Voy a llegar tarde a mi propio funeral
Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes
Capítulo 2
Llámalo como quieras
—Mi nombre es Fujimoto Daisuke, pero pueden llamarme…
Ai…
Ai.
—¡Ai! —exclamó Yusaku, levantándose de la silla hasta dejarla caer al suelo, mirando con sorpresa al muchacho a lo lejos, quien le devolvió la mirada manteniendo un semblante que denotaba confusión.
Toda la clase se había quedado callada y estaba observando a Yusaku.
Las manos de Yusaku temblaban, presionaban el mueble lustrado con tanta fuerza que sus dedos se tornaron blancos como el papel de su cuaderno. Una gota fría de sudor recorrió su espalda.
No.
No podía ser…
Ai no podía ser un humano.
Pero ¿por qué querría…?
La risita del llamado Daisuke interrumpió sus cavilaciones. —En realidad, dije que podían llamarme 'Dai', pero 'Ai' suena mucho más bonito—respondió el muchacho. Llevó un dedo a su mentón y miró al techo pensativo—Si me llamara 'Daisuki' en vez de 'Daisuke' quizás el apodo quedaría mejor.
—Fujiki, siéntate y deja de dormir en mi clase—dijo el profesor interrumpiendo la conversación con una mirada fulminante hacia el alumno que todavía procesaba su equivocación.
Yusaku no asintió, no dijo nada más e ignoró la cantidad de susurros que se acumularon después del escándalo que había armado. Juraba haber oído 'Ai' en vez de 'Dai', aunque había un alto porcentaje de probabilidad para confundirse, teniendo en cuenta que estaba al borde de quedarse dormido y su mente estaba demasiado estimulada con las conversaciones que había tenido con Aoi y Takeru.
No había segundo que no dejara de pensar en Ai, preguntándose dónde estaba y qué estaba haciendo.
Las clases siguieron ni bien acabó la presentación del nuevo chico y este consiguió sentarse en un lugar no tan lejano a Yusaku, pero cercano a varias muchachas y específicamente a la ventana, donde miraba casi todo el rato cuando el profesor comenzaba las lecciones. El ojiesmeralda tampoco apartaba su mirada hacia ese costado para encontrarse con el chico nuevo.
Cuando este pasó cerca de su hombro pudo sentir un leve estremecimiento, un sentimiento que podía denominarse como algo conocido, pero no lograba descifrarlo.
Quizás no durmió lo suficiente y ya estaba pensando locuras.
La hora pasó, Yusaku logró olvidarse del tal Fujimoto tratando de retomar su siesta merecida que el profesor y aquel muchacho habían interrumpido. Su rostro estaba hundido entre sus brazos que descansaban sobre su pupitre, sus ojos se cerraban aliviados y se sumían en la oscuridad.
—¡Oye, Fujiki-kun! ¿Qué rayos fue eso?
Reconoció la mano pesada y la voz que entraba a su oído a interrumpirle su intento de descanso, vagamente levantó el rostro con los ojos entrecerrados.
—¿Qué cosa? —preguntó haciéndose el tonto, con una voz que denotaba su agotamiento.
—¿Creíste que sería gracioso? Sí, su apodo es ridículo, pero...
Yusaku interrumpió las palabras de Shima, levantándose de su asiento y retirándose del salón al no poder descansar no tanto por culpa de Shima, sino por el verdadero escandalo que hacían las chicas al aprovechar la hora del almuerzo para llevarle los apuntes a Fujimoto y sacarle datos realmente irrelevantes como su comida favorita, si estaba soltero y demás.
—¡Oye! ¡Fujiki! ¡No me ignores!
El ojiesmeralda escuchó a Shima gritarle a lo lejos mientras seguían caminando, esperando que este no lo estuviera siguiendo.
En definitiva, alguien lo estaba siguiendo, pero no era específicamente Shima sino otro muchacho que se había animado a hablarle a pesar de su apariencia de lobo solitario.
—Tú…
Al escuchar esto y sentir una mano sobre su hombro, Yusaku se volteó con cierta cautela, encontrándose con esos ojos dorados que resultaban tan penetrantes de cerca como de lejos. Llevaba una sonrisa de oreja a oreja.
—Fujiki, ¿verdad?
Yusaku se encogió de hombros. —Sí—dijo al mirarlo de pies a cabeza—Fujiki. Fujiki Yusaku—añadió.
—Supongo que estabas distraído cuando me presenté, pero me presentaré de nuevo—Fujimoto comenzó a decir llevando una torpe sonrisa mientras se rascaba la nuca.
Yusaku le dio la espalda, sacudiendo ligeramente su cabeza. —No es necesario, ya sé cómo te llamas, Fujimoto Daisuke.
—Shima-kun me dijo que eras un chico frío—comentó el de ojos dorados con una carcajada.
—Ya veo—Yusaku contestó sin más, siguiendo su camino.
—Me gusta—el chico nuevo dijo de pronto, deteniendo los pasos del ojiesmeralda.
—¿Te gusta?
Se volteó confundido ante sus palabras viendo una suave sonrisa sobre su semblante. —Ese apodo. Ai. Dejaré que me llames de esa forma.
—Como sea, Daisuke— Yusaku hizo énfasis en ese nombre, dando a entender que no llamaría de ninguna otra forma al chico nuevo.
Ese muchacho no sabía lo que ese nombre significaba, lo que él llamaba un simple apodo. No iba a llamar a nadie más así, porque ese nombre le pertenecía a un solo sujeto.
Para ser honestos, Yusaku estaba esperando impacientemente que Daisuke dejara de insistir en hablarle porque, por alguna razón, desde que ese muchacho se acercó, el ojiesmeralda comenzó a sentirse demasiado inquieto. Como si su corazón palpitara con tanta fuerza que podría escaparse de su pecho.
Era la misma sensación que tenía cuando su Link Sense empezaba a actuar.
Yusaku sacudió su cabeza, continuando su camino al no recibir más palabras de parte del ojidorado.
Caminaba por los pasillos buscando un lugar apartado, frente a él podía ver a Blue Maiden, o, mejor dicho, a Zaizen Aoi acercándose a su dirección.
Viendo que a su lado estaba la puerta de 'Club de duelos' podía deducir que la castaña estaba por acceder a ese sitio. A Yusaku no le importaba demasiado ese detalle sino el rostro que llevaba la muchacha.
Se notaba decaída.
Ambos detuvieron sus pasos frente a la puerta del salón, mirándose fijamente. —Buenos días, Fujiki-kun—la chica saludó con una voz frágil.
—Buenos días—contestó confundido y preocupado a la vez—¿Sucede algo?
Aoi parpadeó sorprendida, como si fuese raro que le preguntara algo así. —¿Qué no viste las noticias?
Yusaku se encogió de hombros.
Aoi suspiró. —Robaron el banco central, lo vaciaron completamente, sin dejar ningún tipo de rastro. La prensa no sospecha de las personas sino de las inteligencias artificiales, más específicamente de los SOLtis que la compañía de mi hermano estuvo produciendo. Ellos no dejan de perseguir y pegarse a mi hermano como moscas volando alrededor del excre...
—¡Buenos días, Zaizen! —Shima interrumpió la conversación con su excentricidad, acompañado de nadie más y nadie menos que Daisuke. —Te presento a mi aprendiz, Fujimoto Daisuke—dijo con arrogancia.
—¡Senpai! ¡Nunca me dijiste que habría una chica tan linda en el Club de Duelos! Ahora no dudaré en entrar—Daisuke pronunció con una exagerada emoción, manteniendo un tono seductor al final, tomando la mano de Aoi y rozando sus nudillos con sus labios.
Yusaku arqueó una ceja.
Aoi apartó rápidamente la mano. —Uh, sí. ¿Bienvenido?
—Perdón es que me entusiasmo cuando veo chicas tan hermosas—Daisuke soltó una torpe risita, luego desvió su mirada hacia Yusaku—¡Yusaku-chan! ¿Tú también estás en el club?
¡Yusaku-chan!
Yusaku-chan…
De pronto, es como si la voz de Daisuke se transformara en la de Ai, refiriéndose a él de esa forma, con tanta confianza, llevando una actitud impertinente.
Yusaku sintió que todo su interior se estremecía. Tragó pesado. —N-No, yo …
De nuevo esos latidos lo estaban molestando. ¿Qué estaba pasando?
Sea como sea, tenía que salir de ahí.
—¡Por supuesto! Fujiki-kun también es un novato como tú que posiblemente quiere imitar a Playmaker, pero nadie puede hacerlo, ni siquiera yo que soy su mejor amigo—Shima regresaba a hablar como un presumido, menospreciando al resto de los aspirantes a duelistas.
Aoi miró de reojo a Yusaku con diversión, pero esta se esfumó cuando lo notó un poco pálido.
Yusaku había ignorado todas las estupideces que su compañero de clases andaba diciendo, y continuaba cavilando sobre la variedad de sensaciones que se acumulaban en su pecho. —T-Tengo que irme—dijo mientras rápidamente pasaba rozando su hombro contra el de Daisuke, empujándolo suavemente y escapando de las personas que antes lo rodeaban.
No pudo olvidar la corriente eléctrica que le atravesó cuando rozó aquel hombro.
…o tal vez fue su imaginación.
~•~
—Tal vez fue tu imaginación, Yusaku—Kusanagi le dijo despreocupado, tratando de calmar a su amigo que apareció agitado en el Café Nagi después de sus clases—Aunque no lo quieras admitir, sigues demasiado angustiado por todo lo sucedido con los Ignis, ni siquiera sabemos donde se encuentra Ai y qué estará haciendo con la culpa que podría estar sintiendo.
—Kusanagi-san, no es coincidencia, este chico rico sobornando al director para permitirle una vacante en esta escuela…
—Posiblemente su familia se haya mudado a esta ciudad por trabajo, y necesitaba a como de lugar estar en ese colegio. Tú sabes, cosas de empresarios, ¿quizás?
—¿El mismo día que vaciaron completamente el banco central? No quiero darle la razón a la prensa, pero…
—Le darás la razón a la prensa, ¿crees que los SOLtis tienen algo que ver con esto?
Yusaku se llevó su mano al mentón. —No, pienso que Ai tiene algo que ver con todo lo que estuvo ocurriendo entre ayer y hoy. Quizás Fujimoto Daisuke no sea la persona que dice ser, quizás sea un SOLtis.
Kusanagi suspiró, acomodándose en la silla. —Yusaku, estás demasiado paranoico. ¿Por qué Ai robaría un banco? ¿Por qué se haría pasar por otra persona? Además, si ese tal Fujimoto fuera un robot llevaría marcas que lo delataran. Los SOLtis llevan una marca bastante notoria en el centro de su cuello. ¿Te fijaste en eso?
Yusaku se mantuvo en silencio por unos segundos, pensativo.
Trataba de recordar la figura de Daisuke, la manera en que llevaba el uniforme y su corbata.
Su corbata cubría la mitad de su cuello, parecía llevar algo más que terminara de cubrirlo, sólo podía verse un poco de su nuez, pero es como si no quisiera exponer más partes que fueran desde su mentón hacia abajo.
—Lo averiguaré.
El mayor mantuvo una expresión seria, dedicándose a mirar fijamente al muchacho que se notaba seriamente preocupado. —Extrañas a Ai, ¿cierto?
Yusaku se sobresaltó, sin darse cuenta de que tenía la mirada agachada, la levantó para ver a Kusanagi. —No puedo permitirme extrañarlo, nosotros sabíamos que en cuanto la batalla terminara, tomaríamos caminos diferentes. Sin embargo, si tengo razón y Ai está involucrado en sea cual sea esta locura, es mi deber como su compañero detenerlo.
Kusanagi suspiró, dirigiendo su atención a sus computadoras y comenzando a teclear. Yusaku frunció el ceño, confundido. —¿Qué haces?
—Tú nunca fallaste con tus teorías, y si bien pienso que tal vez estés exagerando un poco, no podemos saber si es verdad o mentira si no lo averiguamos. Veré si puedo meterme en el historial de datos de Fujimoto Daisuke.
—No es necesario que te involucres.
—Lo es, porque deseo con todo mi corazón que te estés equivocando.
Las palabras de Kusanagi tuvieron un peso en el pecho de Yusaku, dejando el interior del Café Nagi en un silencio sepulcral. Yusaku se dio la vuelta para salir, y antes de desaparecer, susurró: —Yo también.
~•~
Al día siguiente, durante las clases ni siquiera Shima se había acercado a Yusaku, pues estaba demasiado ocupado fingiendo ser el superior, hermano mayor, sabelotodo de Daisuke, quien continuaba escuchándolo como si fuera un dios al cual acudir siempre que tuviera una duda existencial, cuando no estaba coqueteando con las chicas que prácticamente baboseaban por oírlo o ser vistas por esos ojos dorados tan brillantes.
Justo era el día en que Yusaku más necesitaba acercarse a Daisuke, para comprobar su teoría. Necesitaba acercarse al cuello de ese muchacho, ver si llevaba alguna marca en el rostro, en las manos; en cualquier parte del cuerpo, pero era imposible cuando todo estaba cubierto.
Cuando parecía que sus oportunidades se acababan por su carencia de habilidad para acercarse a las personas, fue el profesor quien los unió en honor a una tarea grupal de Matemáticas.
Como si los pedidos de Yusaku hubiesen sido escuchados, el grupo sería máximo de dos personas y al ojiesmeralda le tocó sentarse al lado del ojidorado, a pesar de los berrinches de las fanáticas de Daisuke.
Aún así, estando tan cerca del muchacho, no podía llegar a ninguna pista porque su corbata funcionaba perfectamente como una gargantilla y cubría el sitio donde probablemente se encontraría la marca que lo revelaría como un SOLtis. Yusaku cavilaba mientras su compañero de banco movía el lápiz de la tableta con rapidez, resolviendo las ecuaciones, al menos, la mitad de su parte.
—¿Yusaku-chan? ¿Ya terminaste tu parte? ¿Tienes problemas? Te veo demasiado distraído—Daisuke se le acercó demasiado, inclinándose a mirar su tableta casi en blanco para entrometerse en sus pensamientos.
Yusaku parpadeó confundido. —No, yo…
—Mira que es sencillo, déjame explicarte— Daisuke lo interrumpió tomando una hoja de un cuaderno y explicando las consignas con demasiada exactitud, incluso problemáticas que a Yusaku podrían llevarle quince minutos, a Daisuke le llevó solo unos segundos. —Bien, ahora que entendiste esto, podrás hacerlo en la tableta—dijo con una sonrisa, regresándole la tableta a Yusaku, quien se fijaba en él con una expresión de sorpresa.
—Trabajas tan rápido como una IA—Yusaku comentó.
Daisuke respondió con una torpe risita. —Sí, me lo dijeron muchas veces.
—Quiero invitarte a salir—dijo sin rodeos.
Daisuke jadeó sorprendido, ruborizándose ligeramente.
—No digo de 'salir', salir, sino de juntarnos a terminar con este trabajo, creo que no terminé de entender un par de cosas y la clase ya está por acabar. Sé de un lugar donde podríamos salir a tomar algo—Yusaku farfullaba, algo nervioso porque era la primera vez que invitaba a alguien a salir, a pesar de que sus intenciones estaban claramente desinteresadas en la socialización, su mente jamás había preparado esas palabras.
Sin embargo, su teoría era que, si no llevaba el uniforme, no podría ocultar aquella marca, al menos que llevara una gargantilla, o una bufanda.
De ser así, necesitaba llevarlo a un sitio con calefacción.
No podría acercarlo al Café Nagi.
La desgracia era que no conocía otro sitio.
—Me agrada la idea, pero dejame invitarte yo a un sitio especial, si no te ofende—Daisuke se atrevió a guiñar su ojo, regresando la invitación.
Era turno de Yusaku para ruborizarse en sorpresa, mientras en su interior se aliviaba por la salvación.
~•~
Yusaku quedó atónito. No sabía que la ciudad Den tenía semejante sitio, se veía lujoso, brillante. Daisuke lo invitó a un restaurante bastante llamativo y formal para lo que Yusaku llevaba puesto. Era su típica sudadera con sus jeans, pero el muchacho le dijo que se despreocupara.
No era como si le preocupara demasiado. Estaba esperando a entrar sólo para ver que Daisuke se quitara la bufanda que tanto lo abrigaba además de su elegante gabardina que tenía una semejanza con una capa exagerada, con sus bordes dorados y unas hombreras excesivas para la delgadez del muchacho, haciéndolo parecer mayor de lo que era, sumados a unos pantalones que sólo el cielo sabía cuánto los habría pagado junto a los zapatos bien lustrados.
Cuando entraron al restaurante, Daisuke se había quitado la gabardina, quedando en un chaleco negro con bordes y botones dorados que cubrían su camisa purpura con las mangas dobladas y abotonadas, pero lo que no se había quitado era esa maldita bufanda bordó.
Yusaku frunció el ceño. —La calefacción se puede sentir, Daisuke, ¿no te vas a quitar la bufanda?
—Si tú puedes entrar a este restaurante con una sudadera, entonces, yo puedo entrar con mi bufanda. ¿No te parece justo?
El ojiesmeralda suspiró. Tarde o temprano sentiría calor y se quitaría la bufanda, sólo tenía que ser paciente. Su orgullo no podía ser tan persistente.
Mientras el mesero los llevaba a una mesa vacía y les entregaba el menú, Yusaku trataba de ignorar las miradas del resto que llevaban ropas que podrían denominarse como 'elegantes'. Estaba aquí por una simple razón y no soportaría que nadie decidiera meterse en su vida y su forma de vestir.
Escondió su rostro en el folleto que contenía el menú, notando los precios altísimos que ofrecía el restaurante. No se imaginaba quién podría pagar algo así.
Bueno, quizás Zaizen, pero había precios que incluso Zaizen tal vez no podría pagar.
Eso le dio una idea.
—¿Y bien, Yusaku-chan? ¿Qué vas a pedir?
—Te pediría que dejes de llamarme así—respondió bruscamente—Y también pediré esto.
Le enseñó el menú y señaló el plato más caro del restaurante. A ver si podía pagar algo así.
Daisuke parpadeó sorprendido y luego sonrió. —Parece que Cenicienta no se conforma con un carruaje de una noche.
Yusaku sonrió levemente.
El ojidorado chasqueó y llamó al mozo. —Te pediremos esto.
Yusaku borró de inmediato su sonrisa cuando notó que Daisuke señaló el plato costoso que le había pedido hacía unos segundos.
Cuando el mozo se alejó, se atrevió a preguntar. —¿Cómo puedes pagar todo esto?
—Porque no lo voy a pagar yo.
Hubo unos segundos de silencio mientras se miraban.
—Lo pagarás tú—añadió Daisuke.
Yusaku apretó los puños y estaba a punto de gritarle hasta que lo escuchó reír. —Es broma, es broma. Tranquilo—dijo calmando su carcajada—Digamos que, recibí un premio después de una tragedia.
El ojiesmeralda frunció el ceño, sólo podía referirse a una cosa. —Una herencia.
—¡Exactamente! —respondió con un chasquido de dedos y una media sonrisa—Perdí a mi familia, mis padres, mis hermanos. Sólo me quedó mi pequeño primo, luego de que nuestros tíos nos abandonaran.
La mirada de Daisuke se oscureció. Yusaku se sintió extraño, como si pudiera conectar con la angustia ajena, entonces, decidió no indagar más en su vida por el momento.
Mantuvieron un silencio casi sepulcral hasta que los platos llegaron. Los ojos esmeraldas de Yusaku se quedaron penetrando su plato, como si solo estuviera ahí para que este lo mirara.
Daisuke frunció el ceño, preocupado. —¿Qué sucede? ¿No se ve bien? ¿No te gusta la carne de Kobe?
Yusaku le dedicó un semblante lleno de incredulidad. —No es como si hubiese tenido la oportunidad de pedir carne de Kobe alguna vez—murmuró.
—Cuando vives de HotDogs…
Ese comentario llegó perfectamente a su oído y se sobresaltó. —¿Cómo sabes eso?
Daisuke mantuvo una expresión de inocencia. —Shima-Senpai me lo dijo.
Yusaku no resistió la necesidad de rodar los ojos.
—Ahora come antes de que se enfríe—le apuró el muchacho con una sonrisa amable.
El joven duelista presionó sus labios y continuó mirando la carne. Tragó pesado. —Gracias por la comida—susurró.
A Yusaku realmente no le importaba, pero le causaba una sensación extraña como estudiante estar recibiendo clases de Matemáticas en un restaurante lujoso, comiendo un pedazo de carne que prácticamente se deshacía en su lengua ni bien lo tocaba. Era exquisito y no podía ocultarlo, Daisuke no dejaba de mencionar la emoción que notaba en sus ojos.
El ojiesmeralda pensó que cuando terminaran sus platos todo acabaría ahí mismo, después de todo, realmente no necesitaba las explicaciones, sólo buscaba que el chico se quitara la maldita bufanda y ni siquiera parecía mosquearse por la intensidad del calefactor que ya comenzaba a afectarle hasta a Yusaku, junto al té y a la carne que calentaba su garganta.
Sin embargo, la cena duró demasiado, porque Daisuke no dejaba de consentirlo con la comida, insistiendo en que pidiera un postre y algo para que se llevara a casa. A Yusaku le resultaba impensable pero no podía hacer más cuando el muchacho era tan persistente.
Cuando vio que el chico no se decidía, Daisuke mantuvo el liderazgo sobre los gustos ajenos. —¿Sabes qué? Yo lo pediré por ti.
Eso fue lo que dijo antes de susurrarle al mozo el pedido que al parecer sería sorpresa para Yusaku.
Pronto a la mesa había llegado un solo plato para él. —El dango es delicioso, y pensé que no podía fallar—Daisuke comentó apoyando su mentón sobre sus propias manos entrelazadas con los codos sobre la mesa.
Yusaku agradeció haber probado el dango antes, y que no le haya pedido algo tan exclusivo como había pensado. Asimismo, le preocupaba lo que podía haberle pedido para que se llevara a su casa.
A pesar de todo esto, la pregunta del millón era…
—¿Por qué haces esto?
La sonrisa de Daisuke se estiró, sin dejar de mirar a Yusaku. —Porque eres el único amigo que tengo.
Yusaku arqueó una ceja. —¿Qué hay de Shima? Además, sólo te pedí que me ayudaras con la tarea, eso no significa nada.
—Significa mucho por lo que me dijeron de ti.
—Te dejas llevar por los rumores, ¿eh?
—Lo que veo no son rumores.
—¿Y si te digo que quiero aprovecharme de tu dinero? ¿Qué tal vez estoy investigándote? ¿Qué harías, entonces?
Daisuke acercó un poco más su rostro, al menos hasta donde la mesa le permitía. —Me acercaría más a ti.
Yusaku, por reacción, se hizo hacia atrás. —¿Por qué?
—Porque eres interesante.
Se miraron fijamente luego de esas palabras que sonaban tan serias saliendo de la boca de Daisuke. Era difícil descifrar cuándo bromeaba y cuándo no, descubrir si también había intenciones ocultas en el muchacho o solo era alguien desesperado por tener amigos. De pronto, Daisuke suspiró y se hizo hacia atrás, descansando sus manos sobre su propio regazo. —¡Vamos, Yusaku-chan! Esta es mi manera de hacer amigos, ¿sí? —dijo con una voz chillona pero relajada—Además, no sería la primera vez que alguien cercano a mi me traicionara—susurró, oscureciendo la mirada.
Yusaku frunció el ceño.
Al salir del restaurante, el viento comenzó a golpear con fuerza. Yusaku se lamentaba de no haber llevado una bufanda como Daisuke.
—Gracias por la cena, y por ayudarme con la tarea—dijo Yusaku distraídamente, miraba de reojo al alto, notando que este parecía no estremecerse por el frío repentino. —¿Eres friolento? —preguntó rápidamente.
Daisuke se mostró confundido.
—Digo, porque no te quitaste la bufanda ni una sola vez—se explicó Yusaku.
—Ah, digamos que sí—murmuró.
Yusaku continuó observándolo, viendo que se estiraba la bufanda hasta cubrir su mentón. Se atrevió a llevar su mano a la contraria, sintiendo la delgadez de sus dedos que sorprendentemente no estaban fríos.
—¿¡Q-Qué haces!?—tartamudeó Daisuke, mostrándose sobresaltado por la repentina acción de Yusaku.
—Quería calentar tus manos, pero veo que soy yo el único que las lleva frías—respondió, soltando lentamente la mano ajena, escuchando su propio corazón palpitar e ignorando la corriente de energía que atravesó su interior.
—C-Claro—Daisuke apartó la mirada, ruborizado.
—Prestame tu bufanda—Yusaku pidió firmemente.
—¿¡Ahora qué!?
—Tengo frío y olvidé mi bufanda.
Daisuke llevó su mano a la bufanda, aferrándose a ella.
Podía haber tres razones por la cual no iba a entregarle la bufanda.
Primero, porque no se arriesgaría a prestarle una prenda a alguien a quien acababa de conocer, a pesar de haber gastado bastante dinero en esa persona.
Segundo, porque esa bufanda lleva un significado especial para él.
Tercero, porque es un SOLtis y necesita ocultar aquella marca.
—Moriré de frío si me la quito—se excusó.
Fue la peor excusa que podía darle.
—Tu abrigo puede cerrarse hasta el cuello—señaló Yusaku.
—Deja de molestar con mi maldita bufanda, ¿por qué insistes tanto?
Con la leve corriente de energía persistiendo en su interior, y la extraña sensación de estar tan cerca de Ai cuando estaba con Daisuke le aceleraban el corazón, volviéndolo una persona totalmente diferente a la que suele ser. No podía medir sus acciones en ese momento, y no iba a poder dormir si no veía el cuello de ese muchacho.
Necesitaba comprobarlo.
Insistía porque…
…necesitaba ver a Ai.
La única forma de que Ai pudiera transformarse en algo similar a un humano era mediante los SOLtis, ¿verdad?
Estas sensaciones no eran coincidencia.
Era por eso por lo que…
…estaba desesperado.
—¿Qué es lo que estás ocultando con esa bufanda, Daisuke? ¡Dímelo!
Tomó desprevenido al muchacho más alto, estirando su brazo hasta la prenda que abrigaba su garganta, deshaciendo fácilmente el nudo que lo sostenía y descubriendo finalmente el cuello del contrario, quien dio unos pasos hacia atrás.
Yusaku quedó atónito, agitado y sus manos comenzaron a temblar y no era por el frío.
Sus ojos estaban viendo la respuesta a todas sus preguntas, generando más preguntas.
En su cuello estaba…
…una cicatriz.
Como si alguien hubiese querido cortarle la garganta, pero no era precisa.
—¿Eso era lo que querías ver? —Daisuke pronunció con una voz temblorosa, tomando de vuelta su bufanda al sentir que Yusaku había aflojado el agarre—Supongo que debí habértelo dicho, pero era un secreto. Creo que tú tienes muchos, Yusaku.
Yusaku comenzó a jadear, con un nudo insoportable en su garganta.
Entonces, ¿qué era todo lo que estuvo sintiendo?
¿Qué era…?
Sintió la necesidad de correr, de alejarse de ese muchacho que le generaba tantas extrañas sensaciones. Quería alejarse de todo esto, de sus sospechas, de sus deseos, de sus preguntas.
Salió corriendo antes de que Daisuke pudiera decir algo más.
~•~
Con el Café Nagi cerrado, Kusanagi aprovechaba para finalizar con su investigación, preocupándose ligeramente por Yusaku ya que le había enviado un par de mensajes y este no los había contestado. Ya era tarde en la noche, y habían arreglado que se verían luego de la cena planeada con el tal Daisuke.
Estaba a punto de salir a buscarlo, pero justo vio la puerta de su puesto abrirse, y allí estaba el chico de ojos esmeralda, agitado y con una expresión fatal.
—¿Estás bien? ¿Sucedió algo? —Kusanagi preguntó preocupado, sosteniéndolo por los hombros, ya que parecía que estaría a punto de caerse.
Yusaku apoyó su cabeza en el pecho de Kusanagi y cerró con fuerza sus ojos. —No—respondió con una voz temblorosa—No estoy bien.
—¿Qué sucedió?
—Tenías razón, todo fue parte de mi imaginación. Yo estaba equivocado, yo…
Antes de continuar con sus palabras, tragó pesadamente para intentar con fracaso deshacer el nudo en su garganta que tanto lo estuvo molestando. Yusaku alzó la mirada, sorprendiendo al mayor al mostrarle sus ojos brillando como si estuviese a punto de llorar.
—Yo extraño a Ai.
~•~
Llegando a su habitación de hotel, su bufanda colgaba entre sus hombros, mientras su mano estaba ocupada con la bolsa que llevaba el postre que Yusaku se había olvidado al haber huido.
El ojidorado entró a su habitación, la cual tenía las luces apagadas. Ni bien cerró la puerta, apoyó su espalda en ella y llevó su mano libre a su cuello.
Una leve lluvia de datos brillantes envolvió su cicatriz, haciéndola desaparecer y enseñando un rombo que era la marca típica de los SOLtis.
—Lo siento, Yusaku—susurró.
