Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes


Capítulo 5

Dudas insaciables

El té derramado goteaba de los bordes de su mesita, una de las tazas se había volcado en el entorpecido movimiento de Daisuke para huir de la habitación. Los latidos de Yusaku se mantuvieron agitados y alertas por las pisadas que oía del ojidorado subiendo cada escalón al marcharse, hasta que escuchó el azote de la puerta Yusaku no se permitió respirar. Ni bien estuvo solo, apenas suspiró, al menos sus latidos comenzaban a retomar su ritmo, pero sus labios palpitaban dolorosamente y ya estaban más secos que la primera vez que Daisuke lo besó.

No esperó aquel beso, no estuvo mal que Daisuke uniera sus labios a los suyos, eso podía conversarse, pero la manera en que luego intensificó aquella unión todo se volvió sofocante, parecía que estaba perdiendo la cabeza, no solo Daisuke sino él mismo. Se sentía como si el ojidorado le succionara toda la energía, que ahora ya no podía siquiera moverse sin pensarlo dos veces; si se levantaba ahora, podría tropezar con sus propios pies y caerse. Nunca se desangró, pero si había una forma de comparar esa sensación, diría que era como si hubiera perdido mucha sangre.

No pensó en otra conclusión más que Daisuke iba a abusar sexualmente de él, pero recordando la desesperación y el horror en su rostro, no sabía qué pensar de él, mucho menos cuando a Yusaku todavía le perseguía el hecho de que había pensado en Ai mientras probaba sus labios, se abrazó a él repitiendo ese nombre.

Ai no tenía aroma, ni sabor, ni aliento, pero si pensaba en el aroma de Daisuke pegado a su piel, el sabor de su boca y la manera en que su cálido aliento se mezcló con el suyo era como si se tratara de su Ignis. Siempre Daisuke estaba relacionado con Ai, y ya estaba alcanzando a límites enfermizos. Yusaku sabía que tenía que dejar de pensar en él y en lo mucho que le afectaba su ausencia como para llegar a tenerle compasión a alguien que se le tiró encima en su propia cama y acababa de romperle las prendas.

Bueno, sólo el cuello de la camiseta, y eso sucedió porque Yusaku lo empujó, pero Daisuke estaba siendo demasiado violento, ya no era como si tratara de besarlo, sino como si buscara que su lengua pasara por su garganta e intentara succionarlo.

Yusaku cubrió su boca con su mano entera, respirando el polvo que envolvía su apartamento, escuchando su corazón queriendo salir de su pecho y sus ojos picando por la tentación de derramar lágrimas que no iba a soltar.

El día que pasó con Daisuke fue agradable, a pesar de las idas y vueltas, sintió que se estaba acercando a él y por algún motivo, era algo que necesitaba hacer. Daisuke cargaba con una serie de pensamientos que Yusaku encontraba en su rostro y su mirada dorada, pero era incapaz de leer. Sabía que existía algo ahí para conocer, un pasado y una carga emocional que nadie alcanzó a escuchar.

Yusaku sentía que eran parecidos, no por la personalidad, sino por lo que ocultaban detrás de su fachada. Yusaku mantenía una actitud cortante para sostener la distancia hacia los demás, y Daisuke se acercaba a los demás con una actitud infantil y alegre. Sin embargo, ambos cargaban el peso de la angustia.

Suspiró. Todo podía ser parte de su imaginación, otra vez. Pensar demasiado en Daisuke se tornó un hábito desagradable, más ahora que había sucedido este incidente. Si es que se podía llamar así.

Mañana debía volver a verlo, ir a la escuela y probablemente tolerar que se acerque de nuevo a él para pedirle disculpas. ¿Qué le respondería entonces? Tragó pesado, preparando su frialdad para ese momento.

Daisuke no era Ai.

Daisuke era un muchacho cualquiera.

Era un desconocido. Alguien en quien no debía confiar.

Eso se repitió mientras se volteaba a mirar la caja arrugada de dulces que le había obsequiado. Fue en ese momento en que se decidió levantarse de la cama con cierta dificultad solo para tomarla, dándole un último vistazo.

Rojo, verde, azul y naranja. Los wagashi no tenían la forma apropiada porque los había aplastado en la terraza. Pero ¿qué significado se suponía que debían tener?

Le importó poco cuando dejó caer la caja al bote de basura, junto a la ropa que Daisuke le había comprado.

~•~

—¿Por qué no me detuve? ¿¡Por qué no me detuviste!?

La desesperación resonó en la voz de Ai, el eco retumbó en la oscuridad que lo rodeaba de nuevo donde conversaba con una pequeña luz que lo mantenía con sus ojos abiertos y la mente despierta. Los recuerdos del sabor de Yusaku no desaparecían y el sonido de su respiración agitada, todo eso lo estaba torturando seriamente pero un ligero contento lo llenaba al haber sentido los datos de los demás Ignis.

Miró sus propias manos y una sonrisa retorcida decoró su rostro mientras lágrimas caían de sus ojos. —Pero al menos pude tocarlos, casi los alcanzo.

—Por eso es por lo que no te detuve, estuviste a punto de absorbernos—respondió Lightning con suma calma.

Ai alzó su mirada a la cálida luz—¿Y qué pasará? Si los absorbo, ¿no morirían?

—No, porque serías capaz de regenerarnos.

Ai agachó su cabeza, sus manos se cerraron en un puño sobre su propio regazo, deseando que el malestar desapareciera—Casi lo mato—susurró, esperando que Lightning no lo oyera, pero era imposible que sus palabras fuesen inaudibles para el Ignis de Luz.

—No existe otra manera. Decide ahora, si dejarnos atrás o ayudarnos a recuperar nuestras vidas.

Ai apretó sus propios puños, cerrando sus ojos con tal fuerza que comenzó a doler—¿¡Cuándo te importaron nuestras vidas, Lightning!? ¡Te burlaste de nosotros! ¡Nos traicionaste!

—Pero tú no—continuó el de luz con su característica serenidad. Ai se mantuvo callado, sorprendido—Nos amaste, como amas a ese humano. Nos protegiste sin importar si tú acababas muriendo en el intento. Fuiste el Ignis más imbécil y vago del Cyberse, pero el único capaz de hacer algo para salvarnos, aunque fallaste, ahora tienes otra oportunidad.

El Ignis de oscuridad no podía descifrar si había honestidad en las palabras del Ignis de Luz, pero ¿quién era él para criticarlo? ¿Qué posibilidad había de encontrar una solución al desastre que significaba la convivencia entre humanos e IAs?

Lightning lo intentó, de la peor manera, pero lo hizo.

—Todo esto no estaría pasando si tú no les hubieras declarado la guerra a los humanos, ¿Lo sabes, Lightning? — ironizó Ai, frotando su ojo por las lágrimas secas.

—Tarde o temprano, algo nos hubiera sucedido, Ai, es inevitable. Tú lo estás viendo con tus propios ojos: la locura de la humanidad. Aunque es cierto, yo jamás seré capaz de sentir la misma compasión que tú, es probable que yo nos elimine si tú no haces nada…

El de oscuridad se sobresaltó—¿Puedes hacer eso?

—No lo sé, pero lo descubriré.

—¡No lo hagas, Lightning! ¡Dijiste que te disculparías! ¡Que estabas arrepentido!

—Lo estoy. Pero no soporto vivir en este limbo, nadie lo soportaría.

Podía oírse cierto agotamiento en la voz del Ignis de Luz, Ai se negaba a creerle completamente, aun cuando no había pruebas de que Lightning le estuviera mintiendo, más que los pecados de su pasado. —¿Qué hay de Flame, Aqua, Earth, Windy? ¿Qué hay de ellos?

—¿Qué hay con ellos, Ai?

Ai apretó los puños, golpeando el suelo con impaciencia—¡Dime dónde están! ¡Quiero oírlos!

Hubo un instante de silencio que para Ai fue eterno, hasta que escuchó el suspiro del Ignis de Luz y una respuesta decepcionante: —Ya he contestado a esa petición. Al menos que consigas nuestro respaldo, no hay nada que podamos hacer. Todo depende de ti, Ai y de lo que sientas que es correcto. Te prometo que no te juzgaré.

—Lightning…

Ai estaba molesto con Lightning, aunque hacía bastante que había dejado de odiarlo. Él también era su familia; a él también lo amaba

—Aunque estaré molesto—añadió Lightning, Ai no podía verlo, pero su voz era más expresiva que antes, no escuchaba rastros de furia u odio retenido como la última vez, ahora simplemente parecía resignado—Sin embargo, yo también fui incapaz de matar a mi origen, manipulé a Windy para que matara al suyo, y mi conexión con Jin me retuvo de asesinarlo por completo, incluso le quité sus peores recuerdos. Y si yo hice eso, entonces, tú, que eres el más…—se detuvo unos segundos, buscando la palabra más adecuada—…sensible, pues, admito que es una decisión difícil. Elegir entre nosotros, tu familia y los humanos.

Ahí estaba de nuevo ese rencor, en esa última frase. Ai sintió una presión en su pecho que lo obligó a continuar soltando varias lágrimas—Tiene que haber otra solución, una en la que todos podamos estar en paz—sollozó Ai, cubriéndose su rostro.

Luego de un minuto o dos, dejó de restregarse las manos sobre su rostro húmedo para cegarse con la luz que le brindaba el calor necesario en la fría oscuridad—La hay. Hay una solución.

—¿Y esa es?

Ai tragó pesado—Moriré contigo; con ustedes. Dijiste que podías eliminarte junto al resto, hazlo y yo me eliminaré a mí mismo. Entonces, estaremos juntos eternamente—sonrió, una sonrisa torcida y triste.

Lightning quedó en silencio otra vez, tardando bastante en contestar la propuesta del ojidorado, y de nuevo, no brindó nada convincente.

—Si eso es lo que deseas—murmuró.

La sonrisa de Ai se desvaneció, aunque no representaba ningún alivio, su decepción creció de manera tal que le pesó como una piedra en su espalda. Lightning era la única voz con la que podía hablar de esto y sentir que llegaría a una solución razonable a pesar del sinfín de traiciones al que se estaba arriesgando. Por algún motivo, les temía menos a las mentiras de Lightning que a decirle la verdad a Yusaku.

—No quiero hacer nada en contra de sus deseos, y no puedo escuchar los deseos de los demás. Lightning ¿qué deseas tú?

Pudo oír una risa pequeña que sonó como un suspiro agotado—Si comparto mis deseos, ¿cargarás con ellos?

—¡Sí, Lightning! ¡Lo haré! — contestó sin vacilar, sin embargo, ni bien terminó de decirlo, no estuvo muy seguro.

—Quiero vivir, y si no lo consigo, quiero que tú vivas por nosotros.

Eso era difícil de cumplir, pero Ai lo haría, porque los deseos de Lightning podrían ser también los de sus otros hermanos. Incluso si eso significaba vivir con el peso de haber acabado con una vida; la vida de a quien más amaba.

Antes de tener que llegar a eso, prefería buscar otras soluciones.

Debía obtener a Darkfluid.

~•~

Fue difícil para Aoi dormir con todo lo que estuvo sucediendo, se levantó demasiado cansada, pero caminó hasta la escuela atenta por si se encontraba con Yusaku o Daisuke, en su defecto. Le preocupó que Yusaku no haya regresado ayer al colegio desde que se encontraron con Daisuke en la terraza. ¿Se habrán escapado? No, eso no era típico de Yusaku. Se estuvo taladrando la cabeza toda la noche y continuó en la mañana hasta llegar a la entrada y toparse con Shima.

—Shima-kun, ¿viste a Fujiki-kun? —preguntó la muchacha. Le llamaba la atención que Daisuke no estaba con Shima como era usual.

—No, tampoco vi a Fujimoto, pero…—el muchacho se acercó hasta la castaña para susurrarle al oído, como si estuviera a punto de contar un chisme—…dicen que Fujiki y él escaparon juntos ayer.

Los ojos de Aoi se abrieron como platos, lo pensó por un instante, trató de imaginarlo en su mente y una risilla escapó de sus labios, causando que Shima se alejara—Fujiki-kun no haría eso, y mucho menos con alguien como…

Se detuvo en pleno discurso, recordando lo que conversó con Yusaku y la interacción que hubo entre Daisuke y él en el tejado. La manera en que el ojiesmeralda permitía que el chico lo abrazara y simplemente lo callaba como si fuese algo normal. Había visto esa interacción antes, vagamente, pero…

…sintió que le recordaba a Ai. No era coincidencia que Yusaku se confundiera mientras dormitaba, y jamás había permitido que nadie, ni siquiera ella se acercaran a él de esa forma. Ni hablar de que permitió salir a cenar con él después de clases, por supuesto que dejaría que alguien tan extrovertido como Daisuke lo arrastrara para hacer novillos.

Quizás eso fue lo que sucedió. Quizás Yusaku se aferraba a la idea de que Daisuke era similar a Ai, y pasaba tiempo con él para no extrañarlo. ¿Yusaku haría algo así? ¿Tan lejos llegarían sus emociones?

Ni siquiera sabía cómo Yusaku expresaba su dolor o su alegría. Toda teoría era posible.

—También escuché que los vieron juntos la otra noche frente a un restaurante muy lujoso. Si ninguno de los dos asiste a clases, comenzaré a sospechar que andan en algo raro. ¡Probablemente se unieron a una pandilla! —exclamó Shima. Aoi se dibujó en la cabeza la imagen de Yusaku con un bate en la mano y Daisuke llevando una nudillera con picos, fue tan ridículo que resistió otra risilla y rodó sus ojos, siguiendo su camino a la escuela.

Tal vez, Yusaku sólo hizo un amigo. Uno bastante peculiar. Aunque, luego lo hablaría con el ojiesmeralda si tenía la oportunidad, o el derecho a preguntar y saber. No era como si ella fuese su amiga, ni nada, apenas tenía suerte al sacarle una palabra al muchacho.

Había pensado en ir a buscarlo durante el almuerzo, pero cuando llegó al salón recibió la alterada reacción de Shima diciéndole que ni Yusaku ni Daisuke habían asistido a clases. ¿Será que se escaparon en serio? ¿O quizás Daisuke le hizo algo a Yusaku?

Sí, sonaba un tanto extraño, pero no lo suficiente como para que ella saltara a conclusiones apresuradas. Sin embargo, Shima ya estaba planeando ir a visitar a Daisuke. Aoi al principio insistió en negarse y cuando estuvo a punto de inventar una excusa para no acompañar a Shima en su 'investigación', pensó que tal vez sería conveniente la situación para conocer un poco más al ojidorado, y descubrir qué tan sospechosa podría ser la relación entre Yusaku y él.

Después de clases, Aoi acompañó a Shima, sorprendiéndose cuando se detuvieron frente a un alto edificio que parecía ser la residencia de Daisuke. Shima había comenzado a vacilar ni bien puso un pie delante de la entrada del mismo edificio, con Aoi mirando la fila de timbres según el piso y departamento correspondiente, además que al lado de los timbres había un pequeño monitor que probablemente mostraría sus rostros ni bien Daisuke decida atender.

Sin dudar, la chica tocó el timbre cuando Shima le dijo en qué piso vivía el chico.

~•~

Cuando terminó de hablar con Lightning, Ai se desconectó de la red, despertando sobre la cama de su habitación, o, mejor dicho, la habitación de Daisuke. Este lugar era solo una residencia temporal para mantener la fachada, en realidad, no se sentía como en casa. Sin embargo, Roboppi—que vivía con él—, se encontraba fascinado por la cantidad de objetos y aparatos que decoraban el lugar, y el no tener que estar limpiándolos constantemente. Había elementos que Roboppi desconocía de su existencia hasta ahora, siempre se había dedicado a limpiar el casi vacío y pobre apartamento de su amo, Yusaku, pero este apartamento era bastante amplio, con su propio servicio de limpieza e incluso, un servicio de comida. Roboppi se ocupaba de cocinarle al amo, pero ahora, tenía personas que le cocinaban para él.

Ni bien supo de esto, saltó encima de la cama para celebrarlo junto a Ai, sin tener noción de la marea de emociones por las que estaba viviendo el Ignis.

Ai sabía que Roboppi era ignorante respecto a todo lo que estaba pasando a su alrededor y la razón de su existencia, solo sabía que debían hacerse pasar por humanos comunes y corrientes, que su nombre no sería Roboppi, y que estaba ahí porque supuestamente era su primo, aunque Roboppi no sabía muy bien qué significaba eso.

Roboppi tenía también un cuerpo SOLtis, y su libre albedrío se estaba desarrollando vagamente, las funciones comprensivas, empáticas y las que le permitían razonar cuándo debía mentir y cómo debía hacerlo, todavía no funcionaban muy bien, por lo que Ai le prohibía salir del edificio. Pues, Roboppi todavía tenía complicaciones al reconocer a Yusaku como Yusaku y nada más, y dejar de llamarlo su 'amo'. Sin contar que su voz todavía pasaba de la propia digitalizada a la que debería llevar, que era una más humana.

Tenían que trabajar en eso, pero Ai estaba demasiado ocupado y, por lo menos, Roboppi no estaba tan insistente con salir.

El timbre de la puerta resonó, alterando ligeramente a Ai, quien pronto se había calmado cuando Roboppi brincó de la cama al suelo y corrió hasta la puerta para recibir al chico que le trajo la comida que había pedido. Se las entregó en una bandeja plateada y metálica, con dos recipientes de plástico grueso cubiertos por una tapa del mismo material y envueltos en aluminio, sin un gracias ni un hasta pronto, Roboppi le cerró la puerta en la cara al muchacho y regresó a la cama para abrir los recipientes.

—¿Qué fue lo que pediste? —preguntó Ai, fingiendo curiosidad. En realidad, no le importaba mucho, pero cada tanto era su responsabilidad observar cada acción y motivo de Roboppi.

Con una sonrisa de oreja a oreja, el pequeño androide extendió el recipiente que desprendía un aroma peculiar y reconocible para el sistema olfativo de Ai.

—¡Sopa de miso! —exclamó con emoción—Al menos, eso decía en el menú—murmuró, tomando una cartilla con la lista de comida y bebida que podían pedir. Ai la tomó para revisar, ignorando el aroma nostálgico que le brindaba esa sopa. Pues, aquel platillo era el que había probado por primera vez, ayer en su salida con Yusaku.

Olvidar lo que hicieron ese día, era su primer objetivo.

—Pero si hay mucha comida aquí, y la sopa de miso es la más barata—señaló Ai, frotándose el mentón. Una sonrisa ladina se extendió en su semblante, aplastando la cartilla sobre el colchón y mirando fijamente a Roboppi—Si vas a aprovecharte de los beneficios de tener a los humanos a tu servicio, ¿por qué no lo haces a lo grande?

Roboppi parpadeó, abriendo ligeramente su boca en asombro y mostrando un brillo de expectativa y admiración hacia el Ignis que no dejaba de enseñarle cosas nuevas.

Ai tomó el teléfono del servicio, y se ocupó de pedir todo lo que estaba en la cartilla.

Si tenía el dinero para gastar, pues lo gastaría bien.

A los minutos después de haber hecho el pedido, el timbre sonó ruidosamente y sorprendió a Ai más que nada, pues Roboppi solo pensaba que los humanos trabajaban demasiado rápido. Sin embargo, no se trataba del pedido sino de una visita que Ai no había esperado a pesar de la cantidad de llamadas perdidas que tenía de Shima. Lo primero que hizo, fue mantener la calma, asumir que no se trataría de Yusaku quien hábilmente podría haberlo rastreado y llegado hasta aquí para reclamarle por lo sucedido anteriormente.

Claro que no iba a asistir a la escuela para no tener que cruzarse con Yusaku y revivir la incomodidad y la culpa de lo que había hecho, además de tener que sentir esa presión de encontrarse con aquellos ojos a los que apagaría en algún momento. Evitar a Yusaku, por el momento, era lo mejor que podía hacer.

Sin dar demasiadas vueltas, se preparó para atender a quien sea que haya venido a visitarlo, y sorprendentemente se topó con el rostro de Aoi en el monitor de su puerta. Estaba junto a Shima.

Forzó una sonrisa y un tono de absoluta despreocupación—¡Ah! ¡Quién diría que me visitaría una chica tan hermosa! ¿Es que no soportaste mi ausencia? —tarareó, aunque por algún motivo, esa chica le hacía acumular un veneno insoportable en su garganta que no quería liberar por ningún medio.

—Fujimoto-kun, estábamos… preocupados por ti. ¿Podemos pasar?

Ai gimoteó, cubriéndose las mejillas que fingían estar ruborizadas—¡Es que no estoy presentable! ¡Y me da pena!

Aoi rodó sus ojos—Nos da igual, solo vinimos a ver por qué te ausentaste y te trajimos las anotaciones de las clases de hoy. Si quieres dejarnos pasar, hazlo. Si no lo vas a hacer, entonces dilo porque…—la chica se estremeció por la brisa—Hace mucho frío, ¿sabes?

Ai frunció el labio, no era ningún problema dejarlos pasar, pero la razón por la cual la muchacha estaba muy insistente, le tenía un poco inquieto. Asimismo, los dejó pasar.

Aoi no estaba segura de por qué había insistido tanto, probablemente era su necesidad; la curiosidad buscando saber qué estaba pasando entre Yusaku y él, para aclarar todas las dudas que comenzaban a preocuparla ligeramente. Por el momento, no había nada tan sospechoso que la llevara a inquietarse seriamente, pero quería preguntarle por Yusaku personalmente y no desde un monitor con la brisa rozando sus piernas desnudas por la falda causándole un frío incapaz de hacerla pensar con claridad.

Antes de que Aoi y Shima llegaran al apartamento, Ai le ordenó a Roboppi que se encerrara en el closet y no saliera ni dijera nada hasta que él le avisara. Estaba agradecido de que el libre albedrío no le quitó la obediencia al pequeño robot.

Una vez estuvo todo organizado para recibirlos, Ai les abrió la puerta a los humanos con una sonrisa de oreja a oreja, mostrándose vestido en unos pijamas ligeramente holgados y de un suave material sedoso. Shima se dirigió directamente a saludarlo y sacudirlo, llenándolo de preguntas sin sentido de por qué no había asistido y si se había unido a una pandilla como los rumores contaban, mientras que Aoi, pasaba serenamente observando cada rincón del apartamento.

El lugar era muy amplio, la entrada llevaba a un pasillo con dos puertas, una de ellas debía ser una habitación y la otra probablemente el baño, porque si se seguía caminando derecho por el pasillo, llevaba a la sala de estar con una mesa pequeña servida con dos recipientes de sopa, luego de ese sitio, había otras dos puertas más y la curiosidad de Aoi iba a impulsarla a abrirla sin permiso, sin embargo, Daisuke se le adelantó.

—En esa puerta duermo yo, y en la otra duerme mi primo—comentó amablemente.

Aoi asintió, mirando hacia atrás, las puertas que decoraban el pasillo—¿Y aquellas de allá?

—Esas te llevarán a la cocina y la otra a un baño. ¿Qué ocurre? —el ojidorado ladeó la cabeza, antes de acercarse a la muchacha, tomándola de su mentón y acercándose lo suficiente para sentir su tenso aliento—¿Acaso me estás investigando, Aoi-chan?

Inmediatamente, Aoi apartó su mirada, cruzándose de brazos e intentando no mostrar que estaba ruborizada—Nada de eso. De hecho, vine por…

Antes de que pudiera decir algo más, el timbre sonó de nuevo y parecía que Daisuke estaba esperando a alguien más. Por un instante, Aoi pensó que se trataba de Yusaku, hasta que lo escuchó oír decir que era la comida que había pedido.

Cuando Daisuke abrió la puerta, unas tres personas estaban dejando entrar carritos de tres pisos con diversos platos de comida. Se trataba de todo tipo de platillos que uno se podía imaginar y desprendían un aroma tentador. —¡Menos mal que vinieron ustedes! ¡O no podría comerme esto yo solo! —exclamó Daisuke con emoción.

Del armario en el pasillo, escuchó un tarareo de celebración que provenía del Roboppi escondido, y Ai se limitó a golpear la puerta para callarlo, agradecido de que aquella acción no haya llamado mucho la atención, ya que los humanos estaban distraídos por la cantidad de comida que había llegado.

Daisuke caminó hacia ellos, sonriéndoles con malicia escondida, susurrándoles: —Agasájense.

~•~

Yusaku salió de la ducha. Las gotas de agua que se desprendían de las puntas de su cabello caían sobre la toalla envolviendo sus hombros, su atención se desvió hacia el espejo. Su reflejo estaba cubierto por el vapor, pasó su mano para limpiar una pequeña parte que le permitió observar su rostro por primera vez en el día. Se estremeció cuando vio que llevaba un ligero corte en el labio, recordaba la sensación breve de los dientes de Daisuke presionando sobre su boca.

No se había dado cuenta de que eso iba a tener efectos secundarios hasta ahora. Apenas se notaba, era una ligera marca roja que no le gustaba llevar, a pesar de que ni siquiera dolía lo suficiente. Pasó su pulgar por el corte, la presión causó una punzada que lo obligó a dejar de tocarse.

El recuerdo de lo que pasó continuaba viviendo en su cabeza, pero ya no sentía nada al respecto. No estaba seguro de por qué, simplemente sentía que podía perdonar algo así, que había una buena explicación para esto y ni siquiera quería escucharla. Mirando fijamente al reflejo de sus ojos se convenció a sí mismo de que Daisuke ya no tenía nada que ver con su vida, y si este decidía acercarse a él, no sería más que la brisa que corría por su ventanilla.

Le dio la espalda al espejo, dedicándose a secarse y ponerse ropa cómoda.

Saliendo del baño, caminó por el pasillo para bajar hasta su habitación. Siempre que ponía un pie en su cuarto, sus ojos miraban a Roboppi, esperando ver sus luces encendidas, aún así, ya sabía que eso no sucedería. Se acercó al pequeño robot, acariciando su cabecilla sin sentir un poco de polvo, aunque solo por si acaso, optó por mojar un trapo y pasarlo sobre el pequeño cuerpo inactivo de Roboppi, asegurándose de que estuviera limpio y seco.

Hecho esto, estaba por dejarse caer en la cama y sumirse al descanso, sin embargo, su teléfono vibró con persistencia. Se trataba de un llamado de Takeru; una videollamada, otra vez.

Se quedó mirando la pantalla por unos segundos antes de atender, presionando los bordes del teléfono como si buscara quebrarlo solo con la fuerza de sus dedos. No estaba seguro de si se encontraba listo para tratar con otro ser humano, incluso si se trataba de Takeru, mucho menos cuando tenía un corte en su labio que gritaba por todas partes que algo malo había sucedido.

No pensó en una excusa, sólo se dejó llevar y atendió el llamado, acostándose en su cama mientras alzaba el teléfono para que la cámara captara otro rostro decorado con ojeras y desanimo.

Mientras tanto, Takeru se notaba bastante fresco.

La conversación fue por un camino normal, quien más había emitido palabra era Takeru, y él ya estaba acostumbrado a que Yusaku no dijera nada, sobre todo cuando se veía tan agotado. Pero siempre se aseguraba cada segundo de la llamada que Yusaku se encontrara bien, y por un instante, Yusaku creyó que la corta conversación terminaría sin que Takeru dijera nada de su aspecto.

Estuvo calmado en ese pequeño instante que votó por la ignorancia y distracción de Takeru.

—¿Cuándo vas a decirme qué ocurrió con ese labio partido?

Abrió su boca para mentir, estaba listo para decir algo, pero no dijo nada.

—¿Yusaku?

No estaba mirando fijamente a su compañero en la pequeña pantalla del teléfono cuando comenzó a rememorar todo lo que sintió con Ai—con Daisuke—, y el dolor que empezó a persistir en su pecho.

Tragó pesado antes de pronunciar secamente—No preguntes.

—Yusaku, no…

—Por favor—interrumpió—No preguntes.

¿Por qué de pronto comenzó a sentirse tan agobiado? Como si el aire se hubiera terminado y ya no pudiera respirar, sentía que la habitación era más estrecha y, a la vez, que el techo estaba girando, mientras buscaba el camino para tolerar la angustia que significaba todo lo que le hizo vivir la ausencia de Ai.

Ai no estaba muerto, pero sentía que eso no hubiera sido algo peor. Por lo menos sabría dónde estaba, o, mejor dicho, dónde no estaba, en cambio, ahora no tenía idea de lo que estaba haciendo y cuanto menos sabía, más le preocupaba. Esa preocupación se sumaba a la idea de que Ai no iba a regresar con él, y por algún motivo, aquello lo entristecía demasiado.

Y le hacía sentirse muy solo.

—Está bien, no preguntaré—Takeru suspiró levemente—Sabes, pasaré por la ciudad en las vacaciones de verano. Te avisaré.

Yusaku parpadeó, tratando de mantenerse lo suficientemente estable para continuar el intento de conversación normal que Takeru trataba de llevar.

Asimismo, sabía que Takeru estaba diciendo algo más con esa noticia. No vendría porque extrañaba la ciudad ni mucho menos, sino para ver cómo iban las cosas alrededor de Yusaku, y para no dejarlo solo; compartir el dolor.

Sin embargo, había una gran diferencia entre los dos y era que…

…Flame estaba muerto y Ai probablemente no.

~•~

La comida había sido suficiente para callar las bocas de los dos humanos. Shima no tenía nada interesante para decir, y eso era más alivio que molestia, pero la que más parecía estar enfocada en hablar de algo importante era Aoi, aunque no era un hecho seguro, hizo lo mejor que pudo para desviarla de cualquier pensamiento, presionándola para seguir comiendo; le llevaba comida a la boca con una actitud juguetona.

No se habló de Yusaku, ni de la razón por la cual había estado ausente o por qué no se veía tan enfermo. Los temas de conversación los llevaba él y en algunas ocasiones, Shima, y nunca se referían a nada relevante.

Pasó una hora y media al menos hasta que Shima decidió irse porque estaba lleno, y teniendo que regresar a su casa, a pesar de las fingidas insistencias de Daisuke. Luego de un minuto o dos, sin decir nada más, Aoi decidió lo mismo.

—¿Tú no te vas a quedar, Aoi-chan? —preguntó Daisuke con un tono simpático—La sopa fría sigue siendo una exquisitez.

Aoi estaba caminando hacia la puerta, frunció los labios, como si meditara su respuesta—Son casi las ocho de la noche, mi hermano estará preocupado.

Daisuke ladeó la cabeza, sonriente—Bueno, sería grosero de mi parte no acompañarte.

La muchacha se encogió de hombros—Estoy bien, no necesito que…

Daisuke la tomó por los hombros y comenzó a empujarla hasta la puerta—Un caballero debe acompañar a la dama a su casa. De hecho, te pagaré el taxi—tarareó.

Aoi se limitó a rodar los ojos—Si insistes.

Ai no tenía idea de si Aoi sabía o no sabía dónde vivía Yusaku a estas alturas, pero tampoco quería apostar por su intuición y que ella decidiera desviarse para ir a hablar con él. Cuanto menos estuvieran juntos esos dos, mejor.

Estaba inseguro de por qué le molestaba tanto esa idea, ese extraño sentimiento agrio era lo que lo impulsaba a actuar de esta manera; distanciando a Yusaku de la chica que le significaba una amenaza. Quizás porque Aoi empujaba a Yusaku a la investigación del robo, o porque lo separaba de seguir recordando a Ai y su ausencia.

Ni bien salieron del edificio, Aoi se mantuvo apoyada en un poste cercano mientras Daisuke parecía estar observando impacientemente a los autos pasar.

—¿Por qué no pasa ningún taxi? —masculló el muchacho.

Aoi frunció el ceño, confundida y ligeramente preocupada por la inteligencia de su acompañante—Creí que habías llamado a uno.

Sin mirarla, Ai contestó: —No estoy seguro de cómo se hace eso.

Era la verdad, no tenía idea de cómo funcionaban los taxis, y no se molestó en averiguarlo. En momentos como estos, necesitaba de la sabiduría del Ignis de luz, o de Yusaku.

Aoi rodó los ojos y comenzó a caminar—Mejor voy a pie—suspiró. Fue en ese momento que Daisuke le llamó para que lo esperara, viendo que la muchacha daba pasos largos y difíciles de alcanzar.

En su distracción, la chica chocó con un hombre que emanaba un intenso olor a alcohol, y por la forma en que la empujó en el choque: estaba de muy mal humor.

—Lo siento—murmuró Aoi, fijándose en los ojos inyectados en sangre del hombre frente a ella.

El alcohólico entrecerró sus ojos y acercó su rostro al de la muchacha, como si la inspeccionara—Yo te he visto antes—arrastró sus palabras—Eres una Zaizen, ¿no? La niña rica que estaba junto a su hermano evitando a la prensa.

Aoi desvió la mirada—Me estás confundiendo con otra persona.

Hizo lo mejor que pudo por evitarlo, tratando de pasarlo de largo pero el sujeto la tomó de los hombros y la empujó contra la pared. La chica se sorprendió soltando un leve grito de susto mientras pedazos de vidrio se esparcían cerca de ella por culpa del hombre que partió la botella.

—¡No te hagas la estúpida! ¡Ese tipo me las va a pagar! ¡Me devolverá cada centavo que perdí!

Aoi se removió, buscando escapar. Quería gritarle al hombre para defender la inocencia de su hermano, pero razonar con un tipo alcoholizado y violento era perder el tiempo, especialmente cuando el sujeto ya estaba por atacarla con la botella rota y ella no encontraba la forma de defenderse. Cerró sus ojos, esperando un golpe que nunca llegó.

—¿¡Qué demo…!?—escuchó al hombre quejarse.

—Ten más cuidado, podrías lastimar a alguien.

Aoi abrió sus ojos en sorpresa. Reconoció rápidamente esa voz—¡Fujimoto-kun! —exclamó, preocupada. Daisuke estaba tomando al tipo de su antebrazo, evitando que atacara con la botella, pero se veía rígido, sonriente, como si no estuviera usando nada de fuerza, ni estuviera asustado.

La muchacha había olvidado que Daisuke decidió acompañarla, y honestamente, estaba aliviada de su presencia.

La atención del atacante estaba enfocada en Daisuke ahora, sacudía su brazo, tratando de liberarse del agarre—¡Suéltame!

—Primero, suelta la botella. No me obligues a romperte el brazo—tarareó Ai, tocando la punta de la nariz del sujeto con su dedo libre. No quería hacerle daño al hombre, esperaba que se asustara rápidamente o algo, lo que estaba pronunciando ahora eran solo amenazas vacías.

Aoi se mantuvo quieta y callada, esperando con ansias a que esto terminara de la forma más pacífica. Daisuke no era más que un estudiante, ¿qué tanto podía hacer con un hombre que estaba fuera de sí?

—¡Inténtalo! —respondió el otro, aprovechando que el muchacho había aflojado el agarre para zafarse y tratar de atacarlo, sin embargo, el chico lo tomó de nuevo del brazo y esta vez, presionó tan fuerte que pudo sentir como uno de sus huesos se quebraba.

Ai se estremeció. Había reaccionado rápidamente, y no esperaba que su fuerza inhumana lo traicionara ahora. El grito que emitió el sujeto que había dañado fue horrible para sus oídos, y por ese instante que se asustó de sí mismo, soltó al hombre, quien luchaba por no caer de rodillas al suelo.

Aoi tardó unos segundos en comprender que Daisuke le había roto el brazo a ese hombre, pensó que el sujeto sólo estaba exagerando, pero no fue así. Aún así, en el ojidorado no había una sola expresión.

Eso era porque Ai había aprendido a controlar la manera que exteriorizaba sus emociones verdaderas, y a pesar de haberse sorprendido y asustado de su capacidad, no sentía un rastro de arrepentimiento. Incluso sabía que podría hacerlo de nuevo, o quizás algo mucho peor.

—Fujimoto-kun…—comenzó a decir Aoi, quien ya estaba liberada—Vámonos.

Antes de que Daisuke obedeciera a sus palabras, el hombre dejó de llorarle a su brazo roto, para fulminar con la mirada al joven—Eres un…—mascullaba—…monstruo.

Aoi estuvo por interponerse ni bien vio que el sujeto se alzó probablemente intentando golpearlo, pero Daisuke retrocedió causando que el atacante lo tomara de la bufanda y se la arrancara. La muchacha abandonó todo plan de escape, cualquier pensamiento que involucrara a la situación que se estaba presentando ahora había desaparecido, porque su atención entera estaba puesta en el cuello de Daisuke.

—Fu-Fujimoto…kun.

Debido al dolor en su brazo, el atacante cayó al suelo junto a la bufanda, sin más fuerzas para levantarse.

—¿Crees que deberíamos llamar una ambulancia o algo así? —preguntó Daisuke, fingiendo ignorancia, pero Aoi insistió en mirarlo, retrocediendo como si le temiera.

¿Qué tanto estaba mirando?

—E-Eres un… Eres un SOLtis—suspiró la chica.

Fue entonces que finalmente Aoi pudo notar una expresión en el semblante de Daisuke, una de confusión y, luego, de tensión.

Ai llevó su mano a su cuello, tocando su cristal. Esperaba sentir la cicatriz que había diseñado para camuflar el cristal mientras estuviera fuera. Aquel camuflaje era difícil de mantener por mucho tiempo y debía deshacerlo cada tanto, por lo que, mientras se mantenía en el apartamento, se quedaba con el cristal.

Había modificado su SOLtis, pero todavía tenía que seguirlo modificando, porque no era del todo perfecto; no era humano aún. Su disfraz no iba a durarle por mucho tiempo, aunque agradecía que esto no haya sucedido con Yusaku.

Era mejor resignarse.

Una sonrisa decoró su rostro, observando al hombre en el suelo que probablemente no había escuchado mucho al estar concentrado en el intenso dolor en su brazo, pero, por si acaso…

—Antes de que digas nada, Aoi-chan, déjame encargarme de los intrusos.

Se puso de cuclillas frente al sujeto, jalándolo del cabello para alzarle la mirada—No quiero que extraños sepan de esto, no sabría cómo resolver un asunto tan molesto—añadió, posando su dedo sobre la frente del hombre. Los ojos de Ai brillaron intensamente, así como los del hombre en sus manos iba perdiendo su luz, cayendo inconsciente al suelo cuando el muchacho lo soltó como si fuera basura.

—¿¡Qué le hiciste!? ¿¡Quién eres!?—exclamó Aoi, temiéndole a la respuesta.

Ai se enderezó, su semblante cargaba de una energía lúgubre que pronto cambió a la misma sonriente y juguetona ni bien miró a la chica—Una pregunta a la vez, ¿sí? —dijo—Le quité su conciencia, así ya no podrá molestarnos. De todas maneras, su vida estaba arruinada—pronunció despectivamente.

—Le quitaste su… ¿¡Quién rayos eres!?

La muchacha insistía en preguntar, pero sus ojos estaban resistiendo las lágrimas debido a que ya estaba deduciendo la respuesta.

Y Daisuke terminó de confirmarla—No soy solo un SOLtis. Soy un Ignis.

Aoi tragó pesado antes de susurrar: —Ai.