¡Gracias kokoa_bv por hacerme una portada!
Disfruten la lectura.
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Anochecía en la Mansión Malfoy, era un triste verano para la toda la familia. Draco salió de la ducha secándose el cabello con la toalla. Tomó el ungüento que debía pasarse todas las noches al salir de bañarse. Colocó un poco en la puntas de sus dedos y mientras se miraba al espejo, se esparció la crema en las heridas de su torso. Era la parte más difícil de su día. Aunque casi durante todas sus jornadas, lo invadía recuerdos indeseados... Como la noche en la torre de astronomía donde se encontró con la imposibilidad de completar la tarea del Señor Oscuro, pero aun así tuvo que ver a su director ser asesinado. Gracias a la influencia de su padre, aprendió a detestar Dumbledore. Pero no podía negar que fue su director durante seis años y lo vio crecer. Estuvo presente durante toda su adolescencia. En el momento en el que Draco lo desarmó con un Expelliarmus, mientras temblaba y lloraba detrás de su varita, Dumbledore mantuvo la calma. En vez de pelear por su vida, le ofreció ayuda a él y a su familia. Hasta el día de hoy Draco se arrepiente de haber estado tan cegado y no aceptar la ayuda de su director. Se hubiese ahorrado los acontecimientos más traumáticos de su vida.
Durante todo ese año, fue amenazado por el mismísimo Voldemort para castigar a su padre. Pero lo más complejo, era no poder reconocer a si mismo todo lo que conllevaba esa misión. Su ambición por ser "él elegido" del lado oscuro, no permitió que Draco se deje habitar por su dolor. Llevándolo así, a unos de los momentos más agonizantes en Hogwarts.
Obviamente, eso no era lo único que lo atormentaba. Tenía sus dosis nocturnas de pesadillas de cuando Voldemort lo obligaba a torturar a gente. O cuando se enteró que Lucius estaba preso en Azkaban. Sin mencionar toda la decepción y rencor que fue desarrollando cuando se dio cuenta que su padre era un simple cobarde oportunista, y no el héroe que él tanto admiraba.
A veces recuerda esa sensación de profunda soledad y abandono, antes de que su madre le pida que venga con los mortífagos luego de la muerte de Potter; él permaneció del otro lado. Simplemente esperando que alguien lo detenga, que alguien le pida que se quede ahí, que alguien lo rescate. Pero a nadie le importó. Aunque podía comprenderlo, igual le rompió el corazón.
Pero en el momento en el que se pasaba el ungüento sobre las heridas, tenía demasiados sentimientos encontrados y los más complejos que haya sentido nunca. Se acordaba de Harry James Potter. Recordaba el mismo momento en el que Harry le tiro el maleficio Sectumsempra que ocasiono esos cortes. Sintió como si le hubiesen lanzado muchos cuchillos invisibles al mismo tiempo. Esas marcas las iba a llevar toda la vida al igual que la presencia de Harry en su memoria.
Draco podía reconocer muchas de las acciones que tuvo gracias a reflexionarlas. Como el hecho de nunca haber tenido un amigo cercano o un amor, gracias a su actitud despojada, soberbia y egocéntrica. Estaba sanando su dolor y aprendiendo de su pasado. Madurando lentamente. Pero lo que realmente no podía descifrar era porqué le había salvado la vida a Potter. Cuando llegó el momento de entregarlo a Bellatrix y facilitarse las cosas a sí mismo, después de haber sufrido tanto, no lo pudo hacer. Entregar a Harry significaba ganarse de nuevo el respeto del Señor Oscuro, no sólo para él si no para su familia. Pero a él ya no le interesaba ese respeto que tanto anhelaba su padre de Voldermort. Ver a Lucius arrastrarse por el Señor Oscuro, luego de haber sido tan humillado por el mismo, le generaba rechazo. A veces reflexionaba que quizás, el no entregar a Harry, fue su manera de evitar el triunfo de quien lo había hecho sufrir por tanto tiempo. No podía concebir que fue un acto desinteresado. Ni que lo había hecho por una genuina preocupación hacia Potter. El mismo Potter con el que mantuvo una rivalidad durante tantos años. Simplemente no tenía sentido alguno.
Recordaba el día de la batalla en Hogwarts. Cuando Potter salvó su vida en el cuarto de menesteres. Arriesgo su propia vida para rescatarlo. Draco pensaba que fue un acto de agradecimiento. Harry estaba en deuda con él por no entregarlo al Señor Oscuro. No podía ver de otra manera su accionar.
El tema es que ellos nunca hablaron sobre lo sucedido en la guerra. Lo único que Draco podía hacer es darle vueltas al asunto en su cabeza, sin llegar a ningún lado. La única certeza que tenía es que, por alguna razón u otra, se salvaron la vida mutuamente. Y ese pensamiento era lo único que lo ayudaba a dormir por las noches.
Harry también cargaba con su propia mochila. Ya no tenía a Sirius o a Dumbledore para acudir como figuras paternas. A veces hablaba con sus respectivos cuadros, cuando se los cruzaba. Pero obviamente no era lo mismo. Necesitaba algún consejo de alguien mayor, de alguien más sabio. Que haya experimentado como él, la superación de un estrés postraumático, o algo similar a eso. Tenía a sus amigos a quienes amaba y confiaba plenamente. Pero sinceramente, ellos apenas podían con su propio bagaje emocional. Ron seguía velando a su hermano y Hermione tratando de reestablecer la memoria de sus padres. Había estado luchando por la derrota de Voldemort todo este tiempo, y cuando finalmente lo logró, se encontró con la etapa más solitaria de su vida. Lo reconfortaba saber que el mundo mágico ya no vivía con miedo. Saber que se había hecho justicia. Saber que todo el sacrificio no fue en vano. Pero aunque reinaba la paz para todos los magos y brujas de manera colectiva, todavía no lograba hallar paz a nivel personal.
Una mañana ventosa, Harry fue a la biblioteca en busca de un libro para su clase de Herbología. No es que le estuviese yendo bien en sus materias últimamente, ya que Harry nunca se destacó por sus calificaciones, y menos en ese momento donde apenas podía soportar estar con sus propia mente. Le resultaba muy difícil poder concentrarse. A diferencia de Draco, que desde terminó la guerra se la paso leyendo. Era uno de los pocos lugares donde realmente encontraba refúgio. Mientras buscaba el libro, se encontró con una cabellera rubia platinada. Se estremeció un poco. La reconoció inmediatamente y se puso nervioso. Ya lo había visto a Malfoy en Hogwarts un par de veces desde que la derrota del Señor Oscuro, pero siempre en lugares concurridos con otros estudiantes. No habían cruzado ninguna palabra desde todo lo sucedido, y si Malfoy se daba cuenta que estaban solos en biblioteca, por lo menos tendrían que saludarse. Harry no supo bien que hacer. Estaba seguro que lo último que quería Malfoy era un saludo suyo. Así que siguió buscando su libro mientras trataba de pasar desapercibido. Casi que caminaba en cuclillas para evitar que el rubio no se percate de su presencia. Se metió en un pasillo de la biblioteca, donde ya no podía ser atrapado por la mirada de Malfoy. Comenzó a leer el lomo de los libros buscando el de Herbología. Estuvo un rato bastante largo buscando, hasta que lo encontró. Dada la emoción, soltó un leve chillido de festejo. Se tapó la boca inmediatamente, dándose cuenta que seguramente había hecho ruido. Tomó el libro con mucho cuidado y de manera muy cautelosa, se dirigió a la salida de la biblioteca.
-¿Potter?
Harry se estremeció al escuchar su nombre. Reconoció la voz inmediatamente.
-Ey, Malfoy... -se dio vuelta lentamente y fingió una sonrisa. Los ojos grises lo miraron serio, sin responder absolutamente nada. Cosa que hizo que Harry se ponga más nervioso aún -...Que raro verte... No te he visto últimamente en otro lugar que no sea una clase -dijo mientras se recaba la nuca con nerviosismo.
-Capaz es porque me andas evitando -había un evidente dolor en sus ojos.
Harry se confundió. ¿Acaso Malfoy estaba lamentando no cruzarse con él? Definitivamente la guerra nos había sensibilizado a todos...
-Discúlpame. No supe bien cómo actuar. Tendría que haberte saludado -respondió Harry. Se sorprendió a si mismo con la amabilidad con la que habló.
-No te disculpes. No te culpo si no me quieres dirigir la palabra por el resto del año lectivo. Lo que menos quiero es causarte más problemas -Draco respondió muy sincero alejándose, se sentó nuevamente y volvió a leer su libro.
Harry se quedó anonado. Nunca habían tenido un intercambio así de pacífico y sincero con Draco. Claramente ambos no estaban para sostener una estúpida rivalidad después de todo lo que había pasado. Ambos habían cambiado mucho.
Harry estaba a punto de irse de la biblioteca sin responderle a Draco, pero decidió no ser un cobarde y se acercó a él de nuevo. Se detuvo delante de la mesa donde Draco estaba sentado.
-Ey.. -Harry llamo su atención, asustando un poco al rubio que lo miró confundido. Había interrumpido su intensa concentración en la lectura -... En mi defensa, no te estuve evitando. Realmente es la primera vez que te veo en privado -las palabras de Harry salían rápidamente de su boca, como si nos las estuviese realmente premeditando.
Draco rio por lo bajo.
-Lo sé. La verdad es que no nos estuvimos viendo porque como bien recalcaste, no frecuento casi ningún lugar que no sea éste últimamente. Excepto las aulas cuando me toca tener clase.
Hubo un silencio.
-¿Estuviste leyendo mucho desde que...?
-No hago otra cosa -interrumpió Draco -. Bueno... no logro hacer otra cosa en realidad. Ya casi me leí toda la biblioteca.
Harry notó la tristeza del rubio, era extraño verlo en una posición tan vulnerable.
-¿Puedo sentarme? -preguntó Harry mientras corría la silla. Draco lo miró muy confundido. -Mira. La verdad es que no te salude porque no me ocurrió que quisieras un saludo, ¿Sabes? Vaya... Con todo lo que pasó y esta distancia que mantuvimos... Créeme que apenas le dirijo la palabra a mis seres cercanos, casi que ni duermo, ni me alimento bien y...
-¿Quieres jugar una partida? -interrumpió Draco sacando de su bolso un tablero. Harry sonrió y respiró un poco para calmarse.
-Vale.
-Prefiero humillarte en el ajedrez antes que escuchar tus dramas, Potter -bromeó Draco. Pero era notorio que no fue una broma hiriente. Si no que estaba ayudando a Harry, dándole a entender que no hacía falta que tengan esa conversación ahora. Harry se rio genuinamente. Jugaron horas seguidas sin dirigirse la palabra. Ambos estuvieron muy cómodos.
Los chicos hicieron de este encuentro algo semanal. Es cierto que Draco lo humilló las primeras veces que jugaban. La verdad es que a Harry le costaba concentrarse, esta vez no por su estrés post traumático sino porque se perdía en la mirada penetrante de Malfoy en el tablero. Tenía que reconocer que era muy placentero dispersarse del juego con esa intensa y hermosa mirada grisácea. Pero de a poco Harry fue mejorando y sacando ventaja. Malfoy en secreto se sentía orgulloso de que Harry iba tomándole la mano al juego. Una tarde finalmente Harry lo venció, lanzo un chillido victorioso, hasta se paró e hizo una especie de bailecito para festejar. Draco lo miró sonriendo y le pareció muy tierno. Pero rápidamente se asustó de esa sensación y decidió ignorarla.
-Ya era hora, Potter. Se estaba haciendo aburrido ya -dijo burlón mientras se encogía de hombros, haciéndose el indiferente.
-Oh ¿Así que te parezco aburrido? -preguntó con una sonrisa desafiante y seductora. Pero apenas salieron esas palabras de su boca se arrepintió. No supo bien de donde salió eso.
Draco se sonrojo, miró para abajo y se rascó un poco el rincón de su nariz haciendo notar su incomodidad. Tartamudeo un poco sin poder decir nada concretamente y se rio con nerviosismo. Harry nunca sintió tanta vergüenza.
-Supongo que ya está entonces -exclamó Harry rápidamente para interrumpir el momento extraño -. Ahora que te vencí, nuestros encuentros han terminado.
-Supongo que sí... -respondió desconcertado. Harry le extendió la mano para darse un apretón. Se esperaba un saludo fuerte y rígido. Un saludo masculino de contrincante a contrincante. Draco miró su mano por unos segundos, luego subió la mirada hacia los ojos Harry. El moreno sintió un golpe en el pecho. No era una mirada normal. Nunca había visto directamente y en profundidad esos ojos grises. Esos segundos de silencio fueron indescifrables. Draco finalmente le devolvió el saludo a Harry dándole la mano. Harry sintió que el tacto recorría todo su cuerpo. La mano de Draco era cálida y suave. Sintió vergüenza ya que, a diferencia de la suya, estaba fría y transpirada por las mariposas que sentía. Mierda, había peleado cara a cara con el mismísimo de Voldemort y desde entonces que nunca se había sentido tan ansioso. Se dio cuenta que había reflexionado todo eso mientras se daban la mano y mantenían contacto visual. Perdió la noción del tiempo. Saco su mano rápidamente, y se rasco el cuello mirando sus pies. Cortando completamente el clima. Se sentía un estúpido. No sólo se sentía estúpido por lo que le generaba Draco, sino también por cortar el momento. No sabía bien qué lado de su estupidez elegir. Sin decir nada y con su mirada aún en el suelo, se marchó de la biblioteca maldiciendo internamente. Hasta que la voz de Draco lo interrumpió.
-Oí que te está yendo pésimo en las materias, Potter.
Harry se dio vuelta, aliviado.
Harry finalmente entendía cómo es que Draco era el mejor alumno de su año después de Hermione. Era jodidamente inteligente. Más de lo que se podía imaginar. Era increíble la facilidad que tenía para entender textos complejos y luego explicarlos muy sencillamente. Tenía una pasión por la historia que a Harry le resultaba adorable. Harry podía escucharlo por horas y horas hablar sobre la vida de distintos Magos y Brujas de renombre. Su voz se fue convirtiendo de a poco un lugar seguro para Harry. Pasaban muchísimo tiempo juntos. Estudiaban en el patio, en la biblioteca, en los pasillos, hasta en el comedor. Debatían sobre varios conceptos y ambos aprendían mucho uno del otro. Era uno de los vínculos más nutritivos que ambos habían tenido jamás. Se admiraban el intelecto mutuamente. Obvio que siempre se resguardaban dentro del marco del estudio. Sin admitir que quizás, tan sólo quizás, podrían querer una relación afectiva, de amistad, y no estrictamente educativa. Una mañana, cuando terminaron de repasar para un examen, Draco cerró su libro, y mientras lo guardaba le preguntó a Harry.
-¿Tienen pociones ahora, verdad?
-Así es.
-Te acompaño.
-Oh... pero si no estás en esa clase conmigo... ¿o sí? -preguntó Harry fingiendo que desconocía. Porque claramente sabía en cuales clases estaba con Draco y en cuáles no.
-No, no lo estoy. Pero te acompaño.
A Harry le gustó el gesto. Muy pocas veces compartieron momentos por fuera del estudio. Aunque fuese una simple caminata. Comenzaron a caminar juntos hacia la respectiva clase.
-Me alegro que te esté yendo mejor en tus estudios, Potter -dijo Draco sin dirigirle la mirada, pero sonriente.
-Y todo gracias ti ¿Quién lo diría, ¿verdad?
Draco rio por lo bajo y dejo de caminar. No había casi ningún estudiante alrededor, ni nadie los miraba. A esta altura ya no era sorpresa que Draco y Harry pasen tiempo juntos. Harry también se detuvo y miró al rubio.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Harry.
-Sí, claro... -Draco evidentemente estaba un poco nervioso -... Ya sé que nunca hablamos sobre este tema. Y hasta me parece mejor. Como ya te habrás dado cuenta no soy el mejor para... ya sabes... abrirme con alguien -Draco dirigió su torso hacia el de Harry, para quedar enfrentados -. Pero desde que la guerra ha terminado, sólo me sentía un poco menos deprimido cuando leía. Casi que no interactuaba con nadie. Las cosas no andan bien con mi padre y.. bueno, lo que te quería decir es gracias. Básicamente.
-Aunque te parezca raro yo tampoco me estoy pudiendo vincular con nadie últimamente -Harry desvió la mirada -. Excepto contigo, claro. Todos quieren que hable sobre lo sucedido. Cómo me siento por haber perdido a Tonks, a Lupin, a Fred, a Dobby... Pero ni yo lo sé. En cambio contigo todo es más fácil ¿sabes? No me demandas nada. Simplemente disfrutamos nuestra compañía -hubo un silencio -. Vale, por lo menos yo disfruto la tuya.
Draco no supo bien qué hacer con esa información. ¿Realmente Harry Potter, con quien la tenía jurada durante tantos años, disfrutaba su compañía?
-No sabía que te estabas sintiendo solo desde que derrotaste al Señor Oscuro -dijo mientras continuó caminado
-¿Bromeas? -Harry tomó del brazo a Draco para que se detuviera -. Malfoy, eres lo único bueno que me ha pasado desde termino la guerra -admitió.
Ya casi estaban en la puerta del aula de pociones.
-Bueno, aquí te dejo -dijo Malfoy apropósito para evitar seguir la conversación.
-Claro, cierto -Harry miro alrededor, dándose cuenta de donde estaba, como volviendo a la realidad -¿Nos estamos viendo, ¿vale?
-Nos estamos viendo, Harry.
Desde que se comenzaron a tratar por su nombre en vez de su apellido, la relación había cambiado sin lugar a duda. Harry estaba contento de que Draco había roto esa barrera porque le dio el pie para de a poco ir rompiendo algunas otras. Fue Harry quien le sugirió hacer actividades por fuera de lo académico. Paseaban por Hogsmeade y se reían a carcajadas. Ya no se ponían ansiosos uno con el otro, su relación había pasado a otra cosa, una más compañera.
Una noche estaban tomando cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas, contando anécdotas y simplemente pasando el rato. Sin darse cuenta se hacía hecho tarde y los encargados les pidieron amablemente que se vayan, ya que tenían que limpiar y cerrar el lugar. Ellos se retiraron cada uno con su cerveza. Habían perdido la cuenta de cuantas se habían tomado ya. Ambos se sentían bastante sueltos de cuerpo.
-Mierda, tendríamos que volver. Se hizo tarde.
-Relájate, Potter -dijo en tono burlón -. Mañana no hay clases. ¿Recuerdas? -lo abrazo por el hombro mientras caminaban en zigzag -. Podemos terminarnos esta última cerveza viendo el amanecer como la semana pasada.
Harry trató de no darle importancia al repentino acercamiento físico. ¿Cómo podía Draco estar bebiendo toda la noche, y aun así oler tan bien? -Si, ya lo sé. Pasa que eh quedado con los de Gryffindor en jugar un amistoso de Quidditch.
-Oh, claro. Ya veo -respondió decepcionado mientras sacaba su brazo con la mirada puesta en suelo. Harry lo miro atentamente.
-Deberías venir.
Draco soltó una carcajada forzada y sarcástica. -Sí, claro ¿cómo no? Mañana nos vemos.
-Lo digo en serio.
El rubio lo ignoro completamente. Ni se inmuto. Era increíble su capacidad de despojarse de las situaciones que no le gustaban y volverse tan frío de repente. Harry caminaba detrás de él.
-Después no te quejes que yo tengo amigos y tú no.
Draco se detuvo por unos segundos y se dio vuelta lentamente.
-¿Y yo cuando dije eso? -preguntó muy tranquilo, para sorpresa de Harry.
-No hace falta que lo digas -Harry ya estaba agitado -. Ya me has admitido que desde que terminó la guerra no interactúas con nadie. Y cada vez que hago un plan sin ti, te pones trist...
-Yo nunca te reclame nada -siguió caminando delante de él.
-No, ya lo sé -camino un poco más rápido para alcanzarlo -. Mira, sólo me preocupo por ti. Creo que si los de Gryffindor vieran el Draco que yo conozco les caerías bien -dijo tomándolo del codo desde atrás.
Draco saco rápidamente su brazo y se dio vuelta. Tenía la mirada penetrante.
-¿Qué te hace pensar que quiero caerles bien? -su voz se había elevado un poco -. La única cosa que te confíe hasta el día hoy fue esa. Y ya estas usándola en mi contra -su voz se estaba quebrando, se podía ver la decepción en sus ojos -. Si tus amigos son cualquier cosa como tú, gracias pero paso ¿sabes?
Se dio vuelta de nuevo para seguir caminando. Harry corrió detrás de él y puso su cuerpo delante para impedir que siguiera caminando.
-Disculpa que lo haya dicho se esa manera -dijo en vano ya que Draco chocó su hombro con el de Harry y siguió caminando ignorándolo completamente. Harry respiró hondo para llenarse de paciencia -. Porfavor. No te vayas -volvió a interponerse en su camino, tomando a Draco por los hombros. -No hagas esto. Finalmente te conozco y no quier...
Draco empujo a Harry en el pecho bastante fuerte para liberarse de su agarre, pero no para que se llegue a caer. Lo tomo del cuello de su camiseta y acercó su rostro. Al ser más alto hizo que los pies de Harry se separen de la superficie. Vaya que el rubio podía ser intimidante.
-Tú no me conoces. Nadie me conoce -lo arrojó al suelo bruscamente y se fue sin mirar atrás.
Unos días más tarde, Draco estaba en biblioteca leyendo un libro sobre animales fantásticos cuando sintió unos pasos acercándose a él. No se fijó quien era, pues no le importaba en lo absoluto. Una mano tocó su hombro delicadamente. Él se estremeció ante el tacto. Sin darse vuelta supo exactamente de quien se trataba. Cerró los ojos y respiró hondo. Sin apartar la mirada del libro preguntó inexpresivamente.
-¿Sí?
-¿Ni siquiera me vas mirar para hablarme?
Draco cerró su libro fastidiado, miró para atrás atrapando los ojos verdes de Harry. Pero no habló. Harry desvió esa mirada intimidante, y dirigió sus ojos al asiento del lado de Malfoy.
-¿Puedo? -apuntó la silla.
Pero Draco seguía sin inmutarse. El moreno prosiguió a sentarse igual, con su torso mirando a su compañero. Draco se cruzó de brazos.
-Escucha. Debes saber que soy muy impulsivo -Harry esperó una respuesta en vano, así que continuó hablando -. La verdadera razón que quería que conozcas a mis amigos es porque quiero presentártelos. Ya que... eres importante para mí.
-Pensé que querías ayudarme a no ser un fracasado antisocial -interrumpió frunciendo el ceño. Draco era un hueso duro de roer.
-Vale si, que también te quiero ayudar... -Harry pensó un segundo -. Pero aguarda, estás poniendo palabras en mi boca. Quiero que conozcas gente simplemente porque me comentaste que sufrías no vincularte con nadie. No porque pienso que eres un fracasado.
Pero Draco seguía sin responder. Aunque se descruzo de brazos y miro a Harry de una manera más suave. Como si realmente lo estuviese escuchando. Era increíble como Malfoy lograba transmitir tanto con su silencio. Al moreno eso lo dejaba anonado y también le aterraba lo atractivo que le parecía. Una vez que logró captar su atención, tomó coraje y dijo sin soltarle la mirada.
-Mis amigos creen que algo pasa entre nosotros.
-Perdona que te tiré al suelo -Draco desvió la mirada cambiando el tema -. Estoy trabajando conmigo mismo para no hacer más esas cosas ¿Sabes?
-Si, obvio que lo sé.
-Pero esa noche lo ameritaba -dijo mientras largó una pequeña risa.
-No te voy a decir que no -respondió Harry riendo aún más fuerte.
Draco se sentó un poco más cómodo. Estaba más relajado. Se apoyó con el codo en la mesa y la cabeza en su mano, mientras miraba a Harry. Ambos extrañaban verse de cerca. Escuchar sus risas.
-Mierda, no soy bueno con estas conversaciones.
-Sí, también lo sé.
-Pero solo te quiero decir, si es que vamos a hacer las pases... que nunca esperé que usarías algo que te comenté en intimidad para herirme. Pensé que no tenía que preocuparme por esas cosas contigo.
-No debes, lo juro -Harry apoyó su mano en la pierna de Draco. Pero en vez de sentir ese cosquilleo que sintieron la primera vez que se tocaron, ambos tuvieron una sensación más cálida. Como si al tocarse estuviesen en su hogar. Un punto de encuentro de protección -. Yo sé que te fallé -continuaron mirándose -. Pero porfavor, si me das otra oportunidad, prometo no solo ser tu confidente con cualquier cosa que me compartas, si no tratar de ser lo más comprensible posible. Aunque suene cursi, Draco, tienes que creerme. No quiero que dejes de abrirte conmigo.
Draco miro los labios de Harry. Algo estaba escalando, se sentía en el ambiente.
-Está bien -dijo Draco alejándose un poco -. Sólo porque me dan lastimas tus disculpas -esbozo una leve sonrisa y fingió su típico desinterés. Ahí estaba, finalmente ahí estaba el Draco por el que Harry se estaba enamorando de a poco. Sintió un alivio inexplicable.
-Bueno, ¿Amigos de vuelta? -preguntó Harry extendiendo su mano.
Draco miro la mano sonriendo y negó con la cabeza. Harry bajo su mano lentamente, confundido. Antes que se pudiera dar cuenta Draco tomó su mejilla y le deposito un tierno beso en la otra para volver a mirarlo cara a cara. Harry nunca sintió tanta adrenalina en su vida y abrió sus ojos bien grandes.
-¿Asustado, Potter?
Llegó el receso navideño y aunque los chicos continuaron con su relación, no había vuelto a pasar nada romántico. Aunque Harry a veces anhelaba besarlo, tampoco era algo que le quitara el sueño. Él simplemente disfrutaba de su compañía y estaba agradecido de volver a ganársela. De a poco Draco le fue contando a Harry como era su relación con su familia, lo mucho que había cambiado gracias a la guerra. Draco no lograba comprender como sus padres seguían sosteniendo su ideología discriminatoria hacia los nacidos de muggles, después de todo lo que tuvieron que pasar por mantener férreamente la misma. Hasta llegó a contarle serias situaciones abusivas tanto verbales como físicas que vivió con su padre. Harry también se abrió sobre sus años viviendo con los Dursley, la pesadilla que era esa casa. De a poco se iban conociendo a otro nivel, y dándose cuenta que a pesar del status económico, no habían vivido una crianza tan distinta. También llegaron a conversar sobre sus intereses amorosos. Harry habló sobre Cho y Draco sobre Pansy. También se sintieron identificados mutuamente. Porque aunque algo les pasaba con sus respectivas chicas, nunca pudieron concretar nada serio realmente. Ambos no tenían tal deseo.
Eran increíblemente conversadores, no se cansaban de compartir. Pero nunca tocaron la noche en la torre de astronomía. Ni la de la Mansión Malfoy. Ni la del cuarto de los menesteres. Ni el duelo en el baño. Simplemente no había llegado el momento.
Esa navidad, a pesar de que su familia trató de impedirlo, Draco invitó a Harry a pasar las fiestas en su casa. El rubio realmente no podía importarle menos la opinión de su familia. No se quería despegar de la única persona que lo hizo sentir genuinamente feliz en toda su vida. A Harry tampoco le encantó la idea de pasar navidad (una fecha que se supone que se festeja en familia) con ex mortífagos. Pero la idea de pasar tiempo a solas con Draco superaba su rencor por las personas que buscaron exhaustivamente su muerte durante tanto tiempo. Claro que a veces estaba a solas con Draco, tanto en la escuela como fuera de Hogwarts, pero obviamente eran lugares públicos. El moreno nunca estuvo en el dormitorio de rubio ni viceversa, ya que uno era Gryffindor y el otro Slytherin. No podían visitar ni siquiera sus salas comunes. Harry se entusiasmaba con la idea de pasar tiempo en otro nivel de intimidad con su compañero. Lamentó no ir a la madriguera, pues iba a extrañar a horrores a su familia casi adoptiva. Pero lo cierto es que ya había ido muchas veces, y quería probar algo nuevo. Ningún Weasley le cuestionó su decisión, ya que amaban mucho a Harry y sabían por todo lo que había pasado. Querían que finalmente encuentre alguien con quien ser feliz. Sea quien fuere. Harry estaba orgulloso de que nadie en su entorno lo haya juzgado. Sabía que había elegido bien sus amistades.
Cuando llegaron a la Mansión, Harry realmente no podía creer lo que veían sus ojos. Él sabía lo prestigiosa que era la familia, pero al conocer la casa lo entendió por completo. Draco le mostró las habitaciones una por una, a Harry le resultó muy tierno como Draco le explicaba todos los detalles minuciosamente, todos los artefactos y decoraciones antiguas que guardaba su familia tras generaciones. Sinceramente a Harry no le importaba nada de la historia ni las pertenencias de los Malfoy. Pero disfrutaba escucharlo a Draco.
Entraron a una habitación donde había una piscina bajo techo, con un enorme espejo. Todo era tan exageradamente frío y lujoso que Harry se sintió asqueado.
-¿Quieres bañarte? -se sorprendió con la repentina pregunta. Draco desajustó su corbata y se fue desabotonando la camisa. Ambas prendas eran color negro. De pronto el asco de Harry pasó a ser un erizo que recorrió su cuerpo. Vaya que le gustó la sorpresa.
-Claro -fingió que no se estaba muriendo por dentro y le dio la espalda al rubio para proseguir a sacarse la ropa también -¿Tienes un traje de baño para prestarme?
Se volvió a dar vuelta para encontrarse a Draco en ropa interior con sus pies metidos en el agua. Tragó con fuerza y se acercó a sentarse al lado suyo e imitarlo. No podía entender como el rubio estaba tan tranquilo. Draco recostó su cuerpo largo y flaco en el borde de la piscina con los pies aún en el agua.
-Cielos. Estoy muy cansado por el viaje ¿sabes?
-Si, yo igual -Harry respondió aún sentado, clavado la mirada en el torso de Draco admirando su pálida piel. Vio todos sus cortes. Eran mucho más profundos de lo que se imaginaba. Sintió una culpa horrible, y sin premeditarlo, acarició suavemente las heridas. Draco se sorprendió un poco, no se esperaba eso. Tampoco se había percatado que sus heridas estaban al descubierto. Bastante significativo para él, ya que era mostrarse con bastante vulnerabilidad.
-A veces me siguen doliendo.
Harry saco su mano rápidamente dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Miro esos ojos grises. Quiso disculparse por el maleficio innecesario que lo dejo sangrando en el baño. Pero no le salían las palabras. Draco notó que el moreno ese puso muy triste de repente. Por lo que se incorporó suavemente para sentarse de nuevo a su lado.
-¿Te encuentras bien?
Harry no respondió verbalmente. Dejo que su cuerpo hablará y beso a Draco. Nunca beso a nadie de esa manera. En un beso que duró unos largos minutos, trataron de decirse todo lo que quedaba por ser dicho. De agradecer por salvarse la vida mutuamente. Mientras Harry agarraba el rostro de Draco con las manos y el rubio acercaba sus cuerpos tomándolo por las caderas, se agradecían por haber estado uno para el otro en sus momentos de más agonizante soledad. Estaban en un trance y el clima escalaba. Claramente comenzaba algo nuevo para ellos.
