Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes


Capítulo 4

Desesperación humana

Poder tomarse de la mano con Yusaku era algo que no sabía que le gustaba tanto hacer. Cuando tenía su cuerpo original, aprovechaba siempre la oportunidad para tocarlo, a veces era una simple reacción inevitable. Ahora que su tamaño igualaba en cierta forma a la de los humanos, tomaba cada momento para tomarlo; jalarlo o abrazarlo. Las sensaciones que le brindaba a su cuerpo eran diferentes y más adictivas. Ai no quería perderse ni un segundo de Yusaku.

La excusa era perfecta, pasar todo el día con él para compensar algo que a Ai no le había afectado. No quería manipular a Yusaku, pero sabía lo difícil que podía ser convencerlo mañana de que siquiera le dirigiera la palabra, teniendo en cuenta que prácticamente eran dos desconocidos. Asimismo, no estaba pensando con claridad, solo se lanzó al plan y se sumió ante la idea de estar junto a Yusaku antes de lo inevitable, y más que nada, alejarlo del resto de las personas, para que no lo olvidara; para que no saliera adelante con ese olvido.

—Primero, deberíamos sacarnos estos uniformes, ¿no lo crees, Yusaku-chan? —preguntó sin esperar a que Yusaku respondiera—¡Mira! ¡Allá hay una tienda de ropa! Nos compraremos cosas bonitas~

Yusaku jaló de la mano contraria, forzando a Daisuke a detener sus pasos apurados y emocionados. Daisuke se volteó a mirarlo, una confusión inocente decoraba su rostro—No.

Ai ladeó su cabeza—¿No te gusta esa tienda?

Yusaku estaba tenso, fijaba sus ojos en los dorados esperando no tener que explicar el porqué de su rechazo, pero se vio forzado a utilizar una buena excusa—Entrar a una tienda de ropa con uniforme escolar es bastante llamativo—pronunció con demasiada rigidez.

Daisuke se llevó una mano al mentón, pensativo—Creo que tienes razón. No es buena idea.

Ai sabía que el principal problema de Yusaku no era llamar la atención con los uniformes, sino la cantidad de ruido y personas que los rodearían en una tienda. Yusaku no soportaba la multitud innecesaria, y siempre hacía lo posible por mantenerse lejos del escándalo. Claro que alguien como Yusaku no diría eso tan abiertamente a alguien que acababa de conocer, apenas se lo decía a Kusanagi o a Takeru. El Ignis pensó en esto cuando lo jaló del brazo para forzarlo a ir a la primera tienda de ropa que vio, esperaba obligar a los nervios de Yusaku actuar y negarse con alguna excusa. Pues, eso significaba que las secuelas de su trauma persistían, todavía había cosas que Yusaku no podría hacer con otras personas.

Existía algo en su interior que lo pinchaba dolorosamente, recordándole lo horrible que era manipular los traumas de alguien para que no se alejara. El mismo Ai que arriesgando su vida para ganarle a Bowman, le recordó a su compañero la fuerza de los lazos que había forjado, como si fuera algo importante que no debía olvidar jamás. Sin embargo, una parte de él comenzaba a rechazar ese discurso y tratar de tomar a Yusaku para sí mismo, sin poder aceptar que forjara lazos con otras personas mientras eso significaba romper los lazos que tenían ellos dos.

No estaba seguro de dónde venía esa personalidad cruel y egoísta que le inquietaba tanto, pero tampoco estaba haciendo nada para cambiarlo.

—Ah, pero menos mal que traje provisiones—comenzó a decir Daisuke sacando de su mochila un par de prendas y se las entregó a Yusaku, quien confundido se quedó mirándolas. ¿Era una broma? ¿Acaso lo único que llevaba Daisuke era ropa?

Yusaku arqueó una ceja, expresando todas esas preguntas.

Daisuke sacudió el aire con su mano, una sonrisa decorando su rostro—Lo sé, lo sé. No tienes que decirlo. Soy un genio.

—¿Dónde esperas que me cambie?

Yusaku estiró la prenda para verla mejor, era una camisa de seda negra sin cuello y un escote con corte en 'V', llevaba mangas largas hasta los codos, pero anchas, lo que significaba que el viento quedaba accesible y no se salvaría del frío. No le parecía cómodo, sin embargo, era mejor que andar con el uniforme y que descubran que se escaparon.

Daisuke palpó su mentón con su índice—¿Podemos ir a tu casa? ¿O tus padres se enfadarán por verte tomado de la mano con un chico? —tanteó, guiñando su ojo. Por la expresión de Yusaku, supo que aquel comentario no le había caído bastante bien, Ai se sintió ligeramente culpable.

—Vivo solo—respondió de manera cortante, pasando de largo a Daisuke, rozando sus hombros y de nuevo sintiendo un choque electrizante.

Su expresión divertida y juguetona se desvaneció ante la ventaja de que Yusaku le estuviera dando la espalda. Cada segundo que presionaba en los puntos débiles de su origen, su pecho crujía como si algo dentro suyo se estuviera rompiendo poco a poco, aquello lo obligaba a detenerse por unos instantes, pero luego de olvidarse de la sensación se veía en la tentación de provocarlo de nuevo. No supo por qué consideró hacer sufrir a Yusaku como una buena estrategia, aun siendo consciente de su crueldad.

Pisar de nuevo el apartamento de Yusaku le hacía sentirse a salvo e incomodo al mismo tiempo, podía oír los regaños de su propia familia soplarle en el oído al desear recostarse en la cama de Yusaku, regresar al disco de Yusaku, o quedarse para siempre en el lugar de Yusaku. Quería abandonar toda esta farsa y estar con Yusaku como siempre había querido, pero también necesitaba a su familia de vuelta.

—¡Oh! Está bastante sucio, ¿no? —comentó Daisuke, bajando las escaleras que llevaban a la habitación de Yusaku.

Claro que iba a estar sucio, si Roboppi ya no se encontraba activo ahí, y probablemente jamás regrese a limpiar este lugar. Se preguntaba si eso le dolía a Yusaku de alguna forma, probablemente el cuerpo inactivo de Roboppi estaba metido en algún rincón juntando el mismo polvo que sus muebles.

En cierta forma, tenía razón. Observó al antiguo cuerpo de Roboppi apagado y acomodado en un rincón, pero cuando pasó suavemente su mano, no encontró señales de polvo. Yusaku no tocaba ni la escoba para levantar la suciedad del suelo, pero probablemente tomaba un trapo todos los días para limpiar a Roboppi, aunque este ya no sirviera. Pensando en esto, Ai miró de reojo al ojiesmeralda con un extraño sentimiento de nostalgia, que rápidamente se desvaneció ni bien observó que Yusaku ya se estaba desvistiendo sin pudor alguno.

—Mira tú que te desvistes frente a un invitado—señaló Daisuke con una sonrisa ladina.

Yusaku apenas se volteó a mirarlo, demasiado concentrado quitándose los pantalones, ya sin su camisa puesta—No es nada que no hayas visto antes.

Ai no comprendía demasiado bien el asunto de la vergüenza humana, pero entendía que vestirse enfrente de desconocidos no era algo que se hacía naturalmente, y Yusaku lo estaba haciendo como si se encontrara completamente solo. No era la primera vez que lo veía hacerlo, eso era cierto. Yusaku jamás se sintió avergonzado de que Ai lo mirara vestirse desde el disco de duelos, porque su presencia a veces carecía de importancia para el ojiesmeralda. Sin embargo, suponía que la respuesta de Yusaku no iba por ese lado.

Asimismo, Yusaku sentía una extraña confianza hacia Daisuke, pues permanecía la sensación de que se conocían desde hacía más de una semana. Había algo inusual en Daisuke que le permitía sentirse seguro y, a la vez, inquieto de sus intenciones, porque cargaba con esa sonrisa que no expresaba ningún pensamiento.

—Bien, entonces, no te molestará que yo haga lo mismo—comenzó a decir el ojidorado mientras se quitaba el saco del uniforme.

—Para nada—murmuró Yusaku, mordiéndose el labio. No tendría por qué molestarle, pero…

…su corazón comenzó a latir acelerado. Quizás porque recordaba la cicatriz en su cuello, y la forma en que lo expuso. Decidió no voltearse y enfocarse en vestirse con las prendas que Daisuke le lanzó.

Comenzó por los vaqueros que eran un poco apretados. ¿Esta era la ropa de Daisuke o convenientemente había comprado ropa de su talla? Pues, la camisa tampoco le quedaba demasiado grande y eso que el torso de Daisuke era al menos un poco más ancho que el suyo, visto que además el muchacho era más alto.

Aun así, le quedaba holgada, pero porque el modelo era así. Estaba hecho para que volara con la brisa, y su escote mostrara su clavícula.

Ya vestido, se dio la vuelta cuidadosamente para mirar a Daisuke dándole la espalda. Todavía le faltaba abotonarse la camisa, así que llegó a observar que no solo la piel de su rostro carecía de cualquier imperfección sino también su espalda. No dejó de verlo, incluso cuando Daisuke ya se estaba girando para regresarle la mirada. Una sonrisa divertida decoró su rostro, aun así, Yusaku notó un rastro de melancolía.

—¿Por qué me miras tanto? ¿Acaso te estás enamorando? —bromeó

Yusaku frunció el ceño y llevó su vista a cualquier otro lado—No.

No. Había una atracción, pero no se trataba de amor.

Daisuke no borró su sonrisa, cambió cualquier rastro de broma por una expresión más suavizada. Ahora la melancolía se mostraba en su totalidad, la manera en que Daisuke lo miraba, dejó atónito a Yusaku.

—Te queda bien—comentó en un tono sorprendentemente calmado, acercándose a Yusaku hasta que sus pies se enfrentaron, puso sus manos sobre los cordones que servían para cerrar una parte del escote—Pero déjame arreglar esto.

Yusaku se atrevió a levantar la mirada y perderse en el dorado de sus ojos, como si el brillo de estos significara algo para él. Había sentimientos, pensamientos, una identidad que Yusaku no alcanzaba, pero sentía que conocía a la perfección. Aceptar pasar todo el día con Daisuke fue un grave error, y Ai coincidía con ese sentimiento cuando se dio cuenta de que estaba acercando sus labios a los de Yusaku.

Se alejó antes de que se tocaran.

—¡Ah! Tengo un poco de sed, ¡Qué grosero de tu parte no prepararles té a tus invitados, Yusaku-chan!

Yusaku parpadeó, sin reconocer si lo que sucedió fue real o parte de su imaginación. Estaba seguro de que su corazón no dejaba de latir con fuerza. Había una conexión intensa entre Daisuke y él, como si estuvieran destinados a encontrarse.

Se limitó a suspirar, dirigiéndose a las escaleras para ir a la cocina—Tú te invitaste solo, de todas formas—contestó.

Ai esperó a que Yusaku desapareciera para terminar de colocarse la ropa y arrepentirse de lo que estuvo a punto de hacer. ¿Cuántos días había estado con Yusaku en este cuerpo y ya no podía resistirse a besarlo? No lo había hecho, pero faltaba poco para que sucediera. Entonces, ¿qué? No solo echaría todo a perder, sino que traicionaría el verdadero motivo por el cual estaba aquí.

Necesitaba esa carta. Firewall Dragon Darkfluid.

Ni bien tuvo puesta su camisa, revisó una vez más que Yusaku no estuviera regresando para así acercarse al escritorio del ojiesmeralda y abrir uno de los cajones, en busca del verdadero deck de Playmaker. Podría acceder a su disco de duelos que estaba guardado en el mismo cajón, pero eso significaría registrar sus datos nuevamente ahí, además, que su SOLtis permanecería inactivo, y no estaba seguro de qué tanto tardaría Yusaku en regresar.

Sacó el deck del cajón y comenzó a revisar las cartas. La aparición del "Guerrero Pantera" le confirmó que no estaba viendo las cartas de Playmaker, aun así, continuaba persistente y siguió pasando las cartas una por una.

—¿Qué estás haciendo?

La voz repentina de Yusaku observándolo desde el piso de arriba causó que dejara caer todas las cartas al suelo. ¡No tenía una excusa preparada para esto!

—¡L-Lo siento! ¡Lo siento! E-Es que vi que tú también tenías uno y, es decir, ¡yo juego también! ¿Ya te lo dije? —farfulló

Yusaku arqueó una ceja, apoyado en el barandal—No. Tampoco me dijiste que tenías la costumbre de revisar las cosas de los demás.

—No la tengo—respondió demasiado rápido—No siempre—se corrigió—Solo contigo—sonrió con torpeza.

Los ojos esmeraldas lo miraban con tanta intensidad que pensó que estaba leyendo cada parte de su código, hasta que lo escuchó suspirar y resignarse a regresar a la cocina.

Ai suspiró también, de alivio, tal vez. Yusaku no iba a invitar a un desconocido sabiendo que había dejado su identidad de Playmaker expuesta, no era estúpido y Ai debió prever eso.

Recogió las cartas en el suelo y se limitó a sentarse en la cama, esperando a que Yusaku volviera, olvidando lo que sucedió.

Tenía que conseguir a Darkfluid de alguna manera, ya que, si no lo hacía, estaría obligado a tomar la consciencia de Yusaku para confirmar que Lightning le estaba diciendo la verdad.

~•~

El té quedó olvidado ni bien lo trajo servido en una bandeja. Daisuke saltó con la idea de que debían ir a comprar algo de comer porque se estaba 'muriendo' de hambre, así que se levantó y arrastró a Yusaku fuera del apartamento, dejando que el té se enfriara en la ausencia de personas que pudieran beberlo.

Se dirigieron a la plaza, claramente buscando el Café Nagi, pero el camión de Kusanagi no estaba estacionado en ninguna parte y Daisuke se mostró desconcertado. Yusaku sabía el por qué, no iba a entrar en detalles, de hecho, no pensaba dar ninguna explicación.

El ojidorado se sentó frustrado en una de las bancas, cruzándose de brazos y resoplando como un niño pequeño haciendo puchero—¿A dónde se fue el hombre de los HotDogs?

—No es como si viviera en el camión—respondió Yusaku con sarcasmo mientras se sentaba a su lado—Quizás hoy haya decidido trabajar más tarde.

La conversación no los llevaba a ningún sitio, por lo que iniciaron un silencio que ambos soportaron y agradecieron al sumirse en sus propios pensamiento, sin embargo, lo único que ocupaba la mente de Yusaku era la brisa de los finales de invierno que comenzaba a sacudir los árboles y su propia camisa que estaba hecha para días de primavera. Un escalofrío recorrió su cuerpo y su nariz comenzó a picarle, impulsándolo a estornudar inevitablemente, cubriéndose su boca sin soltar un sonido brusco. De hecho, sonó como un siseo, llamando la atención de Daisuke.

—¿Tienes frío?

Yusaku lo miró de reojo, frunciendo su ceño como si su pregunta fuese demasiado obvia. Aunque la culpa no era de la elección de Daisuke respecto a la ropa, sino de su distracción al no haberse llevado un abrigo ni bien salieron del apartamento, pero es que Daisuke estuvo tan ansioso por salir que apenas tuvo tiempo de reaccionar porque ya estaban atravesando la puerta de su residencia.

Asimismo, una duda le vino a la mente y Yusaku se preguntó por qué no la expresó ni bien se la había colocado. Tal vez porque estaba demasiado concentrado en los labios de Daisuke acercándose a los suyos que se olvidó de ese pequeño gran detalle.

—Esta camisa es holgada, pero parece ser de mi talle. Es claro que no lo compraste para ti, ¿o sí? —observó el ojiesmeralda.

Daisuke se mantuvo callado.

—Tú tenías esto planeado, hacer novillos no fue un plan espontáneo.

—Sí, digamos que lo tenía planeado de antemano, pero no sabía que se me iba a dar la oportunidad en bandeja de plata.

Daisuke mostró una sonrisa torpe, excusándose con un tono juguetón que de nuevo le retrotrajo a Yusaku los recuerdos que tenía de Ai.

Daisuke no era Ai, pero si las IAs morían y reencarnaban, Daisuke podría ser una perfecta reencarnación. Aún así, por suerte, no lo era, porque Ai no estaba muerto. Yusaku quería estar seguro de eso.

Ai y Roboppi estaban juntos en algún lugar de la red, Yusaku se aferraba a esa esperanza. Limpiaba el cuerpo de Roboppi todos los días esperando que en algún momento sus pequeñas luces que representaban sus ojos se encendieran y lo saludara con el mismo entusiasmo de siempre. Así como miraba su disco de suelos en la mesa de luz anhelando despertar con la cabecilla de Ai saliendo del orbe y mirándolo despertar.

Su apartamento sin ellos comenzaba a sentirse bastante vacío y solitario. Esa soledad a veces se intensificaba con Daisuke, y al mismo tiempo, lo calmaba. Detestaba tener que usar la presencia de Daisuke como un consuelo para la ausencia de Ai, pero su corazón lo llevaba como la única solución válida. Asimismo, debía acostumbrarse a partir de mañana a mantenerse alejado de su presencia.

—¡Se viene el fin del mundo! ¡El banco está vacío! ¡Las IAs dominarán a la humanidad y nosotros seremos consumidos por nuestra codicia! ¡Yo lo sé! ¡Lo vi! ¡No fue un sueño! ¡Fue una predicción!

Un hombre sin techo detuvo sus cavilaciones, gritando en su paseo por la plaza casi vacía. Su ropa estaba desaliñada, así como su cabello estaba descuidado, parecía ser un empresario desempleado porque su traje estaba roto y sucio, además que le faltaban sus zapatos. De su mano colgaba una botella de alcohol.

Yusaku no estaba nervioso por su presencia, pues era algo común de ver, sobre todo ahora que estaba sucediendo todo el asunto de que muchas personas perdieron sus ahorros con el robo al banco central, pero mirando a Daisuke podía notar una expresión de susto y horror como si nunca hubiera visto algo así antes.

—¡Un apagón! ¡Todas las luces de la ciudad se quemarán! ¡Los SOLtis enloquecerán! ¡Una tormenta arrasará con nuestras pertenencias, así como la mentira arrasó con el amor de mi familia! —continuó gritando el hombre, acercándose a los dos jóvenes sentados en la banca. Yusaku podía oler el sake esparciéndose de su aliento—Ustedes… Ustedes, no, tú—señaló a Daisuke—Yo perdí a mi familia, mi trabajo, mi casa… Ten cuidado, muchacho, ¿sí?

Yusaku se tensó al ver que el sujeto se abrazó a Daisuke, quien parecía estar bastante paralizado—Todos perderemos lo mismo. Tú también.

Ai tragó pesado. No había visto esta parte de los humanos.

El ojiesmeralda no tenía intenciones de darle mucha importancia al hombre borracho pero visto que Daisuke se veía como si fuera a colapsar en cualquier momento, se atrevió a intervenir e intentar alejar al hombre de él. —Entendimos el mensaje. Ahora, tenemos que irnos—dijo Yusaku con firmeza.

El hombre soltó a Daisuke, pero no se movió de su lugar, en cambio sus ojos cayeron en Yusaku. Parecía que quería decirle algo, o que se había enfurecido, la expresión en su rostro era impredecible, Yusaku no podía ver nada en los ajenos ojos inyectados en sangre. Fue como si pasara una eternidad, pero solo fue un minuto o dos antes de que el hombre suspirara y se diera la vuelta para irse, regresando a gritar lo mismo de hacía un rato.

Ni bien estuvieron solos de nuevo, Yusaku se acercó a Daisuke con preocupación—¿Estás bien?

Daisuke movió sus labios, dijo algo inaudible hasta que lo repitió y Yusaku pudo escucharlo mejor—¿Es verdad eso?

Yusaku ladeó la cabeza.

—¿Los humanos están sufriendo?

El ojiesmeralda parpadeó. Daisuke hablaba de la humanidad como si el no perteneciera a ella, descubría la situación como si viniera de otro mundo. Quizás fue lo primero que pudo preguntar al encontrarse tan aturdido, probablemente se trataba de algo que no veía en la ciudad de donde venía.

Yusaku hizo un esfuerzo por no pensar demasiado en ello.

—El robo al banco causó que muchos perdieran sus ahorros o no pudieran recibir los pagos que les correspondían. Seguramente todos sus planes para el futuro fueron arruinados y terminarán acumulando deudas. SOL Technologies prometió pagar una compensación, pero visto que supuestamente ellos no son responsables por aquel robo, no tienen la obligación de hacerlo.

—¿Eso qué significa?

—Que la ciudad estaría a punto de caer en una pobreza difícil de levantar, además, que se ha generado una paranoia entre los ciudadanos.

Ai se llevó una mano al pecho, de nuevo el dolor comenzaba a atravesar su pecho y el impulso de acabar con todo este juego se volvía más intenso. ¿Tanto daño le causó a la ciudad por tratar de crear una identidad? Lo del robo fue idea de Lightning, y él estúpidamente la había aceptado, pensando que de esa manera podría realizar todo tipo de actuaciones sin ningún límite. ¿Por qué necesitaba tanto dinero de todas formas? ¿Por qué debía robarles las pertenencias a muchas personas que probablemente la necesitaban más que él?

No tenía idea de la importancia del dinero y Lightning insistía en la codicia que consumía a la humanidad por la existencia de este. Por eso no llegó a pensar que podría causar una daño mayor.

¿Debería regresar el dinero?

—Daisuke…

La voz de Yusaku acabó con sus pensamientos desesperados y lo obligó a mirar esos ojos esmeraldas que brillaban en preocupación.

—¿Pasa algo?

De pronto, fue como si necesitara respirar. Había olvidado como hacerlo.

¿Debería decirle la verdad a Yusaku?

—Yusaku…—empezó a decir, tensando al muchacho que pacientemente esperaba a sus palabras—Yo…

No sabía cómo empezar, no sabía qué decir.

Yusaku estaba curioso por lo que podía llegar a oír, aunque parecía que Daisuke necesitaba tiempo o algún pequeño empujón, lo más que podía ofrecerle era su paciencia y por fin había pensar que el ojidorado iba a llegar a su punto, cuando de pronto sintió que le llevó repentinamente otro dulce a la boca, obligándolo a masticarlo como aquel momento en la terraza de la escuela. Mientras degustaba el caramelo amarillento, no sabía si sentirse molesto o aún más confundido.

Ai forzó una sonrisa divertida.

—Todavía no te los terminaste.

Yusaku gruñó mientras degustaba el dulce.

Ai continuaba considerando que este plan de pasar el día con Yusaku había sido una mala idea. Organizaba las tres posibilidades que tenía para hacer valer su existencia en este mundo.

Primero, debía encontrar a Darkfluid y analizar sus datos

Segundo, decirle la verdad a Yusaku

O tercero, robarle su consciencia.

Y era incapaz de hacer cualquiera de las tres.

~•~

Yusaku notó la inquietud en su compañero y trató de disipar la tensión que se había generado en la plaza llevando a Daisuke a una cafetería para almorzar, aunque el cielo ya se estaba tornando rosado por el atardecer. Yusaku podía ver a través de sus sonrisas fingidas y sus comentarios torpes, buscando actuar para esconder la verdadera angustia que aprisionaba el corazón de Daisuke. No tenía idea de su pasado y por qué le afectaba más que al resto la desesperación de la sociedad por los recientes problemas que estuvieron sucediendo. Sin embargo, Yusaku no iba a darle la espalda, por más que no lo conociera demasiado ni que tuviera ninguna obligación con él. Veía a Daisuke como una persona solitaria y no se perdonaría a sí mismo abandonarlo estando en esa situación.

Llegaron a una cafetería simple, pequeña y la más cercana a la plaza, se sentaron cerca de una ventana, pudiendo ver como el cielo iba cambiando de color para llegar a la oscuridad de la noche.

Una mesera joven, tal vez de unos diecinueve años se les acercó con el fin de atender sus pedidos. Su cabello castaño estaba atado a un rodete que le permitía enseñar su rostro blanquecino y bonito, sus pestañas gruesas que resaltaban sus ojos café y unos labios ligeramente carnosos que surcaban una sonrisa amable. Daisuke la miró de pies para arriba, apoyando su mentón sobre su mano, imitaba una sonrisa ladina mientras buscaba con sus ojos dorados atraer otro tipo de atención hacia la mesera.

Yusaku supo inmediatamente que Daisuke se encontraba de mejor humor.

—¿Por qué no olvidamos la comida de aquí y te invito a cenar a un mejor restaurante? —jugueteó Daisuke dirigiéndose a la mesera, quien no pudo evitar desviar su mirada a Yusaku mientras se ruborizaba.

—¿Eso no ofendería a tu invitado? —murmuró tímidamente la chica.

Yusaku fingió estar distraído con la ventana. Si Daisuke prefería reemplazarlo por esa chica, pues, lo dejaría ser feliz de esa manera.

—Podría invitarlo también, pero creo que no le van las chicas—susurró Daisuke, aun sabiendo que Yusaku lo estaba escuchando. Lo único que ganó fue un leve suspiro—¡Ah! Disculpa, es que tienes unos labios tan bonitos que quisiera besarlos, ¿sabes?

Aquel comentario sorprendió tanto a la chica como a Yusaku, causando que ambos lo miraran como si se tratara de un pervertido. Y era que, fácilmente se veía como uno.

Antes de que la chica decidiera huir, Yusaku intervino—No te preocupes, él siempre es así. Sólo vamos a pedir una sopa de miso y té verde.

La chica asintió nerviosamente y se limitó a atender el pedido. Aunque Yusaku le tenía un poco de lástima porque sabía que le costaría regresar a esa mesa.

—Oh, ¿quién te dijo que me gustaba la sopa de miso?

De hecho, Ai nunca había probado esa sopa, así que no tenía ni idea de qué se trataba.

—Yo lo digo. Y no quiero oírte decirle nada a esa mesera, no puedes simplemente coquetearle a cualquier chica que veas—regañó Yusaku.

Daisuke utilizó la misma mirada que había usado en la mesera, pero con Yusaku—Oh, así que te pusiste celoso. Creí que solo tenías ojos para Aoi-chan—tarareó, aunque por dentro aquel pensamiento lo estaba destrozando, necesitaba confirmar que Aoi no era nada para Yusaku.

Yusaku arqueó una ceja, y se limitó a suspirar.

No era la respuesta que Ai esperaba, pero era típica en Yusaku.

Luego de comer, regresaron al apartamento de Yusaku para recuperar sus uniformes, mejor dicho, para que Daisuke tomara su uniforme y se regresara a su propio departamento. Se cambiaron en la habitación del ojiesmeralda, los dos dándose la espalda como la primera vez que se cambiaron de ropa, esta vez no había pensamiento que ocupara sus mentes sino el hecho de que el día ya estaba por acabar, cada uno iría por su propio camino.

Yusaku ya se podía olvidar de Daisuke; Ai ya debía buscar otra manera de acercarse a Yusaku ni bien atravesara la puerta del apartamento para salir.

Yusaku se vistió con una camiseta de mangas largas oscura y sus propios vaqueros, doblando perfectamente las prendas que Daisuke le había prestado, dispuesto a devolvérsela. Daisuke ya estaba vestido con su uniforme escolar.

Ya no había otra excusa para quedarse en ese lugar.

—Toma.

Yusaku entregó las prendas al ojidorado, pero éste no las aceptó.

—Oye, ni siquiera son de mi talla. Las compré para ti, puedes quedártelas.

—No son mi estilo—murmuró el muchacho. Sin embargo, no sabía si realmente tenía un estilo, aun así, decidió no insistir demasiado y se quedó con las prendas. Estaba bastante cansado y solo quería dejarse caer en la cama para dormir.

Casi lo había hecho, solo que se mantuvo sentado en la cama, resistiendo la necesidad de recostarse completamente.

—Supongo que ya puedes irte—dijo el ojiesmeralda.

Ai frunció los labios por un instante antes de cambiar su expresión a una sonrisa—¿Tan rápido? —trató de sonar relajado, sin embargo, su voz lo traicionó a un tono más desanimado.

—Al menos que haya algo más que quieras hacer, creo que sería mejor que regreses a tu casa.

Yusaku no quería sonar grosero, ni que pareciera que lo estaba echando del lugar, pero verdaderamente necesitaba dormir, por algún motivo, estar con Daisuke le significaba mucho esfuerzo emocional. Quizás se trataba de que Daisuke era casi una copia exacta de su Ignis y eso le resultaba difícil de tolerar.

—Ah, ya sé qué es lo que pasa—comenzó a decir Daisuke, paseándose por alrededor de la cama de Yusaku hasta sentarse a su lado—Estás celoso porque le coqueteé a esa mesera.

Hubo un minuto o dos de silencio, ambos mirándose fijamente hasta que Yusaku ladeó la cabeza confundido.

—¡Es muy obvio! ¿Quién no querría besar estos labios tan atractivos? —pronunció pasando sus dedos por sus propios labios, acercándose al rostro de Yusaku buscando incomodarlo y fracasando en el intento.

Yusaku le puso la mano en la cara. Daisuke gruñó y tomó la mano ajena que buscaba alejarlo, su intención no era jalarlo hasta tenerlo cerca, pero la conexión que se intensificó en sus cuerpos comenzó a actuar y no pudo evitar inclinarse hacia él.

Ai sabía que se trata del Link Sense, y no podía detenerse. Yusaku no podía leer sus intenciones y solo pensaba que estaba jugando con él al mirarlo tan detenidamente.

Impaciente y frustrado, Yusaku frunció el ceño—Daisuke, creo que deberías…

Pero no pudo terminar de echarlo cuando ya tenía los labios ajenos sobre los suyos, besándolos con una calidez y una ternura que abrazó su corazón. Si rozar hombros con él, mirarlo a los ojos o escuchar su voz atravesando sus oídos significaba un estallido de emociones incontrolables, que sus labios estuvieran unidos a los propios era algo que lo desconectó de la realidad. Incluso…

…incluso se había olvidado de que estaba besando a Daisuke. Cerrando sus ojos, solo podía pensar en Ai.

Si Ai fuera un humano…

Si Ai estuviera con él.

Ai…

Ese nombre se repitió en su mente mientras se dejaba llevar por aquel beso, rodeando el cuello ajeno con sus brazos y profundizando torpemente el acto.

Ai se sorprendió por esta respuesta, pero no se detuvo, ni siquiera le inquietó la culpa que se acumulaba en su garganta debido a la traición que significaba esta acción. ¿Qué pensaría su familia al verlo besar a un humano? Ese humano debería estar sin su consciencia, no amándolo.

No, que Yusaku respondiera al beso no significaba que lo amara, ¿o sí?

¿Qué significaba besarse para un humano?

Necesitaba a Lightning, aunque lo regañara, necesitaba oír su observación al respecto.

Aunque le mintiera.

De pronto, no fueron solo los sentimientos de Yusaku que se mezclaron con los suyos al besarlo, llevando su mano a su nuca y acariciando su cabello, sintió una presencia familiar que no se trataba de Yusaku específicamente, sino de una agrupación de voces de diferentes tonalidades, como si en la mente del ojiesmeralda hubiese otras personas existiendo.

Esas otras personas; esas presencias, eran su familia.

Lightning no mintió. Ellos estaban ahí.

Ai encontró una manera de conectar con la consciencia de Yusaku sin tener que acceder a su disco de duelos y acceder agresivamente a su mente. Partió los labios ajenos para meter su lengua y explorar las profundidades de su boca, buscando más de esa presencia, más de los datos de su familia.

Flame, Aqua, Earth, Windy…

…Lightning.

Podía escucharlos a todos.

En su desesperación, no se dio cuenta que había empujado a Yusaku, su peso aplastando la delgadez del contrario, Ai estaba invadiendo su boca de tal manera que la saliva comenzaba a escurrirse de las esquinas, y el humano parecía estar agitándose por la dificultad que le significaba respirar en estos momentos.

Yusaku quería hablar, estaba balbuceando algo, pero Ai no lo estaba escuchando.

Ai quería encontrarlos, quería sacarlos de ahí.

Una patada en su estomago lo obligó a retroceder. En su intento por aferrarse a Yusaku, le arrancó una parte de su camiseta, dejando un rasguño pequeño y superficial.

Yusaku lo estaba mirando confundido, agitado, cubriendo su boca con el dorso de su mano. Ai se enderezó, todavía encima suyo, pero sus ojos apuntaban a sus propias manos.

—Vete.

Fue lo único que Yusaku pudo pronunciar luego de recuperar un poco de aire. Ai reaccionó apenas, pero lo suficiente para desaparecer de la vista de su origen, a quien estuvo a punto de absorberle la consciencia.