La ventisca entró a la casa apenas él abrió la puerta dejando el piso manchado por la nueve. Goku llegaba con un bulto de leños y una canasta llena de mandarinas. Él tenía una sonrisa enorme a pesar de entrar con la nariz y las orejas rojas quejándose del frío que hacía fuera. Cerró la puerta con el pie y luego, dejó las cosas en el suelo.
—Te dije que tenías que abrigarte más —lo regañó Chichi yendo hacia con una toalla para secarle el cabello y la cara: estaba helado y cada vez, nevaba más y él no había querido esperar a que cesara un poco y se había mandado fuera sin importar qué— ve y siéntate junto al fuego. Prepararé un té caliente para ti —sonrió con cierto encantó mientras él se acostumbraba a la calidad temperatura del interior. La chimenea estaba encendida y se mantenía ardiendo gracias a él. De no haber cortado aquella cantidad brutal de madera, habrían tenido problemas para soportar el frío.
Chichi se quedó viéndolo cuando se quitó el abrigo húmedo y se envolvió en la manta que estaba frente a la chimenea, le dio una ternura que encogió su corazón al verlo. Puso agua a calentar y en cuanto hirvió, le llevó el té. Chichi se inclinó para entregárselo y Goku la tomó la muñeca, quitando la taza de su mano y haciendo que ella se agachara a su altura, quedando frente con frente.
—Tienes fiebre —le dijo él apenas sentir su temperatura.
Chichi quedó muda ante ello. Goku era bastante despistado y solían pasársele muchas cosas por alto. Demasiadas a su gusto, pero apenas empezaban la convivencia. Apenas llevaban viviendo tres meses juntos y ella confiaba que con el tiempo, iba a espabilar y con su ayuda, algunas cosas que no eran tan obvias para él, podrían ser importantes, pero necesitaba tiempo, de eso estaba convencida ella y por eso mismo, solía ser bastante paciente para tolerar esa ignorancia tan inocente de su esposo.
—Goku —pronunció su nombre, pero el saiyajin la detuvo de continuar diciendo algo. Se puso de pie y pasó su mano por la parte posterior de sus rodillas y la otra por su espalda, levantándola del suelo y llevándola hacia la habitación. Chichi se sonrojó, no podía con esas actitudes tan impredecibles de Goku— estoy bien. Puedo caminar.
—Debes descansar. Cuando mi abuelito se enfermaba, pasaba el día en cama. Yo le hacia una sopa de gachas y se ponía mejor después de dormir —le contó con una sonrisa mientras caminaba hacia la habitación. La dejó en la cama y luego de ayudarla a quitarse los zapatos, la cubrió con las mantas.
—¿Y tú sabes hacer algo como eso? —preguntó Chichi aún más perpleja que antes. Goku era un excelente peleador, pero no lo veía en la cocina, salvo por los asados. Le resultaba increíble, pero ¿debía confiar? Goku no sólo se estaba ofreciendo a hacerlo con la mejor voluntad del mundo, aseguraba que se iba a sentir mejor después de eso y ella no hacía clic todavía.
—Hace mucho que no lo preparo, pero todavía recuerdo cómo hacerlo —le dijo feliz.
Él salió de la habitación después de asegurarse de que su esposa no se iba a levantar de la cama y fue a la cocina. Ella estaba muerta de la curiosidad, por alguna razón, no podía compaginar la imagen de su esposo con un buen cocinero o amo de casa. Goku era un excelente peleador, muy diligente y servicial, pero le costaba estar segura de ello.
Se acostó en la cama y se quedó dormida apenas apoyó la cabeza en la almohada. Estaba cansada y tenía mucho calor a causa de la fiebre, pero Chichi era terca para ceder a una simple gripe. Además, pensaba en todo lo que tenía que hacer. Todavía no había preparado la cena ni limpiado la casa y ella, como buena esposa, debía hacerlo. Sobre todo, le gustaba hacerlo. Chichi era una mujer de armas de tomar y llevar el control de su casa le gustaba pues, todo se hacía tal y como ella quería y no tenía que sufrir porque alguien más lo hiciera de forma diferente o que no le gustará, incluso, con resultados similares. Pero ni su fortaleza y tenacidad pudo ante la comodidad de la cama ¡Le estaba haciendo falta! Más, ella no era de descansar demasiado. Desde pequeña fue igual, hasta que no había estado al límite y realmente mal, Chichi seguía en pie haciendo sus cosas. Su padre siempre la regalaba por eso, pero ni con su insistencia y el paso del tiempo logró cambiar eso en su hija.
Al volver Goku a la habitación, la encontró dormida. Dudó de si despertarla o dejarla dormir un poco más porque ya tenía la sopa hecha y debía tomarse caliente para que hiciera efecto.
—Chichi —le habló suave sosteniendo el tazón de comida y se sentó a su lado en la cama esperando que ella despertara. Acercó el tazón de comida para que el olorcito de éste pudiera hacerla abrir los ojos, pero Goku no tuvo éxito. Aunque lo tentaba a él. Aquel delicioso aroma llegaba a su nariz y lo invitaba a "pecar".
Volteó a ver alrededor. Ella seguía dormida, no había nadie en la casa y el tazón le hacia ojitos con mucho amor. Él no había comido nada desde que salió temprano. Y apenas llegar, se había encontrado a su esposa enferma, así que tenía todas las cartas a su favor para darle una probada. Y lo hizo. Una cucharada no haría daño a nadie. El problema es que era Goku y él no comía sólo una cucharada de comida. No, él necesitaba varios tazones para estar satisfecho.
Ella se movió en la cama y se frotó los ojos. Se incorporó rápido en la cama y sostuvo su cabeza. Se había mareado por el rápido movimiento mientras que Goku se ahogaba con la comida por pensar en que se había devorado todo lo que había llevado para Chichi.
—Me quedé dormida —dijo ella en voz baja apoyando su espalda sobre la almohada y vio a Goku golpeándose el pecho antes de responderle nada.
—Lo siento. Lo comí todo —se disculpó rascándose la cabeza y riéndose de manera infantil. Ella sonrió, era Goku e iba a ser raro esperar otra cosa— traeré más para ti.
Se levantó y fue diligente hacia la cocina a servir otra ración y esta vez, sí iba a llegar a su esposa. Ella volvió a cerrar los ojos, pero se mantuvo sentada en su cama. No quería volver a quedarse dormida y desairar a su esposo de nuevo cuando lo hacía de tan buena fe. Chichi no se había imaginado algo como eso cuando se casaron, aunque quería una familia normal. Su sueño era ese: una gran y amorosa familia que pudiera mimar y cuidar. Un hogar lleno de risas y ruidos, una casa llena de amor. Y al ver entrar a Goku por la puerta con el tazón de gachas, sonrió sabiendo que poco a poco lo estaba consiguiendo. Él hacía revolotear su corazón de una manera que nunca había sentido y quería conservar ese sentimiento y alimentarlo para que creciera aun más con el pasar de los años.
En la mañana despertó sintiéndose con malestar. Chichi se levantó de la cama y fue directo al baño. Lo único que había comido en el día anterior terminó yéndose por el excusado. Goku la sintió y fue a verla convencido de que iba a estar mejor, pero al ver a su esposa confirmó todo lo contrario.
—Llamaré a mi padre para ir al médico —le dijo ella soltándose el cabello y peinándolo. Lo recogió rápido en un rodete que ató con una cinta sin fijarse si combinaba con su ropa, algo que no habría hecho de estar mejor. Él sólo la observó. Le parecía raro que ella aún se sintiera mal pues, había hecho la receta tal y como su abuelo se la había enseñado, pero no tuvo efecto en ella.
—Seguro es porque eres mujer —dijo en voz alta Goku pensando en el por qué había fallado. Ella casi cae de la sorpresa por semejante respuesta ¿Por qué era mujer?— Mi abuelito era hombre, así que funcionaban las gachas. Seguro que debe haber otra receta que funcione con las mujeres.
Chichi no sabía cómo explicarle y la lógica de Goku era bastante sencilla: hombres y mujeres son diferentes, así que necesitan remedios diferentes. No quiso romper su línea de pensamiento, así que lo dejó. Tampoco estaba con ánimos de pensar en algo o de discutir por la sopa.
Ella se sentó en la cama buscando un bolso y su abrigo. Iba a buscar el teléfono cuando Goku la envolvió en el abrigo y buscó otro más grueso para ponérselo encima.
—Yo te llevaré en mi nube voladora —afirmó con una sonrisa—, pero hace frío, así que quédate con ambos.
Él buscó el suyo y se lo colocó. Salió y llamó a su nube y cuando llegó, invitó a su esposa a que subiera con él. Ella ya había hecho viajes largos con Goku en la nube, aunque le resultaba algo raro ahora. Apenas subió, sintió vértigo, así que se aferró al pecho de Goku.
—¿Prefieres ir delante de mí? —preguntó al verla reaccionar sólo pudiendo pensar en eso. Chichi solía recostarse en su espalda. Al principio, eso le había parecido extraño, pero con los sucesivos viajes, se había acostumbrado y hasta encontraba reconfortante sentir su calor y su peso en su espalda. Pero al estar mal de salud, no le importó y dejó que esa nueva experiencia llegara.
Desde que se casaron y comenzaron a vivir juntos, su vida estaba llena de nuevas experiencias. Goku amaba las peleas y siempre disfrutaba cuando un nuevo enemigo aparecía, un contrincante más fuerte, lo emocionaba. Nunca pensó que iba a haber cosas cotidianas que pudieran darle satisfacción además de una buena comida. Pero aquella mujer era capaz de hacerlo posible. Era tan elemental que le resultaba extraño y ni siquiera, viajando con Bulma se había sentido así. Por eso seguía resultándole extraño, pero reconfortante que su vida pudiera tomar un rumbo como ese.
Esperaron en el consultorio a que los atendieran. Pasaron como a los quince minutos de llegar y ambos entraron al consultorio. Ella quería estar con alguien familiar en ese momento, así que se negó a estar sola.
El médico la revisó y le hizo varios estudios. La mandó a casa a que descansara hasta el día siguiente cuando estarían los resultados. Con suerte, sólo era una gripe que se le había complicado y nada más.
De los dos, él era el más ansioso. No entendía por qué un examen debía demorar todo un día cuando el paciente estaba enfermo en ese momento y debían solucionarlo lo más rápido posible. Él era bastante saludable, así que nunca había pasado por algo así, mucho menos de necesitar médicos que lo diagnosticaran. Chichi intentó explicarle cómo funcionaban las cosas y que en cuanto fueran, lo sabrían.
Volvieron a viajar en la nube voladora. Chichi se sintió igual que el día anterior cuando subieron y viajar de la misma manera. Goku la abrazaba por la cintura, a pesar del grueso abrigo que llevaba y eso le daba cierta calma mientras iban en su nube. El viento frío la ayudó con el calor que le daba la fiebre hasta que llegaron al consultorio.
Pasaron primero al no haber nadie más esperando. Chichi se quitó el abrigo y se sentó. La calefacción la estaba matando en el interior.
El médico agarró el sobre con sus estudios y confirmó lo que recordaba de su paciente. Le sonrió a la pareja y ambos se miraron confundidos por ello.
—Felicidades —le dijo entregándole el sobre.
—¿Felicidades? —Lo interrumpió Chichi antes de que pudiera decir nada más— ¿a qué se refiere? Me siento terrible.
—Está embarazada —le confirmó el diagnostico él y a Chichi se le cayó el sobre y los papeles que había en su interior, se desparramaron por el suelo.
—¿Embarazada? ¿Y eso se cura? —preguntó Goku con total inocencia mirando confundido al doctor.
—En ocho meses estará bien.
Chichi atinó a tomar la mano de Goku y apretarla. Su rostro era una mezcla de felicidad e incredulidad. Todavía no entendía cómo una buena noticia pudiera llegar con tan malos síntomas. Pero llegaba así. Sonrió y miró a su esposo con el brillo de sus ojos iluminando su rostro, eran dos estrellas con luz propia.
—Vamos a ser padres —le dijo.
El médico le recetó algunos suplementos para que su malestar se viera mucho más llevadero y le aseguró que en unas semanas, iban a desaparecer por completo. Era normal en el primer trimestre tener síntomas como los de ella.
Salieron del consultorio con emociones encontradas. Ella estaba derrochando emoción por los poros y Goku intentaba asimilar cómo es que iban a ser padres sólo con un resultado médico.
Una nueva nevada había cubierto la casa una vez más. Goku sacó la nieve de la entrada y de las ventanas apenas dejó de nevar. Juntó leña y volvió a la casa y al entrar, sintió un delicioso olor a comida casera. Miró a su izquierda y se encontró a su esposa de pie y cocinando feliz, como si nada le hubiese pasado. Goku se sintió más tranquilo.
—¡Extrañaba tu comida! —exclamó con emoción en cuanto ella sirvió los platos a la mesa y él probó con añoranza el arroz— pero, ¿ya puedes hacer todo esto sin sentirme mal? —preguntó con la boca llena.
Ella sirvió té y asintió con la cabeza.
—Me he sentido mejor desde que tomo los suplementos —confesó y probó la comida. Ella también extrañaba su comida. Goku podía ser muy bueno y tener las mejores intenciones, pero cocinaba muy desabrido.
—Aún no puedo creer que ahí esté creciendo un bebé —dijo mirando su vientre.
—Pero lo está. Mi barriga crecerá y será mucho más notorio.
Y mientras ella le explicaba eso, Goku se puso de pie y se acercó a ella, se puso de cuclillas y pegó su oreja al vientre de chichi. Ella se sonrojó de la sorpresa que tenía al ver a Goku así, esperando escuchar algo para confirmar que su hijo estaba ahí.
—Todavía es muy pequeño.
—Crece pronto así podamos conocerte —le dijo con una brillante sonrisa separándose de su vientre y volviendo a comer como el salvaje saiyajin que era, agradeciéndole la deliciosa comida a su esposa.
Ella también agradeció. Iba a ser madre y confiaba en que Goku iba a ser un gran padre. Y así, la familia que ella quería se formaría y tendrían mucha más felicidad que compartir en aquella casa en las montañas.
¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? De madrugada, pero con fic nuevo. Y este es para el Fictober de este año. En esta ocasión, elegí el promt "¿Por qué no te consientes? Escribe un drabble de tu OTP más antigua". La verdad, es que tengo un conflicto en mi memoria. Por ese entonces, mi OTP era ShureixShiryu y ChichixGoku, que fueron las primeras que tuve que me fascinaban. Elegí a Goku y Chichi porque hace mucho me vi Saint Seiya y debía verlo de nuevo para escribir algo bien IC. Así que opté por esta. Quizá a futuro logre hacer algo de ellos dos, por ahora, espero que disfruten esto.
¡Un abrazo!
