Libros tontos
Un fanfic Lapidot humano.
Peridot; una estudiante de segundo año de la prestigiosa academia de señoritas "Homeworld" se encontraba estudiando a altas horas de la noche con muchos libros apilados en su pequeño escritorio, tratando memorizar varios temas, y no era por poca cosa, y es que se encontraba en una situación difícil y una donde nunca hasta ahora en toda su vida académica hubiera imaginado que le pasaría.
Tenía que estudiar y memorizar todo lo mejor posible de esos libros de diversos temas porque dentro de unas horas se enfrentaría a un examen general final que determinaría su futuro en la academia, de no pasarlo correría el riesgo muy probable de reprobar y repetir año; ella, quien hasta ahora siempre había sido una cerebrito y sabelotodo en las clases, había bajado drásticamente su rendimiento escolar en el lapso de un año, un año que no podía definir si era el peor o el mejor que había tenido en su vida hasta ahora.
Madrugada es
Intento estudiar
Porque mañana presento mi examen final
Y el motivo de su drástico cambio tenía nombre: "Lápis Lázuli". Una chica esbelta de cabello corto azul y de actitud reservada y callada para con la mayoría de la academia, pero no con ella, y es que, en el transcurso del año Peridot y Lapis comenzaron desde ser sólo meras conocidas compañeras de clase hasta ser amigas y ahora ser en secreto novias; en la Academia no se corrían riesgos y aunque en ese lugar sólo habían mujeres (a excepción del profesor de música Greg de Mayo y de los cocineros Kofi y Fryman), se sabían de casos de parejas lésbicas y ese tipo de muestras de afecto estaban mal vistas dentro de las instalaciones.
La Academia estaba dirigida y manejada por las 4 hermanas de apellido Diamond; y por suerte para Peridot, la maestra de su clase era la señora Rose Diamond, la más comprensiva y calmada de las hermanas; fue ella quien le propuso la opción de hacer este examen final con el fin de no perder el año escolar, de no lograrlo tendría que tomar cursos especiales de regularización y eso significaría perderse las vacaciones de verano y estar mucho tiempo libre con su secreta pareja.
Pero por más que leía detenidamente cada párrafo de cada página de esos libros, por más que repasaba sus apuntes y trabajos anteriores, por más que intentaba recordar cómo antes todo esto se le hacía de lo más sencillo del mundo, su mente se bloqueaba con todo lo relacionado al estudio y prefería divagar en la silueta de su chica, era tal su obstinación que hasta Peridot podía sentir el olor de su cabello.
No puedo concentrarme
No se me queda nada
Solo tu imagen hermosa
Mi pensamiento acapara
-¡AL DEMONIO!-Gritó la rubia, aventando los libros y golpeando la mesa mientras cerraba los ojos en señal de frustración; y es que, ¿qué rayos iban a saber esos tontos libros del amor? Si en el último año había descubierto y aprendido algo que ni la mayor enciclopedia de la historia de la humanidad le hubiera enseñado; no le enseñaron a besar unos tiernos labios que hacían derretirse por dentro cada vez que los besaba, no aprendió de ellos a sentir sus manos rodeando su cuerpo para acercarla y sentir su calor corporal, no sabía antes a recorrer su cabello con sus dedos mientras ella le hacía arquear la espalda en señal de éxtasis cada vez que ella le decía en cada oportunidad que la amaba.
¡Libros tontos!
¿Cómo quieren que sus letras entren en mi mente?
Si mi mente está cansada de tanto quererte
De quererte, de quererte
Se levantó de su silla para desperezarse y fue a prepararse un café para no caer rendida al sueño que ya comenzaba a sentir; odiaba el café, pero en los últimos meses le había servido mucho para mantenerse despierta tan tarde al intentar estudiar y ponerse al día con sus materias; el café apenas le ayudó un poco así que decidió que también podría ayudarle una pequeña ducha fría para despejar su mente, fue al baño, se quitó la ropa unto con sus lentes y dejó caer el agua en su cuerpo; se enjabonó con cierto esmero y tomó el frasco de champú, al usarlo notó un agradable olor que salía de su cuerpo y entonces lo recordó, tenía ese champú porque era el favorito de Lapis.
De pronto, ese olor comenzó a hipnotizarla y jugar con su mente, esa esencia que envolvía su pequeño cuerpo le hizo creer que Lapis estaba junto a ella en la ducha, su cuerpo húmedo pegándose al suyo mientras sus manos recorrían cada centímetro de su piel; Peridot se llevaba inconscientemente una mano a su zona íntima mientras la otra apagaba los gemidos que salían de su boca para no despertar a los vecinos. Era tal el dominio de su mente en ella que, aunque el agua estaba fría, el calor corporal de la rubia decía lo contrario.
-¡Mmmm! ¡Lapis… no… no deberíamos, pero…! ¡Ah… sí, sigue, no pares!
En realidad, ellas aún no habían llegado a esas instancias, en el último año que llevaban conociéndose, su noviazgo apenas había iniciado hace 2 meses, los besos, caricias y abrazos no faltaban desde entonces, los únicos testigos de su relación eran las paredes de los solitarios salones en la Academia y la de los baños, pero al ritmo en cómo se demostraban su amor al estar a solas, tal vez sólo sería cuestión de tiempo para que ambas llegaran a la tercera base.
Tras varios minutos de relajante ducha (y en verdad al final lo fue para ella), se puso su pijama dispuesta a dormir, quizá si se levantaba temprano para llegar a la escuela podría tener un tiempo libre para estudiar un poco más; se dirigió a su sala donde sus libros seguían regados por doquier; al verlos así sintió algo de culpa, porque siendo honesta consigo misma, los libros no tenían la culpa que Lapis ahora era todo su vida y su mundo. Antes de conocerla, ellos habían sido sus únicos y verdaderos amigos, sin ellos no había logrado sus tantos méritos escolares anteriores, y aunque el ser la típica nerd no le había conseguido ser popular o tener muchos amigos, los libros siempre habían estado ahí con ella en todo momento, bueno o malo.
Entonces cambió de idea de irse a dormir y decidió quedarse un momento más a estudiar como una forma de pedir perdón a sus amados libros, recogió con cuidado cada uno de ellos con cuidado y los colocó en su escritorio dispuesta a quedarse ahí tal vez hasta el amanecer si era necesario.
¡Libros tontos!
¿Cómo quieren que sus letras entren en mi mente?
Sé muy bien que por su culpa perderé el semestre
Pero la quiero, la quiero
¡Perdónenme!
Y dicho y hecho, Peridot se pasó toda la noche hasta el amanecer estudiando sin tanto éxito; su mente se negaba a sacar a Lapis y la hacía soñar despierta sin piedad; cuando menos se lo imaginó ya faltaba menos de tres horas para que tuviera que tomar ese examen; entonces decidió con cierto coraje consigo misma el dejar el estudio y empezar su camino hacia la escuela. Se cambió de ropa por el de su uniforme escolar, tomó un desayuno, guardó sus variados libros en la mochila y salió de su departamento con la intención de aprovechar el tiempo de sobra para seguir estudiando ahí.
Cuando llegó ahí faltaba poco más de una hora y no sabía decidir cómo se sentía realmente, fatigada, con sueño, molesta y estresada, pero estaba en la biblioteca aprovechando el silencio para concentrarse en el poco tiempo que le quedaba.
Es de día y yo
No logré estudiar
Se me fue la noche entera en ella pensar
Estar en la biblioteca en otros tiempos le había sido bastante favorable a Peridot, ya que ahí se sentí en su elemento, como pez en el agua, pero ahora era todo lo contrario, se sentía igual o inclusive peor que cuando estaba en su casa, su mente estaba totalmente bloqueada y sentía que cada momento se desesperaba más; el único consuelo que le quedaba es que, aunque era lo más probable de que llegara a reprobar el examen, vería a su chica en un rato más.
Pero tengo la esperanza
De mirarla hoy en la clase
De abrazarla y de besarla
Aunque el examen, no pase
Pero aun así, se negaba a rendirse y mantenía la vista fija en sus libros y apuntes, cuando inesperadamente escuchó una voz familiar
-Hola Peri
Ella levantó la vista y vio a Lapis frente a ella, la sorpresa hizo que casi se cayera de su asiento y gritara un poco, llamando la atención de la anciana bibliotecaria la señora Fluorita quien les llamó la atención susurrando y alargando las palabras, tenía esa costumbre tal vez atribuida a su edad.
-¡Ssshhhh, sileeencio por favoooor!
Se disculparon con ella y comenzaron a hablar en voz baja
-Lapis, ¿qué haces aquí tan temprano?
-Bueno, yo también te pregunto lo mismo; aunque tuve una intuición que me decía que te vería aquí, ¿te pasa algo? Ya sé que es muy común verte aquí, pero tienes muy mal aspecto, ¿es que no pudiste dormir anoche?
Lapis tomó una silla y se sentó a su lado, el tenerla tan cerca y con ese olor de su champú le hizo recordar su fantasía erótica de hace unas horas y se llevó las manos al rostro para evitar que ella mirara su notable rubor.
-Sí, tienes razón, no pude dormir nada anoche, me la pasé estudiando sin parar, sabes que debo hacer un importante examen en la primera clase y debo aprovechar estos últimos minutos para no olvidar nada.
-Entiendo; ¿no quieres que te ayude a estudiar? ¡Quién sabe! Tal vez pueda servirte de algo una ayuda extra ¿no crees?
Peridot no sabía qué contestar, por un lado, para ella sería el paraíso tener ese momento junto a ella, pero por el otro no quería sonar grosera por rechazar su oferta, sentía que su mera presencia haría que sus ojos y mente se concentraran sólo en ella y nada más.
-Sí, claro; ¿por qué no? Te lo agradezco, Lapis
Y tal como lo temía la chica rubia, los primeros 10 minutos se fueron en balde, Peridot en verdad lo intentaba, pero tan pronto como creía que se concentraba en los libros, sus ojos se volvían a desviar en Lapis y de nuevo el esfuerzo se desperdiciaba.
¡Libros tontos!
¿Cómo quieren que sus letras entren en mi mente?
Si mi mente está cansada de tanto quererte
De quererte, de quererte
-Peridot, ¿me estás escuchando?
-Ah, lo siento; creo que no escuché lo último que dijiste; lo lamento en verdad Lapis, es sólo que no dormí nada anoche y me siento muy cansada, apenas puedo concentrarme.
¡Libros tontos!
¿Cómo quieren que sus letras entren en mi mente?
Sé muy bien que por su culpa perderé el semestre
Pero la quiero, la quiero
¡Perdónenme!
-Te entiendo y la verdad me sorprende que hayas llegado hasta este extremo Peri, pero si me he fijado bien en tus apuntes, todo esto no es tan difícil de aprender; ¡vamos! Hay que seguir aprovechando el poco tiempo que queda, sé que juntas podremos lograr que apruebes ese examen, confío en ti Peri; además, te diré esto, si logras pasarlo entonces un día de estos nos quedaremos a ver juntas una maratón de Campamento, amor y pinos, nuestra serie favorita. ¿Qué dices?
A Peridot se le subió el ánimo de tan sólo imaginarlo; fue gracias a esa serie que comenzaron a descubrir que ellas no eran tan diferentes entre sí, en cierta forma, esa serie fue lo que a la larga fue el inicio de su actual relación, lo que les permitió conocerse mejor, y después cuando juntas creaban sus extrañas esculturas que hacían con cualquier cosa que encontraban, hasta les habían puesto un raro nombre: Meep-morphs.
-Eso me encantaría, ¿pero dónde lo veríamos? ¿En tu casa?
-No; sabes que ahí están mis odiosas hermanas gemelas menores, Mean y Nice; mejor en la tuya, yo puedo llevar las botanas y tú las bebidas. Muchos Doritos y refresco Mountain Dew para ti por supuesto porque sé bien que son tus favoritos.
De sólo pensarlo a Peridot ya se le hacía agua la boca, Lapis conocía muy bien sus gustos y la idea de pasar horas junto a ella y a solas en su casa, bueno… ya se lo imaginarán; ahora todo rastro de cansancio y sueño se habían ido, de algún lado su cuerpo y mente se despejaron y se concentraron para lograr fijar su atención en el estudio y aunque estaban contrarreloj, supieron aprovechar cada minuto y la rubia poco a poco empezaba a recordar cada tema que en los últimos meses su mente había bloqueado de su memoria, nadie, ni siquiera ella misma impediría que pudiera pasar un momento especial con su novia.
Cuando al fin sonó la alarma que indicaba el inicio de las clases, las chicas se apresuraron a guardar el material, Peridot se sentía un poco nerviosa, pero su memoria había retenido muy bien toda la información aprendida previamente.
-Te veré pronto, Peri; sé que lo vas a lograr, y recuerda tu recompensa cuando lo logres.
Entonces Lapis le dio un rápido beso en los labios y salió de la biblioteca, mientras Peridot terminaba de guardar sus libros; confiaba en que ahora tenía más posibilidades de lograr una nota lo suficientemente buena para no reprobar, sólo deseaba que en ese momento no se sintiera tan nerviosa; abrazó el libro que tenía en sus manos y deseaba que las estrellas decidieran la mejor de las suertes para ella.
-Lo haré por ti, Lapis; te quiero.
Y al final, para su sorpresa; logró pasar la prueba porque descubrió tal como Lapis le había dicho que los temas ahí ya los había visto varias veces y los había dominado sin problemas antes, pero que simplemente su enamoramiento le había bloqueado su memoria; unos días después la pareja se encontraba acurrucada en un sillón sin perder un detalle de su serie favorita mientras ambas compartían Doritos y Mountain Dew.
