No era algo nuevo.

Emma siempre tomaba de la mano a Ray desde que tenía memoria, toda su vida ha estado pegado al pelinegro. Entonces, ¿por qué a sus 18 años le aceleraba tanto el corazón hacerlo?

Emma no era tan despistada como para no darse cuenta de lo que estaba pasando, y no le gustaba para nada. Le estaba empezando a gustar Ray, su mejor amigo que ha estado con ella desde que sus padres se mudaron y se hicieron vecinos a los 5 años, desde ese día han sido inseparables.

"¿Ahora qué te tiene tan pensativa?"

"¿Hm?" Emma casi no escuchaba la pregunta de Ray por estar tan absorta en sus pensamientos.

"Siempre que caminamos juntos a la escuela me cuentas sobre lo que soñaste, pero hoy has estado muy callada." Le aprieta un poco la mano. "¿Estás bien?"

Emma peleó un sonrojo que amenazaba con asomarse en su rostro, la mano de Ray se sentía más cálida de lo normal. "Sí, estoy bien, solo estoy pensando algunas cosas."

Ray obviamente no cayó en su mentira. "Emma, la última vez que estabas tan callada fue cuando rompiste con Norman." Si de algo estaba agradecida Emma es que Ray no tomaba ningún tema como tabú y siempre se sentían cómodos em hablar de cualquier cosa. Emma maldijo por dentro, ¿cómo le explicaba que la razón de su angustia era algo tan común como agarrarse de las manos?

"Lo siento Ray, sí me pasa algo pero realmente no quiero hablar de eso." Le dio una pequeña sonrisa, Ray se la devolvió.

"Está bien, pero sabes que me puedes contar cualquier cosa." Después de otro pequeño apreton a su mano, devolvió su mirada hacia al frente, Emma imitándolo. Al final todo iba a estar bien, Emma sabía que no había fuerza alguna que la pudiera separar de Ray.

"Ray, ¿sabes qué soñé hoy?"

"¿Que te comías un cereal montada en un pony cabalgando sobre la luna?"

Sí, todo estaba bien.