba aún preparándose para prácticar, salvo su vieja amiga de hace 9 años, una Mikasa ahora adulta, de cuerpo esbelto y pelo algo más corto de lo que Pieck recordaba. Ella estaba ensimismada mirando a la diana, sujetando firmemente su arco. Pieck se paró al lado de Mikasa, con una sonrisa como no tuvo desde que era pequeña, sus ojos se achicaron y brillaron al volver a verla. Mikasa bajó el arco y miró curiosa a la chica que tenía ahora de pie a su lado.

-Soy tu nueva compañera de clase... Pieck Finger. -Le dijo algo nerviosa Pieck, pero sin dejar de sonreír en ningún momento-.