Capítulo 11: El corazón roto de Pieck
25 de Noviembre, 11 de la noche. Dormitorios de la residencia femenina de la Universidad Militar Shiganshina.
Pieck estaba sentada a un lado de la cama, mirando ensimismada la interminable nevada del exterior, y a los copos de nieve chocar suavemente los empañados cristales. Y la chica se quedó así, un día más.
-Hoy no has vuelto a ir a clase. -Le reprochó su compañera de habitación, Petra, que acababa de llegar y se estaba sacudiendo los copos de nieve que había en su melena anaranjada. Pero Pieck no decidió responder nada. Petra no tardó en ir al lavabo a por agua caliente para calentar sus mejillas-.
Para Pieck, todo se había vuelto absurdo de golpe. Su misión de infiltración, entrar en contacto con el titán fundador, incluso pensar en Mikasa. La chica conquistó sus pensamientos, y varios de sus últimos sueños, pero para Mikasa, Pieck no era absolutamente nada. Un copo de nieve más. Pieck pensó varias veces en tirar por la borda la misión, y decirle a Mikasa la verdad, pero le atemorizaba el mortal castigo que le depararía.
-Escucha, Pieck. -Petra se acercó a ella y se sentó a su lado, y sujetó sus manos, ahora más calientes por el agua-. Yo nunca supe que Eren y Mikasa tenían algo, ni Armin lo sospechó.Eren no para de tratar mal a Mikasa, si hubiésemos sabido eso, no te hubiésemos organizado esa cita. No nos odies, vale?
Pieck le dijo que sí con la cabeza, pero sus ojos seguían apagados mirando la nieve del exterior.
-Crees que... Mikasa es feliz con él? -Le preguntó Pieck con voz baja-.
-Eso solo lo puede saber ella. Lo que sí puedo decirte, es que quedarte aquí no solucionará nada. Mañana dejará de nevar y volverá mi antigua compañera de habitación, podremos ir a la sala de juegos a tomar algo las tres, te parecerá bien? -Le dijo Petra con una sonrisa. Pieck le dijo que sí con una sonrisa y una mirada triste-.
En mitad de la noche, Pieck no paró de dar vueltas en su cama mientras Petra roncaba plácidamente en la cama de al lado. La cabeza de Pieck se llenó de todo tipo de pensamientos que la estresaban, y un fugaz pensamiento de Mikasa la impulsó a coger su largo abrigo del perchero y aventurarse a subir las escaleras hacia la habitación de Mikasa.
Pieck subió las escaleras hacia la tercera planta de la residencia, el pasillo de ahí era un desastre, con madera más raída, unos charcos se formaron por las goteras que surgieron por la nieve acumulada en la azotea. La chica caminó confusa mirando como ninguna puerta tenía nombre, todo parecía estar en bastante peor estado en comparación con el resto del edificio. Al final del pasillo había una luz y una puerta entreabierta.
Al asomarse por el marco de esa puerta, vio a Mikasa, con el mismo vestido que utilizaba cuando era pequeña y que siempre llevaba en esos paseos que hacía con Pieck de pequeña. Ella estaba pensativa frente a la gran ventana de la habitación, mirando la nieve en completo silencio.
Pieck caminó lentamente hacia Mikasa, sin apartar la mirada de ella. En la cabeza de Pieck, empezó a sonar los himnos de guerra Marleyenses que recitaba ella y Porco junto a sus pelotones, tras asesinar varios soldados enemigos en las trincheras del norte.
-Eran tiempos preciosos, ¿Verdad? -Dijo en voz alta Mikasa-.
En la cabeza de Pieck volvió el silencio tras las palabras de Mikasa.
-Mikasa... -Pieck dejó de caminar y se quedó a pocos centímetros de ella-.
-Eras una heroína para Marley. Pasaste de ser la hija de una prostituta a uno de los pilares de nuestro país. -Mikasa se giró rápidamente para mirar fríamente a los ojos de Pieck-.
De pronto, empezó a caer copos de nieve entre ellas también, y Mikasa se giró a contemplar la ventana una vez más.
-Mis padres discutieron. Ella le engañó a él. Él se vengó llevándome a que me borrasen los recuerdos que tenía de ella. Se equivocaron y borraron todos, pagaron a mi padre para sacarme de Marley y evitar escándalos. Ella descubrió que era más feliz ahora. Él no pudo aguantar verla en brazos de otro y decidió matarla y suicidarse. Y solo sé esto porque lo recuerdas tú. -Mikasa empezó a sollozar-.
Pieck se quedó estupefacta unos segundos, y se acercó lentamente a abrazar la espalda de la ahora temblorosa Mikasa.
-Mikasa, siento haberte dejado sola todos estos años. Te quiero.
-Eres una amenaza. Vienes a quitarme lo que tengo. No debiste haber vuelto nunca. -Grito enfurecida Mikasa, completamente inmóvil.
Mikasa cerró los ojos y una lágrima cayó de uno de ellos. Ella acarició suavemente las manos de Pieck y se dejó abrazar por ella sin dejar de lado sus sollozos, y los copos de nieve seguían cayendo sobre los hombros y cabezas de ellas.
-Ella ya no está.Soy una persona diferente, estos son mis recuerdos ahora. La Mikasa de la que te enamoraste no existe.
-No importa que hayas cambiado. Te quiero, Mikasa. Cuando te volví a ver, me dí cuenta de mi error. -Abrazó con más fuerza Pieck a Mikasa-.
-Por qué haces todo lo que estás haciendo. En unos pocos años, estarás muerta, Pieck.
-Quiero quedarme aquí contigo. No quiero que te vuelvas a ir, ni quiero volver a Marley. No soporto dejarte ir otra vez.-Pieck puso su rostro en uno de los hombros de Mikasa para que ella no viese sus ahora ojos llorosos-.
Mikasa giró su rostro lentamente hacia el rostro de Pieck, y ambas se miraron un segundo en silencio mientras sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
"Por qué no hice nada antes?"
Mikasa desapareció poco a poco frente a Pieck, que se quedó ensimismada viendo sus manos ahora húmedas por los copos de nieve, que se derretían por el calor de sus manos, ahora estaba ella sola en esa habitación, y, al mirar fijamente a la enorme ventana que tenía en frente, vio al enorme titán carretilla en medio de la nieve, devorando los cuerpos congelados de Mikasa y Eren antes de devolver la mirada a la propia Pieck.
Esa horrible imagen hizo que Mikasa se despertase de su cama completamente sudada, estaba amaneciendo y en la puerta de la habitación estaba Petra entrando, junto a Sasha.
