Capítulo 7: Experimento Ackerman
22 de Noviembre. 8 de la mañana. Patio de Prácticas de la Universidad Militar Shiganshina.
-Es un placer, Pieck. Me llamo Mikasa. -Le dijo de manera fría y formal Mikasa-.
Entonces la sonrisa de Pieck desapareció por un gesto de desconcierto. Mikasa siempre fue una niña introvertida, algo menos cuando estaba con ella, pero la mirada de Mikasa era ahora mucho más fría que cuando tenía 10 años y jugaba con Pieck. ¿Fueron 9 años el tiempo suficiente para que Mikasa olvidase a Pieck por completo? ¿Fue el estilo de vida a la que están expuestas estas personas y los constantes ataques de titanes? En realidad, había motivos de sobra para que los ojos de Mikasa no tuviesen ya ese brillo de ternura e inocencia. Pero no por ello le resultaba a Pieck menos doloroso que no la recordase.
Pieck miró en silencio y pensativa a Mikasa, quien había reanudado su sesión de tiro con arco, lanzando una flecha justo al centro de la diana, completamente inexpresiva, ensimismada en su entrenamiento.
-El experimento Ackerman. -Pensó para sí misma Pieck. Ella recordó una de las últimas frases que le dijo Mikasa antes de que no se volviesen a ver:
"Pieck... Anoche mis padres volvieron a hablar con el Ejército Marley. No entendí mucho de qué hablaban. Solo de unos experimento llamado Ackerman... Algo de mi memoria... Y que yo he sido seleccionada.."
Pieck frunció el ceño al terminar de recordar esas palabras. El mero hecho de imaginar que el Ejército de Marley había experimentado con la mente de su amiga le congeló por dentro y le llenó de ira. La pequeña Mikasa se fue con esos soldados y 9 años después, no solo no reconocía a Pieck, sino que se había convertido en una soldado ejemplar. Todas las flechas que tiró Mikasa al lado de la pensativa Pieck acertaron al centro de la diana, y eso le hizo temer más esa teoría.
A pocos metros de las dos chicas, vigilaba silenciosamente y con una taza de café humeante en sus manos, la ahora profesora Yelena, con un gesto serio, acarició uno de los pendientes-transmisores que colgaban de su oreja y transmitió un mensaje en voz baja.
-Señor Zeke, le informo que Pieck ha entrado en contacto con la Ackerman.
-Gracias por la información, Yelena. Es de vital importancia la muerte de los dos Ackerman que se encuentran con vosotros en Paradis. Sin ellos la capacidad ofensiva de sus filas se debilitará. De momento actuad con naturalidad. Cambio y corto. -Le dijo la voz seria de Zeke a Yelena.
-Mikasa, ¿de dónde eres? -Le preguntó sonriente Pieck con los ojos cerrados-.
Mikasa agachó el arco unos segundos, era como si le costase recordar su niñez.
-No recuerdo dónde crecí. Recuerdo caminar llena de heridas un amplio campo, lejos de los muros, y ser recogida por una familia apellidada Jaeger.
-¿Te apellidas Mikasa Jeager?
-No, mi apellido es Ackerman.
Pieck volvió a abrir los ojos, miró muy seriamente a Mikasa, quien prosiguió con su entranmiento de manera inocente. Las teoría de Pieck era cierta. Su amiga se convirtió en una rata de laboratorio para el ejército, quizás ni aunque Mikasa se esforzase podría recordar ninguno de los paseos que daban juntas cogidas de la mano. Ni esos atardeceres juntas cerca del Gran Árbol, a Pieck no le gustó encajar que todos esos recuerdos ya solo vivían en su cabeza y no en el de ambas. ¿Qué clase de justificación tendría Marley para borrar recuerdos de una niña pequeña? Con cada reflexión, la tristeza de Pieck florecía más y más dentro de su pecho, y sus ojos se cristalizaban solo de pensar que su teoría estaba cada vez más cerca de ser cierta y que probablemente su amiga era ahora un pequeño fragmento manipulado de lo que era antes.
Pieck abrazó a Mikasa, que agachó el arco algo sorprendida, pero sobre todo, extrañada por el abrazo de su nueva compañera.
-Estoy encantada de conocerte, Mikasa Ackerman. -Le mintió Pieck, ocultando sus propias lágrimas en el hombro de Mikasa.
Mikasa miró confusa a Pieck, que seguía abrazada a ella, y la separó lentamente de ella con cuidado.
-Estás... ¿bien? -Le preguntó Mikasa a Pieck, quien, ahora separada, estaba cabizbaja con su melena tapando su cara.
-Sí... -Pieck tenía un hilo de voz. La voz de unos chicos llamados Jean y Connie llamaban a lo lejos a Mikasa-.
-Debo irme, adiós. -Mikasa colgó del hombro su arco y un saco con las flechas restantes y se alejó-.
-Veo que has conocido a Ackerman. -Se acercó Yelena a la cabizbaja Pieck, y sopló el humo que salía de la taza que había en sus manos-. Parece ser la mejor alumna de esta Universidad. Es agradable ver a una buena soldado entre tantos mediocres, verdad, Pieck? -Le preguntó Yelena a Pieck con una sonrisa pícara, pero no obtuvo ninguna respuesta.
